Aun
en el más crudo invierno cuando comienzan a mermar los fríos podremos ver las
yemas que van hacer brotar una nueva rama de vida, sepamos discernir las
señales
Daniel 7,2-14; Dn 3,75-81; Lucas 21,29-33
Necesitamos que las palabras se hagan
música, para que suenen de forma agradable a nuestros oídos y se hagan poesía para que en cierto modo nos
hagan soñar en que es posible algo nuevo y distinto y es posible encontrar la
belleza. Lo necesitamos como un florecer de primavera que nos hace dejar atrás
los rigores del invierno y que al tiempo se convierte en anticipo de verano de
frutos y cosechas. Nos es duro atravesar
por climas duros y extremos por eso queremos rodearnos del encanto de los
brotes de primavera anuncio de próximo jardín de flores que llena de paz y de
serenidad nuestro espíritu.
Pero ahora yo diría que no es lo que
desde fuera podamos recibir, sino lo que en verdad nosotros podemos construir,
no pueden ser solo palabras que nos encanten en nuestros oídos, sino un
palpitar de vida en el corazón que nos impulse a resaltar todo lo que es
belleza y podemos transformar en vida. No es la actitud pasiva que se limita a
disfrutar del jardín que otros puedan ofrecerle, sino que tienen que ser las
semillas que nosotros vayamos plantando para hacer florecer ese jardín de la
vida.
Hoy Jesús en el evangelio nos habla del
brotar de la higuera que nos anuncia primavera para decirnos cómo tenemos que
estar atentos a esos brotes que a nuestro alrededor o en nosotros mismos puedan
ir surgiendo para saber discernir lo que en verdad tenemos que hacer. Aun en el
más crudo invierno cuando comienzan a mermar los fríos podremos ver las yemas
que en esas plantas comienzan a coger forma para hacer brotar una nueva rama
que un día se llene de flores anuncio de sabrosos frutos.
Jesús nos está pidiendo hoy que sepamos
estar atentos a los signos de los tiempos que nos puedan anunciar ese rebrotar
de la vida donde antes solo quizás veíamos la negrura y sequedad de lo que nos
parecía que estaba muerto. Nos ha venido hablando Jesús en estos días de esas
situaciones difíciles a las que muchas veces tenemos que enfrentar, esos
frentes borrascosos que tenemos que atravesar. No podemos quedarnos paralizados
por un mundo de muerte que podamos encontrar a nuestro alrededor cuando faltan
ilusiones y sobran ambicione, cuando parece que decae lo que llena nuestro espíritu
mientras queremos suplantar con materialismo lo que nos puede faltar en la
vida.
Ese mal y esa muerte no es definitiva,
y bien lo proclamamos los cristianos que creemos y proclamamos a Cristo
resucitado. La muerte no tuvo la última palabra porque pronto vimos como
resurgió la vida en Cristo resucitado que se convierte así en el centro de
nuestra vida y de nuestra esperanza. Es nuestra fe y es nuestra esperanza, es
nuestra tarea y es nuestro compromiso.
Estemos, pues, atentos a tantas señales
de vida que podemos contemplar a nuestro alrededor. No todo es materialismo
sino que también encontramos personas inquietas y en camino de búsqueda de algo
distinto y mejor; esa búsqueda y defensa de la dignidad de las personas, por
ejemplo, que vemos como una corriente a nuestro alrededor, algunas veces
marcadas es cierto por ciertas ideologías, sin embargo sepamos discernir y ver
que en el fondo hay buenas semillas que tienen que ser para nosotros un
aliciente para seguir queriendo construir ese mundo mejor que llamamos reino de
Dios. Así podríamos encontrar mucha gente generosa que trabaja por los demás,
que busca el bien y quiere una mayor autenticidad en la vida.
¿Por qué no sabemos leer ahí las
señales que Dios está poniendo en nuestro camino de que es posible hoy también
ese mundo mejor, que nosotros llamamos el Reino de Dios? Desarrollemos esas
inquietudes que también tenemos en nuestro interior, hagamos en verdad hacer
florecer una nueva primavera. Es posible. Hay señales, hay brotes que tenemos
que cuidar y cultivar, que tenemos que saber aprovechar. Llenemos de música con
sonido de primavera nuestra vida y podremos estar entrando en un mundo de nueva
armonía, un mundo en el que finalmente brille la paz.
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