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viernes, 2 de junio de 2017

Aprendamos a caminar juntos a pesar de las debilidades o más bien contando incluso con esas debilidades que todos tenemos para comprendernos, aceptarnos, perdonarnos y amarnos de verdad

Aprendamos a caminar juntos a pesar de las debilidades o más bien contando incluso con esas debilidades que todos tenemos para comprendernos, aceptarnos, perdonarnos y amarnos de verdad

Hechos 25, 13-21; Sal 102; Juan 21, 15-19
En la vida nos suele suceder que cuando alguien nos falla en la confianza qua habíamos puesto en él, en el cumplimiento de una responsabilidad que le habíamos confiado, en alguna cosa que podríamos considerar como una traición a la amistad que compartíamos, decimos que ya esa persona no es merecedora de nuestra confianza y ya no le confiaríamos responsabilidades que dependiera de nosotros el otorgárselas y la amistad se vería seriamente dañada y mermada.
Son las reacciones que así a bote pronto surgen en nosotros en situaciones así. Pero, nos preguntamos, ¿serian eso formas con las que decimos que queremos hacer un mundo nuevo y mejor? ¿No tendríamos quizá que mirarnos a nosotros mismos y darnos cuenta de que no somos tan perfectos porque nosotros también cometemos errores, tenemos fallos y en muchas ocasiones también hacemos dejación de nuestras responsabilidades? Lo malo es creerse perfecto en la vida y convertirlo todo en exigencias para los demás.
Hoy en el evangelio contemplamos las actitudes nuevas que deben adornar nuestra vida cuando en verdad nos decimos seguidores de Jesús y queremos ciertamente construir ese mundo nuevo que llamamos Reino de Dios.
Actitudes de comprensión hacia los demás, de aceptación mutua contando incluso con nuestras deficiencias siendo capaces de ofrecer generosamente el perdón a los que nos hayan podido fallar en algo, actitudes positivas donde seremos capaces de ofrecer nuestra mano para levantar al que se ve caído y darle nuestro apoyo para su recuperación, ofrecer siempre nuestro espíritu de colaboración porque además queremos seguir contando con las personas porque más allá de sus debilidades podemos descubrir muchos valores y capacidades, es lo que Jesús a lo largo del evangelio nos ha ido enseñando.
Es lo que contemplamos que Jesús realiza con Pedro en el pasaje que hoy nos ofrece el evangelio. Un día Jesús le había dicho que seria piedra sobre la que fundamentar su Iglesia; pedro había manifestado repetidas veces su entusiasmo por Jesús, por seguirle, por querer estar con El, por manifestarle su amor y hasta ofrecerse para ser capaz de defender a Jesús y dar su vida por El. Podríamos citar muchos momentos del evangelio. Jesús le había dicho que tenía que mantenerse fuerte y le había invitado a orar porque el espíritu está pronto pero la carne es débil. Y como Jesús le había anunciado, Pedro le había fallado, le había negado tres veces antes de que aquella noche cantara el gallo.
¿Todo se había derrumbado como castillo de naipes? ¿Se acababa ya para siempre la confianza que Jesús había puesto en él? Es lo que vemos que sucede hoy en el evangelio y que no va precisamente por ese quitar la confianza. ‘Simon, ¿me amas mas que estos?’ le pregunta repetidamente hasta tres veces. Y tres veces pedro porfía su amor por Jesús. ‘Señor, tu lo sabes todo, tu sabes que te amo’. Y Jesús seguía confiando en él ‘apacienta mis ovejas, apacienta mis corderos’.
Este texto que comentamos prioritariamente siempre lo vemos como el momento en que Jesús le confía el primado de Pedro con su misión sobre la Iglesia. Nos ayuda a realizar nuestra confesión de fe eclesial y nos invita a sentirnos en verdadera comunión con aquel que Jesús quiso dejar como pastor en su nombre para toda la Iglesia.
Sin embargo creo que desde la reflexión que nos hemos venido haciendo nos ayuda también a descubrir esas actitudes nuevas que ha de haber en nuestro corazón y en nuestra vida en el camino que vamos haciendo al lado de los hermanos. Es lo que reflexionábamos desde el principio y que nos invita a esa confianza que siempre hemos de tener en los demás, eliminando prejuicios, rompiendo barreras, quitando resentimientos y desconfianzas de nuestro corazón, llenándonos de verdadera comprensión hacia los demás.
Hemos de aprender a caminar juntos a pesar de las debilidades de nuestra vida o mas bien contando incluso con esas debilidades que todos podamos tener para comprendernos, aceptarnos, perdonarnos y amarnos de verdad. Ojalá eso brillara siempre en nuestro corazón y fueran las actitudes misericordiosas de verdad que se manifestaran en la Iglesia y en sus pastores siempre. Hay demasiada gente que se cree perfecta y se vuelve intransigente.


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