miércoles, 11 de enero de 2017

La gente busca a Jesús, quiere estar con Jesús, quieren escucharle y también nosotros queremos buscar a Jesús, estar con Jesús, escuchar a Jesús para hacer las obras de Jesús

La gente busca a Jesús, quiere estar con Jesús, quieren escucharle y también nosotros queremos buscar a Jesús, estar con Jesús, escuchar a Jesús para hacer las obras de Jesús

Hebreos 2,14-18; Sal 104; Marcos 1,29-39
‘La población entera se agolpaba a la puerta…’ nos comenta el evangelista resumiendo el entusiasmo de la gente por Jesús. ‘Todo el mundo te busca…’ vienen a decirle a la mañana siguiente cuando lo encuentran solo en descampado a donde había ido para orar. ‘Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios’, termina diciéndonos el texto que hoy escuchamos.
La gente busca a Jesús, quiere estar con Jesús, quieren escucharle. En la tarde anterior en la sinagoga todo eran alabanzas porque hablaba con autoridad, con convicción, era algo nuevo lo que estaban escuchando y les llegaba hondo al corazón. Por eso ahora siguen buscándole. Hoy sin embargo el texto que hemos escuchado apenas pone palabras en labios de Jesús. Solo decir que tiene que ir a otros lugares también para seguir con el anuncio del Reino de Dios.
Pero casi podemos decir que no necesitamos ahora palabras en sus labios porque nos está hablando, pero nos está hablando con sus hechos. Las obras de Jesús, el amor de Jesús, los signos que realiza cuando cura a todos los que acuden a El con cualquier tipo de dolencia. Son los gestos de Jesús los que también nos hablan. Se nos manifiesta su amor y donde está la fuente de ese amor.
Como decíamos, son las obras de Jesús las que nos hablan. Las curaciones que va realizando nos están hablando por una parte del amor de Dios, pero nos están diciendo también las transformación que Jesús quiere. En el evangelio de Lucas escuchamos lo proclamado en la sinagoga de Nazaret que nos decía como viene a realizar un cambio tan grande que nos veremos libres de toda esclavitud.
Ahora nos lo está diciendo con los hechos. No solo liberó al hombre del espíritu inmundo en la sinagoga sino que todo lo que signifique dolor y sufrimiento para la persona quiere arrancarlo de nuestra vida. Nos quitará las muletas de nuestra invalidez, pero nos abrirá los ojos de tanta ceguera que hay en nuestros ojos demasiado acostumbrados a las tinieblas y a quienes la luz le encandila.
Arrancará de nosotros ese mal que nos corroe como una lepra para dejar purificado nuestro corazón y nuestra vida para que podamos ir por la vida trasmitiendo vida. sacará de nosotros toda tristeza que nos llene de pena y que nos encierra cada vez mas en nosotros mismos y en esa oscuridad para poner esperanza en nuestro corazón de que es posible tener alegría en el alma aunque sean duros los caminos que hayamos de atravesar porque sabemos lo bello que vamos a encontrar en la meta.
Es lo que Jesús va realizando en aquellas gentes que es una forma de anunciarles el Reino nuevo de Dios. Son los signos de lo que es ese Reino de Dios. Ese Reino de Dios que tiene que ser anunciado a todos y en todas partes. Esos gestos nos están hablando de ello. Nos están hablando de cómo todo eso es posible también nosotros. También a nosotros nos cura, nos sana, nos salva, nos llena de vida. Es lo que hemos de vivir y es el anuncio que nosotros también hemos de hacer.
Y nos queda un gesto de Jesús que comentar que también nos habla mucho. ‘Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar’. El Reino de Dios no es algo que hagamos por nosotros mismos. Solo en Dios podemos realizarlo. El Reino de Dios es reconocer de hecho en nuestra vida que El es el único Señor, es el primero en todo para nosotros. Y hemos de saber reconocerlo con nuestra adoración y con nuestra oración. Creo que esto nos está queriendo decir muchas cosas.
Solo en Dios tendremos la felicidad más completa. Unámonos a El. También nosotros queremos buscar a Jesús, estar con Jesús, escuchar a Jesús.

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