viernes, 25 de noviembre de 2016

Aprendamos a descubrir esos brotes del Reino de Dios que hay en tantos a nuestro alrededor que aman y se entregan por los demás

Aprendamos a descubrir esos brotes del Reino de Dios que hay en tantos a nuestro alrededor que aman y se entregan por los demás

Apocalipsis 20,1-4.11-15; Sal 83; Lucas 21,29-33

‘Pues cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el Reino de Dios…’ Son las palabras que escuchamos decir hoy a Jesús. ‘Sabed que está cerca el Reino de Dios’. ¿Cómo podemos verlo? ¿Es en realidad así? ¿Sólo se referirá a los momentos finales de la historia?
Creo que sin dejar de referirse a ese momento final de la historia que será una realidad aunque no sabemos cómo ni cuando, también el Señor se nos está queriendo referir al momento presente. El Reino de Dios hoy y aquí, que está cerca como nos dice, que está dentro de nosotros como nos dirá en otro momento.
Ha comenzado el texto con unas imágenes. Habla de la higuera que parece seca y muerta en el tiempo del invierno, pero cuando se va acercando la primavera comienzan a aparecer sus brotes. Aquella vida estaba como oculta, encerrada en el ser de la higuera, pero que hará falta unas condiciones climatológicas apropiadas para que comiencen a surgir sus brotes y pronto se llene de hojas en toda su frondosidad y será anuncio de unos futuros frutos no tan lejanos.
El Reino de Dios está cerca, nos dice Jesús. Pero tenemos que descubrir sus señales, que están ahí presentes aunque no las veamos. Nos fijamos más pronto en la sequedad de las ramas sin hojas que en la vida que se oculta tras ellas. Nos pasa en la vida, nos aparecen más pronto a la vista las cosas negativas que todo lo positivo que en potencia está también presente en nuestro mundo. Miramos excesivamente la vida con pesimismo y nos dejamos aturdir por las malas nuevas que nos puedan llegar quizá por todas partes pero no somos capaces de captar, de ver, de descubrir tantas cosas buenas y bellas que se están realizando y que parecen estar ocultas.
Muchas señales de que el Reino de Dios está cerca, está en y con nosotros, está en medio de nuestro mundo floreciendo también hay y tenemos que saber descubrir. Son tantas las personas buenas que siguen haciendo el bien aunque nos parezca que prevalezca el mal. Tantos voluntarios del amor; tantos comprometidos con la justicia; tantos que se arremangan cada día para vivir su compromiso por los demás; tantos que con humanidad, con mucho amor siguen atendiendo a enfermos, a personas necesitadas, a los que no cuentan a los ojos de este mundo; tantos que en silencio sin hacer cosas brillantes o extraordinarias están rezando a Dios por los demás, por los que trabajan por los otros; tantos que van sembrando alegría y esperanza con sus pequeñas acciones levantando los corazones desesperanzados, tantos, tantos…
Abre los ojos. ¿No hay a tu alrededor muchas personas que hacen de todo esto de lo que venimos hablando? Son personas que tú conoces también y que tenemos que saber valorar. No todo son ramas secas e infructuosas.
El Reino de Dios está ahí y está en tu corazón inquieto aunque muchas veces quizá no sepa qué hacer pero que siente preocupación por los demás. Son las señales del Reino que está presente en nuestro mundo, en nuestra vida. Quizá tendríamos que darlo a conocer un poco más para que la visión que se tenga de las cosas no sea siempre negativa; tendríamos que dar a conocer más la obra de la Iglesia en tantas personas que aman, que se entregan, que hacen el bien, que quieren vivir su fe en Jesús, que se reúnen para dar gloria al Señor con un compromiso también en sus vidas.
Sí, el Reino de Dios está cerca, como nos dice Jesús, está en medio de nosotros, está también en nuestra vida. Vivámoslo y hagámoslo más presente.

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