jueves, 13 de octubre de 2016

El camino de Jesús es siempre un camino de subida, de ascensión, de pascua y así es el camino de todos los que seguimos a Jesús

El camino de Jesús es siempre un camino de subida, de ascensión, de pascua y así es el camino de todos los que seguimos a Jesús

Efesios 1,1-10; Sal 97; Lucas 11,47-54

Somos muy dados a los homenajes póstumos; nuestras poblaciones están llenas de monumentos, de estatuas, de calles con nombres de personas a las que ahora llamamos ilustres, pero cuyos homenajes y reconocimientos en su mayoría fueron después de muertos. Parece que mientras viven las personas siempre hay alguna cosa que achacarle y nos cuesta mucho reconocer públicamente lo que han sido o la misión que desarrollaron en su vida. Claro que siempre hay excepciones.
Todos, por supuesto, estamos sujetos a limitaciones porque no somos perfectos pero sería bueno que en la vida de las personas reconociéramos con más frecuencia los valores de su vida y aunque sabemos que no hacemos las cosas buscando esos reconocimientos humanos, la presentación de unos valores reflejados en la vida de personas que conocemos pueden ser también buen ejemplo y estimulo para las generaciones actuales o que se están forjando su futuro.
Es lo que vemos que Jesús echa en cara a los judíos de su tiempo.¡Ay de vosotros, que edificáis mausoleos a los profetas, después que vuestros padres los mataron! Así sois testigos de lo que hicieron vuestros padres, y lo aprobáis; porque ellos los mataron, y vosotros les edificáis sepulcros’. Una referencia también a lo que estaba sucediendo con su mensaje que no querían reconocer.
Es una tendencia de siempre, quien se nos presenta en la vida con un testimonio valiente, que podríamos decir profético, que denuncia nuestras actitudes o posturas negativas tiene el peligro de ser rechazado. Las tiniebla rechazaron la luz que nos dice san Juan al principio de su evangelio.  Y es que el testimonio de lo bueno hace chirriar los desajustes de nuestra vida.
Un faro de luz nos hace descubrir las oscuridades de nuestra vida y nos resaltan las negruras que pudiera haber escondidas en nuestra existencia. Cuando encendemos la luz en la habitación haciendo llegar su resplandor a todos los rincones nos descubre la suciedad que pudiera haber escondida. Y eso no nos gusta porque nos hace descubrir nuestra realidad, esa realidad que queremos ocultar.
A Jesús, nos dice hoy el evangelista, que lo querían quitar de en medio. ‘Los escribas y fariseos empezaron a acosarlo y a tirarle de la lengua con muchas preguntas capciosas, para cogerlo con sus propias palabras’. Comienza a reflejársenos en el evangelio de san Lucas la oposición que va encontrando Jesús que hará que busquen su condena.
Es su subida a Jerusalén, que no es solo la subida geográfica desde las llanuras de Galilea a las montañas de Judea donde estaba situada Jerusalén, sino que está hablándonos de la ascensión de Jesús, que es ascensión hacia la Pascua, que pasará por la pasión y la cruz y terminará en la gloria de la resurrección y Ascensión al cielo. Por eso el camino de Jesús se va haciendo duro en aquellos que le están acosando, pero Jesús lo sabe y se lo anuncia a los discípulos, como ya hemos escuchado tantas veces.
Es nuestro camino, que como el de Jesús ha de ser también subida, ascensión, pascua, reflejado en tantas luchas, deseos de superación, contratiempos, oposición que también nos podemos encontrar, sufrimientos. Pero es un camino que queremos hacer conscientes, sabedores que es un camino de pascua, pero un camino que hacemos con Jesús. 

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