miércoles, 25 de noviembre de 2015

Fortalecidos en nuestra fe, preparados espiritualmente con la fuerza y sabiduría del Espíritu somos testigos de Jesús ante el mundo aunque sea adverso a nuestra fe

Fortalecidos en nuestra fe, preparados espiritualmente con la fuerza y sabiduría del Espíritu somos testigos de Jesús ante el mundo aunque sea adverso a nuestra fe

Daniel 5,1-6.13-14.16-17.23-28; Sal.: Dn 3, 62.63.64.65.66.67; Lucas 21,12-19

El que se nos anuncie que lo vamos a pasar mal seguramente no nos gusta; que si nos mantenemos en nuestros principios o en nuestras ideas vamos a encontrar oposición y momentos difíciles, seguramente nos hará pensar si en verdad estaremos decididos a seguir adelante. Pero bien sabemos que aunque nos gustaría que todo fuera como miel sobre hojuelas sin embargo en la vida siempre nos vamos a encontrar contratiempos, dificultades, oposición a lo que queremos hacer aunque nos parezca muy bueno y esencial para mejorar nuestro mundo. Ojalá todo fuera un camino de rosas, pero bien sabemos que las rosas también tienen espinas, pero seguramente seguiremos encantados con su belleza y su perfume.
Es lo que trata de decirles Jesús a sus discípulos. Los está preparando para la misión que les va a confiar y El mismo se encuentra en las puertas de su entrega suprema en su Pascua. A los discípulos que un día habían regresado contentos cuando Jesús los había enviado porque hasta los demonios se les sometían en el nombre de Jesús, probablemente las palabras de Jesús ahora les caerían como un jarro de agua fría.
No quiere Jesús desalentarlos, sino prepararlos. Y prepararnos significa ser conscientes de la responsabilidad de la misión que se nos encomienda y también de las dificultades que podremos encontrar. Creo que en muchos aspectos de la vida todos tenemos experiencias en este sentido. Aunque quizá no nos agrade tanto - y es que somos muy humanos y nos gustaría que todo siempre marchara bien - lo que Jesús nos dice de que podemos estar abocados a la persecución. 
Bien sabemos que en el mundo de hoy - y no es muy distinto a lo que ha ido sucediendo en el trascurso de los siglos aunque pensemos que el de ahora es muy especial - no siempre es fácil ser testigo de nuestra fe. Nos parece en ocasiones que arrecian si no las persecuciones si el mundo que nos parece que está en contra a todo lo que signifique una religiosidad auténtica, un testimonio cristiano o simplemente lo que es la vida de la Iglesia. Quizá en nuestro tiempo con los medios de comunicación que tenemos y todo lo que se nos puede trasmitir por las redes sociales nos pudiera que puedan ser más notorios esos momentos de dificultad por la aparición muy palpable de los que están en contra de todo lo que signifique el nombre cristiano.
Pero como nos dice Jesús hoy en el evangelio, no hemos de temer. Su Espíritu está con nosotros y nos dará la fortaleza que necesitamos, y pondrá las palabras oportunas en nuestros labios. Lo que necesitamos es sentirnos bien fortalecidos en nuestra fe, preparados espiritualmente. No  nos ha de faltar la esperanza y la confianza en la palabra de Jesús.  Nuestro testimonio tiene que ser en verdad valiente y no nos podemos acobardar.
Hemos de prepararnos muy bien para que demos ese testimonio claro y valiente, para que resuenen nuestras palabras y brille el testimonio de nuestra vida. Hemos de cultivar nuestra fe que significa también ahondar en ella para que podamos testimoniarla claramente sabiendo que tenemos la fortaleza y la sabiduría del Espíritu. 

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