jueves, 26 de noviembre de 2015

Nuestra esperanza viviendo siempre en la fe y el amor es el encuentro definitivo con el Señor para la resurrección y para la vida

Nuestra esperanza viviendo siempre en la fe y el amor es el encuentro definitivo con el Señor para la resurrección y para la vida

Daniel 6, 11-27; Sal.: Dn 3,68.69.70.71.72.73.74; Lucas 21, 20-28

Cuando recitamos el Credo para proclamar nuestra fe hay algo que decimos y proclamamos pero que tenemos el peligro que un poco nos pase desapercibido. Proclamamos y confesamos la resurrección de Jesús y su ascensión al cielo donde, decimos, ‘está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso y desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos’. Sentado a la derecha del Padre para expresar la divinidad de Jesucristo que recibe el mismo poder y gloria, pero desde donde ha de ‘venir a juzgar a vivos y muertos’.
Cuando en el juicio ante el Sanedrín le preguntó a Jesús si El era el Hijo de Dios respondió afirmativamente pero añadió ‘y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene entre las nubes del cielo’.
Es a lo que nos hace referencia hoy el evangelio. Jesús habla de los tiempos finales y lo hace con un lenguaje apocalíptico propio de la época. Se entremezclan los anuncios de la destrucción de la ciudad de Jerusalén y del templo con el anuncio del tiempo final. Pero Jesús quiere que lo vivamos con paz y serenidad porque todo conduce a encontrarnos con El. Y nos habla de su segunda venida. ‘Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad’. Es la segunda venida del Hijo del hombre que será para la resurrección y la vida. Por eso termina diciéndonos: ‘Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación’.
Es el momento del juicio final. Será el final de la historia y de este mundo terreno. Será el inicio para la resurrección final. Se acerca vuestra liberación. Ya en otros momentos nos insiste en que hemos de estar preparados. Y preparados estamos si mantenemos nuestra fe y nuestra esperanza. Y preparados estaremos si nos mantenemos en nuestra unión con El viviendo siempre la gracia del Señor con toda fidelidad. Y preparados estaremos si hemos sabido ir guardando nuestros tesoros en el cielo, como repetidamente nos enseña Jesús en el evangelio.
Podemos recordar aquí también la alegoría del juicio final del que nos habla Jesús en el evangelio. Ojalá escuchamos ese ‘venid benditos de mi Padre a heredar el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo’. Una invitación a la confianza y a la paz. Una invitación a vivir de forma intensa y activa nuestra esperanza. Una invitación a vivir en el amor de Dios que se traduce en el amor a los hermanos. 

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