martes, 14 de marzo de 2017

. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor

La actitud del servicio es la que tiene que brillar en los que nos llamamos seguidores de Jesús, por eso ni padres, ni jefes, ni consejeros subidos sobre pedestales

Isaías 1,10.16-20; Sal 49; Mateo 23,1-12
En más de una ocasión no habremos encontrado en los caminos de la vida con esa persona que por decirlo pronto y fácil se las sabe todas, de todo tiene opinión, su verdad es la única que vale en cualquier diatriba o discusión y poco menos que va pontificando sobre todo lo sabido y lo por saber. Habla y habla sin parar, de todo quiere saber y poco menos que nos mira por encima del hombro porque nos considera ignorantes si en todo no damos la razón.
Pudiera parecer que recalco demasiado el retrato pero bien sabemos que nos encontramos personas así y que además andan buscando el reconocimiento por lo que hacen o dicen, a todos quieren dar consejos y esperan de nosotros alguna palabra quizá o algún gesto que halague su vanidad.
Es bueno que nos formemos en la vida y seamos capaces de tener nuestra propia opinión de las cosas, porque hayamos tratado de analizarlas adecuadamente, pero la autosuficiencia no es buen acompañante en la vida si en verdad quieres ayudar a los demás y puedes expresarle una opinión sobre algo que te consulte o sobre las cosas que suceden en la vida. No podemos ir de pasados queriendo ponernos en pedestales bien altos para que vean cuanto valemos o cuanto sabemos. Actitudes así ayudan poco a nuestras mutuas relaciones o en el mantenimiento de una amistad.
Me han venido a la mente estos hechos humanos que nos podemos encontrar en nuestras relaciones con los demás o en los que nosotros podemos tener también el peligro y la tentación de caer, escuchando las recomendaciones que Jesús nos hace hoy en el evangelio. Jesús compara lo que ha de ser la actitud y la manera de ser y actuar de sus discípulos a los que va a enviar por el mundo con la misión de anunciar lo Buena Nueva del Reino, con lo que estaban viendo y por así decirlo sufriendo en los maestros de la ley que en aquella época tenían. Menos hablar e imponer cosas que no somos capaces de realizar y más obras autenticas de justicia y de amor para con los demás.
Habla Jesús de las vanidades de las que se rodean los maestros de la ley y la poca autenticidad que hay en sus vidas entre lo que enseñan y lo que ellos viven. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros’.
Las actitudes y los comportamientos de los discípulos de Jesús han de ir por otros caminos. La humildad y la sencillez son los mejores servidores de la verdad que han de anunciar. Ese Reino nuevo que han de anunciar ha de verse primero reflejado en sus vidas. Será siempre la actitud del servicio lo que ha de brillar en el cristiano; ni maestros, ni padres, ni consejeros, somos unos hermanos que caminamos juntos y que nos ayudamos; habrá quien entre los hermanos tiene una misión y una responsabilidad, pero eso no lo ha de convertir nunca en jefe, en superior, en el que está por encima.
Qué ejemplos de humildad y de sencillez nos está dando el Papa Francisco en este sentido. Cuánto necesitamos cambiar también dentro de la Iglesia donde nuestros clericalismos nos han colocado muchas veces como en un estadio superior, y no es eso lo que nos enseña Jesús. Mucho habría que revisar en ese sentido en el seno de la Iglesia. Es el lenguaje que se emplea pero son sobre todo las actitudes que pueda haber en nuestros corazones. Dejémonos conducir por el Espíritu que nos llevará por esos verdaderos caminos de humildad, de servicio y de amor.

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