viernes, 21 de octubre de 2016

Como creyentes en Jesús también tenemos una mirada distinta para leer los signos de los tiempos y una forma de actuar desde los valores del evangelio

Como creyentes en Jesús también tenemos una mirada distinta para leer los signos de los tiempos y una forma de actuar desde los valores del evangelio

Efesios 4,1-6; Sal 23; Lucas 12,54-59

Hoy estamos pendientes de las noticias cuando al final nos dan los pronósticos del tiempo para el día que sigue; los meteorólogos nos hacen sus predicciones, nos ponen las cartas de isobaras, nos muestran fotografías de satélite y nos dicen que tiempo habrá. Pero recordamos bien cómo los viejos del lugar sin tener esos adelantos científicos nos hacían también sus predicciones por una serie de signos que ellos descubrían en la atmósfera, en las nubes en las montañas o según fueran de poniente o no trataban de vislumbrar el horizonte para decirnos el tiempo que iba a venir. En unos y otros los signos del tiempo nos hacían o hacen ver lo que podía o no pasar.
Era la lectura de los signos del cielo, en este caso entendiendo el cielo como el firmamento y todo lo que hiciera referencia a la meteorología. Pero tendríamos que aprender a leer otros signos de los tiempos; ya los futurólogos se encargan de hacerlo, o los comentaristas sociales, económicos o políticos están tratando de descubrir en aquellas cosas que van sucediendo los tiempos que se avecinan, en este caso por donde va a ir a la vida social, económica o política de nuestra sociedad. Mucha gente trata de discernir en lo que sucede lo que es el futuro de nuestra sociedad.
Pero ¿nos tenemos que quedar en esas predicciones sean de un signo o de otro que ya sean metereólogos o comentaristas políticos nos puedan decir en esa lectura de los signos de los tiempos? ¿Tendríamos quizá que buscar algo de mayor trascendencia y tratar de hacer una lectura de la vida, de la historia o del tiempo presente también desde el sentido creyente? ¿Dios querrá hablarnos también a través esos signos de los tiempos, para que descubramos en el acontecer de cada día una señal de lo que Dios quiere de nosotros, de lo que Dios nos pide?
Todos tenemos nuestro lugar en la historia y la historia no la construyen solo los grandes personajes, sino que cada uno de nosotros va construyendo esa historia de cada día, y no solo en su propia vida sino también con una influencia en ese mundo que le rodea. Y ahí hemos de tener una mirada creyente para ser capaces también de ver la vida y la historia que construimos con los ojos de Dios.
Sí, una mirada creyente, para saber descubrir ese actuar de Dios, que aun cuando respeta nuestra autonomía y libertad porque El nos la ha dado, sin embargo está inspirando en nuestro corazón una forma de actuar, una manera distinta de hacer las cosas. Y cuando nos llamamos creyentes y nos llamamos cristianos es porque esa inspiración la encontramos en el evangelio y en sus valores.
Ojalá sepamos de verdad abrir los ojos de la fe; abramos nuestro corazón a la acción del Espíritu de Dios que nos ilumina, que nos guía, que nos hace descubrir también cuantas cosas buenas podemos realizar. No nos podemos cruzar de brazos ante el devenir de la historia y ante lo que los otros quieran realizar de nuestro mundo.
Nosotros también hemos de actuar, también tenemos un cariz que darle a la vida, a los acontecimientos, a cuanto sucede a nuestro alrededor. Ese sentido creyente de nuestra vida nos hace ver las cosas con una mirada distinta, pero también nos compromete a un actuar de una forma distinta. Nosotros desde nuestra condición de creyentes también tenemos que dejar nuestra impronta en la historia. Necesitamos ser valientes y dejarnos conducir por el Espíritu de Dios.

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