miércoles, 13 de enero de 2016

Como Jesús sepamos tender nuestra mano a los demás para con nuestra cercanía ser signos también de la presencia misericordiosa de Dios

Como Jesús sepamos tender nuestra mano a los demás para con nuestra cercanía ser signos también de la presencia misericordiosa de Dios

1Samuel 3,1-10.19-20; Sal 39; Marcos 1,29-39
Una mano sobre el hombro en un momento de sufrimiento en soledad o en un momento de amargura o desesperanza parece que inyecta en nosotros una energía que nos revitaliza y nos hace como renacer. Muchas veces necesitamos esa mano que se tiende hacia nosotros o que sintamos sobre nuestro hombro y que es mucho más que ese contacto físico que podamos sentir.
Puede significar muchas cosas; no estás solo, parece que se nos dice; es cercanía y es confianza en ti mismo; es decirnos, quiero caminar contigo y te puedes apoyar en mi; puedes levantarte porque eres capaz y puedes y tienes que hacer muchas cosas; es poner serenidad y ánimo en tu espíritu para que sientas paz a pesar de todas las turbulencias; es consuelo en el sufrimiento y la mejor medicina que nos cura por dentro; es darnos ese empujón que necesitamos para levantarnos y comenzar a caminar; es darte muchos motivos de esperanza; es el abrazo del amigo que tanto reconforta; son los ojos que te miran y sin palabras te están diciendo tantas cosas para que aprendas a confiar; es la palabra que se susurra al oído pero te llega al corazón; es la presencia de quien sabes que te aprecia y en quien puedes confiar.
Los gestos son importantes en la vida y muchas veces nos dicen más que largos discursos de palabras que se pueden quedar frías en el aire.
Jesús hablaba y enseñaba con autoridad, hemos venido escuchando en estos días. No fueron solo las palabras pronunciadas allá en la sinagoga, sino aquel hombre del que liberó de su mal. Por eso sus gestos de cercanía están siendo tan importantes porque serán signos verdaderos de la presencia de Dios en medio de ellos, de que en verdad es el Emmanuel, que se acercaba a ellos para darles nueva vida, para ponerles en camino de nueva vida.
Hoy escuchamos en el evangelio que después de salir de la sinagoga fueron a casa de Simón Pedro y allí le dijeron que la suegra de Simón estaba en cama con fiebre. No hay palabras, solo está el caminar de Jesús para llegar hasta ella y tomándola de la mano levantarla. ‘Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles’.  No fue necesario más. ‘La cogió de la mano’. Es la cercanía de Jesús. Es esa mano sobre el hombro que antes mencionábamos. Se llenó de vida. Comenzó una nueva vida con una nueva actitud. ‘Se puso a servirles’.
Luego el evangelio seguirá contándonos como al atardecer le traían a muchos enfermos hasta la puerta y los iba curando a todos. Pero más adelante nos dirá que Jesús quiere seguir caminando porque quiere seguir llegando a todos en el anuncio del Reino, en la proclamación de la Palabra pero en los signos con que curaba a los enfermos. Jesús que quiere estar con todos, acercarse a todos, llevar la vida a todos.
Nos quedamos aquí. Metámonos de lleno en la escena y sintamos también como Jesús llega con su mano hasta nosotros, pone también su mano sobre nosotros. Hay en nosotros también muchas sombras, soledades, sufrimientos, penas del corazón, inquietudes quizá muchas veces frustradas, ansias y deseos de muchas cosas. Sintamos esa mano de Jesús sobre nosotros y cómo en El nos sentimos revitalizados; cómo a nosotros con la presencia y cercanía de Jesús también se nos abren caminos; como renacen en nosotros los deseos del servicio y del bien que podemos y tenemos que hacer.
Veremos a Jesús orando, porque estaba lleno de Dios. Es un signo también para nosotros que necesitamos llenarnos de Dios para también como Jesús ir a otras partes. Porque ese gesto de Jesús nosotros tenemos que seguirlo repitiendo. Tenemos que ser signos con nuestros gestos, con nuestras nuevas actitudes, con nuestra cercanía a los demás que caminan a nuestro lado, de esa presencia amorosa y misericordiosa de Dios que a todos levanta. Es la tarea, el compromiso que nosotros hemos de realizar.

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