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lunes, 22 de abril de 2013



Yo soy la puerta de las ovejas… quien entre por mí, se salvará…

Hechos, 11, 1-8; Sal. 41; Jn. 10, 1-10
‘Yo soy la puerta de las ovejas… quien entre por mí, se salvará…’ La salvación solo la tenemos en Jesús. El es nuestro único Salvador. ¿Buscamos en El de verdad la salvación?
Seguimos con la imagen del pastor, de las ovejas, de los apriscos o rediles donde se guardan las ovejas, como ayer domingo que celebrábamos el domingo del Buen Pastor. Parte Jesús de las imágenes de lo que sucedía entonces y quizá aun en algunos ambientes pastoriles pueden seguir siendo costumbres. Todas las ovejas eran guardadas en un mismo redil; cada pastor iba a buscar a sus ovejas para sacarlas a pastar y llevaría solo sus ovejas, pero cada oveja solo seguiría a su pastor porque es a quien conocían. Al redil solo podrían entrar quienes eran de verdad los pastores de aquellas ovejas y quien quisiera entrar por otro lado, como nos dice, es el ladrón y bandido que va a robar. El pastor entra por la puerta porque le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz y le siguen. Al extraño no lo seguirán sino huirán de él, porque no conocen su voz.
Como antes nos preguntábamos ¿buscamos al que es el verdadero pastor de nuestra vida, el único en quien encontraremos la salvación? ¿Escucharemos y reconoceremos su voz o andaremos algunas veces perdidos buscando la salvación donde en verdad no vamos a encontrarla? Tenemos que reafirmar bien nuestra fe en Jesús creciendo más y más en su conocimiento.
Son los peligros de las confusiones que podemos tener en la vida, porque quizá puedan venir de aquí o de allí diciéndonos cosas que nos confunden y nos alejan del verdadero camino de nuestra salvación que solamente en Jesús vamos a encontrar. Cuando se acercan a nosotros tratando de atraernos a sus caminos algunos nos dicen que lo que enseñan no es malo, y tenemos que escuchar a todos. Pero cuando  no tenemos unos sólidos fundamentos en nuestra fe, terminamos haciendo una mezcla de cosas y de ideas que nos apartan de la verdadera fe católica que nos une a nuestra Iglesia.
Creo que tenemos que sentirnos bien seguros de nuestra fe y formarnos debidamente para que no nos entren esas confusiones. Cuando somos débiles en la fe porque no  nos hemos formado debidamente todo nos puede parecer bueno y al final terminamos abandonando lo que es la fe en Jesús que en la Iglesia recibimos y en la Iglesia hemos de vivir. Y hay muchos que quizá quieran aprovecharse de esa nuestra debilidad.
Estamos celebrando el año de la fe al que nos convocó el Papa durante este año en las diversas conmemoraciones que estamos celebrando tanto del inicio de Concilio Vaticano II como de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica que compendia todo el contenido de nuestra fe.
Precisamente en la convocatoria del Papa para este año se nos hablaba de la puerta de la fe, una buena referencia a lo que hoy hemos escuchado en el evangelio. Y la intención de la celebración de este año es el que ahondemos en nuestra fe, revitalizándola de verdad, para que podamos dar ese testimonio claro y valiente de nuestra condición de cristianos en medio del mundo. Y una forma de revitalizar nuestra fe no es solamente decir que yo si creo, sino el que trate de ahondar, estudiar, repasar todo lo que es el contenido de nuestra fe que se nos recoge en el catecismo para luego con toda firmeza y sin confusión confesar nuestra fe.
Cuando a los mayores se les habla de Catecismo y de esto que ahora estamos diciendo algunos parece como que se sienten ofendidos porque piensan que eso es cosa para niños o cosa de aprendernos unas fórmulas de memoria. De ninguna manera podemos pensar así. En cada etapa de la vida necesitamos esa profundización en nuestra fe, porque no podemos profundizar lo mismo siendo niños que de jóvenes o de mayores.
Lástima esa reacción tan negativa en la mayoría de nuestras gentes a conocer con profundidad su fe. Claro que luego todos quieren hablar y opinar sobre la Iglesia y sobre lo que tendría que enseñar para que se nos hagan rebajas, como se suele decir, porque estos son otros tiempos. Por esa falta de hondura en el conocimiento de lo que es nuestra fe, de lo que nos contiene el catecismo, vienen esas confusiones de las que hablábamos antes y que tanto daño nos hacen en la vivencia de nuestra fe y nuestra vida cristiana. Tenemos que conocer con más profundidad lo que son los fundamentos de nuestra fe y los principios de la moral cristiana, y en eso andamos con muchas carencias en nuestro pueblo cristiano. Ojalá el Espíritu del Señor mueva nuestros corazones que nos lleven a esa proclamación auténtica de nuestra fe.
Cristo es la puerta por la que tenemos que entrar para alcanzar la salvación porque El es nuestro único salvador. Y todo ese depósito de la Salvación lo dejó confiado a su Iglesia. No  nos apartemos nunca de lo que es la fe auténtica de la Iglesia.

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