martes, 21 de julio de 2009

El mar rojo, paso de la esclavitud a la libertad, nos recuerda el bautismo

Ex. 14, 21-15, 1
Cántico Ex.15, 8-12.17
Mt. 12, 46-50


Hay tres momentos importantes en la historia de Israel en torno a la liberación de los Israelitas de Egipto: La celebración de la Pascua y la salida de Egipto, el paso del mar Rojo y la celebración de la Alianza en el Sinaí.
Hoy nos encontramos en el segundo momento, el paso del Mar Rojo; días atrás hemos escuchado todo lo referencia a la celebración de la Pascua y la preparación de la salida de Egipto. El paso del Mar Rojo tiene un significado muy especial para los Israelitas, pero tiene también para nosotros, los cristianos, un hondo significado.
Para los judíos fue el momento de la ruptura con el mundo anterior en que vivían en la esclavitud para abrirse camino hacia la libertad y hacia la tierra que les había prometido el Señor. Geográficamente incluso tiene ese sentido porque atravesar el Mar Rojo era dejar atrás Egipto y entrar ya en las fronteras de una tierra nueva.
Fueron momentos difíciles de duda, como volverán a repetirse muchas veces en su largo peregrinar. Atrás que Egipto y la esclavitud. Delante se abre un camino, aún duro, que lleva a la tierra de nueva vida y de libertad. Pero, repito, quedan las dudas en el interior sobre si merece la pena emprender ese camino. Más aún, cuando se ven acosados teniendo enfrente el mar como una barrera que han de atravesar con su dificultad, pero detrás tienen al Faraón que, arrepentido de dejarlos marchar, viene en su persecución.
‘¿No había sepulcros en Egipto? Nos has traído a morir en el desierto. ¿Qué es lo que has hecho con nosotros sacándonos de Egipto? ¿No te lo decíamos en Egipto? Déjanos en paz y serviremos a los egipcios; más nos vale servir a los egipcios que morir en el desierto’. Era la queja contra Moisés. Era la duda en su corazón. ¿No será también nuestra duda y tentación? Emprendemos un camino de superación queriéndonos arrancar de nuestros pecados y esclavitudes; pero es necesario el sacrificio y el esfuerzo; queremos muchas veces volvernos atrás, porque nos parecía que aquella vida era mejor.
‘No tengáis miedo; estad firmes y veréis la victoria que el Señor os va a conceder hoy… el Señor peleará por vosotros, esperad en silencio’. También nosotros necesitamos escuchar esa Palabra de aliento en la presencia del Señor.
Y se manifestó la gloria del Señor. ‘Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo soplar durante toda la noche un fuerte viento del este que secó el mar y se dividieron las aguas. Los israelitas pasaron el mar a pie enjuto, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda…' El pueblo agradecido reconoció la acción del Dios que les liberaba y entonaron el canto de victoria en la alabanza al Señor. ‘Cantemos al Señor, sublime es su victoria’. Ya podían caminar como pueblo libre hacia la tierra prometida aunque el camino aún sería largo.
Pero decíamos también que este hecho tiene un hondo significado para nosotros los cristianos. El paso del Mar Rojo es imagen para nosotros del Bautismo. Pasamos también en medio de las aguas que nos liberan y dan nueva vida. Es para nosotros también un nuevo nacimiento, como lo fue para aquel pueblo.
Como decimos en la liturgia bautismal a la hora de bendecir el agua del Bautismo, ‘hiciste pasar a pie enjuto por el mar Rojo a los hijos de Abrahán para que el pueblo liberado de la esclavitud del Faraón fuera imagen de la familia de los bautizados’.
Hemos cruzado nuestro mar Rojo en las aguas del Bautismo. Caminemos alegres, victoriosos hacia la vida nueva. No nos faltarán tentaciones que nos quieran volver a arrastrar a la esclavitud del pecado, pero somos los que ya hemos sido liberados. Así tenemos que vivir.

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