Vistas de página en total

jueves, 19 de febrero de 2026

Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal, el camino que tenemos que ir liberando tomando nuestra cruz para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida

 


Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal, el camino que tenemos que ir liberando tomando nuestra cruz para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida

Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25

Aunque a veces parezca muy fácil, qué duro es encontrarnos ante una encrucijada donde hemos de decidirnos qué camino tomar. ¿Y si nos equivocamos? ¿Cómo podemos tener la certeza de acertar? Porque una vez que hayamos tomado la decisión el camino no es lo que aparenta, vienen las dificultades y contratiempos, surge la tentación en nuestro interior ¿y si nos hemos equivocado y el camino no lleva a ninguna parte? Como se suele decir cada uno arrima el ascua a su sardina, y el que nos ofrece su camino tratará quizás de adornarlo y embellecerlo para cautivarnos, pero no es oro todo lo que reluce y eso mismo nos tendría que hacer entrar en la duda antes de la toma de decisión.

Es la respuesta que el cristiano tiene que dar a la Palabra de Dios en todo momento, pero pueden venir las confusiones de los caminos anchos y de los caminos estrechos, y lo que nos produce incomodidad parece que no sería por lo que optaríamos. Claro que querríamos ganarnos todo el mundo, porque a nadie le amarga un dulce y a la larga siempre estamos soñando con grandezas y con influencias, con sentirnos poderosos y poder hacer lo que queramos. Pero siempre dentro de nosotros está sonando una música no para adormecernos sino más bien para interrogarnos y hacer que tomemos buenas decisiones.

Es lo que se nos está planteando hoy en este segundo día de la cuaresma recién comenzada. ‘Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal’, nos plantea el profeta. Tendría que ser la opción de la vida el camino que escogiéramos. Y es lo que tenemos que asegurarnos, porque como nos dirá luego Jesús en el evangelio, ‘¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?’ Es lo que hemos de tener claro ya desde el principio en este camino cuaresmal que estamos comenzando. ¿Habrá pascua o no habrá pascua al final en nuestra vida? Y ya no se trata de unas celebraciones muy bonitas o muy solemnes que podamos tener cuando llegue la Semana Santa. La Pascua va a depender de la intensidad que pongamos en nuestra vida para escuchar y para sentir el paso del Señor.

No podemos perder de vista hacia donde vamos, qué es lo que vamos a celebrar y vivir. Es en lo que tenemos que poner toda la intensidad de nuestra vida, de nuestra fe, de la respuesta que vamos a ir dando. De ahí la riqueza tan grande de la Palabra de Dios que día a día se nos va a ir ofreciendo. De ahí la importancia de la apertura de nuestro corazón.

Hoy ya desde el principio nos lo está diciendo Jesús. ¿A qué sube El a Jerusalén? Es lo que también nosotros tendríamos que preguntarnos, ¿a qué o a donde queremos subir a lo largo de este camino cuaresmal? ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’. Nos lo dice claramente para que no tengamos confusión. Aunque seguramente dentro de nosotros nos estaremos diciendo como los apóstoles, que eso no puede ser, que no tiene por qué haber ese sufrimiento y esa muerte…

Pero es que Jesús nos dice también cual es el camino; y el camino pasa por la cruz, esa cruz que tenemos que saber aceptar. ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga’. ¿Cuál es esa cruz? ¿Dónde está esa cruz? Ver cruces adornadas no es muy fácil, pero ver y reconocer la cruz en toda su crudeza ya nos cuesta más. Seguro que no está lejos de tu vida, porque no faltarán dolores y sufrimientos; no estará lejos de nuestra vida porque hay sacrificios que tenemos que hacer y nos cuestan, aparecen contratiempos que nos malogran nuestras ilusiones, no siempre es fácil el entendimiento con los que nos rodean empezando por los nuestros, igualmente no lo tenemos fácil para vivir nuestra fe y dar testimonio, afloran las pasiones dentro de nosotros que nos hacen perder el control y surgen las ambiciones y deseos de poder, aparece el orgullo y se siente herido nuestro amor propio, surge el descontrol en nuestra vida que nos lleva a hacernos esclavos de la pasión, rebrotan las violencias y los recelos, el egoísmo y la insolidaridad.

Eso que somos nosotros, eso que nos pasa continuamente con lo que tenemos que cargar o lo que tenemos que afrontar. Tomar la cruz, negarnos a nosotros mismos, liberarnos de ataduras, limpiar el corazón de toda maldad. Esa es nuestra pascua, ese es el camino que tenemos que ir liberando para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario