miércoles, 17 de agosto de 2016

Apreciemos lo que es el don gratuito del amor que Dios nos tiene y correspondamos nosotros responsablemente con un amor semejante

Apreciemos lo que es el don gratuito del amor que Dios nos tiene y correspondamos nosotros responsablemente con un amor semejante

Ezequiel 34,1-11; Sal 22; Mateo 20,1-16

Hay gente que se extraña de que algo pueda ser gratuito. Estamos tan acostumbrados a pagar por todo que cuando viene alguien y nos regala algo sin saber nosotros por qué lo hace, entramos en desconfianzas, hay algunos que incluso no lo quieren aceptar, o buscamos la manera de pagárselo de algún modo. ¿Es que a todo tenemos que ponerle precio? ¿Es que no sabemos hacer nada de forma gratuita? ¿Nos humilla quizá el que alguien pueda regalarnos algo sin que nosotros hayamos hecho algo para merecerlo? Parece que tenemos que sentirnos obligados a pagarlo de algún modo cuando se nos ofrece algo gratuito.
Esto que nos sucede muchas veces en lo que son nuestras relaciones humanas, pareciera que tiene que ser una medida o una forma de actuar también en nuestra relación con Dios. El amor que Dios nos tiene es gracia, es algo gratuito, porque fue El quien nos amó primero. Así ya nos lo dice san Juan en sus cartas. ‘El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó primero’, nos viene a decir.
Pero nosotros parece que aun queremos ir como acumulando cosas buenas que hagamos para luego exigirle a Dios que nos ame y nos de su salvación. Acumulamos rosarios, acumulamos misas, acumulamos rezos y novenas, acumulamos y pareciera que quisiéramos llevar una contabilidad de todas las cosas buenas que hemos hecho para decir que merecemos la salvación. ‘Es que yo he hecho tantas cosas buenas…’ nos decimos, y estamos pensando quizá que puesto más alto o más bajo vamos a tener en el cielo según todas esas cosas que hayamos hecho. Olvidamos una cosa. La salvación nos la ganó Jesús, que fue el que se entregó y murió por nosotros para nuestra salvación. La salvación es gracia.
Todo esto me lo hace pensar la parábola que escuchamos hoy en el evangelio. Aquellos trabajadores que fueron llamados a distintas hora a trabajar en la viña. Al final del día todos recibieron un denario, aunque los primeros protestaron porque creían que merecían más porque habían estado todo el día; pero lo ajustado era un denario y un denario recibieron. Y nos quiere manifestar lo que es la bondad y el corazón misericordioso de Dios que nos ofrece su salvación; unos responderán a una hora, otros son llamados en otras horas que quizá nos pudieran parecer tardías, pero lo importante era la respuesta. A todos aquellos que respondieron se les dio el denario, signo de nuestra salvación. Como decíamos, no podemos andar contabilizando cosas para decir que merecemos más o menos, lo importante es la respuesta, y la respuesta fiel y llena de amor, porque lo demás es gracia, es regalo gratuito de Dios que así no ofrece la salvación.
No podemos decir que si no tenemos esas contabilidades a lo humano nos faltará estimulo. Es que estamos hablando de amor, y el amor siempre es un gracia, el amor siempre es gratuito, el amor es algo que ofrecemos desde lo más hondo de nosotros mismos porque queremos, porque queremos amar, porque queremos ofrecer lo mejor de nosotros mismos. Por eso no nos puede faltar responsabilidad en nuestra vida para desarrollar todos nuestros valores, todas nuestras capacidades, porque además con ello estamos contribuyendo también al bien de ese mundo en el que vivimos.

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