viernes, 29 de julio de 2016

Las desconfianzas hacen grietas que nos pueden dañar el edificio de nuestra vida y nuestra relación con los demás

Las desconfianzas hacen grietas que nos pueden dañar el edificio de nuestra vida y nuestra relación con los demás

Jer. 26, 1-9; Sal. 68; Mt. 13, 54-58
‘Jesus fue a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga’, nos dice el evangelista. Es el texto paralelo al que nos narra Lucas en el que incluso se nos dice cual fue el texto de Isaías que fue proclamado. En uno y en otro caso se nos habla de cómo la gente estaba admirada por lo que decía Jesús. ‘Tenían todos puestos los ojos en El’, nos decía Lucas.
Pero en uno y en otro caso vemos pronto la reacción de la gente. Mateo hoy nos dice que ‘desconfiaban de El’. Todos lo conocían, allí se había criado, por allá andaban sus parientes, habían conocido su infancia y su juventud. ‘¿De donde saca todo esto? ¿De donde saca esta sabiduría y estos milagros?’ Allí había llegado también la fama de lo que hacia en Cafarnaún y en otros lugares. Pero, como termina diciéndonos hoy el evangelista ‘no hizo allí muchos milagros porque les faltaba fe’.
Cuando hacemos la lectura y la reflexión sobre este texto podemos hacernos muchas consideraciones. Por una parte vemos como refleja muchas de nuestras actitudes y de la manera de actuar en nuestra relación con los otros. Estamos tan llenos de desconfianzas; nos decimos que conocemos a la gente; con qué facilidad vemos intenciones ocultas en lo que hacen los demás; cómo rápidamente ponemos ‘peros’ a lo bueno que puedan hacer los otros.
No tenemos fe los unos en los otros, caminamos en la vida con demasiadas desconfianzas y así no podemos crear verdaderas amistades porque con ello lo que estamos haciendo es creando grietas en nuestras mutuas relaciones; un edificio con grietas si no lo arreglamos prontamente se nos viene abajo. Por eso se nos hace difícil la convivencia, no creamos verdadera comunión entre unos y otros, damos la impresión de que cada uno vamos realizando nuestras batallitas y no somos capaces de unirnos a los demás. En esto se ha de manifestar también nuestro sentido cristiano de la vida, en esas nuevas actitudes que hemos de tener los unos con los otros expresamos nuestra postura de creyentes.
Podemos también ver cuál es nuestra relación con Jesús. También nos admiramos fácilmente por lo que vemos que hace cuando escuchamos el evangelio, pero ¿pasamos de la admiración a unas posturas de fe más comprometidas? ¿En verdad queremos traducir todo eso que nos dice el evangelio en los comportamientos de nuestra vida?
Nos puede suceder que también nosotros sepamos muchas cosas de Jesús. A lo largo de los años de nuestra vida hemos escuchado hablar de Jesús tantas veces que prácticamente podemos decir que conocemos todos los hechos de la vida de Jesús. Pero no nos podemos quedar ahí; nuestra fe en Jesús es mucho más que saber cosas de Jesús, porque nuestra fe nos hace ponernos en camino, un camino de seguimiento de Jesús para trasplantar a nuestra vida, a nuestras actitudes y a nuestros comportamientos, a lo que han de ser los principios de nuestra vida todo eso que Jesús nos enseña en el evangelio.
Y por fijarnos ahora en cosas concretas en esto mismo que hemos venido reflexionando sobre nuestras actitudes ante los demás, ahí hemos de reflejar todo lo que nos enseña Jesús en el evangelio de lo que es el verdadero amor al prójimo. Desterremos desconfianzas, no creemos grietas en nuestras relaciones, busquemos siempre la verdadera comunión entre unos y otros, seamos capaces de aceptarnos y valorarnos, pongámonos a trabajar codo con codo todos unidos por hacer nuestro mundo mejor.

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