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miércoles, 17 de octubre de 2012


Vivamos en el Espíritu para que brillen las obras del Espíritu

Gál. 5, 18-25; Sal. 1; Lc. 11, 42-46
‘Los que son de Cristo han crucificado su carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu’. Así nos dice san Pablo en la carta a los Gálatas. Ya antes nos había dicho ‘para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado’.
Hermoso mensaje en que nos sentimos liberados por Cristo. Hermoso mensaje que nos reconforta y nos estimula a vivir la vida dejándonos conducir por el Espíritu de Dios. Cuántas veces seguimos haciendo en la vida aquello que no quisiéramos hacer. Nos sentimos como impelidos a dejarnos arrastrar por la pasión. Nos cuesta muchas. Muchas veces hasta pensamos que es imposible liberarnos, actuar con verdadera libertad. Nos arrastra la pasión y nos parece imposible. Nos cegamos y ya no somos capaces de ver otra cosa.
Lo hemos experimentado en nosotros mismos y tantas veces lo escuchamos decir. Y decimos que es cuestión de la naturaleza, que si somos así, que si son cosas naturales que no tenemos por qué controlar. Tantas cosas en las que queremos justificarnos. Pero ¿quién es el dueño de nuestra vida? ¿La pasión? ¿Ese impulso ciego? ¿Es que somos solo producto del instinto? ¿Dónde está nuestra capacidad de razonar y nuestra voluntad?
Es fuerte la pasión pero nuestro yo tiene que estar por encima de todo eso. Nos cuesta y, como decíamos, nos cegamos muchas veces, pero hemos de saber tomar en nuestras manos las riendas de nuestra vida. Cuando nos dejamos arrastrar ciegamente por la pasión ya sabemos dónde vamos a terminar y como nos endiosaremos de tal manera que queremos dominar a cuanto nos rodea, quienes no somos capaces de dominarnos a nosotros mismos.
Terminaremos en las obras de la carne, como nos dice hoy el apóstol. ‘Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, contiendas, celos, rencores, rivalidades, partidismo, sectarismo, envidias, borracheras, orgías y cosas por el estilo’.
Tremendo listado, podemos decir, nos ofrece el apóstol donde se entremezclan muchas cosas pero en que en unas y otras estamos viendo ese desorden que se produce en nuestra vida primero para no darle un sentido profundo y noble a lo más íntimo de nosotros mismos, pero en lo que luego terminaremos en multitud de reacciones y actitudes negativas en nuestra relación con los demás. Sería necesario detenerse un poquito en todo esto para reflexionar, para analizar las cosas que de este estilo nos van sucediendo en nuestra vida.
Pero como nos ha dicho ya previamente la Palabra del Señor ‘Cristo nos ha liberado’; Cristo está con nosotros para ayudarnos a vencer y dominar ese mal que se nos mete en el corazón y que tanto daño nos hace. Cristo nos trae el perdón para tantas veces en que dejándonos arrastrar por la pasión hemos caído en el pecado, pero nos da también la fuerza de su Espíritu que nos ayuda a liberarnos, a superar situaciones, a cambiar en verdad nuestra vida.
Que seamos capaces de hacer brillar en nosotros los frutos del Espíritu: ‘amor, alegría, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí…’ Qué distinta sería nuestra vida y qué distintas nuestras relaciones con los demás. Qué mundo tan distinto podríamos hacer y qué felices seríamos, porque si nos fijamos bien en aquellas obras de la carne al final no terminaremos ni siendo felices nosotros mismos ni ayudando a ser felices a los demás. Dejémonos conducir por el Espíritu, ‘vivamos en el Espíritu, caminemos tras el Espíritu’.

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