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martes, 31 de mayo de 2011

Como María templos y sagrarios del Espíritu para llevar a Dios a los demás con nuestro amor


Sofonías, 3, 14-18;

Sal.: Is. 12, 2-6;

Lc. 1, 39-56

Habiendo conocido María por el anuncio del ángel no sólo el misterio glorioso que en sus entrañas se estaba realizando de que Dios se encarnase en su seno para nacer hecho hombre y ser Dios en medio de nosotros, sino conocido también cómo el Señor había tenido misericordia con su prima Isabel al concebir un hijo a pesar de su vejez, se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a la casa de Zacaría y su prima Isabel.

Ahí va María, aprisa, sobre las alas del amor e impulsada por el Espíritu de Dios como verdadero templo del Espíritu y sagrario de Dios derramando las gracias y la bendiciones de Dios que así ya se hacía presente entre nosotros repartiendo la salvación. Se llenará Isabel del Espíritu Santo con la presencia de María, saltará la criatura en el seno de Isabel al escuchar el saludo de María, Dios está allí y María es portadora de Dios a quien lleva en sus entrañas, y María también inspirada por el Espíritu divino prorrumpirá en cánticos de alabanzas y de bendición al Señor.

¿Cómo no va a cantar María la alabanza del Señor? ‘El Señor, tu Dios, en medio de ti es un guerrero que salva, había anunciado el profeta. El se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como día de fiesta’. Claro que tiene que ser día de fiesta cuando así María se siente amada del Señor; tiene que ser dia de fiesta también para nosotros porque el Señor está en medio de nosotros también con su amor y con su salvación; se goza y se complace en nosotros, en nuestra fe y en nuestro amor, lo que nos tiene que hacer saltar también de júbilo a nosotros como en día de fiesta, que decía el profeta.

Todo se convertirá en fiesta y en cánticos de alabanza al Señor que obra maravillas, porque con el nacimiento de Juan también Zacarías prorrumpirá en canticos de bendiciones al Señor que así ha visitado a su pueblo. Es la visita de María, pero es la visita del amor porque allí iba María para servir, para ayudar, para amar y mostrar su incondicional amor. ‘María se quedó con Isabel unos tres meses…’, nos dirá el evangelista para significar que allí estuvo hasta el nacimiento de Juan prestando la ayuda que aquella madre, ya mayor, podría necesitar. María siempre para servir. María icono del amor más hermoso. María siempre señalándonos con su propia vida lo que el Hijo que lleva en sus entrañas luego también nos enseñará y pondrá como distintivo de nuestra vida como seguidores de Jesús.

Es la visita de María, pero es la visita de Dios. ‘Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación’, cantaría María. ‘Bendito sea Dios que ha visitado y redimido a su pueblo’, cantará el anciano Zacarías, porque sus ojos de fe están viendo como Dios se hace presente; su hijo será el precursor, el que señale el camino, el que vaya delante, pero es que allí está ya Dios en medio de ellos. Como decíamos, María es ese templo del Espíritu, ese sagrario de Dios que nos hace presente a Jesús con su salvación.

Queda para nosotros un mensaje que nos lo explicita la liturgia en las oraciones de esta fiesta. Pedíamos que así cómo Dios ha preparado en el corazón de María una digna morada al Espíritu santo, así también nosotros lleguemos a ser templos dignos de su gloria. Llamábamos a María Sagrario de Dios porque allí en su seno llevaba al verdadero Dios hecho hombre que en sus entrañas se encarnaba, así nosotros desde nuestro bautismo hemos sido también ungidos para ser ese templo de Dios, esa morada del Espíritu.

Que seamos dignos templos del Espíritu porque en nosotros brille la santidad y el amor. También nosotros por la santidad de nuestra vida hemos de ir llevando a Dios a los demás. Con los ojos del amor hemos de ver a Dios en los demás para mostrarles nuestro amor y nuestro servicio. Pero a través del amor que tiene que resplandecer en nuestra vida hemos de ser signos de ese amor de Dios a los demás; asi llevaremos a Dios a los demás, como María cuando fue impulsada por el Espíritu pero para el servicio y el amor allá a la lejana montaña de Judea a casa de Zacarías e Isabel.

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