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miércoles, 1 de mayo de 2013


El trabajo que nos ennoblece y nos hace creadores para la gloria de Dios

Col. 3, 14-15.17.23-24; Sal. 89; Mt. 13, 54-58
‘¿De dónde saca toda esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero?... ¿de dónde saca todo eso?’ Así se preguntaban sus convecinos de Nazaret cuando escuchaban a Jesús en sus enseñanzas y contemplaban los milagros que hacía.
El hijo del carpintero, así conocían a Jesús. Así mencionaban a José a quien hoy una vez más estamos celebrando, el carpintero de Nazaret, el esposo de María de la cual nació Jesús, llamado el Cristo, como dice el principio del evangelio de Mateo en la genealogía.
La liturgia nos ofrece este texto con esta mención en esta celebración que hacemos en el primero de Mayo en honor de san José, contemplándolo desde ese aspecto de hombre trabajador. La festividad litúrgica principal de san José es el 19 de Marzo, pero en este día para ayudarnos a darle un sentido cristiano a la fiesta del trabajo que en el ámbito civil se celebra el Papa Pío XII instituyó esta fiesta en honor de san José, llamándola la fiesta de san José obrero.
‘Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla’, es el mandato de Dios al hombre en la creación. El hombre dotado de inteligencia y voluntad, con todas las capacidades que tiene en su naturaleza humana, se desarrolla a través del trabajo que viene a ser camino de plenitud para el hombre. En el uso de su inteligencia, en la capacidad creadora de su ser, desarrollando sus cualidades, sus potencialidades, sus valores el hombre se desarrolla así mismo. El trabajo hace al hombre creador en el desarrollo de si mismo y para bien de la humanidad y de la creación.
El trabajo no es un castigo para el hombre ni una maldición. Las consecuencias del pecado sí endurecerán el trabajo del hombre porque lo llenamos al mismo tiempo de ambiciones y orgullos, de egoísmos y maldades que nos hacen insolidarios y que nos enfrentan unos a otros en ese camino de la vida convirtiéndonos en dominadores los unos de los otros. Pero eso son las consecuencias del pecado, no del trabajo en si.
Si lo que buscáramos fuera ese desarrollo de todas esas potencialidades que hay en nosotros y no pensando solo en nosotros mismos sino en el bien de esa humanidad a la que pertenecemos, encontraríamos la verdadera riqueza de nuestro trabajo, que no es solo ni principalmente un lucro económico. Es en lo que tendríamos que reflexionar para llegar a descubrir su verdadero valor y la verdadera riqueza que nos va a ayudar a ser grandes de verdad. Lejos de materializarnos y embrutecernos en el trabajo nos haríamos creadores y llenos de nobles valores.
Hoy contemplamos a San José, el carpintero de Nazaret, hombre justo y trabajador que además fue forjador en lo humano de Jesús, que si era verdadero Dios era también verdadero hombre. ¿Cómo sería el trabajo en aquel hogar de Nazaret? Y pensamos en el trabajo de José, pero pensamos en el trabajo de toda la familia, de María y de Jesús que también trabajó con sus manos en el mismo taller de José.
Hoy nos ha dicho algo hermoso la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses. ‘Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de gracias a Dios Padre por medio de él’. Todo para la gloria del Señor como tantas veces decimos. Sí, nuestro trabajo, nuestro actuar, ese desarrollo y ese crecimiento de la persona en sus valores y cualidades creadoras, sea siempre para la gloria de Dios.
Que cada tarea que vayamos realizando en nuestra vida seamos capaces de hacerla siempre en el nombre del Señor como cuando Pedro echó las redes para la pesca, y así estaremos siempre dando gloria a Dios.

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