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miércoles, 9 de mayo de 2018

Mucho bueno hay encerrado en nuestro corazón que por la gracia del Espíritu un día volverá a renacer y florecerá en frutos de vida cristiana


Mucho bueno hay encerrado en nuestro corazón que por la gracia del Espíritu un día volverá a renacer y florecerá en frutos de vida cristiana

Hechos de los apóstoles 17,15.22-18,1; Sal 148; Juan 16,12-15

Siempre hay cosas que se quedan en el tintero, solemos decir cuando olvidamos algo, o no tenemos tiempo de manifestar todo lo que quizás sabíamos o teníamos intención de manifestar. También hay ocasiones en que no podemos decir en el momento todas las cosas; en circunstancias tenemos que ir revelando lo que hemos de manifestar de una forma gradual, bien porque la noticia sea impactante y no queremos dañar ni escandalizar quizás a la persona a la que se lo comunicamos, bien sea porque en la educación la enseñanza ha de hacerse también de forma progresiva, porque un niño no puede asimilar, por ejemplo, de la misma manera lo que le digamos a un joven o a un adulto.
‘Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena’. Así les dice Jesús a sus discípulos cuando les hace el anuncio de la venida del Espíritu Santo. No es quizás por las mismas razones de lo que antes reflexionábamos para nosotros al introducir el tema de hoy, pero es cierto que a los discípulos les cuesta comprender todo el misterio de Jesús, y hay cosas, como hemos venido viendo a lo largo del evangelio, que incluso les cuesta aceptar, como fue todo el misterio de la pascua y de la pasión de la que tantas veces Jesús les había hablado y ellos no habían terminado de comprender.
Será tras la resurrección y con la venida del Espíritu Santo cuando lleguen a comprender plenamente que Jesús es el Señor. Así lo confesará Pedro en el primer sermón después de Pentecostés ‘a ese Jesús a quien vosotros habéis crucificado Dios lo constituyó por la resurrección Señor y Mesías’.
Aunque a lo largo del relato del  evangelio vemos que llaman a Jesús ‘Señor’, hemos de tener en cuenta que el evangelio fue escrito posteriormente cuando ya realmente tras Pentecostés así lo habían reconocido. El relato del evangelio, entendemos bien, que no es una crónica que se iba escribiendo en el momento, sino que seria más tarde cuando surgen los evangelistas que quieren dejar por escrito cuanto se decía y conocían de Jesús.
Es lo que ahora – y el texto se corresponde a las palabras de Jesús en la última cena – Jesús les está anunciando. El Espíritu los guiará a la verdad plena; por la fuerza del Espíritu del Señor podrán en verdad reconocer a Jesús como el Señor; por la inspiración del Espíritu irán recordando y comprendiendo, asimilando de verdad en sus vidas, todo lo que Jesús había hecho y les había enseñado.
Es así como nosotros hemos de dejarnos conducir por el Espíritu del Señor. Pensemos cuantas cosas hemos aprendido de Jesús, del evangelio, de la vida cristiana a lo largo de nuestra vida. ¿Cuántos serán los sermones que hemos escuchado? ¿Cuántas las catequesis que hemos recibido? ¿Lo recordamos todo? ¿Lo habremos asimilado de verdad? Pero ahí está sembrado en lo hondo de nuestro corazón, como un poso está en el fondo de nuestra mente y de nuestra conciencia aunque nos parezca que no lo recordamos todo, pero cuando nos dejamos conducir por el Espíritu en su inspiración irá sacando todo eso que está en nuestro interior y podremos en verdad irlo asimilando para ir en verdad renovando nuestra vida. Mucho bueno hay encerrado en nuestro corazón que por la gracia del Espíritu un día volverá a renacer y florecerá en nosotros en frutos de vida cristiana.
Es por lo que yo digo muchas veces a los padres que viven quizás la angustia de que sus hijos han olvidado todo aquello que les enseñaron pero parece que ahora van por otros caminos. Si lo hemos sembrado bien, tengamos la esperanza de que un día esos valores vayan a brotar a pesar de que ahora haya tanto follaje. Recemos para que el Espíritu del Señor riegue con su gracia esos corazones que un día se puedan sentir movidos a rescatar esos valores que están ahí encerrados. No perdamos la esperanza, sino con toda confianza oremos al Señor para que un día haya ese despertar.

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