lunes, 2 de mayo de 2016

Cuando venga el Defensor, el Espíritu de la verdad que enviaré desde el Padre, vosotros también daréis testimonio

Cuando venga el Defensor, el Espíritu de la verdad que enviaré desde el Padre, vosotros también daréis testimonio

Hechos 16,11-15; Sal 149; Juan 15,26-16,4a
Me recuerda a la madre que siempre le está advirtiendo a su hijo lo que le puede pasar y que cuando suceden lo que le había prevenido le recuerda ‘yo te lo dije’; me recuerda la palabra del amigo o de aquella persona que te aprecia mucho que igualmente nos dice que ya nos había prevenido para que tuviéramos cuidado. Así está Jesús anunciándoles a sus discípulos en la hora de la cena pascual aquellas cosas que de manera inminente van a suceder o también lo que en el futuro les va a pasar por ser seguidores suyos. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho’.
Pero las palabras de Jesús no son para producirnos desasosiego ni amarguras ni temores ante lo que va a suceder, sino son palabras que nos llenan de esperanza. Nos asegura Jesús que no nos faltará la fuerza del Espíritu. Nuestra misión es dar testimonio y ese testimonio se convierta en anuncio de Buena Nueva, en anuncio de Evangelio  para que a todos en verdad llegue la salvación. Pero será un anuncio, será un testimonio que podremos realizar por la fuerza de su Espíritu.
‘Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo’. Tenemos el testimonio del Espíritu de la Verdad que nos lo recordará todo, que será en verdad nuestra fortaleza porque nos hace sentir la presencia de Dios con nosotros, pero eso nos tiene que llevar a dar nosotros nuestro testimonio. Como nos dirá Jesús en otro lugar: ‘Seréis mis testigos’.
Cuando vamos ya terminando el tiempo pascual vamos escuchando estas palabras de Jesús que nos anuncian la presencia del Espíritu Santo. El se vuelve al Padre pero no nos dejará solos, nos envía desde el Padre el Espíritu de la verdad. Será nuestra fortaleza, será nuestra luz. Todo esto nos va preparando para la gran fiesta de la Pascua de Pentecostés, en que celebraremos y viviremos de manera especial la fuerza del Espíritu Santo en nosotros.
Ese testimonio que hemos de dar proclamando nuestra fe con valentía. No podemos avergonzarnos de nuestra fe sino que con gallardía y con alegría hemos de proclamarla. Somos felices con nuestra fe porque nos sentimos amados de Dios y renovados totalmente en El para vivir una nueva vida. Y de ese amor de Dios, aunque inmerecido por nuestra parte, hemos de sentirnos orgullosos. Por eso lo proclamamos; por eso lo queremos vivir amando nosotros de la misma manera a los demás.
No tememos que no nos entiendan y eso nos pueda llevar a muchas incomprensiones por parte de los demás que se puedan convertir incluso en persecuciones. Nos sentimos seguros y fortalecidos en el Espíritu del Señor. Y damos testimonio de ello con nuestro estilo de vida, con ese nuevo sentido con que hacemos todas las cosas, con esa intensidad de nuestro amor.
Damos testimonio porque queremos convertirnos en faro de luz en medio de tantas oscuridades. No es nuestra luz con la que vamos a iluminar sino con la luz de Cristo en la que nosotros hemos sido iluminados. No querrán aceptar esa luz pero nosotros la encendemos porque queremos que haya vida y no muerte, porque queremos poner amor y solidaridad frente a tantos odios y violencias, porque queremos decir que es posible un mundo distinto cuando aprendemos a ser solidarios y a compartir, porque queremos que brille de verdad la paz frente a tantos enfrentamientos, discriminaciones, insolidaridades e injusticias.
No nos faltará la fuerza del Espíritu para ser testigos.

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