jueves, 5 de mayo de 2016

Con Jesús la negrura de la tristeza y el pesimismo no nos puede vencer sino que siempre tiene que brillar la luz de la alegría y la paz

Con Jesús la negrura de la tristeza y el pesimismo no nos puede vencer sino que siempre tiene que brillar la luz de la alegría y la paz

Hechos 18, 1-8; Sal 97; Juan 16,16-20

‘Vuestra tristeza se convertirá en alegría…’ Nos habla Jesús hoy de tristezas y alegrías. Nos dice el diccionario que la tristeza es ese sentimiento de dolor anímico producido por un suceso desfavorable que suele manifestarse con un estado de ánimo pesimista, la insatisfacción y la tendencia al llanto’.
Nos suceden cosas desagradables en la vida, porque bien sabemos que no todo es un camino de rosas, pero aun así las rosas tienen espinas; nos vienen contratiempos con los problemas que nos van surgiendo, enfermedades, amistades que se rompen, traiciones, envidias que nos hacen daño; quizá encontramos oposición a nuestras ideas y no sabemos como afrontar las situaciones con las que nos tenemos que enfrentar; no nos sentimos satisfechos con lo que vamos logrando o acaso nos sentimos fracasados en la vida; muchas cosas que nos pueden amargar el corazón, entristecer el alma, llenarnos de pesimismo y de negruras.
No olvidemos que las palabras que hoy le escuchamos a Jesús están en el marco de la cena pascual y forma parte de aquella conversación – llamémosla así – de despedida en que Jesús les va anunciando los acontecimientos inmediatos sino también como preparándolos para el nuevo camino que han de emprender. Muchas veces les ha hablado de las persecuciones que han de sufrir y tanto en referencia a una como a otra cosa están estas palabras que hoy escuchamos.
La muerte de Jesús va a aparecer como un triunfo inmediato de aquellos que quieren quitarlo de en medio, pero Jesús les está anunciando el triunfo verdadero de la resurrección. Ya escucharemos la alegría que iban a sentir en su encuentro con Cristo resucitado. Pero quiere decirnos mucho más Jesús. Es una referencia a esa alegría profunda que ha de vivir el cristiano siempre cualquiera que sea la situación por la que pase. Siempre podemos y tenemos que sentir la presencia de Cristo con nosotros.
En los caminos de la vida, como reflexionábamos al principio, nos encontramos muchas cosas que pueden entristecernos el alma. En el camino de nuestra vida cristiana, en el camino que como Iglesia seguimos haciendo en el hoy de nuestra historia también tenemos la tentación del desánimo, de la desesperanza, del entristecernos porque nos pueda parecer que la luz no brilla siempre en todo su esplendor.
Las situaciones de increencia que podamos contemplar a nuestro alrededor, la oposición que encontramos en las fuerzas del mal que parecen que quieren oscurecer nuestro mensaje del evangelio, las trabas de todo tipo que podamos encontrar en el anuncio del evangelio, las adversidades de todo tipo que van apareciendo y que nos pueden hacer difícil nuestro camino y nuestro testimonio nos pueden entristecer.
Es lo que Jesús nos anuncia. Pero escuchemos su Palabra en su totalidad. Nos habla de una alegría que nadie nos puede arrebatar. Esa paz que con Jesús llevamos en nuestro corazón no la podemos perder de ninguna manera. Ponemos nuestra fe y toda nuestra esperanza en el Señor. Y eso que pudiera parecer tristeza tiene que convertirse en alegría y en alegría de la mejor.
Con nosotros está el Señor y el poder del abismo no podrá contra la Iglesia, no podrá contra el mensaje cristiano. Tenemos la Palabra de Jesús, tenemos su presencia, tenemos la fuerza de su Espíritu. Confiemos. 

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