miércoles, 4 de mayo de 2016

Con la fuerza del Espíritu la Iglesia camina en fidelidad, pidamos que nos ilumine, llene y transforme nuestros corazones con el fuego de su amor

Con la fuerza del Espíritu la Iglesia camina en fidelidad, pidamos que nos ilumine, llene y transforme nuestros corazones con el fuego de su amor

Hechos 17,15.22-18,1; Sal 148; Juan 16,12-15

‘Muchas cosas me quedan por deciros… cuando venga El, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena…’
Cómo podremos recordar todas las cosas que nos ha dicho y enseñado, podían quizá estar pensado los discípulos. Muchas cosas habían contemplado, muchas cosas le habían visto hacer y en todas ellas había una enseñanza, muchas cosas le habían escuchado tanto cuando les hablaba a las multitudes como cuando a ellos en particular ya fuera en casa o cuando iban de camino o marchaban a solas con El a lugares apartados, ¿cómo iban a recordarlo todo?
Si estando Jesús con ellos y recordándoles continuamente las cosas tanto les costaba hacerlas, vivir aquellas actitudes nuevas que de El iban aprendiendo, seguían con aquellas ambiciones ocultas en su corazón que muchas veces reaparecían, ¿cómo harían cuando El no estuviera con ellos? ¿Quién podría darles seguridad de que lo que iban a hacer y enseñar lo harían con fidelidad a la Buena Nueva que les había anunciado Jesús del Reino nuevo de Dios?
‘Cuando venga El, el Espíritu de la Verdad, que os enviaré desde el Padre, os lo enseñará todo, os guiará hasta la verdad plena’. Era la promesa de Jesús. Por eso les dirá más tarde que se queden en Jerusalén hasta que se realice la promesa del Padre y entonces recibirán el Espíritu y habrán de marchar por todo el mundo, porque han de ser testigos de esa verdad y de esa salvación para que todo el que crea pueda alcanzar esa salvación.
Es la garantía con la que nosotros seguimos viviendo nuestra fe; es la garantía del camino de la Iglesia. Algunos podrán pensar que eso de la fe nos lo hemos inventado nosotros; algunos querrán acusar a la Iglesia que es una manipuladora de poder y que se inventa sus normas y sus leyes para guardarse en salud. Cosas así escuchamos en nuestro entorno; muchos verán a la iglesia como si fuera uno más de los poderes de este mundo y que los hombres nos hemos inventado.
Nosotros no lo vemos así, porque creemos en la Palabra de Jesús. Nosotros tenemos una fe que reconocemos que es un don de Dios que como hermosa semilla ha sembrado en nuestro corazón y que hace que tenga vida. Nosotros creemos en esa fuerza y en esa asistencia del Espíritu de Dios que nos guía, que nos ilumina, que conduce los caminos de la Iglesia. Nosotros creemos en la asistencia del Espíritu que nos hace mantenernos en esa plenitud de Verdad que es Cristo y su evangelio. Nosotros creemos en la Sabiduría de Dios que se nos manifiesta en el Espíritu que nos recuerda y nos hace vivas en nuestros corazones las Palabras de Jesús.
Con la fuerza del Espíritu la Iglesia camina en fidelidad. Si no fuera esa fuerza y esa gracia del Espíritu hace tiempo ya que la Iglesia se hubiera destruido a si misma, en las  manos de los hombres tentados a dejarnos arrastrar por nuestras ambiciones y llenos de nuestra vanagloria. Si la Iglesia sigue caminando en fidelidad es por la fuerza del Espíritu del Señor que la acompaña, la ilumina, la guía siempre hacia la verdad plena.
Nos acercamos a la fiesta de Pentecostés y el Evangelio nos va recordando las Palabras de Jesús que nos anuncian la venida del Espíritu. Oremos y pidamos que el Espíritu nos ilumine, llene y transforme nuestros corazones con el fuego de su amor.

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