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martes, 30 de diciembre de 2025

Unos ancianos que nos pasan desapercibidos, que tienen sus sueños y sus esperanzas y que son para nosotros también evangelio, buena noticia de Dios para nosotros

 


Unos ancianos que nos pasan desapercibidos, que tienen sus sueños y sus esperanzas y que son para nosotros también evangelio, buena noticia de Dios para nosotros

 Juan 2, 12-17; Salmo 95; Lucas 2, 36-40

En medio de los relatos en torno a Jesús en su nacimiento y en lo acaecido en su entorno que se nos van ofreciendo en el texto del evangelio en estos días de Navidad se nos cuela como por un resquicio una anciana mujer que además era viuda de las que quizás merodeaban por el templo en el cumplimiento quizás de sus devociones y que por otra parte hubiera pasado desapercibida como a tantos mayores les sucede también en nuestro entorno.

Una anciana viuda y pobre nos aparecerá en otro momento en el evangelio pero será Jesús el que nos la haga notar por la generosidad y desprendimiento en que vivía dando lo poco que tenía para el culto del templo. Ancianos aparecerán en el evangelio en el caso del sacerdote Zacarías y su mujer Isabel, y también en estas circunstancias hemos contemplado al anciano Simeón.

Creo que puede ser significativo y tenga todo el sentido de evangelio - para nosotros también nos trae una buena noticia - la aparición de estos ancianos de los que nos habla el evangelio pero que están haciendo referencia de alguna manera a tantos que aparecen en nuestro entorno en estos momentos incluso que nosotros estamos también viviendo en la Navidad que celebramos. También muchos nos pueden pasar desapercibidos, aunque nos aparecen en momentos puntuales pronto quizás pasamos página, como hacemos tantas veces.

Total, pensamos, unos ancianos que ya han vivido su vida, que no tienen mayores responsabilidades familiares o en su entorno social, ya hicieron lo que tuvieron o pudieron hacer, su presencia se puede quedar como un adorno o simplemente es el paso de unas personas que no teniendo que hacer pues van al templo, o están allí donde la gente se reúne y hablan de sus cosas o de las cosas de sus tiempos, o de sus sueños de algo distinto pero que nosotros quizás miramos como sueños de viejos.

¿Será así como veían a aquel anciana que nos aparece por un rincón hoy en el evangelio a la manera como hoy nosotros nos podemos sentir tentados de pensar de esa gente mayor de nuestro entorno y que muchas veces son las que más pronto encontramos en el entorno de nuestras iglesias o de nuestras celebraciones? Creo que con reflexiones que tenemos que hacernos que nos interpelen por dentro ante tanta gente que pasa desapercibida a nuestro lado, pero quizás porque nosotros no nos fijamos o damos una oportunidad,  o nos quedamos a distancia de ellos.

Aquellos ancianos que aparecieron aquel día por el templo, Simeón y Ana, eran personas de grandes esperanzas pero también de una fe muy grande. Tenían confianza de que lo que esperaban podrían verlo con sus ojos, y aunque ojos cansados por el paso de los años, sin embargo supieron descubrir el misterio. Dios se les reveló en su corazón, el Espíritu de Dios estaba actuando en ellos, cuando nosotros somos tantas veces ciegos para ver cómo Dios se nos revela, cómo Dios nos habla en los acontecimientos, como Dios quiere seguir actuando por nuestra vida, aunque seamos quizás también del grupo de los que pasan imperceptibles por la vida.

Dejemos actuar al Espíritu de Dios en nuestro corazón y dejemos que nos abra los ojos para ver con claridad tantas cosas que algunas veces nos parecen oscuras. Un rayo de luz puede llegar a nuestros corazones, pero nosotros también podemos ser un rayo de luz para muchos a nuestro lado. Aquella anciana no paraba de hablar y de contar la experiencia de Dios que ella estaba viviendo y a todos anunciaba el cumplimiento de las promesas divinas. Y nosotros que tenemos tanto miedo de hablar de Dios a los demás y habrá muchos que lo están esperando.

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