miércoles, 17 de agosto de 2011

La riqueza del trabajo en la viña de la vida


Jueces, 9, 6-15;

Sal. 20;

Mt. 20, 1-16

‘Id vosotros también a trabajar a mi vida’. Así una y otra vez, en el amancecer, a media mañana, al mediodía, a media tarde sale el propietario de la viña en busca de trabajadores para su viña. ‘¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?’ pregunta los de la última hora. Para todos tiene su denario, su recompensa.

¿Qué nos querrá decir? ¿qué nos querrá enseñar Jesús con esta parábola? Muchas consideraciones podríamos hacernos. La viña, nuestra vida, nuestro mundo, la sociedad en la que estamos. Hay una tarea que realizar. Podemos remontarnos al paraíso cuando Dios al crear al hombre pone el mundo en sus manos para que continúe con la tarea iniciada en la creación. Nos ha dado unos talentos el Señor, una inteligencia, una voluntad. Llenad la tierra y sometedla. Nos ha dado unas capacidades, como nos ha dado también ese precioso valor de la libertad.

Hacen falta jornaleros que trabajen en la viña. El amo de aquella viña los busca una y otra vez. Dios sigue confiando en la capacidad del hombre. El trabajo es un hermoso valor que no solo hace crecer la riqueza de nuestro mundo, sino que primero que nada nos hace crecer a nosotros en ese mismo trabajo.

El hombre se desarrolla en el trabajo que realiza, plasma su vida, salen a flote todas las capacidades del hombre y ya no solo en beneficio propio sino como riqueza de vida para la sociedad en la que vive. El hombre cuando termina su obra no solo fue el fruto en una ganancia material sino que se recrea en la obra que ha realizado, porque allí ha ido plasmando todo su ser. La ganancia material la necesitamos para nuestro sustento pero tendríamos que aprender a amar el trabajo por algo más hondo.

Por eso al comenzar esta reflexión al decir la viña, al mismo tiempo dije nuestra vida, nuestro mundo, la sociedad en la que estamos. Trabajar en la viña a lo que el amor nos llama es enriquecer nuestra propia vida, hacerla crecer, llenarla de valores. Es la responsabilidad con que asumimos nuestra vida y las tareas que tenemos que realizar. Es todo eso que en el crecimiento de nuestra vida personal nos abre también al otro, a la relación mutua y al mutuo enriquecimiento.

No trabajamos solo para nosotros sino que todo trabajo por muy personal que sea siempre está en relación con los otros, con el mundo que nos rodea al que queremos desarrollar y hacer más hermoso cada día, a esa sociedad en la que estamos que queremos también mejorar para que en una pacífica convivencia todos podamos también ser más felices.

Trabajo que hemos de vivir también con sentido de trascendencia. El trabajo de la persona sobrepasa nuestra realidad física y material. Desde esa responsabilidad que tenemos con Dios, podemos decir, desde que El nos ha dado esa capacidad, pero también porque con esos valores que desarrollamos en nuestro trabajo hacemos un mundo nuevo que tendrá su plenitud en el Reino eterno de Dios.

Muchas veces al reflexionar sobre nuestro trabajo lo miramos como una carga, como algo duro, como un pesado yugo. Es cierto que las consecuencias de nuestro pecado lo pueden llenar de negruras y sombras, pero tenemos que mirarlo con mayor hondura y encontrarle esste hermoso sentido del que ahora estamos hablando.

Que nunca el trabajo del hombre sea duro y esclavizante sino que lo llenemos de luz y de creatividad y lo hagamos verdaderamente humano. Y santificándolo con la gracia del Señor podemos también darle un valor y un sentido sobrenatural como camino también de nuestra propia santidad.

Que no nos tengan que decir ‘¿qué hacéis ahí ociosos todo el día sin trabajar?’ Por supuesto que quienes tienen la responsabilidad de nuestra sociedad hagan que haya trabajo para todos. Cuántos son los problemas que se derivan de esa falta de trabajo lo estamos padeciendo ahora con la crisis social que vivimos. Pero también el trabajo que tengamos lo hagamos con responsabilidad y seamos capaces de llenarlo de cosas hermosas.

¿Por qué Cristo, al hacerse hombre, quiso también trabajar con sus manos? Santificó con su presencia y con su trabajo todo el trabajo humano.

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