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sábado, 29 de octubre de 2022

Aprendamos de las preferencias de Jesús que son los pequeños y hagámonos nosotros los últimos porque seamos servidores de todos

 


Aprendamos de las preferencias de Jesús que son los pequeños y hagámonos nosotros los últimos porque seamos servidores de todos

Filipenses 1, 18b-26; Sal 41; Lucas 14, 1. 7-11

Todos queremos un buen sitio; creo que eso lo tenemos claro; vayamos a donde vayamos, asistamos a los actos que asistamos, tenemos nuestros preferencias, nuestros lugares, porque allí vemos mejor, porque es el sitio que siempre he escogido, porque allí puedo tener más ventajas, porque estoy cerca de los que me interesa estar, porque un lugar preferente no nos hace daño… veinte mil razones diferentes si queremos contar, pero tenemos nuestros gustos.

Pero luego en la loca carrera de la vida, vienen los codazos porque por medio están los prestigios, los reconocimientos, los lugares que consideramos que nos toca por nuestros méritos, aquellos sitios donde podemos ejercer cierta influencia, o donde podemos estar más cerca del poder, de la manipulación, del relumbrón, de la vanidad que todo lo envuelve, en una palabra.

Claro que detrás de todo esto está el concepto que tengamos de la vida, los valores a los que le demos más o menos importancia, que es lo que voy buscando en la vida. Y es aquí donde Jesús quiere hacernos pensar. Parte el evangelio de algo tan corriente como el coger buen sitio en la mesa del banquete; buen sitio para ser mejor servido, buen sitio para estar cerca de las personas importantes y que también a mi me consideren importante, carreras diversas por diversos motivos para buscar un buen sitio en la mesa del banquete. Es lo que observa Jesús un día en que es invitado a una comida por un hombre principal, y al que estaban también invitados los que parecían ser los hombres importantes de la ciudad. Y es cuando Jesús nos deja la sentencia.

‘Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: Cédele el puesto a este. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales…’

Parece la cosa más elemental, el consejo más elemental, para no quedar avergonzado en un momento así. Pero lo que nos está diciendo Jesús es algo más que unos protocolos que hay que seguir para no quedar mal ante nadie. Jesús nos está proponiendo un estilo, un sentido para nuestro actuar en la vida. Nunca podrá ser la apariencia; siempre ha de estar presente el espíritu de servicio y la humildad. No es el buscar pérdidas que nos den luego ganancias, es un estilo de vida de humildad, de servicio, de cercanía, de trato amigable en que no importan los lugares, sino el sitio que verdaderamente ocupemos en el corazón de las personas. ‘Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido’.

Ya nos dirá Jesús en otros momentos donde está la verdadera grandeza de la persona; nunca en la vanidad ni la apariencia, siempre en el servicio para ser capaces de hacernos los últimos y los servidores de todos. Recordamos cuando sus discípulos más cercanos andaban a la greña discutiendo por el camino por los primeros puestos y les dice que será grande el que sea capaz de hacerse el último y el servidor de todos. Recordamos a María la humilde esclava del Señor, pero en quien el Poderoso realiza obras grandes.

viernes, 28 de octubre de 2022

Hay una buena noticia que nosotros podemos y tenemos que ofrecer y que no podemos callar, un agua viva que saciará en plenitud a nuestro mundo sediento

 


Hay una buena noticia que nosotros podemos y tenemos que ofrecer y que no podemos callar, un agua viva que saciará en plenitud a nuestro mundo sediento

Efesios 2, 19-22; Sal 18; Lucas 6, 12-19

Cuando tenemos que tomar decisiones importantes nos lo pensamos muchos, dedicamos mucho tiempo a reflexionar para ver los pro y los contra de esa decisión que he de tomar si es un proyecto importante para la vida, o si son cosas que pueden afectar a otras personas; nos lo pensamos, le damos muchas vueltas por la cabeza y si tenemos oportunidad y confianza con alguien seguro que acudiremos en busca de un consejo, de una orientación, de otro punto de vista, pues realmente tenemos miedo de no aceptar, de equivocarnos y de poner quizás en riesgo circunstancias de otras personas.

Eso lo hace cualquier persona, medianamente reflexiva, que se toma con responsabilidad sus decisiones y que quiere buscar lo mejor. Pero el creyente hace algo más; es su decisión, pero será en algo en lo que quiere ver lo que es la voluntad de Dios; por eso el creyente lleva la toma de decisiones así a la oración, para contar con Dios, para dejarse iluminar, no solo para no equivocarme porque cuente con la inspiración divina, sino para tratar de ver la situación por la que pasamos desde otra perspectiva, sentir esa perspectiva de Dios.

Es lo que contemplamos hoy en el evangelio en el actuar de Jesús. Nos dice el evangelista que se pasó la noche en oración. A la mañana siguiente estaban tomadas las decisiones. Llamó a los discípulos y escogió a Doce a los que constituyó apóstoles. Y el evangelista nos da detalladamente la relación de los doce escogidos, y escogidos con una misión. Iban a ser enviados con la misma misión de Jesús.

En esta fiesta de los Apóstoles san Simón y san Judas, la liturgia nos ha ofrecido este texto del evangelio de Lucas, donde se señala la elección de los doce que habían de ser constituidos apóstoles, porque iban a ser los especialmente enviados de Jesús con su misma misión. A partir de este momento a lo largo del evangelio contemplaremos cómo Jesús con ellos tiene especiales detalles; es como la preparación, la formación que les va dando para que puedan cumplir su misión.

Sin embargo el texto que se nos ofrece no se queda en esta elección, sino que contemplaremos a Jesús en el cumplimiento de su misión. Al bajar de la montaña en la llanura se encontraron con una multitud que los estaba esperando. A ellos se entrega Jesús, enseñándoles, curándoles; todos acudían a Jesús porque en El no solo encontraban palabras de vida eterna, sino también todos los signos y señales de esa vida eterna. Eran curados, y no solo de sus cuerpos enfermos y dolores, sino de toda clase de males. Es la liberación que Jesús nos ofrece. Pero es también la tarea que pone en nuestras manos.

En nuestro entorno está también esa multitud, aquejada de tantos males y que buscan, aunque no saben muchas veces cómo, la liberación de todos esos males de su vida. A ellos tenemos que ir, porque a nosotros Jesús nos ha confiado su misma misión. Signos de liberación tenemos que convertirnos para los demás, porque llevamos el mensaje de Jesús, porque tenemos que realizar la misma misión de Jesús. También tenemos que curar a los enfermos de nuestra sociedad, sedientos de amor y de verdad, sedientos de vida.

El mundo tiene sed, el mundo se nos ahoga y no es porque con el cambio climático falte el agua para el uso cotidiano, sino porque no sabe encontrar lo que le sacie de verdad desde lo más hondo de sí mismo. Muchas aguas ponzoñosas y envenenadas están dañando a nuestro mundo cuando se le está ofreciendo no lo que de verdad va a dar sentido a sus vidas y les lleve por caminos de plenitud. Y ahí tenemos nosotros algo que ofrecer desde el evangelio. Sí, es el agua viva que saciaré nuestra sed en plenitud.

Hay una buena noticia que nosotros podemos ofrecer, nosotros tenemos que ofrecer y que no podemos callar. Cumplamos con nuestra misión. Llevemos todo esto a nuestra oración para descubrir en verdad lo que Jesús hoy nos está pidiendo que llevemos a nuestro mundo.

jueves, 27 de octubre de 2022

Sintamos en nuestro corazón la fuerza del Espíritu que nos impulsa y nos da fortaleza para arriesgarnos por lo que en verdad merece la pena, nuestra fe

 


Sintamos en nuestro corazón la fuerza del Espíritu que nos impulsa y nos da fortaleza para arriesgarnos por lo que en verdad merece la pena, nuestra fe

Efesios 6, 10-20; Sal 143; Lucas 13, 31-35

No nos gusta exponernos a peligros innecesarios; si nos dicen que aquel es un lugar peligroso, evitaremos ir él o iremos con todas las precauciones; si nos dicen que hay personas que nos quieren mal y que estarían tramando hacernos daño de la manera que fuera, ya andaríamos precavidos. Es de prudencia el hacerlo así, no arriesgar innecesariamente.

En la vida hoy hay muchos miedos, se ha creado una sensación de miedo, que quizás en otros momentos incluso más peligrosos no teníamos esa sensación. Hay que ser precavidos, nos dicen. ¿Lo haremos en todas las ocasiones así? ¿Pensaremos que quizá hay cosas por las que arriesgarse enfrentándose a ellas sin ningún temor? ¿Habrá algo por lo que merezca la pena arriesgarse? Somos nosotros los que hemos de tener unos criterios.

Me han venido estos pensamientos que aun están medio confusos hasta en la forma de exponerlos a raíz de lo que hoy nos dice el evangelio. En este caso son los fariseos los que le avisan a Jesús – ¿acaso ellos por su posición tendrían más medios de información? – de que Herodes está tramando algo contra Jesús; lo anda buscando.

Pero Jesús no se arredra, no tiene miedo de lo que pueda hacerle Herodes; de ahí ese recado que le reenvía Jesús que podría parecer un poco atrevido. Pero Jesús está subiendo a Jerusalén sabiendo lo que allí va a pasar; varias veces se lo ha anunciado a los discípulos aunque ellos no acaban de entender; pero sabiendo la Pascua que ha de vivir sube de manera consciente. Ahora, lo mismo, poco menos que le dice a Herodes que no le tiene miedo y que seguirá haciendo un día y otro lo que es su misión.

‘Mira, yo arrojo demonios y realizo curaciones hoy y mañana, y al tercer día mi obra quedará consumada. Pero es necesario que camine hoy y mañana y pasado, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén’, y en sus palabras hay como un anuncio velado de lo que un día será su entrada en Jerusalén. ‘Os digo que no me veréis hasta el día en que digáis: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!’

¿Habrá algo por lo que merezca la pena arriesgarse?, nos preguntábamos. Hay cosas por las que merece la pena arriesgarse. Ya nos dirá Jesús que merece la pena entregar su vida. Es lo que está haciendo. Pero, nosotros andamos con nuestros miedos, con nuestra poca valentía, con nuestra poca coherencia entre lo que decimos que es nuestra fe y lo que luego estamos manifestando en nuestra vida. Tenemos que quitarnos las caretas de una vez por todas; andamos con demasiados miedos, porque no confiamos en la Palabra de Jesús, que nos ha prometido la fuerza de su Espíritu para cuando lleguen esos momentos difíciles.

No busquemos cosas extraordinarias, cosas especiales. Las circunstancias están ahí en lo que estamos viviendo cada día; no nos dejemos arrinconar, porque es una forma de cerrarnos la boca. Cualquiera puede hoy en nuestra sociedad presentar sus ideas, siempre y cuando sean de un determinado color, por eso cuando los cristianos queremos hablar nos arrinconan, tratan de desprestigiarnos, de arrimarnos a lo que les parezca según sean sus conveniencias. Y nosotros seguimos callados ¿por un plato de lentejas?

Sintamos en nuestro corazón la fuerza del Espíritu que nos impulsa. Es nuestra sabiduría y nuestra fortaleza.

miércoles, 26 de octubre de 2022

A la pregunta si son muchos o pocos los que se salven Jesús nos dirá cómo vamos a ser reconocidos por El cuando pongamos amor en la vida

 


A la pregunta si son muchos o pocos los que se salven Jesús nos dirá cómo vamos a ser reconocidos por El cuando pongamos amor en la vida

Efesios 6,1-9; Sal 144; Lucas 13,22-30

‘¿Son pocos los que se salvan?’ siempre hemos tenido esa preocupación, pero de una forma concreta saber si yo me voy a salvar o no. Y por eso nos hacemos preguntas, ¿qué tenemos que hacer? ¿Qué mandamientos hay que cumplir? Repetidamente lo vemos en el evangelio; será el joven rico, o será el maestro de la ley que poco menos que viene a hacerle un examen a Jesús. La pregunta que está en la mente de todos, ¿cuál es el mandamiento principal? Y los discípulos que con El están también se preguntan qué es lo que les va a tocar a ellos que un día lo dejaron todo por seguirlo.

Pero Jesús no da cantidades de los que se salvan o no, tampoco ofrece recetas, está pidiendo generosidad en el corazón. Cuando uno vino a decirle que estaba dispuesto a seguirle a donde sea, le dice que el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza, y que si entonces entiende eso de seguirle como una seguridades que nos lo van a dar todo hecho, no está entendiendo lo que es el Reino de Dios que El nos ofrece. Tiene que haber una nueva generosidad en el corazón, una disponibilidad grande sin estar esperando recompensas ni pagos, porque no son tantas cosas que hacer sino forma de vivir.

Por eso ahora habla de camino estrecho. ¿Significa que es una carrera de obstáculos la que hemos de correr? El camino es estrecho, la puerta es estrecha porque no podemos ir cargados con cosas innecesarias, que se van a convertir en un peso muerto que nos impedirá el poder actuar con total libertad, sin pesos que nos opriman. En otra ocasión hablará del camello que tiene que pasar por la puerta estrecha de la muralla, llamada aguja, pero que si va con excesivas cargas entre las jorobas y las angarillas por allí no podrá pasar.

Nos hablará de negarse a si mismo. ¿Qué significa ese negarse a si mismo? ¿Voy a negar mi identidad y mis valores? Significa escoger lo que son los verdaderos valores, lo que verdaderamente es importante, significa arrancarnos de tantas vanidades con que llenamos nuestra vida, no dejándonos encandilar por las apariencias, buscar lo que verdaderamente me hará grande; es dejar de pensar en mi yo que son mis brillos, que son mis ganancias, que con esas cosas con las que quiero relumbrar para que vean lo que valgo, lo que me encierra en mi mismo porque me lleva a pensar solo en mi mismo y me hace insolidario.

Será el cuidar que tenga suficiente aceite en la alcuza para que se puedan mantener encendida la luz de Cristo en mi vida. Entonces sí seremos reconocidos y podremos entrar al banquete de bodas, porque con esa luz de Cristo va a resplandecer el amor. Es lo que necesitamos. Porque Jesús nos va a reconocer porque un día compartimos nuestro pan con el hambriento, porque un día abrimos las puertas de nuestra casa y de nuestra vida para acoger al caminante, al peregrino, al que pasaba a nuestro lado aunque no lo reconociéramos, porque un día nos detuvimos junto a aquel que nos tendía la mano pidiéndonos una limosna y no paramos a hablar con él, a interesarnos por sus cosas y sus problemas, porque llevamos nuestra sonrisa a aquel que estaba triste en un rincón porque nadie se fijaba en él.

‘Cuando lo hicisteis con uno de esos, conmigo lo hicisteis, venid, benditos de mi Padre’, nos dirá Jesús. ¿Serán muchos o pocos los que se salven? Ya sabemos cual es el sentido de estas palabras o el sentido de nuestra vida.

martes, 25 de octubre de 2022

Descubramos esas pequeñas semillas de mostaza, esa levadura que se está diluyendo en la masa de nuestro mundo y que un día ha de fermentar, porque Dios también está ahí

 


Descubramos esas pequeñas semillas de mostaza, esa levadura que se está diluyendo en la masa de nuestro mundo y que un día ha de fermentar, porque Dios también está ahí

Efesios 5, 21-33; Sal 127; Lucas 13, 18-21

Para los que tenemos siempre muchas prisas y queremos todo de inmediato nos viene bien escuchar las parábolas que nos ofrece hoy Jesús en el evangelio. Siempre tenemos prisa, queremos las cosas de inmediato; los medios que hoy se nos ofrecen, la tecnología que se vive tan intensamente, las redes sociales que nos ponen en comunicación de inmediato con cualquier en cualquier parte del mundo, contribuyen aun más a estas prisas y carreras en que vivimos y que de alguna manera nos pueden impedir el saborear las cosas de cada momento. Y hasta nos volvemos exigentes, porque si no nos responden de inmediato ya es que no nos hacen caso, que nosotros poco importamos para esas personas y no nos damos cuenta del ritmo real que cada persona lleva allí donde esté y que no sabemos bien cuales son las circunstancias que viven.

Con esto hablamos de nuestras relaciones interpersonales, con esto podemos hablar de las inquietudes que podamos sentir por situaciones que no nos parecen bien y que desearíamos que cambien, con esto podemos hablar, también ¿por qué no?, del anuncio del evangelio en nuestro mundo y nuestros deseos de que se haga presente el Reino de Dios.

¿Se hace o no se hace presente? Quisiéramos verlos a todos convertidos. Quisiéramos que nuestro mundo y nuestra sociedad cambie y sea más humana y logremos caminos de entendimiento y de paz; no nos sentimos satisfechos con la falta de paz que hay en nuestro mundo y no solo es la guerra de Ucrania, sino que bien sabemos que son muchos los conflictos de nuestra sociedad, pero muchos los conflictos que hay también en medio de nosotros. ¿Por qué no cambiamos? ¿Por qué no cambia nuestro mundo que nos parece que todo sigue igual? Pero en verdad, ¿será eso cierto así? Ahí andamos con nuestras prisas y carreras porque todo lo queremos de inmediato, pero que no siempre sabemos apreciar las pequeñas cosas, los pequeños signos que se pueden estar donde del Reino de Dios entre nosotros.

Hoy nos habla Jesús de una pequeña semilla, insignificante semilla la del grano de mostaza. Y nos habla de esa pequeña semilla que germina y que crece, podrá anidar hasta pájaros entre sus ramas. Tan insignificante que ni nos damos cuenta de su presencia y de su crecimiento. Pero ahí está y está produciendo sus frutos. Como nos habla del puñado de levadura que queda diluido en la masa que luego no sabremos diferencias una cosa y otra. Pero hace fermentar el pan.

¿No estarán esas pequeñas semillas sembradas en medio de nuestro mundo? ¿No estará ese puñado de levadura diluyéndose en la masa de nuestro para hacerlo fermentar a un pan mejor? Corremos y queremos ver el resultado final ya; no apreciamos los pasos previos, no apreciamos los pasos pequeños, no apreciamos lo que nos parece insignificante.

Muchos cristianos estarán calladamente siendo esa levadura en medio del mundo, aunque nos parezca que no vemos nada. Van surgiendo nuevos movimientos, se va creando un mundo de solidaridad, estamos contemplando una inquietud grande que hay en muchos por hacer un mundo nuevo y mejor; cuanta gente comprometida podemos ver alrededor aunque, como en un momento decían algunos discípulos a Jesús, no parecen de los nuestros. Pero si lo que están haciendo es dar señales de un mundo nuevo y mejor, ¿por qué no los valoramos? ¿Por qué no descubrir ahí un actuar de Dios, aunque nos parezca que nuestras iglesias están vacías?

Descubramos esas pequeñas semillas de mostaza; descubramos esa levadura que se está diluyendo en la masa de nuestro mundo. Un día ha de fermentar. Dios también está ahí.

lunes, 24 de octubre de 2022

Nos hace falta madurar más nuestro amor, nos hace falta madurar más nuestra relación con Jesús, nos hace falta madurar más el evangelio en nuestra vida

 


Nos hace falta madurar más nuestro amor, nos hace falta madurar más nuestra relación con Jesús, nos hace falta madurar más el evangelio en nuestra vida

Efesios 4, 32 — 5, 8; Sal 1; Lucas 13, 10-17

‘Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado…’ era la argumentación que ponía el jefe de la sinagoga ante la situación embarazosa que se había producido. Es más, en este caso, nadie había pedido nada. Estaban el sábado en la sinagoga como era costumbre y es Jesús el que se adelante cuando ve a aquella mujer enferma, encorvada sin poderse enderezar, allí en medio de la gente. ‘Mujer, quedas libre de tu enfermedad’, le dice Jesús cuando la llama.

Que vengan otro día a curarse, que bastantes días tiene la semana. No es tan lejano de muchas cosas que suceden, siguen sucediendo hoy. También tenemos unos horarios, pero eso sería lo de menos si no fueran otros límites que también seguimos poniendo. Un larvado racismo que algunas veces nos aparece aunque queramos disimularlo de muy buenas intenciones. Esos emigrantes que les quitan trabajo a los que aquí no tienen trabajo, decimos en ocasiones; esas ayudas que se reparten mientras los de aquí no tienen donde caerse muertos, y ponemos cara de tragedia, pero no vemos cuales son los trabajos y las condiciones de trabajo que les imponemos a muchos de esos emigrantes.

Y la gente discute por estas cosas con mucha pasión que algunas veces ciega. Pero vamos poniendo etiquetas, y vamos creando principios, y queríamos poner no se cuentas condiciones, y cargamos con el sambenito de maleantes simplemente porque vienen de otro país, y pasamos de largo cuando nos tienen la mano a nuestro paso por la calle o incluso en la puerta de nuestras iglesias. Claro que podríamos pensar también en otras situaciones, porque desde muchos aspectos y conceptos seguimos discriminando a muchos que están en nuestro entorno.

¿Habremos pensado alguna vez en el drama que hay detrás de ese rostro? ¿Seremos conscientes del sufrimiento que puede haber en ese corazón? Si junto a ti estando caído en la calle pasaran de largo sin ni siquiera mirarte, ¿cómo te sentirías? ¿Qué es lo que pensarías? ¿Nos habremos atrevido alguna vez a acercarnos a alguna de esas personas para preguntarle qué es lo que necesita?

Te digo una cosa, eso cuesta. No siempre nos sentimos fuertes para acercarnos a una persona y preguntarle cual es su problema o en qué podemos ayudarle. Aparecen nuestros miedos, nuestros temores, qué nos va a responder, por qué tengo que interesarme por esa persona, y si no soy capaz de hacer nada estaré creando falsas esperanzas… muchas cosas que nos pueden dar vueltas en nuestra cabeza y en nuestro interior. Nuestro miedo quizás a sentirnos comprometidos. El no saber hasta dónde podemos llegar. Y no son disculpas que estoy poniendo ante esa pasividad que muchas veces nos envuelve, pero es nuestra realidad, nuestra débil realidad.

Yo soy el primero que soy débil, que me siento débil; que reconozco que muchas veces soy cobarde. Al  hacer esta reflexión que os ofrezco siento que soy el primero que me siento recriminado por la Palabra de Dios que a mi me está haciendo también muchas preguntas.

No terminado nosotros aun de sentirnos cogidos y envueltos por el amor de Dios. Nos hace falta madurar más nuestro amor; nos hace falta madurar más nuestra relación con Jesús; nos hace falta madurar más el evangelio en nuestra vida, para que casi como de forma espontánea surjan esos gestos comprometidos de amor.

domingo, 23 de octubre de 2022

Si no somos sinceros con nosotros mismos, no lo seremos con Dios ni con los demás, quitemos las pantallas de las vanidades y vivamos con humildad

 


Si no somos sinceros con nosotros mismos, no lo seremos con Dios ni con los demás, quitemos las pantallas de las vanidades y vivamos con humildad

Eclesiástico 35, 12-14. 16-19ª; Sal 33; 2Timoteo 4, 6-8. 16-18; Lucas 18, 9-14

Si no somos sinceros con nosotros mismos, ni seremos sinceros con Dios ni seremos sinceros con los demás. Y ser sincero consigo mismo es conocer su propia realidad, reconocerla, sin poner pantallas, sin poner sombras que difuminen la realidad, pero también sin subirnos en pedestales, aunque también tengamos la humildad del reconocimiento de los dones recibidos. María reconoció que en su pequeñez el que es Poderoso hizo obras grandes, pero eso no le impidió reconocerse como la humilde esclava del Señor y ponerse en actitud permanente de servicio a los demás.

Pero algunas veces confundimos la palabra sinceridad con vanidad; y entonces comienza a aumentar la cuenta de lo que presentamos para exigir reconocimientos; entonces comenzamos a aislarnos de los demás, para que a nosotros no nos confundan con cualquiera, y pondremos barreras, y colocaremos pedestales  donde nos subimos para hacer alarde de lo bueno que somos; y por medio una soberbia que no tiene límites – que venga alguien y no reconozca mis méritos, que va a saber quien está aquí – y comienzan los desprecios porque nadie será capaz de hacer lo que yo hago. Nos encontramos tantas veces repitiendo el yo y el yo que dije, que hice, que estuve, que… está pidiendo alabanzas, en una palabra. De sinceridad nada, de vanidad y orgullo mucho es lo que nos envuelve, aunque muchas veces somos muy sutiles y sabemos disimularlo para que no se note tan a la descarada, pero ahí está.

Es en lo que Jesús quiere hoy hacernos recapacitar con esta pequeña parábola del Evangelio, de los dos hombres que subieron al templo a orar. Qué distinta la postura y qué distinta la oración. Uno erguido allí en medio para que todos lo vean, el otro oculto en último rincón porque no se considera digno de entrar al lugar santo. Uno todo alabanzas, pero no a Dios, aunque dice que da gracias a Dios, pero es por su vanidad, por su orgullo, por todas las cosas importantes -  o eso cree él – que es capaz de hacer; el otro pocas palabras, todo humildad, para reconocer sí, que es un pecador pero para invocar la misericordia y la compasión del Señor. No es necesario que entremos en demasiados detalles, porque ya vemos de lo que somos capaces.

Si el afligido invoca al Señor, él sabe que Dios siempre lo escucha porque tiene compasión del pecador, porque ‘el Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él’. Terminará diciéndonos el evangelio que ‘el pecador bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido’.

Había sido sincero consigo mismo cuando se sentía pecador, fue sincero con Dios porque no iba a hacer alarde de ninguna cosa que hubiera hecho, era en verdad engrandecido a los ojos de todos, porque ante todos se presentaba según su condición. No había vanidad en su corazón, sino humildad y reconocimiento de su condición pecadora. Cuánto nos cuesta reconocerlo. Queremos mantener siempre la imagen de que somos buenos, nuestro prestigio. Cuánta vanidad envuelve nuestra vida. Por eso decirlo de una forma genérica puede ser hasta bonito y parece que quedamos bien, pero decirlo con la realidad de pecado en nuestra mano parece que nos humilla, pero es lo que en verdad nos engrandece.

Si en el camino todos somos cojos, cada uno arrastramos nuestros pies con nuestros propios tropiezos; tendríamos que aprender a tener una mirada distinta, pero también a presentarnos de una forma distinta ante los demás, reconociendo nuestra debilidad, sabiendo que necesitamos una mano que nos levante en tantos tropiezos que vamos teniendo en el camino; pero ya nos arreglamos para disimular nuestras cojeras, nuestras limitaciones, para que nuestro amor propio no se sienta herido.

Al final piensa que quien te aprecia de verdad no le importarán tus limitaciones y seguirá apreciándote por lo que tú eres y sabrá agradecer los momentos de luz que a pesar de tus sombras le hayas podido ofrecer alguna vez en la vida; quien no es capaz de valorarte por lo que eres y siempre tiene en cuenta algo que un día hiciste que no era bueno, seguro que está ocultando mucho de su vida en esa postura de orgullo y vanidad que se mantiene ante ti. Camina siendo capaz de unirte a esas personas que a pesar de sus debilidades quieren caminar y te ofrecen también una mano para seguir haciendo el camino, sabrás sentir en tu corazón el gozo de lo que es un verdadero aprecio y amistad.

Pero podrás sentir por encima de todo el gozo de un Dios que te ama y quiere seguir contando contigo. ¿Con quiénes se reunía especialmente Jesús? Con los pecadores, con los publicanos, con las prostitutas porque a la larga ellos estaban más cerca del Reino de Dios.

sábado, 22 de octubre de 2022

Los caminos de la justicia de Dios pasan por los caminos del amor, aprendamos a ser compasivos y misericordiosos

 


Los caminos de la justicia de Dios pasan por los caminos del amor, aprendamos a ser compasivos y misericordiosos

Efesios 4, 7-16; Sal 121; Lucas 13, 1-9

La pequeña parábola que nos propone Jesús en el evangelio es bien significativa. La higuera no da fruto, ¿para que la queremos en el huerto? Ocupando espacio, absorbiendo los nutrientes que podrían valer para otras plantas u otras hortalizas que tengamos allí sembrados, lo mejor es quitarla de en medio.

Es lo que hacemos tantas veces. Con aquello de que el mal hay que arrancarlo desde su raíz, no pensamos en la persona, no pensamos en una nueva oportunidad, sino que pretendemos quitarlo de en medio. Es el clamor que surge tantas veces en nuestro interior y que manifestamos de muchas maneras, cuando vemos este mundo injusto, tantas injusticias que hacen tanto daño a muchos y que de alguna manera están destruyendo nuestro mundo, y ahí estamos preguntándonos por qué Dios no quita de en medio a esos malvados.

Es la reacción que por otra parte dejamos salir con mucha facilidad cuando vemos que a alguien le sucede algo malo y enseguida pensamos que algo malo habrá hecho para que mereciera ese castigo. Nos volvemos justicieros, que no significa amantes de la justicia, y si de nosotros dependiera íbamos eliminando a tantos del camino de la vida porque los consideramos injustos, corruptos, malos desde la raíz, y no nos damos cuenta de cuáles son las actitudes que tenemos en nuestro corazón, muchas veces en esas ocasiones lleno de odio, con deseos de venganza, con ganas de eliminar todo lo que no sea como nosotros queremos o pensamos. ¿Dónde está el mal que habría que erradicar? Tenemos que pensarnos un poco más las cosas.

El motivo por el que Jesús les propuso la parábola a la que hacíamos mención, fue que vinieron contando a Jesús algo desagradable que había sucedido en aquellos días en el templo con la intervención del gobernador romano. Era considerado un sacrilegio, una profanación del lugar sagrado, y pronto comienzan a buscarse culpabilidades y a hacerse juicios de condena por aquellos hechos. Pero Jesús les recuerda, otro acontecimiento, el muro que se había caído de la piscina de Siloé y donde habían muerto varias personas. Ante la reacción que ante esos hechos se tiene con facilidad, Jesús se pregunta quienes eran realmente más culpables, quien merecería en verdad un castigo.

Y nos viene a enseñar Jesús que la manera de actuar de Dios no es a nuestra manera. Como se decía en los salmos los caminos de Dios no son nuestros caminos. En nuestros caminos buscamos siempre el castigo y la venganza pensando que ese es el camino de la verdadera justicia. Y nos viene a decir Jesús que Dios actúa de otra manera. Es la enseñanza de la parábola. El labrador de aquel campo no quiere arrancar la higuera; como ya nos había enseñado en otra parábola que la cizaña no se podía arrancar tan pronto porque podría dañar las buenas plantas de buena semilla. El labrador se ofrece a cavar de nuevo alrededor de la higuera, abonarla, podarla, cuidarla en la esperanza de que un día pudiera dar fruto.

Es la paciencia de Dios; es la misericordia y la compasión de Dios; es la verdadera justicia de Dios que siempre estará esperando nuestra vuelta, como el padre del hijo pródigo, como el pastor que busca a la oveja perdida. La justicia de Dios está en medio de los caminos del amor. Dios nos espera, Dios nos ofrece una y otra vez sus brazos, Dios quiere nuestra vuelta. ¿Por qué no vamos a esperar nosotros la vuelta de los que han errado el camino? ¿Por qué tenemos que arrancar de raíz esa planta?

Nos miramos a nosotros, con quienes Dios tantas veces se ha mostrado misericordioso, pero aprendemos a mirar a los demás, con los ojos de la misericordia de Dios. Seamos compasivos y misericordiosos como Dios, nuestro Padre, es compasivo y misericordioso.

viernes, 21 de octubre de 2022

Tendríamos que tener una mirada desde el Espíritu de Jesús de aquello que vivimos y nos sucede, para tener esa mirada de Dios y nuestro discernimiento sea mucho más sereno

 


Tendríamos que tener una mirada desde el Espíritu de Jesús de aquello que vivimos y nos sucede, para tener esa mirada de Dios y nuestro discernimiento sea mucho más sereno

Efesios 4, 1-6; Sal 23; Lucas 12, 54-59

La vida no la resolvemos con recetas; aunque hoy estamos acostumbrados a que en la sociedad tenemos establecidos unos protocolos de antemano que nos dicen lo que tenemos que hacer en un momento o en otro, sin embargo en el discurrir de la vida de cada día, donde tenemos que tomar unas decisiones en momentos determinados, tenemos que hacer una elección entre una cosa y otra hemos de ser nosotros con nuestro libre albedrío los que hemos de discernir que es lo que tenemos que hacer. No es fácil, y muchas veces incluso podemos equivocarnos, y eso forma parte de la vida misma, que nos va enseñando de lo mismo que vamos viviendo.

Muchas veces cuesta ese discernimiento porque son muchas las influencias que recibimos, o vemos lo fácil que a otros les resulta, pero llegar al momento de tener que tomar una decisión es algo que se nos puede poner cuesta arriba, pero ahí iremos mostrando nuestra madurez, esa sabiduría que hemos aprendido de la vida misma o de cuanto antes hemos vivido, ahí aparece nuestra capacidad de ponderación para descubrir lo mejor y lo más positivo y así llegar a actuar con la mayor rectitud.

Pero también son muchos los signos y las señales que podemos descubrir en nuestro entorno, saber leer la vida, lo que no es fácil, para llegar a tener unos criterios, que no van a ser protocolos cerrados que nos digan lo que cogemos con una mano o qué hacemos con la otra, sino que está además nuestra libertad personal en esa toma de decisiones, aunque quizá en ocasiones nos pueda parecer que vamos a contracorriente de lo que todo el mundo hace.

Hoy Jesús les habla a los discípulos de los signos de los tiempos, tomando el ejemplo de la propia naturaleza, si hay nubes, si hace sol, si va a hacer bochorno, si vamos a tener tiempo de lluvia. Ya lo hacemos en la vida y eran las señales que nuestros mayores sabían descubrir y que les ayudaba en lo que era el desarrollo de su vida campesina con sus correspondientes siembras y cosechas.

Pero si Jesús nos pone ese ejemplo o nos habla de ello, es para hacernos pensar en algo más hondo. A la gente de su tiempo le costaba entender quien era Jesús, a pesar de los signos y señales que veían que Jesús realizaba, con lo que además se daba cumplimiento a lo anunciado por los profetas. Eran un pueblo con una visión creyente de la vida y sin embargo no supieron ver las señales de la presencia del Hijo del Hombre en medio de ellos.

¿Tendremos nosotros una visión creyente de la vida? ¿Sabremos hacer una lectura creyente, con ojos de fe, de cuanto sucede y nos sucede? No es que vayamos a ponernos fanáticos, como algunos que sacan a relucir las palabras más duras de los profetas, para contemplar lo que hoy nos sucede en nuestra sociedad. Pero sí tendríamos que tener una mirada desde el Espíritu de Jesús de aquello que vivimos, de aquello que nos sucede, para tener esa mirada de Dios, para saber escuchar a Dios que nos puede estar hablando desde esos acontecimientos.

Proféticamente pueden estar llegando palabras a nuestros oídos que nos despierten porque andamos muy adormilados por la vida. No busquemos palabras tremendistas – valga la palabra – sino que escuchemos palabras serenas que nos hagan reflexionar, que nos hagan pensar, que nos hagan tener otra visión de las cosas. Y esas palabras existen, esas palabras las podemos escuchar quizá en boca del que menos pensamos, pero nos pueden hacer llegar un punto de reflexión, de arranque para algo nuevo para nuestra vida.

Son señales, signos que Dios va poniendo hoy también a nuestro lado y que hemos de saber leer y escuchar. Seguro que nuestro discernimiento será mucho más sereno y descubriremos mejor lo que hemos de hacer.

jueves, 20 de octubre de 2022

No echemos agua para apagar el fuego del Espíritu, dejemos que prenda y arda, que nos renueve totalmente nuestra vida, que nos desconcierte, señal de que es buena noticia

 


No echemos agua para apagar el fuego del Espíritu, dejemos que prenda y arda, que nos renueve totalmente nuestra vida, que nos desconcierte, señal de que es buena noticia

Efesios 3, 14-21; Sal 32; Lucas 12, 49-53

Hay cosas que nos sorprenden porque no las esperábamos; y no se trata ya de un suceso, de algo extraordinario que sucede y que nos llama la atención, sino que más bien la sorpresa en ocasiones la recibimos de personas que quizás están en nuestro entorno, pero que no esperábamos de ellas una actuación así, esa manera de hacer las cosas en que parece que ahora todo lo cambian y hasta puede dar la impresión que pudiera ser contrario a lo que siempre ha sostenido, o al menos eso nos parece a nosotros y de ahí nuestra sorpresa.

Pero se me ocurre pensar ahora si acaso el evangelio de Jesús nos causa alguna sorpresa. Quizás nos hemos acostumbrado a oírlo y hacerle siempre las mismas interpretaciones y pudiera ser también que lo edulcoramos tanto que pierde el sabor de ser una buena noticia. Una noticia nueva tendría que sorprendernos, porque de lo contrario dejaría de ser noticia, si es algo que ya nos sabemos desde siempre. Y se me ocurre pensar si acaso el evangelio ha dejado de ser noticia para nosotros, porque nos decimos que nos lo sabemos.

La presencia de Jesús, sus palabras y sus signos no dejaban de ser siempre una buena noticia que recibía la gente de su tiempo que lo escuchaba. Y sorpresa y desconcierto les causaba a algunas por esos nuevos gestos que realizaba Jesús, por esa manera de estar en medio de las gentes y por el mensaje que les trasmitía. Bien que se sentían desconcertados los fariseos y los principales dirigentes de Israel por las actitudes de Jesús. Ya sabemos cómo lo criticaban porque andaba entre publicanos y pecadores e igual dejaba que incluso las prostitutas se acercaran a El e incluso tuviera la valentía de defenderlas, como fue el caso de la mujer adultera. Si lo criticaban era porque se sentían desconcertados, porque era algo nuevo que ellos no podían permitir.

Las palabras y los gestos de Jesús podríamos decir que en cierto modo eran revolucionarias, porque presentaba una nueva manera de ver el acercamiento entre las personas, y cómo todos tenían un valor que siempre había que respetar y valorar. Era, sí, un fuego que Jesús quería encender porque en verdad muchas cosas tendrían que cambiar desde lo más hondo del corazón del hombre, pero que tendría que reflejarse en las posturas, en las actitudes, en los gestos, en la manera de relacionarnos los unos con los otros.

Es lo que nos está diciendo Jesús hoy en el evangelio y que tantas veces suavizamos, haciéndole perder el sentido de esa buena nueva, de esa buena noticia que tiene que ser el evangelio en nuestra vida, que nos tiene que cambiar desde lo más hondo de nosotros mismos. No nos andemos con componendas. De una vez por todas escuchemos a corazón abierto el evangelio, las palabras de Jesús y dejémonos transformar por su Espíritu.

‘He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!’ No echemos agua para apagar ese fuego, dejemos que prenda, que arda, que renueve nuestro mundo, que renueve totalmente nuestra vida y nos desconcierte. Señal de que es en verdad buena noticia para nuestra vida.

miércoles, 19 de octubre de 2022

Dejémonos envolver por el evangelio y nuestro corazón se llenará de paz y encontraremos muchos más motivos para vivir la responsabilidad de la vida

 


Dejémonos envolver por el evangelio y nuestro corazón se llenará de paz y encontraremos muchos más motivos para vivir la responsabilidad de la vida

Efesios 3, 2-12; Sal. Is. 12, 2-3. 4bcde. 5-6; Lucas 12, 39-48

No queremos que nos roben y es cierto que andamos con ciertos miedos por si acaso se nos meta un ladrón en la casa y nos haga destrozos, por eso andaremos preocupados y vigilantes, poniendo todos los medios de nuestra parte para que eso no suceda. No nos podemos dejar dormir. Es también aquel a quien le han confiado una tarea de gran responsabilidad que tratará de cumplir fielmente, no sea que venga aquel que nos ha confiado tal responsabilidad y nos exija cuentas; tenemos que estar preparados, o más bien tenemos que desarrollar nuestras tareas con gran responsabilidad para hacernos merecedores de tal confianza.

Por medio siempre anda el miedo a que nos roben, el miedo a que nos llamen la atención y nos dejen en evidencia, pero creo que la motivación para que seamos responsables en la vida no ha de ser solamente el miedo. Cuando actuamos desde esa motivación estaremos como a presión, no terminaremos de cogerle gusto a lo que hacemos, y se nos puede volver nuestra responsabilidad en una carga pesada.

¿Tendríamos que tener otra motivación? Para empezar diríamos que está en nosotros mismos, en la voluntad que ponemos en hacer las cosas, en el gusto con que las hacemos, y eso incluso nos hará disfrutar hasta de los momentos más difíciles y problemáticos que se nos puedan presentar.  Estamos poniendo lo mejor de nosotros mismos, estamos sacando a flote toda nuestra responsabilidad y todas nuestras capacidades que si nos han confiado tal tarea es porque tenemos esa capacidad para realizarla. Cuando  hacemos las cosas con gusto hasta nos volvemos creativos en aquello que hacemos y se notará la felicidad que sentimos al realizarlo. ¿Por qué no lo hacemos así siempre?

Claro que cuando hablamos de que alguien nos puede pedir el que rindamos cuenta podrían entrarnos los miedos. Pero hemos de saber tener seguridad en nosotros mismos, creer en nosotros como han creído en nosotros aquellos que nos han confiado aquella tarea; vieron en nosotros esas posibilidades y su presencia junto a nosotros no será para recriminarnos sino para elevarnos el espíritu, para darnos ánimos, para que en verdad creamos en nosotros mismos y en esas posibilidades. ¿Sucede algo de esto en esas tareas y responsabilidades que nos confían en la vida? Todos somos limitados y no somos perfectos y pudiera suceder que quien nos ha confiado una responsabilidad, algunas veces olvide algo que tendría que ser importante para estimular a quien está desarrollando una actividad, es confiar en él, seguir creyendo en él, y ofrecerle también toda la ayuda que fuera necesaria. No siempre quizás en la vida nos encontramos personas así, y por eso andamos con algunos miedos.

Pero cuando nos estamos haciendo esta reflexión a partir del evangelio que hoy se nos ofrece, sabemos bien a quien esperamos y que viene a nosotros y ante el que hemos de presentarnos con las obras de nuestras manos. ‘Estad preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre´ nos ha dicho hoy el evangelio. Claro que aquí tendríamos que ver cual es la imagen que tenemos nosotros de ese Hijo del Hombre, de ese Dios que viene a nosotros.

Claro que si el Hijo del Hombre que viene a nosotros es aquel que nos dice que tuvo hambre y le dimos de comer, estaba sediento y le dimos de beber, estaba enfermo o en la cárcel y fuimos a verle, porque todo cuando hicimos al otro a El se lo hicimos, cambia nuestra perspectiva, cambia nuestra manera de actuar y también de prepararnos. 

Ya no serán los miedos los que nos dominen en la vida, sino que será el amor; será entonces la confianza porque sabemos bien quien nos está mirando a los ojos y tendiéndonos la mano. Nos sentiremos más motivados, nuestro corazón se llenará de buenos deseos, comenzaremos a sentir una paz dentro de nosotros que antes de ninguna manera habíamos sentido.

¿Por qué no nos dejamos envolver por el evangelio para que nuestro corazón se llene de paz? encontraremos muchos motivos para vivir las responsabilidades de la vida, que nunca será por miedo ni temor, sino siempre desde el amor.

martes, 18 de octubre de 2022

Allí donde estemos tiene que aparecer ese espíritu misionero que ha de haber en nosotros desde que creemos en Jesús, así que pongámonos en camino

 


Allí donde estemos tiene que aparecer ese espíritu misionero que ha de haber en nosotros desde que creemos en Jesús, así que pongámonos en camino

2Timoteo 4, 10-17b; Sal 144; Lucas 10,1-9

Ponerse en camino… es fácil decirlo, pero uno se lo piensa. ¿A dónde vamos? ¿Con qué contamos para el camino? ¿Sabremos hacer el camino? ¿Quién nos acompaña? ¿Tendremos fuerzas para llegar a la meta que nos proponemos? Y comenzamos a darle vueltas y vueltas, queriendo prepararlo todo, tenerlo todo bien atado para que nada nos falle, para que no fracasemos. ¿Será aquello de quien quiere levantar una torre primero tiene que ver si tiene las posibilidades de acabarla? ¿Tendremos que andar con esos cuidados antes de ponernos en camino?

Solo los arriesgados se lanzan poco menos que a ciegas, porque quieren la aventura. Están los deseos de llegar a otros sitios y conocer otros lugares y otras personas; está la curiosidad de lo que está más allá y ahora permanece oculto pero que podemos conocer; estará también la voluntad de querer llevar lo que somos, lo que tenemos, lo que es nuestra vida para que quienes están más allá puedan conocernos o conocer cuales son los ideales que podamos tener en la vida.

¿Nos atreveremos a ponernos en camino? De alguna manera en la vida siempre andamos en camino, conscientes o no, siempre estamos queriendo ir a otro sitio, encontrarnos con otras personas, conocer lo que hay mas allá; y entramos en relación con las personas que nos vamos encontrando en el camino, y vamos aprendiendo unos de otros… estamos poniéndonos en camino de una forma o de otra.

Pero nos estamos haciendo todas estas consideraciones porque hemos escuchado hoy en el evangelio que Jesús nos pone en camino. Pero, tremendo desconcierto; Jesús rompe de alguna manera nuestros esquemas, porque nos dice que no llevemos nada para el camino, lo imprescindible para caminar; que no andemos buscando previamente donde quedarnos, sino allí donde vamos nos tenemos que dejar acoger por quien nos abra las puertas de su casa y comer lo que tengan y nos pongan. Pero sí nos dice que no es un camino cualquiera el que vamos a hacer, porque vamos a llevar un mensaje, vamos con unas actitudes nuevas en nuestro corazón porque es un mensaje de paz el que hemos de llevar, porque con nuestras actitudes, con nuestra manera de actuar estaremos haciendo presente el Reino de Dios.

Esa es la maravilla de este texto del evangelio, de este envío que nos hace Jesús. Ponernos en camino. Y tenemos que llevar la paz, aunque nos encontremos un mundo en guerras y divididos; tenemos que ir con disponibilidad del corazón y espíritu abierto para dejarnos acoger, pero también para ir de un sitio para otro si en algún lugar no nos reciben bien pero nunca con resentimientos en el corazón y siempre con el anuncio claro de lo que vamos a llevar, el anuncio del Reino de Dios.

Decíamos que en la vida estamos siempre de camino, ¿pero seremos conscientes del envío que nos hace Jesús y de lo que en cada momento tenemos que hacer? Nos ponemos en camino para tantas cosas, curiosidades como decíamos antes, o chismorreos los unos de los otros que más bien crean división y no fomentan la paz. Tenemos que ser conscientes de que allí donde vamos, allí donde estamos siempre hay una misión que cumplir, un anuncio que hacer, un testimonio que dar.  Cuánto de bueno podríamos estar haciendo en cada momento si fuéramos más conscientes de lo que es nuestra misión como cristianos en medio del mundo.

Allí donde estás, en los ambientes en que te mueves, con los vecinos con los que convives cada día, ¿no tenemos un anuncio que hacer? ¿Dónde está el espíritu misionero que desde que creemos en Jesús siempre tiene que haber en nuestra vida?

lunes, 17 de octubre de 2022

Cuántas cosas perdemos y no sabemos disfrutar porque vamos cegados por la ambición y la pérdida de los verdaderos valores que nos llevarían a mirar de manera distinta

 


Cuántas cosas perdemos y no sabemos disfrutar porque vamos cegados por la ambición y la pérdida de los verdaderos valores que nos llevarían a mirar de manera distinta

Efesios 2, 1-10; Sal 99; Lucas 12, 13-21

‘Maestro, dije a mi hermano que reparta conmigo la herencia’, se acercó uno a pedir la mediación de Jesús. ¡Qué problema el de las herencias! Entonces y en todos los tiempos. Es el problema de la ambición, son los deseos de decir esto es mío y nadie me lo quita, son los sueños de que por más cosas que tengamos seremos más felices, son las cosas que vamos acumulando, fruto de nuestros trabajos quizás, pero cosas que nos gusta tener y de las que no queremos desprendernos, es la vanagloria de querer presentarnos llenos de cosas, de joyas o de cosas de valor, porque nos parece que eso nos da grandeza, eso nos da poder, eso va a causar la admiración y - ¿por qué no? – la envidia de los demás.

No es el problema de la herencia, sino de lo que llevamos en el corazón; y parece que muchas veces lo hemos llenado de cosas y no de verdaderos valores; cuántas cosas acumulamos que ya no sabemos ni qué hacer ni como tenerlo todo limpio y ordenado. No es el desorden de las cosas que acumulamos en casa, sino es el desorden que hay en nuestro corazón cuando no hemos hecho una verdadera escala de valores. ¿Qué es lo que verdaderamente tiene importancia? Y allí donde tenemos nuestro tesoro, está nuestro corazón, están nuestras ambiciones, están las guerras que continuamente nos hacemos.

¿De que le valió a aquel hombre aquella gran cosecha que le hizo agrandar sus bodegas y sus graneros? Ya pensaba que todo lo tenía resuelto. Pero la vida no son las cosas que acumulemos. ¿Sabremos en verdad vivir? Porque nos llenamos de muchas cosas y ni vivimos; no las disfrutamos porque estamos recontándolas y recontándolas pero tenemos miedo que se gasten y no nos sirven de provecho. Nos llenamos de cosas pero no de vida.

¿Dónde tiene que estar realmente nuestro vivir? ¿Qué es vivir para nosotros? ¿Solamente trabajar y trabajar para tener más y que nuestra cuenta del banco se engorde más y más? Trabajas para tener cosas y no valoras, por ejemplo, la familia, tus hijos que buscan en ti una palabra liberadora de luz, la esposa que te espera en casa preparándote lo mejor, los amigos con quienes disfrutar de su amistad, la sonrisa de una persona que pasa a tu lado, el buen gesto que en un momento tuvo alguien contigo pero del que ni te diste cuenta tan afanado como estabas, esa palabra ‘gracias’ con la que alguien te obsequió pero que no escuchaste ni valoraste y estas tan engreído pensando que todo te lo merecías que no fuiste capaz de responder con una sonrisa, aquellos colores del sol poniente que no supiste apreciar porque solo estaban pendiente de cómo prolongar la jornada para ganar más y para tener más.

Cuántas cosas vamos perdiendo y que no sabemos disfrutar. Nos falta vivir. Y seguimos preocupándonos por la herencia que se quiere llevar mi hermano y no quiere compartir conmigo. De cuántas cosas innecesarias nos preocupamos en la vida y no le damos verdadera importancia al vivir. Que es algo más que poseer, que acumular, que darse buena vida de esa manera que entiende la mayoría, y al final se sienten hastiados y vacíos porque nada de todo aquello les satisface plenamente y dar verdadera felicidad al corazón.

Cuántas cosas tenemos que pensar y cuantas cosas tenemos que revisar para buscar los verdaderos valores, para que comencemos a pensar menos en nosotros mismos y más en los otros, para que llegamos a la satisfacción del compartir que te dará muchas más felicidad, aunque tengas que desprenderte de algo, a ser feliz de verdad cuando hacemos felices a los demás. No serán necesarias grandes cosas, grandes milagros, sino los gestos sencillos del amor.

domingo, 16 de octubre de 2022

En medio de las dificultades queremos ver el milagro de la ayuda de Dios pero no lo busques en lo externo sino allá en lo más hondo de tí mismo donde sentirás su paz

 


En medio de las dificultades queremos ver el milagro de la ayuda de Dios pero no lo busques en lo externo sino allá en lo más hondo de tí mismo donde sentirás su paz

 Éxodo 17, 8-13; Sal 120; 2Timoteo 3, 14 – 4, 2; Lucas 18, 1-8

La vida se nos convierte muchas veces en una batalla. No es fácil. Quisiéramos que se convirtiera en un camino de rosas; y cuando decimos esto estamos pensando en facilidades, suavidad en los pasos y perfumes, pero nos olvidamos que esas rosas tienen espinas; por eso aunque quisiéramos que fuera un camino de rosas tenemos que ser conscientes que las espinas no nos van a faltar en la vida.

Son las luchas en nuestra propia superación personal; es la lucha en los contratiempos que vamos encontrando porque todo no nos sale como son nuestros deseos; es el encuentro y la convivencia con los demás que se nos puede hacer costosa en ocasiones; son todos esos problemas que nos van apareciendo y que entrañan dificultad, oposición, nadar contra corriente, sueños o metas de otros que chocan con los nuestros, el egoísmo o el orgullo que se nos mete a todos por dentro y nos dificulta el camino porque nos dificulta la relación, porque nos hace tropezar tantas veces en ese camino.

¿Imposible llegar hasta una meta final, a la consecución de unos objetivos? La batalla tiene que ser perseverante, no nos pueden fallar las fuerzas; hablamos de nuestra fuerza interior, de la fuerza de nuestra voluntad nos hace conseguir aquello que nos proponemos; pero algunas veces esas fuerzas nos pueden fallar. ¿Imposible entonces? No podemos dar las cosas por imposible. ¿Con qué fuerzas vamos a contar para mantener esa necesaria perseverancia?

Nuestra riqueza y nuestra fuerza no están solo en nosotros mismos. Es cierto que tenemos que creer en nosotros mismos, tener optimismo y confianza para mantener la lucha. Pero hay algo que nos supera, algo que solo podemos conseguir con la fuerza que nos viene de lo alto. Me estoy haciendo esta reflexión, yo como creyente, y en medio de un ambiente de creyentes, como son los que siguen las reflexiones cada semana de estas semillas de cada día. Tenemos que aprender a contar con Dios.

Esto es lo que nos viene a enseñar la Palabra de Dios que en este domingo escuchamos. Tenemos que buscar la piedra en la que nos apoyemos cuando nos faltan las fuerzas, o los brazos que nos ayuden a mantener nuestros brazos en alto, siguiendo la imagen que se nos ofrece del Moisés orante en lo alto de la montaña mientras el pueblo lucha en su avance hacia la tierra prometida.

Caminaban con una esperanza, a pesar de que no faltaban dificultades en el camino que era especialmente duro por el desierto que atravesaban. Porque confiaban en la Palabra de Yahvé mantenían vivo su esfuerzo, aunque muchos fueron los momentos de flaqueza que tuvieron en aquel largo recorrido de cuarenta años. Hoy se nos habla de aquellas luchas contra los amalecitas, aquellos pueblos que se interponían en su camino, pero es imagen de todo lo que fue el recorrido por el desierto hacia la tierra prometida. Imagen también de lo que es nuestro camino en el que tantas veces nos faltan las fuerzas, nos vemos desfallecidos y poco menos que vencidos, en todos aquellos aspectos de los que ante hablamos. Pero hemos de levantar los ojos al cielo, y es una forma de hablar, para sentir como Dios está con nosotros, Dios está en nuestro corazón, Dios es que nos mantiene en nuestro camino. Es a El a quien tenemos que saber acudir, con quien saber contar.

Es la imagen que se nos ofrece en la parábola del evangelio. Ese juez que no quería escuchar las peticiones de la viuda es imagen de todo ese tropiezo que vamos a encontrar en nuestro camino. Por mucho que busquemos lo bueno, por mucho que queramos superarnos, por mucho que queramos sortear las dificultades, ahí tenemos siempre algo en contra. Pero es hermosa la imagen de la perseverancia de aquella mujer que no se cansa de pedir. Es la imagen de lo que tiene que ser nuestra perseverancia, de la confianza que hemos de tener de que podemos avanzar, de que podemos conseguir aquello que anhelamos, es la imagen de quien cree en sí mismo pero no porque se sienta autosuficiente sino porque sabe que no le faltará la fuerza del Señor. El siempre nos escucha.

Se nos está hablando de la perseverancia en nuestra oracion – ya Jesús nos dice que oremos sin desfallecer, que pidamos porque seremos escuchamos, que llamemos porque seremos atendidos – pero se nos está hablando de esa fuerza interior que con la presencia del Señor en nuestra vida vamos a sentir. Aunque todo te parezca oscuro ponte en su presencia y sentirás la paz en tu interior, habrá una luz que llegue a tu vida, habrá algo que vas a sentir que te hará vivir con confianza de una forma nueva.

sábado, 15 de octubre de 2022

Sintamos deseo de Dios en nuestro corazón, esa hambre de plenitud que solo en Cristo podremos alcanzar porque El es nuestra Sabiduría y nuestro descanso

 


Sintamos deseo de Dios en nuestro corazón, esa hambre de plenitud que solo en Cristo podremos alcanzar porque El es nuestra Sabiduría y nuestro descanso

Eclesiástico 15, 1-6; Sal 88; Mateo 11, 25-30

¡Qué cansado estoy! Escuchamos muchas veces decir al amigo. El agobio por los trabajos, el cumplimiento de responsabilidades, las tareas que emprendemos o ponen en nuestras manos para que desarrollemos, los mismos ejercicios que realizamos para mantenernos en forma, la loca carrera de la vida que todo queremos abarcarlo, que a todo queremos llegar, crea tensiones, produce cansancio y agotamiento que no solo es en lo físico sino que llega a algo más hondo, a lo psíquico, a lo anímico, a lo espiritual.

Un cansancio que nos impide incluso disfrutar de lo que hacemos, que nos agobia y nos cierra la mente para no ver incluso los pasos dados o lo que hemos conseguido, que nos hace sentirnos en ocasiones inútiles porque nos parece que no conseguimos todo lo que anhelamos, que produce un vacío por dentro porque realmente nos falta una fuerza interior que nos impulse.

¿Tendríamos que comenzar por pensar más en nosotros mismos? ¿Habrá manera de encontrar un sentido a lo que hacemos para que podamos sentirnos felices a pesar de los contratiempos, o de las dudas que se nos meten en nuestro interior? ¿Tendremos que buscar lo que nos llene de verdad para encontrarle satisfacción a la vida? hay ocasiones que nos parece que estamos desorientados, que nos falta un norte para nuestro vivir, hasta llegamos en nuestro cansancio a renegar de la vida misma, cuando perdemos su sentido.

Necesitamos algo más en la vida. Necesitamos algo que nos centre, que nos dé profundidad, que las raíces y cimientos de nuestra vida alcancen agarre, fortaleza, necesitamos cultivarnos por dentro, algo que nos haga sentir de verdad la vida y lleguemos entonces a descubrirle toda su belleza y sentido. Si nos faltan ese sentido incluso el cumplimiento de esas responsabilidades que asumimos con tanta fuerza termina por perder sentido, el trabajo se nos puede volver una carga pesada, y no terminamos de entender los contratiempos que nos van apareciendo en la vida con nuestras limitaciones, con nuestras debilidades, y perdemos la esperanza y la ilusión incluso por vivir.

No entendemos una oposición que podamos encontrar en quienes piensen distinto a nosotros, no comprendemos el por qué de una enfermedad, por ejemplo, que nos hace sentir nuestra debilidad y nuestra flaqueza, no entendemos el sufrimiento que nos pueda aparecer, y nos rebelamos interiormente, y nos enfrentamos a todos, y puede aparecer hasta la violencia que nos hace daño y que termina haciendo daño a los demás.

Es una altura espiritual que le hemos de dar a la vida, es encontrar lo que nos eleva y lo que nos trasciende, lo que nos tiene que hacer mirar hacia lo alto para encontrar metas que den verdadero sentido a nuestro caminar, algo por lo que luchar y esforzarnos, algo que sea en verdad una luz para nuestro camino.

Hoy Jesús nos dice que los que estamos cansado y agobiados vayamos a El porque en El encontraremos nuestro descanso; El nos dice que aprendamos de El, que es manso y humilde de corazón; El nos pide que seamos capaces de hacernos pequeños, de hacernos humildes para reconocer nuestra debilidad y nuestra pequeñez, El nos pide un corazón abierto para que encontremos la verdadera Sabiduría que El nos ofrece. Son actitudes básicas y verdaderamente necesarias para que podamos escucharle y entenderle, para que lleguemos a captar de verdad lo que El quiere ofrecernos.

No nos podemos creer autosuficientes y que solo por nosotros mismos vamos a encontrar todas esas respuestas que buscamos. El se nos ofrece como camino, El se nos ofrece como la única verdad que dará sentido y valor a nuestra vida, porque El viene a engrandecer el corazón humano, El se nos ofrece como la Vida que de verdad va a llenarnos por dentro y darle verdadero valor a lo que hacemos y a lo que queremos vivir. El nos está ofreciendo caminos de plenitud. Pero es necesario descalzarnos ante El, vaciarnos de nuestros ropajes para vestir ese traje nuevo de nueva sabiduría que nos va hacer un hombre nuevo.

¿Sentiremos en verdad ese deseo de Dios en nuestro corazón, esa hambre de plenitud que solo en Cristo podremos alcanzar? Así se nos revela, así se nos manifiesta, así ha querido ponerse a caminar junto a nosotros y es el Emmanuel, el Dios que camina con nosotros.