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lunes, 21 de septiembre de 2026

Cuando hoy celebramos a san Mateo cuyo nombre alguien ha traducido como ‘el regalo de Dios’, nos sentimos bendecidos con el regalo de la misericordia de Dios hecho perdón

 


Cuando hoy celebramos a san Mateo cuyo nombre alguien ha traducido como ‘el regalo de Dios’, nos sentimos bendecidos con el regalo de la misericordia de Dios hecho perdón

Efesios 4, 1-7. 11-13; Salmo 18; Mateo 9, 9-13

Hay momentos sorpresa en la vida que nos pueden causar gran impacto y de alguna manera dan un revolcón a nuestra vida que nos lo hace cambiar todo. Situaciones inesperadas pero que se convierten en momentos inigualables que siempre mantendremos en el recuerdo. Algo que nos hace sentir una nueva percepción de nosotros mismos porque comenzamos a vernos de manera nueva y a encontrar sentido para muchas cosas. Quizás aunque nos sentíamos bien en lo que hacíamos sin embargo teníamos la percepción de que no éramos aceptados y se veían incluso con malos ojos aquello que realizábamos que en fin de cuentas era una profesión a la que dedicábamos la vida, pero quizás en un momento determinado vimos que éramos tenidos en cuenta, se quería contar con nosotros para algo distinto y aunque inexplicable sin embargo considerábamos algo sublime, porque era de alguna manera una invitación a que fuéramos percibidos como algo distinto y que nos haría cambiar nuestra vida.

Podíamos decir que algo así le estaba sucediendo a Leví, o Mateo, según queramos llamarle. Pertenecía a un grupo y a una profesión que era rechazada por una gran mayoría y en la que incluso se habían ganado la fama de avaros considerándolos así como unos pecadores públicos para aquella sociedad. Era recaudador de impuestos, alguien que trabajaba con el dinero de los impuestos que se llevarían los romanos como pueblo invasor, pero que les daba ocasión a unas manipulaciones no siempre del todo justas. Sin embargo Jesús a su paso por delante de su garita de impuestos se había fijado en él y le había invitado a formar parte del grupo de los que le seguían más de cerca.

¿Se lo podía esperar? ¿Acaso podía ser una posibilidad para su vida? Sin embargo su respuesta tenía que llevar cambios muy importantes en su vida y en su manera de actuar. Quizás él también había escuchado a Jesús acaso en aquel sermón de la montaña allá en las cercanía del lago, le habría visto actuar en Cafarnaún con las multitudes que lo escuchaban o en los enfermos que eran llevados a su presencia para ser curados. Sin embargo seguir a aquel maestro significaría también un estilo de vida distinto que ya no se podría mover entre las comodidades de quien poseía muchos bienes, sino en un desprendimiento y una austeridad que incluso le haría estar pendiente de las ayudas que pudiera recibir.

Sin embargo, como él mismo nos lo relatará su respuesta fue pronta y generosa. Levantándose de su mostrador de impuestos lo dejó todo y se dispuso a seguir a Jesús. Pero antes como una señal de lo que significaría aquel cambio de vida quiso celebrar un banquete para Jesús con los principales de la ciudad, con los discípulos de Jesús que iban a ser sus compañeros, pero también con los que habían sido hasta entonces compañeros suyos.

Había sido aquella llamada, aquel querer Jesús contar con él un revulsivo, pero un revulsivo iba a ser también aquel banquete con tan variados comensales. Algunos comenzarán a protestar y a criticar, porque Jesús se estaba mezclando también con pecadores y con gente de mala fama. Tendrá que intervenir Jesús. ‘El médico no es para los sanos sino para los que están enfermos’, o para aquellos que creyéndose sanos tendrían que ser los primeros en reconocer la malicia de su corazón para poder ser sanados.

Una clara referencia a lo que allí estaba sucediendo. Por eso Jesús sentenciará con palabras del profeta ‘misericordia quiero y no sacrificios’. ¿De qué nos servirán esos sacrificios de autocomplacencia y de vanidad si no hay misericordia en el corazón? Es lo que Jesús nos está mostrando. Tenemos que parecernos a Dios que es rico en misericordia; caminando por los caminos de la misericordia es cómo mejor haremos presente a Dios en nuestra vida y en nuestro mundo. Su presencia en la tierra es una búsqueda de los pecadores para manifestarles que Dios los ama y que siempre está dispuesto a la misericordia y al perdón porque Dios sigue contando con nosotros a pesar de nuestra indignidad y de nuestro pecado. Aunque quizás sigamos siendo rechazados por el mundo que nos rodea que no llega a entender nunca lo que es la misericordia, que siempre va a tener memoria de nuestro pecado que no querrá olvidar, sin embargo Dios cuenta con nosotros, olvida y disculpa nuestro pecado porque incluso será capaz de disculparnos a causa de nuestra debilidad, nos regala su amor y nos tenderá la mano para ofrecernos un camino nuevo.

Cuando hoy estamos celebrando a san Mateo, cuyo nombre alguien traducirá como el regalo de Dios, vamos a sentir gozo en nuestro corazón porque a pesar de los pesares siempre nos sentiremos regalados con el amor de Dios siempre compasivo y misericordioso.


martes, 1 de septiembre de 2026

El evangelio tiene que despertar algo nuevo en nosotros que nos sorprenda e interrogue aunque nos quedemos sin palabras, la palabra de Jesús es la única que vale y nos salva

 


El evangelio tiene que despertar algo nuevo en nosotros que nos sorprenda e interrogue aunque nos quedemos sin palabras, la palabra de Jesús es la única que vale y nos salva

1Corintios 2, 10b-16; Salmo 144; Lucas 4, 31-37

Hay cosas que nos dejan sin palabras; un hecho sorprendente, inesperado y maravilloso que sucede ante nosotros, una palabra que escuchamos que nos deja un interrogante en nuestro interior, un gesto o un detalle que observamos en alguien de quien no esperábamos que fuera capaz de hacer lo que hizo. Quedarnos sin palabras es no saber explicarnos por qué suceden tales cosas, la sorpresa que nos hace ver las cosas de otra manera a como nosotros pensábamos de siempre y para lo que parece que no encontramos razones pero que vemos que es distinto, algo que hace renacer de nuevo la ilusión y la esperanza porque encontramos una paz que no teníamos, porque nos sentimos sanados por dentro sin saber por qué ese cambio que se ha producido en nuestro interior… son interrogantes que se nos plantean, son preguntas de hasta dónde nos va a llevar esto nuevo que nos está sucediendo, son cuestionamientos de por qué hacíamos las cosas como las hacíamos y no habíamos caído en la cuenta de que podían ser de otra manera.

Claro que muchas veces no nos llevamos bien con esas novedades que nos van apareciendo porque casi queríamos seguir con la misma rutina de siempre, con lo que siempre se había hecho y no se nos había ocurrido que podía ser de otra manera; y puede surgir un rechazo, puede ser que queramos permanecer en nuestro conformismo de lo de siempre porque siempre se ha hecho así, o puede surgir el entusiasmo que nos hace buscar más y ponernos en camino hacia lo nuevo que se nos ofrece.

Son las reacciones que vemos que se van despertando en torno a Jesús, a su enseñanza y predicación y también a los signos que iba realizando como señal de que algo nuevo tenía que surgir. Están los que querían manipular el actuar de Jesús, como ayer contemplábamos en la sinagoga de su pueblo de Nazaret, donde al final pretenderán incluso despeñarlo por un barranco; hoy contemplamos cuando está enseñando en la sinagoga de Cafarnaún ante la admiración y el beneplácito de la gente que surge la voz discordante de aquel hombre poseído por un espíritu maligno que de alguna manera se enfrenta a Jesús. ‘¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios’.

Pero la autoridad de Jesús se sobrepone sobre esta reacción. Era la señal de lo nuevo que Jesús quería realizar en el corazón del hombre. ‘Jesús le increpó diciendo: ¡Cállate y sal de él!. Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño’.

Entonces el evangelista nos comenta que todos están asombrados preguntándose por aquella autoridad de la palabra de Jesús. Se quedaron sin palabras, como decíamos al principio. No era a lo que estaba acostumbrados, no era la forma de enseñar de los maestros de la ley o quienes en la sinagoga los sábados comentaran las lecturas de la ley y los profetas. No parecían palabras repetidas o aprendidas de memoria, sino que había algo que se estaba transmitiendo desde lo más hondo. Por eso se están preguntando quien era aquel Jesús. que de tal manera les hablaba y les enseñaba.

Y es aquí donde entramos nosotros. Porque no estamos simplemente aprendiendo una lección de historia recordando lo que en otro tiempo sucedió. Nuestra escucha del evangelio tiene que despertar algo nuevo y distinto en nosotros; tenemos que dejarnos sorprender, tenemos que abrirnos a esos nuevos horizontes que Jesús pone ante nuestra vida, tenemos que sentir como nueva esa palabra para que se convierta en palabra de vida para nosotros, tenemos que ponernos humildemente con nuestra realidad ante Jesús aunque nos sintamos incómodos, tenemos que reconocer esas influencias que recibimos de un lago y de otro que algunas veces nos hacen resistirnos ante la buena noticia del evangelio, la buena noticia que tiene que significar aquí y ahora Jesús para nosotros, tenemos que despojarnos de viejas visiones que nos seguirían encerrando en el conformismo y la rutina, tenemos que dejar a un lado el espíritu del mundo que nunca llegará a entender a Jesús para dejarnos envolver, como nos decía san Pablo, por el Espíritu de Dios que nos llena de sabiduría para llegar a saborear de verdad las cosas de Dios.


jueves, 25 de junio de 2026

Dejémonos sorprender y también interrogar por las palabras de Jesús que nos abren a nuevos caminos de vida

 


Dejémonos sorprender y también interrogar por las palabras de Jesús que nos abren a nuevos caminos de vida

2 Reyes 24, 8-17; Salmo 78; Mateo 7, 21-29

La vida nos sorprende a cada paso y tendríamos que reconocer que ahí precisamente está su riqueza, pero quizás esas sorpresas que nos vamos encontrando producen estupor o inquietud, porque nos hacen que tengamos nuevos planteamientos, una nueva visión de la cosas o de lo que sucede, nos haga interrogarnos interiormente por aquello que hacemos y su sentido y valor, nos haga corregir posturas, pero siempre quizás detrás se nos abre una nueva esperanza porque nos hace ver nuevos horizontes. 

No siempre quizás nos consideremos preparados para esa novedad que se nos plantea, porque quizás nos sentimos cómodos con lo que hacemos, nos deja en nuestras rutinas y nos parece que con lo de siempre no necesitamos tanto esfuerzo, que no siempre nos gusta. Si nos ponemos a reflexionar seriamente nos damos cuenta que eso nos sucede en muchos aspectos de la vida.

Así nos sucede con el Evangelio; lo escuchamos pero no siempre quizás dejamos que penetre dentro de nosotros produciéndose revoltura interior porque nos es más cómodo seguir en lo de siempre. Lo escuchamos pero quizás sean palabras que se lleva el viento, no nos detenemos lo suficiente a rumiar, a plantarlo en el corazón. pero tenemos que darnos cuenta de que tenemos que tomárselo en serio.

Hoy al final de este texto que hemos escuchado, vemos que nos dice el evangelista que  ‘la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como sus escribas’. ¿Quienes son los que sienten admiración? Como en otros lugares del evangelio se nos dice serán los pobres, los humildes, los sencillos los que sentían renacer la esperanza en sus corazones cuando escuchaban a Jesús.

Porque las palabras de Jesús en ese diálogo que sostiene con la gente siembran inquietud, son sorprendentes y están planteando actitudes y posturas nuevas. No nos vale estar diciendo todo el día ‘¡Señor! ¡Señor!’ Es cierto que es un grito de fe y con ello estamos proclamando que Dios es el Señor de nuestra vida a quien acudimos, pero también nos está diciendo Jesús que no solo hemos de decir eso sino que necesitamos ponernos en camino. A Dios lo agradaremos no porque gritemos que creemos en Él, sino porque queremos escucharle y hacer su voluntad. ¿Será esa nuestra manera de hacer nuestra oración a Dios? Pensemos que muchas veces vamos más con nuestra lista de peticiones preparada para despachar con Dios, que con los oídos del corazón abiertos para sentirle y para escucharle. ¿De verdad cuando salimos de nuestra oración salimos llenos de Dios porque nos hemos dejado inundar por su presencia?

Es que nosotros hacemos tantas cosas buenas, nos decimos, porque damos nuestras limosnas, porque vamos a la Iglesia de vez en cuando, porque cumplimos nuestras promesas, porque le llevamos flores a la Virgen… y así nos hacemos muchas consideraciones donde pensamos que ya hacemos lo suficiente.

‘Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?. Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obran la iniquidad’.

Son fuertes las palabras de Jesús. por eso a continuación nos habla de la casa edificada sobre roca o sobre arena; ¿cuál será la que soportará firme los embates de los temporales? El que escucha las palabras de Jesús y las pone en práctica; no deja que se las lleve el viento, ni se las coman los pajarillos del cielo o se sientan ahogadas por los abrojos, como nos enseñará en otra parábola del evangelio. 

¿Cuál es el camino que nosotros estamos haciendo? ¿Nos dejamos sorprender pero también interrogar por las palabras de Jesús para abrirnos a nuevos caminos? 


martes, 17 de febrero de 2026

Seamos capaces de dejarnos sorprender por la buena noticia que es siempre el evangelio, porque si es noticia es algo nuevo para mi vida hoy

 


Seamos capaces de dejarnos sorprender por la buena noticia que es siempre el evangelio, porque si es noticia es algo nuevo para mi vida hoy

Santiago 1, 12-18; Salmo 93; Marcos 8, 14- 21

Algunos dicen que es cosa de poetas; es cierto que el poeta es el que es capaz de decirnos cosas hermosas empleando palabras bellas; utiliza imágenes muchas veces tomadas de la misma naturaleza o de la vida misma en lo que sucede cada día, pero para que no nos quedemos en la literalidad de las imágenes sino que seamos capaces de ir más allá con lo que se nos quiere significar o con lo que se nos quiere decir. No todos sin embargo tienen la sensibilidad para discernir y para interpretar, para hacer una lectura de la vida misma a través de esas imágenes bellas, y se quedan en la literalidad de las palabras; pero hay personas que saben captar, que se embelesan con esas palabras pero para ir a lo hondo, a su auténtico significado, a lo que se nos quiere decir. Es necesario un buen discernimiento, que quizás nos exija reflexión para no quedarnos en lo superficial. No siempre es fácil, reconocemos.

En esas andaban los discípulos cuando atravesando el lago en la barca llega el momento de confidencias o de advertencias; siempre hay un momento en que podemos decir o podemos escuchar una palabra que nos haga pensar, que nos haga reflexionar. Sin embargo vamos en ocasiones tan entretenidos en nuestras preocupaciones, en lo que son los deseos materiales que nos van apareciendo dentro de nosotros, ciertamente en una búsqueda de algo nuevo o mejor, pero hay ocasiones en que nos quedamos trabados en una palabra que no sabemos interpretar, en una insinuación que se nos quiere dar pero que no entendemos, tan absortos que vamos en nuestras cosas.

Jesús les deja caer como una advertencia algo que tendrían que tener muy en cuenta para no dejarse influir por tantas cosas externas que nos hacen perder el verdadero sentido. Son también muchas las influencias que podemos recibir de los que están a nuestro lado con insinuaciones que tampoco sabemos interpretar y que realmente están queriendo arrimar el ascua a su sardina, están trancando de conquistarnos para sus ideas y apartarnos del camino que hemos querido emprender.

Jesús quiere prevenirlos de esas influencias extrañas y les dice que tengan cuidado con la levadura de los fariseos que no siempre es buena o también de las influencias de los dirigentes políticos de aquella sociedad. Oyen hablar de levadura y se acuerdan de que no han cogido provisiones de pan suficientes para el camino que van a realizar. El rábano por las hojas, como dice el refrán. Jesús les habla de algo importante para la escucha del mensaje que les está trasmitiendo del Reino de Dios y ellos piensan en la lista de la compra. No entienden o no quieren entender.

Les recordará Jesús que por qué andan tan preocupados por la falta de pan. Aquí podía venir a colación aquello del momento de las tentaciones de Jesús en el desierto, ‘no solo de pan vive el hombre’. Pero Jesús les recuerda aquellos momentos en que estando sin pan y encontrándose con una multitud que alimentar, tuvieron pan suficiente como para recoger muchos cestos de sobras. Y ellos siguen sin entender. Las paradojas de nuestras escuchas y nuestras respuestas.

¿Estará sucediéndonos de una forma semejante porque tantas veces nos estamos quedando sin entender o haciendo nuestras interpretaciones tan interesadas que no llegamos a captar lo que en verdad nos quiere decir la Palabra de Dios? Nos sucede tantas veces cuando nosotros le ponemos nuestra propia plantilla a la Palabra de Dios que se nos trasmite. Cuantas veces nos hemos dicho, eso ya me lo sé, lo he escuchado muchas veces, sé bien lo que hay que interpretar, pero vamos poniendo tantas plantillas que al final nos quedamos muy lejos de la novedad que tiene que significar siempre para nosotros el evangelio.

Es noticia y si es noticia es algo nuevo, es buena noticia por tanto es noticia de salvación para hoy en mi vida, es evangelio que tiene que ser un revulsivo en nuestra vida y nos exige un cambio en actitudes, en posturas, en comportamientos. ¿Seremos capaces de dejarnos sorprender por esa buena noticia? Si la tomamos como noticia pasada ya no nos sorprenderá y dejará de tener ese necesario impacto para nuestra vida.

martes, 23 de diciembre de 2025

Alegría y regocijo en el nacimiento de un niño, sorpresa, admiración e interrogantes que nos plantea Juan con su presencia ante la próxima navidad

 


Alegría y regocijo en el nacimiento de un niño, sorpresa, admiración e interrogantes que nos plantea Juan con su presencia ante la próxima navidad

Malaquías 3, 1-4. 23-24; Salmo 24; Lucas 1, 57-66

Alegría y regocijo como siempre es el nacimiento de un niño, sorpresa y admiración, preguntas e interrogantes eran las emociones y sentimientos que corrían en las montañas de Judea ante lo que estaba sucediendo en aquella pequeña aldea. Se gozaban con la madre que daba a luz un niño porque siempre era considerado una bendición de Dios y más aún en las circunstancias donde parecía que no podía ser madre pero ahora había logrado ese don de Dios; esto además les causaba gran sorpresa y conmoción por un hecho tan inusual, lo que le llevaba a interrogantes y preguntarse qué les quería decir Dios con tales hechos; lo acontecido en su circuncisión y la imposición del nombre aun les había dejado más descolocados, por el deseo de Isabel y la corroboración por parte de Zacarías de que su nombre sería Juan. Eran un pueblo creyente que en todo quería leer el actuar de Dios. ‘¿Qué va a ser de este niño?’ se preguntaban.

Hoy nosotros también nos hacemos una lectura creyente y con la tradición de la Iglesia desde siempre encontramos en Juan el cumplimiento de las profecías. Era aquel mensajero de la alianza, que cual otro Elías era como fuego de fundidor o lejía de lavandero que venía a preparar los caminos del Señor, a preparar un pueblo bien dispuesto para la llegada del Mesías.

Son los sentimientos y es la apertura de nuestro corazón con la que escuchamos en la inmediatez ya de la celebración de la Navidad estos textos de la Palabra de Señor. Aunque hoy estamos escuchando el relato de su nacimiento y circuncisión ya hemos venido escuchando a lo largo del Adviento esa predicación de Juan allá en el desierto, junto al río del Jordán que nos ayudaba también a nosotros a preparar los caminos del Señor.

Su voz sigue resonando en nuestro corazón. La figura del Bautista está muy presente en el camino de la Iglesia, no solo por todo lo que lo escuchamos y meditamos en el camino de nuestro Adviento sino porque también a lo largo del año litúrgico nos aparece en ocasiones para que en verdad nos vayamos centrando en el evangelio de Jesús. Son palabras fuertes las que le escuchamos al profeta que tendrían que despertarnos de cierta atonía espiritual que tantas veces nos envuelve. Nos vamos dejando arrastrar por las rutinas y la tibieza espiritual en las que hemos envuelto tantas veces nuestra vida de fe y necesitamos esa voz y ese grito que nos despierte.

Esa tibieza en la que vivimos dejando a un lado tantas veces la radicalidad del evangelio nos lleva por una pendiente peligrosa que se convierte a veces en un sincretismo que nos lleva a no saber dónde estamos o dónde deberíamos estar;  todo nos parece bien, nos conformamos fácilmente con lo que otros hacen o dicen, la altura de nuestras metas cada vez las rebajamos más para entrar en aquello de la ley del mínimo esfuerzo, andamos en ocasiones tan confundidos que no nos damos cuenta que desde fuera nos están imponiendo hasta la manera de celebrar nuestras fiestas cristianas, a las que incluso se les despoja de su verdadero nombre.

Muchas veces vamos a escuchar estos días ‘felices fiestas’, pero no feliz navidad, se le dará más importancia a celebrar el nuevo año y no importa que sea a medianoche, pero a la misa del gallo de medianoche la hemos trasladado por nuestras comunidades hasta convertirla en una simple misa vespertina, la importancia se la damos a los regalos que nos trae papá Noel y a eso llamamos fiestas de navidad.

¿No necesitaremos una voz como la del Bautista que nos despierte? ¿No seguiremos necesitando su figura austera vestida de piel de camello que se contraponga a las vaporosas pieles de nuestras vanidades y lujos para celebrar a un Niño que nace pobre en un portal porque ni siquiera en la posada había sitio para El? ¿Llegaremos a fijarnos a quienes viven en semejantes condiciones a nuestro alrededor en el frío de la noche de Navidad?

¿No serán interrogantes que también tendrían que plantearse en nuestro corazón a la hora de la celebración de la Navidad?


viernes, 19 de diciembre de 2025

Abramos los ojos de nuestra fe para saber descubrir la acción de Dios en nosotros y para bien de nuestro mundo porque a través nuestro, hará llegar también esa luz a todos

 


Abramos los ojos de nuestra fe para saber descubrir la acción de Dios en nosotros y para bien de nuestro mundo porque a través nuestro, hará llegar también esa luz a todos

Jueces 13, 2-7. 24-25ª; Salmo 70; Lucas 1, 5-25

Dios va poniendo hitos, acontecimientos en nuestra vida que nos sorprenden pero ante los cuales hemos de saber tener la humildad para dejarnos sorprender en primer lugar, pero también saber confiar y esperar para descubrir lo que Dios nos quiere descubrir, la misión que quizás nos confía y la paciencia de la esperanza, aunque quizás signifique larga espera, porque los planes de Dios se realizarán.

En medio de la situación difícil que está viviendo entonces el pueblo de Dios acosado por los filisteos, pueblo entre el que vivían, Dios se manifiesta a una mujer sencilla y humilde del pueblo a la que le está pidiendo su colaboración porque el hijo que engendrará en sus entrañas se va a convertir en un juez de salvación para su pueblo. La mujer se siente sorprendida pero la mujer quiere creer en la Palabra escuchada y deja actuar a Dios en su vida.

Sorpresa la del anciano sacerdote Zacarías que recibe la visita del ángel del Señor para anunciarle que su oración será escuchada y tendrá un hijo. Pareciera que las esperanza de aquellos ancianos ya se había consumida como sus cuerpos a causa de su edad y porque no pareciera que Dios escuchara sus súplicas. Aunque se siente probado y en principio le cuesta aceptar se deja conducir por el plan de Dios. Será el nacimiento de aquel que ‘irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto’.

Cuando nos faltan pocos días ya para la celebración del nacimiento de Jesús los textos de la Palabra de Dios que se nos van ofreciendo en esta semana nos irán ayudando para que cultivemos en nosotros unas virtudes y unas actitudes para que le lleguemos a dar el mejor sentido a nuestra navidad. Es la navidad hoy que no es solo un recuerdo y una conmemoración, porque ha de ser sentir que Dios viene hoy a nuestro encuentro en nuestra vida concreta. Si no lo hacemos así tendremos bonitas fiestas con muchas luces, mucha alegría bulliciosa, buenas comidas y muchos regalos, pero no habremos llegado a sentir el mejor regalo que será Dios presente en nuestra vida.

Esa vida nuestra con sus luces y con sus sombras, con sus angustias y preocupaciones, con nuestras dudas aunque también con nuestros buenos deseos que quizás se quedan en el mundo de los sueños, con los problemas que nos van surgiendo en el día a día de nuestra vida y con sus contratiempos, con cosas que nos suceden que nos pueden resultar incluso desagradables, con esas tristezas que muchas veces por distintas razones nos envuelven quizás todas muy lógicas pero sin embargo parece que nos quitan ilusión y esperanza a la vida. Pero Dios quiere venir a nosotros, que lo sintamos ahí donde estamos y cómo estamos, para que se renueve nuestra confianza, renazca de verdad nuestra fe, se nos vuelvan a iluminar los ojos, no dejemos de sentir paz en nuestro espíritu y nuestro corazón.

Como hemos escuchado hoy en los textos de la Palabra de Dios dejémonos sorprender. Tengamos confianza, mantengamos la esperanza aunque la espera algunas sea larga y hasta dolorosa, sigamos con nuestra súplica confiada porque el Señor escucha nuestra oración, nuestras súplicas, nos da su fortaleza, ilumina nuestra vida aunque muchas veces no sepamos por donde nos llega esa luz, porque Dios actúa a través de los acontecimientos, a través de las personas que están a nuestro lado, a través del testimonio bueno de tantos.

Abramos los ojos de nuestra fe para saber descubrir esa acción de Dios en nosotros y para bien de nuestro mundo. No es para nosotros solos para quienes quiere Dios actuar a través nuestro, sino que así hará llegar también esa luz al mundo que nos rodea.

miércoles, 6 de agosto de 2025

Desde el Tabor emprendemos el camino de la Pascua necesario para ser testigos de la buena noticia del Evangelio ante el mundo

 


Desde el Tabor emprendemos el camino de la Pascua necesario para ser testigos de la buena noticia del Evangelio ante el mundo

2Pedro 1,16-19; Salmo 96; Lucas 9, 28b-36

Hay sorpresas que nos dejan con la boca abierta, sin palabras. Algo sorprendente y extraordinario, algo que no nos esperábamos aunque lo deseáramos, nos quedamos sin saber qué decir, y las palabras nos salen inconexas de nuestros labios. Es el niño sorprendido ante el regalo que no esperaba, es la llegada del familiar que hacía mucho tiempo no habíamos visto y casi habíamos perdido su pista, es algo que por azar o fortuito nos sucede, un premio por ejemplo, y que cambia totalmente nuestra vida… muchas cosas nos suelen suceder de las que no sabemos dar razón, que nos sorprenden y no tenemos palabras para explicar.

Así se encontraban Pedro, Santiago y Juan en lo alto de aquella montaña aquel día que Jesús los había llevado para orar. Ellos casi se habían dormido, no sé qué nos pasa que cuando pretendemos concentrarnos para orar lo primero que nos viene es el sueño. Pero ellos ante lo que sucedía pronto se despabilaron, los ojos sorprendidos se les abrían dejando a un lado el sueño y no sabían explicarse lo que estaba pasando. Jesús estaba resplandeciendo como la luz, sus ropajes eran tan blancos que encandilaban, nunca habían visto nada igual aunque muchas veces fueran testigos de la oración de Jesús. Pero además dos personajes del Antiguo Testamento formaban parte también de la escena, Moisés y Elías en diálogo con Jesús.

Casi querían los discípulos entrar también en la conversación y ya andaban pensando en preparar tres tiendas para que aquello no acabara nunca. Pero una voz venida de lo alto les sorprendió aún más, ‘Este es mi Hijo, el amado, el predilecto. Escuchadle’. Cayeron de bruces, aquellas previsiones que de manera inconexa habían pretendido tener para que todo se prolongara se quedan en nada, porque se sentían envueltos por una nube celestial y terminaron de bruces por el suelo.

Y es Jesús el que los saca de aquel arrobamiento  para decirles que había que bajar de la montaña, no se podían quedar allí para siempre aunque ellos sintieran lo bien que estaban allí. El camino seguía y seguía por la llanura de la vida que terminaría con otra subida a la montaña pero que sería de manera cruenta. El camino podría ponerse difícil, porque seguirían encontrándose con un mundo de dolor y sufrimiento, con gentes que caminaban en medio de la vida sin rumbo y desorientados, con gente que se cruzaba en el camino con sus dificultades y dudas e incluso con sus enfrentamientos, detrás de todo aquello había un calvario como tantas veces les había anunciado y ellos nunca habían querido o sabido comprender, ahora mismo cuando llegaran al pie de la montaña se encontrarían con un cuadro muy duro, un padre que ha pedido al resto de los discípulos que curen a su hijo y la falta de fe para afrontar esas realidades duras de la vida pero al mismo tiempo poner una mano de vida.

Es la experiencia del Tabor, porque en esa montaña queremos situar el acontecimiento a la que nosotros también hemos de saber subir. Fue entonces para aquellos discípulos un fortalecer sus pies para seguir haciendo el camino tras Jesús, que algunas veces parece que corre para llegar a Jerusalén, para llegar a la Pascua. Nos cuesta seguir en muchas ocasiones sus pasos, responder a sus exigencias, ponernos en su camino aunque nosotros queremos seguir haciendo los nuestros, comprender a fondo todo el misterio de Jesús para dejarnos envolver por El.

Queremos experiencias bonitas, pero desde esas experiencias tenemos que salir transformados. Cuidado que nuestras celebraciones se queden en el Tabor en el que querían quedarse aquellos tres discípulos, porque preferían aquello a tener que seguir caminando por aquellas llanuras que se abrían ante sus pasos. Cuidado nos extasiemos en florituras de bonitas celebraciones y allí se nos quede todo lo que es y tiene que ser nuestra experiencia de fe.

No olvidemos que desde el Tabor emprendemos el camino de la Pascua con todo lo que eso significa, porque la pascua va a significar pasión y muerte para poder llegar a la gloria de la resurrección. Es la Pascua de la que tenemos que convertirnos en testigos, la que nos hará anunciadores de Evangelio, la que nos llevará a seguir evangelizando sin cansarnos ni rendirnos nuestro mundo.

viernes, 1 de agosto de 2025

¿Dónde está la conexión de fe con el espíritu y el mensaje del evangelio en muchas de nuestras celebraciones, fiestas, tradiciones de nuestros pueblos?

 


¿Dónde está la conexión de fe con el espíritu y el mensaje del evangelio en muchas de nuestras celebraciones, fiestas, tradiciones de nuestros pueblos?

Levítico 23, 1. 4-11. 15-16. 27. 34b-37; Salmo 80; Mateo 13,54-58

¿Dónde ha aprendido este tanto? Es quizás el comentario que nos sale pronto y fácil cuando vemos a alguien que conocemos de toda la vida y que ahora destaca en alguna cosa, sus palabras son certeras y sensatas, la prudencia va moviendo sus pasos, pero no ceja en ofrecernos posibilidades de algo mejor, de algo bueno, de la búsqueda de una armonía entre todos. Si nosotros lo conocemos de siempre, nos decimos, si jugaba en nuestra calle o en nuestras plazas, si lo conocemos bien que conocemos a su familia… pero estamos admirados por su sensatez, por su prudencia, por las ideas que nos presenta para la solución de los problemas. ¿Dónde habrá aprendido tanto?

Era la sorpresa también y la admiración que se suscitaba en torno a Jesús, por aquellos pueblos y caminos de Galilea, sobre todo, donde la gente se agolpaba para escucharle, eran capaces de ponerse en camino con El para estar con El y para escucharle, donde le traían los enfermos para que los curase, donde todos se habían lenguas de admiración y alabanza; pero sucede ahora en su pueblo, allí donde se había criado, donde había pasado gran parte de su niñez y su juventud en las mismas tareas artesanales en que se ocupaba José y su familia; se sentían sorprendido y también se preguntaban de donde sacaba aquella sabiduría, porque siempre lo habían visto allí y no asistiendo a las escuelas rabínicas de Jerusalén.

Una sabiduría que podemos adquirir desde los conocimientos que nos da la escuela, pero también y eso es muy importante de la sabiduría que aprendemos en la vida cuando sabemos tener ojos atentos y mente reflexiva ante lo que sucede en nuestro entorno. Solo había alguien que no podía ser otra que la madre, como las madres que lo guardan todo en el corazón, que sin embargo sabía de su sabiduría con la que le había encontrado discutiendo en medio de los doctores del templo, donde lo habían encontrado cuando se había perdido en su subida a Jerusalén.

Y más aun se admiraban por los signos que realizaba, que venían a ratificar lo que de palabra les enseñaba de cual era el sentido del Reino nuevo de Dios que anunciaba. Aquellos signos que transformaban una vida de carencias y dolor en una nueva vida sana y sin limitaciones – las curaciones que Jesús realizaba – que eran señales de esa transformación que había de realizarse en nuestras vida con la vivencia de unos valores nuevos, de un sentido nuevo de la vida y donde Dios sería siempre el centro de esa vida, de esa existencia. No siempre llegaban quizás a percibir ese nuevo sentido de todo quedándose muchos en lo material, por decirlo así, que se realizaba con aquellas curaciones, pero ahí quedaba y queda para nosotros esa señal, ese signo de vida nueva que hemos de vivir.

Es lo que les sucede ahora a aquellas gentes de Nazaret aun en medio de toda la sorpresa y admiración que sentían por Jesús. Pero no fueron capaces de ver el signo, se quedaban en un orgullo egoísta – es de nuestro pueblo, aquí está su familia… -, o en algo interesado de lo que incluso querían sacar partido, porque más que el signo era la fama de los milagros que Jesús allí realizara lo que les interesaba. ‘No pudo hacer allí ningún signo, ningún milagro, nos dice el evangelista, por su falta de fe’.

Es el paso importante que quizás muchas veces nos puede faltar, aun en medio de nuestros santuarios, nuestras fiestas religiosas y tantas costumbres que mantenemos en nuestros pueblos pero que se quedan en tradiciones de las que nos sentimos orgullosos, porque son las tradiciones de nuestro pueblo y no hay ningún que se le asemeje o sea como lo nuestro.

¿Dónde está muchas veces esa conexión de fe con el espíritu y el mensaje del evangelio en muchas de nuestras celebraciones, en muchas de nuestras fiestas, en muchas de esas cosas que llamamos tradiciones de nuestros pueblos que tienen un origen y un fondo religioso? ¿Nos quedamos en lo milagroso que es nuestro santo, nuestro Cristo o nuestra Virgen y andamos con comparaciones entre unos y otros y rivalidades, permítanmelo decirlo así, entre santos? ¿Terminaremos de darnos cuenta que muchas de esas cosas que hacemos tienen poco de evangélico y por esas rivalidades en las que andamos parece que estamos muy lejos del sentido del Reino de Dios anunciado por Jesús?

miércoles, 5 de febrero de 2025

El evangelio nos llega también escrito en la vida de muchos a nuestro lado, aprendamos de una vez por todas a dejarnos sorprender por la sabiduría del evangelio

 


El evangelio nos llega también escrito en la vida de muchos a nuestro lado, aprendamos de una vez por todas a dejarnos sorprender por la sabiduría del evangelio

Hebreos 12,4-7.11-15; Salmo 102;  Marcos 6,1-6

Si es el hijo del carpintero… fue la reacción, tenemos que decir que totalmente ordinaria y normal, de la gente de su pueblo. Hasta ellos había llegado la fama de lo que Jesús venía haciendo en Cafarnaún y los distintos pueblos y aldeas por toda Galilea; la fama de sus milagros, la gente que se entusiasmaba y se iba detrás de Jesús, sus enseñanzas que entusiasmaban a la gente porque les parecía escuchar algo nuevo, o algo dicho de una manera distinta a como estaban acostumbrados. Y la fama había llegado hasta Nazaret y ahora lo tenían en medio de ellos. ‘¿De donde saca esa sabiduría?’

¿Dónde habrá aprendido este muchacho tanto?, decimos también en nuestros pueblos y en nuestros ambientes cuando alguien destaca. Como nos conocemos de siempre ahora nos sentimos quizás asombrados, pero sabemos que siempre surge algo más. Hay un orgullo de pueblo cuando destaca alguien de los nuestros y podemos tender a ponerlo como el que no va más; nadie ha salido de nuestro pueblo como este; aunque también aparecen por debajo, disimuladamente quizás al principio, ciertas desconfianzas, buscamos segundas intenciones, tratamos de recordar cosas reales o imaginarias muchas veces, socavamos el prestigio cuando nos pueden hacer sombra, y ya sabemos cuando somos cuando nos dejamos arrastrar por esas malicias y desconfianzas.

Conociéndonos no nos extraña la actitud desconfiada de la gente de Nazaret. Nos sucede con mucha facilidad entre nosotros, vamos de la euforia y el entusiasmo a la descalificación y a las envidias con una velocidad de vértigo. Siempre tenemos nuestros peros y nuestras pegas. Es lo que le estaba pasando a la gente de Nazaret con Jesús. Lo conocemos de siempre, sabemos quien es su familia, es el hijo del carpintero. Y ya Jesús dirá que un profeta nunca será bien mirado en su pueblo.

Y siente pena Jesús por la falta de fe su gente. Allí ha venido a anunciar con toda claridad, con palabras del profeta como nos narrará san Lucas este mismo episodio, lo que era su misión, la tarea evangelizadora que quería realizar. Su Palabra y su presencia querían ser siempre buena noticia para todos, porque eso como se nos dirá en otra parte anuncia la amnistía del Señor, el año de gracia del Señor. Pero no lo aceptaban porque simplemente era el hijo del carpintero.

Nos tiene que hacer pensar en nuestra aceptación personal de esa Buena Noticia, esa aceptación del Evangelio que nos anuncia Jesús. ¿Qué filtros ponemos por medio cuando escuchamos las palabras del Evangelio? El peor filtro es ya no ser capaces de escuchar el evangelio como una buena noticia; nos lo damos por sabido, no nos significa nada nuevo, vamos llevando por delante nuestros prejuicios, sí, nuestras previas interpretaciones, porque recordamos esto y lo de más allá, nos acordamos lo que en otro momento escuchamos o nos explicaron, y ha perdido la frescura de la novedad con que tenemos que escucharlo.

Pero además hemos de decir y reconocer que el Evangelio, es cierto, nos llega a través del texto escrito, pero el evangelio nos llega también escrito en la vida de muchos a nuestro lado. Es el evangelio hecho testimonio en la vida de tantos testigos. Y es el evangelio que tanto nos cuesta aceptar, recibir, escuchar. La gente de Nazaret no escuchaban entonces el mensaje porque era el hijo del carpintero a quien tenían delante; también nosotros vemos a tantos como el ‘hijo del carpintero’ que ya nada nos dice porque decimos que lo conocemos de siempre.

Cuánto nos cuesta aceptar el testimonio de los demás, cuánto nos cuesta ver las cosas en las que se manifiestan esos testigos delante de nosotros. Son filtros que vamos poniendo a la Palabra de salvación que Jesús nos ofrece. Hay muy bonitos testimonios a nuestro lado que tenemos que saber descubrir, porque a través de ellos el Señor nos habla. ¿Aprenderemos de una vez por todas a dejarnos sorprender por el evangelio?

 

viernes, 20 de diciembre de 2024

Sorprendidos pero humildes, sobrecogidos ante lo sobrenatural pero agradecidos por tanto amor, es la respuesta de nuestra fe, sentido profundo de nuestra navidad

 

Sorprendidos pero humildes, sobrecogidos ante lo sobrenatural pero agradecidos por tanto amor, es la respuesta de nuestra fe, sentido profundo de nuestra navidad

Isaías 7, 10-14; Salmo 23; Lucas 1, 26-38

Las sorpresas de Dios siempre nos dejan boquiabiertos. Donde menos lo esperamos, quizás lo que menos esperamos, nunca en la forma cómo nosotros nos lo imaginamos Dios nos sorprende. Aunque tenemos un peligro, no dejarnos sorprender porque ya nada buscamos, no dejarnos sorprender porque nos hemos saciado de tantas cosas sin sabor que hemos perdido la sensibilidad, no dejarnos sorprender porque en nuestra autosuficiencia decimos que ya nada necesitamos, que lo espiritual no nos interesa, que nos bastamos a nosotros mismos con nuestros juguetes o jugando a creernos dioses que estamos por encima de esas cosas que ya nos parecen insulsas. Pero Dios sigue viniendo a sorprendernos con su amor.

Necesitamos humildad para dejarnos sorprender con las cosas de Dios, aunque nosotros sigamos jugando a hacernos dioses que están por encima de todas esas cosas. En el mundo en el que vivimos nos hemos llenado de autosuficiencia y hasta hemos querido transformar las cosas más sagradas a nuestra medida, desvirtuamos todo lo sagrado queriendo darle nuestras humanas o interesadas explicaciones y nos hemos materializado desacralizado tanto que queremos desterrar todo sentimiento religioso y transformarlo todo a nuestro sentido materialista de la vida.

Desvirtuamos las palabras que siempre han estado cargadas de un sentido espiritual para hacerlo todo mundano y que solo satisfaga nuestras sensaciones más primarias. ¿No estamos llegando a un punto, por ejemplo, que la palabra navidad ya no tiene nada que ver con la Encarnación de Dios que se hace hombre y presente en nuestra historia? ¿Qué es navidad para la mayoría de la gente que nos rodea en nuestro mundo de hoy? En algunos sitios hasta hacen desaparecer las imágenes que estén relacionadas con lo espiritual para sustituirlas por aquellas cosas que nos puedan llamar al consumo y una fiesta donde esté ausente Dios.

Los cristianos – y tenemos que decir que todo el mundo de hoy y esa sería nuestra tarea evangelizadora de anuncio del evangelio – necesitamos escuchar de nuevo un evangelio como el que hoy se nos ofrece, siempre novedad de evangelio a pesar de todas las veces que lo hayamos escuchado. Dios que viene a plantar su tienda entre nosotros para ser Emmanuel de verdad en medio de nuestro mundo y escoge a una joven doncella de Nazaret para que sea su madre. Así de sencillo y grandioso es el evangelio que hoy se nos ofrece.

María se sorprende ante la visita del ángel, nos dice el evangelista, y se puso a considerar todo aquello que contemplaba y escuchaba. Se quedó boquiabierta, en la expresión que empleábamos al principio. Podíamos decir que no se lo podía creer. Estaba siendo llamada la agraciada del Señor, aquella en quien Dios se había fijado y que quería contar con ella para el misterio más maravilloso de su amor, hacerse hombre naciendo de una mujer.

El ángel le explica con palabras que solo una persona de fe puede llegar a comprender. Nace esa fe desde esa sorpresa de Dios. Dios se nos manifiesta y nos hace conocer lo que es su voluntad, lo que son sus planes y le damos la respuesta de la fe, como lo hizo María.

Para quien es ajeno a la fe porque no quiere dejarse sorprender por Dios le puede parecer una escena increíble y que puede quedarse como en un mito. Pero si tenemos humildad, como la tenía María, que le costaba comprender pero hacía preguntas, que le parecía algo muy grande para ella que se siente muy pequeña, pero que se deja conducir, podremos entrar nosotros también en esa sintonía de Dios, en esa sintonía de lo espiritual, en esa apertura de nuestro espíritu a lo sobrenatural porque nos sobrepasa pero de lo que nos sentimos agradecidos porque descubrimos que es un regalo de amor.

Sorprendidos y boquiabiertos pero humildes, sobrecogidos ante lo sobrenatural pero agradecidos por tanto amor, es la respuesta de nuestra fe, es el sentido que tenemos que darle desde lo más profundo a nuestra navidad.