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jueves, 3 de septiembre de 2026

Jesús quiere seguir contando con nosotros, darnos confianza y quitarnos los miedos, porque nos abre nuevos horizontes como pescadores y sembradores de esperanza

 



Jesús quiere seguir contando con nosotros, darnos confianza y quitarnos los miedos, porque nos abre nuevos horizontes como pescadores y sembradores de esperanza

1Corintios 3, 18-23; Salmo 23; Lucas 5, 1-11

¿Estamos contentos con lo que hacemos? ¿Estamos contentos con nuestro trabajo? ¿Estamos contentos con los frutos, los beneficios, las ganancias, llamarlo como queramos, de ese trabajo que realizamos? ¿Vemos algún beneficio? ¿Nos sentiremos cansados y desilusionados alguna vez? Hay ocasiones aunque estemos haciendo lo que nos gusta, sin embargo, en cierto modo nos sentimos defraudados; parece que aquello no tiene fin, parece que nunca las dificultades se acaban, que cada día nos resulta más costoso y nos parece no tener aliciente. No es algo que me esté inventando, porque es la realidad del camino de cada día, cuando quizás nos falte algo que le pueda dar un colorido distinto, que nos pueda hacer renovar la ilusión.

Jesús había estado estado predicando, enseñando a la gente, allí en la orilla de la playa del lago pero se había reunido tanta gente que parece que la voz de Jesús no podía llegar a todos; se subió a una de las barcas que recientemente habían regresado de su faena, mientras los pescadores estaban poniendo en orden sus cosas; desde una de esas barcas, la de Simón Pedro y su hermano Andrés Jesús enseñaba a la gente, con esas palabras que llegaban al corazón de manera que la gente se quedaba entusiasmada escuchándolo. Cuántas esperanzas se habrían despertado con aquellas palabras de Jesús, que venían corroboradas por las noticias que les llegaban de los signos que Jesús iba realizando.

Al terminar su enseñanza le pide a los pescadores que vuelvan al lago, mar adentro, para echar de nuevo las redes para pescar. ¿ Cómo se sentirían cuando de nuevo les quieren hacer volver a la faena que tan poco fruto había obtenido aquella noche? ¿Estarían con ánimos como para reemprender de nuevo la tarea siendo además de día, que no era la hora más propicia para la pesca? Es la primera reacción de Pedro, ¿a qué me vienes ahora con esas? ¿Me vas a enseñar tú a mi cuando tengo que volver a pescar? Pero a pesar de sus cansancios, sus desalientos y desilusiones algo le estaba diciendo allá en lo hondo de su corazón que hiciera caso del Maestro.

No hemos cogido nada en toda la noche en que hemos estado de faena… ¿qué me está pidiendo? Como tantas veces nosotros en la vida cuando tenemos que recomenzar las cosas que se nos han ido abajo, cuando tenemos que seguir con la tarea de la siembra a pesar de que aparentemente no hay cosecha porque nada se recoge, porque las cosas no cambian, porque seguimos encontrándonos con las mismas dificultades, porque nos parece un trabajo infructuoso a pesar de tanto esfuerzo, porque vemos que no hay respuesta, que parece que la gente no termina de entusiasmarse por cosas importantes y siguen con sus superficialidades. 

Son muchas las situaciones en que nos encontramos en el trabajo de nuestras responsabilidades que no tienen luego correspondencia en aquellos con los que trabajamos, son muchos los desalientos que sentimos cuando parece que nuestro compromiso es inútil porque nadie responde, pensamos en nuestra tarea de educadores, en la tarea de los padres, en los compromisos sociales en que nos hemos comprometido, en nuestra tarea también en medio de la Iglesia con nuestro apostolado.

‘Hemos pasado la noche de faena y no hemos cogido nada, pero en tu nombre, porque tú me lo dices y me lo pides, echaré las redes’, fue finalmente la respuesta de Pedro Y ya hemos escuchado la redada tan grande de peces que las redes se rompían y hubo que llamar a los compañeros de la otra barca para no perder aquella oportunidad. ¿Lo llegaremos a ver nosotros también? ¿Será esa nuestra conciencia de lo que sucede o nos habrá faltado algo, ese ‘en tu nombre’ con el que Pedro lanzó de nuevo la red al lago?

Cansancios y desalientos no nos faltan, como le estaba sucediendo a aquellos pescadores del mar de Galilea, pero quizás nos falta la fe de Pedro, nos falta ser conscientes de esa luz que nos ilumina, nos falta esa oración confiada y humilde a pesar de que parezca que ya no podemos más, nos falta ese reconocimiento de la acción de Dios en nuestra vida y en lo que hacemos. No llegamos a decir como Pedro ‘¡apártate de mi que soy un hombre pecador!’.

Jesús quiere seguir contando con nosotros; Jesús tiene una tarea y una misión que encomendarnos; Jesús quiere darnos confianza y que quitemos de una vez por todas nuestros miedos; Jesús quiere abrirnos nuevos horizontes, pero para eso es necesaria nuestra confianza y nuestra humildad. ‘No temas, de ahora en adelante será pescador de hombres’.


jueves, 25 de junio de 2026

Dejémonos sorprender y también interrogar por las palabras de Jesús que nos abren a nuevos caminos de vida

 


Dejémonos sorprender y también interrogar por las palabras de Jesús que nos abren a nuevos caminos de vida

2 Reyes 24, 8-17; Salmo 78; Mateo 7, 21-29

La vida nos sorprende a cada paso y tendríamos que reconocer que ahí precisamente está su riqueza, pero quizás esas sorpresas que nos vamos encontrando producen estupor o inquietud, porque nos hacen que tengamos nuevos planteamientos, una nueva visión de la cosas o de lo que sucede, nos haga interrogarnos interiormente por aquello que hacemos y su sentido y valor, nos haga corregir posturas, pero siempre quizás detrás se nos abre una nueva esperanza porque nos hace ver nuevos horizontes. 

No siempre quizás nos consideremos preparados para esa novedad que se nos plantea, porque quizás nos sentimos cómodos con lo que hacemos, nos deja en nuestras rutinas y nos parece que con lo de siempre no necesitamos tanto esfuerzo, que no siempre nos gusta. Si nos ponemos a reflexionar seriamente nos damos cuenta que eso nos sucede en muchos aspectos de la vida.

Así nos sucede con el Evangelio; lo escuchamos pero no siempre quizás dejamos que penetre dentro de nosotros produciéndose revoltura interior porque nos es más cómodo seguir en lo de siempre. Lo escuchamos pero quizás sean palabras que se lleva el viento, no nos detenemos lo suficiente a rumiar, a plantarlo en el corazón. pero tenemos que darnos cuenta de que tenemos que tomárselo en serio.

Hoy al final de este texto que hemos escuchado, vemos que nos dice el evangelista que  ‘la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como sus escribas’. ¿Quienes son los que sienten admiración? Como en otros lugares del evangelio se nos dice serán los pobres, los humildes, los sencillos los que sentían renacer la esperanza en sus corazones cuando escuchaban a Jesús.

Porque las palabras de Jesús en ese diálogo que sostiene con la gente siembran inquietud, son sorprendentes y están planteando actitudes y posturas nuevas. No nos vale estar diciendo todo el día ‘¡Señor! ¡Señor!’ Es cierto que es un grito de fe y con ello estamos proclamando que Dios es el Señor de nuestra vida a quien acudimos, pero también nos está diciendo Jesús que no solo hemos de decir eso sino que necesitamos ponernos en camino. A Dios lo agradaremos no porque gritemos que creemos en Él, sino porque queremos escucharle y hacer su voluntad. ¿Será esa nuestra manera de hacer nuestra oración a Dios? Pensemos que muchas veces vamos más con nuestra lista de peticiones preparada para despachar con Dios, que con los oídos del corazón abiertos para sentirle y para escucharle. ¿De verdad cuando salimos de nuestra oración salimos llenos de Dios porque nos hemos dejado inundar por su presencia?

Es que nosotros hacemos tantas cosas buenas, nos decimos, porque damos nuestras limosnas, porque vamos a la Iglesia de vez en cuando, porque cumplimos nuestras promesas, porque le llevamos flores a la Virgen… y así nos hacemos muchas consideraciones donde pensamos que ya hacemos lo suficiente.

‘Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?. Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obran la iniquidad’.

Son fuertes las palabras de Jesús. por eso a continuación nos habla de la casa edificada sobre roca o sobre arena; ¿cuál será la que soportará firme los embates de los temporales? El que escucha las palabras de Jesús y las pone en práctica; no deja que se las lleve el viento, ni se las coman los pajarillos del cielo o se sientan ahogadas por los abrojos, como nos enseñará en otra parábola del evangelio. 

¿Cuál es el camino que nosotros estamos haciendo? ¿Nos dejamos sorprender pero también interrogar por las palabras de Jesús para abrirnos a nuevos caminos? 


martes, 24 de septiembre de 2024

Una nueva dinámica para nuestra vida, la del amor, con nuevas actitudes y nuevos horizontes a los que no podemos poner barreras

 


Una nueva dinámica para nuestra vida, la del amor, con nuevas actitudes y nuevos horizontes a los que no podemos poner barreras

Proverbios 21, 1-6. 10-13; Salmo 118; Lucas 8, 19-21

Nada que tenga que ver con el amor podrá jamás encerrarnos en nosotros mismos. Dejaría de ser amor. El amor siempre es expansivo, el amor abre horizontes, nunca puede ser un circulo cerrado, nunca convierte a nadie en el centro de si mismo, amarse a si mismo para excluir a los demás no tiene sentido, nunca puede ser excluyente. Es algo de la esencia de la persona. En nombre del amor nunca podremos excluir a nadie. Cuando vamos por la vida excluyendo a personas no hemos entendido la esencia de nuestro ser y podríamos decir que nos estamos traicionando a nosotros mismos.

Sería lo que en verdad nos haría felices y crearía una humanidad de felicidad, pero sabemos que nos cuesta. No todos lo entienden ni lo viven y pueden parecer tan felices. Pero hay un vacío. Sin embargo nos confundimos y nos dejamos contagiar por esos brotes de insolidaridad y de un amor propio que no es verdadero amor y que nos llevan a la guerra. Nos hemos inventado muchas maneras de hacernos la guerra cuando dejamos meter las sombras del egoísmo y de la insolidaridad en nuestro corazón. Tenemos que estar atentos y vigilantes para encontrar lo que de verdad va a llenar nuestra vida.

Es lo que ha venido a enseñarnos Jesús. Estando con El nuestros horizontes tienen que ampliarse porque nos pone en un camino nuevo que nos lleva a la plenitud de nuestro ser. No quiere Jesús que en nombre de ningún amor entremos en esas dinámicas de exclusivismos y de exclusiones.

Hoy en el relato del evangelio se nos habla de una visita de María y sus parientes a Jesús en medio de su predicación. ‘Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte’, le dicen. Siempre en una primera impresión nos ha sorprendido la respuesta de Jesús. Se pregunta ‘¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?’ Nos podría parecer sorprendente esa pregunta que se hace Jesús y la respuesta que les da. ‘Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen’, viene a decirles Jesús.

Nos podría parecer que Jesús niega la importancia de aquella visita y de la presencia de María y su familia junto a El, pero no es así. Jesús nos está abriendo horizontes, por así decirlo. Amamos a los padres, amamos a la familia, amamos a aquellos por quienes nos sentimos queridos y amados, pero nuestro amor nunca se puede quedar ahí. El sentido de vida que Jesús nos está dando es que tenemos que ampliar esos horizontes del amor y nuestro amor tiene que ser más universal; no es un amor exclusivo, sino siempre un amor abierto. Porque quienes le escuchan, quienes escuchan la Palabra de Dios están entrando en otra órbita de la vida porque nos sentimos obligados a amar, y amar a todos sin exclusión.

Por eso como hemos venido reflexionando se acaban los exclusivismos. Como nos dirá en otro momento no solo saludamos a los que nos saludan, no solo amamos a los que nos aman, entramos en otra dinámica con un amor que tiene que ser siempre universal. Nos salimos de nosotros mismos pero no hacemos círculos que nos encierren sino que siempre tienen que estar las puertas abiertas, al horizonte de esos campos de la vida en que entramos ya no podremos poner barreras.

Qué lástima que no lo terminemos de entender; pero no solo hemos de saberlo en la cabeza – como tantas veces decimos, ‘eso lo sé yo’ – sino que tenemos que comenzarlo a sentir desde lo más hondo de nuestro corazón. Es una nueva humanidad que nace desde el amor cuando así nos sentimos amados de Dios. Porque ‘el amor consiste’, como nos dirá san Juan en sus cartas, ‘no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que Dios nos amó primero’. Es una nueva dinámica para nuestra vida que tenemos que traducirla en muchas nuevas actitudes para cuantos nos rodean.

 

sábado, 31 de agosto de 2024

Descubre lo que hay en ti, ayuda también a los demás a que descubran sus posibilidades, abre horizontes en tu vida y amplíalos también para los que te rodean

 


Descubre lo que hay en ti, ayuda también a los demás a que descubran sus posibilidades, abre horizontes en tu vida y amplíalos también para los que te rodean

1 Corintios 1,26-31; Salmo 32; Mateo 25,14-30

Cantos de lamentaciones de lo poquito que somos o que valemos, de lo poquito que tenemos en la vida que no nos da para nada, seguramente estaremos acostumbrados a escuchar, o acaso nosotros mismos en más de una ocasiones también nos hemos hecho esas elegías de nuestra vida; yo no valgo para nada, yo no tengo medios, yo no sé como salir adelante, yo que puedo hacer por los demás si no tengo ni para mí mismo, yo no tengo suerte en la vida, yo no tengo quien me ayude, quizás también nos lo hemos repetido, en algunas ocasiones decimos que por humildad, pero muchas veces por la propia desidia con que vivimos nuestra vida.

Sin embargo sí hemos visto a más de uno que desde lo más bajo, podríamos decir, supo levantarse, supo emprender, supo luchar para salir adelante, buscando fuerza donde parecía que no la tenía, pero con una energía del espíritu que le hizo salir adelante.

Algunas veces para justificarnos quizá pensamos que quienes fueron capaces de salir adelante fue porque tuvieron padrinos, porque tuvieron suerte en la vida, o porque quizás tenían unos medios que nosotros no tenemos; pero pienso no en los que estaban esperando que la suerte les cayera un día encima para comenzar a luchar, ni los que se valieron de padrinos, sino en los que con su esfuerzo supieron luchar; no vamos a negar que luego apareciera quien les ayudara, porque personas así con ese empuje son personas a las que merece en verdad ayudar porque sabrán aprovecharlo bien para conseguir esos nobles fines. La suerte y la ayuda tenemos que encontrarla en nosotros mismos, en nuestras ganas de luchar que nos hace buscar y tener iniciativas, que nos hace mover Roma con Santiago, como dice el refrán, y así sabremos salir adelante. Desgraciadamente hoy en la vida nos encontramos muchos que todo lo esperan regalado – que si subvenciones, que si padrinos… - y no ponen ningún tipo de esfuerzo por sí mismos para luchar por la vida.

¿No será de esto de lo que nos está hablando hoy el evangelio con la parábola que Jesús nos propone? Unos talentos – se refiere a unas monedas fuertes que se utilizaban entonces – que aquel buen hombre reparte nos parece de manera desigual entre sus servidores  mientras él se va de viaje. Podemos pensar, si queremos, en unas responsabilidades en la administración de sus bienes, por ejemplo, que confía a sus servidores mientras está ausente.

Cuando vuelva va a pedir cuentas de la administración de aquello que les ha confiado. Dos de aquellos servidores supieron negociar muy bien aquellos bienes y presentarán positivo rendimiento, aunque fueran diversas las cantidades que se les habían confiado. Merecen la alabanza y el premio de su señor. Mientras el tercero, considerándose inferior porque menos recibió, no quiso perderlo y allá lo enterró para poder entregarlo integro cuando tuviera que rendir cuentas. Tuve miedo, decía, porque yo sabía como tú eres de exigente, pero no tuvo la osadía de aventurarse, de buscar la manera de salir de aquello que le parecía pequeño, y ya sabemos cómo fue recriminado a la vuelta de su señor. No lo había perdido, simplemente lo había enterrado.

¿No andaremos así muchas veces nosotros enterrando talentos? Es que yo no valgo para nada, a mi fue poco lo que me ofrecieron o pusieron en mis manos y qué voy a hacer con tan poca cosa, nos decimos tantas veces. Y solo esperamos el milagro de la suerte, solo esperamos que otro sea el que nos saque las castañas del fuego porque nosotros no queremos quemarnos.

Lo tenemos que mirar para todos los aspectos de nuestra vida en que nos decimos tantas veces que nos sentimos tan pobres, tan poca cosa; pero quizás no hemos sabido mirarnos por dentro, no hemos sabido descubrir todo lo que somos capaces de hacer por nuestros miedos, por nuestra indecisión, por nuestras rutinas, por la flojera con que vivimos la vida, por la superficialidad que le vamos dando a lo que hacemos. ¿Qué buscamos? Con aquello de la sociedad del bienestar que decimos que tenemos que crear sin embargo nos hemos hecho cómodos y estamos esperando que todo nos lo den hecho y no somos capaces de desarrollar eso que llevamos dentro de nosotros; siempre hay unos valores, unas capacidades, unas posibilidades, unas iniciativas que podemos tomar, que aunque pequeñas en principio se van a hacer en la medida que rueden en una bola grande.

Descubre lo que hay en ti, ayuda también a los que están a tu lado a que descubran todas sus posibilidades, abre horizontes en tu vida y amplia también los horizontes de los que te rodean. Lo podemos hacer con los amigos, como los padres tienen que hacerlo con los hijos, como todos tenemos que hacerlo con los que caminan a nuestro lado en nuestra sociedad.

Jesús cuando nos está proponiendo esta parábola está queriendo hablarnos del Reino de Dios, de los valores que en él hemos de encontrar y que nos harán crecer a nosotros en nuestra fe y en nuestro compromiso. Esto tendría que llevarnos a pensar también en lo que nosotros en medio de nuestra comunidad cristiana podemos hacer y estamos haciendo. La comunidad no nos la van a hacer otros, sino que somos nosotros, entre todos, los que en verdad tenemos que construirla.

lunes, 10 de julio de 2023

El evangelio nos habla de la fe que nos sana y que nos salva, que nos pone en camino de vida, que no nos deja resignarnos sino que nos da fortaleza para la lucha

 


El evangelio nos habla de la fe que nos sana y que nos salva, que nos pone en camino de vida, que no nos deja resignarnos sino que nos da fortaleza para la lucha

Génesis 28, 10-22ª; Sal 90; Mateo 9,18-26

No todos reaccionamos ni nos enfrentamos a los problemas de la misma manera; todos en nuestro interior los sufrimos, algunos toman decisiones rápidas acudiendo inmediatamente a donde podamos solucionarlos no importándole incluso que se sepa la mala situación por la que estamos pasando, otros con timidez buscamos una solución pero no nos atrevemos con claridad enfrentarnos al problema aunque nos duela quizás por vergüenza a que sea conocido o buscamos maneras que nos puedan parecer confusas y diluidas también para encontrar una solución.

Quizás no tenemos confianza en nosotros mismos, entramos como en una rutina en que nos acostumbramos a todo, desconfiamos de cuanto hay a nuestro alrededor, porque quizás muchas veces nos hemos visto muy solos, no sabemos a quien acudir o no nos atrevemos a acudir allí donde podemos encontrar soluciones y ayudas para nuestra situación.

Nos encontramos a mucha gente que se resigna y aguanta, y quiere hasta convertir en virtud su resignación, pero esa pasividad le llevará aun a mayor sufrimiento. Necesitamos aprender a confiar, necesitamos tener decisiones firmes, nos hace falta una fortaleza de ánimo que algunas veces hemos perdido. Tenemos también que saber mirar hacia lo alto, porque en Dios aprendamos a poner nuestra confianza, con la certeza de que El nunca fallará.

La página del evangelio de hoy nos habla de dos diferentes maneras de afrontar una situación dura para sus vidas, pero hay algo que tienen en común, la fe. Primero contemplamos a este jefe de la Sinagoga, Jairo se le llama en otro evangelio, que acude a Jesús porque su hija acaba de morir. Tiene la confianza toda puesta en Jesús; si pone su mano sobre ella está seguro que no perderá a su hija. Y se ponen en camino. La tardanza en llegar por causa de otros encuentros tenidos por medio, le hará dudar, y al llegar a la casa todo es un ambiente de muerte con las plañideras incluso con sus gritos de dolor. Será necesario que Jesús insista en la fe de aquel hombre, porque la niña no está muerta, como le dice Jesús, sino que duerme, aunque estas palabras encuentren el desprecio de los que no tienen fe. Pero Jesús tomará a la niña de su mano y la levantará de su sueño de muerte.

Pero decíamos que en medio han sucedido otros encuentros. Una mujer que padece de unas hemorragias crónicas también piensa que Jesús podrá sanarla, cuando ya ha gastado toda su fortuna y sus esperanzas en quienes no podían darle solución a su problema. Para una mujer en aquella época era vergonzoso encontrarse en aquella situación porque sería considerada impura y por eso no acudirá públicamente a Jesús. Pero ella tiene una confianza, si al menos toca el manto de Jesús sabrá que podrá curarse, y eso hace.

Aunque todo ha sucedido en el secreto y la discreción de aquella mujer que no quiere hacerse notar, Jesús, sin embargo, querrá destacar la fe valiente, aunque parezca llena de cobardía por la forma de hacer, de aquella mujer. ‘Jesús se volvió y al verla le dijo: Ánimo, mujer, tu te fe ha curado. Y la mujer quedó sana’. Al final de estos episodios, el evangelista nos dirá que la gente sorprendida alababa a Dios y la noticia se divulgó por toda la comarca.

¿Era simplemente la noticia de un taumaturgo que hacía cosas extraordinarias y curaba a las personas? Es algo distinto lo que quiere trasmitirnos hoy, la fe que nos sana y que nos salva, la fe que nos pone en camino de nueva vida y abre nuevos horizontes a nuestra existencia, la fe que nos hace valientes para luchar contra las sombras para llenar el mundo de vida, la fe que no es resignación sino nueva fortaleza para la lucha por la vida, la fe que nos hace encontrarnos con Jesús para sentir cómo se derrama el amor de Dios sobre nosotros, la fe que llena de confianza nuestra vida porque nos descubre que somos amados y si Dios nos ama importante es nuestra vida, importante somos ante los ojos de Dios, la fe que tendrá que divulgarse, de la que hemos de dar testimonio, que nos hemos de tener miedo de manifestarla públicamente porque lo que estamos haciendo es divulgar el amor que Dios nos tiene.

jueves, 30 de marzo de 2023

Pongamos nuestra fe en Jesús, creamos en su palabra y nos llenaremos de vida, sabremos lo que no es morir para siempre

 


Pongamos nuestra fe en Jesús, creamos en su palabra y nos llenaremos de vida, sabremos lo que no es morir para siempre

Génesis 17, 3-9; Sal 104; Juan 8, 51-59

Nadie se quiere morir, queremos vivir, aunque en ocasiones la vida se nos haga dura, problemas, enfermedades, luchas y contratiempos, soledades y abandonos… queremos vivir. Y sabemos de la realidad de la muerte, un día se nos acaba, porque se debilita, se consume y se apaga, porque nos aparece una enfermedad, porque vamos gestando esa muerte según el uso, digámoslo así, que le damos a lo que vivimos, porque de repente un día nos llega el final.

Pero queremos vivir, queremos prolongar la vida, queremos disfrutar de la vida. Y ante eso hay diferentes posturas, desde los que te dicen la vida son cuatro días, aprovecha y disfruta todo lo que puedas y de ahí saldrán las diferentes maneras de entender ese disfrute, o queremos que aunque la vida se nos apague dejemos una huella, una semilla, y serán los hijos, será la familia, serán esas obras que vamos creando con nuestro trabajo, será lo que podamos ir haciendo por ese mundo en que estamos para que otros puedan vivir mejor. Se reflejará así la responsabilidad con que la asumimos, o la pendiente de la superficialidad por la que nos podemos dejar caer.

Hoy Jesús en el evangelio nos habla de que El nos puede dar una vida que no se acaba, no verá la muerte para siempre. Y allí están los entendidos de siempre poco menos que burlándose de Jesús y de alguna manera lo están considerando como un iluso cuando habla de estas cosas, porque todos tienen la experiencia de lo que es el morir. Pero es algo de lo que Jesús nos hablará muchas veces. Es necesario confiarnos en El, es necesario creer su palabra, es necesario vaciarnos de tantos sin sentidos con que vivimos muchas veces para que en El descubramos el sentido hondo profundo que le quiere dar a nuestra vida. Que no son solo las sumas de los años que podamos acumular en nuestro calendario particular. Es algo hondo que tenemos que descubrir desde lo más profundo de nosotros mismos.

¿Cuál es precisamente la buena nueva, la buena noticia que El quiere transmitirnos? Nos quedamos muchas veces en nuestros prejuicios, en lo que nosotros nos decimos que creemos desde siempre y no terminamos de ver ese sentido nuevo que Jesús está ofreciendo a nuestra vida. Nos preguntamos tantas veces para que vivimos, por qué vivimos. Nuestra vida no se puede quedar en acumular cosas que un día de nada nos servirán porque al final todo se va a quedar ahí y ni siquiera sabremos disfrutarlo bien. ¿No recordamos la parábola que un día nos propuso Jesús de aquel hombre ambicioso que porque un día tuvo una buena cosecha que llenó sus graneros y bodegas pensaba que ya todo lo tenía y le llegó la hora de la muerte y todo se quedó atrás?

Son otros los valores que hemos de sembrar en nuestro corazón que verdaderamente enriquecerán nuestra vida. Jesús nos está enseñando que la vida no consiste en vivir para nosotros mismos; Jesús nos abre a otros horizontes en esas personas que hacen camino a nuestro lado y en ese mundo que tenemos de llenar de buenas cosas; Jesús nos enseña a hacer una siembra distinta con una semilla nueva que en verdad transformará el mundo; sembremos paz, sembremos concordia, sembremos entendimiento entre unos y otros, sembremos de generosidad el corazón, creemos verdaderos nidos de armonía donde todos nos sintamos valorados y queridos, hagamos regueros de justicia, de bondad, de unidad, regalemos palabras y sonrisas de amabilidad, y estaremos llenándonos de una vida que bien merece la pena vivir porque pondrá más felicidad en nuestros corazones.

Pongamos nuestra fe en Jesús, creamos en su palabra y nos llenaremos de vida, sabremos lo que no es morir para siempre. Para eso El dio su vida por nosotros, aprendamos nosotros a dar la vida y tendremos vida para siempre. ¿No es así como le vamos a contemplar a El en la Pascua?

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Ojalá tengamos el coraje de san Andrés para levantarnos y desenredarnos de nuestras redes para abrirnos a los nuevos horizontes que nos ofrece Jesús

 


Ojalá tengamos el coraje de san Andrés para levantarnos y desenredarnos de nuestras redes para abrirnos a los nuevos horizontes que nos ofrece Jesús

Romanos 10, 9-18; Sal 18; Mateo 4, 18-22

Tengo un proyecto muy interesante y quiero contar contigo. No sé si alguien se ha acercado a ti en alguna ocasión y te ha hecho una propuesta así. Es así cómo en muchas ocasiones se proyectan cosas, se hacen planes de futuro, nos embarcamos o nos embarcan en proyectos que unas veces nos parecen interesantes y nos ilusionan, en otras no lo tenemos muy claro pero nos confiamos de aquella persona que nos lo propone, y comenzamos una nueva tarea en la en alguna ocasión ni habíamos soñado que se pudiera realizar, ni estaba en nuestra mente. Alguien notó tu capacidad, tu disponibilidad, que eres una persona soñadora e inquieta y se fijó en ti llegando a comprometerte.

Era el proyecto de Jesús, algo que había comenzado a dejar caer cuando hablaba con la gente; algunos le escuchaban con gusto, otros quizás se hacían preguntas por dentro; estaba además el momento que vivían en la situación social y política del pueblo de Israel, pero en el fondo estaban las esperanzas que todos mantenían y que se alimentaban aun más cuando los sábados escuchaban a los profetas en las sinagogas. Había aparecido no hacia mucho tiempo un nuevo profeta en las orillas del Jordán y allá habían ido muchos a escucharle, porque algo nuevo estaba anunciando que alimentaba sus ilusiones y sus esperanzas. Estaba por llegar el Mesías, aquel profeta del desierto decía que era la voz que preparaba los caminos del Señor.

Entre los que le escuchaban estaban también unos pescadores de Galilea que hasta el lugar de la predicación del Bautista se habían trasladado; habían escuchado como Juan señalaba a alguien, sobre el que había visto cómo el Espíritu del Señor se manifestaba con ocasión de un bautismo general de todos los que allí acudían, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y ellos, Juan y Andrés, se habían puesto a seguirle. Con El habían estado una tarde y una noche y salieron entusiasmados comunicando a los demás lo que habían encontrado.

Pero sus tareas habían continuado en lago de Tiberíades con la pesca de cada día para su sustento y de sus familiares. Por aquellas orillas andaba aquel nuevo profeta anunciando la llegada del Reino de Dios, como también el Bautista en el desierto había prometido. Es ahora Jesús el que se acerca hasta aquellos pescadores para invitarles a algo nuevo. Por así decirlo, como decíamos al principio, les presentaba unos nuevos proyectos y quería contar con ellos. ‘Venid conmigo y os haré pescadores de hombres’, les había dicho primero a los dos hermanos, Simón y Andrés, y luego también a los hijos del Zebedeo. Y ellos se habían ido con Jesús, dejando las redes y la barca.

Son los primeros momentos del anuncio del Reino de Dios. Jesús había comenzado invitando a la conversión para creer en el Buena Noticia que les estaba comunicando. No de cualquier manera se entusiasma uno por algo nuevo para no quedarse en lo superficial. Había que estar dispuesto a cambiar la mente y el corazón para aceptar lo nuevo que se nos propone. Si no hay esa disposición difícilmente escucharemos y difícilmente tomaremos decisiones que son opciones por algo nuevo, por una nueva vida. Y ahora eso se estaba manifestando en aquellos primeros discípulos, aquellos pescadores dispuestos a cambiar, se les ofrecía otro tipo de pesca, no era salir a aquellos mares sino a unos mares distintos y más profundos; en fin de cuentas aquello en lo que estaba era solo un pequeño lago con todas sus limitaciones.

Así nosotros en la vida, tenemos que tomar decisiones, tenemos que estar dispuestos a aceptar lo nuevo que se nos ofrece; es necesario estar dispuestos a cambiar esos pequeños lagos de los rincones en que hacemos nuestra vida de cada día en lo que fácilmente caemos en la rutina, por otros mares más profundos, por otros horizontes más amplios, por otros caminos que algunas veces se han hecho inescrutables, pero que ahora estaríamos dispuestos a recorrer.

Es la oferta que Jesús nos hace a nosotros también para seguirle. No nos podemos quedar encerrados en lo mismo, tenemos que abrir nuestros horizontes, tenemos que dejarnos entusiasmar por la Palabra de Jesús y la misión que a nosotros también nos quiere confiar, porque cuenta con nosotros.

¿Seremos capaces de levantarnos como Andrés, a quien hoy estamos celebrando, para desenredarnos de nuestras redes y comenzar a seguir en serio a Jesús?

domingo, 5 de junio de 2022

Recibimos hoy el don del Espíritu que abre las puertas que nos encierran, nos hace sentir una nueva libertad y nos pone en camino de nuevos horizontes

 


Recibimos hoy el don del Espíritu que abre las puertas que nos encierran, nos hace sentir una nueva libertad y nos pone en camino de nuevos horizontes

Hechos 2, 1-11; Sal 103; 1Corintios 12, 3b-7. 12-13; Juan 20, 19-23

Hay una circunstancia repetida de alguna manera en los dos relatos que nos ofrece hoy san Lucas tanto del evangelio como en los Hechos de los Apóstoles, previa a la presencia del Espíritu y la nueva presencia de Jesús resucitado. Expresamente se dice en el evangelio que estaban en el cenáculo con las puertas cerradas, y encerrados allí estaban en la espera del cumplimiento de la promesa de Jesús de enviarles su Espíritu.

Puertas cerradas por fuera cuando nos quitan la libertad y nos dejan prisioneros en su interior, puertas cerradas por dentro cuando el miedo nos impide ejercer nuestra libertad. Seguimos viendo muchas puertas cerradas, y no solo es que caminemos por nuestras calles y raro es que nos encontremos una puerta abierta sino que puede ser expresión también de muchas cosas que nos encierran, de muchas distancias que ponemos, de muchas barreras que nos creamos y nos impiden la comunicación o la comunión. Puertas que muchas veces siguen cerradas en nosotros con nuestros miedos o con nuestras cobardías, con nuestros apegos o con nuestras esclavitudes.

Jesús había anunciado en la sinagoga de Nazaret que venía lleno del Espíritu del Señor para dar libertad a los oprimidos, y como un signo vemos en el evangelio con los milagros cómo Jesús nos va liberando de nuestros malos, que no solo son las carencias físicas que la enfermedad nos puede imponer, sino ese mal que desde dentro nos oprime y nos esclaviza.

Llega Jesús resucitado junto a los suyos y no necesitará que nadie les abra las puertas pero con el regalo del Espíritu da poder a los suyos para que vayan llevando esa nueva liberación a todos los que están esclavizados con el pecado, el poder del Espíritu para el perdón de los pecados. Se derrama el Espíritu a los congregados y encerrados en el cenáculo y las puertas se abrirán porque el Espíritu de la salvación ha de expandirse y ha de hacerse llegar a todos los hombres. Llenos del Espíritu saldrán a la calle ante todos aquellos que en su entorno se habían congregado al sentir los signos del cielo para anunciarles la Buena Nueva de la salvación.

Una salvación que significativamente será para todos los pueblos, porque yo no habrá trabas de lenguajes que impidan la comunicación, porque todos escucharán ese mensaje que les están trasmitiendo los apóstoles, cada uno en su propia lengua. No es solo un milagro de glosolalia, sino que es el signo claro de ese anuncio de salvación ha de ser para todos y todos podrán escucharlo, todos han de escucharlo. No hay ya puertas de lenguaje ni cierren la comunicación porque hasta los confines de la tierra han de ir a anunciar el mensaje de Jesús.

Celebramos hoy Pentecostés, la Pascua del Espíritu, el cumplimiento de la promesa de Jesús; el Espíritu que nos congrega en una misma comunión desde nuestra fe en Jesús y el Espíritu que nos va a hacer sentir de una manera nueva esa presencia de Jesús; el Espíritu de la Verdad que Jesús nos había prometido que nos lo revelaría todo, pero es el Espíritu que nos abre las puertas a nuevos horizontes y nos pone en camino porque con su fuerza hemos de ir haciendo el anuncio de la salvación a todos los hombres.

Es el Espíritu que ha construido la Iglesia cuando a todos nos ha congregado en unidad pero es el Espíritu que sigue conduciendo los caminos de la Iglesia y los caminos de todos los que creemos en Jesús para ser testigos en medio del mundo; es el Espíritu de sabiduría y de fortaleza para saber mantener encendida esa lámpara de nuestra fe en nuestros corazones y en medio del mundo; el Espíritu que un día condujo los pasos de María para que llegara hasta las montañas de Judea porque con su presencia todo se llenaba de Dios y es el mismo Espíritu que sigue conduciendo nuestros pasos para llenar también de la presencia de Dios nuestro mundo disipando toda sombra de tiniebla; es el Espíritu que nos libera de todas las ataduras como había anunciado Jesús en la sinagoga de Nazaret, pero que nos envía por el mundo con ese poder de liberación, con ese poder del perdón porque es el camino de la reconciliación para lograr un mundo nuevo.

Necesitamos la fuerza del Espíritu para convertirnos de verdad en testigos, testigos de la verdadera liberación, testigos que no queremos puertas cerradas sino que vamos a proclamar que con esa libertad podemos ir, vamos a ir con las puertas abiertas al encuentro de nuestros hermanos y de nuestro mundo. Es la acogida de nuestros corazones, pero son esos nuevos pasos que damos al encuentro de nuestro mundo con todas sus sombras y sufrimientos a los que queremos llevar una nueva luz.

Testigos de esa Iglesia de puertas abiertas porque llevamos un nuevo amor en nuestro corazón y vamos a ir mostrando con ese nuevo amor podemos alcanzar la verdadera liberación que nos ofrece Jesús; no podemos ser nunca una iglesia de puertas cerradas, no podemos encerrarnos los cristianos con ningún miedo que nos acobarde – desterremos para siempre todo miedo y toda cobardía -, tenemos con nosotros la fuerza del Espíritu que es la fuerza de la verdadera libertad.

viernes, 22 de abril de 2022

Aquel amanecer en el lago había sido distinto, había sido un nuevo amanecer, solo nos estará pidiendo amor para que tengamos una nueva visión y una nueva mirada

 


Aquel amanecer en el lago había sido distinto, había sido un nuevo amanecer, solo nos estará pidiendo amor para que tengamos una nueva visión y una nueva mirada

Hechos de los apóstoles 4, 1-12; Sal 117; Juan 21, 1-14

Es la vida misma de cada día, trabajo, luchas por sacar adelante nuestras responsabilidades, esfuerzos en los que en ocasiones no vemos el fruto del trabajo, contratiempos que hace que las cosas no salen como quisiéramos, momentos de satisfacción por lo hecho y lo conseguido, momentos de luz y momentos oscuros, éxitos y fracasos, reconocimiento por parte de otros de lo que hemos hecho o indiferencia u oposición; no siempre nos sentimos bien y satisfechos. Pero aun así no queremos tirar la toalla, queremos seguir adelante.

En esta ocasión aquellos pescadores no vieron el fruto del trabajo realizado durante la noche; aquella noche se les estaba prolongando, porque detrás venían de otros malos momentos que habían sonado a fracasos; aunque algunos decían que comenzaba algo nuevo, no lo terminaban de ver. Por eso aquel amanecer en el lago de Tiberíades tuvo un significado especial.

Estamos haciendo referencia a ese momento en que los apóstoles aún no lo tenían todo claro; algunos  hablaban de que Jesús había resucitado, que lo habían visto, que había estado con ellos; ahora este grupo está de nuevo en Galilea a donde al final han tenido que venirse, pero es que a través de los mensajes que les llegaban les decían que fueran a Galilea que allí lo verían. La tarde anterior aburridos de no hacer nada se decidieron a salir aquella noche a pescar. Pero había sido una noche infructuosa. ¿Estaban acostumbrados a que eso les sucediera los pescadores del lago? Realmente es la vida misma, como decíamos al principio, a todos los pescadores les pasa más de una vez en la vida. Una noche sin coger nada.

Pero aquel amanecer en el lago de Tiberíades tenía un significado especial. En la orilla alguien preguntaba si habían cogido nada, y ante la respuesta negativa les había dicho que echaran la red por el otro lado de la barca. No distinguían quien era en la distancia y en la neblina del amanecer, pero al parecer el que estaba en la orilla veía el cardume de peces, la redada fue grande y en el esfuerzo estaban de sacar las redes cargadas de peces. Uno de ellos por lo bajo le sugiere a Pedro quien es el que está en la orilla. ‘¡Es el Señor!’

Fue suficiente para que Pedro se lanzara al agua para llegar pronto a los pies de Jesús. ‘Se ató la túnica y se echó al agua mientras los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan’. Jesús les pide ahora que trajeran de los peces que han cogido y realizada la tarea les dice: ‘Vamos, almorzad’.

Ya no era necesario preguntarse nada porque todos sabían que era el Señor. Aquel amanecer en el lago había sido un nuevo amanecer; se disipaban las tinieblas y volvía de nuevo la luz; se terminaban las sombras de muerte y reaparecía la vida; atrás quedaban las dudas y las cobardías, los miedos y las huidas; ahora todos querían venir corriendo para estar a los pies de Jesús. Solo les estaba pidiendo su amor; solo les estaba pidiendo que escucharan la voz que sentían en su corazón; solo quería que se dejaran conducir; solo les pedía que dejaran caer aquellas escamas que velaban sus para que pudieran ver y descubrir quien siempre está al lado en la orilla de la vida; solo quería que fueran capaces de decir también al que está al lado, ‘¡es el Señor!’.

El trabajo se nos puede hacer duro, la tarea que como testigos tenemos que realizar no siempre será fácil, muchas veces parecerá que vamos adelante y atrás al mismo tiempo porque no avanzamos como queremos; pero siempre Jesús está a nuestro lado, siempre Jesús despertará amor en nuestro corazón para que podamos tener una visión nueva y distinta, siempre Jesús con la fuerza de su Espíritu nos estará enseñando el camino señalando que miremos por el otro lado de la barca, siempre Jesús estará abriéndonos a un nuevo día y a nuevos horizontes. ‘¡Es el Señor!’, El está con nosotros y nos está invitando a sentarnos a su mesa. ‘Vamos, almorzad’.

lunes, 24 de enero de 2022

Quien quiere anular la existencia de Dios está cerrando a sí mismo las puertas que le puedan llevar al encuentro de misericordia con Dios, no podrá saborear lo que es el perdón

 



Quien quiere anular la existencia de Dios está cerrando a sí mismo las puertas que le puedan llevar al encuentro de misericordia con Dios, no podrá saborear lo que es el perdón

2Samuel 5, 1-7. 10; Sal 88; Marcos 3, 22-30

Qué terrible es sembrar dudas en el corazón de los otros. Dudas, por supuesto, podemos tener y de hecho tenemos; las dudas nos hacen interrogarnos a nosotros mismos y ponernos en camino de búsqueda; la duda no puede ser destrucción sino un interrogante abierto a nuevos horizontes, a nuevos planteamientos, a una mayor profundización en la vida.

Pero cuando hablaba de esas dudas que se siembran en el corazón de los otros normalmente suelen ir llenas de malicia, y el afán es muchas veces destructivo; dudas que siembran sobre aspectos de la fe o de la religiosidad de las personas, pero con el afán de destruir los verdaderos cimientos de esa fe; como dudas que sembramos acerca de los demás, insinuando pero no atreviéndose quizás a acusar, desconfiando y manifestando esa desconfianza que tengamos de los otros sin ningún fundamento, sino solo, como decíamos, con el afán de destruir. Ayuda a abrir caminos pero no destruyas lo ya caminado, o el sentido con el que los otros quieren caminar. Las dudas tendrían que ser, no para desconfiar, sino para hacernos crecer, para descubrirnos caminos positivos y para hacer que haya un verdadero progreso en la vida.

Hay gentes que parece que están especializadas en destruir, en crear desconfianza, en poner en duda todas las cosas para arrasar desde los fundamentos, desde las mejores raíces que tengamos en la vida y que nos sustentan. Qué dañinas son esas personas, cuántas confusiones crean, a cuánta gente dejan como desnudas sin verdaderos valores y sin nada en que apoyarse en la vida. Terrible pecado tendríamos que decir.

Esos sembradores de dudas y de cizaña cuanto daño van haciendo. Es una guerra de guerrillas que crea confusión y desconfianza; es algo que vemos en la vida mucho más de lo que quisiéramos; es algo que contemplamos en los diversos ámbitos de la vida; es algo de lo que se aprovechan muy astutamente quienes tienen a la religión como su enemigo al que hay que destruir y que aprovecharan cualquier circunstancia para sembrar esa duda, para desestabilizar el pensamiento y el fundamento muchas veces de los más débiles.

Hoy en el evangelio vemos cómo se meten con Jesús. Incluso nos hablará de escribas que han bajado de Jerusalén a Galilea para tratar de destruir la obra de Jesús. Se les iba de las manos en sus planteamientos y lo mejor era destruir, destruir creando esa desconfianza en la gente, esas dudas nunca constructivas en el interior de las personas. Jesús con su presencia va destruyendo por así decirlo las bases del mal; nos habla el evangelio de endemoniados a los que Jesús libera de sus ataduras, pero que ahora aquellos que han venido vendrán acusando a Jesús que si expulsa los demonios es por el poder del mismo Belcebú. Una incongruencia tan grande que Jesús se las desbarata porque estarían hablando de un reino dividido y que lucha contra sí mismo.

Es negar el poder de Dios que se manifiesta en Jesús. Quien quiere anular la existencia de Dios está cerrando puertas en su vida que le puedan llevar a ese encuentro de misericordia con Dios. Por eso les dice Jesús que no podrán encontrar el perdón. Si niegan el origen de la misericordia y el perdón que es Dios mismo en su amor, cierran las puertas de la misericordia para ellos, porque no creen en esa misericordia, en ese amor de Dios por todos nosotros.

Cuidado con las intenciones perversas que se nos pueden meter en el corazón. Cuidemos de no hacer daño a nadie creando esas dudas y desconfianzas que destruyen. Busquemos siempre camino de amor y de bondad que nos acercarán a Dios; llevemos la pureza de nuestro corazón al encuentro con los demás.

sábado, 15 de enero de 2022

Algo tenía la mirada de Jesús que ante su palabra Leví se levantó de su garito para emprender nuevos caminos con los discípulos de Jesús

 


Algo tenía la mirada de Jesús que ante su palabra Leví se levantó de su garito para emprender nuevos caminos con los discípulos de Jesús

1Samuel 9, 1-4. 17-19; 10, 1ª; Sal 20; Marcos 2, 13-17

¿Qué es lo que miramos en el otro cuando en la vida nos vamos encontrando con diferentes personas? Si nos ponemos a pensar ahora un poquito y queriendo quedar bien diremos quizás muchas cosas bonitas de cómo nosotros miramos a la persona por encima de todo; pero reconozcamos que esto se nos puede quedar en palabras bonitas, porque la realidad de lo que hacemos habitualmente es bien distinta.

¿Nos quedamos en su apariencia? ¿Nos quedamos en esa primera impresión que recibimos cuando nos hemos encontrado con esa persona? Acaso nos estamos dejando influir por lo que de ese tipo de personas – y ya estamos catalogando – se pueda decir o se pueda comentar; las apariencias nos influyen pero también lo que parece estar en la opinión de todos; es difícil abstraernos de ese halo que muchas veces se forma en torno a las personas con que nos vamos encontrando, para tratar de fijarnos en algo más fundamental.

El vecino es así, porque es de esa familia y ya sabemos lo que siempre se ha dicho de esa gente; aquel que vemos quizás mal vestido, ya fácilmente lo ponemos en el grupo de los indeseables; el otro que vemos rodeado de ciertos amigos o de ciertas personas, ya estamos diciendo que todos son iguales y dime con quién andas y te diré quien eres. Y así podríamos seguir diciendo muchas cosas. Claro que por ahí anda también aquello de que las cosas se ven según el color del cristal con el que miremos; que será el color o serán las legañas de nuestras torcidas intenciones.

No eran esos los criterios del actuar de Jesús. Va rompiendo moldes. Al pasar vio a Leví sentado en el mostrador de los impuestos. Según el criterio común de la gente era un indeseable, colaborador del poder opresor de los romanos al recaudar impuestos para ellos, y además con fama de usureros y ladrones por su manejo de los dineros y las riquezas acumuladas. Los llamaban los publicanos, algo así, como los pecadores públicos. Aquellos que se consideraban puros y justos con ellos no se mezclaban.

Pero Jesús se detiene ante aquella garita e invita a Leví a seguirle para ser uno del grupo de sus discípulos más cercanos. El escándalo estaba servido. ¿Cómo se mezclaba Jesús con publicanos y pecadores? Porque además se había celebrado un banquete donde estaban sentados a la mesa todos juntos. Por aquí andan los escribas y los fariseos con sus comentarios. ‘¿Por qué come con publicanos y pecadores?’

A Jesús no le importaban aquellos comentarios. Así algún día le reconocerán que es veraz y no le importa lo que puedan decir los demás. Pero es que Jesús además miraba otra cosa. ‘No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores’. Jesús había mirado a Leví, a la persona, y para Leví se le abrió otro horizonte, un horizonte de nueva vida, un horizonte de misericordia, un horizonte de compartir fraterno. Había otras posibilidades, había otros caminos que se estaban abriendo bajo sus pies.

Con la mirada turbia de los fariseos es difícil que podamos ayudar a alguien a que se le abran otros horizontes en su vida. Qué importante la mirada con que nosotros miremos a aquellas personas con las que nos vamos encontrando en el camino; demasiadas veces es de indiferencia, muchas veces es una mirada fría, muchas veces es una mirada juzgadora; quien se siente mirado así puede perder la ilusión por caminar, por levantarse, por emprender otras sendas.

Intentemos que nuestra mirada sea siempre estimulante, de ánimo, sembradora de esperanza, que abra caminos, que le digamos a la persona que confiamos en ella, que llegue al corazón para que la persona también comience a creer en si misma, para que se sienta con ánimo de emprender otros vuelos.


martes, 28 de diciembre de 2021

Despierta y levántate para descubrir quienes son los santos inocentes de hoy ante los que no podemos quedarnos insensibles cerrando los oídos a sus gritos

 


Despierta y levántate para descubrir quienes son los santos inocentes de hoy ante los que no podemos quedarnos insensibles cerrando los oídos a sus gritos

Juan 1, 5 – 2, 2; Sal 123; Mateo 2, 13-18

Hay ocasiones en que aunque nos vaya mal preferimos seguir como estamos antes que el esfuerzo de despertar y levantarnos para tratar de encontrar un camino mejor. Muchas veces vamos de pasivos en la vida, nos da pereza tener que esforzarnos para cambiar y fácilmente caemos en una rutina que nos adormece. Solo los que son capaces de mirar alto distinto y con mayor altura, solo los capaces de esforzarse por levantarse y cambiar podrán lograr algo. Y en muchas cosas de la vida nos pasa; tratamos de hacer nuestros arreglos, nuestros apaños, pero no ponemos toda la voluntad que necesitamos para tratar de ver algo distinto. En cierto modo necesitamos ser soñadores, porque aunque sea en sueños podemos vislumbrar que las cosas pueden ser distintas, que se pueden hacer de otra manera, y seremos capaces de levantarnos para ponernos en camino.

En este día en que la liturgia conmemora a los santos inocentes de Belén, que por otra parte popularmente tratamos de llenar de humor con nuestras inocentadas, a pesar del drama que significa lo que conmemoramos, necesitamos adentrarnos un poco más en el evangelio, que como siempre quiere abrirnos nuevos caminos.

El texto ha partido del episodio de los magos de Oriente que porque fueron capaces de levantar la mirada a lo alto descubrieron una nueva estrella que les iba a conducir a Belén. Fue un levantar la mirada a lo alto y escuchar una voz en su interior que los hacía ponerse en camino porque lo que estaban contemplando tenía un significado hondo aunque ellos quizá en principio no fueran capaces de ver todo su alcance. Pero habían levantado la mirada a lo alto para soñar con algo nuevo y distinto.

Pero el episodio se centrará luego en el sueño de José que le hace levantarse también y marchar con el Niño y su madre a Egipto. ¿Eran sueños? Era algo más que sueños que puedan llenarnos de pesadillas en la noche. En el sueño vislumbraba algo distinto y era capaz de escuchar la voz de Dios que en un ángel se le manifestaba. Alguien podría hablar de supersticiones y fantochadas, pero hay unos hechos que se cumplieron y la vida del Niño pudo salvarse aunque fuera tras un arduo camino de huida a Egipto. José era un hombre creyente y estaba dispuesto a escuchar la voz de Dios aunque llegara a él a través de sueños.

Mucho nos están enseñando estos episodios. ‘Levántate…’ le decía la voz del ángel a José, como un día una voz semejante había hecho levantarse a aquellos magos de Oriente para ponerse en camino.

‘Levántate…’ podemos estar sintiendo que se nos dice también, levántate y sueña con algo distinto, levántate y sé capaz de descubrir nuevos caminos, levántate y descubre el mundo de sombras que puede haber a tu alrededor, levántate y mira la crueldad del sufrimiento de muchos en tu entorno… no podemos quedarnos adormecidos, no podemos quedarnos insensibles ante las violencias de nuestro mundo que sufren niños, que sufren mayores, que sufren las mujeres, no podemos cruzarnos de brazos ante tantas soledades de personas mayores o de tantos que no tienen una voz que los defienda, una mano amiga que les ayude a caminar, un corazón ardiente que les llene de nuevo de ilusión y de esperanza.

Son los santos inocentes del mundo de hoy. Tratemos de descubrirlos porque ahí a nuestro lado están. Nosotros no podemos refugiarnos en la huida, nosotros tenemos que ponernos manos a la obra para que las cosas cambien. Escuchamos el llanto y los gritos ¿y vamos a cerrar nuestros oídos?

viernes, 21 de mayo de 2021

La mano del Señor nos da siempre otras oportunidades, abre quizás otros caminos insospechados para nosotros, con el amor del Señor nuestros horizontes no se cerrarán

 


La mano del Señor nos da siempre otras oportunidades, abre quizás otros caminos insospechados para nosotros, con el amor del Señor nuestros horizontes no se cerrarán

Hechos de los apóstoles 25, 13b-21; Sal 102; Juan 21, 15-19

Estaban disfrutando del encuentro con el Señor resucitado. Allá en la orilla, mientras ellos se habían pasado la noche en el lago intentando pescar sin coger nada, estaba Jesús, aunque no lo habían reconocido. Muchas veces les costaba reconocerle, tenían sus miedos y sus dudas, pensaban en fantasmas o iban tan cegatos con sus preocupaciones que no se daban cuenta que era Jesús el que caminaba con ellos. Les sucedió a los de Emaús y ahora les sucede a aquel reducido grupo que con Pedro se habían ido de nuevo a las redes de pesca.

Cuando les habla desde la orilla interesándose primero por si han pescado algo y señalando luego que al otro lado de la barca hay un cardumen de peces, no lo reconocen. Sería Juan, el discípulo especialmente amado de Jesús, quien se diera cuenta y le dijera a Pedro por lo bajo que quien estaba en la orilla era el Señor. No fueron necesarias más palabras para que todos lo reconocieran, Pedro se lanzará al agua para llegar primero y los demás arrastrarán la barca con las redes con lo que habían pescado para llegar también a los pies de Jesús. Todo estaba preparado; ya había sobre unas brasas un pan recién preparado y unos peces que se estaban asando. Nadie preguntaba nada porque sabían ya que era Jesús.

Y es en medio de aquella alegría cuando surgen las preguntas de Jesús a Pedro que a todos sorprenderían. ‘Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?’ ¿Qué podía responder Pedro en aquel momento? En la cena había porfiado con el mismo Jesús diciéndole cuánto le amaba que estaba dispuesto a dar la vida por El. Tantas veces se había manifestado el amor fiel que Pedro sentía por Jesús para adelantarse en las respuestas a las preguntas que Jesús hiciera, para tratar de disuadirlo de que subiera a Jerusalén si le iba a pasar todo aquello que Jesús anunciaba, aunque eso no le podía pasar, allá en el huerto había sacado una espada que llevaba oculta para defender a Jesús en su prendimiento. Todo manifestaba el amor grande que le tenía y ahora Jesús viene preguntando ‘Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?’

Claro que por medio había unas sombras. En su afán por estar cerca de Jesús lo había seguido y se había metido en la boca del lobo; allá en el patio del pontífice se había mezclado con los criados y la soldadesca que había salido a prender a Jesús, quizás con el deseo de saber cómo acababa aquello y acaso con la esperanza de que pronto lo dejarían en libertad. Pero su acento lo delató, porque era galileo que tenían una forma distinta de hablar, alguno de los que habían ido al huerto lo había reconocido, y comienzan las preguntas. ‘Tú eres uno de ellos… tú eres galileo que el habla te delata… yo te vi en el huerto…’ claro se había hecho notar con lo herir en la oreja a uno de los criados del pontífice. Y no había podido resistir. El miedo lo había acobardado y no quería reconocerlo; había negado conocer a Jesús.

Pregunta de Jesús que se repite por tres veces, como tres habían sido las veces que le había negado antes de que el gallo cantara, como Jesús mismo se lo había anunciado. Amargas habían sido las lágrimas que había derramado a causa de aquella negación. Pero Jesús ahora parece que lo único que le interesa es su amor. ‘Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?’ Y así había sido la pregunta por tres veces también. ‘Tu sabes que te quiero, tu lo sabes todo…’ insiste Pedro una y otra vez no encontrando palabras con las que prometerle su amor. Pero Jesús parece que no está tan pendiente de la respuesta de Pedro sino de la misión que sigue confiándole. Un día le había dicho que era la piedra sobre la que fundamentaría su Iglesia y le daría las llaves del Reino de los cielos, ahora le confía su rebaño, sus ovejas, sus corderos. Ha de ser el buen pastor como Jesús, en nombre de Jesús, con la misma misión de Jesús.  Jesús sigue confiando en él.

¿Por dónde andan nuestras porfías de amor a pesar de nuestras debilidades, nuestras negaciones y nuestras caídas? Pongamos a juego todo nuestro amor, porque el amor de Dios sigue confiando en nosotros. Quizás los hombres no confiemos los unos en los otros cuando vemos debilidades y caídas – somos tan fáciles para retirar la confianza – pero la mano del Señor está siempre sobre nosotros, no nos abandona ni nos deja. La mano del Señor nos da otras oportunidades, abre quizás otros caminos insospechados para nosotros, con el amor del Señor nuestros horizontes no se cerrarán. No dejemos de confiar en el Señor y mostrarle nuestro amor que su amor no nos faltará, y siempre encontraremos caminos por donde mostrarlo.

martes, 16 de marzo de 2021

Jesús va delante abriendo caminos, rompiendo barreras, haciendo visibles otros horizontes, dándole sensibilidad a la vida para encontrar un sentido nuevo de existir

 


Jesús va delante abriendo caminos, rompiendo barreras, haciendo visibles otros horizontes, dándole sensibilidad a la vida para encontrar un sentido nuevo de existir

Ezequiel 47, 1-9. 12; Sal 45; Juan 5, 1-16

El agua siempre decimos es fuente de vida, pues sin agua no podemos vivir y es la esperanza de todos los pueblos sedientos - ¿no andamos buscando indicios de agua en el planeta Marte para saber si allí hubo vida o allí un día podríamos vivir – pero también la podemos ver como causa de destrucción y de muerte como podemos contemplar en graves y grandes cataclismos de la humanidad, en torrentes que se desbordan, en lluvias torrenciales que todo lo inundan, o en aguas desbocadas que van produciendo destrucción a su paso por donde sea.

Igualmente podemos decir el agua puede ser círculo que nos encierre e incomunique, o al mismo tiempo camino que se abre en el mar que nos lleva otros horizontes, a otros lugares, o al encuentro con otros pueblos y personas.

Recuerdo hace muchísimos años asistiendo a un curso en Madrid, alguien que procedía no recuerdo bien de qué región española, al saber que yo vivía en las islas me decía que él no podría vivir en una isla porque se sentía encerrado en ella rodeado de mar por todas partes; yo le decía lo contrario, que no me sentía cerrado sino abierto a otros horizontes, que contemplar el horizonte en el mar que nos rodea me llevaba aunque fuera en la imaginación y en el deseo hacia otros mundos y hacia otros países, que el mar era para mi camino que me llevaba a otros lugares y me abría al contacto con otros pueblos.

No sé si a todos los que vivimos en islas les sucede así, pero mi experiencia desde niño al ver partir a mis hermanos primero y luego a mi padre en un barco que se hacía a la mar y que los llevaba a otros mundos buscando una vida mejor, era imagen que se había quedado grabada en mí y me abría a nuevos horizontes a pesar de lo traumático de aquellas despedidas.

Mucho significado y mucha riqueza podemos encontrar en la imagen del agua, signo de vida como puede ser signo también de purificación y de un renacer y de un revivir. Así nos la presenta la Biblia en muchísimas ocasiones, tal como hoy también escuchamos. El profeta nos habla del agua que manaba del templo del Señor y que llegaba al mar de aguas pútridas para purificarlo y llenarlo de vida; cómo a su paso van apareciendo las plantas y la vida, sus orillas se llenan de árboles frutales, como un signo de la vida y de la salvación que manan de las plantas de Dios.

Ha servido de texto de referencia para lo que luego escuchamos en el evangelio. Se nos habla de una piscina que con el movimiento milagroso de sus aguas también llenan de vida y salvación a los enfermos postrados en sus pórticos si a tiempo se pueden introducir en esa agua. Pero allí hay un enfermo que lleva muchos años, treinta y ocho nos apunta el evangelista, sin poderse introducir a tiempo en el agua porque no tenía quien le echara una mano. Nos habla de una discapacidad en su parálisis, pero nos habla en una soledad en la insolidaridad de los que le rodean. No puede llegar al agua de la vida y que podría traerle la salvación. Un pequeño salto desde el pórtico donde estaba postrado que se convertía en una barrera infranqueable que le impedía alcanzar la vida.

Creo que casi debemos detenernos ahí en este momento. Cuántas barreras que encontramos en la vida, que nos pueden encerrar, que nos pueden impedir incluso soñar con ir más allá, que son obstáculo para que nos abramos otros caminos en la vida. la barrera principal no era la discapacidad; la barrera y la discapacidad está en quienes podemos ayudar y no ayudamos, en quienes tendríamos que pensar en los que nos rodean pero solo pensamos en nosotros mismos, en quienes vamos poniendo obstáculos porque pensamos más en unos protocolos, normas o preceptos que en el dolor que puede haber en otros corazones, en quienes tendríamos que tener los brazos abiertos pero solo nos palpamos a nosotros mismos y a nuestros intereses, a quienes tendríamos que ser sensibles ante las limitaciones en que se podrían encontrar muchos de los que nos rodean, pero preferimos mirar a otro lado o hacernos los ciegos en nuestra insensibilidad.

Menos mal que Jesús va delante de nosotros abriendo caminos; no se deja notar porque ni siquiera aquel hombre curado sabrá quien es el que lo ha curado, pero ahí queda su obra, su salvación, su vida que va repartiendo por doquier. No se pone medallas por lo que ha hecho sino solo le pide la fe y la confianza a aquel hombre para que ahora comience a portarse de manera nueva no vaya a caer en las mismas insensibilidades de los que le rodeaban y le tenían sumido en la más terrible soledad.

Y nosotros ¿qué vamos a hacer? ¿Nos sentiremos igualmente encerrados o nos abriremos a los nuevos horizontes que Jesús pone delante de nosotros?