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jueves, 9 de julio de 2026

no son los medios sino nuestra humilde disponibilidad y generosidad

 


No son los medios sino nuestra humilde disponibilidad y nuestra generosidad con los hacemos el anuncio del Reino

Oseas 11, 1-4. 8c-9; Salmo 79; Mateo 10, 7-15

La vida no depende solamente de los medios materiales que tengamos; son necesarios porque además vivimos en un mundo excesivamente mercantilista y a todo le ponemos precio y para todo parece que necesitaríamos esos medios materiales. pero vivir es algo más; hacer por la vida no se reduce a que tengamos o no tengamos medios materiales, porque estamos nosotros, con nuestro ser, nuestros valores, nuestras capacidades y muchas veces sin un duro podemos hacer maravillas. Es lo que nosotros nos implicamos desde lo más hondo de nosotros mismos. Y esto podemos decirlo, aunque muchas veces nos cueste comprenderlo y hacerlo, de todos los aspectos de la vida.

Parto de esa experiencia humana que tendríamos que saber trasladar a lo que es la vida de la Iglesia y su acción pastoral; muchas veces decimos que nos vemos con las manos atadas para tantos proyectos que quisiéramos realizar porque decimos que no tenemos medios. ¿Dónde están las personas y su compromiso? ¿Dónde está el dejarnos en verdad conducir por el Espíritu? Es a lo que nos quiere conducir hoy el evangelio.

Ayer escuchábamos cómo escoge a doce de entre todos sus discípulos para que sean los Apóstoles, sus principales enviados, como imagen además de lo que será el envío que nos haga a todos. Y con los poderes, como decíamos ayer, que les da han de ir realizando lo mismo que Jesús para hacer el anuncio del Reino de Dios y mostrar las señales de que nos ha llegado el Reino de Dios.

Pero hoy Jesús nos da unos detalles para cómo realizar esa misión. Y nos envía sin nada, quiere que vayamos desprendidos, por eso ni dinero en el bolsillo ni túnicas de repuesto, solo unas sandalias y un bastón para el camino. Han de ir con la disponibilidad del corazón pero también abiertos a lo que puedan recibir. Por eso les dice que se queden en la casa donde los reciban. No van desde el poderío ni desde las distancias de sentirse ricos y poderosos, van con la humildad de la pobreza y de los que saben que dependen no de sí mismos sino en este caso de los demás, de allí donde los reciban, y por supuesto del Espíritu del Señor que es su fortaleza y su sabiduría.

Nos tiene que hacer pensar, es cierto, en nuestros grandes proyectos pastorales y de lo que llamamos el prestigio de la Iglesia que queremos conservar; pero el prestigio y el valor ni está en las grandes obras, ni en la presentación ostentosa de la presencia de la Iglesia. De cuántas vanidades y orgullos nos tenemos que desprender para ser en verdad esa Iglesia de Jesús tal como vemos en aquella primera comunidad que se reunió en torno a Él.

Pero también nos lo tenemos que pensar a la hora de lo buenos que tenemos que hacer a los demás, de la semilla que tenemos que ir sembrando en nuestro mundo, de ese compromiso con que hemos de vivir nuestra vida alentada por el espíritu de la fe. No podemos, no somos capaces, no sabemos qué hacer, no tenemos medios… son cosas que nos decimos y tras las que nos escudamos y al final terminamos sin hacer nada. ¿Dónde está nuestro amor? ¿Dónde está nuestra disponibilidad y la generosidad de nuestro corazón? 

Muchas cosas tenemos que pensar y revisar, muchas decisiones serias y valientes tenemos que tomar, mucha confianza hemos de poner en el Señor.


viernes, 13 de febrero de 2026

Hemos nacido para comunicarnos pero Dios quiere que nazca en nosotros un hombre nuevo para una nueva humanidad, amasada en la comunión y en el amor

 


Hemos nacido para comunicarnos pero Dios quiere que nazca en nosotros un hombre nuevo para una nueva humanidad, amasada en la comunión y en el amor

1 Reyes 11,29-32; 12,19; Salmo 80; Marcos 7,31-37

Qué importante y necesario es que nuestros sentidos, podríamos decirlo así, estén despiertos, estén en la plenitud de lo que están llamados a ser; podemos olfatear el perfume de una rosa como podemos contemplar la belleza de su forma y colorido, podemos llevarla en nuestras manos y convertirla en una ofrenda de amistad y de amor a aquellos que apreciamos y que amamos; podemos escuchar el sonido cantarino de cuanto nos rodea, pero sobre todo podemos entrar en comunicación con los demás escuchándoles y entrando en diálogo de amistad con los que nos rodean. Qué tremendas barreras se interponen cuando nos falla alguno de nuestros sentidos, de alguna manera es como si nos sintiéramos mutilados porque algo ya nos está fallando en nuestra comunicación aunque tengamos el ingenio de buscar otros medios para esa comunicación que nos falta.

Es muy significativo el milagro del que nos habla hoy el evangelio. Jesús, además en esta ocasión, estaba también fuera del territorio propiamente judío, pues estaba en la Decápolis, una zona bordeando la Galilea pero que realmente era tierra de paganos. Es importante el detalle, pero fijémonos en la intensidad a la que vez que sencillez del relato. Le traen un sordomudo para que lo cure. Hay un trato muy humano y personalizado de Jesús con este hombre expresado en los gestos que acompañan el hecho. Jesús toca los oídos y la lengua de este hombre. Solo hay una palabra, ‘Effetá’, ¡ábrete! Y aquel hombre pudo oír y pudo hablar, pudo entrar de nuevo en relación con los demás saliendo de ese mundo de silencio en que vivía.

¿Qué significará para nosotros? Aunque muchos sean los ruidos que nos rodean y nos aturden en este mundo en que vivimos algunas veces queremos aislarnos, y no porque le temamos a los ruidos que muchas veces los buscamos, sino porque quizás no queremos que llegue a nosotros ese sonido incisivo, esa palabra clara y diáfana que nos va a hacer encontrarnos con nosotros mismos o también con la autentica realidad que nos rodea. Nos queremos desentender, no queremos saber en tantas ocasiones, porque en medio de esos sonidos que nos llegan pueda haber interpelaciones a nuestra vida, pueden planteársenos interrogantes, se nos pueden estar pidiendo respuestas que quizás no queremos dar para no comprometernos.

No son ya las carencias que podamos tener en nuestros sentidos sino las sorderas que nos buscamos, las barreras que ponemos, las distancias que vamos creando, allí donde hay una palabra o una realidad que quizás hiere nuestra sensibilidad y no queremos sufrir y por eso no nos queremos enterar. Nos sucede en relación a la realidad de ese mundo que nos rodea, pero tendríamos que analizar si acaso nos está sucediendo con aquellos que son más cercanos a nosotros, en la pareja, en la familia, en el grupo de los amigos, en ese mundo complejo de los compañeros de trabajo, comenzamos a no escuchar, a pasar de largo, a hacernos los sordos, a aislarnos queriendo vivir encerrados ‘pacificamente’ en nuestra torre, pero donde la larga no vamos a encontrar paz.

El evangelio llega a nosotros en esa mano de Jesús que nos toca, nos quiere hacer despertar, que mete sus dedos en nuestros oídos o nos toca nuestra lengua. ‘Effetá’, nos dice. Abre tus oídos, suelta tu lengua, escucha, escucha a quien te habla y quiere entrar en comunicación contigo. Escucha la Palabra de Dios que viene a despertar tu vida para que formemos un mundo nuevo, Reino de Dios lo llamamos, donde se haga una nueva familia, un nuevo sentido de humanidad. Hemos nacido para comunicarnos pero Dios quiere que nazca en nosotros un hombre nuevo para una nueva humanidad, amasada en la comunión y en el amor.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Encontremos el verdadero sentido del vivir que es dar vida, multiplicar la vida siendo agradecidos con la vida que se nos ha regalado haciendo ese regalo también a los demás

 


Encontremos el verdadero sentido del vivir que es dar vida, multiplicar la vida siendo agradecidos con la vida que se nos ha regalado haciendo ese regalo también a los demás

2Macabeos 7,1.20-31; Salmo 16; Lucas 19,11-28

La vida es un don, como un regalo que se nos da. Por eso la vida necesariamente se hace don. No es algo que se pueda encerrar, no es algo que se pueda acaparar; donde hay vida tiene que multiplicarse; si no la dejamos expandirse es que se muere, se difumina, desaparece. Es que la vida es expansiva. En quien vive no caben los egoísmos, el encerrarse en sí mismo o en pensar solo en ganar para sí mismo, porque el verdadero sentido de vivir es darse. Y nos damos porque somos agradecidos y la mejor forma de manifestar esa gratitud es dándonos creando vida, dándonos compartiendo todo lo que es nuestra vida, todo lo que hemos recibido.

Quien no es capaz de compartir la vida se muere; las personas encerradas en sí mismos, pensando solo en si mismos, son las más desgraciadas porque han perdido la verdadera ilusión de vivir, de lo que es la vida. Cuántos contemplamos en la vida que andan aburridos y sin encontrarle sentido a lo que hacen, porque solo piensan en sí mismos y no han descubierto la ganancia que es vivir y crear vida. Muchos viejos que se mueren contemplamos, y no son viejos porque tengan muchos años, sino porque no han encontrado sentido a su vivir. Aparecen los miedos y las desconfianzas, aparece el deseo de guardarlo tanto para no perderlo que al final se pudre esa vida y se llena de muerte.

Los que seguimos a Jesús somos los más amantes de la vida. Sentimos el regalo que Dios nos hace cuando nos ha dado a Jesús que viene a ayudarnos a comprender ese sentido de la vida. Solo es necesario contemplarlo a Él, no vive para sí sino para amar. Su vida es amar, su vida es entrega, su vida es don, su vida es toda generosidad. Será lo que nos enseña también con sus palabras. Es la promesa de vida que nos hace si llegamos a comprender el sentido de la vida que Él nos ofrece y tratamos de vivirlo.

Ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia, nos enseña la Palabra de Dios. Por eso nos habla de vida eterna, que no es solo pensar en un más allá, que tenemos que pensarlo para aprender a trascendernos, sino que ese vivir la vida eterna es vivirlo ahora porque con Él aprendemos a vivir para siempre. Quien sigue a Jesús quita todos los signos de muerte, quien sigue a Jesús es agradecido y ama, no se reserva nada para sí, no camina con desconfianzas y cerrazones, su camino es repartir vida.

De eso nos está hablando Jesús con sus parábolas, como la que hoy se nos ofrece. La parábola de los talentos, solemos llamarla, por esos talentos, o minas de oro como se nos dice en la versión del evangelio de este día, pero que no son para guardarlos y esconderlos porque miedo a perderles, sino que hay que trabajarlos, hay que negociarlos, hay que hacerlos producir. Es lo que hemos de hacer con la vida, como hemos venido reflexionando.

Y entonces seremos felices, sentiremos la verdadera alegría de la vida; los que solo piensan en sí mismos no llegan a comprender lo que es la verdadera alegría de la vida, necesitarán sucedáneos para poder estar alegres, buscarán estimulantes que lo hacen es quemarnos porque cuando nos fallen esos estimulantes externos nos quedaremos vacíos y sin vida, sin haber podido disfrutar de verdad de la vida.

Leamos y releamos esta parábola que hoy Jesús nos propone y plasmémosla en nuestra propia vida. Encontraremos el verdadero sentido del vivir.


sábado, 16 de agosto de 2025

Quitemos filtros y prevenciones de la vida y podremos entrar en la órbita del Reino de Dios que se revela de manera especial a los pobres y sencillos de corazón

 

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Quitemos filtros y prevenciones de la vida y podremos entrar en la órbita del Reino de Dios que se revela de manera especial a los pobres y sencillos de corazón

 Josué 24,14-29; Salmo 15; Mateo 19,13-15

Cuando yo sea mayor… es la expresión que mas de una vez hemos escuchado a un niño o a un muchacho; parece que el niño no quiere ser niño siempre, se ve creciendo a si mismo y cómo su vida cambia en algunos aspectos, pero se compara con los mayores y quiere ser como ellos; sueños de libertad quizás, porque le parece que en su infancia no puede hacer todo lo que quiere o como lo quiere, sueños de una vida distinta en la que se sienta fuerte porque no quiere verse manipulado por nadie y le parece que lo que ahora le dicen sus mayores lo están manipulando y él quiere hacer las cosas a su manera y cuando le de la gana. Cuando sea mayor, y se ve poderoso y dominante, se cree que va a ser el dueño del mundo. No quiere seguir siendo niño. ¿No habrá aprendido lo que significa de riqueza la niñez como una piedra base para su madurez futura?

Claro que somos nosotros los mayores también los que tenemos que preguntarnos si sabemos lo que es la riqueza de la niñez, los valores que allí podemos encontrar, lo maravilloso que podemos descubrir si observamos atentamente lo que significa ser niño. ¿Seremos acaso nosotros también los que los descartamos y los queremos quitar de en medio como les estaba sucediendo a aquellos celosos discípulos de Jesús que pensaban que era una molestia la presencia de aquellos niños en el entorno de Jesús? Querían quitarlos de en medio.

Y Jesús les dice que no, que no impidáis que aquellos niños se acerquen a El. ¿Acaso será que Jesús quiere que nosotros nos acerquemos a El a la manera de los niños? No son barreras sino puentes lo que hemos de poner. Porque además Jesús nos dice que solo de los que son como niños es el Reino de los cielos. ¿Es un reino infantil? Cuidado que algunas veces infantilicemos la religión, la manera de acerarnos y relacionarnos con Dios. Cuidado con el lenguaje que usemos demasiado infantilizado que luego no nos va a servir cuando en verdad maduremos y necesitamos una manera madura de relacionarnos con Dios. ¿No nos sucederá que nos preocupemos mucho de acciones pastorales para los niños  pero luego no ponemos la misma intensidad para cuando no son tan niños o para cuando son adultos?

Con todo esto, sin embargo, parece que de alguna manera las palabras de Jesús nos desconciertan. Nos dice que de los que son como niños es el Reino de los cielos. Ya en otra ocasión nos dirá que la buena noticia hay que darla a los pobres; o que los que parecen que no saben nada por su condición humilde y pequeña, sin embargo será a los que se les revelará los secretos del Reino de Dios; y serán los aparentemente están mas lejos del sentido del Reino porque son pecadores a los que Jesús se acerca y los que mejores y más dispuestas respuestas van a dar a ese anuncio del Reino de Dios. ¿Paradojas?

Hoy nos habla de los niños, del candor y espontaneidad de los niños, de su disponibilidad siempre a flor de piel, de su sonrisa limpia, de los ojos que miran profundamente con curiosidad, de los que buscan y quieren aprender porque sus deseos de crecimiento no son solo de lo corporal sino de lo que mejor puedan aprender. Los niños no ponen filtros ni condiciones, los niños se acercan y juegan con todos sin distinción si nosotros no los hemos marcado antes con nuestras prevenciones. ¿No puede ser esa una base sólida para la construcción del Reino de Dios en nosotros? Con un corazón así limpio y generoso tenemos que aprender a acercarnos a Jesús.

No es ya cuestión de que los niños quieran parecerse a los mayores – y lo malo es que los contagiemos con nuestros filtros y pretensiones – sino que nosotros nos hagamos cono niños – despojándonos de tantas prevenciones con que vamos por la vida - para llegar a vivir en toda su intensidad lo que es el Reino de Dios.

domingo, 20 de julio de 2025

Mientras nos sentamos a los pies de Jesús tengamos abiertas las puertas de nuestro patio para vivir lo maravilloso de la acogida que nos hace sentir también a Dios

 


Mientras nos sentamos a los pies de Jesús tengamos abiertas las puertas de nuestro patio para vivir lo maravilloso de la acogida que nos hace sentir también a Dios

Génesis 18, 1-10; Sal. 14; Colosenses 1, 24-28; Lucas, 10, 38-42

Un hogar es algo más que una estancia con unas puertas cerradas para vivir encerrados dentro de unos límites. Un hogar tiene patio y unas puertas que se abren y depende de nosotros si siempre las tenemos abiertas. Es cierto que un hogar es como ese nido de la familia donde nacimos, crecimos, nos desarrollamos y podemos vivir una hermosa experiencia de que nos introduce en caminos de plenitud.

Pero el hogar no es para mirarse solo a si mismo, sino que en cierto modo podemos decir que es también, que debe ser también una pista de despeje. En él, es cierto, hemos encontrado lo mejor para el aprendizaje de ese desarrollo de uno mismo, desde el amor de unos padres, pero desde la convivencia amorosa de todos los miembros de la familia que nos hace crecer.

Pero el hogar no nos aísla, por eso decíamos que tiene patio y puertas que se abren para salir y para entrar, nosotros y también a los que vienen a nosotros con nuestra mejor acogida por nuestra parte. Cuanto han aprendido los que han tenido un hogar así, abierto y acogedor, y como luego su vida se va a desarrollar también en esa acogida pero también en esa ida hacia los otros. Si ha sido de verdad ese nido de amor y de vida para nosotros, hemos estado inundados y contagiados de tal manera por ese amor que se hace difusivo y contagioso a través de nosotros para los demás. No podemos tener las puertas cerradas porque el amor resuma desde ese lugar.

Lo estamos viendo en la palabra de Dios que se nos ofrece en este domingo. Abrahán sentado a la sombra de la encina de Mambré y a la puerta de su tienda acoge en aquellos caminantes a Dios mismo que le visita y a los que ofrece lo mejor de su casa, agua para que laven sus pies y un bocado para recobrar fuerzas para proseguir el camino, como signos hermosos de la hospitalidad. Dios que llega hasta su tienda – imagen del misterio de Dios y de la misma Santísima Trinidad han visto desde siempre los santos padres de la Iglesia en este episodio – que mantiene sus promesas de alianza con Abrahán anunciándole el nacimiento de un hijo, el hijo de la promesa.

En ese mismo sentido escuchamos el relato del evangelio. Jesús de camino hacia Jerusalén se detiene en aquel hogar de Betania, en casa de Marta y María; pronto se pone en juego igualmente la ley de la hospitalidad en la forma que una y otra aquellas mujeres acogen a Jesús con sus puertas abiertas. Es sí la disponibilidad pronta para el servicio de Marta que se afana en hacer todos los preparativos necesarios para la acogida de aquellos huéspedes, pero es también la actitud de María sentada a los pies de Jesús y no perdiéndose ni una de sus palabras.

Siempre nos hacemos nuestras interpretaciones como si hubiera una oposición en la actitud de aquellas hermanas, primero por la queja de Marta que se ve sola para todas las tareas, porque le parece que su hermana no le ayuda, y también por las palabras de Jesús a las que siempre le hemos dado muchas vueltas. ‘María ha escogido la mejor parte’. ¿No era una parte importante también el servicio de los preparativos?

Podríamos preguntarnos si nos parece bien dejar a nuestro invitado solo y encerrado en la sala mientras nos vamos para la cocina pensando solo en hacer café para ofrecerle o preparar unas tortitas... ¿Dónde está la compañía y la presencia? Jesús no dice que no fuera importante y no está queriendo contraponer una cosa a la otra. Jesús nos quiere a ayudar a hacer una verdadera escala de valores para estar a su tiempo en casa lugar.

Creo que esto nos puede ayudar para muchas cosas empezando por lo que es nuestra vida ordinaria de relación con los demás. Damos cosas pero no damos amor; hacemos regalos, pero no regalamos presencia y compañía. Somos capaces de dar algo de nuestro dinero – y mira que nos cuesta desprendernos de nuestro dinero – pero no nos detenemos a mirar a los ojos y hablar con esa persona que nos ha tendido la mano pidiendo una limosna. Nos quejamos de la inhumanidad en la que vivimos a causa de tantos conflictos que hay en nuestro mundo, y miramos con desdén o por encima del hombre para mantener las distancias al inmigrante con el que nos cruzamos por la calle.

Y aquí podemos pensar también en todo lo que significa nuestra relación con Dios y el fondo de nuestra vida cristiana. Resumiendo podríamos decir que sin escuchar a Jesús difícil nos va a ser mantener de forma auténtica todo lo que es nuestro compromiso cristiano. No se trata solo de hacer cosas, podemos caer desde nuestra buena voluntad en el activismo cuando vemos cuanto hay que hacer, pero necesitamos saber encontrar esa fuerza interior para poder realizarlo. Y cuando hablamos de esa fuerza interior no es cuestión solo de nuestra voluntad, de lo que nosotros queremos y por lo que nos esforzamos, sin la fuerza que viene de Dios nada somos y nada podremos.

¿No nos dirá Jesús que sin El nada podemos hacer? Para que el sarmiento dé fruto tiene que estar bien enraizado en la cepa de la viña, si lo desgajamos para nada nos sirve porque se seca. ¿No nos pasará muchas veces así a los cristianos? Vivimos enfervorizados queriendo tragarnos el mundo en dos días, pero al cuarto día nuestras fuerzas se acabaron, aquella fiebre de entusiasmo se enfrió y comenzamos a resbalar por la pendiente de la tibieza espiritual que terminará apagándose del todo.

Sepamos sentarnos a los pies de Jesús para que podamos tener las puertas de nuestro patio abiertas; acogiendo a Jesús aprenderemos a acoger a los demás, porque cuando acogemos a los demás nos daremos cuenta que estamos acogiendo a Jesús. Pero sin ese hilo de amistad con Jesús no lo podremos ver ni lo podremos lograr.

miércoles, 16 de julio de 2025

Seamos capaces de descalzarnos con humildad y sencillez para abrirnos al misterio de Dios que se nos revela y ponernos en camino a nueva misión

 


Seamos capaces de descalzarnos con humildad y sencillez para abrirnos al misterio de Dios que se nos revela y ponernos en camino a nueva misión

Éxodo 3,1-6.9-12; Salmo 102; Mateo 11,25-27

Salvo por los esnobismos en ropajes y atuendos que hoy están de modo en este mundo postmoderno, cosa que a los de nuestra generación, ya mayores, nos cuesta entender, el contemplar a alguien que se acerca a nosotros o camina en medio nuestro con los pies descalzos es algo que nos produce gran impresión; nos hablará quizás de pobreza y de humildad, nos puede hablar de un sentirse desasistidos pero también de un desprendimiento, nos puede hablar de quien pone los pies sobre la tierra para sentir todo lo que esa tierra nos puede transmitir en muchas sensaciones, nos puede hablar de unos pies fríos porque en la vida les puede estar faltando ese calor que emana del corazón para darnos una nueva vitalidad como nos puede hablar de un vacío existencial que buscamos donde llenar, nos puede hablar de un camino, incierto quizás, que pretendemos emprender no ya como una aventura sino como una misión que cumplir.

Quiero unir este pensamiento un tanto complejo que me ha surgido con lo que hoy se nos dice en la Palabra de Dios, tanto en la lectura del Éxodo, como luego en el evangelio. ‘Descálzate, porque la tierra que pisas es santa’, hemos escuchado que le dice Dios a Moisés que se ha acercado a aquella zarza ardiendo y que no se consumía, todo ello lleno de misterio. Moisés se sentía en la presencia de Dios y se descalza como Dios le pide; así con los pies descalzos, liberados de ataduras y con una nueva ligereza en nuestra vida, con disponibilidad total para dejarse conducir aunque hecho de una manera totalmente consciente, con humildad para sentir su pequeñez ante el misterio, con búsqueda de un sentido para todo aquello que está sucediendo y que cuesta comprender, con unas sensaciones nuevas dentro de sí pero con la generosidad de quien se ofrece y aceptar una misión nueva que le van a encomendar, con la curiosidad de los sencillos que buscan y que preguntan pero que al mismo tiempo son receptivos para emprender caminos nuevos que despiertan esperanzas. ¿Será lo que necesitamos para ponernos ante Dios? ¿Para descubrir y conocer todo el misterio de Dios que se nos revela?

Es la actitud nueva que nos está enseñando el evangelio hoy. Jesús da gracias al Padre por la misión que está realizando. ‘Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad’ había sido la postura de obediencia al Padre que Jesús había manifestado desde el primer instante de su presencia en medio de nosotros, como nos dice la carta a los Hebreos. Será lo que continuamente nos irá repitiendo porque ‘su alimento era hacer la voluntad del Padre’. Muchos textos en este sentido podríamos sacar del evangelio. Anunciando el Reino de Dios había ido recorriendo los caminos de Galilea y toda Palestina. ¿Quiénes eran los que primero le escuchaban y a quienes llegaba a lo hondo de sus corazones aquella esperanza que Jesús iba suscitando? Los pobres y los sencillos.

Hoy da gracias al Padre porque ha ido revelando todo este misterio no a los poderosos, sabios y entendidos – demasiado calzados en las botas del orgullo y la vanidad – sino a los sencillos de corazón, a los de pies descalzos, a los que en verdad se sentían vacíos de sí mismos y buscando llenar ese vacío en Dios, a aquellos que desde su pobreza son sin embargo los primeros que manifiestan su generosidad y desprendimiento, a los que están dispuestos a ponerse en camino aunque pocas sean las alforjas que puedan llevar, a los que un día incluso se encontrarán en el descampado escasos de pan pero que van a probar algo nuevo que da una nueva vida y que es lo que Jesús les ofrece.

¿Seremos nosotros capaces de descalzarnos para ponernos también en ese camino de búsqueda de Dios? ¿Tendremos esa humildad y sencillez de corazón para abrirlo con disponibilidad al misterio de Dios? ¿Tendremos ligereza en nuestros pies para ponernos en camino a una nueva misión, como Moisés que también recibió una nueva misión de Dios para su vida?

Contemplamos y celebramos en este día a María, la Madre del Señor, en su Advocación del Monte Carmelo o del Carmen, que nos ofrece en su escapulario el humilde delantal del servicio, porque de ahí parte el sentido de su escapulario como las vestiduras de los que se disponían a trabajar y a servir.


martes, 24 de septiembre de 2024

Una nueva dinámica para nuestra vida, la del amor, con nuevas actitudes y nuevos horizontes a los que no podemos poner barreras

 


Una nueva dinámica para nuestra vida, la del amor, con nuevas actitudes y nuevos horizontes a los que no podemos poner barreras

Proverbios 21, 1-6. 10-13; Salmo 118; Lucas 8, 19-21

Nada que tenga que ver con el amor podrá jamás encerrarnos en nosotros mismos. Dejaría de ser amor. El amor siempre es expansivo, el amor abre horizontes, nunca puede ser un circulo cerrado, nunca convierte a nadie en el centro de si mismo, amarse a si mismo para excluir a los demás no tiene sentido, nunca puede ser excluyente. Es algo de la esencia de la persona. En nombre del amor nunca podremos excluir a nadie. Cuando vamos por la vida excluyendo a personas no hemos entendido la esencia de nuestro ser y podríamos decir que nos estamos traicionando a nosotros mismos.

Sería lo que en verdad nos haría felices y crearía una humanidad de felicidad, pero sabemos que nos cuesta. No todos lo entienden ni lo viven y pueden parecer tan felices. Pero hay un vacío. Sin embargo nos confundimos y nos dejamos contagiar por esos brotes de insolidaridad y de un amor propio que no es verdadero amor y que nos llevan a la guerra. Nos hemos inventado muchas maneras de hacernos la guerra cuando dejamos meter las sombras del egoísmo y de la insolidaridad en nuestro corazón. Tenemos que estar atentos y vigilantes para encontrar lo que de verdad va a llenar nuestra vida.

Es lo que ha venido a enseñarnos Jesús. Estando con El nuestros horizontes tienen que ampliarse porque nos pone en un camino nuevo que nos lleva a la plenitud de nuestro ser. No quiere Jesús que en nombre de ningún amor entremos en esas dinámicas de exclusivismos y de exclusiones.

Hoy en el relato del evangelio se nos habla de una visita de María y sus parientes a Jesús en medio de su predicación. ‘Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte’, le dicen. Siempre en una primera impresión nos ha sorprendido la respuesta de Jesús. Se pregunta ‘¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?’ Nos podría parecer sorprendente esa pregunta que se hace Jesús y la respuesta que les da. ‘Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen’, viene a decirles Jesús.

Nos podría parecer que Jesús niega la importancia de aquella visita y de la presencia de María y su familia junto a El, pero no es así. Jesús nos está abriendo horizontes, por así decirlo. Amamos a los padres, amamos a la familia, amamos a aquellos por quienes nos sentimos queridos y amados, pero nuestro amor nunca se puede quedar ahí. El sentido de vida que Jesús nos está dando es que tenemos que ampliar esos horizontes del amor y nuestro amor tiene que ser más universal; no es un amor exclusivo, sino siempre un amor abierto. Porque quienes le escuchan, quienes escuchan la Palabra de Dios están entrando en otra órbita de la vida porque nos sentimos obligados a amar, y amar a todos sin exclusión.

Por eso como hemos venido reflexionando se acaban los exclusivismos. Como nos dirá en otro momento no solo saludamos a los que nos saludan, no solo amamos a los que nos aman, entramos en otra dinámica con un amor que tiene que ser siempre universal. Nos salimos de nosotros mismos pero no hacemos círculos que nos encierren sino que siempre tienen que estar las puertas abiertas, al horizonte de esos campos de la vida en que entramos ya no podremos poner barreras.

Qué lástima que no lo terminemos de entender; pero no solo hemos de saberlo en la cabeza – como tantas veces decimos, ‘eso lo sé yo’ – sino que tenemos que comenzarlo a sentir desde lo más hondo de nuestro corazón. Es una nueva humanidad que nace desde el amor cuando así nos sentimos amados de Dios. Porque ‘el amor consiste’, como nos dirá san Juan en sus cartas, ‘no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que Dios nos amó primero’. Es una nueva dinámica para nuestra vida que tenemos que traducirla en muchas nuevas actitudes para cuantos nos rodean.

 

miércoles, 3 de abril de 2024

Dejémonos encontrar por Jesús que llegará a través de los signos más insospechados, de las personas que menos pensamos, o de esa nueva sensibilidad del corazón

 


Dejémonos encontrar por Jesús que llegará a través de los signos más insospechados, de las personas que menos pensamos, o de esa nueva sensibilidad del corazón

Hechos de los apóstoles 3, 1-10; Salmo 104; Lucas 24, 13-35

Pero, ¿de qué están hablando ustedes? Parece que no entienden mucho lo que pasa y de lo que están hablando. De pronto alguien se ha metido en nuestra conversación y con ese poco menos que exabrupto se mete con nosotros y con lo que estamos hablando. Seguramente nos deja perplejos con esa irrupción en nuestra conversación, y habría la posibilidad de que le respondiéramos de mala manera, o si era tal el estado anímico por el que estamos pasando, nos quedamos callados sin saber qué responder o qué hacer.

¿Se sentirían así aquellos dos discípulos que en aquella tarde se marchaban a Emaús dándole vueltas y revueltas a cuando había sucedido aquellos días y para lo que terminaban de encontrar explicación? También se verían sorprendidos con aquel caminante que se une a ellos en el camino y en la conversación. Explicado un poco lo que había sucedido que no comprendían que él no lo supiera, se encuentran que el caminante va dando respuestas a todo aquello que estaba sucediendo en sus corazones.

Para ellos había sido un chasco muy grande el que habían sufrido, con el prendimiento y muerte de Jesús. Aunque recordaran que El lo había anunciado, sin embargo no lo terminaban de entender. Aunque habían venido las mujeres que habían ido al sepulcro aquella mañana diciendo que estaba vacío y unos ángeles les hablaban de que había resucitado, se lo habían tomado como visión de mujeres y no las habían creído. Ahora desalentados se vuelven a sus casas y a sus cosas, tan cegados por el sufrimiento ante todo lo que había pasado que no llegan a reconocer a quien les hablaba, que ahora les explicaba con las Escrituras en las manos el sentido de cuanto había sucedido.

Poco a poco parece que van cambiando sus actitudes y posturas, que van sintiendo algo distinto en sus corazones, algo así como cuando Jesús les hablaba, y ante el deseo de seguir adelante aquel caminante le invitan a quedarse con ellos, porque los caminos en la noche son peligrosos. ‘¡Quédate con nosotros, porque atardece!’


Cuando se sienten a la mesa y al partir el pan para ellos, podíamos decir, como huésped de honor en aquel hogar, se les abren los ojos. Lo reconocieron al partir el pan. Ahora se dan cuenta de quien ha caminado con ellos y les hablaba; les ardía el corazón mientras les explicaba las Escrituras. Y aunque ya no lo están viendo con los ojos de la cara saben que ha estado con ellos y que es Jesús que verdad ha resucitado, por eso marchan de nuevo a Jerusalén, ya no hay noche peligrosa para ellos, para anunciar a los demás cuantas cosas les han sucedido.

Es un texto hermoso que habremos meditado y reflexionado muchas veces. Un texto seguramente donde nos hemos visto retratados, en aquellos desánimos y desesperanzas con las que andaban por aquellos caminos que cada vez más se les llenaban de sombras. Cuántas veces andamos así, y también tenemos la tentación de tomar el camino de la huida, de marcharnos de nuevo a nuestras cosas porque quizás queremos olvidar, porque no nos queremos comprometer, porque no queremos hacer el esfuerzo de abrir los ojos y el corazón.

Y Jesús nos va saliendo al encuentro en ese camino oscuro de la vida que vamos recorriendo, y cuanto nos cuesta muchas veces reconocerle. Alguna vez quizás también cuando se han metido con nosotros, y nos han dicho cosas que nos interrogan o quieren abrirnos los ojos para que tengamos una mirada distinta, quizás nos encerramos más, quizás interiormente rechazamos esa posibilidad de ver las cosas de otra manera. Tenemos que despertar la sensibilidad de nuestro corazón, para no encerrarnos en nosotros mismos. Cuando abramos las puertas del corazón para dejar que alguien entre a nuestra vida seguramente todo cambiará, porque las actitudes de amor y de generosidad hacen milagros en la vida. Como les sucedió a aquellos discípulos de Emaús que querían que se quedara con ellos y fue entonces cuando lo reconocieron.

Dejémonos encontrar por Jesús que podrá llegar a nosotros a través de los signos más insospechados, a través de las personas que quizás menos pensamos que pudieran ayudarnos, a través de esa nueva sensibilidad que ponemos en el corazón. Nos daremos cuenta que Jesús está entre nosotros y saldremos también corriendo a anunciarlo a los demás sin temores a noches oscuras ni a peligros en los caminos.

martes, 19 de marzo de 2024

En ocasiones hay cosas que no entendemos, que incluso nos han hecho daño, sufrir, pero hemos de saber encontrar la luz al final de ese camino porque hay un plan de Dios

 


En ocasiones hay cosas que no entendemos, que incluso nos han hecho daño, sufrir, pero hemos de saber encontrar la luz al final de ese camino porque hay un plan de Dios

2 Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16; Salmo 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Hay cosas que nos suceden, acontecimientos en los que nos vemos envueltos, que quizás en ocasiones por lo imprevisto y sorpresivo nos cambian la vida. ¡Qué difícil cuando tenemos nuestros planes, cuando tenemos más o menos decidido lo que queremos de la vida, lo que queremos hacer, que de pronto nos suceda algo, nos llegue una noticia, nos planteen algo que nos va a cambiar totalmente nuestros planos! Y nos sucede en más de una ocasión, hay veces en que nos dejamos sorprender y entramos en esa nueva onda que aparece en nuestro horizonte, pero a veces nos hacemos de rogar, lo pesamos y sopesamos muchas veces antes de decidirnos, de entrar al trapo en aquello que nos sucede y que implica y hasta complica nuestra vida.

Nos hará falta mucha madurez y equilibrio; queremos ser fieles a nuestros planes, porque era lo que habíamos pensado que era mejor para nuestra vida, pero quizás tengamos que acomodarnos, darle otro rumbo a la vida, entrar en un juego, por decirlo así, en el que no habíamos pensado entrar, ni siquiera lo sospechábamos.

Pero ahí están los misterios de Dios que nos hace sorprendernos tantas veces en la vida; muchas veces incluso nuestra fe se puede tambalear, porque hasta injusto nos puede parecer el que tengamos que complicarnos la vida así.

¿No será lo que estamos viendo hoy en el evangelio que le sucede a san José? ¿Pero no fue algo semejante lo que le sucedió a María con la embajada del ángel? Ya nos dice el evangelista, así como de paso, que José era un hombre justo, con todo lo que entraña esta palabra y lo que se nos quiere decir. María no había pensado tener conocimiento de hombre y por eso le cuesta comprender lo que significaban las palabras del ángel. Ahora José se ve sorprendido porque María, la joven con la que había celebrado los desposorios, sin haber convivido juntos ahora resultaba que esperaba un hijo.

Y aquí contemplamos la madurez humana de José. Le da motivo para muchas y hondas reflexiones, busca un equilibrio en su vida, pero tampoco quiere hacer daño a nadie, interiormente se ve atormentado, pero es el hombre que se abre al misterio, que se abre a Dios, porque allá en su interior quiere escucharlo. Será en forma de sueños, pero el ángel del Señor le ilumina, le hace comprender que detrás de todo eso hay un plan de Dios, que hay un lugar también para él en ese plan de Dios; ahora le toca acoger a aquella mujer, pero acoger también al hijo que va a nacer al que tendrá que mirar como hijo, pues a él se le encomienda la misión de ponerle nombre, función que estaba reservada al padre. Y José, como María, también dice sí, recibió a María, su mujer, en casa como le había dicho el ángel.

Un proceso muy hermoso el que contemplamos. Son mucho más que meras anécdotas para contar. Es descubrir actitudes que hemos de asumir. Es estar abiertos en la vida a la acción de Dios y a lo que son sus planes para nosotros, que muchas veces también nos romperán nuestros planes. Pero tenemos que dejarnos conducir.

Algunas veces nos cuesta, habíamos soñado con tantas cosas, pero ahora todo cambia y nos puede parecer que quizás tengamos una vida escondida, o podrá ser también que en esos nuevos planes hay unos compromisos mayores con nuestras tareas y nueva misión. Todos quizás habremos pasado por situaciones así en la vida, y después de todo nos damos cuenta que allí hubo una acción de Dios. Hay que descubrirlo, hay que sopesar bien las cosas, también tenemos que ser como José un hombre bueno, una persona buena, pero una persona reflexiva, pero una persona orante, pero una persona abierta al plan de Dios.

Creo que es un buen pensamiento que tenemos que rumiar también en este camino de cuaresma que estamos haciendo, en medio del cual hoy nos ha aparecido la figura de José. Como decíamos antes, en ocasiones hay cosas que no entendemos, hay cosas que incluso nos han hecho daño, nos han hecho sufrir, pero hemos de saber encontrar la luz al final de ese camino. Porque Dios nos está diciendo algo.

lunes, 18 de diciembre de 2023

Nos ponemos en camino como Abrahán, como María, como José, nos dejamos conducir, Dios llega a nosotros y para nosotros quiere ser para siempre Emmanuel

 


Nos ponemos en camino como Abrahán, como María, como José, nos dejamos conducir, Dios llega a nosotros y para nosotros quiere ser para siempre Emmanuel

Jeremías 23, 5-8; Sal 71; Mateo 1, 18-24

Ponernos en camino es algo que hacemos todos los días. Nos levantamos y nos ponemos en camino a la vida de cada día; y no solo son los pasos de nuestros pies, no solo es la tarea diaria que emprendemos y para la que quizás necesitamos unos desplazamientos, es el camino interior que cada uno hace de búsqueda de sentido y de vida, de búsqueda de lo mejor o de búsqueda de los demás con los que convivimos o con los que queremos estar, un camino que queremos hacer para bien.

Es el camino de nuestra fe, de apertura a la trascendencia y búsqueda de lo espiritual, es el camino que nos eleva sobre lo material porque hay algo que sentimos superior, y es el camino que nos lleva al encuentro con Dios, a la escucha de Dios, a la vivencia de Dios. Es la historia del camino de nuestra fe, como lo es la historia de la salvación de toda la humanidad.

Abrahán un día escucha la voz de Dios que le invita a salir de su tierra e ir a la tierra que Dios le va a dar. Y Abrahán se puso en camino. ¿Un camino a lo desconocido? Dios no le dice a donde ha de ir, sino que se ponga en camino. ¿Un camino hacia el misterio y la trascendencia? Abrahán ha de ir más allá, atravesará desiertos y valles, irá abriendo caminos por lugares desconocidos para él, es el camino de Dios, pero Abrahán se deja conducir y nacerá un pueblo nuevo. 

María de Nazaret también escuchará a Dios a través de la voz del ángel, y también se pone en camino. No es solo, como nos dice el evangelio, que se pondrá en camino a las montañas de Judea para atender a su prima Isabel, sino que María se pone en camino a algo más grande. También María se deja cautivar por la voz de Dios y se pone en camino, como ella dice, para ser la humilde esclava del Señor, pero su disponibilidad para caminar al ritmo de Dios le lleva a algo más grande, va a ser la Madre de Dios; lo que de ella ha de nacer será el Hijo del Altísimo, será el camino por el que Dios llegará a nuestra tierra encarnándose en sus entrañas para ser Dios con nosotros.

Hoy nos aparece en el evangelio la figura de José. Se encuentra ante un misterio y algo totalmente nuevo para él, que no termina de comprender. Pero el corazón de José está disponible para la bondad y para la generosidad. Quiere descifrar el misterio de Dios que se le está manifestando y se deja conducir. Cuando el ángel le aclara que son las cosas de Dios que además quiere contar con él, también se pondrá en camino. Como nos dice el evangelista haciendo lo que le había mandado el ángel acogió a María, su mujer, en su casa.

Lo que parecía un misterio indescifrable ahora se convierte en revelación del amor de Dios que se quiere hacer presente en medio de la humanidad, será para siempre Emmanuel, Dios con nosotros. Es lo que vamos a celebrar y vivir en los próximos días; emprendemos también esta ultima etapa del camino del Adviento que desemboca en la Navidad, un camino que nos lleva al encuentro con Dios, un camino donde tenemos que dejarnos conducir por su Espíritu, un camino de escucha de la Palabra y de contemplación, un camino que nos lleva a sentir a Dios en nuestro corazón, un camino que nos lleva a vivir en Dios.

Como Abrahán cerramos los ojos y nos ponemos en camino que es también hacer camino para los demás; como María humildes abrimos nuestro corazón para que Dios plante su tienda entre nosotros; como José abrimos las puertas para que Dios venga a vivir con nosotros, pero sabiendo que Dios nos llega por muchos caminos, en distintas personas, en los acontecimientos que van sucediendo a nuestro alrededor. Nos preguntamos cómo, pero sabemos que tenemos que dejarnos conducir por el Espíritu de Dios.

martes, 20 de junio de 2023

Seremos buenos hijos de Dios no solo cuando vamos a la Iglesia a rezar, sino sobre todo cuando salimos a los caminos de la vida a amar a todos y sin distinción

 


Seremos buenos hijos de Dios no solo cuando vamos a la Iglesia a rezar, sino sobre todo cuando salimos a los caminos de la vida a amar a todos y sin distinción

2Corintios  7, 8,1-9; Sal 145; Mateo 5,43-48

Hemos de reconocer que mientras no nos molesten en la vida somos pacíficos; nos gusta llevarnos bien con la familia, con los vecinos, y con la gente que nos encontramos por la calle normalmente somos corteses y educados. Está bien, pero, como decíamos, mientras no nos molesten.

Si un día alguien nos contrarió en algo, si sabemos que tiene ideas distintas a las nuestras – y no digamos nada cuando nos metemos con la política o los políticos -, si alguien en un momento determinado hizo algo que nosotros pudiéramos considerar ofensivo, entonces las cosas cambian, nos dejamos de hablar, comenzamos a mirarnos de lado,  ya en todo lo que hace siempre encontraremos un defecto, una maldad o malicia que muchas veces más que nada es la que nosotros tenemos, ya no somos tan amigables ni corteses. Es nuestra realidad de cada día, lo que nos vamos encontrando, pero lo que vamos haciendo también. Ya parece que todos nos son tan buenos.

Y decimos que vivimos en un ambiente de cristianos, si nos preguntan o nos quieren echar en cada, ya estaremos diciendo que somos cristianos de toda la vida y ponemos mil razonamientos o justificaciones más. Pero realmente, seamos sinceros, ¿dónde están los valores del evangelio? ¿Cuáles son nuestros criterios para actuar según el espíritu y el sentido del evangelio? ¿Habremos dado el paso adelante que nos pide Jesús? ¿Qué es lo que de verdad nos define como cristianos?

Es lo que Jesús nos va desgranando en el sermón de la montaña. Y nos habla de la acogida mutua que siempre hemos de ejercer, sea quien sea; para un cristiano no pueden haber enemigos, un cristiano siempre ha de tener la mirada limpia y luminosa para ser capaz de ver en el otro un hermano, un cristiano siempre tiene el corazón abierto a la comprensión y al perdón, un cristiano si algo tiene que destacar es en la capacidad de amar.

Y es que nos decimos cristianos cuando hemos optado por Jesús, cuando somos capaces de poner como criterios de nuestra vida los criterios de Jesús. Y lo primero que nos dice Jesús es que Dios nos ama y es nuestro Padre; en consecuencia de Dios para abajo todos somos hermanos, y los hermanos se aman y se perdonan, los hermanos, porque nos conocemos y nos amamos, comprendemos las limitaciones de los demás como reconocemos también las propias y lo que vamos a hacer es ayudarnos mutuamente para superar esas limitaciones sin tener en cuenta los roces que se hayan producido entre nosotros. El otro no es un adversario sino un hermano.

Y nos habla Jesús del Padre bueno que hace salir el sol sobre todos, sean malos o sean buenos. Y nos habla Jesús que no solo haremos el bien a aquel que ya ha sido bueno con nosotros, porque eso lo puede hacer cualquiera aunque no se llame cristiano, sino que con todos vamos a tener un corazón generoso capaz de darse sin esperar compensación, y compartiendo también con aquel que quizá nunca tuvo un gesto bondadoso conmigo.

Si ayudamos solo a los que nos ayudan, ¿qué mérito tenemos? Si saludamos solo a los que nos saludan, ¿qué es lo que estamos haciendo de extraordinario? Por eso nos dice Jesús que incluso recemos por aquellos que nos hayan ofendido. Una diferencia tiene que haber en nuestra vida.

Y nos dice Jesús que cuando actuemos así es cuando en verdad nos estamos manifestando como hijos del Padre celestial. Seremos buenos hijos de Dios no solo cuando vamos a la Iglesia a rezar, sino sobre todo cuando salimos a los caminos de la vida a amar a todos y sin distinción. Es más nos dice que en esto tenemos que ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto. El amor ha de ser el primer brillo y resplandor de nuestra santidad.

 

jueves, 9 de marzo de 2023

No nos quedemos en lo malo que pudimos hacer y no hicimos, sino seamos capaces de darnos cuenta de lo bueno que pudimos hacer pero que tampoco hicimos

 


No nos quedemos en lo malo que pudimos hacer y no hicimos, sino seamos capaces de darnos cuenta de lo bueno que pudimos hacer pero que tampoco hicimos

Jeremías 17, 5-10; Sal 1; Lucas 16, 19-31

La tierra no se cultiva para sí misma, sino para tener las condiciones optimas para que nos produzca los mejores frutos. Así podríamos decir la vida del hombre, la vida de toda persona, quien solo piensa en si mismo, porque todo lo que hace es solo para si sin mirar en su entorno, terminará siendo una tierra inhóspita e inhabitable; pasará de poder ser un hermoso jardín florido donde recrearse, o un huerto que nos produzca los mejores frutos a poco menos que un desierto árido y reseco junto al cual nadie con pleno sentido de la vida querrá habitar.

Es la imagen que se me ocurre pensar tras la escucha de la parábola que hoy nos ofrece Jesús en el evangelio. Un hombre que solo era para sí, para su placer y para su disfrute. Se nos habla de un hombre rico y opulento que solo pensaba vivir entre placeres y banquetes cada día, disfrutando solo para si. Tan cerrado en si mismo que no se da cuenta ni de quien tiene a su puerta.

Un hombre que solo por pensar en si mismo pierde hasta el temor del Señor, ha prescindido de Dios en su vida, porque ha querido convertirse en dios de si mismo; su corazón se ha resecado de tal manera que no tiene sensibilidad para lo que pasa a su lado. Allí hay un pobre hombre que nada tiene ni para comer, y que solo es consolado por los perros que le lamen sus llagas.

Ya conocemos todo el desarrollo de la parábola porque muchas veces la hemos meditado. Pero pienso que en este momento es necesario detenernos en la postura y en la manera de vivir de este hombre que solo vive para sí. Hasta la presencia de Dios la ha anulado de su vida, ha prescindido de todo porque solo piensa en su disfrute personal. No nos habla la parábola de que sea un mal hombre que realice actos nefandos, solo se refiere a que no hacía nada, porque había perdido toda sensibilidad en su corazón.

Yo no mato ni robo, dicen algunos y ya piensan que con solo eso son buenos, lo tienen todo bien hecho. Pero la tierra es para algo más que para tenerla vacía de algo que nos pueda producir buenos frutos aunque nos parezca bonita así como está. Pero es una tierra árida y estéril. así es la vida de quien no es capaz de dar ese paso más allá, de no quedarnos simplemente en lo malo que pudimos hacer y no hicimos, sino que tenemos que ser capaces de darnos cuenta de lo bueno que pudimos hacer pero que tampoco hicimos. ¿Dónde están los frutos de nuestra vida?

No basta decir yo soy bueno si solo piensas en ti mismo. Claro que pensando solo en ti mismo querrás disfrutar, querrá pasarlo bien, querrás aprovecharte de eso que dices que tienes para llenar tu vida de bienestar y de placeres. Pero ¿no has pensado que eso que tienes no es solo para ti sino que es la riqueza de este mundo que cuando Dios realizó la creación puso en las manos del hombre para que continuara con esa hermosa tarea de seguir haciendo la obra de la creación? Lo que tienes no es solo para ti, la tierra no se cultiva para si mismo sino para ofrecer sus frutos a los demás.

Algunas veces solemos decir que pensamos bien pero tarde. Nos damos cuenta tarde quizá del efecto de lo que hacemos con la vida. Como aquel rico epulón que cuando murió y estaba en el abismo pensó que su vida tenía que haber sido distinta pero que ahora no tenía remedio y ahora quería que sus hermanos con apariciones milagrosas recapacitaran para cambiar. ‘Tienen la ley y los profetas’, le dice la voz profética.

Tenemos la Palabra de Dios junto a nosotros que de mil maneras puede llegar a nuestra vida. Tenemos que escucharla, tenemos que escuchar a Jesús para que no nos convirtamos en tierra inhóspita y estéril sino que demos los verdaderos frutos, que también puedan llenar de vida a los demás. Es la llamada que en este camino cuaresmal escuchamos. Que así también nuestra vida sea bella para los demás, por nuestra sensibilidad y todo lo que somos capaces de compartir.

lunes, 4 de julio de 2022

Dejémonos tomar de la mano de Jesús para levantarnos de nuestras posturas de muerte y aprender a ofrecer nuestra mano generosa en abrazo de amistad para todos

 


Dejémonos tomar de la mano de Jesús para levantarnos de nuestras posturas de muerte y aprender a ofrecer nuestra mano generosa en abrazo de amistad para todos

Oseas 2, 16. 17b-18. 21-22; Sal 144; Mateo 9, 18-26

Una mano tendida puede tener diversos significados; puede ser la mano que con violencia viene en mi contra para hacerme daño, o puede ser la mano pacífica que viene en sones de paz con su saludo; puede ser la mano desconfiada y que está a la defensiva, ocultando negruras interiores, o puede ser la mano dadivosa en el compartir y en el dar generosamente.

A manera de anécdota puedo decir que mi perrito es muy sensible ante la mano que se le acerca; si viene de un desconocido desconfía y se pone en guardia para la defensa o para el ataque, pero si es una mano que se deja caer pacíficamente la lame como señal de amistad dándole permiso, por decirlo así, para que le acaricie. ¿Desconfiamos nosotros también y nos ponemos a la defensiva ante una mano que se nos acerca? ¿Ofrecemos generosamente nuestra mano como signo de amistad y de paz y como señal de la vida que queremos también compartir?

En el evangelio de hoy aparece repetidamente la señal de la mano. ‘Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá’, le suplica aquel jefe de los judíos que acude a Jesús desde la desesperación y la angustia de su niña que está en las ultimas. Al final, cuando llegue Jesús a la casa de Jairo, mientras aparta a las plañideras y todos lo que hacían llanto diciendo que la niña no está muerta sino dormida, la tomará de la mano y se la dará a sus padres llena de vida.

Pero en medio aparece otro personaje mientras van de camino. Será una mujer la que tenderá su mano para tocar al menos la orla del manto de Jesús también desde la angustia de su enfermedad que la volvía impura y que con su gesto podía hacer incluso impuro a Jesús, por dejarse tocar por una mujer que sufre de fuertes hemorragias.

Es la mano de la súplica llena de esperanza que se salta todas las barreras porque quiere llegar hasta donde está la vida, donde pueda encontrar la salud y la salvación. ‘Tu fe te ha salvado’, le dice Jesús cuando rebuscando entre la multitud que lo apretujaba quien lo había tocado aquella mujer se atreverá a decir que ha sido ella quien ha tocado el borde de su manto para encontrar la salvación.

Ahí está la mano tendida de Jesús que nos trae vida y salvación, que nos libera de todas las impurezas y ataduras, que nos resucita y nos levanta de todos nuestros sueños oscuros para que podamos tener nueva vida, nos pone en camino de vida y de salvación.

Mucho tendríamos que aprender de este evangelio para el signo de nuestras manos, para el actuar de nuestras manos como señal de lo que hacemos y somos con nuestra vida. muchas veces nuestras manos han marchado ensombrecidas por sueños de muerte y de violencia; muchas veces nuestras manos han sido puños cerrados que no quieren dejar escapar nada de lo que pueden contener; muchas veces nuestras manos se han convertido en barreras que separan y apartan, que aíslan, que ponen a un lado, que discriminan porque no se quien juntar con las de otro color o las de otra raza; muchas veces nuestras manos se ocultan porque encierran negruras impuras de los malos deseos y son muestras de la ambición que todo lo quiere acaparar, llevan escondidas los cuchillos de la traición y de la violencia, no quieren ofrecerse limpias como signos de paz.

Que nuestras manos sean siempre de bendición y de vida, de consuelo para los que sufren y paño que limpie las lágrimas de los que lloran, muestren la cercanía de nuestro corazón y el valor que le damos a todo el que está a nuestro lado o se acerca a nosotros, están siempre abiertas y limpias de toda malicia, y sean cauces generosos de nuestro compartir, se cogerse de la manos de los demás para sentir y expresar la comunión que entre todos queremos construir, y se extiendan ampliamente para acoger a todos en un abrazo de paz.

viernes, 1 de julio de 2022

El relato del evangelio nos interpela y nos interroga para analizar bien a quienes escogemos como compañeros de camino también en la vida de nuestras comunidades

 


El relato del evangelio nos interpela y nos interroga para analizar bien a quienes escogemos como compañeros de camino también en la vida de nuestras comunidades

Amós 8,4-6.9-12; Sal. 118; Mateo 9,9-13

Seguimos llevándonos por las apariencias. Aunque digamos que no, que no discriminamos a nadie. Pero pensemos a los amigos que vamos a llevar con nosotros si queremos emprender un camino; pensemos a quien escogemos si vamos a realizar una tarea ardua en la que se pueden poner en juego muchas cosas y que de alguna manera podría marcar un futuro; pensemos en los cuestionamientos que nos hacemos si hay una tarea social en nuestro entorno en la que podríamos participar, pero para ver qué clase de personas son las que van a participar.

Y pensemos en las ciertas reticencias o desconfianzas que no las decimos pero las tenemos por dentro ante un inmigrante, un latino que haya venido de América, alguien que haya llegado de más allá de las fronteras de Europa, o una persona de color que haya llegado a nuestras tierras, ya fuera en patera o por cualquier otro medio; y vemos a la hija que se ha hecho muy amigable de aquel muchachito de color y comenzamos a preguntarnos de donde viene, y quien es, y qué hace, y no se cuántas cosas más… De muchas maneras, sutiles muchas veces, seguimos llevándonos por las apariencias.

Sucede hoy como ha sucedido siempre, pero no significa que ésas tengan que ser nuestras posturas. La elección que Jesús hace en aquella ocasión de alguien a quien invita a seguirle produce muchos comentarios, o en una palabra, no era bien vista por todos, como no lo eran las compañías de las que se rodeaba Jesús.

En lo que hoy nos relata el evangelio vemos que Jesús al pasar por delante de la garita de un recaudador de impuestos, se detiene e invita a aquel hombre al que todos consideraban un publicano para seguirle y para estar con El. Leví está allí en sus tareas de cobrador de impuestos, de cambista o prestamista que era algo que iba unido en aquella profesión y pasó Jesús le dijo ‘Sígueme’, y nos dice que ‘se levantó y lo siguió’.

Podría haber tenido otros criterios Jesús en la elección de sus seguidores, y sobre todo de aquellos que luego de una manera especial iba a llamar para ser los apóstoles. Como un día se había detenido al pie de aquella higuera para decirle al que estaba escondido entre sus ramas que quería hospedarse en su casa, y era también un publicano.

Los fariseos, los maestros de la ley eso no lo entienden ni lo entenderán nunca. ‘Vuestro maestro come con publicanos y pecadores’, les echarán en cara a los discípulos de Jesús. ¿Cómo es que os mezcláis con tan variada gente sin mirar a quien Jesús está escogiendo?, podría ser la consideración que de alguna manera en su crítica le estaban haciendo. ¿Es que también vosotros os mezcláis con todos, sea quien sea?

Quizá sea una consideración que aun nosotros llevamos en nuestro interior. Algunas veces seguimos sin entender, o no nos atrevemos a dar el paso a la manera de Jesús. Tenemos que ser sinceros con aquellas consideraciones que nos hacíamos para comenzar esta reflexión. Tendríamos que analizarlo en nuestras actitudes personales, en las cosas que realizamos y que no les damos importancia, pero que de alguna manera ocultan esas discriminaciones que tantas veces en la vida vamos haciendo.

Tendríamos que analizarlo en nuestro actuar como iglesia en nuestras comunidades, porque quizá seguimos reservando puestos de honor, porque quizás seguimos dejando a la puerta aquellas personas que no nos agradan, porque quizá aun no todos se sienten a gusto en nuestras comunidades porque notan ciertas miradas quizá compasivas, pero que no siempre son las miradas limpias y llenas de amor de quienes sabemos acogernos los unos a los otros.

El relato del evangelio nos interpela, nos interroga por dentro; no nos quedemos en juzgar las actitudes de las gentes en los tiempos de Jesús sino que ahí tenemos que ver cómo eso quizá se está reflejando de alguna manera en nuestras actitudes o en nuestra manera de actuar. El relato nos anima a abrir los ojos con una mirada nueva y distinta, a que evitemos esas miradas superficiales con las que vamos tantas veces en la vida, fijándonos solo en apariencias, buscando honores o reconocimientos, pero no teniendo la apertura de corazón que nos pide Jesús. Sepamos descubrir el misterio de Dios que se oculta en cada persona y aprendamos entonces a amarla de verdad.