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viernes, 18 de septiembre de 2026

Necesitamos desacomodarnos y desinstalarnos de una vez por todas porque es necesario hoy ponernos en camino de lugar en lugar para llevar la buena noticia de Jesús

 


Necesitamos desacomodarnos y desinstalarnos de una vez por todas porque es necesario hoy ponernos en camino de lugar en lugar para llevar la buena noticia de Jesús

1Corintios 15, 12-20; Salmo 16; Lucas 8, 1-3

Caminando de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad; una vida itinerante y es que las buenas noticias no se pueden quedar estancadas. Era la invitación que Jesús continuamente hacía, había que prepararse para poder recibir una buena noticia, pero una buena noticia que no se podía quedar estancada en quienes la recibían, las noticias son para comunicarlas, y para poder comunicarlas hay que ponerse en camino, salir, no quedarse en el sitio, había que desacomodarse porque si nos quedamos cómodos en donde estamos la noticia no podrá correr de boca en boca; por eso pedía Jesús conversión, que era ese desinstalarse de quedarnos plácidamente donde estamos para disponernos a algo nuevo que nos va a traer esa buena noticia. Jesús dirá cuando quieran que El se quede allí más tiempo, que es necesario ir a otros lugares, que otros sitios y otros pueblos están esperando también que les llegue esa buena noticia.

Creo que si pensamos un poquito en todo esto que vamos diciendo muchos nuevos planteamientos tendrían que salir para nuestras vidas, porque nos cuesta desinstalarnos, salir de esa comodidad de quedarnos donde estamos o en lo que hacemos; con qué facilidad nos entra una modorra espiritual, nos quedamos adormilados, nos contentamos con cuidar lo que ya tenemos, y al final terminamos envejeciéndonos. Y digo envejeciéndonos no solo porque cada vez nos vamos poniendo más mayores, sino porque la falta de vitalidad, de compromiso nos envejece en nuestra fe, nos hace perder esa energía espiritual tan necesaria en tantos momentos de la vida.

¿Qué nos está sucediendo en la mayoría de nuestras comunidades cristianas, en la mayoría de nuestras parroquias, y tenemos que reconocerlo en el conjunto de la Iglesia? Nos hemos envejecido. Miremos quienes quedamos en nuestras parroquias, quienes son los que habitualmente participan en la misa dominical que tendría que ser hermosa expresión de la vitalidad de la vida de una parroquia; ¿quienes nos quedan o quedamos? personas mayores, la juventud ausente, la mayoría con un conformismo de cumplir y ya está, poca vitalidad que nos lleve a hacer nuevas cosas, a buscar nuevos caminos, a emprender nuevas iniciativas para hacer llegar el mensaje del evangelio a más gente. ¿No tenemos tiempo y siempre estamos ocupados o nos cuesta salir de la modorra de nuestra rutina para dedicar parte de nuestro tiempo para reunirnos, para tener iniciativas que nos lleven a hacer un anuncio más explícito del evangelio?

Nos dice hoy el evangelio que acompañaban a Jesús en aquel caminar de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, aquellos discípulos más cercanos que habían estado desde el principio con Jesús, un día a doce de ellos los va a constituir en grupo especial, en apóstoles, pero también algunas personas entre ellas algunas mujeres que alguna gracia habían recibido de Jesús; allí estaba ‘María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios’ como nos comenta el evangelista y que en varios momentos más veremos muy cerca de Jesús, pero también algunas otras mujeres, ‘Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes’. Eran el apoyo de Jesús y el grupo que en torno a Él se había formado, porque incluso nos habla de algunas que ayudaban con sus bienes.

Es bonito este resaltar el evangelista a este grupo que camina con Jesús. Un momento en nuestra reflexión para aprender a valorar esos pequeños grupos, demasiado reducidos en la mayoría de las ocasiones, pero en muchos casos mujeres sencillas pero con una disponibilidad grande para el servicio que realizan muchas tareas en nuestras comunidades y parroquias. Algunas veces, hemos de reconocer, que pareciera que descansa en ellas toda la vida y la actividad de nuestras parroquias.

Tenemos, es cierto, que tenerlas en cuenta y valorarlas, pero no nos podemos quedar ahí, solo en esas personas. La comunidad ha de tener más vida, muchos más tendríamos que despertar de una vez por todas para salir de nuestra modorra y de nuestra comodidad, para saber ponernos en camino, porque muchos son los lugares y son las situaciones donde es necesario hacer ese anuncio del Evangelio, llevar esa buena noticia.


martes, 18 de agosto de 2026

Aprendamos a despojarnos de ropajes de vanidad e ir ligeros de equipaje para que podamos hacer la tarea de la siembra de bien en nuestro mundo

 


Aprendamos a despojarnos de ropajes de vanidad e ir ligeros de equipaje para que podamos hacer la tarea de la siembra de bien en nuestro mundo

Ezequiel 28, 1-10; Dt 32, 26-36ab; Mateo 19, 23-30

Ya hasta nos dice que cuando vayamos a viajar vayamos ligeros de equipaje. No sé si os habrá sucedido o lo hemos contemplado, en un aeropuerto, en una estación de viajeros sea cual sea el medio de transporte que vayamos a utilizar a alguna persona que corre hacia el punto de encuentro o de salida de su viaje arrastrando maletas y equipajes, bolsos y paquetes por todos lados que ya no sabe cómo llevarlos o colgarlos incluso de sus brazos o de donde sea y que le hace ir dando traspiés y tropezando con todo en la dificultad de poder caminar ligero. Nos puede parecer incluso hasta cómico pero es una triste realidad con que tropezamos en la vida.

¿No será así cómo nosotros de alguna manera andamos por la vida? Cuántas cosas vamos acumulando, de cuantas cosas nos vamos envolviendo, cuánta avaricia tenemos que reconocer en el fondo llevamos en nuestra vida. Que no nos falte nada, nos decimos, y andamos agobiados a ver cómo podemos ganar más porque queremos tener de todo; y lo malo es que en ocasiones ni lo disfrutamos, sino solo por el placer de decir que tenemos no sé cuantas cosas, o no sé cuántos ahorros, pero que no queremos tocar porque algún día nos podrá faltar. Aquel hombre rico del que nos habla Jesús en una parábola que tuvo una gran cosecha y agrandó sus bodegas para guardar todo aquello que había cosechado y ya pensaba que tenía la vida resuelta porque tenía muchos bienes acumulados y ya ni siquiera tendría que trabajar.

Es lo que nos está planteando hoy Jesús en el evangelio; y todo partió de aquel joven rico que venía con buena intención buscando la manera de alcanzar la vida eterna, pero que al planteamiento de Jesús de guardar sus tesoros no en estas bodegas terrenales donde nos lo pueden robar o la polilla carcome los guardemos en el cielo. Pero como hemos reflexionado recientemente aquel joven se marchó triste porque era rico y le parecía que si se desprendía de cuanto poseía ya no tendría dónde apoyarse en la vida, ya no tendría seguridad en su vida.

Por eso hoy Jesús nos habla de que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos. No está condenando Jesus la posesión de unos bienes que necesitamos en el vivir de cada día; tendríamos que recordar el mandato de Dios en el paraíso de dominar la tierra para hacerle producir sus frutos; tendríamos que recordar la parábola de los talentos donde se nos pide cómo tenemos que desarrollar lo que somos y lo que tenemos, nuestros valores y nuestras capacidades porque todo ha de tener su rendimiento; condena Jesús en aquella parábola al que guardó el talento bajo tierra para no perderlo pero no fue capaz de ponerlo en valor.

Lo que hoy Jesús nos está queriendo hacer reflexionar es la utilización que nosotros hacemos de esos medios materiales que podemos obtener con nuestro trabajo y con el desarrollo de lo que tenemos y somos. Y es que lo que no nos vale es la actitud egoísta del que lo quiere acaparar todo, del que solo busca la acumulación de una riquezas por una parte muchas veces solo en beneficio propio, pero muchas veces también sin saberle sacar jugo para nuestro disfrute. Es la codicia la que nos hace daño porque nos encierra en nosotros mismos, porque nos viste de vanidad, porque son peldaños que queremos aprovechar para elevarnos sobre pedestales, porque es el juego que nos lleva a la prepotencia y al poder para elevarnos por encima de los demás, porque es la que nos crea una coraza de insolidaridad que endurece nuestro corazón.

Qué importante es que tengamos esa disponibilidad con lo que somos y con lo que tenemos que nos lleve al compartir, que nos valga para tender puentes que nos acerquen y nos ayudan a enriquecernos mutuamente, porque ya no solo seremos capaces de desprendernos de esos bienes materiales que tengas sino que aquello que somos lo disponemos para ese mutuo enriquecimiento porque yo tambien me veré beneficiado de los buenos valores de los demás.

Jesus le responde a Pedro que anda un poco preocupado porque ellos lo han dejado todo por seguir al Maestro con aquello de que recibirán cien veces más. Y es que si yo soy generoso me voy a encontrar con la generosidad de los demás, si yo pongo mis valores en juego para el bien de la comunidad esa riqueza a la que aportan también con generosidad los demás también me enriquecerá a mi. No podemos olvidar que tenemos que ser semillas de bien allá donde estemos y al final florecerá ese campo de la vida. Aprendamos a ir ligeros de equipaje, como decíamos al principio, porque solo así podremos hacer esa hermosa siembra en la vida.


domingo, 2 de agosto de 2026

La compasión y la misericordia mueven a la compasión que se convierte en lluvia que transforma la sequedad y aridez en el campo florido de una nueva humanidad

 


La compasión y la misericordia mueven a la compasión que se convierte en lluvia que transforma la sequedad y aridez en el campo florido de una nueva humanidad

Isaías 55, 1-3; Salmo 144; Romanos 8, 35. 37-39; Mateo 14, 13-21

La compasión y la misericordia mueven también a compasión; la ternura de un corazón que se derrite de amor nos hace sentir cómo se despierta esa ternura de nuestro corazón. Las lágrimas que se desprenden de un corazón compasivo se convierte en lluvia dorada que transforma nuestra sequedad y aridez en campo florido de amor. Por eso tenemos que estar convencidos que es el amor y solo el amor el que transforma nuestro mundo para bien y para poder alcanzar la mejor armonía de paz.

Con este pensamiento vengo a resumir lo que es el hermoso mensaje que nos transmite hoy la Palabra de Dios. Pudieran parecernos bellas anécdotas o historias ejemplares las que se nos ofrecen pero están manifestándonos toda la hondura del amor de Dios que es el que tiene que envolver nuestra vida y que nosotros hemos de resumar por nuestros poros para transformar nuestra vida pero también para transformar el mundo que nos rodea.

No podemos ir de insensibles por la vida porque nosotros personalmente tengamos más o menos resuelta nuestra situación. La autosuficiencia es muy peligrosa porque produce sequedad e insensibilidad en nuestro corazón. La mirada con que contemplemos el mundo que nos rodea, si es que en verdad somos humanos y además nos llamamos cristianos seguidores de Jesús tiene que ser un reflejo de la mirada de Jesús. Hoy lo contemplamos en el evangelio y vemos que aquella mirada de Jesús. transformó la mirada de los que estaban a su lado despertando en ellos nuevas actitudes aunque no supieran bien cómo resolver el problema.

Nos comienza narrando el evangelista que cuando Jesús se enteró de la muerte de Juan Bautista quiso irse con sus discípulos más cercanos a un lugar tranquilo y apartado. ¿Quitarse del punto de mira de Herodes y de cuantos ya comenzaban a tramar contra El? Entra dentro de toda lógica humana, aunque como veremos en otros momentos también le gusta irse con sus discípulos cercanos a lugares de retiro y de silencio que aprovechaba para instruirlos de manera especial.

La gente se entera de los caminos que está tomando Jesús y a través de cualquier senda llegan al lugar donde iba a ir Jesús. Una multitud agotada por los caminos, haciéndose acompañar también por sus enfermos y cuantos sufrían le sale al encuentro. Y nos dice el evangelista que a Jesús. se le conmovieron las entrañas; normalmente traducimos la palabra utilizada por el evangelista como lástima o compasión, pero en la raíz griega de la palabra empleada viene a significar lo que hemos dicho, se le conmovieron las entrañas. Afloró la misericordia y la compasión, o lo que es lo mismo, poner el corazón al lago de la miseria y del sufrimiento; ¿no tiene que surgir entonces la ternura? Se puso a enseñar y a curar a los enfermos.

Pero aquella ternura del corazón de Cristo estaba también contagiando a los que le rodeaban. Como se hacía tarde vienen a decirle que los despida, que es tarde, que no tienen provisiones, que puedan ir a las aldeas cercanas a buscarse algo que comer. Era una señal en los discípulos de ese contagio de amor aunque no sepan qué más pueden hacer porque solo tienen cinco panes y dos peces. ¿Y qué es esto para tantos?

‘Dadle vosotros de comer’, les dice Jesús. No se tienen que ir abandonados a su suerte. ¿Sentís esa compasión en vuestro corazón? ‘Dadles vosotros de comer’. Nuestra preocupación no es sólo constatar la realidad sino que tiene que llegar a poner remedio, a buscar soluciones. Muchos trabajos de campo nos hacemos para ver la realidad, pero que se quedan ahí en un estudio bonito sin encontrar soluciones, y las soluciones tienen que pasar por nuestro compromiso personal que significa contar con lo que somos o tenemos, pero contar con las personas. Jesús. quiere contar con sus discípulos, entonces y hoy.

Hubo que sentar a las personas - ¿para que encontraran descanso en sus cansancios? - , porque venían exhaustos por el camino; hubo que ir encontrando aquellos cinco panes y dos peces de lo poco que tenían; hubo que comenzar a tener la predisposición de repartir y compartir, allí estaba la mano de Jesús en las manos de los discípulos que comenzaron a repartir el pan y los peces. Floreció el amor. ¿Serán pasos que tenemos que ir dando para que florezca nuestro mundo en una nueva humanidad?

Es el amor y la compasión el mejor caldo de cultivo que tiene que reflejarse en nuestras vidas. Y Jesús. quiere contar con nosotros, contigo y conmigo, aunque digamos que no tenemos sino unos pocos panes que no son suficientes para todos. Si me los guardo solo para mi claro que no alcanzarán, pero cuando llegan a conmoverse las entrañas como una madre que siente en su corazón lo que le pasa a sus hijos, comenzaremos a desprendernos, comenzaremos a olvidarnos de nosotros mismos, comenzaremos a desparramar amor.

Así estaremos creando una nueva humanidad.


jueves, 9 de julio de 2026

no son los medios sino nuestra humilde disponibilidad y generosidad

 


No son los medios sino nuestra humilde disponibilidad y nuestra generosidad con los hacemos el anuncio del Reino

Oseas 11, 1-4. 8c-9; Salmo 79; Mateo 10, 7-15

La vida no depende solamente de los medios materiales que tengamos; son necesarios porque además vivimos en un mundo excesivamente mercantilista y a todo le ponemos precio y para todo parece que necesitaríamos esos medios materiales. pero vivir es algo más; hacer por la vida no se reduce a que tengamos o no tengamos medios materiales, porque estamos nosotros, con nuestro ser, nuestros valores, nuestras capacidades y muchas veces sin un duro podemos hacer maravillas. Es lo que nosotros nos implicamos desde lo más hondo de nosotros mismos. Y esto podemos decirlo, aunque muchas veces nos cueste comprenderlo y hacerlo, de todos los aspectos de la vida.

Parto de esa experiencia humana que tendríamos que saber trasladar a lo que es la vida de la Iglesia y su acción pastoral; muchas veces decimos que nos vemos con las manos atadas para tantos proyectos que quisiéramos realizar porque decimos que no tenemos medios. ¿Dónde están las personas y su compromiso? ¿Dónde está el dejarnos en verdad conducir por el Espíritu? Es a lo que nos quiere conducir hoy el evangelio.

Ayer escuchábamos cómo escoge a doce de entre todos sus discípulos para que sean los Apóstoles, sus principales enviados, como imagen además de lo que será el envío que nos haga a todos. Y con los poderes, como decíamos ayer, que les da han de ir realizando lo mismo que Jesús para hacer el anuncio del Reino de Dios y mostrar las señales de que nos ha llegado el Reino de Dios.

Pero hoy Jesús nos da unos detalles para cómo realizar esa misión. Y nos envía sin nada, quiere que vayamos desprendidos, por eso ni dinero en el bolsillo ni túnicas de repuesto, solo unas sandalias y un bastón para el camino. Han de ir con la disponibilidad del corazón pero también abiertos a lo que puedan recibir. Por eso les dice que se queden en la casa donde los reciban. No van desde el poderío ni desde las distancias de sentirse ricos y poderosos, van con la humildad de la pobreza y de los que saben que dependen no de sí mismos sino en este caso de los demás, de allí donde los reciban, y por supuesto del Espíritu del Señor que es su fortaleza y su sabiduría.

Nos tiene que hacer pensar, es cierto, en nuestros grandes proyectos pastorales y de lo que llamamos el prestigio de la Iglesia que queremos conservar; pero el prestigio y el valor ni está en las grandes obras, ni en la presentación ostentosa de la presencia de la Iglesia. De cuántas vanidades y orgullos nos tenemos que desprender para ser en verdad esa Iglesia de Jesús tal como vemos en aquella primera comunidad que se reunió en torno a Él.

Pero también nos lo tenemos que pensar a la hora de lo buenos que tenemos que hacer a los demás, de la semilla que tenemos que ir sembrando en nuestro mundo, de ese compromiso con que hemos de vivir nuestra vida alentada por el espíritu de la fe. No podemos, no somos capaces, no sabemos qué hacer, no tenemos medios… son cosas que nos decimos y tras las que nos escudamos y al final terminamos sin hacer nada. ¿Dónde está nuestro amor? ¿Dónde está nuestra disponibilidad y la generosidad de nuestro corazón? 

Muchas cosas tenemos que pensar y revisar, muchas decisiones serias y valientes tenemos que tomar, mucha confianza hemos de poner en el Señor.


viernes, 22 de mayo de 2026

Cuando nos dejamos llevar por la disponibilidad del amor descubriremos las maravillas de Dios porque llegaremos a sentir su presencia

 


Cuando nos dejamos llevar por la disponibilidad del amor descubriremos las maravillas de Dios porque llegaremos a sentir su presencia

Hechos 25, 13b-21; Salmo 102; Juan 21, 15-19

Ahora en estas diversas manifestaciones de Cristo resucitado va haciéndoles sentir su presencia de una manera especial porque así han de dejarse envolver por su Espíritu para ser sus testigos hasta los confines del mundo. Son momentos de sentir algo especial, son momentos que nos preparan para el anuncio, momentos que hacen rebrotar la esperanza y ese compromiso de llevar ese anuncio de la buena nueva de Jesús hasta el último rincón.

No nos pide Jesús otra cosa que amor. Es ese dialogo tan tierno entre Jesús y Pedro. Ya habíamos como tantas veces se había adelantado Simón para ir por delante en esas promesas de amor, para dejar bien sentado cuanto lo amaba y que estaría incluso dispuesto a dar la vida por Jesús. Así eran los impulsos del corazón que no podía permitir que nada le pasara. Cómo se ponía de pesado queriendo convencer a Cristo que nada de aquello que anunciaba le podía pasar de manera que Jesús quiere quitárselo de delante porque está síendo una tentación para El. Palabras duras serán las que pronunciará en ese momento.

Jesús ahora le pregunta por su amor, no uno, sino dos, hasta tres veces. Quiere Jesús que pastoree sus ovejas. Un  día se lo había anunciado Aquel de quien hablaban Moisés y los profetas. En otra ocasión ante el aturdimiento de Pedro por la pesca tan grande que habían recogido en el lago porque se había dejado confiar en la palabra de Jesús, se le había anunciado que sería pescador de hombres. Ahora se había repetido aquella pesca y allí en medio estaba Jesús. También ahora había confiado en la Palabra de Jesús que le señalaba por donde había que echar la red. Es la disponibilidad del amor.

Jesús confía en el amor, y cuando ponemos amor de verdad todo es posible. Nosotros tenemos que confiar en el amor que Dios nos tiene, de cuántas maneras maravillosas nos lo va manifestando en el día a día de nuestra vida. Y ahí tiene que estar nuestra respuesta de amor, aunque nos sintamos débiles, aunque muchas veces no hemos sabido estar a la altura de ese amor. Como Pedro tenemos que decirle, que la amamos y el conoce las medidas de nuestro amor – ‘tú lo sabes todo, tú sabes que te amo’ -. ¿Estaremos dispuestos como Pedro a dejarnos ceñir para ser capaces de dar la vida también por el Maestro?

 

sábado, 14 de febrero de 2026

Nos sentamos poco a la vera del camino para simplemente hablar con los que pasan, a la puerta de la casa para charlar amigablemente del Reino de Dios con los que en ella habitan

 


Nos sentamos poco a la vera del camino para simplemente hablar con los que pasan, a la puerta de la casa para charlar amigablemente del Reino de Dios con los que en ella habitan

Hechos 13, 46-49; Salmo 116; Lucas 10, 1-9

¿Cuál va a ser en definitiva nuestra reacción final si nos hemos ofrecido voluntarios para hacer una tarea que nos parecía, por decirlo así, interesante, pero que cuando nos la confían nos hablan de que no es una tarea fácil, que no vamos a contar con demasiados medios o recursos para llevarla a cabo y ya de antemano nos dicen que vamos a toparnos con una oposición bien encontrada? ¿Tiraremos la toalla si tan difícil nos lo ponen? ¿Intentaremos seguir adelante? ¿Buscaremos por nuestra parte nuevas iniciativas, recursos, lo que sea necesario para que realmente se realice y no quede por cuenta nuestra, por nuestra dejadez, el posible fracaso?

Realmente la cuestión es inquietante. ¿Cómo se sentiría aquel grupo de discípulos a los que Jesús les está confiando una misión en la que les dice que además de que hay mucho trabajo y son pocos los que se comprometen con ese trabajo, los envía como corderos en medio de lobos?

Tenemos que pensar que esa es la tarea y la misión que Jesús nos está confiando a los que creemos en El, la misión que le confía a la iglesia que tiene que quitar de sí toda imagen de triunfalismos para darnos cuenta que el anuncio del evangelio en el mundo en que hoy vivimos no es tan fácil. Además Jesús nos está pidiendo por parte nuestra una disponibilidad total pero también la conciencia de que no hemos de actuar a la manera de cómo actúan los hombres de este mundo. De entrada nos está diciendo que vayamos con nuestra pobreza, vacíos y liberados de todo signo de grandeza o de prepotencia para, a partir solo de unos medios o recursos humanos, realicemos esa tarea y esa misión cuya efectividad no va a surgir de esos más o menos importantes medios humanos con los que podamos contar.

De mucho tenemos que aprender a despojarnos. Porque Jesús incluso se quitó el manto para ceñirse solo con una toalla cuando se puso a lavar los pies de los discípulos. Y es lo que hoy tenemos que hacer, es la misión de la Iglesia hoy en medio de nuestro mundo. No podemos aparecer rodeados de esplendores de grandezas o de riquezas cuando vamos a anunciar el evangelio; sería una imagen que no casa con el espíritu del Evangelio que tiene que ser anunciado, tiene que ser buena noticia para los pobres.

Tenemos que aprender a sentarnos humildemente en una pobre silla o banqueta con los de la casa para hablar sosegadamente, amigablemente, para hacer el anuncio del mensaje que llevamos.

Nos sentamos poco en el camino para simplemente hablar con los que pasan, nos sentamos poco a la puerta de la casa para charlar amigablemente con los que en ella habitan. Es lo que nos está diciendo Jesús, que entremos allí donde nos abren la puerta, comamos lo que nos ofrecen y a ellos, teniendo en cuenta lo que es en verdad sus vidas, le hagamos el anuncio del Reino de Dios. No nos pide discursos, sino conversaciones, no nos pide grandes recorridos, sino que seamos capaces de detenernos a la vera del camino con quien pasa o con quien nos encontremos o simplemente nos sentemos a tomar un café.

¿Será eso lo que verdaderamente está haciendo la Iglesia, estaremos haciendo nosotros o andaremos más preocupados de organizaciones y de planes de trabajo cuando el trabajo es eso que nos va saliendo cada día al paso? Hoy hablamos mucho de una nueva evangelización pero nos preocupamos poco de esos encuentros personales, organizamos muy bien nuestros horarios de culto y celebraciones de nuestras fiestas, pero nos olvidamos del caminar del día a día, a pie de calle, o sentados alrededor de la mesa del comedor para tener una amigable charla donde trasmitamos esa paz que nos viene a traer el evangelio.

Y ya sé que no es una tarea fácil, porque no siempre habrá quien nos escuche o en muchas ocasiones sintamos el rechazo, como ovejas en medio de lobos que nos dice hoy Jesús. Pero eso no tiene que impedir que sigamos haciendo el camino porque tenemos que seguir haciendo el anuncio de la buena nueva de Jesús.

jueves, 5 de febrero de 2026

Siempre misioneros con la fuerza de la Palabra de Dios y el testimonio de nuestras vida no por nuestros humanos recursos sino por los mil detalles de amor y generosidad

 


Siempre misioneros con la fuerza de la Palabra de Dios y el testimonio de nuestras vida no por nuestros humanos recursos sino por los mil detalles de amor y generosidad

1Reyes 2, 1-4. 10-12; 1 Crón 29, 10-12; Marcos 6, 7-13

Quien recibe el encargo de algo importante y que puede tener enorme trascendencia para muchos puede experimentar encontrados sentimientos en sí mismo ante la tarea que tiene por delante, desde el orgullo que siente porque han confiado en él y también la incertidumbre de si será capaz de llevar a cabo aquello que se le encomienda; pero si además los recursos humanos que se le ofrecen son escasos, o más bien se le pide que no se apoye en esos recursos sino en la fuerza de lo que está realizando, la sinceridad de su palabra y el testimonio que a través de sí mismo pueda ofrecer de la validez e importancia de lo que realiza, podríamos pensar que en esos sentimientos aflora también el temor de que además no lo vayan a aceptar los que le rodean o con quienes ha de realizar dicho encargo.

Me hago esta previa consideración ante lo que escuchamos hoy en el evangelio. En torno a Jesús se había ido formando una pequeña comunidad de seguidores, de discípulos que le siguen continuamente por todas partes, que están siempre con Él y a los que en esa cercanía les ha ido, podíamos decir, enseñando, manifestándoles todo el sentido que tenía el Reino de Dios que anunciaba. Ahora de entre ellos escoge a doce a los que a enviar a hace ese mismo anuncio del Reino de Dios que Jesús venía haciendo, confiándoles su misión y toda su autoridad.

Pero aquí viene lo que podríamos llamar lo paradójico. Los envía con las manos vacías, podríamos decir. Les pide que se olviden de los recursos humanos, por no llevar solo les pide que lleven un bastón para el camino y unas sandalias para sus pies. Ni dineros, ni siquiera provisiones, ni siquiera túnica de repuesto. Solo han de ir con lo puesto. Comerán lo que les ofrezcan allí donde vayan llegando y donde sean acogidos, quedándose en la casa donde entren hasta que se vayan de aquel sitio; si son rechazados sacudirán el polvo de sus pies y marcharán a otra parte. Solo sus palabras anunciando la conversión por la llegada del Reino de Dios y la autoridad de Jesús para ir transformando los corazones con las señales de algo nuevo que han de manifestar con su amor, porque sobre todo a los que más sufren han de atender de manera primordial.

Como termina diciéndonos hoy el evangelio ‘ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban’. No eran cosas extraordinarias las que realizaban ni se apoyaban en medios extraordinarios. Era la sencillez y autenticidad de sus vidas. Era la verdadera riqueza del evangelio. Era el comienzo de algo nuevo que como buena semilla plantada tenía que ir haciendo brotar una planta nueva, un nuevo sentido de vida.

¿Seremos capaces de hacer nosotros lo mismo que realizaron aquellos Doce a los que Jesús les confió esta misión de anunciar el Reino de Dios? Tenemos que decir que es nuestra tarea porque un cristiano tiene que ser siempre misionero. Algunas veces cuando oímos hablar de esto quizás nos ponemos a pensar, y yo, ¿qué puedo hacer? ¿Qué es lo que tengo que hacer para ser misionero en medio de los que nos rodean? ¿Con qué medios voy a contar?

Tienes una palabra que anunciar y un testimonio que dar. Y eso has de hacerlo con la autenticidad de tu vida. Y nosotros pensamos en rodearnos de tantos medios, y estamos imaginando las técnicas que tenemos que aprender, los medios de los que nos hemos de valer. Jesús los mandó con lo puesto, porque lo importante era la autenticidad de sus vidas y el testimonio del amor con lo que así manifestarían la autoridad que Jesús les confió.

Si decíamos antes de los encontrados sentimientos con que nos podemos encontrar ante una misión que se nos confía, muchas veces nosotros vamos por los temores de no saber qué hacer o cómo hacer, pero no llegamos a ver la necesidad de la confianza en la providencia divina que estará con nosotros y con la fuerza del Espíritu que nos conducirá a ese testimonio de vida que hemos de dar. Llenémonos del amor de Dios y nuestra vida va a resplandecer en múltiples gestos que manifiestan que vivimos el Reino de Dios.


lunes, 12 de enero de 2026

¿Estaríamos dispuestos a dejar nuestras redes y nuestras barcas, lo que ha sido nuestra vida hasta ahora para embarcarnos para otra pesca diferente?

 


¿Estaríamos dispuestos a dejar nuestras redes y nuestras barcas, lo que ha sido nuestra vida hasta ahora para embarcarnos para otra pesca diferente?

1Samuel 1, 1-8; Salmo 115; Marcos 1, 14-20

Si alguien llegara de pronto a tu lado y sin más ni más, sin más preámbulos queremos decir, te dijera ‘vente conmigo’, ¿cuál sería nuestra reacción? Hoy que andamos con tantas desconfianzas en la vida seguramente nos quedaríamos a distancia preguntándonos quizás qué es lo que quiere, qué es lo que insinúa esta persona con esta inesperada propuesta; quizás podríamos responder también preguntando para que quiere que vayamos con él o dando largas, como solemos hacer en tantas cosas, diciéndonos que tendríamos que pensárnoslo porque decisiones así no se toman de un momento a otro. Pero, ¿cambiar de la noche a la mañana para dejar atrás lo que somos y lo que tenemos?, no lo haríamos así a bote pronto.

Pero es lo que nos plantea el evangelio de Marcos prácticamente en sus casi primeros versículos con lo que hoy se nos relata. Simplemente nos dice que pasaba Jesús por la orilla del lago, allí donde están los pescadores después de su faena recogiéndolo todo, remendando y guardado sus redes y sus aperos de pesca, y les dice primero a Simón y  Andrés y luego a los hermanos Zebedeos, Santiago y Juan, que se vayan con El. Les hace promesas de otras pescas que ellos seguramente no entienden; anteriormente han escuchado que Jesús al anunciar la llegada del Reino de Dios invita a la conversión y a creer en ese anuncio que les está haciendo. Pero lo maravilloso es la respuesta de aquellos pescadores, lo dejaron todo, sus redes y sus barcas, dejaron plantado al padre de los Zebedeos con sus ayudantes, y se fueron con Jesús.

Creo que mirado así con cierta frialdad y como poniéndonos a distancia este episodio tiene que causar gran sorpresa, como la sorpresa tanto de los llamados como de las personas de su entorno ante la invitación de Jesús y la rápida respuesta de los que serían sus primeros discípulos.

Pues, sí, de verdad, dejémonos sorprender por el evangelio. Es algo nuevo y no parece lo usual, ni entonces ni ahora. Cuidado que nos hayamos acostumbrado, nos hayamos aprendido las cosas demasiado de memoria y no pongamos toda nuestra vida, toda nuestra atención en lo que hoy Jesús sigue diciéndonos con estos pasajes del evangelio. No olvidemos el significado de la palabra, evangelio, buena noticia. Noticia tiene que ser para nuestra vida, noticia que espera una reacción de nosotros, sea cual sea, porque nos dejemos sorprender.

Que nos pongan una condición tan exigente cuando se nos hace una invitación podría parecer fuera de lugar. Pero así de claro es Jesús y así con esa claridad y con esa sinceridad tenemos que escuchar su Palabra y su invitación. Porque las palabras de Jesús, lo que Jesús nos anuncia no nos puede dejar indiferentes, tenemos que sentirnos aludidos allá en lo más profundo de nosotros. Y creer lo que nos anuncia Jesús no es simplemente saberlo como nos enteramos de una noticia por el periódico pero que son cosas de nuestros lugares, que no tienen que ver nada con nosotros; las aceptamos, sí, pero nuestra vida sigue con las mismas rutinas, porque son cosas que no nos afectan.

Pero el evangelio, la buena noticia que nos da Jesús, sí nos afecta, está poniendo en juego el sentido de nuestra vida, va quizás a trastocar muchas cosas pero nos hará descubrir cosas nuevas y de suma importancia para nosotros, está en juego nuestra salvación, el valor de nuestra vida, el sentido de lo que hacemos, la manera de construir nuestro mundo, nuestras relaciones con los demás. Y mucho tiene que cambiar allá desde lo más hondo de nuestro corazón, desde lo más hondo y fundamental de nuestra vida. 

Por eso nos dice Jesús que para empezar su camino tenemos que hacer un cambio en nuestra vida, no unos arreglos, un cambio total de mentalidad, de pensamiento, de sentido de la vida. Y lo hacemos porque creemos en la Palabra de Jesús, porque queremos creer en esa buena noticia que nos anuncia, ese Evangelio que será de salvación para nosotros.

¿Estaremos dispuestos a dejar nuestras redes y nuestras barcas para embarcarnos para otra pesca diferente?


domingo, 21 de diciembre de 2025

Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios y no olvidemos que podremos ser signo de Dios para muchos que te rodean

 


Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios y no olvidemos que podremos ser signo de Dios para muchos que te rodean

Isaías 7, 10-14; Salmo 23; Romanos 1, 1-7; Mateo 1, 18-24

‘Pide un signo, una señal, al Señor, tu Dios, en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo’, le dice el profeta al rey Ajaz. Pero el rey no se atreve a pedir señales aunque el profeta se las dará. En cambio José si está esperando señales; hay cosas que están sucediendo que no entiende, prefiere esperar aunque su corazón está pidiendo algo.

No se trata aquí de señales de tráfico, que las carreteras están llenas de ellas. Son otros caminos más profundos los que necesitan señales, ‘en lo  hondo del abismo o en lo alto del cielo’, como decía el profeta. En ocasiones nos sentimos en lo más hondo del abismo, aunque luego tengamos otros momentos de exaltación; pero en una y otra ocasión no sé si sabremos siempre leer lo que nos sucede. Las palabras en la escritura se conforman con signos que ya estudiamos desde pequeños para saber leer; en esos signos escritos algo se nos quiere decir y para eso hemos hecho un aprendizaje; en los signos que nos van apareciendo en la vida también tendríamos que saber leer, haber hecho un aprendizaje, pero siempre estamos a tiempo.

José se interroga por dentro ante lo que está sucediendo y estaba queriendo encontrar esos signos, esas señales; es la tarea, por así decirlo, de todo creyente; en los mismos textos que estos días se nos están ofreciendo lo encontramos, Zacarías se pregunta incrédulo en el templo cuando el ángel del Señor le anuncia que su mujer va a concebir a pesar de la vejez, y le costará entender. María también se ha quedado dando vueltas en la cabeza al mensaje del ángel; no conoce varón ¿cómo va a ser madre? Está pidiendo señales, quiere saber leer esos signos de Dios aunque ella siempre estás disponible para Dios.

¿Tendremos nosotros que leer algunos signos también ahora cuando escuchando esta Palabra de Dios estamos dando los últimos pasos en la preparación de la Navidad? Aprender a leer esas señales de Dios nos hará que podamos vivir una verdadera Navidad;  no nos podemos quedar en superficialidades, desde lo hondo de nosotros mismos nos queremos elevar también hasta Dios para escucharle, para recibirle. Ahí en lo que somos y vivimos, ahí en lo que son los problemas de cada día, ahí en ese mundo concreto que vivimos con todas sus circunstancias, ahí en la manera incluso en que el mundo que nos rodea tiene la forma de celebrar la navidad, ahí en los grandes problemas de nuestra sociedad y de nuestro mundo, ahí quiere llegar la Navidad, ahí quiere llegar Dios y tenemos que descubrir cómo y qué parte tenemos nosotros en ello.

Porque nosotros hemos de leer esos signos de Dios, pero también hemos de reconocer que nosotros tenemos que ser esos signos de Dios para el mundo que nos rodea; será la forma en que celebremos la navidad, en que vivamos la navidad, será la profundidad que le demos a lo que hacemos estos días, será el nuevo sentido en el que tenemos que envolver cuando hacemos. Y es lo que este último domingo tenemos que descubrir.

El ángel del Señor se le manifestó en sueños a José y José comprendió todo el misterio de Dios que allí se estaba manifestando. ¿Se preguntaría por qué tenían que sucederle a él todas esas cosas? Se lo preguntaría como nosotros también tantas veces nos preguntamos, pero en José había disponibilidad, había generosidad en su corazón, y recibió a María, su mujer, en su casa como le había pedido el ángel. Fue un ponerse en camino, porque todo no terminaba ahí, vendría el edicto del emperador y el viaje inesperado a Belén, pero todos los acontecimientos que luego se sucedieron casi como una cascada, porque el regreso a Nazaret no fue tan pronto como hubiera deseado, con la huída a Egipto por medio. Pero José era un hombre de fe y seguía escuchando a Dios, seguía leyendo los signos de Dios.

Cada uno de nosotros ha de hacer su lectura en su propia vida y en cuanto le acontece. Sepamos encontrar momentos de silencio y de recogimiento porque entre el ruido y los afanes de las cosas nos va a ser más difícil escuchar ese susurro de Dios en nuestro corazón. Dios llega a nosotros de la forma que menos lo esperamos porque Dios siempre se hace sorprender en nuestra vida. Pero su sorpresa siempre es una sorpresa de amor, es el regalo más hermoso que podemos recibir que no es ni papá Noel ni lo Reyes Magos quienes nos lo van a traer.

Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios. No tengamos miedo a lo que nos diga o nos pida el Señor. Que no nos falte la paz en nuestro interior que será la base de la paz que vayamos logrando en el mundo que nos rodea. Y recuerda que tú podrás ser, o tendrás que ser signo de Dios para muchos que te rodean, con tu presencia, con tu palabra, con tu compañía en el camino de la vida, con tu generosidad, con tu amor.

miércoles, 1 de octubre de 2025

No basta solo buena voluntad si no nos desprendemos de apegos y añoranzas a cosas pasadas, seguir a Jesús es ponernos en camino abiertos a unos valores nuevos

 


No basta solo buena voluntad si no nos desprendemos de apegos y añoranzas a cosas pasadas, seguir a Jesús es ponernos en camino abiertos a unos valores nuevos

Nehemías 2,1-8; Salmo 136; Lucas 9,57-62

No basta solo la buena voluntad. Es necesario algo más, aparte de un realismo que nos haga ver cosas concretas y cuales son las exigencias, por otra parte hace falta una disponibilidad generosa para dejarnos conducir y para abrirnos a todas las posibilidades. Ese realismo es conocernos a nosotros mismos, con nuestras cualidades y posibilidades, con los valores que podemos y hemos de desarrollar pero también con nuestras carencias, nuestras deficiencias acompañadas de una fuerza de voluntad para superarlas y que nos de continuidad y permanencia a aquello que emprendemos, es necesario constancias para no cansarse y volvernos pronto atrás y tirar la toalla porque creemos tarde que no somos capaces.

Esto podemos decir es en todos los ámbitos de la vida, es lo que nos hace maduros, lo que va a marcar nuestra personalidad, lo que nos hará conseguir altas metas, lo que nos arrancará de la mediocridad. Es la tarea personal de nuestro propio crecimiento y maduración como personas, son nuestros trabajos y cuanto emprendemos, es la vida de nuestra familia en la que tenemos que ser incluso creativos para buscar siempre lo mejor y no arriesgarnos a lo que salga, es en cuanto nos podamos comprometer en el ámbito de nuestra sociedad de la que no nos podemos sentir ajenos nunca.

De eso nos está hablando Jesús, que aunque de forma concreta se está refiriendo a lo que significa su seguimiento y nuestra vocación cristiana, me gusta también aterrizar en todo lo que es el ámbito de nuestra vida humana, porque cualquier palabra del evangelio siempre es luz para toda nuestra vida; desde el evangelio precisamente nos sentimos impulsados a vivir con toda intensidad la responsabilidad de nuestra vida allí donde estemos, allí donde nos desarrollemos como personas, allí donde estamos realizando nuestras tareas humanas. Por eso trato de siempre de hacer una lectura de la vida, de cuanto no sucede, porque ahí siempre tenemos dejar el matiz de nuestro sentido cristiano.

El episodio de hoy del evangelio nos habla de quienes entusiasmados quieren seguir a Jesús, o de aquellos a los que Jesús invita a un seguimiento especial donde tenemos que saberlo vivir con un desprendimiento y una generosidad especial, pero también con realismo.

Nos habla primero de aquel que entusiasmado dice que quiere seguir a Jesús a donde quiera que vaya, o sea, cualquier cosa que le pida Jesús. Pero Jesús lo hace detenerse a pensar, a calibrar bien lo que significa seguir a Jesús, a lo que son las exigencias de vida que se le presentan. No es el fervorín de un momento, como tantas veces sucede y luego vemos que aquella llamarada tan ostentosa pronto se afloja y apaga. La decisión del seguimiento de Jesús no parte solo de una buena voluntad que nosotros tengamos, sino también de una llamada que escuchamos en lo hondo de nosotros mismos.

¿Hasta dónde somos capaces de seguirle? ¿Qué estamos dispuestos a dar o a hacer? Jesús le habla a aquel buen hombre tan entusiasmado por seguirle que las fieras del campo tienen sus madrigueras y las aves del cielo sus nidos, pero ‘el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza’. ¿Seremos capaces de una disponibilidad así? Jesús no tenía casa, porque incluso cuando va a su pueblo es rechazado y lo quieren tirar barranco abajo; si vida es itinerante de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, lo veremos más o menos establecido en Cafarnaún pero parece ser la casa de Pedro su centro de referencia; cuando va a Jerusalén estará pidiendo a alguien que le preste una sala para celebrar la pascua con los discípulos. ¿Seremos capaces de ponernos así en camino?

A otro a quien invita Jesús a seguirle y que le pida que le permita primero ir a enterrar a su padre, le dirá tajantemente que deje que los muertos entierren a sus muertos, que el camino que El le ofrece es un camino de vida; mientras que al que le pide que primero quiere ir a despedirse de su familia le dirá que no hay que volver la mirada atrás con añoranzas de tiempos pasados, sino que quien se pone en camino siempre ha de mirar hacia delante. No quiere Jesús que rompamos nuestros vínculos familiares, pero sí que no nos creemos ataduras; ponerse en camino, y ya nos dirá en otra ocasión que sin alforjas, porque no dependemos de las cosas, la fuerza está en el mismo camino que hacemos y en la Palabra que pronunciamos, porque la fuerza nos viene del Señor, para El toda nuestra disponibilidad.

¿Es el camino que hacemos en nuestra vida cristiana? ¿Habremos entendido bien lo que significa seguir a Jesús? ¿Nos dejaremos envolver por sus valores o estaremos con nuestro corazón desgarrado porque siempre estamos aspirando a las cosas que dejamos atrás?

viernes, 15 de agosto de 2025

En su Asunción al cielo María pone en nuestras manos el testigo de la luz de Cristo para que nos levantemos y pongamos en camino para iluminar nuestro mundo

 


En su Asunción al cielo María pone en nuestras manos el testigo de la luz de Cristo para que nos levantemos y pongamos en camino para iluminar nuestro mundo

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Salmo 44; 1Corintios 15, 20-27ª; 1, 39-56

 Levantarnos y ponernos en camino. Creo que puede ser el mensaje que resuma  lo que hoy esta fiesta de la Asunción de la Virgen nos puede dejar para nuestra vida.

Levantarnos exige de nosotros una toma de decisión, ni nos quedamos postrados porque nos sintamos unidos ni nos quedamos en la pasividad de dejar la vida pasar sin poner nada de nuestra parte.  Es decidir que tenemos que hacer algo, en este caso, ponernos en camino; ponernos en camino es como lanzarnos a una aventura nueva, es mirar más allá y más lejos porque queremos alcanzar una meta, queremos algo, queremos buscar; atrevernos a descubrir algo nuevo, atrevernos a afrontar lo que vayamos encontrando en el camino, aunque a veces sea duro, lanzarnos a descubrir algo nuevo, a contemplar también la belleza de lo que nos rodea pero buscando otra belleza mayor y mejor, es ser conscientes de la travesía que estamos haciendo pero también de cuanto y cuantos vamos encontrando en esa travesía para ir también interactuando con ese mundo que nos rodea, es poner alegría, ilusión y esperanza en el camino que vamos haciendo que ya no lo podemos hacer entonces de cualquier manera.

No es solo el hecho de que despertemos por la mañana y nos levantemos de la cama para ir haciendo rutinariamente las cosas de cada día. Es empeño, es entusiasmo, es creer en lo que vamos a hacer, es implicar a los que nos rodean con nuestra alegría y nuestra ilusión. Es trasmitir y comunicar lo que llevamos dentro, es convertirnos en mensajeros de que algo nuevo y bueno puede surgir o tenemos que construir.

Comienza diciéndonos el evangelio de hoy que María, después de haber recibido aquella embajada angélica y enterada de lo que estaba sucediendo allá en las montañas de Judea, en casa de su prima Isabel, ‘se levantó y se puso en camino deprisa a la montaña’. María tenía que desahogar lo que tenia en su alma, porque Dios se había fijado en el ella y en su pequeñez estaba realizando cosas grandes; María tenía que ir a comunicar lo que estaba viviendo y es que la misericordia del Señor estaba visitando a su pueblo y todas las promesas mesiánicas se estaban dando cumplimiento; María llevaba alas en su corazón – deprisa hizo el camino nos dice el evangelista – porque Dios visitaba a su pueblo y ella tenía que ser signo de esa visita de Dios que derramaba bendiciones a su paso. La criatura saltó en el seno de Isabel al escuchar las palabras del saludo de María.

El camino de María era un camino nuevo que estaba emprendiendo la humanidad; será un camino sencillo y humilde, al que se hacen sordos los poderosos y los que se creen grandes, pero que van a reconocer los pequeños, los pobres, los sencillos porque serán a los que se revele Dios mientras los poderosos son derribados de sus tronos; un camino de gestos sencillos como ponerse a servir a los que también se sienten pequeños y débiles en sus necesidades pero en quienes se va a derramar de forma abundante la misericordia del Señor.  

Es camino nuevo, porque es camino que nos trae la buena noticia, es camino de evangelio, es camino que nos señala el paso de Dios por nuestra vida y por nuestra historia, pero que nos convierte a nosotros en caminantes y testigos en medio de nuestro mundo.

Siguiendo el ejemplo y testimonio de María nosotros hoy también queremos levantarnos y ponernos en camino. Ni nos podemos quedar en la tranquilidad de Nazaret ni nos podemos quedar en lo alto de la montaña por muy bien que se esté allí como le sucedía a Pedro. Los que de Nazaret no se pusieron en camino les costaría incluso después reconocer en Jesús el paso salvador de Dios por sus vida. Si nos quedamos ensimismados en lo alto de la montaña no seremos capaces de palpar la realidad cruda de nuestro mundo, como cuando Jesús bajó del Tabor y se encontró con aquel padre que no sabía qué hacer con su hijo porque tampoco los discípulos eran capaces de curarlo.

Ponernos en camino significará para nosotros contemplar la cruda realidad de nuestra vida y de nuestro mundo, muchas veces desorientado y confundido, que nos puede ofrecer mil caminos pero en los que nunca encontraremos satisfacción porque solo quieren encantarnos con cantos de sirena, con alegrías superficiales  o con felicidades efímeras que al final nos dejan mal sabor en la boca y amargura en el corazón. Es el camino ilusionante que nosotros hemos de emprender desde nuestro encuentro con Jesús en la fe para llevar una rayo de luz, un rayo de esperanza de que algo nuevo y mejor podemos hacer para darle plenitud a nuestro mundo.


Es el faro de luz que de manos de María hoy recibimos cuando la vemos glorificada junto a Dios, en esta fiesta de su Asunción al cielo, cuando contemplamos su camino de Nazaret a las Montañas de Judea, o cuando la estamos contemplando en su bendita Imagen de la Candelaria, como hoy la celebramos en nuestra tierra canaria.

Esa vela luminosa y encendida que lleva en sus manos en nuestras manos la está depositando para que nosotros poniéndonos en camino seamos signos de esa luz en el mundo que nos rodea. Es como un testigo que pone en nuestra manos, pero que ya recibimos desde el día de nuestro bautismo, porque además es la luz que si la mantenemos encendida con ella podremos entrar en las bodas eternas del cielo, en la gloria del Señor, como a Ella hoy la contemplamos.

miércoles, 16 de julio de 2025

Seamos capaces de descalzarnos con humildad y sencillez para abrirnos al misterio de Dios que se nos revela y ponernos en camino a nueva misión

 


Seamos capaces de descalzarnos con humildad y sencillez para abrirnos al misterio de Dios que se nos revela y ponernos en camino a nueva misión

Éxodo 3,1-6.9-12; Salmo 102; Mateo 11,25-27

Salvo por los esnobismos en ropajes y atuendos que hoy están de modo en este mundo postmoderno, cosa que a los de nuestra generación, ya mayores, nos cuesta entender, el contemplar a alguien que se acerca a nosotros o camina en medio nuestro con los pies descalzos es algo que nos produce gran impresión; nos hablará quizás de pobreza y de humildad, nos puede hablar de un sentirse desasistidos pero también de un desprendimiento, nos puede hablar de quien pone los pies sobre la tierra para sentir todo lo que esa tierra nos puede transmitir en muchas sensaciones, nos puede hablar de unos pies fríos porque en la vida les puede estar faltando ese calor que emana del corazón para darnos una nueva vitalidad como nos puede hablar de un vacío existencial que buscamos donde llenar, nos puede hablar de un camino, incierto quizás, que pretendemos emprender no ya como una aventura sino como una misión que cumplir.

Quiero unir este pensamiento un tanto complejo que me ha surgido con lo que hoy se nos dice en la Palabra de Dios, tanto en la lectura del Éxodo, como luego en el evangelio. ‘Descálzate, porque la tierra que pisas es santa’, hemos escuchado que le dice Dios a Moisés que se ha acercado a aquella zarza ardiendo y que no se consumía, todo ello lleno de misterio. Moisés se sentía en la presencia de Dios y se descalza como Dios le pide; así con los pies descalzos, liberados de ataduras y con una nueva ligereza en nuestra vida, con disponibilidad total para dejarse conducir aunque hecho de una manera totalmente consciente, con humildad para sentir su pequeñez ante el misterio, con búsqueda de un sentido para todo aquello que está sucediendo y que cuesta comprender, con unas sensaciones nuevas dentro de sí pero con la generosidad de quien se ofrece y aceptar una misión nueva que le van a encomendar, con la curiosidad de los sencillos que buscan y que preguntan pero que al mismo tiempo son receptivos para emprender caminos nuevos que despiertan esperanzas. ¿Será lo que necesitamos para ponernos ante Dios? ¿Para descubrir y conocer todo el misterio de Dios que se nos revela?

Es la actitud nueva que nos está enseñando el evangelio hoy. Jesús da gracias al Padre por la misión que está realizando. ‘Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad’ había sido la postura de obediencia al Padre que Jesús había manifestado desde el primer instante de su presencia en medio de nosotros, como nos dice la carta a los Hebreos. Será lo que continuamente nos irá repitiendo porque ‘su alimento era hacer la voluntad del Padre’. Muchos textos en este sentido podríamos sacar del evangelio. Anunciando el Reino de Dios había ido recorriendo los caminos de Galilea y toda Palestina. ¿Quiénes eran los que primero le escuchaban y a quienes llegaba a lo hondo de sus corazones aquella esperanza que Jesús iba suscitando? Los pobres y los sencillos.

Hoy da gracias al Padre porque ha ido revelando todo este misterio no a los poderosos, sabios y entendidos – demasiado calzados en las botas del orgullo y la vanidad – sino a los sencillos de corazón, a los de pies descalzos, a los que en verdad se sentían vacíos de sí mismos y buscando llenar ese vacío en Dios, a aquellos que desde su pobreza son sin embargo los primeros que manifiestan su generosidad y desprendimiento, a los que están dispuestos a ponerse en camino aunque pocas sean las alforjas que puedan llevar, a los que un día incluso se encontrarán en el descampado escasos de pan pero que van a probar algo nuevo que da una nueva vida y que es lo que Jesús les ofrece.

¿Seremos nosotros capaces de descalzarnos para ponernos también en ese camino de búsqueda de Dios? ¿Tendremos esa humildad y sencillez de corazón para abrirlo con disponibilidad al misterio de Dios? ¿Tendremos ligereza en nuestros pies para ponernos en camino a una nueva misión, como Moisés que también recibió una nueva misión de Dios para su vida?

Contemplamos y celebramos en este día a María, la Madre del Señor, en su Advocación del Monte Carmelo o del Carmen, que nos ofrece en su escapulario el humilde delantal del servicio, porque de ahí parte el sentido de su escapulario como las vestiduras de los que se disponían a trabajar y a servir.