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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Que sea el Espíritu del Señor el que nos guíe porque es quien nos da con su divina sabiduría el agua o el sol que necesitamos en cada momento para vivir el Reino de Dios

 


Que sea el Espíritu del Señor el que nos guíe porque es quien nos da con su divina sabiduría el agua o el sol que necesitamos en cada momento para vivir el Reino de Dios

1Corintios 12, 31 – 13,13; Salmo 32; Lucas 7, 31-35

Nunca llueve a gusto de todos, solemos decir muchas veces; y no es solo que no estemos nunca contentos con el tiempo meteorológico que tengamos, que si hace calor, que si hace frío, que si tenemos mal tiempo, que si los tiempos están cambiando que son temas de conversación bastante frecuentes; pero cuando empleamos esa expresión queremos decir algo más, nunca estamos contentos en cómo estamos o lo que tenemos aunque seamos nosotros mismos los que nos lo hemos labrado.

¿Descontento? ¿poca confianza en lo que hacemos? ¿inconformismo? ¿incongruencia en las actitudes o en las posturas que tomamos con las que al final ni nosotros mismos estamos de acuerdo? ¿falta de metas o de principios que den una orientación firme a nuestra vida? Yo suelo decir, sin embargo, que un cierto inconformismo sí que necesitamos en la vida, porque será también lo que nos vuelva críticos con nosotros mismos y nos haga crecer, porque nos lleve a corregirnos y a buscar siempre algo mejor para nuestra vida. Pero quizás nuestros inconformismos no siempre vayan por ese camino, sino porque no nos hacen lo que a nosotros nos agrada o nos resulta más fácil.

Jesús se pregunta a quién puede comparar aquella generación que entonces le tocó sortear. Y dirá que son como niños que no saben lo que quieren, que salen a jugar a la plaza y no terminan de ponerse de acuerdo en los juegos que les harían participar a todos. ¿Seguiremos siendo también hoy nosotros como niños que no sabemos lo que queremos?

Jesús, de alguna manera, hace una comparación en las reacciones que tuvieron cuando Juan Bautista apareció allá en el desierto a la orilla del Jordán y la reacción que ahora están teniendo con su presencia y su manera de anunciarles el Reino de Dios. Mientras había gente que iba a escuchar con gusto a Juan queriendo entrar en aquel camino de preparación para la inminente venida del Mesías, otros lo rechazaban por su austeridad, su manera de presentarse y las palabras duras que en ocasiones pronunciaba invitando a la penitencia y a la conversión; por contra otros querían restarle autoridad, allí estaban aquellas embajadas enviadas desde Jerusalén pidiéndole que se identificará claramente si era un profeta o si era el Mesías.

Pero es lo que está sucediendo con Jesús; hay multitudes que le aclaman y reconocen los signos que realiza a pesar de que muchas veces se puede quedar en un entusiasmo pasajero, mientras otros ponen en duda su autoridad y su poder atribuyéndole incongruentemente poderes satánicos a la hora de realizar milagros o expulsiones de demonios, como tampoco le aceptarán considerándolo un desprestigio el que coma y se reúna con publicanos y pecadores.

¿Quien tendrá la razón? ¿donde encontrar la verdadera sabiduría que nos haga discernir bien las opciones que hemos de tomar?

Pero claro que cuando escuchamos este mensaje del evangelio no nos quedamos en un ojo crítico con lo que sucedía en aquellos tiempos y nos narra el evangelista, sino que ahí tenemos que saber descubrir una plantilla de lo que ahora a nosotros mismos nos pueda suceder. ¿Cómo escuchamos y qué valor le damos a lo que la Iglesia hoy nos enseña y nos propone en nombre del evangelio en este momento concreto de nuestra historia? ¿Cuál es la atención que le prestamos a la voz del Papa o de nuestros pastores más directos? ¿Qué interpretaciones hacemos?

Como decíamos al principio no siempre llueve al gusto de todos y cada uno quiere acercar el ascua a su sardina; según los presupuestos que tengamos en nuestra mente queremos aplicar o queremos dejar de lado lo que la Iglesia nos propone a través de sus pastores. Y entramos en catalogaciones, y hablamos de tendencias, y hacemos comparaciones con las maneras de actuar de los dirigentes o de las ideologías del momento.

¿No seríamos capaces de pensar que es el Espíritu del Señor el que en verdad guía a la Iglesia y esa diversidad que algunas veces nos parece encontrar sea lo que en cada momento, y a través del pastor que Dios nos ha dado en ese momento, es lo que necesitábamos para el anuncio del Reino en el mundo concreto en que vivimos? Mucho tenemos que discernir y muchos tenemos que dejarnos guiar por el Espíritu que nos llena de la verdadera sabiduría.


miércoles, 24 de junio de 2026

Sintamos igualmente que el Señor ha hecho también para nosotros gracia hoy en el nacimiento de Juan en el desierto de nuestro mundo

Sintamos igualmente que el Señor ha hecho también para nosotros gracia hoy en el nacimiento de Juan en el desierto de nuestro mundo


Isaías 49, 1-6;Salmo 138;Hechos 13, 22-26;Lucas 1, 57-66. 80

‘Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella… Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él…’
Hoy celebramos el nacimiento de Juan Bautista. Grande fue la alegría en las montañas de Judá a la hora de su nacimiento. Grande es la alegría también con que el pueblo cristiano celebra la fiesta de su nacimiento. Se preguntaban sus parientes y vecinos qué sería de aquel niño. Muchas cosas extraordinarias rodeaban su nacimiento y todos lo comentaban; había felicitado a Isabel cuando se enteraron que en su vejez iba a ser madre, y ahora con todo lo que rodeaba su nacimiento era causa de comentario y reflexión para aquellas gentes. 
A nosotros también nos hace reflexionar. Y nosotros desde nueva fe sabemos cuál fue su misión y vemos ciertamente que la mano del Señor estaba con él. Su mismo nombre nos lo indica; querían que se llamara Zacarías como su padre porque era lo usual en el primogénito de una familia, pero Zacarías e Isabel sabían que el nacimiento de aquel niño era una gracia, un regalo del Señor y grande era la misión que traía con su nacimiento. Es el significado de la palabra, del nombre que se le iba a imponer, Juan, que viene a significar algo así como que Dios ha hecho gracia; fue, ciertamente una gracia para aquella familia que tanto deseaban un hijo y se vieron enriquecidos con esa gracia del Señor, pero iba a ser una gracia para Israel con la misión que traía como ya le había señalado el ángel a Zacarias en su visión en el templo, era el que venía como un nuevo Elias a reunir a los hijos dispersos de Israel.
Profeta y más que profeta, como diría de él Jesús mismo, el mayor de los nacidos de mujer con la misión de preparar los caminos del Señor, como predicaría más tarde en el desierto. Para nosotros también sigue resonando la palabra y la figura del Bautista; muchos son los caminos que hemos de saber enderezar en nuestra vida para ir al encuentro del Señor que viene a nosotros; su palabra nos resuena no solo en el tiempo del Adviento cuando en la cercanía de la Navidad nosotros también hemos de prepararnos, sino que siempre estará siendo testimonio a nuestro lado de ese camino de rectitud que hemos de vivir aunque duros se nos hagan nuestros caminos.
Algunas veces también nos sentimos como en medio de un desierto en ese mundo que tenemos a nuestros pies y sobre el que caminamos con tantas asperezas y sequedades que nos hacen difícil la siembra de la semilla que se ha puesto en nuestras manos. Corazones resecos e insensibles porque solo piensan en sus intereses y se olvidad de lo que es la rectitud y la honestidad, un caminar sin rumbo dejándonos arrastrar por los vientos del materialismo y del sensualismo como si fuéramos arenas del desierto ofreciéndonos como cantos de sirena placeres o soluciones para la vida que nos dejan con el corazón cada vez más vacío, esa falta de autenticidad de tantos que se envuelven en la fastuosidad de la vanidad y la apariencia. 
Necesitamos escuchar la voz del Bautista que nos invita a una transformación de nuestras vidas para encontrar ese verdadero camino que nos haga aceptar el evangelio que nos anunciará y propondrá Jesus. En medio de la alegría y de la fiesta de su nacimiento son preguntas que nosotros también tendremos que hacernos aquellos vecinos de la Montaña de los que se nos habla en el nacimiento de Juan. ¿Qué será de este niño? ¿Qué es lo que nosotros tenemos que ver hoy para nuestra vida en la celebración de su nacimiento? ¿sentiremos igualmente que el Señor ha hecho también para nosotros gracia hoy en su nacimiento?

sábado, 21 de marzo de 2026

Tomemos posiciones valientes y dejémonos inquietar sin miedo por la Palabra de Dios que nos hace buscar algo nuevo y distinto que se haga vida en nosotros

 


Tomemos posiciones valientes y dejémonos inquietar sin miedo por la Palabra de Dios que nos hace buscar algo nuevo y distinto que se haga vida en nosotros

Jeremías 11, 18-20; Salmo 7; Juan 7, 40-53

Es necesario tomar posición en la vida, definirnos, decir claramente lo que pensamos o lo que queremos, aunque sepamos que nuestras posturas van a resultar incómodas para muchos. Creo que es algo que los cristianos de hoy también tendríamos que tener muy claro y en consecuencia ser valientes. Nos encontraremos con gente que se posesiona de distinta manera, respetar a esas personas no significa que tengamos que comulgar con sus ideas abandonando nuestros principios, ni podemos tener miedo de la situación de preponderancia que puedan tener quienes opinan distinto en la sociedad en la que vivimos, pero nuestra verdad no la podemos callar.

Hoy el evangelio nos presenta un momento un tanto complejo en la relación o en la reacción que muchos puedan tener ante Jesús. Nos irá apareciendo ahora en estos últimos días de la cuaresma, en nuestra preparación para la celebración de la pascua esos momentos en que aquellos que no aceptan a Jesús comenzarán a maquinar contra El. Pero nos vamos encontrando también quienes van descubriendo en Jesús algo distinto. Unos decían que en verdad eran un profeta, sintiéndose interrogados interiormente por su palabra pero también por los signos que Jesús va realizando. Otros dirán que eso es imposible, porque de Galilea nunca había surgido un profeta, y además sabían que Jesús no se había instruido en aquellas rabínicas de Jerusalén. Sin embargo sentían que su palabra los interrogaba por dentro.

Cuando los dirigentes de Jerusalén quieren apresar incluso a Jesús y mandan a unos guardias que ejecuten esa orden se encontrarán que vuelven con las manos vacías, no se habían atrevido a realizar aquel prendimiento por temor al pueblo que escuchaba y reverenciaba a Jesús. La respuesta de aquellos guardias a la pregunta de por qué no lo habían apresado era que nadie había hablado nunca como lo hacía Jesús. Y ya escuchamos la respuesta dura de los fariseos. ‘¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos’.

Pero aquellos guardias habían sido valientes y se habían arriesgado a no hacer lo que les pedían. Escuchaban algo nuevo en las palabras de Jesús. Habían tomado también posición, como la estaba tomando también Nicodemo, aquel magistrado que una noche había ido a hablar con Jesús, que les dice que no se puede condenar a nadie sin escucharlo. Pero recibirá los improperios de sus compañeros por esta palabra de defensa de Jesús que había pronunciado.

Cuando ahora en nuestro camino cuaresmal estamos nosotros reflexionando sobre el evangelio en esta preparación que hemos de hacer de nuestro espíritu para poder vivir la pascua quizá tendríamos que preguntarnos en qué medida en el mundo en el que vivimos hoy nosotros como cristianos nos estamos posicionando. Podríamos estar queriendo nadar y guardar la ropa al mismo tiempo, como dice el refrán, o podíamos estar queriendo nadar entre dos aguas. Necesitamos posicionarnos, necesitamos ese coraje que nos da el espíritu del Señor para dar ese testimonio.

No nos podemos quedar en unos actos que pudieran ser o muy solemnes, o muy llenos de artificio, o simplemente en un sentimentalismo provocado por unas imágenes que vemos pasar pero que no dejamos que penetren profundamente dentro de nosotros. Tenemos el peligro de la superficialidad religiosa en quedarnos en ostentaciones en cierto modo vanidosas, pero sin dejar que la Pascua cale hondamente en nuestra vida para dejarnos transformar por el evangelio de Jesús. Tendríamos que hacer una revisión profunda de la manera como entendemos y vivimos nuestra religiosidad porque aunque plasmemos plásticamente unas escenas del evangelio, sin embargo el evangelio pudiera estar muy lejos de todo eso, y entonces no calar en nuestra vida.

La Palabra de Dios tiene que inquietarnos y no hemos de tener miedo a esa inquietud que nos hace buscar algo más, que nos hace profundizar en el mensaje del evangelio para darle ese sentido profundo que necesita nuestra vida.

lunes, 2 de marzo de 2026

La luz de la misericordia del Señor ha iluminado nuestra vida y entonces serán también siempre luminosos nuestros caminos

 


La luz de la misericordia del Señor ha iluminado nuestra vida y entonces serán también siempre luminosos nuestros caminos

Daniel 9, 4b-10; Salmo 78; Lucas 6, 36-38

¿Nos habremos sentido alguna vez abrumados por la vergüenza de lo que hemos hecho? Como solemos decir, no sabemos donde meternos, sentimos el oprobio sobre nosotros, en consecuencia nos sentimos arrepentidos aunque no sabemos como reparar el daño, cómo quitar de nosotros esa mancha que ya nos parece imborrable.

Es lo que nos está expresando el profeta, vergüenza por lo propio, por lo que hemos hecho, vergüenza ajena que sentimos también algunas veces por lo que sucede a nuestro alrededor y de lo que en cierto modo no es que nos sintamos culpables, pero quizás podíamos haberlo evitado. Pero las palabras del profeta no son para hundirnos, nunca la Palabra de Dios querrá eso para nosotros, sino que siempre es una mano tendida, siempre es una palabra de esperanza, porque no solo contemplamos nuestra indignidad sino sobre todo contemplamos y nos sentimos envueltos por la misericordia del Señor. ‘Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas’. Desobedecimos pero Dios nos sale al encuentro con su misericordia.

Es lo que se complementa con la palabra del Evangelio que siempre se va a convertir en luz para nuestro camino. Cuando en un camino oscuro vamos encontrando lámparas cada cierto tramo nos van señalando la dirección para no perdernos, pero aun más nos van señalando los peligros en los que podemos tropezar pero se convierte también en senda que nos allana el camino porque nos dice por donde podemos ir rectamente, nos hace fijarnos en esos detalles que quizás nos hubieran pasado desapercibidos pero que resaltados con esa luz vemos lo valiosos que son y se convierten en una invitación para unas nuevas actitudes y posturas en nuestra vida.

Hoy tajantemente nos dice Jesús que seamos compasivos y misericordiosos, pero es que además nos muestra en cómo hemos de manifestar en nosotros esa compasión y misericordia. ‘Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso’, nos dice Jesús. Pero es que a continuación nos señala cómo hemos de manifestar esa misericordia. No es una palabra que adorne nuestro discurso, es una actitud que se va a reflejar en nuestra manera de actuar con los demás.

Y nos dice que no juzguemos, que siendo comprensivos no tenemos por qué condenar sino siempre hemos de estar abiertos al perdón; por eso nunca ha de aparecer en nosotros una actitud condenatoria ante lo que los otros puedan hacer, porque nosotros cometemos los mismos errores, pero sobre todo porque nos hemos gozado cuando Dios ha sido misericordioso con nosotros y es lo que tenemos que ofrecer a los demás; no perdonamos poniendo cara de quita vidas porque detrás quede nuestro juicio y nuestra condena, sino con la alegría de quien ofrece un regalo en el que se va a sentir alegre quien lo recibe pero también nosotros porque podemos ofrecerlo.

Por eso cuando nos hemos gozado con el amor misericordioso de Dios con nosotros, serán unas actitudes nuevas con las que hemos de tachonar nuestras vidas, y aparece la generosidad sin medida, y aparece el compartir como iniciativa siempre de nuestra vida, y tendrá que aparecer la acogida de unas puertas siempre abiertas, será el ofrecimiento de ese nido de amor de nuestro corazón que creará cercanía, que renueva y hace crecer la amistad, que nos hace entrar en una nueva sintonía con los demás.

La luz de la misericordia del Señor ha iluminado nuestra vida y entonces serán también siempre luminosos nuestros caminos.

sábado, 21 de febrero de 2026

Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

 


Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

Parece como si algunas veces olvidáramos las palabras que nos dice Jesús en el evangelio, o quizás olvidamos el verdadero sentido de esa palabra, evangelio; es una nueva noticia y una noticia buena, pero una noticia transformadora, que nos inquieta, que nos lleva a descubrir algo siempre nuevo; nos hemos acostumbrado a decir evangelio y ya no gustamos de su sentido, de lo que nos ofrece, de aquello a que nos llama.

Por algo Jesús desde el principio nos pide un cambio profundo dentro de nosotros para poder creer en esa buena noticia que nos ofrece y que nos está hablando del Reino de Dios; la palabra que se emplea y que medio hemos endulzado es conversión; y conversión es una vuelta total del corazón. De lo contrario no podríamos llegar a entender páginas como las que se nos ofrecen hoy, y me refiero tanto al evangelio como también al profeta.

Parece que se sale de todos los limites el que Jesús llame precisamente para que le siga como discípulo a un publicano; eran personas muy minusvaloradas en la sociedad judía de entonces, en consecuencia no tendría el prestigio – cuanto hablamos hoy también de los prestigios incluso dentro de la Iglesia – para formar parte de aquellos más cercanos a Jesús que El un día constituiría como el grupo de los apóstoles, el fundamento, podríamos decir, de aquella nueva comunidad.

Pero otra cosa que podría parecer discordante para aquella sociedad es que precisamente Jesús se siente a la mesa con todas esas personas que son despreciadas por su entorno, publicanos y pecadores. ¿Podría quitar eso el brillo de la santidad y rectitud de quien se presentaba como profeta en medio de ellos? Pero esa es la voz del profeta que solo quiere transmitir lo que es el mensaje de Dios, es la garantía precisamente de que Jesús es aquel que había anunciado el profeta como lleno del Espíritu de Dios que venía a traer una buena noticia a los pobres, a los oprimidos, como se había proclamado un día allá en la sinagoga de Nazaret. Es el estilo de Dios que así se nos manifiesta en Jesús. En ese sentido iban las palabras del profeta.

Hermosas las palabras del profeta. ‘Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía’. Así Jesús se convierte en luz de nuestra vida en medio de tantas tinieblas y oscuridad. Claro que como nos dice el evangelio de Juan al principio la luz vino a iluminar las tinieblas pero las tinieblas rechazaron la luz.

Pero la palabra del profeta es aliento para nuestra vida, un impulso para que seamos siempre luz con la luz de Jesús. ‘Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas, volverás a levantar los cimientos de otros tiempos; te llamarán “reparador de brechas”, “restaurador de senderos”, para hacer habitable el país’. ¿No será eso lo que nosotros también tenemos que ser? Como dice el  profeta ‘reparador de brechas… restaurador de senderos…’ Cuántos corazones rotos hemos de sanar, cuántas soledades que acompañar, cuántas manos que tender, cuántos caminos de hacer junto a los demás. ‘Brillará tu luz en las tinieblas…’ No olvidemos lo que dice Jesús que ‘no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan’.

Es el camino que se abre ante nosotros en esta cuaresma que estamos comenzando a vivir. Es el ayuno y la penitencia que el Señor nos pide. Son esas actitudes nuevas que han de brillar en nuestra vida. Son los signos de vida nueva que han de ser evangelio también para los demás. Es la misión que Jesús a nosotros también nos ha confiado.

 

miércoles, 4 de febrero de 2026

El profeta va lleno del Espíritu del Señor y nada le detiene, será costosa su misión que tiene mucho de pascua, pero de la muerte hará resurgir la vida

 


El profeta va lleno del Espíritu del Señor y nada le detiene, será costosa su misión que tiene mucho de pascua, pero de la muerte hará resurgir la vida

2 Samuel 24, 2. 9-17; Salmo 31; Marcos 6, 1-6

¿Qué se cree él? ¿Quién se cree que es? Reacciones así hemos visto más de una vez, o quizás nosotros mismos hemos tenido, ante alguien que nos dice cosas que no nos gustan porque nos están poniendo el dedo en la llaga, diciéndonos la verdad que no nos gusta escuchar. Una persona que trata de comportarse con gran nobleza y rectitud, que quizás la vemos comprometida en acciones a favor de los demás o que se convierte en denuncia de situaciones que no son tan buenas, pero que quizás nos molestan, nos sentimos heridos porque nos están diciendo las cosas claras; y nos surgen esas preguntas que cuestionan a la persona, a la que quitamos autoridad en lo que dice porque buscamos sombras que la desprestigien. ‘Si ese individuo lo conozco yo de toda la vida… y sé quien es su familia…’ y así nos montamos buenas historias con tal de no aceptarlo.

Le estaba pasando a Jesús. Había ido a su ciudad y se había puesto a enseñar en la sinagoga como hacía por todos los lugares por donde iba anunciando el Reino de Dios. El evangelista Marcos a quien corresponde este relato no nos detalla cual era el mensaje de Jesús, pero sin lugar a dudas era el anuncio de la llegada del Reino de Dios pidiendo la conversión para creer esa Buena Noticia; como en otros los signos que realizaba daban autoridad a sus palabras.

Pero la gente se cuestiona. ‘¿De donde la viene esta sabiduría?’ Lo conocían de toda la vida porque allí en Nazaret se había criado, y allí estaban sus familiares, y allí había trabajo con su padre José. ‘¿No es este el carpintero?’ se decían. Y mencionaban a todos sus parientes conocidos de todos como era además normal en un pueblo pequeño. Y comenzó a aparecer la desconfianza, no le creían, no le aceptaban; ¿qué podían recibir ellos de alguien que era como ellos? ¿Si viniera revestido de autoridad de otros lugares o de alguna escuela rabínica? ¡Qué difícil se nos hace comprender los misterios de Dios!

‘No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa’, les dice Jesús con palabras que se han convertido en sentencia y en refrán. Y como continúa diciendo el evangelista ‘no pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe’, pero como se continúa diciéndonos Jesús continuó con su misión profética por todos los lugares y aldeas de Galilea.

El profeta va lleno del Espíritu del Señor y nada le detiene, hablará las palabras que tiene que decir aunque no sean escuchadas, manifestará las maravillas del Señor aunque no sean reconocidas, seguirá sembrando la semilla de la Palabra de Dios aunque no siempre encuentre la tierra apropiada; en algún lugar brotará esa semilla, algunos terminarán reconociendo las maravillas del Señor, Dios sigue actuando y acercándose a nosotros aunque seamos las tinieblas que rechazamos la luz. Y es que Dios se manifiesta en lo humilde y lo sencillo, se manifiesta en los pequeños y en los parece que no son nada, se acerca a la humanidad para hacer su mismo camino pero para abrir nuevos caminos ante él. Será costosa la misión y tiene mucho de pascua, de pasión y de muerte, pero de la muerte hará resurgir la vida porque ahí está siempre el paso del Señor.

Contemplamos el actuar de Jesús pero en El tenemos que vernos reflejados, no en vano con Cristo nos hemos hecho sacerdotes, profetas y reyes, y esa misión no la podemos abandonar. No siempre nos será fácil, muchas veces también nos encontraremos que no somos aceptados, no a todos va a gustar el anuncio de verdad que tenemos que hacer, pero hay una fidelidad y una lealtad en nuestro corazón que no podemos abandonar; con nosotros está la fuerza del Espíritu del Señor que nos alienta, que pone palabras en nuestros labios, pero que nos transforma para que seamos en verdad testimonio ante el mundo que no nos quiere creer y que en ocasiones tratará de quitarle valor a nuestras palabras. Somos pecadores, es cierto, pero por eso mismo somos testigos de lo que es el amor del Señor, es el hermoso testimonio que tenemos que dar.

viernes, 2 de enero de 2026

¿En qué nos quedaremos en todo esto de la Navidad, solamente en un niño pobre nacido en Belén y recostado entre las pajas de un establo o hemos de dar una razón más?

 


¿En qué nos quedaremos en todo esto de la Navidad, solamente en un niño pobre nacido en Belén y recostado entre las pajas de un establo o hemos de dar una razón más?

1 Juan 2, 22-28; Salmo 97;  Juan 1, 19-28

Tú, ¿quién eres? Una pregunta que surge casi espontáneamente cuando nos encontramos a alguien a quien no conocemos, pero que por diversas circunstancias tenemos que entrar en relación con él; saber con quien estamos hablando, con quien tratamos, qué clase de relación podemos entablar con esa persona según sea su identidad. Pero la pregunta se puede volver más dura y más inquirente, cuando hay algo de lo que sospechamos, algo que quizás no termina de agradarnos, o por la forma cómo se presenta esa persona con lo que está haciendo. Tú, ¿quién te crees que eres?, como cuestionando su identidad o su autoridad para lo que está haciendo.

Con una pregunta parecida vinieron en embajada desde Jerusalén a Juan que estaba en el desierto en la orilla del Jordán para algo así como pedirle cuentas por lo que estaba haciendo.  ‘Tú, ¿Quién eres?, ¿un profeta?, ¿Elías?, ¿el Mesías? ¿Quién eres?, para que podamos responder a quienes nos han enviado’. La presencia de Juan en la orilla del Jordán había sembrado inquietudes e interrogantes en los de siempre, aunque no eran ellos los que venían a escucharle.

La gente sencilla venida de todos los rincones se arremolinaba en torno a Juan y compungidos por su predicación querían hacer penitencia, como Juan les invitaba. Se sumergían en el agua del Jordán como un signo de aquella penitencia y conversión que necesitaban. Pero se creaban desconfianzas en los que estaban acostumbrados a lo de siempre y donde ellos tenían especial parte.

Ya escuchamos la humildad de Juan que no se considera profeta, que no quiere compararse al profeta Elías, aunque más tarde Jesús diría de él que era más que profeta y que Elías ya había venido aunque no habían querido reconocerlo, y por supuesto no era el Mesías sino la voz que gritaba en el desierto para preparar los caminos del Señor. Sin embargo había algo que sí señalaba claramente el Bautista. En medio de ellos estaba y lo conocían; en medio de ellos estaba Aquel a quien no se consideraba digno de desatarle la correa de sus sandalias; más tarde lo señalará como el que viene a bautizar no con agua sino con Espíritu Santo y fuego.

Este evangelio que a primera vista nos podría parecer fuera de lugar, porque más bien lo veríamos como más propio del tiempo del Adviento, nos viene bien escucharlo en este tiempo de Navidad. En medio de nosotros está, pero ¿lo conoceremos? Y no nos vale hacer ahora afirmaciones teóricas porque nos sabemos el credo de memoria.

Tenemos que preguntarnos si en verdad lo conocemos, si de la manera que hemos venido celebrando la Navidad estamos dando señales que en verdad lo conocemos. ¿En qué nos quedaremos en todo esto de la Navidad? ¿Solamente en un niño que vemos nacer pobre en Belén y recostado entre las pajas de un establo? ¿No adornaremos demasiado ese establo para a pesar de lo que es hacerlo muy confortable? O también tendríamos que preguntarnos qué tal es esa cuna que hayamos preparado en nuestro corazón y en nuestra vida para recibir a Jesús.

¿Quién eres tú?, es la pregunta que nos ha servido de base para comenzar nuestra reflexión, pero ¿habrá alguien que nos la  haga a nosotros desde lo que nosotros estamos haciendo para celebrar auténticamente la navidad o para manifestar la autenticidad y sinceridad de nuestra fe y nuestro compromiso cristiano? No le tengamos miedo a la pregunta, sino dejémonos interpelar por ella porque somos nosotros mismos los que tenemos que preguntarnos si estamos dando razón autentica de nuestra fe y de nuestra condición de cristianos con lo que hacemos o con nuestra manera de vivir.

No tenemos que preocuparnos en responder con palabras sino presentar las obras de nuestro amor, nuestro autentico compromiso de nuestro ser cristiano, aunque no tenemos que avergonzarnos de confesar nuestra fe en Jesús ante quien nos lo requiera.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios y no olvidemos que podremos ser signo de Dios para muchos que te rodean

 


Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios y no olvidemos que podremos ser signo de Dios para muchos que te rodean

Isaías 7, 10-14; Salmo 23; Romanos 1, 1-7; Mateo 1, 18-24

‘Pide un signo, una señal, al Señor, tu Dios, en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo’, le dice el profeta al rey Ajaz. Pero el rey no se atreve a pedir señales aunque el profeta se las dará. En cambio José si está esperando señales; hay cosas que están sucediendo que no entiende, prefiere esperar aunque su corazón está pidiendo algo.

No se trata aquí de señales de tráfico, que las carreteras están llenas de ellas. Son otros caminos más profundos los que necesitan señales, ‘en lo  hondo del abismo o en lo alto del cielo’, como decía el profeta. En ocasiones nos sentimos en lo más hondo del abismo, aunque luego tengamos otros momentos de exaltación; pero en una y otra ocasión no sé si sabremos siempre leer lo que nos sucede. Las palabras en la escritura se conforman con signos que ya estudiamos desde pequeños para saber leer; en esos signos escritos algo se nos quiere decir y para eso hemos hecho un aprendizaje; en los signos que nos van apareciendo en la vida también tendríamos que saber leer, haber hecho un aprendizaje, pero siempre estamos a tiempo.

José se interroga por dentro ante lo que está sucediendo y estaba queriendo encontrar esos signos, esas señales; es la tarea, por así decirlo, de todo creyente; en los mismos textos que estos días se nos están ofreciendo lo encontramos, Zacarías se pregunta incrédulo en el templo cuando el ángel del Señor le anuncia que su mujer va a concebir a pesar de la vejez, y le costará entender. María también se ha quedado dando vueltas en la cabeza al mensaje del ángel; no conoce varón ¿cómo va a ser madre? Está pidiendo señales, quiere saber leer esos signos de Dios aunque ella siempre estás disponible para Dios.

¿Tendremos nosotros que leer algunos signos también ahora cuando escuchando esta Palabra de Dios estamos dando los últimos pasos en la preparación de la Navidad? Aprender a leer esas señales de Dios nos hará que podamos vivir una verdadera Navidad;  no nos podemos quedar en superficialidades, desde lo hondo de nosotros mismos nos queremos elevar también hasta Dios para escucharle, para recibirle. Ahí en lo que somos y vivimos, ahí en lo que son los problemas de cada día, ahí en ese mundo concreto que vivimos con todas sus circunstancias, ahí en la manera incluso en que el mundo que nos rodea tiene la forma de celebrar la navidad, ahí en los grandes problemas de nuestra sociedad y de nuestro mundo, ahí quiere llegar la Navidad, ahí quiere llegar Dios y tenemos que descubrir cómo y qué parte tenemos nosotros en ello.

Porque nosotros hemos de leer esos signos de Dios, pero también hemos de reconocer que nosotros tenemos que ser esos signos de Dios para el mundo que nos rodea; será la forma en que celebremos la navidad, en que vivamos la navidad, será la profundidad que le demos a lo que hacemos estos días, será el nuevo sentido en el que tenemos que envolver cuando hacemos. Y es lo que este último domingo tenemos que descubrir.

El ángel del Señor se le manifestó en sueños a José y José comprendió todo el misterio de Dios que allí se estaba manifestando. ¿Se preguntaría por qué tenían que sucederle a él todas esas cosas? Se lo preguntaría como nosotros también tantas veces nos preguntamos, pero en José había disponibilidad, había generosidad en su corazón, y recibió a María, su mujer, en su casa como le había pedido el ángel. Fue un ponerse en camino, porque todo no terminaba ahí, vendría el edicto del emperador y el viaje inesperado a Belén, pero todos los acontecimientos que luego se sucedieron casi como una cascada, porque el regreso a Nazaret no fue tan pronto como hubiera deseado, con la huída a Egipto por medio. Pero José era un hombre de fe y seguía escuchando a Dios, seguía leyendo los signos de Dios.

Cada uno de nosotros ha de hacer su lectura en su propia vida y en cuanto le acontece. Sepamos encontrar momentos de silencio y de recogimiento porque entre el ruido y los afanes de las cosas nos va a ser más difícil escuchar ese susurro de Dios en nuestro corazón. Dios llega a nosotros de la forma que menos lo esperamos porque Dios siempre se hace sorprender en nuestra vida. Pero su sorpresa siempre es una sorpresa de amor, es el regalo más hermoso que podemos recibir que no es ni papá Noel ni lo Reyes Magos quienes nos lo van a traer.

Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios. No tengamos miedo a lo que nos diga o nos pida el Señor. Que no nos falte la paz en nuestro interior que será la base de la paz que vayamos logrando en el mundo que nos rodea. Y recuerda que tú podrás ser, o tendrás que ser signo de Dios para muchos que te rodean, con tu presencia, con tu palabra, con tu compañía en el camino de la vida, con tu generosidad, con tu amor.

sábado, 19 de julio de 2025

Necesitamos ponernos a hacer esas cosas sencillas que iba haciendo Jesús por aquellos caminos de Galilea y Palestina que muestran las verdaderas señales del Reino de Dios

 

Necesitamos ponernos a hacer esas cosas sencillas que iba haciendo Jesús por aquellos caminos de Galilea y Palestina que muestran las verdaderas señales del Reino de Dios

Éxodo, 12, 37-42; Salmo, 135; Mateo 12, 14-21

Una cosa es que nos mantengamos en nuestros principios y valores siendo fieles a nosotros mismos, siendo fieles a la responsabilidad que tenemos en la vida, y otra es que nos presentemos con tozudez tratando de imponernos, incluso con la violencia de nuestras palabras o nuestros gestos. Es difícil muchas veces, por una parte porque nos podemos sentir confundidos y tratemos de hacer arreglos y cesiones que a la larga nos alejan de lo que son nuestros valores, pero también nos sucede que la oposición que encontramos nos lleve al enfrentamiento y si nos acaloramos o nos sentimos heridos en nuestro amor propio no sabemos al final cómo vamos a reaccionar.

Necesitamos alcanzar una madurez en nuestra vida para no perder la serenidad ni la paz, para seguir dando señales de aquello en lo que creemos, de seguir mostrando ese lado bueno de nuestra vida con nuestra dulzura que al final puede atraer mucho mejor a los que nos rodean desde ese testimonio que damos con nuestra paciencia y nuestra paz. Repito que no siempre es fácil, pero diríamos que para eso tenemos que entrenarnos, prepararnos.

Es en la situación en que se encuentra Jesús en el pasaje evangélico que hoy se nos ofrece. Por algunos signos que Jesús ha realizado, señales de lo que es en verdad el Reino de Dios que está anunciando, resulta que algunos grupos ya quieren quitarlo de en medio. Pero Jesús no deja de anunciar el Reino de Dios tal como es su misión y seguirá dejándonos sus señales. Señales que se van a manifestar precisamente en esa su forma de actuar.

Como nos dice el evangelista ‘Jesús se enteró – de aquella situación que se estaba provocando – se marchó de allí y muchos lo siguieron’. Pero El siguió realizando los signos del Reino, ‘curó a todos’ nos dice el evangelista, aunque recomienda que no se haga mucha publicidad.

Y el evangelista nos recordará lo anunciado por el profeta. ‘Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco’. Nos recuerda las palabras escuchadas en lo alto del Tabor en medio de aquella espectacular teofanía. El siervo de Yahvé, el Hijo amado del Padre a quien tenemos que escuchar. El que viene no como un fuego destructor, aunque en algún momento nos diga que ha venido a traer fuego a la tierra, sino el que viene a hacer que la llama aunque sea pequeña se mantenga encendida.

Por eso como dice el profeta ‘no porfiará, no gritará, no voceará por las calles. Porque la caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará, hasta llevar el derecho a la victoria’.

Seguirá mostrándose Jesús manso y humilde de corazón, seguirá repartiendo sus gestos de amor, seguirá deteniéndose al lado del ciego que no ve para abrirle los ojos, o levantando al que está postrado en la camilla para que camine y vuelva a su casa, se sentará junto al pozo donde sabe que va a venir alguien a buscar agua, o platicará sentado en el patio con las familias que le acogen, consolará a las que lloran junto a la calle de la amargura e irá despertando continuamente esperanzas en quienes parece que se sienten abandonados.

¿No es esto todo un programa para nuestra vida cristiana? ¿No es éste el mejor plan pastoral que podamos realizar para hacer presente el Reino de Dios en nuestro mundo? Nos volvemos con la cabeza del revés locos en nuestras búsquedas de los planes que tenemos que hacer y con nuestras programaciones tan técnicamente elaboradas de cosas espectaculares y no somos capaces de acercarnos allí donde hay un anciano solo para acompañarle, un enfermo postrado en una cama para despertarle las ganas de vivir, una persona que sufre porque se siente desorientada y que no sabe a quien acudir, o ponernos a escuchar pacientemente tantas cosas que muchas personas tienen deseos de desahogar de su corazón.

¿Cuándo nos pondremos a hacer esas cosas sencillas que iba haciendo Jesús por aquellos caminos de Galilea y toda Palestina que muestran las verdaderas señales del Reino de Dios?

miércoles, 5 de febrero de 2025

El evangelio nos llega también escrito en la vida de muchos a nuestro lado, aprendamos de una vez por todas a dejarnos sorprender por la sabiduría del evangelio

 


El evangelio nos llega también escrito en la vida de muchos a nuestro lado, aprendamos de una vez por todas a dejarnos sorprender por la sabiduría del evangelio

Hebreos 12,4-7.11-15; Salmo 102;  Marcos 6,1-6

Si es el hijo del carpintero… fue la reacción, tenemos que decir que totalmente ordinaria y normal, de la gente de su pueblo. Hasta ellos había llegado la fama de lo que Jesús venía haciendo en Cafarnaún y los distintos pueblos y aldeas por toda Galilea; la fama de sus milagros, la gente que se entusiasmaba y se iba detrás de Jesús, sus enseñanzas que entusiasmaban a la gente porque les parecía escuchar algo nuevo, o algo dicho de una manera distinta a como estaban acostumbrados. Y la fama había llegado hasta Nazaret y ahora lo tenían en medio de ellos. ‘¿De donde saca esa sabiduría?’

¿Dónde habrá aprendido este muchacho tanto?, decimos también en nuestros pueblos y en nuestros ambientes cuando alguien destaca. Como nos conocemos de siempre ahora nos sentimos quizás asombrados, pero sabemos que siempre surge algo más. Hay un orgullo de pueblo cuando destaca alguien de los nuestros y podemos tender a ponerlo como el que no va más; nadie ha salido de nuestro pueblo como este; aunque también aparecen por debajo, disimuladamente quizás al principio, ciertas desconfianzas, buscamos segundas intenciones, tratamos de recordar cosas reales o imaginarias muchas veces, socavamos el prestigio cuando nos pueden hacer sombra, y ya sabemos cuando somos cuando nos dejamos arrastrar por esas malicias y desconfianzas.

Conociéndonos no nos extraña la actitud desconfiada de la gente de Nazaret. Nos sucede con mucha facilidad entre nosotros, vamos de la euforia y el entusiasmo a la descalificación y a las envidias con una velocidad de vértigo. Siempre tenemos nuestros peros y nuestras pegas. Es lo que le estaba pasando a la gente de Nazaret con Jesús. Lo conocemos de siempre, sabemos quien es su familia, es el hijo del carpintero. Y ya Jesús dirá que un profeta nunca será bien mirado en su pueblo.

Y siente pena Jesús por la falta de fe su gente. Allí ha venido a anunciar con toda claridad, con palabras del profeta como nos narrará san Lucas este mismo episodio, lo que era su misión, la tarea evangelizadora que quería realizar. Su Palabra y su presencia querían ser siempre buena noticia para todos, porque eso como se nos dirá en otra parte anuncia la amnistía del Señor, el año de gracia del Señor. Pero no lo aceptaban porque simplemente era el hijo del carpintero.

Nos tiene que hacer pensar en nuestra aceptación personal de esa Buena Noticia, esa aceptación del Evangelio que nos anuncia Jesús. ¿Qué filtros ponemos por medio cuando escuchamos las palabras del Evangelio? El peor filtro es ya no ser capaces de escuchar el evangelio como una buena noticia; nos lo damos por sabido, no nos significa nada nuevo, vamos llevando por delante nuestros prejuicios, sí, nuestras previas interpretaciones, porque recordamos esto y lo de más allá, nos acordamos lo que en otro momento escuchamos o nos explicaron, y ha perdido la frescura de la novedad con que tenemos que escucharlo.

Pero además hemos de decir y reconocer que el Evangelio, es cierto, nos llega a través del texto escrito, pero el evangelio nos llega también escrito en la vida de muchos a nuestro lado. Es el evangelio hecho testimonio en la vida de tantos testigos. Y es el evangelio que tanto nos cuesta aceptar, recibir, escuchar. La gente de Nazaret no escuchaban entonces el mensaje porque era el hijo del carpintero a quien tenían delante; también nosotros vemos a tantos como el ‘hijo del carpintero’ que ya nada nos dice porque decimos que lo conocemos de siempre.

Cuánto nos cuesta aceptar el testimonio de los demás, cuánto nos cuesta ver las cosas en las que se manifiestan esos testigos delante de nosotros. Son filtros que vamos poniendo a la Palabra de salvación que Jesús nos ofrece. Hay muy bonitos testimonios a nuestro lado que tenemos que saber descubrir, porque a través de ellos el Señor nos habla. ¿Aprenderemos de una vez por todas a dejarnos sorprender por el evangelio?

 

viernes, 10 de enero de 2025

Tenemos que saber escuchar el evangelio de Jesús, entender esa buena nueva que nos ofrece, comprender ese hermoso proyecto de vida que tiene para nosotros e implicarnos en El

 


Tenemos que saber escuchar el evangelio de Jesús, entender esa buena nueva que nos ofrece, comprender ese hermoso proyecto de vida que tiene para nosotros e implicarnos en El

1Juan 4, 19–5, 4; Salmo 71; Lucas 4, 14-22a

Cuando tenemos un proyecto entre manos y que consideramos importante, que queremos llevar a cabo ya nos encargaremos de buscar los mejores medios para realizarlo, ya trataremos de convencer a aquellos que por una parte podrían salir beneficiados de aquella obra que emprendemos, o que sabemos que tienen medios y posibilidades de ayudarnos a realizarla, que hagan su aportación, que pongan mano a la obra con nosotros, que nos ofrezcan los medios que necesitamos y quizás no tenemos, pero lo importante es llevarla a cabo, desarrollar aquel proyecto. Buscaremos los mejores medios, ofreceremos quizás la mejor publicidad, trataremos de crear entusiasmo en los que nos rodean, queremos conseguir lo mejor, lo que resulte incluso más esplendido.

Pero ¿en todas las cosas, en todos nuestros proyectos actuaremos de la misma manera? ¿Pondremos quizás más empeño en cosas que en lo material reluzcan más? ¿En esos proyectos incluiremos un sentido de vida para hacer que nuestro mundo sea mejor? ¿Qué lugar le damos a las cosas del espíritu, a lo espiritual, o a un sentido religioso de la vida? Cuando hablamos del crecimiento y mejora de nuestros pueblos, ¿en qué nos fijaremos de manera primordial? ¿Solo pensamos alcanzar mayor riqueza, que nuestro pueblo tenga un mejor nombre y prestigio entre los pueblos de alrededor, o que la gente viva mejor solo porque tiene de todo?

Estamos estos días recorriendo esas primeras páginas del evangelio en sus diferentes relatos y contemplando los primeros pasos de Jesús. Por las palabras que pronuncia, por las señales que va realizando, por las esperanzas latentes en el pueblo de Israel en la espera de un Mesías, pero contando también con la situación social que vivían en aquellos momentos puede comenzar a vislumbrarse en aquel ‘profeta’ – porque así comenzaban a considerarlo – que apareció por los diferentes pueblos de Galilea la posibilidad de que fuera el Mesías, con lo se culminarían todas sus esperanzas. Pero, ¿dónde tenían puestas sus esperanzas en aquellos momentos? ¿Qué imagen se habían formado del Mesías anunciado y prometido y que quizás podían pensar que estaba entre ellos?

Hoy contemplamos a Jesús en la visita que hace al pueblo donde se había criado, cuando ya había recorrido otros muchos lugares de Galilea, y se presenta en la sinagoga el sábado para hacer la lectura de la ley y de los profetas. Era su primera aparición pública además en la que había sido su ciudad. Sus palabras y sus anuncios podían tener el carácter de programáticas. La lectura que hace del profeta Isaías podía tener perfectamente ese sentido al hablar del que lleno del Espíritu venía a proclamar una buena noticia y un año de gracia del Señor.

Pero los comentarios de Jesús en su brevedad, pero también las señales que está dando de lo que va a ser su vida que podían llenar de esperanza los corazones, para otros podrían resultar decepcionantes; no estaban cumpliendo las expectativas que ellos tenían de lo que sería y haría el Mesías. Jesús das unas señales en los enfermos que recobran la salud y la vida, pero habla de una liberación que no era lo que ellos realmente estaban soñando. Esa liberación que Jesús quiere realizar tiene que ir a lo más hondo de la persona, de cada persona, porque es el camino auténtico para encontrar la verdadera paz.

Pero los hombres siempre andamos con nuestras prisas, queremos conseguirlo todo de un golpe, y no parecen ser los caminos que Jesús nos propone en el proyecto que tiene para nosotros y para nuestro mundo. Nos creamos muchas ilusiones, pero eludimos el compromiso, lo que de nuestra parte tenemos que no solo hacer sino ser. Los planes de salvación que Dios nos ofrece son otros y serán los que nos podrán llevar a la verdadera felicidad, a hacer un mundo mejor, pero no siempre los entendemos, ni siempre queremos comprometernos con ello.

Queremos muchas veces cosas espectaculares, nos llaman la atención las cosas extraordinarias aunque muchas veces se puedan quedar en el brillo de lo superficial, buscamos en fin las vanidades de la vida; es incluso como muchas veces hemos entendido la religión, la forma de expresar nuestros sentimientos religiosos; por eso en alguna ocasión nos dirá Jesús que le honramos solamente con los labios mientras nuestro corazón está lejos de Él.

Tenemos que saber escuchar el evangelio, entender esa buena nueva que nos ofrece Jesús, comprender ese hermoso proyecto de vida que tiene para nosotros e implicarnos en El. En ese proyecto de Jesús tenemos que poner todos nuestros empeños y todo nuestro esfuerzo; merece la pena. Es lo que hoy Jesús en el evangelio nos viene a ofrecer.

sábado, 14 de diciembre de 2024

Todos están preparando la navidad y pocos preparando la presencia de Jesús en nuestro mundo, es necesario que haya profetas que sean verdadero signo para nuestro mundo

 


Todos están preparando la navidad y pocos preparando la presencia de Jesús en nuestro mundo, es necesario que haya profetas que sean verdadero signo para nuestro mundo

Eclesiástico 48, 1-4.9-11b; Salmo 79; Mateo 17, 10-13

Seguramente que en alguna ocasión nos hemos encontrado con alguna persona que nada más verla, no tanto en apariencia física, sino por la forma de actuar, por la manera de hablarnos, por las cosas que nos dice parece que tiene un don especial, pero es que además nos hace como entrar en otra sintonía por la que esa persona nos recuerda a alguien; algunas veces de entrada no sabemos a quien, pero quizás con el tiempo recordamos a alguien muy concreto que tenía esa forma y manera de actuar. No vislumbramos quizás el vinculo que puede haber entre esas personas, pero una cosa sí es cierta, la una nos recuerda a la otra, es casi como una plasmación actual de aquella persona que quizás conocimos en otro tiempo.

¿Por qué hago referencia a esto? Además de que sea bueno reconocer hay una línea de continuidad en la vida y tendríamos que resaltar en las cosas buenas, lo hago también por una referencia que nos hace hoy el evangelio. Vamos avanzando en el camino del Adviento y bien sabemos que por una parte los profetas y luego ya más en concreto con Juan Bautista tenemos toda una senda que nos prepara para la celebración de la venida del Señor. Recordamos las palabras de los profetas que anuncian esos tiempos mesiánicos y ya en la cercanía de la Navidad escucharemos una y otra vez a Juan el Bautista que en el desierto preparaba los caminos del Señor.

Pero hoy se nos manifiesta un nexo de unión entre el profeta Elías, paradigma de los profetas del Antiguo Testamento y el Bautista. Todo parte de una pregunta que le hacen los discípulos a Jesús sobre aquello que enseñaban los maestros de la Ley de que antes de la llegada del Mesías haría su aparición de nuevo del profeta Elías. En los textos del Antiguo Testamento se menciona como fue arrebatado al cielo en presencia del que iba a ser su sucesor Eliseo. Hoy en el texto del Eclesiástico se nos habla de que fue arrebatado al cielo en un carro de fuego. Pero se anuncia claramente la vuelta de Elías.

¿Cómo? Se habla de que vendrá a reconciliar a los padres con los hijos y a restablecer las tribus de Jacob. Esto era algo que estaba muy presente en la mentalidad y en la religiosidad judía. Recordamos como antes de la Ascensión los discípulos le preguntan a Jesús si ya ha llegado el tiempo en que se restablecerá la soberanía de Israel. Pero no tendríamos que olvidar algo que ya próximamente escucharemos en la aparición del Arcángel Gabriel a Zacarías en el templo cuando le anuncia el nacimiento de un hijo que viene con el poder y el espíritu de Elías para reconciliar a los padres con los hijos y preparar para la llegada del Mesías un pueblo bien dispuesto.

Por eso hoy Jesús, ante las preguntas de los discípulos, les responderá que Elías ya ha venido, aunque no lo hayan querido reconocer, pero que eso mismo harán con el Hijo del hombre. Una referencia, como recogen los mismos discípulos, a Juan el Bautista, pero una referencia también a lo que será el rechazo que harán a Jesús.

Todo esto que venimos reflexionando ha de valernos para la mirada que tenemos que hacer a la vida para saber descubrir esos que como profetas a lo largo de la vida han estado a nuestro lado para que seamos ese pueblo bien dispuesto para el Señor. ¿Podríamos reconocer en alguien quien ha estado junto a nosotros con ese poder y con ese espíritu de Elías? Esas personas buenas que nos hemos ido encontrando en la vida que han tenido un buen consejo para nosotros, una palabra de sabiduría que nos ha hecho ver las cosas de forma diferente, un gesto que nos ha despertado de nuestras somnolencias o de nuestras rutinas. Algunas veces pronto olvidamos esos signos que en un momento determinado nos hicieron bien, nos alertaron o nos ayudaron a ponernos en buen camino. Necesitaríamos detenernos para pensar en ello y reconocerlo y dar gracias porque han sido señales que Dios ha puesto a nuestro lado.

Pero en esta reflexión quisiera dar un paso más aunque sea pequeño. Es pensar cómo nosotros podemos ser signos para muchos que están a nuestro lado; estamos llamados a dar testimonio; nuestra fe, nuestra manera de actuar, nuestro amor y generosidad tiene que convertirse también en signo profético en medio de nuestro mundo. El mundo necesita profetas que con palabra valiente o con gestos que aunque sean sencillos sean también valientes y atrevidos ayudemos a despertar a nuestro mundo.

Estos días todo el mundo está preparando la Navidad, pero pocos están preparando hacer presente a Jesús y su evangelio en nuestro mundo. ¿No sería ahí donde tendríamos que ser verdaderos signos proféticos para los que nos rodean? El espíritu de Elías, el espíritu del Bautista ¿qué nos estaría pidiendo a nosotros?

domingo, 11 de agosto de 2024

Pan vivo bajado del cielo para que tengamos vida eterna en el hoy de nuestra vida, pone amor en el corazón, paz en el espíritu, fuerza de lucha en nuestro camino

 


Pan vivo bajado del cielo para que tengamos vida eterna en el hoy de nuestra vida, pone amor en el corazón, paz en el espíritu, fuerza de lucha en nuestro camino

1  Reyes 19, 4-8; Sal. 33; Efesios 4, 30–5, 2; Juan 6, 41-51

¿Quién no habrá tenido alguna vez un momento duro de la vida en que agobiado por los problemas o las mismas dificultades de la vida no habrá querido morirse? Enfermedades que parece que no tienen remedio, problemas familiares a los que no encontramos solución, problemas económicos con los que nos vemos en la calle sin ninguna posibilidad, dificultades de entendimiento con los que convivimos, problemas en los que quizás nos hemos metido y en los que ahora nos vemos cercados incluso por el prestigio que perdemos ante los que nos rodean… No lo habremos vivido así con esa intensidad como para desear morirse, pero si habremos escuchado gente de nuestro entorno que se siente así y muchas veces no tenemos ni qué decirle.

¿Por qué me hago esta consideración que pudiera parecer un tanto extrema? Es que de eso nos ha hablado la primera lectura con la situación en la que se encontraba el profeta Elías. Se va al desierto y se quiere morir; se ve acosado por la autoridades de Israel porque él proclama y defiende la fe en Yahvé como único Dios y Señor, mientras pretenden imponer la religión de los baales contra lo que lucha denodadamente; pero se siente impotente, se quiere morir. Pero el ángel del Señor se le manifiesta tras aquellos sueños que él deseaba que fueran de muerte, para encontrarse una hogaza de paz y una jarra de agua junto a su cabecera sintiendo la invitación de comer para seguir adelante. Más tarde tendrá la experiencia de Dios en el Horeb sintiéndose ya con fuerzas para volver a su pueblo y seguir con su lucha por la auténtica fe del pueblo de Israel. Ha recibido un alimento de Dios, que no solo ha sido recuperar las fuerzas físicas de su cuerpo extenuado, sino la fortaleza interior para continuar con su misión.


Ahora vamos a pensar nosotros en nuestra situación; no solo aquella descripción que nos hacíamos al principio de esta reflexión sino que podemos ahondar mucho más en nuestro propio interior, en nuestra lucha por la vida, en la situación en que nos encontramos en nuestra sociedad que no sabemos ni a dónde va ni en lo político, ni en lo social ni incluso en lo ético por la pérdida de valores que contemplamos que nos lleva también a una pérdida de la moralidad de la vida. ¿No nos sentiremos también extenuados e impotentes muchas veces donde parece que todo se nos vuelve oscuro?

Y es aquí donde tenemos que escuchar el evangelio de hoy. Jesús nos sigue hablando de un pan de vida que comiendo de él tendremos vida para siempre. Pero ¿realmente de qué se trata? ¿Qué es lo que nos está ofreciendo Jesús? Recordamos que la gente cuando comenzó a hablarles de todo esto le pidió que les diera siempre de ese pan. ¿Sería como la petición de la samaritana que pedía de aquella agua que bebiéndola ya volvería a tener sed, pero era para no tener el trabajo de venir cada al pozo para sacar agua? ¿O estarían pidiendo pan gratis como el que les dio Jesús en el descampado para no tener que buscar donde ir a comprar pan cada día?

Creo que podemos entender que Jesús quiere referirse a algo más que eso. Alimentar la vida no es solo comer unos nutrientes para que nuestro cuerpo se mantenga vivo y podamos seguir haciendo las cosas. No siempre lo entendemos pero ese alimento se refiere a algo más hondo que realmente nos dé ganas de vivir, nos haga vivir y vivir en plenitud, porque le encontremos un sentido a la vida, a lo que hacemos, a nuestros trabajos, a lo que son nuestras relaciones con los demás.

Es encontrar esa fuerza interior y esa sabiduría que nos haga levantarnos cuando estamos decaídos, que nos ayude a encontrar la luz cuando todo parece oscuro, que nos dé respuestas cuando parece que nada tiene sentido, que nos haga encontrar esa fortaleza para mantenernos en la lucha porque seguimos creyendo en nuestros valores, que eleve nuestro espíritu cuando nuestro vuelo y nuestras metas se hagan demasiado rasantes para aprender a tener altos vuelos en la vida, esa gracia para no sentirnos hundidos cuando nos agobien los problemas, a saber poner alegría en el corazón aunque muchas sean las penas porque con optimismo creemos que es posible transformar todo eso.

Por eso los cristianos somos las personas más alegres del mundo con una alegría que nada ni nadie nos podrá arrebatar, no nos dejamos morir sino que queremos vivir pero es que además queremos contagiar de vida al mundo y a cuantos nos rodean. Es que tenemos a Cristo que es nuestra vida, nuestro pan de vida, y con El sabemos que por muy oscuros que sean nuestros caminos tendremos vida para siempre.

Para eso Jesús se hace Eucaristía, así estará más cerca de nosotros porque comiéndole a El lo tendremos en lo más hondo del corazón. Sí, es el pan vivo bajado del cielo para que comiéndole tengamos vida eterna. Esa vida eterna que vivimos en el ahora de nuestra vida, que pone amor en el corazón, paz en nuestro espíritu, fuerza de lucha en nuestro camino, cada día, en cada instante. Por eso la Eucaristía no es simplemente un rito que realizamos, es una vida que asumimos, porque es asumir la vida de Cristo, vivir la vida de Cristo, vivir a la manera y en el sentido de Cristo.


jueves, 8 de agosto de 2024

En medio de nuestro camino de fe cuando nos envuelven problemáticas que nos hacen sufrir, ¿cuál es nuestra manera de reaccionar?

 


En medio de nuestro camino de fe cuando nos envuelven problemáticas que nos hacen sufrir, ¿cuál es nuestra manera de reaccionar?

Jer, 31, 31-34; Sal. 94; Mt. 16, 13-23

Hay momentos en que parece que las emociones que se nos suceden están como enfrentadas porque igual pasamos del entusiasmo y la euforia a momentos en que sentimos que las palabras caen como una loza pesada sobre nosotros y no terminamos de entender lo que nos sucede. Todos hemos tenido esos momentos de entusiasmo y hasta de alegría loca, mientras al momento se nos suceden momentos en que todo se nos vuelve oscuro sin encontrar comprensión para lo que sucede.

El pasaje del evangelio que hoy se nos ofrece pareciera que va por ese camino. El grupo de los discípulos más cercanos a Jesús se encuentran a solas con El en aquellos momentos en que de alguna manera se sienten alejados de los entusiasmos de las multitudes que siguen a Jesús, pero es que son momentos de intimidad, de ir abriendo el corazón, de sentirse a gusto con Jesús, de ir manifestando incluso lo que piensan o lo que sienten, como sucede cuando tenemos esos momentos de mayor cercanía e intimidad.

Es ahí cuando surge la pregunta, o mejor las preguntas de Jesús sobre algo que les obligará a abrir más aun sus corazones aunque no sepan incluso como hacerlo. De alguna manera era preguntar por el cariño que sentían por Jesús aunque esas no sean las palabras que se emplean; pero es preguntar por lo que sienten la gente por Jesús y por lo que sienten ellos por Jesús. Por eso digo, no fue una sola pregunta sino que a la primera de lo que pensaba la gente se sucede la que va más directa a lo que ellos piensan.

‘¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?’ Es la primera pregunta en la que se va a ir recogiendo lo que pensaba la gente, por lo que ellos escuchaban; pero era también una forma de expresarse ellos que también podían tener en su mente pensamientos semejantes. Lo llamaban el Maestro, era algo así como reconocer en él lo que también decía la gente de que con su Palabra y su presencia se palpaba un mensaje de Dios como hacían los profetas; esto sí que es nuevo, se decían cuando lo escuchaban, nadie ha hablado como El, con su autoridad. Algo de eso ellos sentían también en sus corazones, pero que muchas veces no sabían como expresarlo y por eso lo habían dejado todo y le seguían.

Aunque ya se van manifestando Jesús quiere algo más, que expresen libremente y con toda confianza lo que ellos verdaderamente sentían. ‘Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?’ Es la pregunta más directa que también es más difícil de responder. Pedro se convierte en portavoz. ‘Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo’. Ahí están las palabras de Pedro, directas y con rotundidad; un día dirá que está dispuesto a todo por El, hasta dar su vida. Ahora deja que salga lo que brota de su corazón. Aunque Jesús le dirá que no lo dice por si mismo, que eso es algo que le ha sido revelado del cielo, que el Padre le ha puesto en su corazón.

Y Jesús le hablará de la misión que le tiene reservada. Ya un día le había cambiado el nombre como adelantando lo que va a ser su misión. Es lo que ahora le dice claramente. Es Pedro, será piedra y piedra que será cimiento, que será fundamento sobre el que se va a edificar la Iglesia. No sé si estarán entiendo todo el significado de las palabras de Jesús porque ahora cuando nos las trasmiten ha pasado ya la resurrección donde llegarán a comprender todo el misterio de Jesús. Pero las palabras de Jesús son también de confianza, ‘el poder del infierno no la derrotará’.

Momentos sí de emoción en aquella conversación de tan gran intimidad; momentos que ponen entusiasmo en sus corazón que se llenan de esperanza porque están vislumbrando algo nuevo que va a surgir, que aquel seguir a Jesús como ellos han hecho por los caminos de Galilea y de Palestina, sí han merecido la pena. Aunque todavía no terminan de entender del todo lo que significa ser el Mesías, ellos parece que están comenzando a ver realizados sus sueños, que eran los sueños del pueblo de Dios que esperaba la salvación.

Pero todo no se queda ahí y es cuando viene el desconcierto. Porque ahora les anuncia que ese Hijo del Hombre al que ellos han proclamado ya como Hijo de Dios, ha de subir a Jerusalén para pasar por una pascua de dolor y de sufrimiento. Porque allí en Jerusalén tendrá que padecer mucho por parte de los sumos sacerdotes y los maestros de la ley, que iba a ser incluso crucificado, aunque al tercer día resucitaría.

Es como un jarro de agua fría. Y aquel Pedro tan entusiasmado por Jesús y sus promesas le dice que eso no puede pasar, que se lo quite de la cabeza. Y Jesús lo apartará a un lado, porque es una tentación para El, porque piensa como los hombres y no piensa como Dios.

¿No serán las dudas que muchas veces también se nos meten en la cabeza? ¿No serán esos altibajos que tantas veces tenemos en nuestro seguimiento de Jesús que parece que pronto nos cansamos de seguirle y más cuando las cosas se nos pueden poner difíciles? 

En toda esa problemática que nos ofrece la vida, en toda esa problemática que vemos también en medio de la Iglesia, en nuestras comunidades, en toda esa problemática en que tantas veces nos vemos envueltos y que quizás nos hace sufrir, ¿cómo pensamos nosotros y cómo actuamos? ¿A la manera de los hombres, a la manera del mundo, en la forma de solucionar las cosas que tienen las gentes del mundo, o actuaremos según el pensar de Dios y desde otros valores?