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lunes, 21 de septiembre de 2026

Cuando hoy celebramos a san Mateo cuyo nombre alguien ha traducido como ‘el regalo de Dios’, nos sentimos bendecidos con el regalo de la misericordia de Dios hecho perdón

 


Cuando hoy celebramos a san Mateo cuyo nombre alguien ha traducido como ‘el regalo de Dios’, nos sentimos bendecidos con el regalo de la misericordia de Dios hecho perdón

Efesios 4, 1-7. 11-13; Salmo 18; Mateo 9, 9-13

Hay momentos sorpresa en la vida que nos pueden causar gran impacto y de alguna manera dan un revolcón a nuestra vida que nos lo hace cambiar todo. Situaciones inesperadas pero que se convierten en momentos inigualables que siempre mantendremos en el recuerdo. Algo que nos hace sentir una nueva percepción de nosotros mismos porque comenzamos a vernos de manera nueva y a encontrar sentido para muchas cosas. Quizás aunque nos sentíamos bien en lo que hacíamos sin embargo teníamos la percepción de que no éramos aceptados y se veían incluso con malos ojos aquello que realizábamos que en fin de cuentas era una profesión a la que dedicábamos la vida, pero quizás en un momento determinado vimos que éramos tenidos en cuenta, se quería contar con nosotros para algo distinto y aunque inexplicable sin embargo considerábamos algo sublime, porque era de alguna manera una invitación a que fuéramos percibidos como algo distinto y que nos haría cambiar nuestra vida.

Podíamos decir que algo así le estaba sucediendo a Leví, o Mateo, según queramos llamarle. Pertenecía a un grupo y a una profesión que era rechazada por una gran mayoría y en la que incluso se habían ganado la fama de avaros considerándolos así como unos pecadores públicos para aquella sociedad. Era recaudador de impuestos, alguien que trabajaba con el dinero de los impuestos que se llevarían los romanos como pueblo invasor, pero que les daba ocasión a unas manipulaciones no siempre del todo justas. Sin embargo Jesús a su paso por delante de su garita de impuestos se había fijado en él y le había invitado a formar parte del grupo de los que le seguían más de cerca.

¿Se lo podía esperar? ¿Acaso podía ser una posibilidad para su vida? Sin embargo su respuesta tenía que llevar cambios muy importantes en su vida y en su manera de actuar. Quizás él también había escuchado a Jesús acaso en aquel sermón de la montaña allá en las cercanía del lago, le habría visto actuar en Cafarnaún con las multitudes que lo escuchaban o en los enfermos que eran llevados a su presencia para ser curados. Sin embargo seguir a aquel maestro significaría también un estilo de vida distinto que ya no se podría mover entre las comodidades de quien poseía muchos bienes, sino en un desprendimiento y una austeridad que incluso le haría estar pendiente de las ayudas que pudiera recibir.

Sin embargo, como él mismo nos lo relatará su respuesta fue pronta y generosa. Levantándose de su mostrador de impuestos lo dejó todo y se dispuso a seguir a Jesús. Pero antes como una señal de lo que significaría aquel cambio de vida quiso celebrar un banquete para Jesús con los principales de la ciudad, con los discípulos de Jesús que iban a ser sus compañeros, pero también con los que habían sido hasta entonces compañeros suyos.

Había sido aquella llamada, aquel querer Jesús contar con él un revulsivo, pero un revulsivo iba a ser también aquel banquete con tan variados comensales. Algunos comenzarán a protestar y a criticar, porque Jesús se estaba mezclando también con pecadores y con gente de mala fama. Tendrá que intervenir Jesús. ‘El médico no es para los sanos sino para los que están enfermos’, o para aquellos que creyéndose sanos tendrían que ser los primeros en reconocer la malicia de su corazón para poder ser sanados.

Una clara referencia a lo que allí estaba sucediendo. Por eso Jesús sentenciará con palabras del profeta ‘misericordia quiero y no sacrificios’. ¿De qué nos servirán esos sacrificios de autocomplacencia y de vanidad si no hay misericordia en el corazón? Es lo que Jesús nos está mostrando. Tenemos que parecernos a Dios que es rico en misericordia; caminando por los caminos de la misericordia es cómo mejor haremos presente a Dios en nuestra vida y en nuestro mundo. Su presencia en la tierra es una búsqueda de los pecadores para manifestarles que Dios los ama y que siempre está dispuesto a la misericordia y al perdón porque Dios sigue contando con nosotros a pesar de nuestra indignidad y de nuestro pecado. Aunque quizás sigamos siendo rechazados por el mundo que nos rodea que no llega a entender nunca lo que es la misericordia, que siempre va a tener memoria de nuestro pecado que no querrá olvidar, sin embargo Dios cuenta con nosotros, olvida y disculpa nuestro pecado porque incluso será capaz de disculparnos a causa de nuestra debilidad, nos regala su amor y nos tenderá la mano para ofrecernos un camino nuevo.

Cuando hoy estamos celebrando a san Mateo, cuyo nombre alguien traducirá como el regalo de Dios, vamos a sentir gozo en nuestro corazón porque a pesar de los pesares siempre nos sentiremos regalados con el amor de Dios siempre compasivo y misericordioso.


viernes, 8 de mayo de 2026

No somos los siervos que simplemente tenemos que obedecer, somos los elegidos de Dios a quienes llama amigos, para permanecer en su amor y dar fruto

 


No somos los siervos que simplemente tenemos que obedecer, somos los elegidos de Dios a quienes llama amigos, para permanecer en su amor y dar fruto

Hechos 15, 22-31; Salmo 56;  Juan 15, 12-17

¿Desde cuándo somos amigos? ¿Cómo comenzó nuestra amistad? ¿Me buscaste de alguna manera interesándote por mí o yo me dejé encontrar? Preguntas así se hacen alguna vez los amigos cuando ya hay una amistad consolidada y llegan momentos quizás de mayores confidencias. ¿Por qué comenzamos a ser amigos? ¿Qué encontramos el uno en el otro que nos llamara la atención y provocara esa amistad? Pero creo que es importante también lo que ya antes mencionábamos de dejarnos encontrar; porque eso significa una apertura por nuestra parte pero también es la atención y la llegada del otro a nuestra vida.

¿Podremos o tenemos que hacernos preguntas así en torno a nuestra fe y a nuestro seguimiento de Jesús? Fácilmente podemos pensar que ha sido el resultado de una búsqueda por nuestra parte, con sus reflexiones y momentos de interiorización personal; es cierto que es necesario una maduración por nuestra parte en lo humano y luego también en el camino de nuestra fe, pero hay algo más misterioso y maravilloso al mismo tiempo de lo que hoy nos habla también el evangelio.

Podríamos hacer a lo largo de los cuatro evangelios un recorrido sobre las vocaciones de aquellos primeros discípulos; es cierto que Juan y Andrés se fueron tras Jesús tras lo que había señalado Juan Bautista e iban preguntando a Jesús donde vivía, como un deseo de conocerle. Pero veremos que hay una constante y son las llamadas de Jesús; se nos describen algunos momentos como la llamada de los pescadores a la orilla del lago o tras la pesca milagrosa, la vocación de Leví que estando tras el mostrador de los impuestos Jesús le llama y la invita a seguirle; es cierto también que muchos vienen hasta Jesús invitados por otros que ya siguen de cerca de Jesús, como sería Simón Pedro o Natanael, y podemos recordar el momento en que de entre todos ellos Jesús escoge a los doce a los que llamará Apóstoles y que van a estar de una manera muy cercana a Jesús.

Pero hoy Jesús nos está dando la clave cuando incluso nos deja como sentido fundamental de la vida del discípulo el amor. ‘Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado’, les dice pero nos señala también la medida de ese amor. ‘Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos’. No es un amor cualquiera, porque es el amor que es capaz de dar la vida. Y Jesús nos llama amigos, esos por quienes ha dado su vida. Y nos revela algo importante. ‘Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca’.

No somos los siervos que simplemente tenemos que obedecer; Jesús nos ha revelado lo más hondo de sí mismo para que vivamos en comunión con Él; por eso nos llama amigos. Somos los amigos que Él ha elegido, nos ha llamado por nuestro nombre, sabe cómo somos y sabe también de nuestras debilidades, pero somos los amigos en quien Jesús confía. Pero ¿qué hemos de hacer? ¿Cómo hemos de responder? Quiere que demos frutos pero unos frutos que permanezcan. Por eso recordamos lo que ya nos había dicho, quiere que permanezcamos en su amor, porque permaneciendo en su amor es cómo podremos llegar a dar fruto.

Por eso el amor se convierte en una exigencia para nosotros; El nos dice que es su mandato que nos amemos los unos a los otros; es algo que con gusto hemos de hacer porque cuando nos sentimos así amados y elegidos del Señor, cuando nos dice que somos sus amigos, ¿qué otra cosa podemos hacer sino amar?


sábado, 21 de febrero de 2026

Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

 


Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

Parece como si algunas veces olvidáramos las palabras que nos dice Jesús en el evangelio, o quizás olvidamos el verdadero sentido de esa palabra, evangelio; es una nueva noticia y una noticia buena, pero una noticia transformadora, que nos inquieta, que nos lleva a descubrir algo siempre nuevo; nos hemos acostumbrado a decir evangelio y ya no gustamos de su sentido, de lo que nos ofrece, de aquello a que nos llama.

Por algo Jesús desde el principio nos pide un cambio profundo dentro de nosotros para poder creer en esa buena noticia que nos ofrece y que nos está hablando del Reino de Dios; la palabra que se emplea y que medio hemos endulzado es conversión; y conversión es una vuelta total del corazón. De lo contrario no podríamos llegar a entender páginas como las que se nos ofrecen hoy, y me refiero tanto al evangelio como también al profeta.

Parece que se sale de todos los limites el que Jesús llame precisamente para que le siga como discípulo a un publicano; eran personas muy minusvaloradas en la sociedad judía de entonces, en consecuencia no tendría el prestigio – cuanto hablamos hoy también de los prestigios incluso dentro de la Iglesia – para formar parte de aquellos más cercanos a Jesús que El un día constituiría como el grupo de los apóstoles, el fundamento, podríamos decir, de aquella nueva comunidad.

Pero otra cosa que podría parecer discordante para aquella sociedad es que precisamente Jesús se siente a la mesa con todas esas personas que son despreciadas por su entorno, publicanos y pecadores. ¿Podría quitar eso el brillo de la santidad y rectitud de quien se presentaba como profeta en medio de ellos? Pero esa es la voz del profeta que solo quiere transmitir lo que es el mensaje de Dios, es la garantía precisamente de que Jesús es aquel que había anunciado el profeta como lleno del Espíritu de Dios que venía a traer una buena noticia a los pobres, a los oprimidos, como se había proclamado un día allá en la sinagoga de Nazaret. Es el estilo de Dios que así se nos manifiesta en Jesús. En ese sentido iban las palabras del profeta.

Hermosas las palabras del profeta. ‘Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía’. Así Jesús se convierte en luz de nuestra vida en medio de tantas tinieblas y oscuridad. Claro que como nos dice el evangelio de Juan al principio la luz vino a iluminar las tinieblas pero las tinieblas rechazaron la luz.

Pero la palabra del profeta es aliento para nuestra vida, un impulso para que seamos siempre luz con la luz de Jesús. ‘Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas, volverás a levantar los cimientos de otros tiempos; te llamarán “reparador de brechas”, “restaurador de senderos”, para hacer habitable el país’. ¿No será eso lo que nosotros también tenemos que ser? Como dice el  profeta ‘reparador de brechas… restaurador de senderos…’ Cuántos corazones rotos hemos de sanar, cuántas soledades que acompañar, cuántas manos que tender, cuántos caminos de hacer junto a los demás. ‘Brillará tu luz en las tinieblas…’ No olvidemos lo que dice Jesús que ‘no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan’.

Es el camino que se abre ante nosotros en esta cuaresma que estamos comenzando a vivir. Es el ayuno y la penitencia que el Señor nos pide. Son esas actitudes nuevas que han de brillar en nuestra vida. Son los signos de vida nueva que han de ser evangelio también para los demás. Es la misión que Jesús a nosotros también nos ha confiado.

 

viernes, 4 de julio de 2025

Dios se revela a los humildes y a los sencillos porque los que se creen entendidos y sabios en su orgullo ponen una coraza que se cierra a la semilla de la Palabra de Dios

 


Dios se revela a los humildes y a los sencillos porque los que se creen entendidos y sabios en su orgullo ponen una coraza que se cierra a la semilla de la Palabra de Dios

Génesis 23,1-4.19; 24, 1-8.62-67; Salmo 105; Mateo 9,9-13

Cuando queremos emprender una obra que consideramos importante además de pensarnos bien lo que queremos proyectar y saber si podemos llevarla a cabo, buscaremos los mejores asesores que nos ayuden a elaborar el plan y llevarlo adelante, pero también aquellos mejores colaboradores a los que entregaremos la realización del proyecto. Eso lo hacemos normalmente procurando también los mejores medios, pero también las mejores y más capaces personas que nos lo ayuden a realizar. Muchos ejemplos podríamos poner, en el proyecto de un negocio, por ejemplo, en la construcción de una casa, o en cualquier obra de envergadura.

Tendríamos que decir también que es lo que tenemos que hacer en nuestro propio proyecto de vida como persona, para el desarrollo de nuestros valores y nuestra personalidad, para encontrar ese lugar en nuestro mundo, para seguir esa podemos llamar también vocación de la persona que de alguna manera ha de desarrollarse en la vida. ¿Estaremos buscando los mejores asesores, los mejores medios, la mejor preparación nuestra personal para realizar ese nuestro personal proyecto de vida? Esto ya tendría que darnos mucho que pensar, que revisar, que plantearnos con seriedad, porque quizás muchas veces no es precisamente a lo que damos más valor; y la persona tiene mucho más valor que cualquier obra por importante que sea que vayamos a realizar en la vida. Está bien que nos planteemos todo eso y actuemos, es cierto, con esa responsabilidad en la vida.

Me estoy planteando todo esto que en si mismo tiene mucha importancia y siempre que nos enfrentamos a páginas del evangelio todo eso personal de nuestra vida hemos de mirarlo y de tenerlo en cuenta; pero lo estoy haciendo también en el contexto de lo que hoy en esta página se nos presenta.

En primer lugar está la invitación a Mateo por parte de Jesús para seguirle. Dios siempre tiene grandes proyectos para nosotros. Pero vamos a fijarnos en unos detalles; Jesús está en el momento en que va formando en torno a si a ese grupo, al que un día llamará de manera especial para hacerlos apóstoles, y le vemos que va llamando a distintas personas unas que se acercan a El y otras que Jesús mismo va a buscar. Es grande el proyecto del Reino de Dios que Jesús tiene entre manos, pero los que ha ido llamando no se destacan por especiales cosas, muchos de ellos unos simples pescadores del lago de Tiberíades. Pero hoy vemos que se fija en alguien distinto, un cobrador de impuestos, un hombre dedicado a los negocios, aunque los publicanos tuvieran tan mala fama entre los judíos, que podíamos pensar que Jesús lo escoge porque acostumbrado a ese tipo de vida quizás podría ser un buen estratega para toda esa tarea que Jesús tiene por delante.

Pero no son esos los planes de Dios, simplemente es el Dios que quiere que todo nombre se salve, porque para todos sin distinción es la salvación. Pero hemos visto que Jesús se ha ido rodeando de gente sencilla, pero entre ellos a los que son menos considerados en aquella sociedad, como son los pecadores. Ahora vemos el juicio que están haciendo sobre ese actuar de Jesús los que se consideraban los más justos y cumplidores. Se quejan y critican que Jesús se rodee de publicanos y pecadores; eso era ya también un juicio sobre aquella elección de Mateo por parte de Jesús.

Qué difícil es entender los caminos de Dios, cuando ponemos nuestros caminos o nuestros criterios por delante. Es lo que le estaba sucediendo a aquellos escribas y fariseos, no podían entender los caminos de Dios y que los caminos de Dios se manifestarán precisamente en ese actuar de Jesús.

Pero ¿qué es lo que Dios quiere? ¿Cuáles van a ser los parámetros de ese Reino de Dios anunciado por Jesús? No va a ser al estilo de los poderosos de este mundo, no va a realizarse el Reino de Dios desde la prepotencia y el orgullo, desde las vanidades y las apariencias. Solo quienes tienen un corazón humilde serán los que podrán entender lo que Jesús quiere para nosotros. Los que se sienten pecadores, los que tienen la humildad de reconocer que son pecadores serán los que como los que se sienten enfermos van a acudir al médico para que los cure. Dios se revela a los humildes y a los sencillos y se oculta a los que se creen entendidos y sabios porque su orgullo es como una coraza que se han puesto  por la que no puede penetrar la semilla de la Palabra de Dios.

El médico ha venido para curar a los enfermos; por eso llama hoy también a Mateo, como un día quiso hospedarse en la casa de Zaqueo, como ahora aceptar comer en casa de Mateo rodeado de publicanos y pecadores. Porque, ¿qué es lo que quiere Dios? ‘Misericordia quiero y no sacrificios’.

¿Cuáles son los criterios que nosotros tenemos para tener en consideración a los que están a nuestro lado? Porque aquí también tendríamos mucho que revisar.

 

sábado, 8 de marzo de 2025

La experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida porque nos sentimos realmente necesitados de esa misericordia nos hará sentir una paz y alegría bien distinta

 


La experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida porque nos sentimos realmente necesitados de esa misericordia nos hará sentir una paz y alegría bien distinta

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

El que se cree satisfecho de todo no se sentirá en la necesidad de pedir ayuda, quien cree tenerlo todo nunca se sentirá pobre para pedir remedio para una necesidad que cree no tener, quien va con el estómago lleno no sentirá hambre y no pedirá comida, quien se cree sabio – y mira que digo que se cree sabio, no que sea sabio – no dejará que nadie le enseñe y le abra a otras dimensiones. ¿Nos creeremos nosotros satisfechos de todo porque todo tenemos y tan saciados que no aspiremos a mejores alimentos?

Creo que esta es una dimensión en la que nos está haciendo pensar el evangelio hoy. Parte el evangelista del hecho de la llamada de Jesús a Leví, que estaba en su mostrador de impuestos y Jesús le invita a seguirle. La decisión de Jesús y la respuesta de Leví fue un motivo de gozo y de que este hombre hiciera un banquete con Jesús y sus discípulos pero también con sus antiguos amigos y compañeros de profesión.

Leví era publicano, recaudador de impuestos con todo lo que esa profesión llevaba parejo en el mundo económico, y lo mismo eran considerados los compañeros de profesión. Pero por una parte desde ser considerado un colaboracionista con los romanos que detentaban el poder y el peligro de la usura con todas sus variantes que acompañaba a esta profesión, por parte de los judíos de forma despreciativa los llamaban publicanos y pecadores. Los que se consideraban puritanos con ellos no querían tener ninguna relación.

De ahí surge el comentario que hacen los fariseos porque Jesús comía con publicanos y pecadores; son las suspicacias que pretenden sembrar en los discípulos con sus comentarios. Pero ¿necesitan de médico los que están o se consideran sanos? Es lo que Jesús en su respuesta quiere hacerles ver. El no ha venido para santificar a los que ya se consideran justos, Jesús ha venido como salvador para los pecadores. ‘No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan’.

Es lo que necesitamos reconocer. Hambrientos que tenemos hambre y pedimos qué comer. Pecadores que necesitamos de la misericordia y del perdón. Es algo primordial aunque sabemos que nos cuesta reconocer. Siempre decimos que no tenemos pecado, que no tenemos culpa; siempre buscamos una disculpa para nosotros y alguien a quien culpabilizar. Por ahí tenemos que comenzar. De lo contrario, ¿de qué es lo que nos vendría a salvar Jesús si lo proclamamos nuestro Salvador?

No pueden ser palabras que repetimos sin más como aprendidas de memoria. Lo decimos y repetimos una y mil veces pero en el fondo de nuestro corazón no nos sentimos necesitados de su gracia, de su misericordia y de su perdón. Es la rutina en la que vamos cayendo, es el formalismo con que hacemos las cosas, pero es la falta de sinceridad de nuestro corazón, pero porque no nos miramos nuestro corazón, no queremos reconocer nuestras debilidades.

Qué fácil es decir que vivimos en un mundo pecador, o con qué ligereza hablamos de los demás como pecadores que tienen que convertirse, pero no somos capaces de reconocer que somos nosotros los primeros que necesitamos esa conversión. Son pecadores los de fuera, los que no vienen, pensamos tantas veces, y nos parecemos a los fariseos que juzgaban a los demás porque eran pecadores y juzgaban a Jesús y sus discípulos porque comían con los pecadores.

En nuestras celebraciones litúrgicas muchas veces de una forma y de otra estamos diciendo ‘Señor, ten piedad… ten misericordia de nosotros… atiende nuestras súplicas…’ pero, ¿realmente nos estamos sintiendo pecadores necesitados de esa misericordia del Señor? Tenemos que ser más congruentes con las palabras que pronunciamos, ser más auténticos en las palabras que decimos.

Quien ha pasado por malas situaciones en la vida, quizás como consecuencia de sus errores y fallos, cuando ha encontrado comprensión y misericordia en los demás para perdonarnos y para aceptarnos, realmente se tiene que sentir transformado por esa experiencia de misericordia que ha sentido en su vida y todo a partir de entonces va a ser nuevo y distinto.

Vivamos con intensidad esa experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida, porque realmente nos sentimos necesitados de esa misericordia, y seguro que a partir de ese momento nuestra vida va a ser bien distinta, disfrutaremos de una paz nueva en el corazón, pero al mismos tiempo seremos capaces de regalar ternura y comprensión a los que caminan a nuestro lado en sus debilidades, porque débiles un día nos sentimos. Es lo que vivió Leví tras su encuentro con Jesús y por lo que hizo fiesta en aquel banquete en que invitaba a sus amigos.

viernes, 24 de enero de 2025

Nos sentimos agradecidos y emocionados con el amor que el Señor nos tiene que sigue confiando en nosotros, impulsados a buscar nuevas metas de superación

 


Nos sentimos agradecidos y emocionados con el amor que el Señor nos tiene que sigue confiando en nosotros, impulsados a buscar nuevas metas de superación

Hebreos 8,6-13; Salmo 84; Marcos 3,13-19

Nosotros escogemos a nuestros amigos; conoceremos a muchos pero tener la consideración de amigos solo serán algunos; ¿qué les pedimos o qué les ofrecemos? Fundamentalmente la lealtad de la amistad con todas las características que les acompañan, normalmente teniendo en cuenta su sinceridad y sus valores humanos; habrá quienes sean interesados en otras cosas, poder, influencia, prestigios sociales, pero ahí no vamos realmente buscando la amistad; no nos importa quienes son en ese sentido sino como se muestran con nosotros para poder confiar. Con los amigos se van a compartir muchas cosas, todo lo que encierra la amistad.

De la misma manera podríamos decir cuando buscamos colaboradores para algo que vamos a emprender; no lo hacemos a la ligera y tendremos nuestros criterios propios; partiríamos de esa lealtad de la amistad y de ser personas con inquietud, aunque en la vida no hayan destacado por muchas cosas, pero buscamos lo que hay en lo más hondo de ellos mismos y que sabemos que pueden sacarlo a todo para emprender lo que le confiemos; muchas veces desde lo pequeño y lo que nos parece menos relumbrante quizás encontramos esas personas ideales en las que podemos confiar.

En torno a Jesús se había ido formando ya un grupo de personas que le seguían más de cerca, que compartían lealmente con Jesús muchas cosas, porque quizás a muchas cosas habían sido capaces de renunciar para escuchar a Jesús y estar al lado de Jesús. Llega el momento de ir formando aquel grupo que iba a ser como imagen de esa nueva comunidad que se iba a formar a partir de Jesús. Es lo que hoy contemplamos en el evangelio.

Algún evangelista nos dirá que se pasó la noche en oración; eran decisiones serias que no se podían tomar sin una previa reflexión; por eso le vemos que aquel día con sencillez, pero con la solemnidad que conllevaba aquel momento fue llamando uno a uno a los doce que iba a tener con El y a los que iba a llamar sus enviados, apóstoles. El evangelista nos da la relación. Les hemos visto en distintos momentos cuando Jesús los ha llamado a seguirle, cuando se han ido con él dejándolo todo, procedentes en cierto modo de diversos ambientes, pero muy cercanos a Jesús pues algunos incluso serán parientes. ‘Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él’.

Y ya vemos desde el primer momento que se confía en ellos porque les da autoridad para lo que han de realizar. Ellos han de ser signos de ese Reino de Dios que se estaba constituyendo y habían de realizar también esas señales de que el Reino de Dios estaba llegando. Por eso nos dice el evangelista que ‘instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios’.

Comienza a plasmarse lo que era el Reino de Dios que Jesús venía anunciando. Había invitado a la conversión para creer en esa buena noticia y aquellos doce habían dado señales de que estaban en ese camino, a pesar de sus debilidades, a pesar de que haya momentos en que no terminen de entender lo que Jesús les enseñe, a pesar de sus ambiciones humanas que seguían latentes en sus corazones y de las que tendrían que irse poco a poco desprendiendo. Eran los que estaban con Jesús y los enviados de Jesús.

Con cierta emoción escuchamos nosotros este relato del evangelio porque estamos viendo que Jesús nos llama también a ser sus amigos, a que demos esas señales del Reino de Dios en nuestra vida y entonces seamos capaces también de desprendernos de esas cosas que quedan en nosotros como rémoras que nos impiden caminar libremente.

Nos sentimos agradecidos y emocionados con el amor que el Señor nos tiene que así sigue confiando en nosotros, conociendo como conocemos nuestras debilidades y tropiezos, pero al tiempo nos sentimos impulsados a caminar, a levantarnos, a mirar a lo alto, a buscar nuevas metas de superación en nuestra vida. Gracias, Señor, por seguir confiando en nosotros y seguir llamándonos amigos.

sábado, 18 de enero de 2025

Seamos capaces de levantarnos de donde estamos apoltronados para arriesgarnos a ponernos en camino, como nos invita Jesús

 


Seamos capaces de levantarnos de donde estamos apoltronados para arriesgarnos a ponernos en camino, como nos invita Jesús

Hebreos 4,12-16; Salmo 18; Marcos 2,13-17

Vamos conmigo, nos dijo un amigo y nos invitó a dar un paseo o nos lleva a una fiesta; vamos conmigo le dice el padre a su hijo porque quiere enseñarle su lugar de trabajo; vamos conmigo nos dice el intrépido viajera y nos lleva a conocer mundos, países, culturas… estamos recibiendo invitaciones por todos los medios a no quedarnos anclados en el sitio o el momento de la vida donde estamos, en el lugar de la vida que ocupamos, en el trabajo que tenemos, en lo que estamos haciendo de siempre, en lo que ya conocemos, porque hemos de tener otros horizontes, porque tenemos que comprender el sentido de la vida que nos impide quedarnos anquilosados, porque tenemos que descubrir nuevas posibilidades, porque hemos de ser capaces de desarrollar todas las capacidades que tenemos, porque queremos darle otra profundidad a la vida…

Ofertas, llamadas, invitaciones, impulsos que sentimos dentro, horizontes que se abren, vida que queremos vivir en mayor plenitud, que no queremos ramplona, superficial, carente de metas. Son como un reto, son también un riesgo porque no sabemos si siempre acertaremos, porque nos podemos equivocar, porque quizás nos ponemos en peligro situaciones que ya vivimos o privilegios de los que gozamos y podemos perder. Es necesario decisión y dejar los miedos atrás, coraje para enfrentarnos a lo desconocido quizás, valentía para acallar cobardías. Solo así podremos alcanzar nuevas metas, haremos un camino en verdadera ascensión. Y ya sabemos que ascender por una cuesta, por una pendiente nos exige esfuerzo y decisión.

Aquel hombre estaba tranquilamente allí ocupado en sus asuntos; era su responsabilidad y era también su negocio, su medio de vida en la búsqueda de unas ganancias. Y pasó Jesús y le dijo ‘Vamos conmigo, sígueme…’ No hicieron falta ni más palabras ni más explicaciones. Y aquel hombre se levantó de donde estaba sentado y dejándolo todo se fue con Jesús.

¿Dónde quedaban sus negocios y sus ganancias? ¿A qué se iba a dedicar ahora? ¿Qué futuro de vida le esperaba? ¿Qué es lo que iba a ganar? Habrían pasado quizás por su cabeza estas o parecidas preguntas llenas de inquietud. Pero en lo escueto que es el relato del evangelio no hay tiempo de buscar todas esas necesarias garantías de que aquel camino que comenzaba en verdad le era conveniente. Solo hay una fe y una confianza en la palabra de quien le estaba invitando a irse con El. Además su decisión, aunque fuera inesperada, porque inesperada fue también la llamada y la invitación  fue algo que tomó con alegría, porque inmediatamente organizó una fiesta, un banquete y allí estarían Jesús y sus discípulos que siempre le acompañaban, como iba de ahora en adelante acompañarle él, pero también estaban invitados los que habían sido sus amigos de siempre.

Pero hay cosas que levantan ampollas, quizás no tanto en quien tiene que hacer el camino, sino en los que le rodean y no comprenden decisiones ni nuevos estilos. Eso estaba pasando al lado de aquel banquete que Leví había preparado. ‘Vuestro maestro come con publicanos y pecadores’. Y es que Leví era de ese grupo de los publicanos, por el oficio que desempeñaba.

Allí estaban los puros y los santos, como los sigue habiendo en todas partes, dispuestos al juicio y al prejuicio, dispuestos a la condena y llevar al desprestigio a quien está ofreciendo algo nuevo y distinto. ‘Vuestro maestro come con publicanos y pecadores’. Allí estaban todos participando de la misma mesa, como signo del banquete del Reino. Lo que Jesús estaba anunciando allí se estaba realizando. Era un reino nuevo en el que no tenían que privar ni los intereses ni los privilegios, un banquete a cuya mesa podían sentarse todos porque todos estaban invitados. ¿No se llenó la sala del banquete de todos aquellos que fueron a buscar por los cruces de los caminos, porque los primeros que estaban invitados rechazaron el banquete? Ya nos dirá Jesús que cuando hagamos un banquete no invitemos a los nos pueden pagar invitándonos luego a sus banquetes; nos dice que invitemos a los que nada tienen, porque de los pobres es el Reino de los cielos.

Muchos interrogantes suscitan en nuestro interior este pasaje del evangelio. ¿Seremos capaces de levantarnos de donde nos sentimos anclados para ponernos en camino a algo nuevo como lo que nos ofrece Jesús? ¿Nos sentaremos en la misma mesa donde se sientan los pobres y los que no saben comer porque nada tienen, los pecadores que necesitaran un baño de gracia y un vestido de fiesta y aunque no lo tengan allí también están sentados? ¿A quienes vamos a invitar a nuestra mesa para dar señales del Reino nuevo de Dios que Jesús nos anuncia?

sábado, 21 de septiembre de 2024

Necesitamos unas nuevas actitudes con los demás sabiendo contar con ellos sean como sean, como Jesús contó con Mateo que era un publicano

 


Necesitamos unas nuevas actitudes con los demás sabiendo contar con ellos sean como sean, como Jesús contó con Mateo que era un publicano

Efesios 4, 1-7. 11-13; Salmo 18; Mateo 9, 9-13

Invitamos a un amigo a una fiesta y seguramente no se hará de rogar mucho para aceptarnos esa invitación, lo mismo que si es a una comida o a una salida; claro que se trata entre amigos y se da por sentada la confianza y los deseos de estar con el amigo. Que venga una persona que nosotros desconocemos o que no sea de los habituales con quienes solemos estar y ya nos lo tendríamos que pensar un poco, porque siempre andamos con las desconfianzas y muchas veces nos falta sinceridad.

Pero si vienen para pedirnos una colaboración o una ayuda para algo que tenemos que hacer, ya estaremos pensando si tenemos tiempo, si podemos o no podemos comprometernos, si eso nos va a traer algunas consecuencias o algunos gastos extra, y así no vamos poniendo pegas y retrasando la respuesta. Menos aun sería seguramente si no vemos claro aquello a que nos invitan, porque de alguna manera sea una aventura, entonces nos costará mucho más el decidirnos.

Cuando hoy escuchamos en el evangelio que Jesús pasando por delante de la garita o el mostrador de los impuestos, le dice a Mateo que lo siga y éste se levante dejándolo todo nos sorprende; no sería lo habitual que nosotros hiciéramos. ¿Habría oído Mateo hablar de Jesús o él mismo lo habría escuchado? Por muy enfrascado que estuviera en sus negocios alguna noticia tendría, o quizás alguna vez también se había acercado a escucharle en el anonimato en medio de la gente. Conocemos al otro publicano que quería conocer a Jesús y se le ocurrió la idea de subirse a la higuera para ver pasar a Jesús sin mayores consecuencias.

Un hecho, pues, que nos sorprende es la decisión inmediata de Mateo de ponerse a seguir a Jesús. Era un publicano, despreciado habitualmente entre los judíos por su colaboración con Roma en el cobro de los impuestos; de alguna manera pertenecía a la organización del pueblo que los dominaba.

¿Habría en si mismo, en su interior, un conflicto entre aquello que hasta ahora estaba ejerciendo y lo que Jesús le proponía? también podía retraerse por esa misma condición de publicano, de no considerar que fuese la persona apropiada para aquello que Jesús le pedía. Ya veremos luego la reacción contra Jesús por comer rodeado de publicanos y pecadores. Esto también podría ser algo que ronroneara en su interior antes de tomar una decisión. Pero el evangelio dice que se levantó y lo siguió.

¡Cuántas vueltas le damos nosotros a las cosas en nuestra cabeza cuando tenemos que tomar una decisión, de dar un paso adelante en la vida! Estamos ocupados, ya tenemos nuestras cosas, que se comprometan otros que hay por ahí tanta gente que no hace nada, no valemos, cómo vamos a comprometernos si no sabemos a qué nos va a llevar todo esto, y así una letanía interminable de disculpas, de pasos atrás, de miedos y cobardías. ¿Despertará en nosotros este evangelio unos nuevos sentimientos y actitudes?

Y ya lo hemos mencionado. La reacción que los escribas y fariseos tuvieron ante el hecho de que Jesús participara con su grupo con aquellos nuevos amigos que en cierto modo acompañaban a Mateo en un banquete que se le había preparado. ‘¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?’ es lo que murmuran comentándoselo a los discípulos porque no se atreven a la cara a decírselo a Jesús. 

Ay esos ronroneos y comidillas a los que somos tan fáciles en la vida. Siempre tenemos un juicio que hacer sobre lo que hacen los demás, siempre estamos preparados para una condena y una descalificación con tal de quitarnos de en medio a quien por la rectitud de su vida es alguien que nos resulta incómodo.

‘No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos’, es la respuesta de Jesús. El ha venido a sanar y a salvar, El ha venido a buscar la oveja perdida, y a esperar con los brazos abiertos al hijo pródigo, El es quien nos busca cuando en nuestra cabezonería no queremos entrar, no queremos acoger, no queremos nosotros tampoco comprender a los demás y perdonar. ¿Aprenderemos a tener nuevas actitudes para con los demás ofreciendo siempre la generosidad de nuestro perdón para ser capaces de contar también con ellos sean como sean? Jesús contaba con Mateo a pesar de que era un publicano.

‘Misericordia quiero y no sacrificios’, que ya había dicho el profeta. Así nos busca y nos llama, así se sienta a la mesa con nosotros, pero para ofrecernos otra comida mejor, porque se nos dará El mismo haciéndose comida y vida para nosotros. Quien le come vivirá para siempre, El nos resucitará el último día.

sábado, 24 de agosto de 2024

Entremos en la sintonía de Dios que nos llega por los demás, porque la fe ha nacido en nosotros por algo que alguien nos ha trasmitido y en quien hemos puesto nuestra confianza

 


Entremos en la sintonía de Dios que nos llega por los demás, porque la fe ha nacido en nosotros por algo que alguien nos ha transmitido y en quien hemos puesto nuestra confianza

Apocalipsis 21, 9b-14; Salmo 144; Juan 1, 45-51

¿Lo experimentamos para poder saberlo, para poder estar convencidos? No es mala manera de llegar al conocimiento de las cosas. El conocimiento científico de alguna manera parte de aquello que podemos experimentar. Ya decimos muchas veces si no lo veo no lo creo, y también cuando tratamos de contar algo que hemos visto nosotros y  no nos creen le decimos que vengan y que lo vean por sus propios ojos. Claro que por medio está también por una parte la credibilidad que pueden dar nuestras palabras, o la credibilidad con que hemos de vivir en nuestras mutuas relaciones, si no nos ofrecen nada ejemplo de lo contrario, y que facilita nuestro trato y nuestra mutua confianza. Algo que nos estará hablando por otra parte de la madurez con que nos expresamos en la vida y es base importante de nuestra mutua intercomunicación.

La página del evangelio que hoy se nos ofrece, en esta fiesta del apóstol san Bartolomé podemos decir que va por este sentido, Es base también de lo que ha de ser el anuncio del evangelio, que ya nos decía san Juan en el principio de sus cartas que El nos habla de lo que ha visto y de lo que ha vivido,  es precisamente la base del anuncio del evangelio que nos hace.

Pero en nuestro camino humano de la vida, como en el camino de nuestra fe podríamos decir que son procesos que de alguna manera tenemos que realizar en la vida. Precisamente en estas primeras páginas del evangelio de san Juan la comunicación de la Buena Noticia de Jesús arranca precisamente de lo que van recibiendo unos de otros  y en lo que van creyendo para llegar a ese seguimiento de Jesús.

Juan Bautista que ha visto bajar al Espíritu Santo desde el cielo sobre Jesús, será el que anuncie a sus discípulos que aquel pasa entre ellos es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; tras ese anuncio Juan y Andrés se van tras Jesús queriendo ya saber de su vida, ‘¿donde vives?, le preguntan a lo que Jesús les dirá ‘Venid y lo veréis’.

Será lo suficiente para que Andrés a la mañana siguiente vaya a convencer a su hermano Simón que han encontrado el Mesías, y así lo llevará hasta Jesús; después de la invitación de Jesús a Felipe para que le siga, éste irá al encuentro de su amigo Natanael para convencerlo de que han encontrado aquel de quien hablaban Moisés y los profetas; ante la resistencia de Natanael, solamente le dirá ‘ven y lo verás’. Será suficiente ese encuentro para que comience a creer comenzando a hacer ya una confesión de fe, pero Jesús les dirá que mayores cosas verán.

Todo un camino y un proceso que también se ha ido realizando en nuestra vida, porque la fe ha nacido en nosotros por algo que alguien nos ha trasmitido y en quien hemos puesto nuestra confianza. No nos habrán faltado momentos de ponerlo todo en duda, pero experiencias hemos tenido en el corazón que nos han mantenido en esa fe y que tenemos que reavivar continuamente para que no se nos debilite.

Ese ‘ven y lo verás’ será algo que de una forma o de otra escuchamos muchas veces en el corazón sobre todo cuando nos vienen momentos oscuros y momentos de ponerlo todo en crisis. Siempre habrá una llamada interior que de forma misteriosa quizás nos haga despertar en el corazón, pero hemos de estar atentos a esa voz y a esa llamada; no podemos hacernos oídos sordos, tenemos que aprender a sintonizar con ese susurro del Espíritu que de alguna manera llega a nosotros, pero que si estamos distraídos podemos perder.

No nos dejemos aturdir por tantos ruidos de la vida que quieren distraernos. Dejemos que suene en nuestros corazones esa melodía de la fe que nos llenará de la verdadera paz, que nos abrirá a nuevos rumbos, que abre nuestro corazón a Dios, que nos hace sintonizar con la vida de los que nos rodean en los que podemos admirar también las maravillas de Dios.

viernes, 5 de julio de 2024

¿Estaríamos dispuestos a sentarnos a la mesa con Jesús sabiendo quienes son sus preferidos o tendríamos que pensárnoslo?

 


¿Estaríamos dispuestos a sentarnos a la mesa con Jesús sabiendo quienes son sus preferidos o tendríamos que pensárnoslo?

Amós 8,4-6.9-12; Sal. 118; Mateo 9,9-13

Me lo tengo que pensar, es una socorrida salida que tenemos en muchas ocasiones cuando se nos plantea o se nos propone algo que quizás no estaba en nuestros planes. ¿Una forma de mirar mis límites y posibilidades? ¿Un ver hasta donde soy capaz de comprometerme? Quizás me pregunte ¿qué beneficios – o qué ganancias mirándolo incluso desde un punto de vista más material - voy a obtener de eso que me proponen? ¿Esto me va a complicar la vida? Muchas y diversas preguntas para dar largas quizás, para no tomar decisiones que me puedan comprometer, y lo dejamos para otro momento.

Es el planteamiento de algo nuevo en lo que podría implicarme, son situaciones inesperadas que surgen ante las que hay que hacer algo, es una necesidad que detectamos en gente a nuestro alrededor con sus carencias y necesidades, o situaciones que surgen en la propia familia, o cosas que afectan también al ámbito social. ¿Habrá prontitud, disponibilidad, generosidad, desprendimiento para dar mi tiempo, mi trabajo, mis atenciones a esas cosas que de pronto se nos presentan?

Hoy se nos presenta en el evangelio un hermoso testimonio y precisamente del que menos se podía esperar; bueno o al menos ese pensamiento estaba en ciertos sectores de la sociedad de entonces, aunque también esas actitudes se dan entre nosotros donde también hacemos nuestras distinciones entre quien puede responder o quien no va a responder.

Se trata de un publicano. Ya quizás alguno comience a preguntarse cuales eran los criterios de Jesús para escoger a los que quería que estuvieran con él, la elección de sus discípulos. Pues es a un publicano a quien ahora Jesús llama y quien nos da un hermoso testimonio. En la brevedad pero al mismo tiempo mucha elocuencia del relato evangélico, Mateo está allí en su ‘despacho’ de cobrador de impuestos cuando Jesús pasa y le dice que le siga. Espera que tengo que arreglar las cuentas, parecería que fuera la postura más responsable de Mateo, puesto que estaba además desempeñando una actividad que de alguna manera era como un cargo público. Pero Mateo no se lo piensa dos veces, ‘se levantó y siguió a Jesús’.

¿Estaremos viendo ahí esa prontitud, disponibilidad, generosidad, desprendimiento del que hablábamos antes? Cuando hay generosidad y disponibilidad en el corazón no tenemos miedo a los riesgos, pero ya sabemos que seguimos atados con muchas parálisis del corazón como en otra ocasión hemos reflexionado. Y es que todo es cuestión de generosidad y de amor, y surgirá esa disponibilidad de todo lo nuestro, de nuestra propia vida, y ese desprendimiento que es también arrancarnos de esas ataduras.

Pero siguiendo con el texto del evangelio me viene otro pensamiento. Jesús invitó a Mateo a seguirle, inmediatamente lo veremos sentado a la mesa con Jesús, pero también tenemos que contemplar quienes son los que están sentados a la mesa con Jesus. Sí, Jesús cuando nos está invitando a seguirle nos está invitando a que nos sentemos a la mesa con El. Visto así de pronto lo consideraríamos un gran honor, pero mirando los detalles ¿tendríamos que pensárnoslo, como decíamos al principio?

Pero en la mesa con Jesús están también sentados los indeseables, los que eran menospreciados de todo el mundo, aquellos de los que los que se consideraban con mayor dignidad no admitirían nunca a su mesa. Allí están los publicanos y los pecadores, allí están las prostitutas y los que nadie quiere, los que se consideraban como un desecho de una sociedad puritana. Y es que Jesús no hace distinciones. Y es que Jesús es el médico que ha venido a sanar a los enfermos, los que se consideran sanos no creen necesario sentarse con Jesús.

Y nosotros, ¿estaríamos dispuestos a sentarnos así a la mesa con Jesús? Nosotros que nos lo pensamos tanto a la hora de escoger nuestros amigos y poner en ellos nuestra confianza. Porque nosotros seguimos haciendo discriminaciones, nuestro corazón se encuentra muchas veces roto y dividido.

lunes, 1 de julio de 2024

El seguimiento de Jesús no es solo cuestión de un gusto personal sino respuesta a una invitación dada con radicalidad

 


El seguimiento de Jesús no es solo cuestión de un gusto personal sino respuesta a una invitación dada con radicalidad

Amós 2,6-10.13-16; Sal. 49;  Mateo 8, 18-22

Nos gustaría ser como él, hacer las cosas que él hace, parecernos a él. Es, me atrevo a decirlo así, la atracción que podemos sentir cuando nos encontramos una persona buena, una persona entregada, una persona que nos manifiesta con sus palabras pero sobre todo con actitudes y con compromisos de su vida, verdades que nos hacen pensar, que nos hacen plantearnos ideales nobles por los que llegamos a pensar que merece dar la vida.

Es bueno, podemos decir que de alguna manera es normal, que al sentirnos atraídos por algo queramos hacerlo, que si encontramos una persona así nos sintamos estimulados a elevar el listón de nuestra vida queriendo ser mejor, queriendo vivir también una entrega en la que encontramos un sentido para la vida; pero no tenemos que copiar, cada uno tenemos unas características y una personalidad, y lo que tenemos que sentirnos llamados a hacer es a desarrollar lo más posible lo mejor de nosotros mismos, que no significa que tengamos que hacer exactamente lo mismo, o querer como hacer un duplicado en nosotros de esa otra persona. Será algo a lo que nos ayudará la madurez que vayamos alcanzando en la vida, porque lo otro podría quedarse en una reacción un tanto infantil, y somos nosotros los que tenemos que madurar.

La gente también se sentía atraída por Jesús, le seguían a todas partes, se daban de codazos por estar a su lado – ‘ves como te apretuja la gente’, le escuchamos un día decir a Pedro -, se sienten entusiasmados y en tienen en ocasiones momentos incluso de delirio como cuando quieren hacerle rey allá en el descampado después de la multiplicación de los panes, y ya vemos cuantas alabanzas para él, e incluso para la madre que lo amamantó, como aquella mujer anónima.

En torno a El se ha ido formando aquel grupo de discípulos  que están con él siempre porque incluso han dejado sus barcas y redes o sus puestos de trabajo para responder a su llamada; a ellos de una manera especial irá formando porque para ellos tiene una misión especial. Son muchos los que le quieren seguir, bien cuando se han visto liberados de sus enfermedades y males como el ciego Bartimeo que le sigue por el camino después de haber recobrado la vista, o como aquel endemoniado geraseno que después de sentirse curado por Jesús quiere seguirle y Jesús le dirá que vaya a decirle a los suyos cuanto ha hecho Jesús con él.

Hoy vemos que incluso un escriba viene y esta dispuesto a seguir a Jesús a donde quiera que vaya. Pero no quiere Jesús entusiasmos fáciles que se pueden quedar en pasajeros; cuantas veces nos sucede que nos entusiasmamos con una amistad, pero con el paso del tiempo y no hace falta que sea mucho ya nos olvidamos de aquellos fervores del principio. Jesús quiere dejarnos bien claro cuales son las exigencias para seguirle, que no se puede quedar solo en cantos de alabanza; ¿nos quedaremos muchas veces en cánticos bonitos y entusiastas en nuestras celebraciones, pero cuando salimos de allí parece que lo hemos olvidado todo?

Hoy Jesús recuerda que las fieras del campo tienen sus madrigueras y los pájaros sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. ¿Podemos llegar a vivir un desprendimiento y una austeridad así? Y nos dirá también que cuando nos decidamos a seguirle no podemos estar volviendo la vista atrás a cada rato para estar soñando con lo que dejamos, ni podemos quedarnos en seguir haciendo las cosas de muerte de siempre porque el camino que se abre ante nosotros es un camino de vida.

¿Estaremos dispuestos a escuchar la invitación de Jesús a seguirle – porque no es solo cuestión de gustos personales sino de llamada y vocación – para seguir con todo a Jesús en su camino? Es algo serio.

sábado, 17 de febrero de 2024

Necesitamos tener unas nuevas aptitudes que nos hagan disponibles siempre para el servicio, pero también con las que valoremos a los demás sin descartes que anulan

 


Necesitamos tener unas nuevas aptitudes que nos hagan disponibles siempre para el servicio, pero también con las que valoremos a los demás sin descartes que anulan

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

Cuando queremos conseguir a alguien que nos haga un buen trabajo trataremos de informarnos bien sobre quien queremos contar, buscaremos a alguien que nos lo recomienden como muy capaz de realizarlo, pero al tiempo queremos buscar una buena persona de la que tengamos alguna certeza de su integridad y honradez para confiarle aquello en lo que además nos vamos a gastar nuestros dineros. No buscamos a cualquiera, escogeremos muy bien y en los lugares que consideremos más apropiados. Parece que eso sería lo normal que tendríamos que hacer.

Pero he aquí que hoy nos encontramos con un texto del evangelio que parece que nos viene a echar abajo todas esas buenas predisposiciones por nuestra parte, todo ese afán de buscar lo más integro y lo más capaz. Jesús está buscando, por decirlo de alguna manera, seguidores, y además en estas elecciones que va haciendo Jesús está, podríamos decir, mirando en la lejanía porque aquellos que ahora invita a seguirle, serán los que un día nombrará apóstoles y en cuyas manos a poner toda la tarea de anunciar y realizar el Reino de Dios.

Sin embargo, ¿a quien vemos hoy que busca Jesús y le invita a seguirle? Un publicano, una persona que en razón de su profesión y de la mala fama que se habían ganado eran despreciados por los judíos, porque eran considerados como unos colaboracionistas con los que ahora les dominaban y de manera especial por sus dirigentes. Mala fama tenían de ladrones y de usureros, porque eran además los que se dedicaban al negocio de los préstamos, cosa que siempre ha habido a través de todos los tiempos. Y Jesús llama a seguirle a uno de ellos; y mira por donde encontraré en él una prontitud para seguirle realmente admirable, porque se levantó de su garita de cobrador y se fue con Jesús, además con alegría porque en su honor querrá celebrar un banquete.

En medio de todo esto tendríamos que preguntarnos que es lo que realmente mira Jesús a la hora de su llamada. No le importa su condición de pecador, fama de publicano que se había ganado, porque como vemos ante la reacción que pronto se producirá por parte de los escribas y fariseos que se quejan de que Jesús se siente a la mesa con los pecadores y como con ellos, nos dirá que El ha venido como salvación y que son los enfermos, que son los pecadores los que necesitan del médico, los que necesitan de la salvación y es a ellos a donde Jesús primero se dirigirá.

Aquí con sinceridad tendríamos que comenzar por pensar en nosotros mismos. El Señor sigue contando con nosotros que somos pecadores. Porque cuantas veces hemos sentido los regalos del amor de Dios en nuestra vida y aunque en principio parecía que queríamos responder, sin embargo luego la respuesta de nuestra vida se ha vuelto tantas veces negativa. Jesús está pasando también por la garita de nuestra vida y también nos está invitando a seguirle a pesar de lo encerrados en nosotros mismos que vivimos tantas veces con nuestras debilidades, con nuestras infidelidades, con nuestro pecado.

Jesús le dio una nueva oportunidad a Leví y éste la aprovechó; dio pronta respuesta que sería en un seguimiento en fidelidad de los caminos de Jesús, caminos que luego nos trasmitiría con el evangelio de Jesús que nos escribió. Pero esto me lleva a pensar, aunque fuera brevemente, en algo más. ¿No tendríamos que aprender a dar nuevas oportunidades a los demás?

Con mucha facilidad vamos por la vida descartando; con aquel no contamos porque es así, aquel ya en una ocasión nos dejó plantados así que no volveré a contar con él, aquel no creo que sea capaz de hacer nada de provecho, en otros nos fijamos en lo que nos parece la pobreza de su vida y no somos capaces de descubrir los valores que pueden haber en su corazón… y así vamos descantando a tantos, la lista se haría interminable.

¿Aprenderemos a tener unas actitudes nuevas como Jesús nos está enseñando?

sábado, 13 de enero de 2024

Muchos chips tendremos que cambiar en nuestro interior si en verdad queremos ser los discípulos de Jesús

 


Muchos chips tendremos que cambiar en nuestro interior si en verdad queremos ser los discípulos de Jesús

1Samuel 9, 1-4. 17-19; 10, 1ª; Sal 20;  Marcos 2, 13-17

Mira que miramos – valga la redundancia – con quien nos juntamos, quienes consideramos del círculo de nuestros amigos. Nos solían decir ‘mira con quien andas y te diré quien eres’, para evitar mezclarnos con gente de mala sombra; no con cualquiera queremos juntarnos, y como en la vida nos vamos encontrando y relacionarnos con toda clase de personas, ya andamos con cuidado de que no nos vean con cualquiera. Por aquello que dice el refrán de quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Y es lo que queremos buscar buena sombra.

Yo no sé ustedes que me están leyendo esta reflexión, con qué tipo de personas nos juntamos, pero es cierto que es algo que en algunos sectores se tiene muy en cuenta, y es lo que nos decían nuestros padres que no anduviéramos con malas compañías. ¿Y qué hacemos si no sabemos con quien juntarnos?

Pero esto no es nuevo, porque hoy en el evangelio algunos andan criticando a Jesús porque se rodea de malas compañías. Y comenzamos por ver a aquellos que va escogiendo y llamando para que anden con El y sean ese primer grupo fundamente de la Iglesia que ha de fundar. No se ha destacado Jesús por buscar lumbreras, gentes de alta inteligencia y mucha preparación.

Hemos ido viendo que los primeros que escoge y llama son unos rudos pescadores de aquel lago de Tiberíades o mar de Galilea.  Pedro, Andrés, Santiago y su hermano Juan son unos sencillos pescadores, veremos luego que entre los doce escogidos para ser los apóstoles hay algunos Celotes, que podríamos decir que son los independistas, los que de una forma o de otra luchaban contra la dominación romana.

Hoy va a llamar a uno versado en números y cuentas, pero que además forma parte de aquel grupo que todos desprecian por su oficio de recaudador de impuestos y por la fama de usureros que tenían en sus prestamos a los que se veían necesitados de dinero, un publicano como todos los llaman.

Es el eje del relato de hoy  porque cuando Jesús pasa junto a la garita donde está aquel publicano, Leví, Jesús lo invita a seguir y prontamente él se va con Jesús. Celebrará luego un banquete en su casa donde están todos sus amigos, pero al que invita también a Jesús y a los primeros discípulos que le siguen por todas partes.

Pero ahí aparece la reacción de los ‘hombres de bien’, los del grupo de los fariseos cumplidores en exceso y al que solían pertenecer también los maestros de la ley. Aquellos tan puritanos que se lavaban mil veces las manos para que ninguna impureza entrase en sus corazones, ahora se extrañan de ver comer al Maestro de Nazaret en la misma mesa que todo aquel variopinto grupo donde están también los publicanos y los pecadores. ‘¿Cómo es que come con publícanos y pecadores?’ será la pregunta que se hacen, pero que runruneando harán llegar a los discípulos que siguen a Jesús y hasta los mismos oídos de Jesús.

‘No necesitan médico los sanos, sino los enfermos’, será el comentario de Jesús. Ha venido por todos porque ninguno estamos sanos, todos lo necesitamos, incluso aquellos que por allí andan runruneando. ‘No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores’. Podríamos decir en buena lógica que los justos no lo necesitarían, ¿pero quien es el justo de verdad? En otra ocasión solamente dirá que ‘el que esté sin pecado, que tire la primera piedra’. Y Jesús estará allí donde hay un pecador que lo necesita. ‘Misericordia quiero y no sacrificio’, dirá en otro momento y nos invitará a que seamos compasivos y misericordiosos como lo es nuestro Padre del cielo.

Muchos chips tendremos que cambiar en nuestro interior si en verdad queremos ser los discípulos de Jesús. Distintos tienen que ser los vientos que soplen en nuestra alma, porque otras tienen que ser las direcciones que hemos de tomar. Otra tiene que ser la apertura que tengamos en el corazón.

jueves, 21 de septiembre de 2023

La vocación de Mateo viene a ser una invitacion para que seamos capaces de crear esa mesa de fraternidad donde quepamos todos sin ningun tipo de discriminación

 


La vocación de Mateo viene a ser una invitación para que seamos capaces de crear esa mesa de fraternidad donde quepamos todos sin ningún tipo de discriminación

Efesios 4, 1-7. 11-13; Sal 18; Mateo 9, 9-13

Muchas veces escuchado el relato que nos ofrece hoy el evangelio nos habremos hecho eco en nuestros comentarios de la prontitud de Leví para responder la llamada de Jesús, de la generosidad y alegría de su corazón al ofrecer aquel banquete a Jesús y los discípulos pero al que estaban invitados los que hasta entonces había sido su compañeros de profesión; en consecuencia nos habremos detenido en nuestras consideraciones en los comentarios de los fariseos porque Jesús estaba sentado a la mesa con publicanos y pecadores y la respuesta de Jesús. 

Leví o Mateo como queramos decir según el relato evangélico que escuchemos por su profesión no era bien considerado por ciertos sectores de los judíos; se le consideraba un colaboracionista con los romanos que ahora ostentaban el poder sobre el pueblo judío contribuyendo con su oficio de recaudador de impuestos; pero en una generalización a todos los recaudadores de impuestos se les consideraba igual en el sentido de que eran unos usureros que cargaban no solo en los impuestos sino también en los prestamos a los que tuvieran necesidad de sus servicios. Eran considerados como unos pecadores, los publicanos se les llamaba.

Y es con este hombre con quiere contar Jesús, igual que un día había querido ir a hospedarse a la casa también de un publicano, Zaqueo. Pero es que Jesús lo va a contar entre sus amigos - a vosotros os llamo amigos, les diría un día Jesús - y posteriormente sería elegido para formar parte del grupo de los doce, los apóstoles sus enviados. 

¿Sabía Jesús quién era Mateo y como era considerado por los demás? ¿Qué es lo que mira Jesús? ¿Qué es lo que miramos nosotros cuando prestamos atención a una persona? ¿Simplemente lo que diga la gente, o la fama que pueda traer de su vida anterior? Reconozcamos que nos cuesta liberarnos de esos tabúes, que nos cuesta ser libres en la apreciación que tengamos a las personas pensando por nosotros mismos. ¿Qué sabemos nosotros de lo que hay en el corazón de cada persona? Un primer mensaje que nos está dejando Jesús en este episodio del evangelio.

Jesús le dice a Mateo, 'ven y sígueme', es inmediatamente levantándose de su garita de cobrador de impuestos se dispuso a seguir a Jesus.  Pero esa llamada no la está haciendo Jesús solo a Mateo. Cuando se sienta a la mesa del publicano ¿no nos estará diciendo a nosotros también 'ven y sígueme'? Mateo de forma inmediata se dispuso a seguir a Jesús, ¿estaremos de la misma manera dispuestos a seguir a Jesús y sentarnos a la mesa también con ese que tantas veces discriminamos. 

Sí, sentarnos a la mesa con ese del que pasamos de largo cuando lo encontramos en el camino y nisiquiera lo saludamos; con ese que nos ha tendido la mano tantas veces y nunca tenemos 'suelto en el bolsillo' para compartir y seguimos a lo nuestro sin ni siquiera mirarle a la cara; con ese con quien no nos hablamos por un no sé qué pasó ni sé cuando, pero que desde entonces he mirado mal y lo ignoro aunque sea un vecino que tenemos a la puerta; con tantos y tantos a los que miramos llenándonos de prejuicios y condenas, porque no son como nosotros, porque piensan distinto a lo que  nosotros pensamos, porque son de otros sentimientos religiosos, porque son de otro partido político, porque vinieron no se de donde y ahora decimos que se están aprovechando de nuestra hospitalidad... son tantos a los que queremos excluir de esa mesa de fraternidad en que tendríamos que convertir nuestro mundo.

Nos cuesta esa prontitud que hoy vemos en Mateo para seguir a Jesús y crear esa mesa de fraternidad en la que hemos de caber. Todavía hay entre nosotros, y puede ser que seamos nosotros mismos de alguna manera, como aquellos fariseos que con comentarios maliciosos juzgaban la actitud de Jesús de sentar a su mesa también a publicanos y pecadores. 

Nos queda mucho que transformar en nuestro corazón, mucho que transformar también en nuestras comunidades y en nuestra Iglesia incluso porque no siempre reflejamos esas actitudes nuevas que nos está enseñando Jesús. Transformemos nuestros corazones.