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martes, 29 de septiembre de 2026

Tenemos que cambiar el estilo de nuestra oración, buscando esa higuera bajo la que recogernos, ese lugar a solas y con tranquilidad porque nos sintamos llenos de la gracia de Dios

 




Tenemos que cambiar el estilo de nuestra oración, buscando esa higuera bajo la que recogernos, ese lugar a solas y con tranquilidad porque nos sintamos llenos de la gracia de Dios

Daniel 7,9-10.13-14; Salmo 137; Juan 1,47-51

Nos habremos quedado ‘moscas’, como suele decirse, cuando quizás nos han presentado a alguien de quien pensábamos que no le pudiéramos conocer de nada o él tampoco nos pudiera conocer a nosotros, cuando de repente nos dice que él ya nos conocíamos. ¿De qué me conoces?, seguramente la preguntamos y esperamos que nos dé razones de ese conocimiento. Y quizás podía haber buenas razones y motivos para que hubiera ese conocimiento, aunque no cueste comprender por qué.

Es lo que sucede en este pasaje del evangelio que hoy se nos propone en esta fiesta de los Santos Arcángeles; luego podremos ver la razón por la que se nos propone en la liturgia este evangelio. En este caso lo que sucede es que Natanael es llevado a la presencia de Jesús por su amigo Felipe que ya es seguidor de Jesús y cuando le es presentado a Jesús éste comienza a hablar maravillas de Natanael, ‘un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Realmente Jesús hace una gran alabanza de aquel a quien ahora le están presentando. A cualquiera que le hicieran una alabanza así se le subirían los colores a la cara.

Es entonces cuando surge la pregunta, ‘¿y de qué me conoces tú a mi?’ Hay que tener un buen conocimiento de la persona para hacer una alabanza así, y quiera que no el que así es alabado sentirá mucho orgullo y satisfacción en su corazón. Sin embargo se preguntará, ¿por qué esta alabanza? ¿Yo qué he hecho para merecer una alabanza así? Pero ahí está la respuesta de Jesús. ‘Cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi’. Muchas elucubraciones nos hemos hecho a lo largo de los siglos sobre el sentido de estas palabras de Jesús. ¿Por qué no darle un sentido positivo?

Alguien en sus comentarios sobre este texto piensa en ese lugar secreto de Natanael donde él quizás buscaba el silencio interior y la reflexión. Todos tenemos un lugar, donde nos gusta retirarnos, donde aun en soledad nos sentimos muy a gusto porque nos ayuda a buscar esa paz interior que en las carreras de la vida no llegamos a alcanzar, un lugar para el silencio y para escucharnos a nosotros mismos, un lugar donde nos abrimos a la trascendencia y nos gusta comenzar a mirar más allá, a tratar de descubrir algo distinto, un lugar para rumiar una y otra vez cuanto nos sucede, lo que nos dicen y escuchamos, lo que sutilmente sentimos dentro de nosotros mismos muchas veces sin saber de dónde viene.

Un lugar de oración donde vamos más allá de la repetición de unas palabras dichas o pensadas por otros por muy bonitas que sean, un lugar para la escucha o para detectar aquello que eleva nuestro espíritu, un lugar donde al rumiar esos impulsos interiores se nos abren nuevos caminos, nos aparecen nuevas sugerencias. La oración no son esos rezos en que repetimos siempre las mismas palabras que se convierten en una rutina para nosotros; oración es entrar en otra sintonía en la vida cuando entramos en la honda de Dios; es la apertura del corazón para ver, para contemplar, para comprender algo nuevo y distinto pero también para entrar en diálogo con la mente y el corazón. abiertos a la escucha del mensaje que Dios quiere transmitirnos.

Aquellas palabras un tanto enigmáticas que se cruzaron entre Jesús y Natanael fueron una auténtica oración, porque quizás a Natanael le hizo recordar aquel lugar y aquellos momentos que quizás debajo de la higuera tantas veces se había pasado con tantos interrogantes de su vida. Algo especial y sobrenatural lo había envuelto en aquellos momentos aunque él no supiera bien lo que le estaba sucediendo; era la presencia de Dios en su vida que elevaba su corazón.; esa presencia de Dios que como tantas veces vemos en la Biblia se manifiesta a través de sus ángeles.

Con la presencia del ángel Gabriel en Nazaret María había sentido cómo Dios le envolvía haciendo que el Espíritu de Dios la inundará para convertirla en la Madre de Dios; con la presencia del arcángel san Rafael Tobías había sentido la gracia de Dios que le devolvía la luz a sus ojos y a su vida. Así le había manifestado el arcángel que era Él quien presentaba ante Dios las súplicas y oraciones que Tobías hacía y por eso había acompañado al joven Tobías en su camino. Es esa fuerza interior que sentimos en nuestras luchas contra la tentación y contra el mal como una presencia del Arcángel san Miguel en nosotros para vencer todo mal en nuestra vida.

Es lo que hoy estamos celebrando en la fiesta de los santos arcángeles. Es lo que Jesús terminará diciendo a Natanael y a los discípulos ante el asombro que los embargaba ante el misterio de Jesús. ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’. ¿No nos estará diciendo Jesús que es lo que experimentamos en una verdadera y auténtica oración que va más allá de pedir a Dios que nos solucione nuestros problemas? Es el ángel del Señor que está con nosotros y nos envuelve de esa presencia de Dios.

Pero tenemos que cambiar el estilo de nuestra oración, buscando esa higuera bajo la que recogernos, como nos dirá Jesús en otro lugar que cuando vayamos a orar busquemos ese lugar a solas y con tranquilidad, ese momento en que sintamos esa paz interior porque ciertamente nos sintamos llenos de Dios, como María, la llena de gracia porque el Señor estaba con ella. Será así cómo vivimos de forma auténtica nuestra oración.


lunes, 24 de agosto de 2026

Son muchos los que andan en caminos oscuros y necesitan escuchar la invitación de Felipe a Natanael ‘ven y lo verás’ para llegar a la experiencia de Jesús

 

Son muchos los que andan en caminos oscuros y necesitan escuchar la invitación de Felipe a Natanael ‘ven y lo verás’ para llegar a la experiencia de Jesús

Apocalipsis 21, 9b -14; Salmo 144;  Juan 1, 45-51

Alguna vez habremos discutido con alguien cuando ha querido mostrarnos algo que ha sucedido o él ha experimentado pero que a nosotros nos parece algo insólito y difícil de aceptar por lo que nosotros nos hemos negado a aceptarlo por muchas que fueran las razones que el amigo nos ofreciera para que le creyéramos; quizás el amigo cansado ante nuestras negativas, porque él además está muy convencido de la experiencia que ha vivido, ha terminado por decirnos, pues ven para que lo veas por ti mismo y te convenzas. ¿Llegaremos a ir aunque solo fuera por quitarnos de encima tal insistencia y tanta presión?

Algo así es lo que nos está contando hoy el evangelio. Estamos en aquellos primeros momentos de la predicación de Jesús donde se está dando a conocer a haciendo el anuncio de conversión para aceptar la buena noticia del Reino de Dios. Algunos han comenzado ya a seguirle de cerca, otros han venido atraídos por las invitaciones que han recibido y en el caso de Felipe ha escuchado la llamada de Jesús y se ha ido con El. Ha sido una experiencia impactante en su vida; ahora no puede hacer otra cosa sino estar hablando de lo que él ha vivido; se ha tropezado con su amigo Natanael y le anuncia que han encontrado a aquel del quien habla Moisés en la ley y los profetas, y le señala a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.

No está viendo las cosas claras Natanael, aunque se ve que es un hombre que conoce las Escrituras. Si Felipe le habla de que han encontrado al Mesías, ¿cómo va a ser simplemente el hijo de José, el carpintero, y además de ese pueblito de Nazaret? Es la reacción normal que siempre se tiene ante las cosas que nos puedan venir del pueblo de al lado – siempre nuestro pueblo será mejor como tantas veces nos sucede en nuestra vida pueblerina de cada día – pero además le parece inverosímil que suceda algo así sin que haya habido unos signos y señales venidos del cielo.

Ya a Felipe no le quedan más argumentos para convencerlo. Cansado de tanta réplica simplemente le dirá ‘Ven y verás’. Nos está diciendo algo con gran sabiduría Felipe porque el aceptar o no aceptar a Jesús va mucho más allá de unos convencimientos por unos razonamientos. Cuando Natanael se encuentra con Jesús se sorprende por el saludo y la acogida que es valorar algo bueno que hay en la vida de Natanael. Jesús habla de su rectitud y de su madurez. ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Se sorprende el bueno de Natanael por lo que le replicará de qué lo conoce. ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Y ya Natanael no puede más. ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. Es un reconocimiento de fe que ha partido solo de una experiencia de encuentro con Jesús.

No vamos ahora a ponernos a hacer consideraciones de lo que pudiera significar o no esta frase de Jesús. Lo importante es que Jesús nos ha mirado antes de que nosotros quisiéramos ir a El. Nos conoce y quiere contar con nosotros, solamente tenemos que dejarnos mirar por Jesús, pero con sinceridad, con humildad, con apertura de corazón. No podemos poner vallas en nuestro alrededor, no podemos crear abismos de distancias, no podemos ocultarnos tras las hojas de la higuera, Jesús pasa nuestro lado y nos mira, y nos llama, y nosotros tenemos que abrir los oídos de nuestro corazón para escucharle, y nosotros tenemos que dejarnos conducir por aquellos que quieren llevarnos a Jesús.

Como ahora ha estado haciendo Felipe, como veremos en otra ocasión del evangelio en que los que están a nuestro lado en el camino nos estarán diciendo, vamos levántate que te llama, como aquel ciego del camino de Jericó. Lo que parecía que podían ser obstáculos – recordamos como querían hacerlo callar los gritos del ciego pidiendo compasión – sin embargo luego fueron los que lo ayudaron para que llegara a Jesús. Así nos sucede tantas veces. Porque necesitamos ir a tener esa experiencia del encuentro con Jesús. Aquel ciego que mencionábamos recobró la vista, a Natanael se le abrió un camino de luz porque terminó reconociendo a Jesús.

¿Qué podemos ofrecer de todo esto a los demás? ¿No tendremos que decir también ‘ven y verás’ para que otros vayan al encuentro con Jesús? Son tantos los que necesitan escuchar esa invitación.


lunes, 5 de enero de 2026

La mirada de Jesús que traspasa barreras y traspasa tiempos; la mirada de Jesús que cala hondo en nosotros, será siempre una mirada de amor

 


La mirada de Jesús que traspasa barreras y traspasa tiempos; la mirada de Jesús que cala hondo en nosotros, será siempre una mirada de amor

1 Juan 3,11-21; Salmo 99; Juan 1,43-51

Una mirada nos habla, una mirada puede decirnos muchas cosas; puede sorprendernos en el hecho de que alguien se fije en nosotros, puede ser una señal de oferta de amistad, de decirnos que sus puertas están abiertas, pudiera ser de reprobación o simplemente decirnos que no se está de acuerdo con nosotros o nuestra manera de actuar; algunas veces rehuimos la mirada aunque también hay quien mantiene la mirada en cierto modo desafiante porque no queremos sentirnos mirados, nos puede parecer que se están entrometiendo en nuestras cosas y queremos mantener nuestra reserva o porque la rechazamos sin más; siempre sin embargo habitualmente queremos mirar a los ojos de aquel con quien hablamos, porque más que sus palabras sus ojos pueden llegar a decirnos muchas cosas; muchas mas cosas podríamos decir y ya hemos recordado en estos días la mirada de Dios sobre nosotros que es siempre bendición.

Me ha surgido esta reflexión introductoria desde lo que ahora hemos escuchado en el evangelio. Son aquellos primeros momentos en el evangelio de Juan en que van surgiendo los primeros seguidores de Jesús que van a ser sus primeros discípulos. Tras aquella búsqueda de Andrés y Juan después de señalarles el Bautista a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, pronto será Simón al que Jesús ya desde el principio llamará Pedro el que por la invitación de su hermano Andrés se acercará a Jesús.

Será Felipe el que es invitado por Jesús a seguirle pero que pronto se convierte en apóstol porque al encontrarse con Natanael hará todo lo posible por llevarlo también a Jesús. Hemos encontrado al Mesías, le decía Andrés a su hermano y ahora Felipe le dirá a Natanael que han encontrado aquel de quien hablan Moisés y los profetas. Aun con la resistencia de Natanael por ser de un pueblo vecino a Nazaret, llegará a los pies de Jesús. ‘Aquí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’ le dirá Jesús y se sorprenderá porque sin conocerle – eso al menos piensa – hace esa afirmación de su rectitud. ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.’, le replicará Jesús y surgirá una hermosa confesión de fe que a todos nos sorprende. ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. Mayores cosas veréis termina diciéndole Jesús.

‘Cuando estabas debajo de la higuera, te vi’, muchas son las elucubraciones y las explicaciones que hemos querido darle a estas palabras de Jesús. Yo me quedo con esa mirada de Jesús. ‘Te vi’. La mirada de Jesús que traspasa barreras y traspasa tiempos; la mirada de Jesús que cala hondo en nosotros. Muchos serán los momentos del evangelio que nos hablen de esa mirada de Jesús. Siempre, como es la mirada de Dios, será una mirada de amor. Mirada que nos ve en lo más hondo de nosotros mismos, que se hace comprensión y regala perdón, que se convierte en aliento y en estímulo para el confiar y seguir caminando, que es mano tendida que nos levanta y nos invita a reiniciar una y otra vez el camino a pesar de los tropiezos e incluso de las caídas, es silencio que derrama lágrimas a nuestro lado mezclándose con nuestras lágrimas, pero es paño de consuelo que alivia nuestras angustias y desazones. Nos sentimos mirados porque nos sentimos amados y quien así nos mira querrá siempre lo mejor para nosotros.

¿Aprenderemos a que sean así también nuestras miradas? ¿Desterraremos para siempre las miradas airadas y con resentimientos? ¿Arrancaremos de cuajo las miradas envidiosas y las que siembran la cizaña de la desconfianza? ¿Pondremos colirio en nuestros ojos para que nuestras miradas sean siempre límpidas y sepamos siempre resaltar lo bueno de los demás? ¿Purificaremos las miradas de la pasión y de la ambición para caminar siempre con un corazón henchido de amor en nuestras manos?


sábado, 24 de agosto de 2024

Entremos en la sintonía de Dios que nos llega por los demás, porque la fe ha nacido en nosotros por algo que alguien nos ha trasmitido y en quien hemos puesto nuestra confianza

 


Entremos en la sintonía de Dios que nos llega por los demás, porque la fe ha nacido en nosotros por algo que alguien nos ha transmitido y en quien hemos puesto nuestra confianza

Apocalipsis 21, 9b-14; Salmo 144; Juan 1, 45-51

¿Lo experimentamos para poder saberlo, para poder estar convencidos? No es mala manera de llegar al conocimiento de las cosas. El conocimiento científico de alguna manera parte de aquello que podemos experimentar. Ya decimos muchas veces si no lo veo no lo creo, y también cuando tratamos de contar algo que hemos visto nosotros y  no nos creen le decimos que vengan y que lo vean por sus propios ojos. Claro que por medio está también por una parte la credibilidad que pueden dar nuestras palabras, o la credibilidad con que hemos de vivir en nuestras mutuas relaciones, si no nos ofrecen nada ejemplo de lo contrario, y que facilita nuestro trato y nuestra mutua confianza. Algo que nos estará hablando por otra parte de la madurez con que nos expresamos en la vida y es base importante de nuestra mutua intercomunicación.

La página del evangelio que hoy se nos ofrece, en esta fiesta del apóstol san Bartolomé podemos decir que va por este sentido, Es base también de lo que ha de ser el anuncio del evangelio, que ya nos decía san Juan en el principio de sus cartas que El nos habla de lo que ha visto y de lo que ha vivido,  es precisamente la base del anuncio del evangelio que nos hace.

Pero en nuestro camino humano de la vida, como en el camino de nuestra fe podríamos decir que son procesos que de alguna manera tenemos que realizar en la vida. Precisamente en estas primeras páginas del evangelio de san Juan la comunicación de la Buena Noticia de Jesús arranca precisamente de lo que van recibiendo unos de otros  y en lo que van creyendo para llegar a ese seguimiento de Jesús.

Juan Bautista que ha visto bajar al Espíritu Santo desde el cielo sobre Jesús, será el que anuncie a sus discípulos que aquel pasa entre ellos es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; tras ese anuncio Juan y Andrés se van tras Jesús queriendo ya saber de su vida, ‘¿donde vives?, le preguntan a lo que Jesús les dirá ‘Venid y lo veréis’.

Será lo suficiente para que Andrés a la mañana siguiente vaya a convencer a su hermano Simón que han encontrado el Mesías, y así lo llevará hasta Jesús; después de la invitación de Jesús a Felipe para que le siga, éste irá al encuentro de su amigo Natanael para convencerlo de que han encontrado aquel de quien hablaban Moisés y los profetas; ante la resistencia de Natanael, solamente le dirá ‘ven y lo verás’. Será suficiente ese encuentro para que comience a creer comenzando a hacer ya una confesión de fe, pero Jesús les dirá que mayores cosas verán.

Todo un camino y un proceso que también se ha ido realizando en nuestra vida, porque la fe ha nacido en nosotros por algo que alguien nos ha trasmitido y en quien hemos puesto nuestra confianza. No nos habrán faltado momentos de ponerlo todo en duda, pero experiencias hemos tenido en el corazón que nos han mantenido en esa fe y que tenemos que reavivar continuamente para que no se nos debilite.

Ese ‘ven y lo verás’ será algo que de una forma o de otra escuchamos muchas veces en el corazón sobre todo cuando nos vienen momentos oscuros y momentos de ponerlo todo en crisis. Siempre habrá una llamada interior que de forma misteriosa quizás nos haga despertar en el corazón, pero hemos de estar atentos a esa voz y a esa llamada; no podemos hacernos oídos sordos, tenemos que aprender a sintonizar con ese susurro del Espíritu que de alguna manera llega a nosotros, pero que si estamos distraídos podemos perder.

No nos dejemos aturdir por tantos ruidos de la vida que quieren distraernos. Dejemos que suene en nuestros corazones esa melodía de la fe que nos llenará de la verdadera paz, que nos abrirá a nuevos rumbos, que abre nuestro corazón a Dios, que nos hace sintonizar con la vida de los que nos rodean en los que podemos admirar también las maravillas de Dios.

viernes, 5 de enero de 2024

Destruyamos las barreras de los prejuicios comenzando a tener palabras de valoración y podremos llegar a conocer a Dios desde el encuentro que tengamos con los demás

 


Destruyamos las barreras de los prejuicios comenzando a tener palabras de valoración y podremos llegar a conocer a Dios desde el encuentro que tengamos con los demás

1Juan 3,11-21; Sal 99; Juan 1,43-51

Los prejuicios lo que hacen es levantar muros infranqueables que nos impiden ver lo que hay detrás y por eso mismo andamos en cavilaciones y sospechas de lo que puede haber detrás y que nos conducirá a hacernos nuestros juicios muy particulares sin ningún tipo de fundamento. El prejuicio nos lleva al juicio temerario que hasta podría convertirse en calumnia cuando llegamos a aseverar algo de lo que no tenemos fundamente y que solo puede haber salido de nuestra imaginación.

Por el contrario, una palabra amable y favorable, un buen aprecio por lo que los otros hacen con un buen juicio de valor incluso por lo que es la persona a la que nos referimos, rompe moldes y tabiques de separación, abre puertas y corazones, estimula a la confianza y al cultivo de una bonita amistad y también de un amor verdadero, hace renacer la confianza en sí mismo para quien recibe la alabanza y mueve a estar disponible para comenzar nuevos caminos.

Este doble pensamiento me ha surgido en la contemplación de la escena que nos relata el evangelio que puede ir más allá incluso de esas llamadas que el Señor hace a los quiere para que vayan con El porque puede incluso darnos pautas para posturas y gestos que nosotros podemos tomar en la vida en nuestras mutuas relaciones y en el camino que queremos hacer con los demás.

Es el relato de una doble llamada del Señor a seguirle, en el testimonio de aquellos primeros discípulos que comenzaron a hacer su mismo camino. Primero Felipe a quien es suficiente una palabra de Jesús para irse con El. ‘Sígueme’, le dice Jesús y allí está pronto no solo para seguirle sino para comenzar a ser pescador de hombres, como en otro momento Jesús nos dirá cuando estemos dispuestos a seguirle. Tal es la radicalidad de la respuesta, que pronto se encuentra un amigo al que ya le estará hablando de Jesús desde el primer momento. ¿Será así nuestra respuesta a la llamada que Jesús nos hace para ser trabajadores de su viña, o pescadores de hombres en el mar de la vida?

Y es en este momento, donde primero nos encontraremos con alguien que tiene muchos prejuicios en el corazón. De Nazaret no puede salir nada bueno, y habla desde la rivalidad de pueblos vecinos que siempre andarán con sus grescas de quien es el mejor o quien tiene mejor agua. Ese prejuicio va a ser una barrera difícil de sortear cuando le ha dicho que han encontrado a aquel de quien hablan las Escrituras y señala a Jesús el hijo del carpintero de Nazaret. Sin embargo Felipe empleará una hermosa pedagogía, ‘Ven y verás’.

Aunque sea en muchas ocasiones difícil el sortear esas barreras que nos vamos interponiendo, algunas veces incluso maliciosamente, en el camino, tendrá que llegar el momento de dejarse conducir, para palpar con sus propias manos, escuchar con sus oídos, o sentir en lo más hondo del corazón algo que le lleve a saltar esas barreras y a encontrarse con la luz.

No podemos dejar de pensar que Natanael aun así iba renuente a conocer a aquel de quien Felipe le ha hablado. Se llevará en cambio la sorpresa que Jesús comienza hablando bien de él. Si hubiéramos sido nosotros los que estuviéramos en el lugar de Jesús seguro que tendríamos nuestras resistencias. ¿Cómo va a recibirle si incluso ha hablado mal de su pueblo, si se ve que realmente en el fondo el no quiere aceptar lo que le han dicho y al final ha venido algo así como por compromiso con su amigo? Pero Jesús comienza hablando bien de él, porque lo presentará como un israelita cabal, en quien no hay engaño.

Sorprendido Natanael deja caer las espadas del combate, porque ya sólo se preguntará de qué le conoce para hablar así de él. ‘Antes de que Felipe te llamara te vi, cuando estabas debajo de la higuera’, fue la respuesta de Jesús. No sabemos qué había sucedido entonces, pero ciertamente era algo que llevaba en secreto bien guardado en el corazón. Y ahora se ha descubierto todo, quien le hablaba no podía ser un cualquiera, por medio tenía que estar Dios. Y viene su hermosa confesión. ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’.

No es necesario en este momento que hagamos más comentarios. Primero que nada dejémonos sorprender e interpelar también nosotros por el Señor que conoce muy bien lo que hay tras las hojas de la higuera con las que escondemos nuestro corazón y sin embargo sigue creyendo en nosotros, porque sigue amándonos y queriendo contar con nosotros.

Solamente una pregunta para terminar. ¿Por qué no rompemos esas barreras de prejuicios con las que tantas veces nos acercamos a los demás y comenzamos a tener palabras amables de valoración hacia los otros? Nos puede hacer llegar al encuentro con el Señor a través de esos nuevos encuentros con los que nos rodean.

jueves, 24 de agosto de 2023

Hay dudas y hay preguntas, hay silencios y hay oscuridades, pero en esos procesos debajo de la higuera siempre podemos encontrar a Dios

 


Hay dudas y hay preguntas, hay silencios y hay oscuridades, pero en esos procesos debajo de la higuera siempre podemos encontrar a Dios

Apocalipsis 21, 9b-14;Sal 144;Juan 1, 45-51

Algunas veces somos crédulos para aceptar lo que nos dicen en torno a las cosas que suceden, noticias que nos dan, comentarios que nos hacen sobre situaciones o problemas de la vida, pero hay ocasiones en que nos resistimos, no nos lo creemos así porque sí y de alguna manera queremos comprobar la veracidad de lo que se nos dice, la confianza que podemos poner en quien nos está comunicando algo, y de alguna manera lo ponemos todo en duda. no es malo el comprobar, el cerciorarnos de la verdad que nos comunican antes de ofrecer nuestro asentimiento. Muchas veces corren noticias que se divulgan con demasiada facilidad, noticias en ocasiones nacidas también de ciertos fanatismos con los que queremos ver las cosas según sean nuestras apetencias o nuestros gustos; hay, por otra parte, personas a las que gusta el sensacionalismo y de cualquier cosa se crean un mundo grandioso y fantasioso que muchas veces pueda estar bien lejos de la realidad. Por eso, digo, es bueno sopesar con equilibrio lo que no dicen para poder encontrar lo que es la auténtica verdad.

¿Era una situación así la que vivían en aquellos momentos en Israel? Estaba, es cierto, la esperanza del pueblo judío en la pronta venida del Mesias, pues de alguna manera los tiempos se cumplían segun lo anunciado por los antiguos profetas. Era especial la situación que vivían bajo la dominación romana, que tanta inquietud podría producir en sus cosas aumentando sus deseos de la pronta venida del Mesías. Habían, o mejor, aún estaban viviendo la experiencia de aquel profeta surgido allá en el desierto en las orillas del Jordán con el anuncio de la inminente venida del Mesías; él en cierto modo se presentaba como el precursor con la misión de preparar los caminos para la llegada del Mesías, acudían por esto gentes no solo de Jerusalén sino de toda Palestina para escucharle, y ya algunos hablaban de que había señalado a quien iba a ser el Mesías. 

Con estas noticias llega un amigo de Natanael a contarle que han encontrado al Mesías. ‘Felipe encuentra a Natanael y le dijo: Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret’. Pero Natanael lo pone en duda, no se lo cree. Por mucho que le insista su amigo, no se traga así tan fácilmente sus palabras; claro que surge también la rivalidad pueblerina entre pueblos vecinos, al decirle que es de Nazaret, y él era de Caná de Galilea, un pueblo cercano. ‘De Nazaret no puede salir nada bueno’. 

Aunque algunas veces pareciera que nos escudamos en esas rivalidades es normal y podríamos decir que tambien bueno que surjan esas dudas que nos hacen pensar, que nos hacen reflexionar, que nos hacen buscar; aunque nuestra mente parezca un torbellino de cosas y de ideas de las que nos parece imposible salir es la manera de cribar, es la manera de ir a lo más profundo para no quedarnos en frivolidades, para no quedarnos en lo superficial, para encontrar lo que llegue a ser nuestra verdadera sabiduría.

No es solo que queramos experimentar y probar todo para poder llegar a conocerlo, pero si son necesarios en la vida encuentros profundos que incluso nos haga encontrarnos a nosotros mismos que también muchas podemos andar como perdidos. ¿Será ese en cierto modo el proceso que se estaba desarrollando en el corazón de Natanael mientras planteaba sus dudas a su amigo Felipe? 

Finalmente se dejó conducir. Felipe logró llevarlo ante jesús. Y aquí surgen las sorpresas por las alabanzas de Jesús y es el propio Natanael el que se siente sorprendido por las palabras de Jesus. ‘¿De qué me conoces?’, le pregunta. Jesús, sí, nos conoce; Jesus si sabe cual es nuestro corazón; Jesus si ha estado cerca de nuestra vida aunque nosotros no lo hubiéramos visto. ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera yo te ví’. Y surgió la respuesta de fe de Natanael. ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’.

No sabemos qué había pasado debajo de la higuera. Pero podemos intuir ahí todo el proceso que se estaba desarrollando en su corazón que ahora venía a terminar con una experiencia de encuentro. Allí, debajo de la higuera, en ese proceso de la vida de Natanael aunque él entonces no se diera cuenta había estado Dios, había estado Jesús. Había sido como una llamada que había ido sintiendo en su corazón a la que se resistía, como luego se estaba resistiendo a la invitación de su amigo Felipe; pero su corazón había terminado abriéndose a Dios, había dado el paso adelante, ahora estaba ante jesús confesando su fe pero recibiendo también la promesa de cosas mayores.

¿Seremos capaces nosotros también de dejarnos conducir para llegar también a tener esa experiencia de Dios, como la que tuvo Natanael? También muchas veces ponemos resistencias, nos llenamos de dudas, buscamos muchas veces sin saber dónde o cómo buscar. Habrá un Felipe o habrá un Natanael que nos ayudará a encontrar la luz. No nos hagamos sordos a las invitaciones que podamos recibir.  Dejémonos conducir para llegar a ese encuentro con Dios.


jueves, 5 de enero de 2023

No tengamos miedo a esas inquietudes que puedan surgir en nuestro interior, metámonos hondamente en nosotros mismos, pero también dejémonos conducir

 


No tengamos miedo a esas inquietudes que puedan surgir en nuestro interior, metámonos hondamente en nosotros mismos, pero también dejémonos conducir

1Juan 3,11-21; Sal 99; Juan 1,43-51

En la vida nos encontramos con gente que nos dice siempre que tienen las cosas muy claras, que saben lo que quieren y no entienden a aquellos que cuando tienen que tomar una decisión importante se lo piensan mucho antes de decidirse. Nos creemos que tenemos las cosas claras y muchas veces es solo apariencia para sentirnos como por encima de los demás, pero seguro que allá en su interior tienen dudas como todos, se hacen sus razonamientos, porque en ocasiones también se llenan de desconfianza y guardan muchos secretos en su interior para no manifestar su fragilidad que es como la de todos aunque quieran manifestar otra apariencia.

Las decisiones no se pueden tomar a la ligera sobre todo en cosas fundamentales que de alguna manera definen nuestro ser, nuestro sentido de la vida y de las cosas, y los raíles por los que va a circular el tren de su vida. Mucho hay que rumiar en el interior, mucho también tenemos que dejarnos aconsejar, mucho cuidado hay que tener por otra parte con los prejuicios que se nos meten en la vida porque son malos consejeros, mucho tenemos que madurar en nuestro ser; es todo un proceso que todos intentamos seguir en la vida salvo que nos dejemos arrastrar por la superficialidad.

Es el diálogo que se plantea en el evangelio entre aquellos que son llamados o invitados a seguir a Jesús. Mucho tendrían que haber hablado en profundidad de esas inquietudes del alma entre Felipe y Natanael. Si Felipe cuando ha tomado la decisión de seguir a Jesús ante su llamada, viene a invitar a su amigo Natanael porque han encontrado al que anunciaban las Escrituras, presupone que entre ellos había habido íntimas conversaciones en la espera de la pronta llegada del Mesías, como todos deseaban.

Parece que la reacción de Natanael no era la que realmente esperaba Felipe cuando lo invita a venir a ver a Jesús, pero bien puede expresar esa lucha interior que el de Caná de Galilea estaba manteniendo dentro de sí. Salen a flote los prejuicios cuando le dicen que Jesús es de Nazaret y también esas disputas entre vecinos de pueblos colindantes sobre qué pueblo es el mejor o tiene mejores cosas. ‘¿De Nazaret puede salir algo bueno?’ le replica a Felipe.

Pero finalmente se deja aconsejar, se deja conducir y llega a la presencia de Jesús; bastarán pocas palabras, porque se siente interrogado y cautivado al mismo tiempo por Jesús. Le recuerda Jesús la rectitud de su corazón, a pesar de sus dudas y desconfianzas, de sus recelos y sus prejuicios; Jesús le está dando un voto de confianza cuando lo valora y le da su importancia.

A todos nos gusta sentirnos valorados; a todos nos gusta que nos recuerden algo bueno que podamos tener en nosotros y que quizá no siempre se manifiesta; le hace pensar Jesús en los secretos de su corazón, pero quizá de esas inquietudes que lleva dentro de sí. Siempre nos ponemos a hacer muchas cavilaciones sobre el sentido de las palabras de Jesús cuando le recuerda que lo había visto bajo la higuera; simplemente Jesús lo hace reflexionar y meterse dentro de sí pero para salir con mas fuerza a buscar.

Es el reconocimiento que Natanael hace de Jesús con lo que afirma mucho más de lo que le había anunciado su amigo Felipe. ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. A lo que replicará Jesús: ‘Mayores cosas verás’. Algo nuevo y grande se está abriendo en la vida de quien desde ahora va a ser discípulo de Jesús.

No tengamos miedo a esas inquietudes que puedan surgir en nuestro interior; no temamos tener que darle mil y una vueltas cuando todavía no vemos las cosas claras, metámonos hondamente en nuestro interior, pero también dejémonos conducir. Ese camino en el que muchas veces alguien tendrá que llevarnos de la mano va a terminar con un encuentro de luz y de vida, como le sucedió a Natanael. Demos los pasos con confianza. El Espíritu del Señor está con nosotros y es la luz para nuestro camino, la sabiduría de nuestra vida.

miércoles, 24 de agosto de 2022

Tenemos que dejarnos encontrar por el Señor, como Natanael, quitando miedos, desconfianzas, autosuficiencias para llegar a hacer una viva confesión de fe

 


Tenemos que dejarnos encontrar por el Señor, como Natanael, quitando miedos, desconfianzas, autosuficiencias para llegar a hacer una viva confesión de fe

Apocalipsis 21, 9b-14; Sal 144; Juan 1, 45-51

Podemos imaginar la escena como si nos estuviera sucediendo a nosotros; al azar nos encontramos con un amigo y mientras caminamos por la calle vemos que se nos acerca alguien y nuestro amigo nos dice, vamos que te lo voy a presentar, es alguien importante; quizás por eso mismo nos ponemos reticentes y de alguna manera manifestamos que no es de nuestro agrado esa presentación, pero nuestro amigo insiste y al llegar, antes incluso que se hagan las presentaciones, aquella persona nos dice que nos conoce y que sabe mucho de nosotros y que somos una gran persona, dejándonos algunas insinuaciones de por qué nos conoce. ¿Cómo reaccionaríamos? ¿Qué respuesta le daríamos? ¿Nos veríamos sorprendidos?

Pero ha sucedido algo en aquel encuentro, como sucedió entonces en lo que nos narra el evangelio. Hay algo que nos sorprende y nos llena de asombro, su palabra, su mirada, si manera de tendernos la mano para el saludo, algo como un hilo que aparece no sabemos donde y nos envuelve de alguna manera nos sentimos cautivados por aquella persona; hay algo que en el fondo nos está diciendo que seamos amigos, que no lo rechacemos, que demos una oportunidad, y parece como que nuevos caminos se van abriendo en mi vida, que a algo grande podemos llegar.

Los enamorados hablan de un flechazo, pero esto puede ser algo bien distinto, como fue distinto para Natanael desde aquel primer momento. Cuando le habían alabado al que le iban a presentar, diciendo incluso que lo que hablaban Moisés y los profetas en El lo podría encontrar, muestra su rechazo sacando ese odio pueblerino que siempre estará en contra del pueblo vecino, porque ¿qué puede salir de ahí? Nos está reflejando cosas que nos suceden, hechos, gestos o anécdotas de lo que sucede entre las gentes de distintos pueblos con esas rivalidades tan características. Todo se rechaza porque viene del pueblo de al lado, porque de allí nunca podrá salir algo bueno.

El diálogo que se produce en aquellos momentos es corto y el evangelista nos lo resume con pocas palabras, pero algo hondo tuvo que suceder en aquel encuentro. Cuando Jesús llega al corazón de la persona algo profundo y misterioso se produce que muchas veces podemos expresar en pocas palabras. Natanael terminaría reconociendo a Jesús como su señor y como su Mesías. Y ya no eran las palabras que le había insinuado su amigo Felipe, pero ahora era algo que él mismo había experimentado en su ser. Pero aunque en sus reticencias parecía un corazón cerrado, algo inquieto había en él para a pesar de sus reticencias dejarse llevar a encontrarse con Jesús. ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’.

Necesitamos encuentros así. Que nuestros encuentros con las personas sean encuentros auténticos porque descolguemos previamente los pesados cortinajes de los prejuicios y las desconfianzas; mucho tenemos que ir descolgando en nuestro camino por la vida, porque ponemos muchos visillos que al final nos tergiversan la visión que podamos tener de las personas. A través de esas personas también puede llegarnos Dios, podemos encontrar una invitación interesante como la que le hacia Felipe a Natanael. Tenemos que aprender a abrir el corazón, a vaciarlo de muchas cosas que se pueden convertir en obstáculos para ese nuevo encuentro que necesitamos ir dando.

Será así también cómo tenemos que dejarnos encontrar por el Señor. Quitemos miedos, quitemos desconfianzas, quitemos autosuficiencias porque muchas veces nos decimos qué nuevo vamos a encontrar si ya todo eso nos lo sabemos. ¿Nos lo sabemos? ¿Nos lo creemos de verdad? ¿O serán solo prejuicios, o formas de dar largas a ese encuentro, de marcharnos en huida porque tememos los compromisos?

Ojalá llegáramos a una confesión de fe tan viva como la que hizo en aquel momento Natanael. ¿Qué puedes decir que significa Jesús para ti?

miércoles, 5 de enero de 2022

¿Sabes con quién me encontré? Nos dejamos encontrar y lo compartimos con los demás como hizo Felipe primero con Jesús y luego con Natanael

 


¿Sabes con quién me encontré? Nos dejamos encontrar y lo compartimos con los demás como hizo Felipe primero con Jesús y luego con Natanael

1Juan 3,11-21; Sal 99; Juan 1,43-51

¿Sabes con quién me encontré? Es la conversación de dos amigos que comparten lo que les sucede en la vida y se lo cuentan todo el uno al otro. Pudo ser algo casual que le haya sucedido, o ha sido un encuentro importante; algo que entra en la comidilla normal de dos amigos que se cuentan sus cosas, o algo que le haya afectado mucho y que quizás le haya hecho ver las cosas de manera distinta; sea lo que fuere los amigos lo comparten todo, se alegran el uno con el otro en las cosas que les sucede, o pueden convertirse en interrogante para el otro interlocutor que le pueda llevar a él también a nuevos planteamientos. Los amigos se pasan el tiempo compartiendo las cosas de su vida.

Algo así sucedió entre Felipe y Natanael. Felipe había tenido un encuentro con Jesús que fue decisivo en su vida. Aunque el evangelio es parco en palabras de cómo fue el encuentro de Felipe con Jesús, luego ya Felipe irá contando a su amigo el gran descubrimiento que ha hecho. ‘Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret’. No puede callarlo, y tan pronto se encuentra con su amigo Natanael le da la noticia, aunque en esta ocasión Natanael ponga sus pegas y sus dudas. Salen a relucir en su mutua confianza los recelos pueblerinos entre gentes de pueblos cercanos que siempre querrán echar tierra sobre el pueblo que consideran su contrincante. Natanael es de Caná, un pueblo cercano a Nazaret y de ahí esos recelos y el comentario que le hace a Felipe. ‘¿De Nazaret puede salir algo bueno?’

Ha sido para él tan importante el encuentro que ha tenido con Jesús que no quiere entrar en discusiones con su amigo y se contenta con decirle, ‘ven, y verás’, te vas a convencer por tí mismo. Y Natanael no se resiste, aunque vaya con sus desconfianzas interiores que le hará estar a la defensiva ante el saludo con Jesús y sus palabras.

Y es que Jesús lo cautivará, aunque haya reticencias en su corazón. Las palabras de saludo de Jesús son de alabanza para Natanael, y en su desconfianza le viene a decir de qué me conoces. Pero Jesús le recordará cosas que nadie más sabe y que nosotros en nuestras consideraciones también tantas veces nos hemos hecho muchas cábalas, de manera que Natanael terminará haciendo una hermosa confesión de fe. ‘Rabí- y comienza con un reconocimiento pues lo llama maestro -, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’.

¡Qué importante es el encuentro! No ha habido milagros ni cosas extraordinarias, solamente un encuentro, y la vida de aquellos dos hombres cambiará para comenzar a seguir a Jesús. Lo veremos en otras ocasiones en el evangelio; son los encuentros profundos y llenos de vida, son los encuentros en un tú a tú sin muchas mediaciones milagrosas. Claro que quien se ha encontrado con Jesús puede ser mediación para que otros se encuentren también con Jesús; como lo fue Felipe para su amigo Natanael, a quien le había comunicado la noticia de su encuentro con Jesús.

Es importante que nos dejemos encontrar. En este caso que estamos comentando al hilo del evangelio, que nos dejemos encontrar por Jesús. Poco más tenemos que hacer que dejarnos sorprender, abrir los ojos para encontrar la luz. Que nos vale también para muchas cosas más en la vida, en nuestro encuentro con los demás; nos cuesta dejarnos sorprender por lo que podemos encontrar en las otras personas; así vamos de encerrados en nosotros mismos tantas veces por la vida.

Pero que nos vale también para que nosotros seamos capaces de ser portadores de buenas nuevas para los demás, porque aquello que vamos viviendo y experimentando seamos capaces de compartirlo con los demás, como hiciera Felipe con Natanael; podemos ser mediación para que haya sorpresa también para los demás y se dejen encontrar por Jesús.

¿Sabes con quien me he encontrado? Podemos nosotros también decirles a nuestros amigos, a nuestros familiares, a nuestros compañeros de trabajo, para hablarles de nuestra fe, de nuestro personal encuentro con Jesús.

martes, 24 de agosto de 2021

En lo secreto del corazón también nos habla Dios para transformar esa vieja madera que somos en edificación de un hombre nuevo y un mundo mejor

 


En lo secreto del corazón también nos habla Dios para transformar esa vieja madera que somos en edificación de un hombre nuevo y un mundo mejor

Apocalipsis 21, 9b-14; Sal 144; Juan 1, 45-51

¿De dónde dices que es? También nos hacemos nuestras diferencias según de donde sea nuestra procedencia. Serán las rivalidades propias de pueblos vecinos en que siempre unos quieren quedar por encima de los otros o considerarse mejor que el pueblo de al lado, o como fueron entre nuestras islas las discriminaciones que nos hacíamos según se fuera de una isla u otra sobre todo cuando de las islas menores no les quedaba más remedio que marcharse buscando trabajo en otros lugares en momentos bien oscuros de nuestra historia.

Pero hoy seguimos también con nuestros ‘peros’ en la movilidad que tenemos entre mundos y culturas distintas a causa de la pobreza y la inmigración. Todavía hay gente que sigue mirando mal a los que vienen de otros lugares, ya sea por sus costumbres, por el color de su piel o por la desconfianza innata que llevamos dentro de nosotros. ¿Seguirá existiendo un cierto racismo y discriminación entre nosotros? Es nuestra madera que no siempre es la más perfecta aunque ya tendríamos que tener muchas razones para superar muchas cosas.

Bueno, y esa era la madera también de los que seguían a Jesús y de aquellos a los que Jesús llamaba para estar con El y un día convertirlos incluso en apóstoles de su Iglesia. Eran también gente muy humana, con sus limitaciones y defectos, con viejas costumbres arraigadas en sus corazones y también, por qué no, con sus ambiciones. Lo vemos muy palpable en muchos momentos del evangelio. Lo estamos viendo hoy en el episodio del evangelio que se nos ofrece en esta fiesta del Apóstol san Bartolomé.

Entusiasmado Felipe por haberse encontrado con Jesús pronto quiere compartir sus experiencias con sus amigos y vecinos. Se encuentra con Natanael, el de Caná de Galilea, y le habla de Jesús, de Nazaret, expresándole todo lo que siente desde su encuentro con El. Y es la reacción, pueblerina si queremos llamarla así, de Natanael hacia los que son de un pueblo vecino. ‘¿De Nazaret puede salir algo bueno?’ No expresaba sino lo que sentían unos y otros del pueblo de al lado, aunque entre ellos hubiera parientes y hasta amigos. A Caná fue Jesús con María invitado a una boda a pesar de ser de Nazaret.


A Felipe no le queda otra cosa que decirle sino ‘Ven y verás’. Y se lo presentó a Jesús. Y aquí vienen las sorpresas, porque Jesús dirá de él que es un israelita de verdad y un hombre muy veraz y muy leal. Se sorprende Natanael, ‘¿de qué me conoces?’ Y le dirá Jesús ‘antes de que Felipe hablara contigo yo te vi. debajo de la higuera’. Fue suficiente, y ahí están los secretos del espíritu, para que Natanael hiciera una hermosa confesión de fe en Jesús. ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’.

Hemos hablado de los secretos del espíritu, de los secretos del corazón. Nadie sabe lo que pasa dentro de la persona. Solo Dios es el que nos conoce por dentro, pero también el que es capaz por la fuerza del Espíritu de transformar nuestros corazones haciéndonos encontrar la luz. Somos de la madera que somos, tal como hemos venido diciendo, nuestra madera está llena de imperfecciones, de muchos nudos o incluso de muchas grietas, por donde hay el peligro de dejar penetrar lo que nos infecta del mal y la podredumbre de nuestro corazón.

Pero es también ahí en lo secreto de nuestro corazón donde nos pueden suceder muchas cosas y donde podemos sentir la voz y la llamada del Señor. Es cierto que muchas veces vamos por la vida llenos de malicias y desconfianzas, tenemos también el peligro y la tentación de querer hacer nuestras diferencias y distinciones en aquellas personas con las que nos encontramos y no siempre sabemos aceptarnos lealmente los unos a los otros. Pero aunque vamos dejándonos arrastrar por esas maldades, sin embargo la voz de nuestra conciencia muchas veces nos habla, nos grita, quiere hacernos despertar.

Momentos de silencio y reflexión, cosas que nos suceden o que contemplamos en nuestro entorno, testimonios de personas que nos dan luz por su compromiso o por su bien hacer, son llamadas que sentimos y nos pueden hacer despertar. Es la acción del Espíritu de Dios en nosotros que quiere mover nuestro corazón. No nos hagamos reticentes, no podemos hacernos oídos sordos, no podemos acallar esa voz y esa llamada, tenemos que estar atentos a esos resplandores de luz que en algún momento nos pueden aparecer, tenemos que dejarnos conducir por lo bueno para llegar a tener esa mirada nueva. La vieja madera se puede transformar por la fuerza del Espíritu en la edificación de un hombre nuevo y de un mundo mejor.

Aquel que no quería saber nada de quien era del pueblo vecino de donde nada bueno podría salir, hizo una hermosa confesión de fe y se convirtió en uno de los que estaban siempre con Jesús, de los amigos de Jesús. ‘A vosotros os llamo amigos’, diría en una ocasión Jesús y a ellos les confió la misión de continuar su anuncio de la Buena Nueva a todos los pueblos sin distinción.

¿Nos querrá decir algo esta fiesta de san Bartolomé para esas reticencias que seguimos teniendo para aceptar a los que nos puedan llegar de otros lugares?

martes, 5 de enero de 2021

Sepamos ir a ese momento de silencio y recogimiento – de sentarnos debajo de la higuera quizás – para ser capaces de abrirnos a algo nuevo y le digamos a Jesús ¡cuenta conmigo!

 


Sepamos ir a ese momento de silencio y recogimiento – de sentarnos debajo de la higuera quizás – para ser capaces de abrirnos a algo nuevo y le digamos a Jesús ¡cuenta conmigo!

1Juan 3,11-21; Sal 99; Juan 1,43-51

 ‘Cuento contigo’. Alguna vez ha llegado alguien que quería implicarnos en algo y de entrada nos dice eso: cuento contigo. La amistad que tenemos con esa persona, la ascendencia que puede tener sobre nosotros, las ilusiones que vemos en sus proyectos que a nosotros de alguna manera nos convencen también nos hace sentirnos honrados y animosos con esa pedida de colaboración que se nos ha hecho.

O nos habrá sucedido alguna vez que viene alguien también con un entusiasmo grande pero no está pidiendo colaboración no ya para sus proyectos sino quizás para algo que otra persona está emprendiendo; y quizás en este momento no nos sentimos tan entusiasmados, y le damos largas al asunto, y ponemos dificultades haciéndonos renuentes a prestar esa colaboración que ya nos parece que nos puede complicar un poco la vida. Tanto insistirá nuestro amigo para que al menos intentemos conocer de primera mano esos proyectos que al final, aunque un poco renuentes nos prestamos a ir a ver para al menos enterarnos de qué va la cosa.

Son cosas que nos suceden en la vida; proyectos profesionales de alguien donde se nos pide colaboración, proyectos de tipo social donde trabajemos por la comunidad, participación en asociaciones altruistas, muchas cosas en las que nos podemos ver implicados y según quien nos esté invitando nos decidimos o no, o ponemos nuestras pegas o damos largas al asunto como decimos para pensárnoslo bien.

¿Será un poco lo que estamos viendo en el evangelio de hoy? Jesús que le dice a Felipe ‘cuento contigo… sígueme’ y Felipe se va con Jesús. Procedía de Betsaida el lugar de origen también de Andrés y de Simón y a través de ellos tendría conocimiento de Jesús, no sabemos, pero el hecho está en que se fue con Jesús.

Pero no se quedó ahí el asunto porque cuando se encuentra con un amigo o conocido que es de Caná le habla de Jesús con entusiasmo queriendo su amigo Natanael se venga también a formar parte del grupo de Jesús. Pero Natanael no lo ve del todo claro y quizás menos cuando se entera de que Jesús es de Nazaret, pueblo cercano a Caná, y ya sabemos de las rivalidades de los pueblos vecinos. En su reticencia pretende incluso desprestigiar a los del pueblo vecino, porque de allí no puede salir nada bueno. La sorpresa se la llevará cuando al final llegue ante Jesús y parece que Jesús le conoce de algo, porque habla de su rectitud y nobleza y de algún hecho misterioso que al parecer solo Natanael conocía. ‘Desde antes que estuvieras bajo la higuera ya te conocía’, viene a decirle Jesús más o menos. Y la reacción de Natanael ahora sí que es inesperada porque comienza a reconocer cosas grandes de Jesús.

De estos hechos podríamos sacar muchas cosas para nuestra vida, empezando por preguntarnos cual es el entusiasmo que realmente nosotros sentimos por Jesús. Porque nos puede suceder que nos decimos cristianos de toda la vida, pero el entusiasmo por vivir los valores que Jesús nos enseña en el evangelio quizá no sea tanto. Nos hacemos renuentes y nos ponemos nuestras pegas o nuestros límites cuando vemos que el encuentro con Jesús nos podría llevar a mayores compromisos.

Cuántas veces nos contentamos con cumplir, como decimos habitualmente. Rezamos porque recitamos unas oraciones, vamos a Misa y allí estamos pero que no se alargue mucho ni nos vengan pidiendo muchas cosas. Pero en verdad nuestra oración o nuestra participación en la celebración ¿es un profundo encuentro con Jesús? ¿Nuestra oración va más allá de recitar unas oraciones como algo que nos sabemos muy bien de memoria o tenemos la serenidad de la escucha, buscamos la paz del encuentro vivo con el Señor, somos capaces de hacer verdadero silencio interior para que no haya otras cosas en las que estemos pensando mientras recitamos esas oraciones? Lo decimos de nuestras oraciones rezadas de forma particular o individual, o lo tenemos que decir de nuestra postura en la participación de la celebración de la Eucaristía.

No sabemos realmente lo que pasó bajo la higuera en lo que Jesús le hace referencia a Natanael, pero quiero pensar en un momento de silencio interior que allí había vivido, donde quizás se habían despertado unas inquietudes en su corazón, o donde recapacitó para descubrir los caminos del Señor.

Sí, tomemos con buen sentido lo de estar debajo de la higuera; necesitamos irnos debajo de la higuera a ese silencio, a la búsqueda de esa paz y de esa serenidad interior, a tener esos momentos de reflexión que nos levanten de a ras del suelo como solemos andar habitualmente para descubrir otros horizontes, esos caminos que el Señor nos vaya señalando y que al final podemos terminar en una hermosa confesión de fe, pero que hagamos con toda nuestra vida. Que seamos capaces al final de decirle al Señor ¡Cuenta conmigo!

lunes, 24 de agosto de 2020

Cuando Natanael se acercó a Jesús empujado por el ardor de Felipe aún llevaba en su interior las sombras oscuras de la duda pero que en el encuentro se disiparon

 

Cuando Natanael se acercó a Jesús empujado por el ardor de Felipe aún llevaba en su interior las sombras oscuras de la duda pero que en el encuentro se disiparon

Apocalipsis 21, 9b-14; Sal 144; Juan 1, 45-51

Las noticias no corren sino que vuelan; algo así solemos decir porque sabemos cómo las noticias de aquellos acontecimientos que pasan corren de boca en boca y se van trasmitiendo de unos a otros. Aunque hoy digamos que tenemos los grandes medios de comunicación que nos permiten estar al tanto de cuanto sucede al minuto aunque pase al otro lado del mundo, sin embargo siendo camino eficaz de comunicación ese boca a boca que vamos trasmitiendo en nuestro encuentro con los demás.

Las noticias no son noticias, podríamos decir, mientras están estáticas en aquel lugar donde hayan acaecido los hechos sino que han de entrar en esa dinámica de trasmisión desde el encuentro, por el medio que sea, de los unos con los otros. En esa trasmisión cercana surge el comentario que enriquece, aunque también puede dañar, la noticia, pero es importante el hecho también de que lo realizamos en ese encuentro que provocamos con los demás. Una dinámica que no podemos dejar en el olvido en su sentido más profundo desde ese enriquecimiento personal que vamos teniendo con nuestros encuentros.

Así se trasmitió la buena noticia del evangelio tal como vemos hoy también en el texto sagrado. Felipe se había encontrado Jesús quien le había invitado a seguirlo, pero aquello que fue para él motivo de gozo grande pronto se convirtió en noticia que había que trasmitir. Por eso tan pronto se encuentra con su amigo ese es el comentario que trasmite, esa es la buena noticia que lleva al amigo Natanael, pero que a pesar de las reticencias que pone quien ha recibido la noticia culminará cuando Felipe termine convenciendo a su amigo de que hay que ir al encuentro con Jesús. ‘Ven y verás’, le dice cuando después de decirle que han encontrado a Aquel de quien hablan las Escrituras y que es Jesús de Nazaret, Natanael con aquellas rivalidades propias de pueblos vecino dirá que de Nazaret no puede salir nada bueno.

Se van sucediendo los encuentros y la trasmisión de las noticias que tendrá su culminación cuando Natanael llegue a los pies de Jesús que alaba y reconoce en él a un israelita de verdad. Por entremedio ha habido otro encuentro desconocido porque mientras Natanael estaba debajo de la higuera Jesús le estará viendo y serán ahora en la comunicación del hecho motivo de la fe que se despierte en Natanael.

Comunicación, trasmisión de noticias, encuentros que se suceden serán las cosas que nos tendrán que hacer pensar en esta fiesta del Apóstol san Bartolomé. No podremos tener noticia de la Buena Nueva de la Salvación si no hay quien nos trasmita esa noticia; pero la transmisión de esa noticia no podrán ser solamente frías palabras sino el testimonio y convencimiento de quien antes se ha encontrado también con esa Buena Nueva de Salvación.

Esto nos tiene que hacer pensar en esa misión que como cristianos todos tenemos. Todos estamos llamados a ser mensajeros del evangelio, evangelizadores con nuestras palabras convincentes porque han de nacer siempre de aquello que hemos convertido en vida nuestra, y convincentes con el testimonio que hemos de dar de aquello en lo que creemos y estamos plenamente convencidos.

Pero necesitamos nosotros haber tenido ese encuentro vivo y profundo con Jesús, a pesar de las reticencias que llevemos en el corazón o las oscuridades que nos acompañan en la vida. Cuando Natanael se acercó por primera vez a Jesús empujado por el ardor de Felipe aun llevaba en su interior las sombras oscuras de la duda que se vinieron a disipar totalmente en ese encuentro.

Aunque tengamos sombras en nuestro interior - ¿y quien no las tiene en sus dudas, pero también en las debilidades que se nos acumulan en la vida? – no temamos dejarnos convencer para acercarnos a Jesús; dejémonos conducir por esos Ángeles buenos de quienes nos hablan o nos presentan el testimonio de sus vidas y que nos plantean interrogantes en nuestro interior; en Cristo nuestro interior se va a ver iluminado y las sombras comenzarán a disiparse y así podremos llegar a escuchar hondamente en nosotros esa noticia de la Buena Nueva de la Salvación.

El testimonio de Natanael, de san Bartolomé, a eso nos está impulsando. También a nosotros se nos está diciendo ‘Ven y verás’. Como nosotros también tenemos que decirle al mundo que nos rodea ‘ven y verás’ para llevarlo hasta Jesús y así se disipen todas las sombras oscuras de la duda y la debilidad.