Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta inquietudes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inquietudes. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de abril de 2025

Después de lo intensamente vivido estos días salimos con una misión, como misiones de una buena noticia reflejada en la alegría de nuestro rostro y nuestro corazón

 


Después de lo intensamente vivido estos días salimos con una misión, como misiones de una buena noticia reflejada en la alegría de nuestro rostro y nuestro corazón

Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33; Salmo 15; Mateo 28, 8-15

Tenemos nuestros esquemas, nos hacemos nuestros planes, disponemos cómo han de ser o hacerse las cosas, seguimos un ritual o una costumbre, como siempre se hecho decimos, pero pronto quizás nos viene la sorpresa de que las cosas no son como nosotros pensábamos o nos lo habíamos programado, el mundo se nos viene abajo porque no sabemos qué hacer o como reaccionar, vienen los miedos y las angustias, como tantas veces nos sucede ante la incertidumbre de lo que se nos presenta, pero ¿todo se puede transformar en alegría cuando nos damos cuenta del sentido de la novedad?

Son nuestros trabajos, son nuestros proyectos de vida, es la organización de la vida que nos hemos planteado, son las rutinas de siempre, de lo que siempre ha sido así, pero la vida está llena de sorpresas; algunas veces nos inquietan, nos hacen tomar otros caminos a los que estábamos acostumbrados, quizás se abren otros horizontes en esos caminos nuevos, merecerá la pena ese cambio, aunque en nuestra tozudez seguimos encerrados en nosotros mismos y en nuestras cosas.

Nos cuenta el evangelio hoy que las mujeres fueron muy de mañana al sepulcro, porque en la tarde del viernes no habían podido realizar con las prisas de la llegada del sábado con la caída del sol todos los ritos funerarios; habían observado bien donde y cómo habían colocado el cuerpo de Jesús; una cosa no habían pensado quizás lo suficiente era quien les iba a ayudar a correr la piedra de la entrada del sepulcro, pues mujeres como eran no tendrían fuerza para realizarlo ellas solas; pero la piedra estaba corrida y el cuerpo difunto de Jesús allí no estaba.

¿Sorpresas? No era para menos, no era lo que esperaban encontrar. ¿Temores y angustias? No sabían donde estaba el cuerpo de Jesús y qué habían hecho con él, o quienes. ¿Quién se lo habría llevado? ¿Dónde lo habían puesto? Había algo que hacer, lo primero contarlo a los discípulos.

Pero ahora sí estaba la sorpresa delante de ellas. El mismo Jesús les sale al encuentro invitándolas a que se llenen de alegría, aunque todavía con sus temores interiores porque todo les resultaba extraño. Y Jesús las envía – los envíos tan repetidos de Jesús – a que vayan a anunciar todo esto a los discípulos y que vayan a Galilea. Aunque todavía el evangelista nos seguirá contando de la presencia de Jesús con ellos allí en Jerusalén, es importante que vayan allí donde empezó todo, donde fueron los primeros anuncios y de donde surgieron los primeros discípulos.

¿Será recordar lo que era en verdad el primer anuncio de Jesús del Reino de Dios que ahora ya se estaba constituyendo? ¿Será un comenzar a abrir caminos que no se quedarán ni en Jerusalén ni en Galilea sino que Jesús luego les enviará por todo el mundo? Estas mujeres serán las primeras portadoras de buenas noticias, que ya no son solo los discípulos más cercanos, y que nos recordará la misión que todos los que tenemos la experiencia de Jesús tenemos que cumplir, tenemos que realizar.

Del sepulcro vacío parten dos comitivas, estas mujeres convertidas en las primeras misioneras de la Buena Noticia de la resurrección de Jesús, pero también aquella otra comitiva que no supieron ver el sentido del sepulcro vacío y también marchaban con unas inquietudes y unos miedos por una misión que no habían podido cumplir pero se convertiría en un contra testimonio contra ellos mismos cuando se dejaron sobornar por la mentira.

Arrancamos nosotros también nuestro camino cuando comenzamos la celebración de esta Pascua también del sepulcro vacío, pero marchamos con otras certezas, marchamos con otras vivencias, marchamos con la experiencia de que nosotros sí sentimos a Cristo vivo en nuestra vida; nuestro camino lo hacemos como testigos, nuestro camino lo hacemos con Cristo vivo y presente en nuestra vida y ese es el anuncio que tenemos que hacer.

Marchamos  a la Galilea de nuestra vida de cada día después de la intensidad de lo vivido en esta semana santa, quizás también con nuestros miedos e inquietudes de cómo nos van a recibir, pero ya nosotros vamos con una misión, ser misioneros, portadores de una buena noticia que llevamos reflejada en la cara y en nuestra vida, porque vamos desbordando alegría, porque en nuestro corazón hay un nuevo entusiasmo, porque sintiendo el gozo de la presencia de Jesús resucitado con nosotros queremos también sentir el gozo del anuncio.

¿Seremos semilla que haga brotar una nueva planta y unos nuevos frutos para y en nuestro mundo? ¿Nos damos cuenta de los nuevos horizontes que se abren ante nosotros?

jueves, 26 de septiembre de 2024

Que no pesen en nosotros los miedos y las cobardías, que seamos capaces de dejarnos interrogar por Jesús y el evangelio para hacernos nuevos planteamientos

 


Que no pesen en nosotros los miedos y las cobardías, que seamos capaces de dejarnos interrogar por Jesús y el evangelio para hacernos nuevos planteamientos

Eclesiastés 1, 2-11; Salmo 89; Lucas 9, 7-9

Puede pasarnos alguna vez que algún acontecimiento que se produce en nuestro entorno nos produce una cierta inquietud, porque quizás no calibramos bien las consecuencias que tendrá y lo que nosotros pudiéramos vernos implicados, o quizás es una palabra que escuchamos, la actitud o la postura de una persona ante determinadas situaciones, los que nos pueden producir esa inquietud, plantearnos interrogantes sobre la vida, sobre lo que hacemos o sobre lo que va a suceder.

¿A quien no le inquietan los momentos que vivimos, ya sea en nuestra sociedad cercana donde no terminamos de entender por ejemplo a nuestros dirigentes ni a dónde nos llevan, o lo que esta sucediendo en nuestro mundo con tantos tambores de guerra que están sonando? Pero, como decíamos, quizás alguna vez simplemente es una persona que vemos actuar cerca de nosotros que nos hace preguntarnos de qué manera nosotros nos estamos implicando con la marcha de nuestra sociedad. Inquietudes de todo tipo pueden aparecernos muchas veces en la vida. ¿Cómo reaccionamos?

Me hace pensar en todas estas cosas y mucho más que podríamos seguir deduciendo en nuestra reflexión, lo que hoy escuchamos en el evangelio. Cuando escuchamos el evangelio no nos quedamos reducidos a aquel momento que en él se nos relatan, sino que pueden ser en verdad imagen donde veamos reflejada nuestra vida y nuestras problemáticas de hoy. Es la forma cómo tenemos que hacer que en el evangelio encontremos esa respuesta y esa luz para nuestra vida.

Herodes estaba oyendo hablar de aquel profeta de Galilea que allá por su territorio realizaba sus andanzas; a él llegan noticias de Jesús de Nazaret, claro que tendría sus medios de información como todo dirigente o todo político, porque cuanto sucediera en su reina a él le afectaba también. Y como nos dice el evangelista Herodes se pregunta quien es ese Jesús del que tanto oye hablar. Llegan diferentes versiones según también lo que eran las distintas opiniones que tenía la gente sobre Jesús. Ya sabemos que había quien lo rechazaba, no estaba de acuerdo con lo que hacía Jesús, pero mucha gente sencilla lo aclamaba.

¿Sería Juan el bautista que había vuelto a la vida? Y Herodes andaría inquieto puesto que había sido él quien lo había mandado matar. Pero le hablaban también de un profeta del que se decía que había sido arrebatado al cielo en un carro de fuego y que un día antes de la venida del Mesías haría de nuevo su aparición sobre la tierra; otros pensaban que Jesús era como alguno de aquellos grandes profetas de la antigüedad; no había concordancia y eso le hacía también estar inquieto a Herodes preguntándose por Jesús y queriendo conocerlo.

¿No se atrevería ahora porque podría echarle en cara, lo mismo que había hecho Juan Bautista a quien él también le gustaba escuchar, sobre la vida que llevaba? Algunas veces parece que queremos algo, pero mejor no menearlo por si acaso nos salga el tiro por la culata, como se suele decir, se vuelve en contra nuestra.

Toda esta reflexión también nos llevaría a nosotros a hacernos algunas preguntas. ¿Tendremos en verdad inquietud y verdaderos deseos de conocer a Jesús porque hay cosas que nos dice el evangelio que nos hace hacernos nuevos y distintos planteamientos? ¿O quizá andemos nosotros también reculando, no atreviéndonos a enfrentarnos con ese conocimiento y escucha de Jesús porque eso nos tendría que hacer tomar decisiones drásticas para nuestra vida? Muchas veces reculamos, muchas veces no queremos saber para no complicarnos, muchas veces quisiéramos cerrar ojos y oídos para no enterarnos. ¿Será que no nos tomamos tan en serio el mensaje del evangelio, el mensaje de Jesús? Muchas veces pesan en nosotros los miedos y las cobardías.

sábado, 19 de agosto de 2023

Tenemos que saber recomenzar, reemprender muchas veces de nuevo para hacer que todo tenga nueva y más fuerte vitalidad, aprendamos a resetear haciéndonos de nuevo niños

 


Tenemos que saber recomenzar, reemprender muchas veces de nuevo para hacer que todo tenga nueva y más fuerte vitalidad, aprendamos a resetear haciéndonos de nuevo niños

Josué 24,14-29; Sal 15; Mateo 19,13-15

No seas un niño, le decimos quizás a alguien, y en cierto modo de manera despectiva, cuando nos parece que se está comportando de una manera muy infantil. ¿Quizás podríamos preguntarnos por que es un niño? ¿Por qué se comporta de una manera inocente y sin malicia? ¿Qué tiene eso de malo? ¿Es que es necesario ir por la vida siempre con una mirada atravesada, llena de desconfianzas, o con los malos instintos , como solemos decir, de estar echando la zancadilla para ver cómo cae el otro?

¿Será acaso niño porque se deja sorprender por la vida y todo le llama la atención? Sentir curiosidad por lo que no se conoce, sentir deseos de saber y aprender más, tener inquietud en nosotros que no nos deja quietos e imperturbables ante lo que sucede alrededor, estar buscando siempre algo nuevo, algo que hacer, algo que nos haga desarrollarnos y crecer, no creo que sea malo para la persona sino más bien necesario.

Nos hace falta despertar esa inquietud en nuestros corazones porque es la manera como creceremos, como avanzaremos en la vida, cómo vamos haciendo que la vida en verdad sea interesante y creativa. Por eso me atrevo a decir que no es tan malo ser como un niño, porque siempre tenemos esa inquietud en nuestro corazón por algo más, por algo distinto, por algo nuevo, por algo mejor. No nos podemos quedar adormilados en la vida, porque camarón que se duerme se lo lleva la marea, que dice el refrán popular, porque quien vive adormilado no sabrá disfrutar de lo mejor de la vida, no sabrá llenar la vida de grandes sueños y de grandes ideales, y su vida perderá vitalidad.

Me hace pensar en todo esto como plan incluso para darle vitalidad a la vida, lo que escuchamos hoy en el evangelio. ‘Le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase, pero los discípulos los regañaban’. Quiero ponerle incluso un poco de imaginación al tratar de contemplar este episodio. Jesús quizás sentado en la plaza, sentado a la puerta de su casa, como tantas veces quizás nosotros hemos hecho después de nuestras tareas y trabajos, y los niños que revolotean a su ardedor con sus juegos, sus gritos, su alegría; podemos ver tan a unas madres, como nos dice el evangelio que le traen a sus hijos a Jesús para que se los bendijera.

Pero allí están los de siempre, en este caso eran los discípulos tan celosos del descanso de su maestro. Vaya jaleo con los muchachos, sus carreras, sus juegos, sus gritos, sus preguntas y sus curiosidades. Quiten a esos chiquillos que no hacen sino molestar. Una reacción muy celosa. No sé, pero recuerda alguna escena alguna vez contemplada en nuestros templos con los jaleos que forman los chiquillos. Pero es importante la reacción de Jesús. ‘Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos’.

Y ahora nos dice que Jesús que ‘de los que son como ellos es el Reino de los cielos’. ¿Entonces tenemos que hacernos niños revoltosos e inquietos? Creo que nos damos cuenta de la inquietud que hemos de tener muy despierta en nuestro corazón. Esas ganas de más y mejor, esa búsqueda continua tan necesaria en la vida, ese dejarnos sorprender por las maravillas de Dios, esa apertura tan necesaria en nuestro corazón. No nos dejemos avejentar, no permitamos que se endurezca el corazón, no es posible que nos acostumbremos de tal manera a las cosas que las convirtamos en una rutina, arranquemos esas costras de pasividad con que nos vamos envolviendo tantas veces, tengamos la inquietud vital de ese niño que parece que se toma la vida como un juego pero que es así como va creciendo, es necesario tener la juventud que busca siempre la novedad para darle más intensidad a la vida y a lo que estamos haciendo.

Por algo nos dirá Jesús en otro momento que es necesario nacer de nuevo. No podemos seguir viviendo anquilosados en el hombre viejo. Tenemos que saber recomenzar, reemprender muchas veces de nuevo para hacer que todo tenga nueva y más fuerte vitalidad, aprendamos a resetear haciéndonos de nuevo niños que nos dejemos sorprender y sepamos hacer nuevas todas las cosas.

martes, 9 de mayo de 2023

Todos queremos la paz, pero probemos a seguir con valentía y sin temor el camino de Jesús y nos daremos cuenta donde está la paz verdadera

 


Todos queremos la paz, pero probemos a seguir con valentía y sin temor el camino de Jesús y nos daremos cuenta donde está la paz verdadera

Hechos 14, 19-28; Sal 144; Juan 14, 27-31a

Queremos la paz. Todos. Eso al menos decimos. Buscamos la paz, luchamos por la paz; y ya comenzamos a utilizar una palabra de guerra para hablar de paz; ya sé que es una forma de hablar, pero es también un concepto, una forma también que tenemos de hacer las cosas; y hacemos la guerra porque buscamos la paz; y nos llenamos de violencias cuando nos falta la paz y por esos medios pensamos conseguirla.

Y nos podemos quedar en una paz aparente; que no haya ruido, que no se oigan cañones, que nos estemos calladitos, que no revolvamos ni alborotemos. ¿Está ahí la paz? ¿Es una forma de tener paz? Y tratamos de imponerla y hasta nos creamos unas reglas, pero al final por una parte o por otra aparecen de nuevo las violencias.

Y puede ser una apariencia de la paz, porque quizá en el corazón siguen resonando tambores de guerra; porque no terminamos de tener paz por dentro, porque seguimos con nuestros resentimientos y deseos de venganza, porque no tenemos la valentía del perdón, porque queremos poner nuestros límites, nuestras fronteras, las rayas de las cuales no dejamos pasar a los demás, porque unos son de nuestro agrado y otros no, porque piensan distinto, porque no son de nuestros grupos, porque pueden tener otras ideologías, pero a otros no los podemos ver ni en pinta, aunque no nos hayan hecho nada, porque se traen una fama desde donde vienen, porque son distintos a nosotros, porque nos dicen, nos comentan, y vienen las precauciones, vienen los distingos, vienen en fin de cuenta las discriminaciones. ¿A esto llamamos paz? y la gente dice que viviendo así es como pueden de verdad tener paz, porque según nos parece, quitamos las semillas de la discordia.

Es fácil teorizar sobre la paz, pero no tan fácil lograr la paz. Porque tenemos puntos de vista diferente o porque seguimos conservando en nuestro interior esas reglas que discriminan, o nos puede seguir pesando en nosotros las recomendaciones de que no nos metamos con nadie y viviremos en paz. ¿Dónde podremos encontrar una gente verdaderamente feliz porque vive auténticamente en paz? Nos desconcierta todo eso. Pero quizás cuando comenzamos a tener esa inquietud es cuando verdaderamente estamos iniciando caminos de paz. ¿Lo entenderemos?

Y hoy escuchamos a Jesús que nos ofrece la paz. Pero nos dice, que no nos la da como la da el mundo. ¿No sintoniza Jesús con los deseos de paz del mundo? El es el príncipe de la paz, así fue anunciado. Y nos dice que nos da la paz. Pero es algo distinto. Son otros los parámetros. Pero con El tenemos la seguridad de la paz. ‘La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde’. Y ya nos está hablando de algo importante, ‘que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde’.

Con Jesús se acabaron los miedos, porque nos está ofreciendo el camino que nos da más seguridad. Nos está proponiendo otra manera de entender la vida, de entender lo que es la verdadera paz. ¿No nos está diciendo que nos amemos porque somos hermanos? Cuando hay amor de verdad, cuando nos sentimos hermanos de verdad, se acabaron las violencias y las imposiciones.

Tenemos paz no porque nos la impongan, sino porque nos amamos, porque nos queremos y nunca nos haremos daño, siempre buscaremos el bien, siempre habrá inquietud en el corazón por lo bueno, pero no es una inquietud que nos quite la paz, sino que nos dará las más hondas satisfacciones. Porque nos queremos nos aceptamos y nos comprendemos, aunque seamos distintos, aunque pensemos de manera diferente, aunque no nos conozcamos porque vengamos de mundos distintos, siempre el otro para mi será un hermano. ¿Cómo no vamos a sentir paz?

Y así podríamos seguir sacando conclusiones, deduciendo lo que en verdad nos hará sentir paz y paz sobre todo el corazón. Porque no tendremos resentimientos ni rencores, porque siempre seremos comprensivos y tenemos el corazón lleno de misericordia para estar dispuestos a perdonar, porque no dejaremos heridas en el corazón sin curar sino que cuando ofrecemos generosamente nuestro perdón a los demás, estaremos en verdad curando el corazón.

Hagamos comparación con lo que decíamos al principio y nos daremos cuenta donde está el verdadero camino de la paz. Es el que queremos emprender, es el que lograremos si seguimos siempre y en todo los pasos de Jesús.

 

 

jueves, 5 de enero de 2023

No tengamos miedo a esas inquietudes que puedan surgir en nuestro interior, metámonos hondamente en nosotros mismos, pero también dejémonos conducir

 


No tengamos miedo a esas inquietudes que puedan surgir en nuestro interior, metámonos hondamente en nosotros mismos, pero también dejémonos conducir

1Juan 3,11-21; Sal 99; Juan 1,43-51

En la vida nos encontramos con gente que nos dice siempre que tienen las cosas muy claras, que saben lo que quieren y no entienden a aquellos que cuando tienen que tomar una decisión importante se lo piensan mucho antes de decidirse. Nos creemos que tenemos las cosas claras y muchas veces es solo apariencia para sentirnos como por encima de los demás, pero seguro que allá en su interior tienen dudas como todos, se hacen sus razonamientos, porque en ocasiones también se llenan de desconfianza y guardan muchos secretos en su interior para no manifestar su fragilidad que es como la de todos aunque quieran manifestar otra apariencia.

Las decisiones no se pueden tomar a la ligera sobre todo en cosas fundamentales que de alguna manera definen nuestro ser, nuestro sentido de la vida y de las cosas, y los raíles por los que va a circular el tren de su vida. Mucho hay que rumiar en el interior, mucho también tenemos que dejarnos aconsejar, mucho cuidado hay que tener por otra parte con los prejuicios que se nos meten en la vida porque son malos consejeros, mucho tenemos que madurar en nuestro ser; es todo un proceso que todos intentamos seguir en la vida salvo que nos dejemos arrastrar por la superficialidad.

Es el diálogo que se plantea en el evangelio entre aquellos que son llamados o invitados a seguir a Jesús. Mucho tendrían que haber hablado en profundidad de esas inquietudes del alma entre Felipe y Natanael. Si Felipe cuando ha tomado la decisión de seguir a Jesús ante su llamada, viene a invitar a su amigo Natanael porque han encontrado al que anunciaban las Escrituras, presupone que entre ellos había habido íntimas conversaciones en la espera de la pronta llegada del Mesías, como todos deseaban.

Parece que la reacción de Natanael no era la que realmente esperaba Felipe cuando lo invita a venir a ver a Jesús, pero bien puede expresar esa lucha interior que el de Caná de Galilea estaba manteniendo dentro de sí. Salen a flote los prejuicios cuando le dicen que Jesús es de Nazaret y también esas disputas entre vecinos de pueblos colindantes sobre qué pueblo es el mejor o tiene mejores cosas. ‘¿De Nazaret puede salir algo bueno?’ le replica a Felipe.

Pero finalmente se deja aconsejar, se deja conducir y llega a la presencia de Jesús; bastarán pocas palabras, porque se siente interrogado y cautivado al mismo tiempo por Jesús. Le recuerda Jesús la rectitud de su corazón, a pesar de sus dudas y desconfianzas, de sus recelos y sus prejuicios; Jesús le está dando un voto de confianza cuando lo valora y le da su importancia.

A todos nos gusta sentirnos valorados; a todos nos gusta que nos recuerden algo bueno que podamos tener en nosotros y que quizá no siempre se manifiesta; le hace pensar Jesús en los secretos de su corazón, pero quizá de esas inquietudes que lleva dentro de sí. Siempre nos ponemos a hacer muchas cavilaciones sobre el sentido de las palabras de Jesús cuando le recuerda que lo había visto bajo la higuera; simplemente Jesús lo hace reflexionar y meterse dentro de sí pero para salir con mas fuerza a buscar.

Es el reconocimiento que Natanael hace de Jesús con lo que afirma mucho más de lo que le había anunciado su amigo Felipe. ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. A lo que replicará Jesús: ‘Mayores cosas verás’. Algo nuevo y grande se está abriendo en la vida de quien desde ahora va a ser discípulo de Jesús.

No tengamos miedo a esas inquietudes que puedan surgir en nuestro interior; no temamos tener que darle mil y una vueltas cuando todavía no vemos las cosas claras, metámonos hondamente en nuestro interior, pero también dejémonos conducir. Ese camino en el que muchas veces alguien tendrá que llevarnos de la mano va a terminar con un encuentro de luz y de vida, como le sucedió a Natanael. Demos los pasos con confianza. El Espíritu del Señor está con nosotros y es la luz para nuestro camino, la sabiduría de nuestra vida.

sábado, 20 de noviembre de 2021

Déjate encontrar por Jesús y te verás en verdad transformado y renacerá en ti la esperanza sintiendo que se eleva tu espíritu con ansias de resurrección y de vida sin fin

 


Déjate encontrar por Jesús y te verás en verdad transformado y renacerá en ti la esperanza  sintiendo que se eleva tu espíritu con ansias de resurrección y de vida sin fin

1Macabeos 6,1-13; Sal 9;  Lucas 20,27-40

Me encontré una sencilla y hermosa oración - no sé realmente de donde procede -  que no me resisto a transcribir en el comienzo de esta reflexión, aunque bien podría ser la oración con la que la concluyéramos. Dice así: ‘Señor, dame la humildad de corazón para no perderme en razonamientos inútiles que me apartan de Ti, enfrían mi alma y me alejan del servicio a los hermanos. Que la esperanza en tu Resurrección avive en mí el deseo de encontrarme contigo para siempre’.

Algunas veces nos hacemos reflexiones y reflexiones en torno a la Palabra de Dios que cada día se nos propone y no sé si siempre todas esas reflexiones que nos hacemos nos llevan a un verdadero encuentro con el Señor. Podríamos estar quedándonos en elucubraciones y explicaciones muy eruditas, pero no estamos llegando al meollo de la vida desde la que tenemos que encontrarnos con el Señor. Tratamos de explicarnos los misterios de Dios y buscamos razonamientos quizás muy humanos que nos lo razonen todo.

Pero quizá tendríamos que preguntarnos si Jesús estuviera ahora en medio de nosotros y tratara de anunciarnos el evangelio en este mundo en el que nos encontramos, en estas situaciones que vivimos y tratara de decirnos ese mismo mensaje del evangelio qué palabras emplearía, cómo nos diría las cosas, cómo se presentaría delante de nosotros.

Es importante que cuando nos ponemos ante el Señor, dispuestos a escuchar su Palabra, una Palabra que nos llene de verdad de vida y de esperanza nos situemos desde nuestra pobreza, con nuestros problemas cotidianos, con las dudas incluso que llevamos dentro de nosotros y que incluso algunas veces tratamos de disimular o poner a un lado, con nuestras angustias y nuestras desesperanzas, con los interrogantes que tenemos en nuestro interior y dejemos que Jesús se ponga ahí en medio de nosotros y de todo eso que llevamos dentro y haciendo silencio de nuestros propios razonamientos dejemos que El vaya como tocando nuestro corazón, tocando cada una de esas cosas que nos preocupan y comencemos a mirarlos con sus ojos.

La gente cuando se acercaba a Jesús, según vemos en el evangelio iba con la realidad de su vida, con lo que eran sus preocupaciones, sus necesidades o sus interrogantes. ¿Qué significa que iban con sus enfermos y los ponían a los pies de Jesús? ¿Qué representa que, por ejemplo, aquella mujer pecadora se atreviera a ponerse a los pies de Jesús con sus lágrimas y con sus perfumes? Allí estaban con su vida, con su realidad, con sus negruras y de la presencia de Jesús salían transformados.

¿No fue eso lo que hizo Zaqueo cuando se sintió gozoso de poder recibir a Jesús en su casa y ofrecerle una comida, sino ponerse con lo que era su vida, aquellas riquezas mal ganadas, aquella fama que tenía en medio de la gente que lo rechazaba, pero también aquellas inquietudes que había en su corazón con deseos de conocerle? Y en la presencia de Jesús se sintió transformado y a partir de aquel momento nació un hombre nuevo en él.

Nicodemo que iba con buena voluntad e incluso reconociendo que en Jesús algo de Dios se estaba manifestando, sin embargo estaba allí el que en cierto modo era maestro en Israel con sus dudas y con sus ignorancias y se dejó conducir por Jesús y su Palabra y descubrió lo que en verdad significaba el aceptar el Reino de Dios el hacerse un hombre nuevo desde ese Reino de Dios.

Hoy escuchamos en el evangelio que van con problemas de cierto legalismo en la interpretación de lo que decía el levítico, pero en el fondo les faltaba visión de trascendencia, visión de lo que en verdad era la vida del mundo futuro que Jesús anunciaba; allí estaban con sus reticencias, con sus preguntas retorcidas, pero allí se encontraron con una palabra de vida, con un sentido de esa vida nueva que Jesús nos ofrece, con verdadero sentido de eternidad.

Aquí entonces nos ponemos nosotros delante del Señor en cierto modo también retorcidos porque queremos llenarnos de mil razonamientos para creer, pero que lo que necesitamos es en verdad dejarnos encontrar por Jesús; sí, dejarnos encontrar, porque es Jesús el que nos busca y algunas veces nosotros nos escondemos detrás de muchas cosas que son secundarias.

Deja que Jesús llegue a tu vida, deja a Jesús que se meta en tu corazón y caldee de verdad tu espíritu tan lleno de tibiezas y frialdades; déjate encontrar por Jesús y te veras en verdad transformado y renacerá la esperanza en tu corazón, y te sentirás con una nueva fuerza para ir llevando al mundo ese evangelio que lo puede transformar, y sentirás que se eleva tu espíritu también con ansias de resurrección y de vida sin fin porque al estar con Jesús no querrás nunca separarte de El.

lunes, 13 de septiembre de 2021

Lo que necesitamos nosotros es ser confiados, ser humildes, ser constantes en nuestra oración, con la seguridad además de podernos dirigir directamente a El

 


Lo que necesitamos nosotros es ser confiados, ser humildes, ser constantes en nuestra oración, con la seguridad además de podernos dirigir directamente a El

1Timoteo 2,1-8; Sal 27; Lucas 7,1-10

¿A quien tengo que acudir para resolver este problema? Pero algunas veces esa pregunta nos habremos hecho quizás más de una vez ante un problema que se nos presenta, ante una necesidad o una situación difícil, lleva emparejada algo más, porque más bien estamos preguntándonos quién nos podrá servir de intermediario, a quien podemos acudir que tenga influencias en aquella administración o ante aquellas personas concreta, estamos buscando un valedor

El centurión del que nos habla el evangelio parece ser que buscó buenos valedores, porque la carta de recomendación que presentaban ante la petición del centurión era ensalzarle por lo que había hecho por el pueblo colaborando incluso, a pesar de ser un gentil, en la reconstrucción de la sinagoga de Cafarnaún. Parece ser que méritos le sobraban, pero como veremos a continuación no era solo por aquellas obras altruistas que había realizado por los judíos de Cafarnaún sino que Jesús destacará algo mucho más importante aún.

El tema era que aquel hombre tenía un criado, a quien apreciaba mucho, enfermo de gravedad; no sabiendo ya a quien acudir para encontrar remedio, al oír hablar de Jesús piensa que es a El a quien tiene que acudir. Pero no se siente digno, por eso se vale de gentes influyentes e importantes de Cafarnaún. Y Jesús quiere atender a la petición de aquel hombre y se pone en camino. Pero el centurión insiste en su humildad porque si no había ido personalmente a hacer la petición era porque no se consideraba digno, pero su petición seguía en pie y ahora manifestando especial confianza. Sabe que la palabra de Jesús podrá salvarle y solo es necesaria esa palabra de Jesús.

Son tan importantes los sentimientos de fe y de humildad de aquel hombre que la Iglesia ha tomado esas palabras para que sean las que digamos cuando nos vamos a acercar a comulgar. ‘Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para salvarme’. Pero en aquel hombre está la confianza y la fe al mismo tiempo que la humildad, pero con una certeza grande. El tiene autoridad y puede mandar a sus soldados o a sus criados que hagan una cosa u otra y bastará su palabra para que su orden se cumpla. Y es en lo que confía que puede hacer Jesús.

Jesús se sorprende de la fe de aquel hombre y así quiere resaltarlo y que todos los conozcan. ‘Ni en Israel he encontrado en nadie tanta fe’, es la exclamación de Jesús. Aquí están los verdaderos méritos de aquel hombre, su fe inquebrantable y humilde. Y cuando los enviados regresan a casa se encontrarán al criado ya sano. Creyó aquel hombre y creyó toda su familia, destacará el evangelista. ¿Creemos nosotros también? ¿Nos fiamos de igual manera de la palabra de Jesús? ¿Podrá decir Jesús lo mismo de nuestra fe?

Cuántas veces en nuestros aprietos y angustias nos llenamos de dudas. Queremos pedirle al Señor y decimos que no sabemos si vamos a ser escuchados. Pedimos y parece en ocasiones que los dioses somos nosotros porque Dios tiene que hacer las cosas tal como nosotros se lo pidamos. Queremos que las cosas sean a nuestra manera y en la prontitud que se vuelve exigencia y que de alguna manera pone a prueba nuestra fe. Pero los caminos de Dios no son nuestros caminos, aunque sí sabemos que el amor que Dios nos tiene nunca nos falla.

Y tenemos que saber descubrir las respuestas que el Señor va dando a nuestra vida, a nuestras inquietudes, a nuestras angustias, a nuestros aprietos. Algunas veces por la dureza de nuestro corazón tendrá que pasar tiempo para que nos demos cuenta de la respuesta del Señor a nuestras peticiones. Como Padre bueno siempre nos dará lo mejor.

Lo que necesitamos nosotros es ser confiados, ser humildes, ser constantes en nuestra oración, con la seguridad además que directamente nos podemos dirigir a El, no necesitamos de influencias ni valedores, aunque bien sabemos cual es la función de la madre, de María, y cómo también los santos desde el cielo también interceden por nosotros.