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viernes, 21 de agosto de 2026

Empeñémonos en sembrar amor en los surcos de la vida para hacer florecer una nueva humanidad que renueve nuestro mundo al estilo del reino de Dios

 



Empeñémonos en sembrar amor en los surcos de la vida para hacer florecer una nueva humanidad que renueve nuestro mundo al estilo del reino de Dios

Ezequiel 37, 1-14; Salmo 106;  Mateo 22, 34-40

¿En verdad podremos hacer reverdecer de nuevo este nuestro mundo que contemplamos en tantos aspectos árido y reseco? Contemplamos tanto materialismo y tanto afán codicioso de posesión de cosas y de bienes, a tanta gente que no se mueve sino por sus intereses o sus placeres, a la insensibilidad de tantos que pasan a nuestro lado y que parece que han perdido los rasgos más elementales de humanidad, ese aire fétido de corruptelas de todo tipo donde todo parece que son tejemanejes ocultos buscando ganancias y riquezas, cada día nos aparece algo nuevo que nunca son resplandores de luz sino oscuridad que va ennegreciendo cada vez más nuestra sociedad, un desinterés por el bien común aunque se llenen la boca con palabras de justicia y de renovación.

No quiero pintar un cuadro negro, porque mi tendencia y mis deseos es encontrar siempre un rayo de luz por pequeño que sea porque la mecha humeante nunca tenemos que apagarla sino que tiene que ser inicio de un fuego nuevo de renovación y de nueva vida.

Hemos escuchado con el profeta la visión de ese campo lleno de huesos que podría parecer que nos habla de muerte. Y el profeta se pregunta si aquellos huesos un día podrán llenarse de nuevo del vigor de la carne y de la vida. Y de ahí parte el anuncio del profeta que también nosotros tenemos que escuchar para despertar en nosotros una nueva esperanza frente a ese mundo que contemplamos. Es el anuncio profético de esos tiempos nuevos que con la instauración del Reino de Dios habrían de surgir.

Y es precisamente lo que hoy escuchamos en el evangelio. Unos fariseos cuando han visto que Jesús ha hecho callar a los saduceos vienen ahora con una pregunta que aunque parece muy elemental porque era lo que tenía que estar grabado en el alma de todo buen judío viene cargada de aviesas intenciones queriendo desacreditar a Jesús diciendo que venía a anular lo que era la ley judía fundamental. ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?’

Como les parecía que Jesús venía cambiándolo todo porque le estaba dando un sentido nuevo de autenticidad a cuanto el hombre realizara pensaban que Jesús iba a enseñarles algo distinto. Pero Jesús los veía venir; en otro momento llegarán a reconocer que en Jesús no hay doblez ni engaño aunque lo digan también siempre desde sus torcidas intenciones queriendo hacerle decir cosas a Jesús que les vendría bien para acusarle. En ese mundo de sombras del que antes hablábamos ¿no andamos también nosotros muchas veces con esas interpretaciones interesadas o con esa falsedad y engaño para aparentar lo que realmente no somos? ¿No nos andamos también poniendo trampas a nuestro pies para manipular y para engañar?

Pero Jesús responde con las palabras textuales que están escritas en las Escrituras santas. ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente... Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo’.

Esto es lo que verdaderamente salvará al mundo, esto es lo que en verdad puede darle un valor nuevo y un sentido nuevo a la vida, el amor. Pero no es un amor cualquiera, no es un amor de bonitas y románticas palabras; es el amor que va a ser verdadero motor de nuestra vida, el amor que nos despierta y que nos renueva, el amor que pone unos ojos nuevos y una mirada más luminosa a los que están a nuestro lado; un amor que es un fuego que nos inquieta, un amor que va a poner humanidad verdadera a nuestra vida; un amor que nos hace abrir las puertas del corazón, un amor que se hace acogida para hacer que todos quepan en nuestro corazón; un amor que valora la vida y cuánto hacen los demás; un amor que será comprensivo y llena de misericordia el corazón; un amor que sabe perdonar y levantar al que ve caído, un amor que será siempre mano tendida para apoyar y para compartir, para darse y para olvidarse de sí mismo pensando en quien ama; un amor que nos llena de Dios porque nos hace partícipes del amor que Dios nos tiene, un amor que envuelve nuestra vida pero que se convierte en entrañas de nuestro ser. Como nos dice Jesús ahí están condensados la ley y los profetas.

Con un amor así ¿podremos permitir que las sombras se sigan adueñando de nuestro mundo? Con un amor así sentiremos que el mundo se renueva y resucita a nueva vida y todo se irá transformando; con un amor así nos sentiremos traspasados por la Pascua y con Cristo nos sentimos resucitados a nueva vida. Empeñémonos en sembrar ese amor en los surcos de la vida.


domingo, 15 de febrero de 2026

La palabra de Jesús va llegando como un bálsamo que cura sobre nosotros porque va despertando nuevas esperanzas, y abriendo nuevos caminos en la armonía del amor

 


La palabra de Jesús va llegando como un bálsamo que cura sobre nosotros porque va despertando nuevas esperanzas, y abriendo nuevos caminos en la armonía del amor

Eclesiástico 15, 15-20; Salmo 118; 1 Corintios 2, 6-10; Mateo 5, 17-37

Los caminos, por supuesto, pretenden llevarnos a alguna parte, pero bien sabemos que algunos caminos se nos  hacen pesados, parece que estuvieran llenos de dificultades, detrás de cada curva pareciera que se nos presenta un nuevo obstáculo o dificultad; claro que si pensamos en caminos antiguos por una parte no estaban pensados para los vehículos o los medios de los que hoy podemos disponer, y también hay que tener en cuenta las circunstancias que podían tenerse en el momento de su construcción que de alguna manera condiciona trazados y no solventa siempre las dificultades que podamos encontrar. La visión de lo que ha de ser el trazado hoy de una vía nos da nuevas perspectivas y busca de alguna manera aliviar nuestro camino.

¿Estaremos esperando un ingeniera que echara abajo todo lo hecho para inventarse algo totalmente nuevo? Claro que en la materialidad de las vías y caminos para nuestro transito eso es posible, pero ahora cuando estamos hablando de caminos estamos refiriéndonos a algo más que una senda que cruza una geografía. Queremos ir a algo más hondo que la materialidad de un camino porque estamos queriendo hablar de la vida, de nuestra vida.

¿Era Jesús ese ingeniero esperado, y válganos la imagen y el ejemplo, que venía a echar abajo todo como si nada de lo vivido hasta entonces hubiera valido o no tuviera un sentido? La aparición de un profeta abría siempre la esperanza a nuevas perspectivas, y más en aquel pueblo que se sentía oprimido, y no era ya solo la opresión que pudiera ejercer sobre ellos un pueblo extranjero, los romanos, que dominaban aquellos territorios; eran también muchas las influencias que iban recibiendo de las culturas de los pueblos vecinos, y aquí podríamos pensar en todo lo relacionado con la filosofía griega referencia para la cultura de aquellos pueblos; pero era otra opresión o manipulación interior en las mismas corrientes que iban surgiendo en el judaísmo, cada uno en su momento pretendía imponer sus criterios y de ahí había surgido una cantidad de normas y preceptos que de alguna manera enturbiaban la autenticidad de la ley de Moisés y la predicación de los profetas.

¿Pensaban quizás que con la novedad que Jesús anunciaba como buena noticia del Reino de Dios todo aquello había de cambiar? Es por lo que Jesús es tan tajante en el Sermón del Monte. El no ha venido a abolir la Ley y los Profetas sino a darles plenitud. Lo que Jesús querrá purificar es la hojarasca en la que hemos envuelto la Ley de Dios y que de alguna manera en lugar de ayudarnos nos ha puesto más difícil el camino, para que vayamos a lo que es lo fundamental, lo esencial que tiene que estar en el amor y en consecuencia en el respeto y la valoración de la persona, de toda persona por encima de cualquier condición con que queramos revestirla. Jesús quiere ayudarnos a reencontrar el camino verdadero y auténtico que es lo que nos viene a ofrecer la novedad del evangelio.

Es lo que nos irá desgranando en toda esa seria de sentencias o principios que nos va proponiendo a lo largo del Sermón del Monte y que ha comenzado con la proclamación de las Bienaventuranzas. Se había congregado en su entorno una gran multitud nos detalla el evangelista con gente venida de todas partes. Quiero poner un poco de imaginación en mi mente y en mis palabras para ver cómo Jesús va desparramando su mirada sobre toda aquella gente y El que conoce bien el corazón de todos e irá viendo tras aquellos rostros esas diversas situaciones por las que cada uno está pasando y la palabra de Jesús va dando respuesta a esas angustias que van surgiendo de aquellos corazones.

Corazones desbordados en esperanzas fallidas, en violencias y contrariedades de todo tipo, por los mil problemas de la vida en las relaciones entre unos y otros, por las tormentas que van surgiendo en el interior de las personas cuando los conflictos no se resuelven y se van creando abismos de incomprensión y acaso muchas veces de odio, corazones heridos porque se sienten oprimidos y tratados injustamente y a los que les falta paz porque quizás no tienen seguridad para sus vidas, corazones envueltos quizás muchas veces por la vanidad y por la falta de autenticidad y de verdad en sus vidas… y la palabra de Jesús va llegando como un bálsamo que cura sobre cada una de aquellas personas porque va despertando nuevas esperanzas, porque es posible que se vayan abriendo caminos, porque sienten que es posible una nueva armonía si en verdad comenzamos a amarnos más los unos a los otros.

Es la Buena Nueva de Jesús, que no solo fue para aquella gente de su tiempo, sino que es Buena Nueva de Jesús para nosotros hoy que también estamos envueltos en nuestros problemas y en nuestros desencantos, que también nos vemos arrastrados por un materialismo que nos ahoga cada vez más y por una sensualidad de la vida que le hace perder la perspectiva de cosas grandes y más nobles. Entremos en la sensibilidad del Evangelio que es entrar en la sensibilidad del amor, pero un amor que nos eleva y que al mismo tiempo nos hace más espirituales. Escuchemos en lo hondo de nosotros mismos el verdadero sentido de las palabras de Jesús.

domingo, 7 de diciembre de 2025

Desde nuestra fe no podemos estar de vuelta porque confiamos en la Palabra de Dios y la esperanza envuelve siempre nuestra vida, por eso escuchamos a los profetas

 


Desde nuestra fe no podemos estar de vuelta porque confiamos en la Palabra de Dios y la esperanza envuelve siempre nuestra vida, por eso escuchamos a los profetas

Isaías 11, 1-10; Salmo 71; Romanos 15, 4-9; Mateo 3, 1-12

¿Estaremos ya también nosotros de vuelta cansados de profetismos y de promesas? Parece que ya no nos queremos creer nada. En la situación en que vivimos hoy en nuestro mundo con tantas calamidades, sufrimientos, miserias, violencias, guerras ya no nos creemos cuando nos anuncian una cercana paz, un término pronto de las guerras, nos hablan de diálogos y conferencias para encontrar soluciones, y ya algunas veces parece que nos quieren dar fechas de la terminación de esos conflictos. Pero no lo vemos porque los tambores de guerra siguen sonando, la gente continúa sufriendo y muriendo y por muchos movimientos de reivindicaciones que hagamos pareciera que todo se queda en espectáculo, pero no vemos ese final feliz.

Tenemos la tentación y el peligro de vivir en la desesperanza. Los nubarrones negros siguen envolviéndonos. ¿Habrá alguna manera de despertar esa esperanza? Los cristianos, seguidores de Jesús podemos dejándonos envolver por ese desencanto. Lo que celebramos y queremos vivir – porque también hay el peligro de hacer celebraciones pero que eso no se convierta en vida – tiene que despertar en nosotros unas nuevas esperanzas. ¿Terminaremos por fiarnos de la Palabra de Dios?

Estamos haciendo este camino de Adviento, aunque desgraciadamente todos no le dan la misma hondura a lo que significa este camino y se quedan en demasiadas superficialidades, este camino, digo, precisamente es una invitación a despertar esa esperanza. Por aquello que nos preparamos para celebrar el nacimiento de Cristo en la próxima navidad queremos empaparnos de aquel espíritu que nos trasmiten los profetas en la preparación de la venida del Mesías para nosotros hacer y sentir que la celebración de la navidad que vamos a tener nos lleva a trabajar y crear ese mundo nuevo que tanto necesitamos.

Una auténtica celebración de lo que queremos vivir en estos días tendría que realizar una transformación profunda de nuestras vidas que tendría que notarse en algo nuevo en nuestras comunidades y en consecuencia en nuestra sociedad. No es solo un recuerdo que ponga aires de fiesta en nuestro ambiente pero que luego pronto se apaga. Nosotros decimos que nuestras celebración no son sólo memoria sino memorial, porque significa hacer vida en el hoy de nuestra vida aquello que estamos celebrando, es sentir que en verdad Jesús viene y está en nosotros y con nosotros para realizar ese mundo nuevo que se nos anuncia.

Si cuando pase la navidad no queda nada de eso nuevo reconozcamos que fue pobre aquella celebración, que en ella no pusimos toda nuestra vida. Y tendrá que notarse en nuestras actitudes y comportamientos, en la manera nueva de afrontar la vida y los problemas que en ella nos van surgiendo, en la manera cómo superamos tristezas y sufrimientos con un nuevo rostro de una alegría esperanzada, en esos gestos nuevos con los que vamos manifestando que estamos queriendo vivir algo nuevo y distinto, en ese ambiente distinto que vamos a tener en nuestras familias y en nuestras comunidades, en ese despertar de nuestra generosidad y nuestro compromiso para salirnos de nuestras rutinas y de esa vida en que parece que vamos arrastrándonos.

Las palabras que escuchamos en la Palabra de Dios, de los profetas o del evangelio no son palabras huecas y vacías, son palabras que nos tienen que impulsar a comenzar a hacer ese camino nuevo. Eso que nos anunciaban los profetas o esas palabras que le escuchamos a Juan Bautista cuando ya inmediatamente está preparando los caminos del Señor tenemos que tomárnoslo muy en serio. No temamos esa hacha que viene para destruir sino para podar y quitar tantas ramas secas de nuestra vida, no temamos ese fuego renovador y purificador del espíritu que nos hace quemar todo eso viejo que aún permanece en nosotros y que es como un renuente que nos impide avanzar, no temamos ese bieldo que levanta el trigo en la era para que el viento se lleve la paja y la parva y quede limpio el grano como fruto que sea verdadero alimento para nuestra vida. Cuántas cosas que podar y quemar, cuantas cosas que tenemos que dejar que se las lleve el viento.

La figura del profeta con su austeridad en el desierto nos hará relativizar muchas cosas que nos parecían primordiales e importantes pero que no lo son tanto; su figura y sus palabras nos invitan a la conversión, a esa transformación de nuestra vida desde esa nueva esperanza que tiene que reinar en nuestros corazones.

Si cada uno de nosotros ponemos nuestro paso en ese camino de renovación al final tendrá que notarse algo nuevo que mejora nuestro mundo y vuelve a despertar la esperanza. Recojamos también el buen sentir de tantos, aunque no siempre sean motivados por la fe, que trabajan comprometidos en sus movilizaciones por ese mundo nuevo y mejor; también a través de ellos nos puede llegar la voz de Dios a nuestros corazones, porque sabemos que en eso bueno que queremos emprender está Dios.

Nosotros, desde nuestra fe, no podemos estar de vuelta porque confiamos en la Palabra de Dios y la esperanza envuelve siempre nuestra vida. Por eso escuchamos con atención la palabra profética que llega a nuestra vida.


viernes, 22 de agosto de 2025

En la medida en que creemos más humanidad sembrando valores y actitudes de amor y respeto al otro estaré haciendo anuncio de la Buena Nueva de Jesús

 


En la medida en que creemos más humanidad sembrando valores y actitudes de amor y respeto al otro estaré haciendo anuncio de la Buena Nueva de Jesús

Rut 1,1.3-6 14b-16.22; Salmo 145; Mateo 22,34-40

¿Cuál es la auténtica religión? Quizás tendríamos que comenzar por preguntarnos. Ya sé, es cierto, que la expresión religión hace referencia a nuestra relación con Dios, la forma cómo expresamos y vivimos todo lo que desde la fe nos hace entrar en relación con Dios. Pero Jesús viene a decirnos hoy algo muy importante que tenemos que analizar bien y entender en toda su profundidad. Nunca nuestra relación con Dios nos puede separar de nuestra relación con los demás, es más, tendríamos que decir que no habría una auténtica relación con Dios si nos falta esa relación de humanidad con los demás.

Ya conocemos las diatribas que tenían los fariseos y demás grupos religiosos  de entonces con Jesús. Siempre estaban al acecho a ver cómo podían cogerle en sus palabras, porque no le aceptaban, porque no llegaban a entender el sentido del Reino de Dios que Jesús anunciaba, porque de alguna manera – y podemos hablar en un sentido político también – se ponía en peligro su estatus social y la forma como ellos manipulaban al pueblo. De aquellas interpretaciones que los doctores de la ley, pertenecientes a estos grupos de fariseos o saduceos, habían surgido aquella multitud de mandamientos que hacía que el pueblo se sintiera como una losa encima sin saber qué cumplir o qué era lo más importante.

Después que vieran que Jesús les hacía callar con sus explicaciones y también con el estilo de su vida es cómo deciden los fariseos que un doctor de la ley viniera con esa pregunta a Jesús. ‘¿Cuál es el mandamiento primero y principal de la Ley?’ Pregunta ociosa, tendríamos que decir, porque en la ley estaba, todos debían conocerlo, porque de alguna manera era como una oración a repetir a la entrada o salida de casa, al emprender tarea o al ponerse en camino.

Y es con lo que les responde Jesús, lo escrito en la ley. ‘Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente’. Pero Jesús añade algo más que estaba también contenido en la ley y que no podían rechazar. ‘Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Aquí les viene a decir está el fundamento de todo. ‘En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas’.

Fijémonos bien, nos habla de un segundo mandamiento con igual importancia, ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. Son inseparables. No podemos decir que cumplimos uno sin cumplir el otro. Nuestra humanidad no puede estar alejada de Dios. En la medida en que crecemos en humanidad estaremos creciendo en el amor de Dios. Para decir que amamos a Dios sobre todas las cosas, ‘con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente’, como nos dice con ese mismo amor tenemos que amar al prójimo, como nos dice, ‘como a ti mismo’. 

Cuántas veces nos puede suceder que decimos que amamos mucho a Dios, y no nos puede faltar nuestros rezos y nuestra oración cada día, y acudimos a Dios en toda ocasión desde nuestras necesidades o nuestros problemas porque sabemos que El es nuestra fortaleza y nuestra vida, vamos a la Iglesia y participamos en todas las celebraciones, y ya pensamos que con eso está todo hecho, somos unas personas muy religiosas y muy cristianas.

¿Y dónde está nuestro amor al prójimo? ¿Dónde está la humanidad que estamos construyendo? ¿Cómo son de auténticas nuestras relaciones con los demás? ¿Qué preocupación sentimos por los demás, por sus derechos y por el respeto que hemos de tener a toda persona, por sus necesidades o sus angustias, o por compartir también con ellos sus alegrías? Es ahí en estos pequeños detalles, en esa cercanía, en esa amistad que cultivamos con todos, en ese respeto mutuo, es donde le estamos manifestando el amor, y cuando estamos creciendo en el amor a los demás estaremos creciendo en nuestro amor de Dios. No lo podemos separar, el uno alimenta al otro, desde el amor de Dios tendremos fuerza para amar al hermano, pero desde ese amor al hermano estaremos haciendo crecer el amor de Dios en nosotros, y le estaremos dando verdadera gloria.

No me canso de hablar de humanidad, de cultivar todo eso que nos acerca al otro, porque sé que con ello estoy haciendo anuncio también de la buena noticia de Jesús. En la medida en que creemos más humanidad iremos sembrando más sentimientos y actitudes cristianas, y todo eso nos llevará al encuentro con Dios.


miércoles, 11 de junio de 2025

No es la norma por la norma, ni el cumplimiento formal de las cosas, es la plenitud, la hondura que le damos a la vida lo que nos hará sentirnos felices en lo que hacemos

 


No es la norma por la norma, ni el cumplimiento formal de las cosas, es la plenitud, la hondura que le damos a la vida lo que nos hará sentirnos felices en lo que hacemos

Hechos 11, 21-26; 13; Salmo 97;  Mateo 5, 17-19

Muchas veces ni nos entendemos a nosotros mismos. Sentimos como una rebeldía interior ante las cosas que tenemos que hacer, responsabilidades que hemos asumido, planteamientos que nos hemos hecho para la vida, normas que tenemos que cumplir porque vivimos en una sociedad donde todos estamos relacionados los unos con los otros y eso en cierto modo nos obliga a unos comportamientos, a unas costumbres, a una manera de tratar a las personas que están en torno nuestro, y nos parece sentir el deseo de romper con todo, de hacerme mi vida a mi manera, que no haya ninguna ley que se me imponga para lo que tengo o no tengo que hacer. Nos parece que comenzar todo nuevo de cero es donde está la solución.

Quizás sí tendríamos que preguntarnos por qué hacemos las cosas o qué sentido le estamos dando a eso que tenemos que hacer; porque no se trata de hacer por hacer, como una rutina de la que no nos podemos salir, no es solo el cumplimiento por cumplimiento lo que nos hará saborear lo que estamos haciendo. Y es por ahí por donde vamos a encontrar solución, vamos a darle un sentido a lo que hacemos, nos va a dar verdaderas motivaciones para realizar ese camino que tenemos que recorrer en la vida.

Y esto entra también en el plano de lo religioso, de la vida de religión, de relación con Dios, en nuestro caso el sentido de ser cristiano. Buscarle el sentido hondo, no es romper por romper. Es lo que nos está planteando Jesús en este evangelio de hoy.

La situación en la que vivían los judíos no era ni fácil ni buena. Se sentían, es cierto, herederos de una fe, la pascua judía lo venía a manifestar, porque ellos estaban siempre recordando como Dios había liberado a sus padres de la opresión de Egipto y los había conducido por el desierto hasta traerles a aquella tierra que les había prometido. En el Sinaí habían hecho aquel pacto, aquella alianza porque la que ellos se sentían el pueblo de Dios y confesaban que Yahvé era su único Dios. Con la Alianza habían recibido los mandamientos que eran como el cauce por el que había de discurrir sus vidas. Claro que aquellos diez mandamientos se habían multiplicado en una infinidad de normas y preceptos que venían a regular toda la vida del creyente judío. Al final andaban confundidos y hasta de esa ley de Dios querían liberarse.

Había aparecido Jesús, como un gran profeta – se preguntaban si no sería El el Mesías – que les hablaba de un Reino nuevo, el Reino de Dios, y a ellos les parecía que todo tenía que cambiar. Es cierto que Jesús les había pedido capacidad de conversión, de cambio, de transformación para poder creer y aceptar ese Reino de Dios. Pensaban que era hora de quitarse esa pesada ley de encima.

Estamos escuchando a Jesús en lo que llamamos el sermón del monte, que comenzó con la proclamación de las bienaventuranzas para quienes aceptaran ese Reino de Dios. Pero en su manera simple de ver las cosas pensaban que todo iba  cambiar. Jesús es claro, El no ha venido a abolir la ley y los profetas, sino que ha venido a darle plenitud.

¿Qué significaba el darle plenitud? La ley no había que cumplirla por cumplirla, no era solo cumplimiento rutinario lo que haría caminar los caminos del Reino de Dios. Había que encontrar un sentido, un valor, un por qué de aquellos mandamientos del Señor, encontrar aquello que iba a ser el centro, el meollo que le diera sentido y valor. Y eso sí que nos cuesta, porque eso va a exigir una nueva manera de ver y mirar las cosas, todo lo que hacemos; era darle hondura y sentido que solo en el amor podríamos encontrar.

Hablaba con alguien estos días y me decía qué rollo ese de tener que ir a Misa, y no solo contentarme con cumplir con la misa de los domingos, sino también en otros días o momentos. ¿Un rollo? Yo le preguntaba ¿y por que vas a Misa? ¿Lo haces solo por cumplir, o por realizar algo, allí el cura hace sus rezos, porque yo quiero recordar a mis difuntos y pedir por ellos? ¿Vas a misa solo porque es la fiesta del pueblo y está bien que todos vayamos a la misa y a la procesión?

No puedo ir a misa solo desde esos condicionamientos, tengo que pensar en cómo voy a alimentar mi fe, porque allí se nos proclama y explica la Palabra de Dios; pero tengo que pensar que no soy para ser solo un espectador de unos ritos que allá en altar se realizan, sino que voy a encontrarme con el Señor, a escucharle en lo hondo de mi mismo, al tiempo que voy a alimentarme de El que se hace comida para mi en la Eucaristía; voy a misa, le decía, por algo más hondo que una costumbre o una tradición, una ley que me han impuesto y un simple cumplimiento. Si voy solo por estas razones es cierto que será un aburrimiento porque estoy pensando en otras cosas que podría estar haciendo, será algo frío y sin sentido de fiesta y alegría por mi encuentro con el Señor, porque solo voy a cumplir, a que dejen marcado en el carné de mi vida que he cumplido viniendo a Misa. Será otra la plenitud que tengo que darle a mi celebración.

Es lo que nos está diciendo Jesús, El ha venido a dar plenitud. Ojalá que lo sepamos entender y lo sepamos vivir, porque ese es el que será grande en el Reino de los cielos.

jueves, 3 de abril de 2025

Credibilidad fundamentada en el testimonio de las obras que son signos del actuar de Dios en Jesús que será la credibilidad que podamos ofrecer de nuestro testimonio de fe

 

Credibilidad fundamentada en el testimonio de las obras que son signos del actuar de Dios en Jesús que será la credibilidad que podamos ofrecer de nuestro testimonio de fe

Éxodo 32, 7-14; Salmo 105;  Juan 5, 31-47

¿Nos creemos los unos a los otros? Las relaciones humanas están basadas en nuestra mutua credibilidad, es lo que decimos, pero es también lo que hacemos, no solo en grandes momentos o en situaciones extraordinarias, sino también en esas pequeñas cosas de cada día que nos pueden parecer detalles pero que son las que le van dan color a la vida y a lo que hacemos; pero también mutuamente en lo que pensamos y en lo que nos decimos unos de otros encontramos ese testimonio de credibilidad; que alguien hable bien de ti, que recuerde a los demás el valor de lo que haces aunque parezca que pase desapercibido es algo que apuntala esa mutua credibilidad que nos ofrecemos y facilitará la mutua aceptación y valoración que o tenemos o que nos damos, hará mejores nuestras relaciones entre unos y otros, y nos impulsará a ese colaborar juntos en proyectos comunes o en las metas que nos propongamos.

Ya sabemos, por otra parte, que siempre nos vamos a encontrar quien quiere sembrar la cizaña de la desconfianza, de poner en duda la credibilidad u honorabilidad de una personas cuando se obra desde el orgullo, la envidia y toda esa serie de actitudes negativas que vienen a envenenar el corazón  de los demás. Los partidismos en este sentido también hacen mucho daño, porque solo queremos ver lo que nos interesa o lo que nos favorece y no aceptaremos que alguien con más valores venga a empañar nuestros brillos; olvidan quizás que las personas con más valores humanos nunca van a actuar para quitar el brillo de los demás, sino que sabrán siempre aprovechar cualquier destello de luz por pequeño que sea para hacer más luminoso nuestro mundo.

En las palabras que escuchamos hoy en el evangelio se nos refleja ese rechazo que algunos sectores de la sociedad de su tiempo tienen contra la enseñanza y el actuar de Jesús. No llegan a entender el mensaje del Reino de Dios que Jesús les está anunciando y sienten que una transformación del mundo según esos valores del Reino de Dios va a poder significar para ellos como una perdida de poder o de influencia en aquella sociedad que de alguna manera están manipulando.

Se oponen a la palabra de Jesús, no quieren aceptar la credibilidad de las palabras y de los hechos que Jesús realiza, no ven las señales de que Dios está actuando en Jesús y no lo quieren reconocer como el enviado de Dios. Es una historia que se repite porque eso fue en la continuidad de los tiempos el rechazo que siempre tuvieron de los profetas en su momento presente, aunque con el paso del tiempo sintieran la verdad de lo anunciado por los profetas. Ningún profeta es bien mirado en su tierra, que dijera Jesús un día allá en su pueblo de Nazaret como un preanuncio de todo lo que a Jesús le iba a suceder.

Habla Jesús del testimonio de Juan el Bautista que fue su precursor, como habla Jesús por una parte del testimonio de la misma Escritura en lo anunciado por Moisés y los profetas, como del testimonio de sus obras que son signos de que El es el enviado del Padre, ‘y el Padre que me envió, él mismo ha dado testimonio de mí. Nunca habéis escuchado su voz, ni visto su rostro, y su palabra no habita en vosotros, porque al que él envió no lo creéis’ nos dice Jesús.

A través de las obras que Jesús realiza se nos está ofreciendo el testimonio venido desde el cielo, convirtiéndose el Padre en el primer testigo de la obra de Jesús. ‘Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibisteis; si otro viene en nombre propio, a ese sí lo recibiréis. ¿Cómo podréis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros y no buscáis la gloria que viene del único Dios?’ Y aquí claro que nosotros podemos recordar aquella voz venida del cielo en lo alto del Tabor señalándolo como su Hijo amado al que debíamos escuchar.

Mantengamos viva nuestra fe de la que tenemos que dar testimonio con nuestra vida, con nuestras obras; será lo que también dará credibilidad a nuestra fe a través de nuestro compromiso de amor. Es el camino de crecimiento espiritual que hemos de ir haciendo en nuestra cuaresma como camino hacia la Pascua.

lunes, 24 de marzo de 2025

No perdamos esa fuerza interior que nos da la propia palabra de Dios, guiados y fortalecidos por el Espíritu que nos pone en camino y anima nuestra vida aunque haya vientos en contra

 


No perdamos esa fuerza interior que nos da la propia palabra de Dios, guiados y fortalecidos por el Espíritu que nos pone en camino y anima nuestra vida aunque haya vientos en contra

2 Reyes 5, 1-15ª; Salmo 41; Lucas 4, 24-30

Cuando tenemos los vientos en contra nos paralizamos. No nos gusta el viento en contra, no nos gustan las tormentas. Ahora cuando nos anuncian una alerta por alguna tormenta que se acerca enseguida nos ponemos a buen recaudo evitando los peligros. Pero siempre ha habido tiempos malos y nos hemos visto obligados a afrontarlos para seguir viviendo.

Pero es una imagen de lo que es la vida. Quisiéramos que todo sea placidez, tranquilidad, que las cosas marchen bien siempre, que no nos encontremos obstáculos en el camino. Pero no es fácil. Nos encontramos fácilmente vientos en contra, porque las cosas no nos salen como nosotros queremos, porque nos encontramos con gente que piensa distinto y algunas veces por eso nos hacen la guerra, porque habrá quienes nos malinterpreten en lo que decimos o en lo que hacemos, porque tenemos nuestras debilidades y tropiezos y nos cuesta superarnos, porque muchas veces nos guiamos demasiado por nuestro amor propio y nuestro orgullo, porque esperamos reconocimientos y honores que no siempre nos dan o nos quitan los méritos. Muchas todo se nos hace pendiente, o nos cuesta subir, o nos resbalamos y deslizamos sin parar en la bajada. ¿Seremos capaces de seguir adelante a pesar de todo?

El evangelio de Jesús siempre es luz en nuestro camino. Y el anuncio del evangelio no fue fácil, ni para Jesús entonces, ni a sus seguidores a lo largo de los siglos. El evangelio que por supuesto siempre es una buena noticia, una buena noticia de algo nuevo que Jesús nos ofrece que nos obliga a confrontar nuestra vida; nuestra vida con nuestras rutinas, con nuestras costumbres envejecidas, con tantos apegos que se nos van acumulando en el corazón de los que tenemos que desprendernos, con nuestras apetencias y con nuestros orgullos que muchas veces crean una cerrazón en nuestra vida. Esa confrontación cuesta, porque si creemos en esa buena noticia que nos trae Jesús muchas cosas tendrán que cambiar en nuestra vida, algo nuevo tenemos que vivir, de muchas cosas, como decíamos, tenemos que desprendernos, y eso produce desgarro y crea una incomodidad en nuestra manera de ser y de vivir.

Hoy en el evangelio vemos que aunque en principio se llenaron de orgullo cuando Jesús en la sinagoga salió a hacer la lectura de la Palabra, porque era uno de ellos, alguien que habían conocido de niño, que allí estaban aun sus parientes, como hasta ellos habían llegado noticias de los signos que Jesús iba realizando por aquellos pueblos de Galilea, ahora están esperando milagros y cosas extraordinarias porque para eso era su pueblo. Pero ese no es el estilo de Jesús, ese no es el sentido del evangelio, no nos podemos apropiar de esa buena noticia para hacer de ella algo que favorezca nuestros intereses o nuestros orgullos. Como nos sucede a nosotros tantas veces que nos volvemos manipuladores siempre en dirección a nuestros intereses u orgullos personales; y somos capaces de manipular hasta la religión y hacer nuestras interpretaciones interesadas.

Jesús les recuerda que los profetas no fueron simplemente satisfaciendo los intereses de la gente, sino que su palabra o los signos que realizaban tenían un sentido y un valor superior. Mucha gente hambrienta había en Israel pero el profeta Elías a quien atendió fue a aquella viuda de Sarepta de Sidón, que no era judía; muchos leprosos había en Israel y a quien curó el profeta Eliseo fue a Naamán el sirio.

Y las gentes de Nazaret entendieron las palabras de Jesús pero por eso se rebelaron contra El y hasta querían arrojarlo por un barranco. No fue aceptado por sus gentes. Las tinieblas no quisieron dar paso a la luz. Pero Jesús se fue a otra parte porque su misión tenía que seguirse realizando.

Todo esto tiene que tener lectura para nuestra vida; con esos vientos en contra, como decíamos al principio; todo esto tiene que ver con nuestra fe y la manera de expresarla y de vivirla; todo tiene que ver con nuestro compromiso cristiano de ser luz en medio de nuestro mundo, aunque las tinieblas rechacen la luz. Tenemos que seguir siendo luz, tenemos que seguir dando nuestro testimonio, haciendo nuestro anuncio, sembrando semillas que transformen nuestro mundo aunque haya pedruscos y haya zarzales, aunque no siempre el terreno esté bien preparado o los pájaros se coman las semillas caídas en el camino.

No perdamos esa fuerza interior que nos da la propia palabra de Dios; sintámonos guiados y fortalecidos por el Espíritu que nos pone en camino y anima nuestra vida.

jueves, 20 de marzo de 2025

Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto… prestemos oído a la Palabra de Dios

 

Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto… prestemos oído a la Palabra de Dios

Jeremías 17, 5-10; Salmo 1; Lucas 16, 19-31

Dicen que cuando tenemos demasiados pucheros al fuego, alguno terminará por quemarse, no los podemos atender. ¿Nos pasará así en la vida? Cuando estamos atendiendo a muchas cosas será difícil por muchos malabarismos que hagamos que podamos darles a todas las cosas la misma importancia, o la importancia que cada cosa necesita. Miramos nuestras casas, miramos nuestra habitación, de cuántas cosas la hemos ido llenando, cuantas cosas vamos acumulando, y ni siquiera la limpieza o para un elemental orden podemos mantener. ¿Habrá que desprenderse de muchas cosas superfluas?

Es lo que nos sucede cuando nos rodeamos de lo material, cuando lo convertimos en el centro de nuestra vida, cuando lo importante para nosotros es ganar para acumular riquezas de las que al final ni sabremos disfrutar, porque estaremos tanto tiempo cuidándolas para no perderlas que no nos valemos de ellas para encontrar lo que verdaderamente dé satisfacción a nuestra vida.

Quien vive así no se dará cuenta de lo que tiene alrededor y que no es solo lo material y no sabrá disfrutarlo; cegado por el brillo de sus tesoros no sabrá admirarse con el resplandor de un amanecer; encerrado en sus cosas que quiere a toca costa conservar y ponerlo a buen recaudo para que no se lo roben no se dará cuenta de las personas que tiene a su alrededor, de lo bueno que puede encontrar en esas personas que le hará disfrutar de la vida, pero tampoco de la necesidades o de los problemas que puedan tener para tender una mano y prestar ayuda cuando tantas cosas tienen.

Creo que a una reflexión ha de llevarnos las parábolas que hoy Jesús nos propone en el evangelio. Habla del rico que vivía esplendorosamente pensando solo en sus fiestas y en sus orgías y no era capaz de darse cuenta, de ver al pobre que estaba a la puerta de su casa con hambre y con necesidad de lo elemental para su vida. Qué abismo más inmenso había puesto entre ambos cuando solo pensaba en si mismo para llegar a un desconocimiento de la realidad de pobreza que tenia a su puerta.

¿Iremos creando nosotros abismos así en nuestro entorno? La realidad es que nuestro mundo está lleno de abismos, ya hasta le damos diferentes nombres a esos mundos en los que habitamos desde las diferencias que hay entre unos y otros; son también los abismos de nuestras discriminaciones tan variadas en las formas en que las manifestamos, de las diferencias sociales que hace que nos desconozcamos los unos de los otros, de las prepotencias con que vamos por la vida tanto a nivel individual con nuestras vanidades como también desde esos orgullos de raza o de la región a la que pertenecemos que crean diferencias o de los diferentes grupos que componen nuestra sociedad.

Y cuando creamos un abismo no somos capaces de ver quien es el que está al otro lado. Muchas consecuencias tendríamos que sacar de todo esto. ¿Qué es lo que nos tendría que despertar? Son cosas que nos adormecen nuestro espíritu; envueltos así en las cosas materiales no somos capaces de levantarnos hacia otra trascendencia; cuando nos encerramos así en nosotros mismos perdemos la sensibilidad para una nueva sintonía espiritual; ya nada escuchamos, todo chirría en los oídos de nuestro corazón, y no nos dejamos iluminar por el evangelio.

Es curioso que aquel rico epulón que tarde se diera cuenta de sus errores, desde su abismo pide milagros y apariciones para que no les suceda lo mismo a sus hermanos que vivían también con el mismo sentido de vida.

¿Estaremos también nosotros esa cosa extraordinaria que nos despierte? Seguimos siendo dados a esas cosas y allá vamos de un lado para otro cuando oímos hablar de sucesos extraordinarios, pero no somos capaces de darnos cuenta de la maravilla de la presencia de Dios cada día en nuestra vida y desoímos su Palabra; estamos más prontos para escuchar una fábula que nos viene de acá o de allá – qué damos somos a esas místicas orientales que se nos ponen de moda – que escuchar el evangelio y la Palabra de Dios que nos trae y nos recuerda lo importante, el amor de Dios en nuestra vida.

‘Tienen a Moisés y los profetas, que los escuchen… porque ni aunque resucite un muerto van a ser capaces de cambiar sus vidas’.

lunes, 23 de diciembre de 2024

Que la luz de navidad que se va a encender no sea luz de pronta caducidad que tan pronto se enciende como se apaga, sino una luz permanente para nuestra vida

 




Que la luz de navidad que se va a encender no sea luz de pronta caducidad que tan pronto se enciende como se apaga, sino una luz permanente para nuestra vida

Malaquías 3, 1-4. 23-24; Salmo 24; Lucas 1, 57-66

Un nacimiento siempre nos abre a la vida, al futuro, a la esperanza. Es la gran alegría de un hogar, el nacimiento de un niño. Pero es una alegría contagiosa, todos los familiares se alegran, los vecinos felicitan a la madre y no faltan las atenciones y los regalos. Es la ternura de un niño recién nacido, pero es la ternura de la vida que a todos nos emociona. Es el arranque de unos sueños porque de alguna manera todos pensamos en el futuro, en lo que va a ser, en lo que puede ser este niño que ahora contemplamos recién nacido. Parece un ser indefenso pero a todos nos pone en movimiento a su alrededor.

En las montañas de Judea todo era alegría. Se alegraban porque Dios había regalado su amor y su misericordia a aquella familia que no tenían hijos y parecían perdidas las esperanzas de poder tenerlo. Sentían que la mano de Dios estaba con ellos lo que les hacía que sus sueños fueran, por así decirlo, más intensos. ‘¿Qué será de este niño?’ se preguntaban porque muchas cosas maravillosas y extraordinarias estaban sucediendo en su entorno.

Su madre era mayor y parecía estéril pero Dios le había concedido el don de la maternidad. Su padre, que era sacerdote del templo de Jerusalén, después de un servicio en el templo, que parecía coincidir con los nueve meses del embarazo de la madre, había vuelvo mudo de Jerusalén después de ejercer allí su oficio. Ahora la madre pretende ponerle un nombre distinto al habitual, que era ponerle el mismo nombre del padre del niño, pues quería llamarlo Juan como significación de que Dios había manifestado su misericordia con aquella familia – era el significado del nombre – y el padre al que habían preguntado por señas así lo había ratificado escribiéndolo en una tablilla; pero no se habían terminado ahí las cosas asombrosas, pues había recobrado el alma y había comenzado a cantar en acción de gracias a Dios, señalando lo que sería la misión de aquel niño. ‘¿Qué será de este niño?’ se preguntaban y no sin razón, por lo que todos alababan a Dios.

Hoy nosotros casi en las vísperas del nacimiento de Jesús estamos contemplando en el evangelio el nacimiento de Juan. Profeta del Altísimo, lo llamará su propio padre Zacarías; el que viene a preparar los caminos del Señor, como había anunciado los profetas; el mensajero de la Alianza como dicho también el profeta Malaquías, como hoy mismo hemos escuchado; como el fuego de fundidor, como lejía de lavandero… acrisolará como oro y plata, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas… le contemplaremos invitando a la penitencia en la orilla del Jordán.

Contemplamos a Juan en su nacimiento, con la misma ilusión que contemplamos a un recién nacido como una promesa de futuro; contemplamos el nacimiento de Juan y nos llenamos de esperanza, porque es la aurora de la salvación que llega; contemplamos a Juan y también nos sentimos invitados a la alegría que nace de la esperanza, porque ya está cercano el día del Señor, sentimos cercana a nosotros lo que es la misericordia y la compasión del Señor que sobre nosotros está también volviendo su rostro. También nosotros queremos prorrumpir en cánticos de alabanza al Señor, también queremos tener bien dispuesto nuestro corazón para sentir y para vivir la misericordia de Dios en nuestra vida.

Es el preparativo importante que tenemos que hacer para la navidad. Disponemos nuestro corazón, disponemos nuestras actitudes, nos abrimos al amor del Señor que queremos también compartir con los demás. Grande e importante es la luz que nos iluminará, que no se quede en luces abocadas a la caducidad que tan pronto se encienden como se apagan, que sea una luz permanente para siempre la que se va a encender en nuestra vida con la navidad.

viernes, 22 de noviembre de 2024

Ungidos hemos sido para ser con Cristo sacerdotes, profetas y reyes, pero hemos de purificar ese templo de Dios que somos con gestos proféticos como los de Jesús

 


Ungidos hemos sido para ser con Cristo sacerdotes, profetas y reyes, pero hemos de purificar ese templo de Dios que somos con gestos proféticos como los de Jesús

Apocalipsis 10, 8-11; Salmo 118; Lucas 19, 45-48

Hay cosas que vemos que no son justas pero de alguna manera insensibilizados, porque siempre eso sido así, nadie hace nada por hacer que aquella situación cambie; quizás incluso se pueden estar dañando los derechos o la dignidad de terceras personas, pero parece que miramos hacia otro lado, porque sabemos que denunciar la situación nos puede traer problemas; detrás de esas, por decirlo así, manipulaciones puede haber personas que tienen sus intereses y tocarle sus intereses puede hacer saltar toda la violencia inimaginable contra quien osa ir en contra ‘de lo que siempre ha sido así’. Siempre ha sido así, decimos, porque es la venda que quizás los interesados han querido ponernos en los ojos para que no se vea menoscabado su prestigio o su poder en todas sus consecuencias.

¿Se atreverá alguien a levantar la voz? ¿Habrá alguien que venga y quiera cambiar las cosas, cambiar la situación, hacer que las cosas mejoren para darle más autenticidad, o para que todos puedan beneficiarse? Si el que se levanta lo hace con fuerza y convencido y es capaz de seguir adelante a pesar de todo lo que se pueda interponer por delante, ya buscarán la forma de ganárselo o de quitarlo de en medio, de desprestigiar o de poner a alguien en contra; ya sabemos de cuantas manipulaciones son capaces los que se creen con el poder en sus manos si en algo alguien les pueda hacer sombra.

¿Qué estaba pasando en el templo de Jerusalén? Para todos era un lugar sagrado, el que más, porque era como la señal o el signo de la presencia de Dios en medio de su pueblo; era el lugar del culto y de la oración, el lugar donde se ofrecían los sacrificios pero también donde los doctores de la ley enseñaban al pueblo en los diferentes espacios de aquella inmensa explanada.

Pero algo lo estaba desvirtuando;  con el motivo de las ofrendas y sacrificios que allí se ofrecían a Dios pronto se había ido convirtiendo en lugar de ser un sitio de silencio y de paz para el encuentro con Dios en la oración, en todo un mercadeo con la compra de los animales que habían de ofrecerse en los sacrificios o de las exigencias de que las ofrendas había que hacerla solo en la moneda reconocida por el templo y sus dirigentes.

No era solo ya la buena voluntad o el espíritu de servicio. Y detrás, como siempre, tantos interesados por las ganancias y beneficios que todo aquello podía producirles desde sus dirigentes religiosos a los que interesaba mantener ‘lo de siempre’ o quienes en su usura pretendían sacar ganancias hasta del manejo de las cosas de Dios. Siempre lo ha habido y – por qué no decirlo también – sigue habiéndolo, ‘lo que se hace siempre’, como antes decíamos.

Es con lo que se encuentra Jesús. Todo aquello que allí se estaba realizando en las rutinas de siempre ¿qué podría tener que ver con el Reino de Dios que Jesús venía anunciando? Aquellos valores nuevos que Jesús había ido enseñando al pueblo en su predicación y de lo que El mismo quería ser signo ¿cómo se podrían estar reflejando u oscureciendo con lo que allí estaba sucediendo?

Aquello que Jesús enseñaba de hacerse los últimos y los servidores de todos, lo del desprendimiento de toda vanidad y riqueza para compartir y para ayudar a que todos pudieran tener una vida más digna, todo lo que hablaba de comunión y de comunidad, de banquete del Reino y de autentica vigilancia en la espera del Señor que llega, de la pureza del corazón para desde una autenticidad llegar a encontrarnos con Dios, ¿cómo se podía estar reflejando allí en aquella manera de dar culto a Dios?

Ya vemos la reacción de Jesús, algo nuevo tenia que comenzar a realizarse, el cambio profundo del corazón que había pedido desde el principio tenía que manifestarse en una nueva forma de actuar, la casa de Dios no puede ser un bullicioso mercado, sino que en verdad había que hacerla en ese lugar de encuentro con Dios, en signo de ese hombre nuevo que tenía que ser un verdadero templo de Dios. Arroja Jesús a los vendedores del templo, nos dice el evangelista, aunque a muchos aquello no les gustara. Por eso a partir de entonces con más ahínco querrán quitarlo de en medio.

¿Necesitaremos hoy en nuestro mundo, en nuestra Iglesia, en nuestras comunidades gestos proféticos como los de Jesús? Con Cristo hemos sido ungidos para ser con Cristo sacerdotes, profetas y reyes. ¿Cómo nos sentimos en verdad esos sacerdotes de Dios porque hacemos de nuestra vida una ofrenda agradable al Señor? ¿Dónde está el profetismo que los cristianos tendríamos que manifestar en medio del mundo dando señales de ese mundo nuevo del Reino de Dios por el que hemos apostado cuando hemos puesto nuestra fe en Jesús? ¿Estamos siendo en verdad signos por nuestro espíritu de servicio de ese Rey que es Jesús para nosotros, como el próximo domingo vamos a celebrar, a quien seguimos y con nuestro amor hemos de hacer presente en medio del mundo?

Ese templo de Dios que es nuestra vida necesita también de una purificación; muchas cosas que tenemos que arrancar de nuestra vida y arrojarlas lejos de nosotros para que no seamos un contrasigno, sino verdaderos testigos de luz para llevar a todos los hombres a Dios. Sabemos que a muchos no les va a gustar, pero no podemos dejar de hacerlo.

domingo, 29 de septiembre de 2024

No podemos ir por la vida creyéndonos los únicos poseedores del bien y de la verdad, aprendamos a descubrir y valorar siempre lo bueno de los demás

 


No podemos ir por la vida creyéndonos los únicos poseedores del bien y de la verdad, aprendamos a descubrir y valorar siempre lo bueno de los demás

Números 11, 25-29; Sal. 18; Santiago 5, 1-6; Marcos 9, 38-43. 45. 47-48

Si no son como yo o piensan igual que yo, no serán capaces de hacer nada bueno. Puede parecer una exageración esto que estoy diciendo, pero miremos alrededor, muchas de las cosas que estamos contemplando en la sociedad de hoy tan llena de acritudes y enfrentamientos a causa de la manera de pensar, de las ideologías o de la forma de plantearse el rumbo de la sociedad y nos daremos cuenta de los exclusivismos en que vivimos, del querer imponer nuestra línea de pensamiento para que todo el mundo lo acepte y si no lo aceptan están equivocados y no hacen nada bien; demasiados dogmatismos seguimos contemplando en el mundo en el que vivimos; qué mal nos llevamos los que no pensamos lo mismo, cuantas descalificaciones, cómo destruimos todo lo que haya hecho el otro porque ya por si mismo lo consideramos malo. Y está siendo algo pegajoso de lo que todos podemos contagiarnos.

Hoy el evangelio nos da luz en este sentido, que además hemos de tener también muy en cuenta en nuestro ámbito eclesial o en el camino y vivencia de nuestra fe. Hoy vemos claramente un paralelismo entre lo que se nos narra en la lectura del Antiguo Testamento, el libro de los Números, y el episodio del evangelio. Moisés ha elegido a cuarenta ancianos para que participen con él en la misión del gobierno del pueblo, y todos se llenan del Espíritu del Señor y comienzan a profetizar; pero dos de los elegidos no participan en la asamblea, sin embargo ellos también reciben ese don de profetizar en medio del pueblo; el joven Josué le pide a Moisés que les impida el ejercitar ese don porque no habían participado en aquella asamblea, pero Moisés le dice que ojalá todo el pueblo recibiera también ese don del Espíritu del Señor.

En el evangelio sucede algo semejante. Juan se encuentra con algunos que sin ser del grupo de los discípulos de Jesús en su nombre también expulsan demonios. Se lo ha querido impedir y es lo que viene a plantear a Jesús. No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro. ‘No se lo impidáis, les viene a decir Jesús, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está a favor nuestro’.

Y nos estará enseñando Jesús cómo tenemos que aprender a valorar todo lo bueno que hagan los demás, ‘aunque no sean de los nuestros’, porque la mecha humeante que decían los profetas no se puede apagar, más bien, siempre tenemos que avivarla. Por eso nos dirá Jesús que hasta lo más insignificante que podamos hacer siempre tendrá su recompensa; y nos habla de quien es capaz de dar un vaso de agua en su nombre.

No podemos andar con exclusivismos; no podemos pensar que solo nosotros sabemos hacer cosas buenas; no podemos descartar lo bueno que hagan los demás; no podemos ir por la vida creyéndonos los únicos poseedores del bien y de la verdad. El reino de Dios se hace presente también en los buenos valores que podemos descubrir en los otros; el reino de Dios lo vamos construyendo desde esas cosas pequeñas y sencillas que nos pueden parecen insignificantes, pero que están manifestándonos también lo que es el amor de Dios que se reparte en todos los corazones.

Y de la misma manera, nos viene a decir Jesús a continuación, también hemos de cuidar esos gestos negativos, esas sombras que pueden aparecer alguna vez en nosotros porque de la misma manera también hace un daño grande a los demás. Cuidamos lo bueno que llevamos en el corazón, pero tenemos que manifestarlo por nuestras buenas acciones, como nos dirá en otro momento, para que así los hombres den gloria a Dios, pero de la misma manera tenemos que cuidar esas cosas negativas, que por nuestra debilidad, algunas veces puedan aparecer en nosotros, para que nunca hagamos daño a nadie, seamos obstáculo para que otros puedan hacer el bien o se encuentren con Dios.

Ojalá todo el pueblo se llenara del Espíritu de Dios, decía Moisés, podríamos decir, de una forma profética. Ungidos hemos sido en nuestro bautismo para ser con Cristo sacerdotes, profetas y reyes. El Espíritu de Dios también anida en nuestros corazones y es quien nos inspira lo bueno que tenemos que hacer. Profetas tenemos que ser los cristianos en medio del mundo, y no porque nos creamos mejores que los demás ni pensemos que es una cosa exclusiva nuestra el hacer el bien, el repartir esas semillas del Reino de Dios por nuestro mundo, sino porque para nosotros es como una obligación, es una misión que hemos recibido que no podemos rehuir; es una tarea que tenemos encomendada y es el testimonio que tenemos que dar.

Tenemos que presentar ante el mundo esos valores que aprendemos del Evangelio, pero precisamente en nombre de ese mismo evangelio tenemos que aprender a descubrir, a respetar y valorar también los buenos valores que tienen los demás. Nos sentimos más obligados por la fuerza del Espíritu que anida en nuestros corazones, somos morada de Dios que habita en nosotros como nos ha enseñado Jesus y templos de su Espíritu.

 

 

jueves, 26 de septiembre de 2024

Que no pesen en nosotros los miedos y las cobardías, que seamos capaces de dejarnos interrogar por Jesús y el evangelio para hacernos nuevos planteamientos

 


Que no pesen en nosotros los miedos y las cobardías, que seamos capaces de dejarnos interrogar por Jesús y el evangelio para hacernos nuevos planteamientos

Eclesiastés 1, 2-11; Salmo 89; Lucas 9, 7-9

Puede pasarnos alguna vez que algún acontecimiento que se produce en nuestro entorno nos produce una cierta inquietud, porque quizás no calibramos bien las consecuencias que tendrá y lo que nosotros pudiéramos vernos implicados, o quizás es una palabra que escuchamos, la actitud o la postura de una persona ante determinadas situaciones, los que nos pueden producir esa inquietud, plantearnos interrogantes sobre la vida, sobre lo que hacemos o sobre lo que va a suceder.

¿A quien no le inquietan los momentos que vivimos, ya sea en nuestra sociedad cercana donde no terminamos de entender por ejemplo a nuestros dirigentes ni a dónde nos llevan, o lo que esta sucediendo en nuestro mundo con tantos tambores de guerra que están sonando? Pero, como decíamos, quizás alguna vez simplemente es una persona que vemos actuar cerca de nosotros que nos hace preguntarnos de qué manera nosotros nos estamos implicando con la marcha de nuestra sociedad. Inquietudes de todo tipo pueden aparecernos muchas veces en la vida. ¿Cómo reaccionamos?

Me hace pensar en todas estas cosas y mucho más que podríamos seguir deduciendo en nuestra reflexión, lo que hoy escuchamos en el evangelio. Cuando escuchamos el evangelio no nos quedamos reducidos a aquel momento que en él se nos relatan, sino que pueden ser en verdad imagen donde veamos reflejada nuestra vida y nuestras problemáticas de hoy. Es la forma cómo tenemos que hacer que en el evangelio encontremos esa respuesta y esa luz para nuestra vida.

Herodes estaba oyendo hablar de aquel profeta de Galilea que allá por su territorio realizaba sus andanzas; a él llegan noticias de Jesús de Nazaret, claro que tendría sus medios de información como todo dirigente o todo político, porque cuanto sucediera en su reina a él le afectaba también. Y como nos dice el evangelista Herodes se pregunta quien es ese Jesús del que tanto oye hablar. Llegan diferentes versiones según también lo que eran las distintas opiniones que tenía la gente sobre Jesús. Ya sabemos que había quien lo rechazaba, no estaba de acuerdo con lo que hacía Jesús, pero mucha gente sencilla lo aclamaba.

¿Sería Juan el bautista que había vuelto a la vida? Y Herodes andaría inquieto puesto que había sido él quien lo había mandado matar. Pero le hablaban también de un profeta del que se decía que había sido arrebatado al cielo en un carro de fuego y que un día antes de la venida del Mesías haría de nuevo su aparición sobre la tierra; otros pensaban que Jesús era como alguno de aquellos grandes profetas de la antigüedad; no había concordancia y eso le hacía también estar inquieto a Herodes preguntándose por Jesús y queriendo conocerlo.

¿No se atrevería ahora porque podría echarle en cara, lo mismo que había hecho Juan Bautista a quien él también le gustaba escuchar, sobre la vida que llevaba? Algunas veces parece que queremos algo, pero mejor no menearlo por si acaso nos salga el tiro por la culata, como se suele decir, se vuelve en contra nuestra.

Toda esta reflexión también nos llevaría a nosotros a hacernos algunas preguntas. ¿Tendremos en verdad inquietud y verdaderos deseos de conocer a Jesús porque hay cosas que nos dice el evangelio que nos hace hacernos nuevos y distintos planteamientos? ¿O quizá andemos nosotros también reculando, no atreviéndonos a enfrentarnos con ese conocimiento y escucha de Jesús porque eso nos tendría que hacer tomar decisiones drásticas para nuestra vida? Muchas veces reculamos, muchas veces no queremos saber para no complicarnos, muchas veces quisiéramos cerrar ojos y oídos para no enterarnos. ¿Será que no nos tomamos tan en serio el mensaje del evangelio, el mensaje de Jesús? Muchas veces pesan en nosotros los miedos y las cobardías.