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martes, 9 de septiembre de 2025

Igual que eligió a los apóstoles con la realidad de sus vidas, sigue Jesús contando con nosotros a pesar de nuestras debilidades, porque todo es un regalo del amor de Dios

 


Igual que eligió a los apóstoles con la realidad de sus vidas, sigue Jesús contando con nosotros a pesar de nuestras debilidades, porque todo es un regalo del amor de Dios

 Colosenses 2, 6-15; Salmo 144; Lucas 6, 12-19

Hay momentos en la vida en que tenemos que tomar decisiones importantes y nos damos tiempo para pensarlo, para reflexionarlo; hay cosas que no podemos hacer solamente a impulsos podríamos decir momentáneos, aunque algunas veces tengamos esa tentación; nos sucede algo que nos impresiona, contemplamos algo que nos llama la atención y nos duele, y nos sentimos impulsados al momento pensando que algo que tenemos que hacer; es bueno que haya esa inquietud, que surjan incluso esos impulsos signos de la vitalidad que llevamos dentro, pero al mismo tiempo ponemos los pies sobre la tierra para que no sean solo sueños, y lo reflexionamos y lo maduramos; que tenemos que contar con alguien para algo que vamos a emprender y que consideramos importante, nos pensamos bien a quien vamos a escoger, sus posibilidades, sus valores y cualidades, aunque por supuesto dejamos siempre la libertad de decidir a quien escojamos su aceptación o no de lo que le proponemos. Las cosas nos las tomamos con la debida responsabilidad.

Hoy lo contemplamos en Jesús. Y nos dice el evangelio se que se fue al monte a orar y allí se pasó la noche en oración. Luego escogerá entre todos los discípulos que le seguían a doce a los que constituye apóstoles. Fue una decisión importante, nos lo manifiesta esa noche de oración de Jesús, de la que tanto tendríamos que aprender en nuestras decisiones. Jesús quiere contar con aquellos que llama apóstoles a los que veremos que va instruyendo de camino para la misión que les va a encomendar; el Reino anunciado por Jesús ha de continuar y en las manos de aquellos apóstoles está.

Cuenta Jesús con ellos y con su libertad; cuenta Jesús con ellos que también son humanos y tienen sus debilidades; habrá alguno que se queda en el camino porque al final le traiciona, habrán otros que siempre estarán pensando en sus sueños y ambiciones y donde Jesús continuamente estará enseñando, los llamará los hijos del trueno por esa intensidad con que viven el seguimiento de Jesús; todos con sus debilidades que cuando ven venir al lobo, como se suele decir, en el momento del prendimiento de Jesús se dispersan y le dejan solo; alguno a pesar de cuanto Jesús había confiado en él llegará a negar el conocerle, aunque siempre le había costado entender lo de la entrega de Jesús hasta la muerte. Pero Jesús sigue confiando en ellos, y a ellos se manifestará de manera especial después de su Pascua para que en verdad se sientan fortalecidos en su fe. Así luego se dispersarán por el mundo cumpliendo el mandato de Jesús de anunciar el evangelio del Reino de Dios.

Me hace pensar todo esto que venimos reflexionando en mi vida. Por una parte como hemos de enraizarnos en Jesús y en su evangelio, cómo tenemos que fortalecernos interiormente y dejarnos iluminar por la luz que nos viene del cielo ante cada una de esas decisiones que hemos de ir tomando en nuestra vida que quiere ser un camino de fidelidad. Pero también con corazón agradecido quiero ser consciente como el Señor sigue contando conmigo, con mis defectos y con mis debilidades, con lo que es mi vida unas veces turbulenta y otras veces adormecida, con sus buenos momentos de luz pero también con ese lado oscuro que todos tenemos fruto de nuestras torpezas y debilidades.

Quiero sentir que el Señor quiere seguir contando conmigo y siempre abre ante mí horizontes amplios donde poder realizar mi vida y vivir mi fidelidad con todas sus consecuencias. Muchas veces los caminos se tuercen y hay que tomar otras decisiones, que en ocasiones pueden ser hasta dolorosas, pero en nuestra fidelidad queremos seguir adelante, agradeciendo a Dios que siga contando conmigo y me vaya abriendo caminos que a veces eran insospechados para mí.

Lo pienso para mi mismo, como me hace mirar con una mirada distinta a los que están a mí alrededor o caminan conmigo, para hacerme comprensivo, para descubrir valores y aprender lecciones, para servir de apoyo y estimular también a los demás a vivir su fidelidad. El Señor sigue viniendo a nosotros para curar nuestras heridas y ponernos de nuevo en camino. Doy gracias a Dios por las posibilidades que me sigue dando.

sábado, 2 de agosto de 2025

Nos asomamos a la ventana de la vida para reconocer nuestra cruda realidad pero buscamos en medio de las sombras la luz que brilla y nos conduce a caminos de rectitud

 


Nos asomamos a la ventana de la vida para reconocer nuestra cruda realidad pero buscamos en medio de las sombras la luz que brilla y nos conduce a caminos de rectitud

Levítico 25,1.8-17; Salmo 66; Mateo 14,1-12

En más de una ocasión nos habremos puesto desde nuestra ventana a observar cuando sucede a nuestro alrededor; quizás inocentemente nos asomamos para contemplar el tiempo o la naturaleza que nos rodea, pero ya sea desde la ventana de nuestra casa allí donde vivimos o desde la altura de la ventana de un gran edificio en la gran ciudad es muy variado el panorama que observamos; la loca carrera de la vida, podríamos decir, con sus ambiciones y con sus sueños, con sus luchas muchas veces encarnizadas aunque solo fuera de forma sutil o con el desencanto de tantos que se arrastran por la vida, de los que reflejan sus miedos y huidas en sus formas de caminar o actuar, o de los que van avasallando todo y a todos porque poco menos que se creen los reyes del mundo, pasiones desenfrenadas o complejos que son también peligrosos por las reacciones que pueden provocar.

¿Encontraremos en medio de todo eso un rayo de luz que pueda centrarnos en la verdad y en la vida? Quizás nos pasen desapercibidos porque son los que menos ruido hacen, pero también tenemos que aprender a descubrirlos.

Me he puesto a pensar en todo esto al escuchar el relato del Evangelio que hoy se nos ofrece, un mundo de pasiones o un mundo también muy lleno de sombras desde donde se trama la maldad bajo apariencias muchas veces de fiesta y alegría. De pronto al iniciarnos o motivarnos el relato aparece alguien prepotente pero al mismo tiempo temeroso, porque quizás ya siente que le pesa la conciencia. Herodes tan poderoso y amigo de hacer lo que le apetece, ahí le vemos con sus fiestas y fastuosas alegrías pero que le dejan vacío el corazón, pero que con lo que está oyendo de Jesús comienza a temer porque recuerda que fue él quien mandó matar al Bautista. ¿Se le están apareciendo fantasmas o es la tortura de la conciencia que no ha sido recta? ¿Nos pasará también en algunas ocasiones cuando allá en lo hondo reconocemos que nuestra vida no ha sido recta?

Podríamos seguir fijándonos en la vanidad que rodea todo aquel cuadro, desde los que participan en la fiesta por agradar al poderoso, o el vacío de una bailarina que lo que pretende es despertar pasiones y no teme en convertirse en un juguete de los que parecen más poderosos; detrás el rencor y el resentimiento de quien se siente señalada en su vida turbia y que moverá los hilos que llevan a la desaparición de quien con su rectitud le atormenta en su conciencia; están también los respetos humanos y el querer quedar bien aunque tiene conciencia de que ha ido más allá de lo que sería verdaderamente justo.

Es el cuadro que se nos presenta en esa escena, pero quizás tendríamos que preguntarnos en que lugar estamos nosotros también en ese cuadro. Pero no escuchamos este relato del evangelio simplemente para que caigan sombras sobre nosotros, sino que en él tenemos que saber encontrar un rayo de luz.

Y el protagonista de esa luz es a quien ahora no le escuchamos palabra, pero que su vida ha sido y es voz que nos llama y nos invita a que encontremos el camino de la verdad, aunque sea costoso, aunque tengamos que ir contra la corriente, aunque nos cueste entregar la vida. Es lo que hizo el bautista a quien hoy contemplamos en el silencio, pero que sin embargo nos está gritando muy fuerte para que vayamos al encuentro de la luz buscando los caminos de la rectitud que nos trasmite el evangelio.

¿Nos moverá a algo la contemplación de este cuadro? ¿Iremos en búsqueda de la luz porque comencemos a ponernos en verdad en el camino del evangelio de Jesús?

lunes, 24 de marzo de 2025

No perdamos esa fuerza interior que nos da la propia palabra de Dios, guiados y fortalecidos por el Espíritu que nos pone en camino y anima nuestra vida aunque haya vientos en contra

 


No perdamos esa fuerza interior que nos da la propia palabra de Dios, guiados y fortalecidos por el Espíritu que nos pone en camino y anima nuestra vida aunque haya vientos en contra

2 Reyes 5, 1-15ª; Salmo 41; Lucas 4, 24-30

Cuando tenemos los vientos en contra nos paralizamos. No nos gusta el viento en contra, no nos gustan las tormentas. Ahora cuando nos anuncian una alerta por alguna tormenta que se acerca enseguida nos ponemos a buen recaudo evitando los peligros. Pero siempre ha habido tiempos malos y nos hemos visto obligados a afrontarlos para seguir viviendo.

Pero es una imagen de lo que es la vida. Quisiéramos que todo sea placidez, tranquilidad, que las cosas marchen bien siempre, que no nos encontremos obstáculos en el camino. Pero no es fácil. Nos encontramos fácilmente vientos en contra, porque las cosas no nos salen como nosotros queremos, porque nos encontramos con gente que piensa distinto y algunas veces por eso nos hacen la guerra, porque habrá quienes nos malinterpreten en lo que decimos o en lo que hacemos, porque tenemos nuestras debilidades y tropiezos y nos cuesta superarnos, porque muchas veces nos guiamos demasiado por nuestro amor propio y nuestro orgullo, porque esperamos reconocimientos y honores que no siempre nos dan o nos quitan los méritos. Muchas todo se nos hace pendiente, o nos cuesta subir, o nos resbalamos y deslizamos sin parar en la bajada. ¿Seremos capaces de seguir adelante a pesar de todo?

El evangelio de Jesús siempre es luz en nuestro camino. Y el anuncio del evangelio no fue fácil, ni para Jesús entonces, ni a sus seguidores a lo largo de los siglos. El evangelio que por supuesto siempre es una buena noticia, una buena noticia de algo nuevo que Jesús nos ofrece que nos obliga a confrontar nuestra vida; nuestra vida con nuestras rutinas, con nuestras costumbres envejecidas, con tantos apegos que se nos van acumulando en el corazón de los que tenemos que desprendernos, con nuestras apetencias y con nuestros orgullos que muchas veces crean una cerrazón en nuestra vida. Esa confrontación cuesta, porque si creemos en esa buena noticia que nos trae Jesús muchas cosas tendrán que cambiar en nuestra vida, algo nuevo tenemos que vivir, de muchas cosas, como decíamos, tenemos que desprendernos, y eso produce desgarro y crea una incomodidad en nuestra manera de ser y de vivir.

Hoy en el evangelio vemos que aunque en principio se llenaron de orgullo cuando Jesús en la sinagoga salió a hacer la lectura de la Palabra, porque era uno de ellos, alguien que habían conocido de niño, que allí estaban aun sus parientes, como hasta ellos habían llegado noticias de los signos que Jesús iba realizando por aquellos pueblos de Galilea, ahora están esperando milagros y cosas extraordinarias porque para eso era su pueblo. Pero ese no es el estilo de Jesús, ese no es el sentido del evangelio, no nos podemos apropiar de esa buena noticia para hacer de ella algo que favorezca nuestros intereses o nuestros orgullos. Como nos sucede a nosotros tantas veces que nos volvemos manipuladores siempre en dirección a nuestros intereses u orgullos personales; y somos capaces de manipular hasta la religión y hacer nuestras interpretaciones interesadas.

Jesús les recuerda que los profetas no fueron simplemente satisfaciendo los intereses de la gente, sino que su palabra o los signos que realizaban tenían un sentido y un valor superior. Mucha gente hambrienta había en Israel pero el profeta Elías a quien atendió fue a aquella viuda de Sarepta de Sidón, que no era judía; muchos leprosos había en Israel y a quien curó el profeta Eliseo fue a Naamán el sirio.

Y las gentes de Nazaret entendieron las palabras de Jesús pero por eso se rebelaron contra El y hasta querían arrojarlo por un barranco. No fue aceptado por sus gentes. Las tinieblas no quisieron dar paso a la luz. Pero Jesús se fue a otra parte porque su misión tenía que seguirse realizando.

Todo esto tiene que tener lectura para nuestra vida; con esos vientos en contra, como decíamos al principio; todo esto tiene que ver con nuestra fe y la manera de expresarla y de vivirla; todo tiene que ver con nuestro compromiso cristiano de ser luz en medio de nuestro mundo, aunque las tinieblas rechacen la luz. Tenemos que seguir siendo luz, tenemos que seguir dando nuestro testimonio, haciendo nuestro anuncio, sembrando semillas que transformen nuestro mundo aunque haya pedruscos y haya zarzales, aunque no siempre el terreno esté bien preparado o los pájaros se coman las semillas caídas en el camino.

No perdamos esa fuerza interior que nos da la propia palabra de Dios; sintámonos guiados y fortalecidos por el Espíritu que nos pone en camino y anima nuestra vida.

viernes, 7 de febrero de 2025

Lo bueno del pasado un estímulo para el camino de fidelidad que hacemos, los errores cometidos un motivo de reflexión para enderezar la vida

 


Lo bueno del pasado un estímulo para el camino de fidelidad que hacemos, los errores cometidos un motivo de reflexión para enderezar la vida

Hebreos 13,1-8; Salmo 26; Marcos 6,14-29

A todo todos nos sucede, hay cosas del momento presente que nos traen recuerdos del pasado; es bueno, hemos de reconocerlo, recordar cosas positivas de nuestra vida, no para llenarnos de orgullos que nos hagan creernos los mejore y subirnos en pedestales que nos hagan estar por encima de los demás, sino para reconocer de lo que somos capaces valorar lo que es bueno y sentirnos con ello estimulados a seguir nuestro camino aunque algunas veces nos exija esfuerzos.

Pero también nos puede suceder que acontecimientos o reflexiones que nos hagamos en el presente sean como un aguijón que nos pincha en la conciencia por cosas que hicimos y que no fueron buenas; todos cometemos errores en la vida, tenemos tropiezos, hacemos lo que no es bueno porque no somos santos, porque hay mucha debilidad en nuestra vida, porque algunas veces nos habremos cegado con cosas que nos hicieron tropezar. Ahora no sentimos interrogados por dentro y puede surgir la mala conciencia o el arrepentimiento; debe ser lección aprendida para que no volvamos a tropezar.

¿Le estaba sucediendo a Herodes con lo que estaba escuchando de aquel nuevo profeta de Galilea? Jesús se había ido dando a conocer, causaba admiración en las gentes y como siempre las noticias corren; a los oídos de Herodes llegó la noticia. ¿Quién era aquel profeta del que tanto hablaba la gente? Las opiniones de la gente eran diversas, pero en su interior sentía algo especial; ¿sería Juan, el profeta del desierto y del Jordán que él había mandado matar?

Esto le da ocasión al evangelista para narrarnos este episodio completando así la presentación de lo que había sido la figura del Bautista y ofreciéndonos el testimonio supremo de su vida. Juan ya estaba en la cárcel; aunque se dice que Herodes sentía admiración por Juan, instigado por la mujer con la que convivía lo metió en la cárcel porque le decía que no era lícito que viviera con la mujer de su hermano.

Se cruzan las ambiciones, las envidias, las cobardías, la maldad de los corazones heridos que tienen conciencia de que obran mal y el justo sufre las consecuencias. Cuántas veces nos sucede, como se dice, paga el justo por el pecador. Pero Juan era fiel a su sentido moral de la vida y consciente de su misión profética de preparar para la venida del Señor un pueblo bien dispuesto. No puede callar, aunque esto le lleve a la cárcel y posteriormente a la muerte. ¿Seríamos capaces nosotros de mantener una fidelidad así a unos valores y a unos principios? Cuántas veces callamos.

Y la ocasión directa viene en una fiesta que ofrece Herodes a sus invitados y la hija de Herodías baila para Herodes. Vienen las promesas entusiasmadas que luego serían difíciles de cumplir cuando hay verdaderos principios. Pero esta ocasión la cobardía lo invadió todo. La petición de Salomé instigada por su madre será la cabeza de Juan Bautista. Herodes se vio cogido por su palabra y sus promesas y el miedo a quedar mal ante sus invitados. Quedar mal ante los que nos rodean, dar la cara cuando es necesario un testimonio, cuanto nos cuesta. Y Juan fue decapitado. El testimonio de la sangre y de la vida entregada como signo de una fidelidad a una fe y a una misión.

Decíamos que de los hechos de la vida tenemos que aprender, aun cuando hayamos errado y tropezado. De este proceso del corazón de Herodes también tenemos que aprender. ¿Qué es lo que realmente guía nuestra vida? ¿Sobre qué fundamentamos lo que verdaderamente nos hace felices? ¿Hasta dónde llega la fidelidad a nuestra conciencia, a nuestra responsabilidad, a la misión que tenemos que desempeñar en la vida? ¿Cuánto dependemos de lo que pensamos que es la opinión o la valoración que la gente haga de nosotros y de nuestros actos? ¿Seremos capaces de reflexionar seriamente de lo que ha sido el proceso de nuestra vida para comenzar a actuar de manera distinta?

sábado, 28 de diciembre de 2024

La fiesta de los santos mártires inocentes ha de ser un grito a nuestra conciencia comenzar a amar y defender la vida y colaborar en todo lo que haga que haya más vida

 


La fiesta de los santos mártires inocentes ha de ser un grito a nuestra conciencia comenzar a amar y defender la vida y colaborar en todo lo que haga que haya más vida

Juan 1, 5 – 2, 2; Salmo 123; Mateo 2, 13-18

La ambición y el orgullo, la soberbia y la vanidad nos llevan siempre por caminos de sombras y de muerte; queremos sobresalir y nos dejamos envolver por las ansias de poder, aquello que pudiera empañar nuestra vanidad buscamos la manera de destruirlo porque no queremos que nada nos haga sombra, nos humilla la posible grandeza de los otros y trataremos de despreciar y minusvalorar todo lo bueno que haya en los demás o los destruimos de la manera que sea.

Es lo que hoy estamos contemplando en el texto del evangelio que se nos ofrece. El rey Herodes tuvo conocimiento con la llegada de los Magos de Oriente del nacimiento de un niño que podría hacer sombra a su reinado. Aquellos Magos hablaban del nacimiento de un Rey de los judíos y veía él entonces un peligro para su poder y su reinado. Con sus ardides de las que no tuvo resultado pretendía que los Magos le dijeran donde estaba aquel niño y se vio burlado. De ahí su reacción de mandar matar a todos los niños menores de dos años de Belén sus alrededores sembrando de muerte y de dolor aquellos campos de Belén.

‘Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron’, nos dirá el principio del evangelio de san Juan. Jesús iba a ser un signo de contradicción anunciaría el anciano Simeón en la presentación de Jesús en el templo, y de tal manera lo veremos a lo largo del Evangelio, y sigue siendo en el mundo de hoy el evangelio de Jesús. Mientras unos alaban y ensalzan las palabras y la vida de Jesús otros gritarán un día pidiendo su muerte; mientras hoy muchos intentamos seguir el camino de Jesús escuchando su evangelio, para muchos no tiene sentido ni significado lo que Jesús nos dice en el evangelio y tratarán de construir su vida en parámetros bien distante del sentido del evangelio, incluso tenemos que reconocer en algunos que quieren llamar cristianos o quieren realizar unas prácticas religiosas que llaman cristianas.

¿Cómo una tragedia de este tipo puede convertirse en motivo de fiesta para nosotros los cristianos? Por lo de signo que tiene para nosotros, el significado que siempre tuvo la sangre de los mártires, y como tales tenemos que ver a estos niños que incluso sin saberlo en su inocencia murieron por Jesús, y por el grito que puede significar para nuestra conciencia, incluso o más en el mundo de hoy, el dolor y el sufrimiento de tantos inocentes en las diferentes circunstancias de la vida.

En esa contradicción en que tantas veces nos encontramos en la vida, frente a tanto sufrimiento que encontramos a nuestro alrededor y del que algunas veces también con nuestras ambigüedades también podemos ser causa el evangelio tiene que despertarnos, una opción clara hemos de tomar en la vida y una cosa importante será siempre la defensa de la vida frente a tanta muerte como nos envuelve. No nos podemos quedar como insensibles con los brazos cruzados ante tantas cosas que llenan de sombras nuestra vida y nuestro mundo.

Tenemos que optar valientemente por unas actitudes nuevas en nuestros comportamientos y en nuestras mutuas relaciones; tenemos que sembrar de verdad semillas de luz con nuestro amor, con nuestra generosidad, con la solidaridad efectiva que vivimos con el sufrimiento de los que están a nuestro lado, con tantos gestos de vida que tenemos que ir dejando a nuestro paso para facilitar el encuentro y la buena convivencia entre todos, con esa mano tendida siempre para ayudar, para levantar, para mostrar nuestra confianza en las personas, con esa humildad que nos hace cercanos, que nos abaja de nuestros pedestales para saber caminar al lado de los sencillos, para valorar a los pequeños y ayudar a descubrir la grandeza de toda persona, sea quien sea, para nunca discriminar ni crear barreras.

Eso es poner vida, eso es defender la vida, eso es llenar de vida nuestro mundo. Algo que tenemos que cuidar, algo de lo que tenemos que dar valiente testimonio, reconociendo también que muchas veces hemos errado, siempre capaces de pedir perdón y recomenzar de nuevo.

 

lunes, 8 de julio de 2024

Necesitamos sentir y descubrir lo que es la vida que hemos de vivir en plenitud y nos hace verdaderamente felices

 


Necesitamos sentir y descubrir lo que es la vida que hemos de vivir en plenitud y nos hace verdaderamente felices

Oseas 2, 16. 17b-18. 21-22; Salmo 144; Mateo 9, 18-26

Como tengamos salud, lo tenemos todo. Eso nos decimos muchas veces. Y no queremos la enfermedad ni el sufrimiento. Aunque muchas son las ambiciones que tenemos en la vida, - porque ¿quién no quiere sacarse la lotería con lo que podríamos tapar tantos huequitos, como decimos tantas veces? ¿Quién no quiere que las cosas le salgan bien, prosperen sus negocios, o vea el fruto de su trabajo? ¿Quién en el fondo no quiere tener éxito en la vida, ganar en prestigio, poder alcanzar grandes puestos que son como logros o triunfos en la vida? – sin embargo nos decimos que teniendo salud, lo tenemos todo. Nos aparece en un momento determinado la enfermedad y nos sentimos como descolocados, no sabemos cómo reaccionar, perdemos la calma y la serenidad, nos sentimos aburridos en la vida. Pero ¿solo esa salud corporal es verdaderamente lo importante?

Seguramente podemos llegar a darnos cuenta que detrás o por encima de esa salud corporal hay otra cosa que sí puede llenar la vida. No estamos enfermos, pero estamos tristes porque quizás nos duelen los desaires que nos puedan hacer los demás. No tenemos ninguna enfermedad a la vista ni en nosotros ni en los que amamos, pero quizás no tenemos auténtica paz en casa, en las relaciones entre los más cercanos y sentimos en nuestro interior que realmente nos falta algo que nos pueda hacer más felices. Y así podemos seguir haciéndonos más comparaciones pero es necesario sentir y descubrir lo que verdaderamente es la vida que hemos de vivir en plenitud.

Hoy el evangelio nos ofrece un episodio que realmente se desdobla en dos a lo largo de su desarrollo. En principio viene un padre angustiado; ¿por qué su angustia? Su hija está en las últimas o acaba de morir – según el relato de uno u otro de los evangelistas – y pide la presencia de Jesús en su hogar; quiere que vaya le imponga las manos a su hija para que haya vida.

De camino una mujer se atraviesa, vamos a decirlo así, en el camino; viene con su enfermedad, sus hemorragias que no se curan, a pesar de haberse gastado todo lo que tenía en médicos y medicinas; pero aquella mujer tiene una confianza plena en Jesús, por eso se atreve a tocar el manto de Jesús intentando que ni siquiera El lo note. En aquella mujer hay muchos miedos y temores; su enfermedad la hacía impura y no podía presentarse en medio de la gente; después al sentirse curada sigue aún temiendo el verse descubierta, por eso intenta pasar desapercibida entre la gente hasta que no le queda más remedio que reconocer lo que ha hecho y presentarse ahora ante Jesus.

¿Es solo la enfermedad o la muerte en sentido físico lo que está afectando a estas personas? Hay angustias y otros sufrimientos del espíritu, hay miedos y desconfianzas que le hacen ocultarse; hay una paz que falta en el corazón; hay un no terminar de reconocer lo que se es también con sus debilidades, hay una turbación del espíritu que parece difícil de curar. Todavía Jairo siente desconfianza cuando aun yendo ya Jesús de camino le vienen a anunciar que ya no hay nada que hacer.

Pero cuando aquella mujer reconoce toda su situación y es capaz de manifestarse con libertad también delante de los demás, no sólo ha recobrado su salud sino que ha recobrado su dignidad, su confianza en sí misma, su propia valoración. ‘Tu fe te ha curado’, le dice Jesús; pero solo le ha curado de sus hemorragias sino que la ha curado dentro de sí misma, pero ahora sí que se sentirá otra mujer en toda su grandeza.

Te he dicho que te basta la fe, le dice Jesus a aquel hombre que parece que lo ve todo perdido. Todo cambia a la llegada de Jesús a aquella casa; no se necesitan aquellas plañideras, no hay porque seguir con crespones de duelo, pero ha renacido la vida, hay que volver al ritmo y a la armonía de aquel hogar donde los padres se vuelven a sentar con los hijos para comer juntos, con todo lo que eso puede significar. ‘Dadle de comer a la niña’, les dice Jesus cuando la levanta de su postración. Jesús viene a levantarnos de nuestra postración, esa postración de nuestras angustias y desánimos, de nuestras desesperanzas y de verlo todo negro, de nuestras pasividades y desalientos, de seguir arrastrándonos por la vida cuando podemos caminar con dignidad por nosotros mismos.

Es algo más que la salud física, del cuerpo, o la liberación de una enfermedad; hay otras cosas que pueden hundirnos y de lo que Jesús quiere levantarnos, es esa paz que quiere poner en nuestros corazones, ese buen ánimo para enfrentar la vida aún cuando aparezcan momentos duros y difíciles.

¿Comprenderemos lo que es verdaderamente importante y nos hace plenamente felices?


miércoles, 29 de mayo de 2024

No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos, no tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús porque es el guía de nuestro camino

 


No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos, no tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús porque es el guía de nuestro camino

1Pedro 1, 18-25; Salmo 147; Marcos 10, 32-45

Cuando hacemos un nuevo camino necesitamos quien vaya delante de nosotros, quien nos guíe para no errar en el camino, para encontrar la verdadera senda; eso nos dará seguridad, eso a pesar de las dificultades del camino hará que no caminemos con miedo, que no nos falte la paz. No podemos hacer el camino por nuestra cuenta, adelantarnos a quien está haciendo de guía, pretender hacer por nosotros mismos nuestras propias sendas abandonando la ruta que nos ha trazado quien de verdad conoce el camino y sabe dónde está la meta o el fin de ese camino. Es cierto que algunos son atrevidos en los caminos de la vida y quieren hacerlo por sí mismos, pero hemos de estar seguros de cuáles son nuestras metas para no trazarnos ni metas ni sendas que no nos llevan a ninguna parte, sino que al contrario nos llenan de confusión.

Jesús va delante de nosotros, como nos dice hoy el evangelio. Nos está hablando de que subían a Jerusalén; era importante aquella subida por los anuncios que ya Jesús les iba haciendo, aunque a ellos les daba miedo y no terminaban de entender. Jesús no se detiene en el camino porque sabe bien a las claras cual es la meta de aquella subida, su Pascua. Por eso les anuncia cuanto va a suceder en Jerusalén, aunque ellos, repito, no terminan de entender.

Tanto es así que no entendían que si en otra ocasión fue Pedro el que trataba de quitarle la idea a Jesús de su cabeza, encontrándose incluso con el rechazo de Jesús, ahora serán los hermanos Zebedeos los que vengan con sus aspiraciones. Motivará el recelo de los demás discípulos, como si ellos fueran a quitarles los puestos, como tantas veces nos sucede en la vida. Andamos tantas veces a la zancadilla, que cuando vemos a alguien que nos parece que no va con buenas intenciones ya andamos con nuestros recelos y desconfianzas. Así andaba el resto de los discípulos hacia los hermanos Zebedeos.

Y es que ellos no pedían cualquier cosa. Estaban adelantándose a pedir primeros puestos. Alguien tendría el poder en sus manos cuando llegara el nuevo reino que anunciaba Jesús, según lo que ellos entendían, por eso era necesario irse garantizando algún lugar de influencia; no en vano ellos eran medio parientes de Jesús. Ya conocemos el episodio y no es necesario entrar en más detalles.

Pero, ¿cuál es el camino que les está ofreciendo Jesús, El que es el guía de aquel camino? Jesús volverá a insistir en el espíritu de servicio y desprendimiento, Jesús seguirá pidiendo la generosidad del corazón para alejarse de todo lo que fueran ambiciones malsanas, Jesús seguirá diciéndonos que es el amor la única vestidura que hemos de tener la preocupación de vestir. Aunque no lo entiendan. El va por delante y su camino es el del amor, su camino es hacia la entrega, la senda que va realizando es el ir a entregar la vida, porque nadie se la arrebata sino que El la entrega libremente.

Y ese tiene que ser nuestro camino. No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos;  no podemos andar con componendas ni figuraciones; de nada nos vale la vanidad y la apariencia. Lo importante es lo que seamos capaces de dar de corazón. No tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús.

Como hoy nos dice Jesús, ‘Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos’.

¿Seremos capaces al fin de decidirnos a dar el paso de vivir esas actitudes nuevas que Jesús nos está pidiendo? ‘El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos’. ¿En qué lo vamos a manifestar? ¿Qué seremos capaces de hacer por los demás para que encuentren también ese camino de vida nueva?


sábado, 23 de septiembre de 2023

Ojalá hoy esta semilla que nos está ofreciendo el evangelio no caiga en tierra estéril sino que sepamos abonarla para que dé buenos frutos

 

 


Ojalá hoy esta semilla que nos está ofreciendo el evangelio no caiga en tierra baldía sino que sepamos abonarla para que dé buenos frutos

1 Timoteo 6,13-16; Sal 99; Lucas 8, 4-15

Se había reunido una gran muchedumbre venida de la ciudad. ¿Estaban en el campo? ¿Estaban en la orilla del lago, como expresa el otro evangelista en este mismo episodio? La gente que le escuchaba, aunque venida de la ciudad, entendían también de las labores del campo; además el episodio se sitúa en Galilea acostumbrados a ver en aquellas llanuras y valles los extensos campos de mieses, tan esencial su cultivo para poder tener la harina con que elaborar el pan.

Y es a ellos a los que Jesús les habla del sembrador que sale a sembrar la semilla. como estaba ahora Jesús en medio de aquel variado campo de personas venidas de diferentes lugares para escucharle. También sembraba la semilla sobre esa variedad de personas, cada una con sus problemas, con sus angustias, con sus pobrezas, con sus sufrimientos, pero también con sueños y ambiciones, con sus esperanzas de algo nuevo, con sus corazones atormentados, también con la indiferencia y la desgana, cansados quizás por tantas frustraciones, o también con su ideas preconcebidas que hacen mantener la distancia. ¿Cómo recibirán la semilla aquellas personas tan diversas?

Jesús habla de esa semilla sembrada a voleo, porque se quiere que llegue a todas partes, pero que va a encontrar la dureza de los caminos trillados con tantas pisadas, de los pedregales que no se han labrado o de los campos llenos de abrojos y malas hierbas; alguna semilla podrá caer en tierra buena y labrada con lo que el fruto sería más factible.

Los que pasan por el camino en nada se fijan donde pisan porque van a lo propio y la semilla será pisoteada y convertida en inservible, solo valdrá para que los pajarillos que revolotean en aquellos campos se la coman; donde la tierra no está labrada sino llena de pedruscos, no podrá enraizarse para encontrar la conveniente humedad que la haga germinar y crecer; las malas hierbas se la comerán y ahogarán las tiernas plantas que puedan surgir impidiendo que puedan llegar a dar buena cosecha; será necesario una tierra buena.

¿Los problemas en los que se ven envueltos todos aquellos que allí están escuchando a Jesus permitirán que el pensamiento se dirija a esa palabra nueva que se les está anunciando? Quienes andan con sus ambiciones y sus sueños sin poner los pies en la realidad del suelo serán incapaces de concentrar su mente en algo que les tendría que hacer despertar; a quienes les guía simplemente la curiosidad o la novedad de algo con lo que entretenerse en sus vidas aburridas poco serán capaces de escuchar lo que están oyendo, o de ver lo que está claro delante de sus ojos, porque serán quizás otros los intereses que los guían.

Estamos pensando en la situación de aquella gente que allí se había reunido en torno a jesús para escucharle sin quizás oirle de verdad, pero nos damos cuenta que es mucho de lo que sucede en nuestro entorno, o acaso en nuestros propios corazones. También andamos afanados con nuestras preocupaciones o nuestras ambiciones que no nos dejan pensar en otra cosa, prestar atención y ser capaces de llevar esa palabra a nuestra vida. Son otros los intereses que guían nuestra vida, son otras las ambiciones que tenemos en el corazón, es mucha también la superficialidad con la que vivimos pensando solo en cómo vamos a pasarlo mejor. Es fuerte el materialismo en que hemos encerrado nuestra vida que nos impide mirar a lo alto, buscar otros valores, elevar nuestro espíritu para saber encontrar lo que puede llenar de verdad nuestro espíritu y dar plenitud a nuestra vida.

¿Cómo tenemos que hacernos hoy tierra buena? Necesitamos detenernos, comenzar a tener otra vida, ser capaces de escuchar otras sintonías, buscar lo que de más profundidad a nuestra vida, hacer silencio de tantos ruidos que nos aturden en la sociedad en la que vivimos, saber encontrar paz en el corazón a pesar de tantas turbulencias que nos ofrece la vida, labrar la tierra de nuestra vida, para arrancar de nosotros tantos apegos y esclavitudes en las que vamos cayendo, abrir de verdad nuestro espíritu para encontrar esa luz que de verdad nos ilumine por dentro.

Ojalá hoy esta semilla que nos está ofreciendo el evangelio no caiga en tierra estéril sino que sepamos abonar para que dé buenos frutos.


miércoles, 13 de septiembre de 2023

Dejémonos envolver por la generosidad del espíritu, por la apertura del corazón en que tengan cabida los que pasan por nuestro lado con esas mismas situaciones difíciles de la vida

 


Dejémonos envolver por la generosidad del espíritu, por la apertura del corazón en que tengan cabida los que pasan por nuestro lado con esas mismas situaciones difíciles de la vida

Colosenses 3, 1-11; Sal 144; Lucas 6, 20-26

Todos queremos ser dichosos. ¿Quién no quiere ser feliz? Y soñamos, y nos llenamos de ambiciones y deseos, y buscamos cosas o buscamos caminos cuanto más fáciles sean mejor, pero parece que no llegamos a realizar nuestros sueños, a alcanzar esas ambiciones y deseos, y no sé si al final nos sentiremos mejor o nos sentiremos peor.

Pero quizá tendríamos que pensar en cómo queremos ser dichosos, cuales son nuestros sueños y nuestras aspiraciones; porque ya estamos diciendo que buscamos cosas o buscamos caminos fáciles.  Tendríamos, pues, que pensar en qué ponemos esos deseos de ser dichosos. Porque nos miramos y nos vemos con tantas carencias y limitaciones y podríamos pensar si acaso así podríamos alcanzar esa dicha que deseamos. Porque, claro, cuando pensamos en cosas, estamos pensando en posesiones y desde nuestra pobreza quizás pensamos que nada podremos alcanzar y que entonces no podremos ser felices. Vemos nuestras limitaciones y nos sentimos incapaces de alcanzar algo bueno. Idealizamos mucho nuestros sueños y pronto esos sueños volarán o se difuminarán, quedando el humo del recuerdo de los sueños pero también la insatisfacción dentro del corazón.  ¿Qué hacemos entonces? 

¿Qué pensaría aquella gente aquella mañana en las llanuras de Galilea cuando Jesús al bajar del monte se pone a hablarles como siempre y lo primero que dice que los pobres serían dichosos porque de ellos era el Reino de los cielos? ¿Pasarían por su cabeza todos aquellos sueños que llevaban dentro de sí, pero también la frustración de no ver realizados sus sueños? ¿Cómo podía decirles ahora Jesús que los pobres serán dichosos si siguen permaneciendo en su pobreza porque a la vista no tienen caminos que les puedan sacar de aquella pobreza?

Pero jesús les está diciendo que serían dichosos porque para ellos es el Reino de los cielos; y lo mismo les dice a los que sufren y a los que lloran, a los que son perseguidos porque buscan el bien y la justicia y desean lo mejor para el mundo en el que viven, y para todos aquellos que se ven envueltos en tantos sufrimientos y limitaciones. ¿Cómo entender las palabras de Jesús?

Podrían sentir desconcierto porque les era difícil entender lo que jesús les quería decir; pero podrían también comenzar a renacer las esperanzas en sus corazones porque parece que lo que jesús quería decirles es que tuvieran esperanza y confiaran en su palabra, aunque ahora de entrada les cueste entenderlo. Porque Jesús mantiene su palabra, y les dirá que los ricos y los que se sienten satisfechos y parece que la vida siempre les es fácil no serán dichosos.

Sí, es un grito, un anuncio, una invitación a la esperanza. Desde que había comenzado a predicar venía anunciando que llegaba el Reino de Dios y que había que darle una vuelta al corazón para creer esa buena noticia que se les estaba anunciando y para que en verdad el Reino de Dios se hiciera presente entre ellos. Y ahora les anuncia ese Reino de Dios a los pobres,  a los que lloran y a los que sufren, y a los que son perseguidos y a todos los que sienten inquietud en el corazón. 

No lo van a entender y por supuesto no lo podrán vivir aquellos que se sienten satisfechos en sus riquezas y los que en la vida parece que todo les va bien siempre. Aunque parecen satisfechos los que mucho tienen cada día querrán tener más y todo se convertirá en una carrera que nunca tiene bien porque siempre queremos más. Lo pueden entender los que viviendo en sus carencias y en su pobreza sin embargo van a saber ser felices en lo pequeño, ser felices en lo que son en su misma vida, ser felices porque desde la propia realidad de sus carencias y sentirse necesitados quizás de los demás, sin embargo sabrán tener un corazón comprensivo y misericordioso con los demás, con los que los rodean.

Jesus les está diciendo que algo nuevo comienza para ellos, pero que sin embargo todo va a depender en cierto modo de las actitudes que tengan en su corazón. No es porque sean pobres o porque sufran, es por la buena actitud que tienen en el corazón porque lo que se van a sentir verdaderamente dichosos y felices. es la apertura a la vida que siempre ha de reinar en nuestros corazones, que significa también actitudes nuevas hacia los demás. 

¿Llegaremos a entender lo que Jesús nos está anunciando y proponiendo? ¿Tendremos deseos de verdad de vivir esos valores nuevos que se nos ofrecen con el Reino de Dios?  ¿Iremos por la búsqueda de cosas o estaremos dispuestos a dejarnos envolver por esa generosidad del espíritu, por ese corazón abierto en el que tengan cabida cuantos vamos encontrando por el camino, por esa misericordia y comprensión para, incluso con nuestra pobreza o con nuestros sufrimientos, saber estar al lado de los que pasan también por esas situaciones difíciles de la vida?


lunes, 17 de julio de 2023

Las palabras de Jesús son de ánimo y de consuelo, poniendo ilusión y esperanza en el corazón para sentir la fuerza de ese camino de fidelidad que hemos de seguir

 


Las palabras de Jesús son de ánimo y de consuelo, poniendo  ilusión y esperanza en el corazón para sentir la fuerza de ese camino de fidelidad que hemos de seguir

Éxodo 1,8-14.22; Sal 123; Mateo 10, 34-11,1

Hay cosas que algunas veces nos desconciertan cuando hacemos una lectura ligera y superficial del evangelio. Escuchando lo que hoy nos dice Jesús, nos puede parecer inverosímil que quien viene a construir un mundo de amor y de paz, quien nos enseña a amar y a mantenernos siempre en unidad, hoy nos hable de división, nos hable de enfrentamientos incluso entre familiares, nos hable incluso de violencia. En una primera impresión nos quedamos como estupefactos, sin comprender.

Jesús no deja de hablarnos del amor y ese es el camino que hemos de seguir, Jesús no deja de hablarnos de paz, ya que así fue anunciado y proclamado desde su nacimiento para todos los hombres de buena voluntad. Pero es que quien opta por ese camino de Jesús no lo va a tener fácil, no todos van a comprender ese camino y lo que nosotros hagamos; otros serán los planteamientos que el mundo se haga sobre el sentido de vivir que chocan, y de qué manera, con el camino y los valores del Reino de Dios.

Claro que cuando vean que nosotros somos capaces de entregarnos por los demás olvidándonos incluso de nosotros mismos, no se va a entender y habrá muchos que tratarán de apartarnos de ese camino; cuando nos vean comprometidos seriamente por la verdad y por la justicia, como chocamos con el mundo de vanidad y de mentira en que muchos viven y nuestra vida se convierta en testimonio y denuncia de su mentira, claro que tratarán de hacernos callar porque les resultamos incómodos. Y así podíamos seguir pensando en la radicalidad de vida que nos exige el evangelio, que muchos verán como algo ilusorio o inútil y lucharán contra lo que ellos llamarán nuestros sueños.

Y eso lo vamos a encontrar hasta en los más cercanos a nosotros que tratarán de imponernos sus planteamientos o su sentido de vida. Resultaremos incómodos por nuestra rectitud, por nuestra manera de luchar por la justicia, por nuestro desprendimiento y la generosidad de nuestro corazón para darnos y para compartir. Pero quien quiere seguir el camino del evangelio, el camino de Jesús tiene que mantenerse firme y fiel a ese ideal, a esa opción que ha hecho de su vida. Y eso, es cierto, va a costar.

Y Jesús nos habla de unas exigencias. ‘El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mi; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mi no es digno de mi; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mi. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mi, la encontrará’.

Por eso, cuando hoy contemplamos a Jesús en ese diálogo intimo y cercano con aquellos discípulos que están a su lado y lo va instruyendo sobre el sentido del Reino de Dios, vemos cómo va desgranando esos consejos, va ayudándoles a descubrir ese camino con el que se van a encontrar que no siempre será fácil, pero al mismo tiempo sus palabras son de ánimo y de consuelo, poniendo  ilusión y esperanza en el corazón para sentir la fuerza de ese camino de fidelidad que han de seguir.

‘El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, les dice Jesús, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo’. Y le enseña el valor grande que van a tener esas pequeñas cosas que han de realizar cada día. Nada se pierde, todo tiene su valor, todo es importante. ‘El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, sólo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa’.

Son las palabras que necesitamos escuchar, las que darán hondura a nuestra vida, las que despiertan ilusión y esperanza en nuestros corazones, las que nos ponen en camino aunque algunas veces nos cueste entender y aceptar muchas cosas, pero las que nos darán seguridad a nuestra fe.

miércoles, 8 de marzo de 2023

¿Cómo casamos lo que Jesús nos habla de entrega y de servicio con lo que siguen siendo nuestras aspiraciones y nuestra manera de entender el seguimiento de Jesús?

 


¿Cómo casamos lo que Jesús nos habla de entrega y de servicio con lo que siguen siendo nuestras aspiraciones y nuestra manera de entender el seguimiento de Jesús?

Jeremías 18, 18-20; Sal 30; Mateo 20, 17-28

Cuando se nos mete algo entre ceja y ceja, parece que nada ni nadie nos hará cambiar; y no empleo una expresión que se ha introducido en nuestra manera de hablar que para un creyente me parece lo menos respetuosa, por no decir medio sacrílega, cuando le negamos hasta el poder a Dios para cambiarnos el corazón, o cambiar las cosas.

Pero volviendo a nuestra cabezonería nos sucede en muchas ocasiones, nosotros tenemos una visión de las cosas y las cosas tienen que ser como nosotros las vemos, y no aceptamos que nadie pueda tener una manera de ver o que realmente las cosas son distintas a como nosotros las vemos; nos empeñamos en que una cosa se ha de hacer de determinada manera y no aceptamos el que otro pueda tener otra forma y que incluso pueda ser mejor que la nuestra; cuando entramos en el tema de las opiniones nos volvemos tercos de verdad. No vemos otra cosa sino lo que a nosotros nos parece.

Algo así obcecados andaban los discípulos y los que rodeaban a Jesús. En varias ocasiones ya le ha anunciado lo que iba a suceder en Jerusalén en que iba a ser entregado en manos de los gentiles que llegarían a darle muerte, pero ellos siguen sin entender. Hoy ha hecho ese anuncio Jesús una vez más, pero inmediatamente la madre de los Zebedeos se acerca a hacer una petición a Jesús a favor de sus hijos. ¿La influencia familiar quizás porque andaban en la misma familia? ¿La confianza que habían depositado en Jesús a lo que se unía su amor de madre que quiere lo mejor para sus hijos? Parece que sus oídos han estado sordos para escuchar lo que Jesús acaba de anunciar.

Por eso viene a pedirle primeros puestos para sus hijos en su Reino. La idea preconcebida que tenían del Mesías no había quien se las quitara de la cabeza. A ello se unen las ambiciones humanas; quienes han vivido tiempos duros de opresión y de pobreza, escuchar la palabra liberación daba opción a muchas cosas, entre ellas estaba el poder, las grandezas humanas, un nuevo reino con nueva gente que enseguida se apunta a ver lo que puede caer.

Somos humanos y ahí están nuestras aspiraciones, nuestros sueños; quienes habían vivido pobremente en una situación de opresión, aquel cambio tenían que significar unas nuevas posibilidades. Y si sus hijos habían estado al lado de Jesús bien merecerían ahora lugares importantes.

‘No sabéis lo que pedís’, les dice Jesús, como nos dice a nosotros cuando seguimos con nuestras ambiciones, con nuestras rutinas, con nuestros apegos de los que parece que no podemos desprendernos. Y luego va y rezamos y pedimos no sé cuantas cosas, y queremos suerte, y queremos que nos salga la lotería, y queremos que siempre las cosas nos vayan bien, y queremos que aquellos que nos molestan desaparezcan del mapa. Y ahí están nuestras peticiones y nos creemos que ahí está Jesús para que nos resuelva nuestros problemillas.

‘No sabéis lo que pedís’, y nos sigue hablando de cáliz y de pasión, y pareciera que poco menos que nos lo tomamos como un juego o como un entretenimiento. Porque ahora en esta subida a Jerusalén que nosotros estamos haciendo, cuaresma es subida y subida hasta la pascua, hasta un monte donde habrá pasión y sufrimiento, donde abr muerte y habrá cruz, donde se nos anuncia la luz de la vida en la resurrección, nosotros seguimos erre con erre pensando en lo mismo de siempre para nuestra semana santa. Y no es que nos pensemos ir de vacaciones, sino que ya estamos pensando en las cosas que tenemos que preparar para la semana santa y todas las cosas que en la Iglesia tenemos que hacer. Pero seguimos sin pensar en lo que Jesús nos dice que es la Pascua y lo del bautismo del que le habla a los hermanos Zebedeos, y seguimos con nuestros mismos pensamientos y planteamientos.

Y nos tendrá que Jesús reunir de nuevo para decirnos qué es lo importante, cuáles son los valores por los que hemos de optar, cuáles han de ser nuestras verdaderas aspiraciones, y nos hablará de entrega, de sacrificio, de hacernos los últimos, de dar la vida, pero ¿llegaremos a entender? ¿Cómo casamos estas palabras de Jesús con lo que luego nosotros seguimos entendiendo que es la semana santa y cómo tenemos que celebrarla?

Parece que aún estamos lejos. Dejémonos conducir por el Espíritu de Jesús. Abramos nuestro corazón. Quitemos esas cosas que se nos meten entre ceja y ceja y no nos dejan cambiar.

martes, 21 de febrero de 2023

Jesús nos está enseñando a valorar lo pequeño, que lo que nos debe importar es hacernos pequeños, los últimos, convertirnos en esclavos y servidores de los demás

 


Jesús nos está enseñando a valorar lo pequeño, que lo que nos debe importar es hacernos pequeños, los últimos, convertirnos en esclavos y servidores de los demás

Eclesiástico 2, 1-11; Sal 36; Marcos 9, 30-37

Nos están hablando de una cosa pero en nuestra mente seguimos con lo nuestro. Tenemos nuestras ideas, que algunas veces se nos pueden volver incluso obsesivas, y aunque nos quieran decir y demostrar lo contrario no lo vemos, es que ni lo pensamos; parece como sí pusiéramos una barrera para que ese pensamiento no entre en nuestra mente.

Era la obsesión con que vivían los judíos sobre la venida del Mesías y la idea que ellos se habían preconcebido. No era un pensamiento novedoso, sino que la interpretación que ellos habían hecho de la Escritura, de los profetas, siempre les había llevado a alimentar sus ideas nacionalistas y pensar en la llegada del Mesías era pensar en nuevos tiempos de poder y de dominio nacionalista. 

Ahora que aquellos buenos hombres de Galilea seguían a Jesús y cuando vislumbraran en El la esperanza de la llegada del Mesías, era en cierto modo normal que su pensamiento fuera por esas redes. Ellos que tan cerca estaban del que creían que podía ser el Mesías, normal era que soñaran con puestos y lugares de poder y de influencia. Era lo que centraba en muchas ocasiones incluso sus discusiones nacidas desde esa ambición.

Van caminando casi por fuera de Palestina en los linderos casi de Galilea y el lugar apartado del bullicio que se formaba en torno a Jesús sobre todo en aquellos lugares más cercanos al lago, hacía que Jesús fuera instruyéndolos, adelantándoles incluso lo que había de suceder en Jerusalén. En su entusiasmo por la forma cómo Jesús era acogido por mucha gente, ahora no llegan a oír ni entender lo que Jesús habla de entrega, de pasión y de muerte. No podía entrar en sus cálculos ni en sus planes.

Por eso van discutiendo por el camino. Jesús los escucha y no les dice nada, los deja, ya llegará el momento de aclarar las cosas que sabía que tanto les costaba entender. Por eso cuando llegan a casa pregunta por lo que venían discutiendo, seguramente tan acaloradamente, por el camino. Pero ahora el silencio es la respuesta, porque se sienten avergonzados ante Jesús de sus tontas discusiones, pero que sin embargo parece que para ellos tenían su razón de ser e importancia. Venían discutiendo por los primeros puestos.

Y una vez más, con la paciencia infinita de Dios, Jesús trata de explicarles. ¿Venís discutiendo por primeros puestos, por quien va a ser el más importante? Podía haberles dicho ¿y ya estáis pensando hasta quien va a ocupar mi lugar? ‘Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos’. Un jarro de agua fría. ¿Sus sueños se esfumarán?

‘Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado’.

¿Por qué valoramos a los demás? ¿Cómo tiene que manifestarse una persona para que lo valoremos? ¿Es por eso por lo que estáis ambicionando primeros puestos, lugares de poder y de dominio? Pero Jesús les está diciendo que tenemos que aprender a valorar lo pequeño, que no nos debe importar hacernos pequeños, hacernos los últimos, convertirnos en esclavos y servidores de los demás. Esos son los caminos de la grandeza, los caminos del que se saber hacer servidor.

Pero cuanto nos cuesta entender. Con qué facilidad aunque tengamos sueños bonitos, aunque digamos muchas cosas interesantes de cómo a ser nuestro comportamiento, nuestra manera de actuar, con qué facilidad cuando llegamos a un puesto, en el que nos parece que ya estamos por encima de los demás, nos olvidamos del servicio y solo pensamos en nosotros mismos, acaparando para nosotros. Lo estamos viendo todos los días. ¿Qué es lo que nos están reflejando nuestros dirigentes? Y nos puede suceder también en el ámbito de nuestra Iglesia.

Cuánto tenemos que corregir. Es la tentación fácil. Es de lo que quiere prevenirnos Jesús. Es lo que quiere que sea nuestro estilo de vida. Pero seguimos con nuestras ideas.

viernes, 17 de febrero de 2023

Frente a un mundo de ganancias, prestigios y vanidades, Jesús nos ofrece un camino de generosidad y de desprendimiento para ganar la vida de verdad

 


Frente a un mundo de ganancias, prestigios y vanidades, Jesús nos ofrece un camino de generosidad y de desprendimiento para ganar la vida de verdad

Génesis 11, 1-9; Sal 32; Marcos 8, 34 – 9, 1

Vivimos en una sociedad en la que parece que lo que prevalece son las ganancias. ¿Qué voy a ganar con esto? Escuchamos muchas veces a alguien cuando se le propone una acción o una actividad con un sentido muy altruista. Ganancias en lo material, ganancias en el prestigio, ganancias en el poder con que me puedo manifestar, ganancias en las influencias que pueda tener desde donde controlar, manipular, dominar… son las tantas las riquezas de ese estilo que muchas veces nos buscamos. De algo tiene que servirme lo que estoy haciendo, pensamos.

Y ¿qué nos dice Jesús a todo esto? Hoy nos habla claramente ¿de qué nos vale ganarnos todo el mundo si al final perdemos el alma? Y se emplea esa expresión del alma, hablando es cierto en un sentido espiritual, hablando en el sentido de la vida, hablándonos de lo que realmente nos hace más personas. Cuando rodeamos la vida de vanidades no es mi persona lo que realmente importa sino esas vanidades de las que nos rodeamos ocultando quizás así el vacío y la superficialidad que llevamos por dentro.

Tenemos el peligro y la tentación de vivir una vida vacía, una vida sin sentido, una vida sin valores profundos quedándonos en la apariencia. Nos cuesta muchas veces, nos cuesta reflexionar y ahondar en el sentido de la vida, nos cuesta descubrir el verdadero lugar que ocupamos en este mundo y como no podemos aislarnos de los demás, despreocuparnos de los problemas de los demás, los problemas de la sociedad y cada uno queremos más bien ir a lo nuestro. Y nacen los egoísmos, y nacen las ambiciones, y nacen las envidias y las desconfianzas, y nace un mundo de guerra que no hace falta que nos tiremos bombas para sutilmente ver como podemos destruir al otro, descalificar, queremos nosotros quizás ocupar su puesto.

Nos preocupan los graves problemas que vive nuestro mundo, nos duelen las guerras, nos sentimos dañados dentro de nosotros mismos con las desigualdades de nuestro mundo que crean barreras y fronteras que no hacen falta que sean las nacionales, porque las tenemos con el que está al lado de casa, enfrente de la calle, o en aquel barrio al que no queremos pisar por la fama que tiene.

Sabemos todo eso, pero poco hacemos, porque eso nos comprometería, y nos obligaría a cambiar muchas actitudes, muchas posturas, muchas de las cosas que hacemos como una rutina más de la vida; sabemos todo eso y de alguna manera lo vamos creando en nuestro entorno cuando seguimos dejando que se nos metan desconfianzas y miedos en el corazón, cuando no sabemos superar esos brotes de insolidaridad que nos van apareciendo dentro de nosotros mismos, cuando no corregimos nuestras palabras ni nuestra manera de hablar y de tratar a los que están a nuestro lado y seguimos dejándonos arrastrar por tantas violencias.

Por eso nos dice Jesús hoy que tenemos que aprender a negarnos a nosotros mismos si en verdad queremos ser sus seguidores; si seguimos pensando solo en nosotros, en nuestras ganancias o en nuestros prestigios, no estamos siguiendo el camino de Jesús. Para seguirle tenemos que despojarnos de muchas cosas, aunque eso nos obligue a hacer un camino sin comodidades. El nos habla de Cruz, porque nos estás hablando de entrega, porque nos está hablando de amor, porque nos está hablando de buscar lo que en verdad es ganar la vida. ¿Qué respuesta le damos?