Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Zebedeos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zebedeos. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de julio de 2026

Que nuestros sueños de vivir en el Reino de Dios se plasmen en nuestro espíritu de servicio a la manera de Jesús para ser signo de Dios en medio del mundo

 


Que nuestros sueños de vivir en el Reino de Dios se plasmen en nuestro espíritu de servicio a la manera de Jesús para ser signo de Dios en medio del mundo

Hechos 4, 33; 5, 12. 27b-33; 12, 2; Salmo 66; 2Corintios 4, 7-15; Mateo 20, 20-28

Sueños todos tenemos; y no quiero referirme a esos sueños que a la hora del descanso nuestra mente y nuestra imaginación, como la loca de la casa como alguien la ha llamado, nos hace hacer viajes inimaginables que bien pudieran ser en ocasiones reflejos de recuerdos o de parte de nuestro subconsciente que hace aflorar mil cosas en nuestra imaginación o en los que pudiéramos leer también aspiraciones y deseos que llevamos ocultos y que en una vida de consciencia no nos atrevemos quizás a manifestar.

Pero no me refiero a esos sueños, sino en los que en estado de vigilia vienen también a nuestra mente e imaginación pero quizás como construcciones previas que nos hacemos de nuestro futuro. Nos vemos en situaciones que en el fondo son nuestras aspiraciones, nos hacemos proyectos llenos de imaginación que quizás luego no siempre nos atrevemos a plasmar, aparecen los deseos de cómo nos gustaría que fuese nuestra vida o quizás también la sociedad en la que vivimos, los cambios que nosotros haríamos para hacer que las cosas marchen mejor, o también a aquellas posiciones que nos gustaría alcanzar y por las que quizás nos pusiéramos a trabajar por conseguir.

Sueños, aspiraciones, proyectos, deseos de algo nuevo o que nosotros consideramos mejor que lo que hacemos o tenemos. ¿A donde nos pueden llevar? ¿Aflorará quizás la vanidad? ¿Nos quedaremos ensimismados en los sueños que nos parecen realidad pero que en el fondo no llegamos a realizar? ¿O serán un acicate para comenzar nuestras luchas que algunas veces pueden cegarnos? Pero sueños todos tenemos en nuestra mente porque además son signos de que estamos vivos y queremos vivir.

¿Por qué nos extraña que los hijos de Zebedeo también tuvieran sus sueños? La presencia y la palabra de Jesús había despertado esperanzas en el pueblo, podían estar comenzando a pensar que Jesús bien podía ser el Mesías anunciado por los profetas y que ellos con tantas ansias también esperaban; de Juan sabemos que incluso había sido discípulo del Bautista, aquel profeta que había surgido en el desierto en las orillas del Jordán; conocido era también el ardor con que vivían sus esperanza de manera que incluso les llamaran los ‘hijos del trueno’ y con las esperanzas de una futura restauración de la sobraría de Israel con la llegada del Mesías, siendo además parientes de Jesús es normal que soñaran con alcanzar algún lugar de influencia o de poder en ese Reino que anunciaba Jesús.

Es la petición que a través de su madre le hacen a Jesús. ¿Sabían lo que pedían? Al menos sabían lo que eran sus sueños que esperaban a alcanzar. Por eso ante la pregunta de Jesús no sé si con mucha conciencia del sentido con que Jesús les había la pregunta habían respondido que si y que no les importaba beber de la misma copa de Jesús. No solían haber muchas copas distintas para servir las bebidas en los banquetes donde casi todos bebían de las mismas copas. Claro que su conciencia no iba más allá de sus ambiciones terrenas aunque responden afirmativamente a Jesús.

Pronto surgirán los comentarios desconfiados de los otros que quizás también tenían las misma aspiraciones, pero que Juan y Santiago se les habían adelantado. Pero Jesús tiene la lección por de todo y en todo siempre El nos ofrece su enseñanza. ¿Sentarse a mi derecha o a mi izquierda? No me toca a mi concederlo, en los planes del Reino de Dios que es lo que quiere el Padre otros son los caminos. Por eso ante los reclamos soterrados de los demás El les explica que ser los primeros significa primero hacerse los últimos, que solo por el camino del servicio, de hacerse servidor de todos es por donde se alcanzarán las verdaderas grandeza.

‘Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo…’ Son los nuevos parámetros que nos ofrece Jesús; no vamos a ir copiando e imitando lo que son los poderes de este mundo, porque sabemos siempre como acaba todo, en la vanidad, en la soberbia, en los pedestales, en no buscar sino los propios intereses; lo estamos viendo continuamente, son noticias que nos salen todos los días en las primeras paginas de los noticiarios, aunque siempre se presentan con mucha sagacidad y disimulo, con bonitas palabras, pero con la doble cara de la falsedad y de la hipocresía.

Nosotros tenemos a quien imitar. ‘Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos’. No tenemos otro modelo que Jesús. Pasó haciendo el bien, lo definirá más tarde san Pedro. Lo contemplaremos tomando la jarra del agua y ciñéndose la toalla para ponerse a lavar los pies de los discípulos. Y es así como tenemos parte con El, porque el nos lava los pies, pero porque nos dice que si el Maestro y el Señor nos ha lavado los pies, así tenemos que lavarnos los pies los unos a los otros.

Y aquí sí tenemos que responderle al Señor que sabemos lo que pedimos y lo que queremos, porque bien que nos lo ha explicado y bien que ha ido delante de nosotros dándonos ejemplo. Por eso comenzaremos a amarnos, pero no con un amor cualquiera sino como El nos ha amado y se ha entregado por nosotros.

Cuando hoy celebramos el día del Apóstol Santiago y además lo proclamamos patrono de España porque según la tradición a nuestras tierras del fin de la tierra vino a anunciar el Evangelio, ¿será esa la imagen que nosotros demos ante el mundo que nos rodean? ¿será es nuestra forma de evangelizar? ¿será esa la imagen de la Iglesia que damos ante el mundo que nos rodea? ¿serán esos nuestros sueños de cómo hemos de anunciar el Evangelio?


jueves, 25 de julio de 2024

Dejémonos evangelizar, sorprender por el evangelio que nos abre un camino de solidaridad y de servicio en el mundo concreto que vivimos si podemos beber el cáliz del Señor

 



Dejémonos evangelizar, sorprender por el evangelio que nos abre un camino de solidaridad y de servicio en el mundo concreto que vivimos si podemos beber el cáliz del Señor

 Hechos 4, 33; 5, 12. 27b-33; 12, 2; Salmo 66; 2 Corintios 4, 7-15;  Mateo 20, 20-28

Es la petición confiada y espontánea de una madre llena de amor por sus hijos. ¿Qué no deseará una madre para el futuro de sus hijos? Orgullosa se siente en cada paso que le ve dar en su crecimiento, orgullosa de sus logros y de las metas que va alcanzando, su deseo es verle lleno de poder y de prestigio, capaz lo ve siempre de realizar grandes cosas y siempre andará soñando en las altas cotas que puede alcanzar.

Es, podríamos decir, que ley humana, el deseo de grandeza y de poder, de la forma que sea, aunque se manifieste de diferente manera. Grande quiere ser el niño porque cree que entonces podrá hacer todo lo que quiere o se le antoja; mayor se considera el joven y exige que así se le trate porque ama su independencia, aunque luego haya muchas dependencias de las que no sabrá desligarse; y todos queremos sentirnos poderosos y autosuficientes, tener nuestro prestigio y nuestras cotas de influencia sobre los demás, sentir que no estamos debajo de nadie y así considerarnos poderosos intentando de imponer nuestros criterios, nuestra manera de hacer las cosas. Mal nos sentimos cuando nos vemos mermados y ya no nos podemos imponer, sino que a larga tenemos que depender hasta de quien nos cuide.

Pero volvamos al episodio del evangelio y de la madre que pedía puestos de poder para sus hijos. Habla de un reino que se va a imponer y quiere para ellos los lugares de más poder. Se siente segura en su petición, porque ella cree también tener su manera de influir sobre todo cuando es una madre la que pide para sus hijos.

Jesús escucha en silencio dejando que aparezcan esos deseos y esas ambiciones. Por detrás el resto de los discípulos anda inquieto también, porque ellos también tienen sus aspiraciones y ahora parece que se les adelantan. Jesús solo hace una pregunta. ‘¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?’ La respuesta surge pronto de labios de los hermanos Zebedeos, aunque no sé si serán conscientes de lo que están respondiendo. Es fácil decir ahora ‘podemos’, pero veremos a ver qué es lo que hacen cuando llegue la hora del cáliz. Se quedará dormidos al arrullo de la brisa entre los ramajes de los olivos allá en el huerto; saldrán a la desbandada cuando llegue la hora del prendimiento que vendrá comandado por unos de los discípulos que ha traicionado; cuando comience a derramarse aquel cáliz se encerrarán en el cenáculo, de manera que allí los encontrará el resucitado, porque tienen miedo a los judíos.

Pero Jesús quiere hacerles entender algo de lo que les ha hablado ya en muchas ocasiones y que tanto les cuesta entender a todos. El poder y la grandeza no se manifiesta por el dominio ni la imposición, no se manifiesta en orgullos y vanidades que más bien nos dejarán medio desnudos, no se manifiesta rehuyendo el sacrificio porque no se puede rehuir del amor y del servicio. Ese es el camino nuevo que nos lleva a la mayor grandeza, la generosidad y el servicio, el amor hasta entregarse del todo para olvidarse de uno mismo, el saberse hacer el último y el servidor de todos que es donde se va a manifestar la verdadera grandeza del  hombre.

Por eso les dice Jesús que no será a la manera de los poderes de este mundo. Pero nosotros seguimos sin entenderlo, a la misma iglesia le cuesta seguir ese camino aunque esa sea su predicación y haya muchos que sí den el callo en el servicio; pero aun seguimos buscando tronos y oropeles, adornos rebosantes de riqueza y prestigios a lo humano olvidándonos de lo que nos enseño el mismo Jesús con su ejemplo. Se levantó de la mesa y se ciñó la toalla para ponerse a lavar los pies de los discípulos.

Y me llamáis el Maestro y el Señor, les dirá, pues el Maestro y el Señor se ha puesto por los suelos para lavar los pies, pero a nosotros nos cuesta mirar a la cara a quien nos tiende la mano para pedirnos una ayuda; nos hemos puesto tan elevados que nos cuesta bajar nuestra mirada, porque nos cuesta bajarnos de tronos y de pedestales, despojarnos de mantos y vanidades para ceñirnos bien y descubrir que son los pobres la verdadera riqueza de la Iglesia. Porque Jesús no vino a ser servido sino a servir.

Hoy que estamos celebrando la fiesta del Apóstol Santiago, que tanto significado tiene para nuestra tierra española que según la tradición él vino a evangelizar creo que el mejor mensaje que podemos deducir de esta fiesta es que nosotros nos dejemos evangelizar, nos dejemos sorprender por el evangelio y seamos capaces no solo de decir ‘podemos’, sino asumir con alegría y esperanza ese cáliz que nos ofrece Jesús y nos pone en ese camino de amor y de servicio.

¿Será esa la imagen que nosotros como Iglesia reflejemos ante el mundo que necesita de evangelio?

 

miércoles, 29 de mayo de 2024

No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos, no tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús porque es el guía de nuestro camino

 


No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos, no tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús porque es el guía de nuestro camino

1Pedro 1, 18-25; Salmo 147; Marcos 10, 32-45

Cuando hacemos un nuevo camino necesitamos quien vaya delante de nosotros, quien nos guíe para no errar en el camino, para encontrar la verdadera senda; eso nos dará seguridad, eso a pesar de las dificultades del camino hará que no caminemos con miedo, que no nos falte la paz. No podemos hacer el camino por nuestra cuenta, adelantarnos a quien está haciendo de guía, pretender hacer por nosotros mismos nuestras propias sendas abandonando la ruta que nos ha trazado quien de verdad conoce el camino y sabe dónde está la meta o el fin de ese camino. Es cierto que algunos son atrevidos en los caminos de la vida y quieren hacerlo por sí mismos, pero hemos de estar seguros de cuáles son nuestras metas para no trazarnos ni metas ni sendas que no nos llevan a ninguna parte, sino que al contrario nos llenan de confusión.

Jesús va delante de nosotros, como nos dice hoy el evangelio. Nos está hablando de que subían a Jerusalén; era importante aquella subida por los anuncios que ya Jesús les iba haciendo, aunque a ellos les daba miedo y no terminaban de entender. Jesús no se detiene en el camino porque sabe bien a las claras cual es la meta de aquella subida, su Pascua. Por eso les anuncia cuanto va a suceder en Jerusalén, aunque ellos, repito, no terminan de entender.

Tanto es así que no entendían que si en otra ocasión fue Pedro el que trataba de quitarle la idea a Jesús de su cabeza, encontrándose incluso con el rechazo de Jesús, ahora serán los hermanos Zebedeos los que vengan con sus aspiraciones. Motivará el recelo de los demás discípulos, como si ellos fueran a quitarles los puestos, como tantas veces nos sucede en la vida. Andamos tantas veces a la zancadilla, que cuando vemos a alguien que nos parece que no va con buenas intenciones ya andamos con nuestros recelos y desconfianzas. Así andaba el resto de los discípulos hacia los hermanos Zebedeos.

Y es que ellos no pedían cualquier cosa. Estaban adelantándose a pedir primeros puestos. Alguien tendría el poder en sus manos cuando llegara el nuevo reino que anunciaba Jesús, según lo que ellos entendían, por eso era necesario irse garantizando algún lugar de influencia; no en vano ellos eran medio parientes de Jesús. Ya conocemos el episodio y no es necesario entrar en más detalles.

Pero, ¿cuál es el camino que les está ofreciendo Jesús, El que es el guía de aquel camino? Jesús volverá a insistir en el espíritu de servicio y desprendimiento, Jesús seguirá pidiendo la generosidad del corazón para alejarse de todo lo que fueran ambiciones malsanas, Jesús seguirá diciéndonos que es el amor la única vestidura que hemos de tener la preocupación de vestir. Aunque no lo entiendan. El va por delante y su camino es el del amor, su camino es hacia la entrega, la senda que va realizando es el ir a entregar la vida, porque nadie se la arrebata sino que El la entrega libremente.

Y ese tiene que ser nuestro camino. No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos;  no podemos andar con componendas ni figuraciones; de nada nos vale la vanidad y la apariencia. Lo importante es lo que seamos capaces de dar de corazón. No tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús.

Como hoy nos dice Jesús, ‘Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos’.

¿Seremos capaces al fin de decidirnos a dar el paso de vivir esas actitudes nuevas que Jesús nos está pidiendo? ‘El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos’. ¿En qué lo vamos a manifestar? ¿Qué seremos capaces de hacer por los demás para que encuentren también ese camino de vida nueva?


miércoles, 28 de febrero de 2024

En este camino de subida a Jerusalén de esta cuaresma miremos que no andemos perdidos porque no sabemos escuchar con corazón abierto a Jesús

 


En este camino de subida a Jerusalén de esta cuaresma miremos que no andemos perdidos porque no sabemos escuchar con corazón abierto a Jesús

Jeremías 18, 18-20; Salmo 30; Mateo 20, 17-28

Nos cuesta escuchar lo que no nos interesa, lo que nos parece que nos hace daño o no va según nuestras conveniencias. Y es que a veces da la impresión que andamos como perdidos en la vida; y no se trata de que nos hayamos ido a las montañas o al bosque y perdimos el camino y ahora no sabemos donde estamos y cómo salir de ese atolladero; no se trata de que nos hayamos metido en la gran ciudad que no conocíamos y caminando entre calles y calles entretenidos en todo lo que va apareciendo a nuestros, ahora no sabemos donde estamos y cómo podemos volver por nuestro camino.

Es otra cosa; vamos haciendo un camino en la vida porque nos entusiasmamos por algo que nos parecía que nos podía interesar, encontramos a alguien con carisma y nos atrajo, pero cuando nos va dando las verdaderos motivaciones nosotros andamos como soñando con otras cosas y al final ni prestamos atención a aquello que se nos dice o que se nos propone. Seguimos tras aquella persona, porque quizás nos atrae su simpatía, su alegría, pero cuando nos habla de algunas exigencias, eso ni lo escuchamos.

¿Les estaría pasando a los discípulos así? Estaban entusiasmados por Jesús, escuchaban sus enseñanzas y se quedaban encantados con sus parábolas, los milagros que hacía despertaban un interés pero les parecía que aquella era un camino que les llevaría a triunfos y a que ellos pudieran alcanzar también esas glorias humanas que podían ver en otros. Ahora marchaban a Jerusalén, y les parecía que aquello iba a ser un camino victorioso. En Galilea la gente andaba entusiasmada por Jesús y las multitudes le seguían por todas partes; su fama llegaría también a Jerusalén y allí no iba a ser menos, pensaban ellos.

Por eso cuando ahora habla Jesús de su sentido de la subida a Jerusalén donde el Hijo del Hombre iba a ser entregado incluso en manos de los gentiles, no lo entendían. Ellos seguían con sus mismos pensamientos. Estaban como obcecados.

Por eso se adelante la madre de aquellos dos hermanos, los Zebedeos, y se postra ante Jesús porque quiere hacer una petición para sus hijos. ‘¿Qué deseas? ¿Qué pides?’ le pregunta Jesús. ¿Era un camino de triunfo y de gloria el que iban haciendo, al menos así lo pensaban ellos? Pues participar de esa gloria; y por aquello de que eran parientes de Jesús, que ocuparan los primeros puestos, uno a la derecha y otro a la izquierda, de ese poder que vislumbraban para Jesús.

‘No sabéis lo que pedís’, es la primera respuesta de Jesús. Respuesta que se convierte en pregunta. Había hablado Jesús poco menos que de un bautismo de sangre, porque había hablado de entrega que llevaría al sufrimiento y a la muerte, ¿estarían ellos dispuestos a ese bautismo de sangre? ‘¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?’ Y en el entusiasmo de sus sueños dicen que están dispuestos.

Están dispuestos y, como les dice Jesús, lo beberán. Pero en el Reino de Dios las cosas no son como nosotros a nuestra manera humana soñamos o imaginamos. Hay algo distinto que tenemos que hacer y que tendremos que llegar a vivir. No podemos andar a la manera de los reinos de este mundo. Bien lo sabemos; cómo la gente aspira al poder y es aspirar a riquezas y a dominio sobre los demás, es buscar honores y reconocimientos. Así andamos, así lo estamos viendo todos los días, como la corrupción va entrando en los corazones, el egoísmo y el orgullo es lo que impera, y surge todo lo que surge que lo estamos viendo en las noticias de todos los días.

En el camino de Jesús otros son los parámetros, otro es el estilo y la manera de hacer las cosas. Es el espíritu de servicio el que tiene que imperar en el corazón; y eso nos tiene que hacer humildes, ser capaces de hacernos los últimos para mejor servir a los demás, dejar de pensar en nosotros mismos para buscar el bien y lo bueno que tenemos que hacer. Y eso no es fácil, porque son muchas las cosas que de un lado y de otro estarán tirando de nosotros, nos atraerán y nos tentarán. De muchos orgullos y pedestales tenemos que bajarnos; otros caminos con los pies descalzos tenemos que hacer.

Estamos subiendo a Jerusalén, porque estamos haciendo el camino que nos lleva a la pascua en esta cuaresma. ¿Estaremos dispuestos a emprender el camino a la manera de Jesús? ¿Cuáles serán en verdad nuestras aspiraciones? ¿Andaremos también a la manera de los hijos del Zebedeo?

Mirad que no andemos también perdidos, porque no sepamos escuchar con corazón abierto a Jesús.

jueves, 30 de noviembre de 2023

Tendremos que ponernos en camino, escuchando la llamada de Jesús para estar con El y ser esos pescadores de hombres en el mundo que necesita de esa luz de Jesús

 


Tendremos que ponernos en camino, escuchando la llamada de Jesús para estar con El y ser esos pescadores de hombres en el mundo que necesita de esa luz de Jesús

Romanos 10, 9-18; Sal 18; Mateo 4, 18-22

Caminando se realizan los más hermosos encuentros. Ponerse en camino es de alguna manera ir en búsqueda; caminamos y podemos observar cuanto hay alrededor; serán los monumentos de la naturaleza tan rica y tan variada como pueden ser los monumentos elaborados por mano de los hombres, donde también vamos dejando nuestra impronta y nuestro ser, pero podemos admirar el monumento más hermoso salido de las manos del Creador, contemplamos y admiramos a nuestros hermanos los hombres. 

Pero sin con la naturaleza nos quedamos en la distancia contemplando, con las personas ese ver y ese contemplar nos llevará al encuentro, y nos puede llevar a que juntos seamos capaces de ponernos en camino. Camino que se hace encuentro, camino que se convierte en llamada, camino que nos pone en misión.

Jesús caminaba por la orilla del mar de Galilea y si en otros momentos veremos que la gente se acerca a El buscándole, porque quieren estar con El, porque quieren escucharle, en el relato que hoy nos hace el evangelio es Jesús el que se va acercando a aquellos que allí están en la orilla en sus tareas y ocupaciones pero para invitarles a ponerse también en camino con El.

Son todos detalles muy significativos. Dos hermanos, Simón y Andrés, que estaban echando la red al mar porque eran pescadores y Jesús les invita a seguirle porque para ellos tiene otra forma de pescar, ‘os haré pescadores de hombres’; pero en su camino más adelante se encontrará con otros dos hermanos, que este caso estaban con su padre repasando las redes, y les invita también a seguirle, ‘venid conmigo, les dice también, y os haré pescadores de hombres’. Y lo dejan todo, redes, barca, familia, y se van con Jesús.

Jesús hacía poco que había comenzado a anunciar la llegada del Reino de Dios. Había pedido disponibilidad desde el corazón, porque había que cambiar desde lo más hondo para aceptar el anuncio de Jesús. La gente sentía que algo nuevo se avecinaba. Es cierto que todos vivían con el anhelo de la pronta llegada del Mesías y las palabras de Jesús despiertan inquietud en el corazón y deseos de conocer en verdad lo que significaba aquello que Jesús anunciaba.

Ahora no anuncia la pronta llegada del Reino de Dios sino que está dando por sentado que ya el Reino de Dios está presente entre ellos. Hay que reconocer sus signos. ¿Y qué manera mejor que estar con aquel que nos anuncia su llegada? Con El podremos saber bien lo que significa ese Reino de Dios.

Y las señales comienzan a darse; ahí está la disponibilidad de aquellos hermanos, lo dejan todo para irse con Jesús; ahí está la señal de ese Reino nuevo donde nos vamos a sentir como una familia especial, no en vano son unos hermanos en pareja los primeros que se van con Jesús para formar una nueva comunidad con los demás que poco a poco se vayan uniendo. 

Pero es necesario estar con Jesús, de lo contrario nunca se entenderá de verdad lo que es ese Reino de Dios. Y ahí, pues, están las primeras señales. Son caminos nuevos, es vida nueva, es un estilo nuevo de vivir, poco a poco Jesús irá sembrando en ellos la semilla de esos cimientos del Reino de Dios. Serán ellos los pescadores que habrán de lanzarse por el mundo para hacer ese anuncio, para llevar esa Buena Noticia a todos los hombres.

Jesús está pasando también por nuestro camino, ahí donde estamos con nuestras redes, con nuestras tareas, con nuestras preocupaciones, como aquellos pescadores que o echaban la red al mar o las remendaban en la orilla, y Jesús también va poniendo su mirada en nosotros, Jesús también va tocando a la puerta de nuestro corazón, también a nosotros nos está invitando a que vayamos con El, a que estemos con El, a que también nos pongamos en camino. 

¿Tendremos la disponibilidad y la generosidad de Andrés y de Simón, de Santiago y de Juan para ponernos también en camino? ¿También nosotros queremos estar con Jesús para empaparnos de su vida y recibir la misión que a nosotros también nos confía?

‘Todo el que invoque el nombre del Señor será salvo, nos decía el apóstol, y nadie quedará confundido’. Pero para invocar el nombre del Señor hay que anunciarlo para conocerlo. Miremos a nuestro alrededor y nos daremos cuenta que encontramos un mundo desorientado, un mundo que no ha terminado de conocer a Jesús. 

¿Podrán los hombres y mujeres de nuestro tiempo invocar de la misma manera el nombre del Señor y alcanzar la salvación? ¿Habrá quienes hagan ese anuncio para que a todos llegue la salvación de Jesús? ¿No estaremos demasiado dormidos los que nos decimos que ya creemos en Jesús que no terminamos de tener el coraje y la valentía de salir a hacer ese anuncio al mundo que nos rodea?

Escuchemos la llamada y la invitación de Jesús para estar con El y empaparnos de El, para que luego en verdad seamos eso que nos pide Jesús, esos pescadores de hombres. Tendremos también que ponernos en camino. 

Que la fiesta de san Andrés el que estuvo pronto para ir a anunciar a su hermano que habían encontrado al Mesías y que hoy celebramos sea una llamada a nuestro corazón


miércoles, 8 de marzo de 2023

¿Cómo casamos lo que Jesús nos habla de entrega y de servicio con lo que siguen siendo nuestras aspiraciones y nuestra manera de entender el seguimiento de Jesús?

 


¿Cómo casamos lo que Jesús nos habla de entrega y de servicio con lo que siguen siendo nuestras aspiraciones y nuestra manera de entender el seguimiento de Jesús?

Jeremías 18, 18-20; Sal 30; Mateo 20, 17-28

Cuando se nos mete algo entre ceja y ceja, parece que nada ni nadie nos hará cambiar; y no empleo una expresión que se ha introducido en nuestra manera de hablar que para un creyente me parece lo menos respetuosa, por no decir medio sacrílega, cuando le negamos hasta el poder a Dios para cambiarnos el corazón, o cambiar las cosas.

Pero volviendo a nuestra cabezonería nos sucede en muchas ocasiones, nosotros tenemos una visión de las cosas y las cosas tienen que ser como nosotros las vemos, y no aceptamos que nadie pueda tener una manera de ver o que realmente las cosas son distintas a como nosotros las vemos; nos empeñamos en que una cosa se ha de hacer de determinada manera y no aceptamos el que otro pueda tener otra forma y que incluso pueda ser mejor que la nuestra; cuando entramos en el tema de las opiniones nos volvemos tercos de verdad. No vemos otra cosa sino lo que a nosotros nos parece.

Algo así obcecados andaban los discípulos y los que rodeaban a Jesús. En varias ocasiones ya le ha anunciado lo que iba a suceder en Jerusalén en que iba a ser entregado en manos de los gentiles que llegarían a darle muerte, pero ellos siguen sin entender. Hoy ha hecho ese anuncio Jesús una vez más, pero inmediatamente la madre de los Zebedeos se acerca a hacer una petición a Jesús a favor de sus hijos. ¿La influencia familiar quizás porque andaban en la misma familia? ¿La confianza que habían depositado en Jesús a lo que se unía su amor de madre que quiere lo mejor para sus hijos? Parece que sus oídos han estado sordos para escuchar lo que Jesús acaba de anunciar.

Por eso viene a pedirle primeros puestos para sus hijos en su Reino. La idea preconcebida que tenían del Mesías no había quien se las quitara de la cabeza. A ello se unen las ambiciones humanas; quienes han vivido tiempos duros de opresión y de pobreza, escuchar la palabra liberación daba opción a muchas cosas, entre ellas estaba el poder, las grandezas humanas, un nuevo reino con nueva gente que enseguida se apunta a ver lo que puede caer.

Somos humanos y ahí están nuestras aspiraciones, nuestros sueños; quienes habían vivido pobremente en una situación de opresión, aquel cambio tenían que significar unas nuevas posibilidades. Y si sus hijos habían estado al lado de Jesús bien merecerían ahora lugares importantes.

‘No sabéis lo que pedís’, les dice Jesús, como nos dice a nosotros cuando seguimos con nuestras ambiciones, con nuestras rutinas, con nuestros apegos de los que parece que no podemos desprendernos. Y luego va y rezamos y pedimos no sé cuantas cosas, y queremos suerte, y queremos que nos salga la lotería, y queremos que siempre las cosas nos vayan bien, y queremos que aquellos que nos molestan desaparezcan del mapa. Y ahí están nuestras peticiones y nos creemos que ahí está Jesús para que nos resuelva nuestros problemillas.

‘No sabéis lo que pedís’, y nos sigue hablando de cáliz y de pasión, y pareciera que poco menos que nos lo tomamos como un juego o como un entretenimiento. Porque ahora en esta subida a Jerusalén que nosotros estamos haciendo, cuaresma es subida y subida hasta la pascua, hasta un monte donde habrá pasión y sufrimiento, donde abr muerte y habrá cruz, donde se nos anuncia la luz de la vida en la resurrección, nosotros seguimos erre con erre pensando en lo mismo de siempre para nuestra semana santa. Y no es que nos pensemos ir de vacaciones, sino que ya estamos pensando en las cosas que tenemos que preparar para la semana santa y todas las cosas que en la Iglesia tenemos que hacer. Pero seguimos sin pensar en lo que Jesús nos dice que es la Pascua y lo del bautismo del que le habla a los hermanos Zebedeos, y seguimos con nuestros mismos pensamientos y planteamientos.

Y nos tendrá que Jesús reunir de nuevo para decirnos qué es lo importante, cuáles son los valores por los que hemos de optar, cuáles han de ser nuestras verdaderas aspiraciones, y nos hablará de entrega, de sacrificio, de hacernos los últimos, de dar la vida, pero ¿llegaremos a entender? ¿Cómo casamos estas palabras de Jesús con lo que luego nosotros seguimos entendiendo que es la semana santa y cómo tenemos que celebrarla?

Parece que aún estamos lejos. Dejémonos conducir por el Espíritu de Jesús. Abramos nuestro corazón. Quitemos esas cosas que se nos meten entre ceja y ceja y no nos dejan cambiar.

miércoles, 16 de marzo de 2022

Quedaba mucho camino que recorrer, muchos pasos que dar, muchos ojos y oídos del corazón que abrir para escuchar a Jesús, para ver y llegar a entender el camino de Jesús

 


Quedaba mucho camino que recorrer, muchos pasos que dar, muchos ojos y oídos del corazón que abrir para escuchar a Jesús, para ver y llegar a entender el camino de Jesús

Jeremías 18, 18-20; Sal 30; Mateo 20, 17-28

Algunas veces queremos hacer ver que no oímos y tratamos de pasar de aquello que nos están diciendo. No nos interesa, no nos agrada, nos resulta incómodo, puede ser exigente, nos llevará a comprometernos con algo… y es como si no lo  hubiésemos oído, desviamos la conversación por otro lado, no queremos pensar en aquello que pudiera crear una inquietud en nuestra conciencia, dejamos eso para resolverlo en otro momento, tenemos muchos recursos para escaquearnos de aquello que nos pudiera resultar duro en la vida.

¿Les estaría pasando algo así a los discípulos, sobre todo después de aquellos anuncios que Jesús estaba haciendo de lo que iba a suceder en Jerusalén donde ahora estaban subiendo? Bueno, en alguna ocasión alguno de los discípulos, en este caso Pedro, trata de disuadir a Jesús de que lo que estaba anunciando no podía pasar y tratando de quitárselo de la cabeza.

Ahora parece como si no hubieran oído a Jesús. Llevaban sus cosas en la cabeza, sobre todo los hijos del Zebedeo, que se valen de madre un poco para cambiar de conversación, o mejor, para llevar la conversación con Jesús por otros derroteros que podían ser sus intereses. No en vano eran parientes de Jesús, y en esos momentos que se avecinaban según el sentido que ellos tenían de lo que había de ser el Mesías, era bueno estar cerca de Jesús, o mejor lograr que Jesús, porque eran sus parientes, los colocara en lugares importantes. Muchas veces habían discutido entre ellos quien sería el más importante cuando llegara la hora del Reino, pero no era cuestión de estar discutiendo entre ellos, sino ir directamente a Jesús. ¿Qué mejor que la madre sirviera de embajadora, de intercesora?

Cómo se parece esa situación a tantas que podemos ver en nuestro entorno social; influencias, recomendaciones, manipulaciones de cosas y de personas, cercanías interesadas a ver qué es lo que puede caer, utilización de los medios que sea con tal de ganarse a quien pudiera conseguirnos algo importante en la empresa, en la sociedad, en los lugares de trabajo. Con más o menos parecido siempre las cosas se repiten, las ambiciones que llevamos en el corazón nos empujarán a actuar de manera semejante con tal de conseguir lo que anhelamos.

Jesús había hablado claro de todo lo que iba a suceder en Jerusalén; les estaba anunciando el momento de la entrega y del sacrificio, el Hijo del Hombre sería entregado en manos de los gentiles… pero no lo entendían, ni querían entenderlo, porque las cosas iban a suceder de otra manera, y allí estaban con sus ambiciones. Pero Jesús no cambia la meta ni olvida el camino. Parece que estos discípulos están dispuestos a grandes cosas – o al menos esas son las ambiciones que llevan en el corazón – y Jesús les preguntará si están dispuestos a beber el cáliz que El ha de beber. No sabemos bien si ellos estaban entendiendo lo que Jesús les preguntaba, pero con tal de conseguir sus ambiciones, estaban dispuestos a todo. El cáliz lo beberían, pero los primeros puestos no eran para ellos, los primeros puestos estaban reservados para lo que fueran capaces de ser los últimos, de ser los servidores de todos.

Claro que los demás están viendo las jugadas de los Zebedeos y por allá andan por detrás con sus quejas y sus inquietudes, que en el fondo reflejaban también lo que eran sus ambiciones. Les quedaba mucho camino que recorrer, muchos pasos que dar, muchos abrir los ojos y los oídos del corazón para escuchar a Jesús, para ver y llegar a entender el camino de Jesús. Tendrían que pasar la pascua, aunque los miedos se les metieran en el alma, solamente después de contemplar a Jesús resucitado, cuando reciban el Espíritu de Jesús llegarán a entenderlo. 

¿Nos seguirá pasando a nosotros lo mismo? ¿Seguiremos también con nuestras mentes cerradas? ¿Seguiremos haciéndonos una imagen de la Pascua de Jesús que muchas veces no coincide con lo que es de verdad la Pascua? ¿También a nosotros nos sucederá que no queremos escuchar, que le damos la vuelta a las cosas para seguir con lo nuestro, pero no damos el necesario paso para vivir una autentica pascua? Que este camino cuaresmal que estamos haciendo nos ayude, nos abra los ojos del corazón, escuchemos de verdad Jesús en su anuncio de pascua.

No tengamos miedo de subir con Jesús a Jerusalén para la Pascua.

jueves, 10 de febrero de 2022

El amor de una madre es tan poderoso que hasta mueve el corazón de Dios y es signo y señal de que se rompen todas las barreras y todos puedan sentir el amor de Dios

 


El amor de una madre es tan poderoso que hasta mueve el corazón de Dios y es signo y señal de que se rompen todas las barreras y todos puedan sentir el amor de Dios

Reyes 11, 4-13; Sal 105; Marcos 7, 24-30

El amor de una madre es tan poderoso que hasta mueve el corazón de Dios. Quienes son madres lo experimentan en su vida, nada las puede detener. Harán lo imposible por conseguir lo que desean para sus hijos. Todos lo hemos palpado a nuestro alrededor o en experiencias también de nuestra misma vida. Moverán lo que sea necesario, acudirán a donde tengan que acudir sin miedos ni complejos, siempre sus hijos estarán por encima de todo. ¿Cómo pueden permitir el sufrimiento de un hijo? Capaces son de ponerse en su lugar. El amor la ciega y serán como una fiera salvaje para conseguir lo que sea para su hijo.

Lo contemplamos en diversas páginas del evangelio. ¿Qué es si no lo que hacía la madre de los Zebedeos cuando se acercó con sus peticiones para sus hijos a Jesús? El amor llenó de ambición su corazón haciendo incluso oídos sordos a lo que Jesús antes les había enseñado.

¿Qué es lo que le vemos hacer a esta mujer cananea que corre por las calles tras Jesús, que es capaz de soportar todas las humillaciones posibles, que se siente ninguneada por ser mujer y por ser gentil, pero que insiste e insiste con mil argumentos que se los inspirarán su amor para conseguir lo que está pidiendo? El amor de madre la hizo grande para mover el corazón de Dios.

Y es que el amor de una madre es humilde, no le importa hacerse o sentirse pequeña, pobre y necesitada; el amor de una madre es generoso porque no pide para ella; el amor de una madre la hace desgastarse sin importarle hacerse la última con tal de conseguir lo mejor para sus hijos; el amor de una madre la hace ser muchas veces invisible, pero será el corazón que siempre está atento y vigilante porque no se puede dormir.

Son los pobres y los humildes, los sencillos y los pequeños los que se ganan el corazón de Dios; ya Jesús nos dice – y da gracias al Padre por ello – que Dios solo se revela a los que son pequeños, sencillos, humildes, generosos de corazón. El que se hace pequeño de verdad no dejará meterse nunca la malicia en su corazón y serán los limpios de corazón los que verán a Dios; el humilde y el sencillo entenderá mejor que nadie los secretos del misterio de Dios; los pobres que saben vivir desprendidos de todo serán capaces de tener un corazón grande para que lo ocupe totalmente Dios.

Lo vemos hoy reflejado en esta página del evangelio. Una mujer que ni siquiera era judía que se ganó el corazón de Cristo para terminar reconociendo la grandeza de su fe. Y aquel día saltaron las barreras, porque le mujer finalmente comenzó a ser escuchada; saltaron las barreras porque se nos dio a conocer que el amor de Dios no era sólo para los que se consideraban hijos de siempre; saltaron las barreras porque la buena nueva del evangelio comenzaba a anunciarse más allá de las fronteras de Israel.

Era el principio de lo que sería luego el gran mandato de Jesús de ir por todo el mundo para anunciar el evangelio y a todo aquel que creyese se le derramaba la gracia de Dios también sobre sus vidas. Era un preanuncio de aquel mantel que un día vería Pedro bajar del cielo con toda clase de animales y de comidas de las que él también habría de comer; nada ni nadie se consideraba ya indigno de alcanzar la gracia del Señor lo transformaba todo.

¿Seguiremos nosotros aun poniendo barreras? Con nuestras actitudes y posturas ¿seremos acaso alguna vez nosotros barreras que quieran impedir el avance de lo que es la gracia de Dios?

domingo, 6 de febrero de 2022

Hay momentos en que Dios nos sorprende y comenzamos a ver las cosas de manera distinta, en el nombre de Jesús seamos capaces de echar las redes

 


Hay momentos en que Dios nos sorprende y comenzamos a ver las cosas de manera distinta, en el nombre de Jesús seamos capaces de echar las redes

Isaías 6, 1-2a. 3-8; Sal 137; 1Corintios 15, 1-11; Lucas 5, 1-11

Tenemos nuestros proyectos en la vida, creemos tener unas habilidades o una preparación, una experiencia de la vida y conforme a eso vamos actuando, vamos desarrollando nuestra vida, nos trazamos nuestro futuro; muchas veces vivimos absorbidos por esa forma de vivir, por esos planteamientos que nos hemos hecho y que creemos que no nos va tan mal, que no pensamos en la posibilidad de un cambio, de que pudieran haber otros planes, otros planteamientos que nos hicieran cambiar. No es tanto que nuestra vida se convierta en una rutina, pero seguimos metidos en lo mismo, porque además creemos que ese es nuestro camino.

¿Cambiar? ¿Hacer las cosas de otra manera? ¿Emprender algo nuevo que nos pudiera resultar desconocido? No todos están dispuestos, aunque sabemos que hay valientes en la vida que están dispuestos a arriesgar. Pero nos lo tenemos que pensar.

Aquella mañana en la orilla del lago había ido transcurriendo con la normalidad de todos los días. Es cierto que habían regresado las barcas sin pesca, pero eso es algo a lo que en cierto modo están acostumbrados los pescadores. Pero las tareas que había que hacer con las barcas y las redes seguían su curso. Pero algo va a cambiar todo esto.

Aparece el nuevo profeta de Nazaret o de Galilea por la orilla del lago y pronto las gentes que estaban en sus tareas normales, o que habían venido a buscar pescado a las barcas se arremolinan en torno a Jesús. Ya lo iban conociendo, le habían escuchado en otras ocasiones, en la sinagoga o allí donde tenían la oportunidad de hablar con El o de escucharle; la noticia de sus signos milagrosos había corrido de boca en boca y ya la gente le traía a sus enfermos para que los curase. Hoy quieren escucharle, El quiere hablarles.

Una de las barcas – la de Pedro – sirve de tarima improvisada para ponerse en un lugar en cierto modo más alto para que todos le puedan ver y le puedan escuchar. Y allí Jesús estuvo enseñándoles mucho tiempo. Una Palabra de vida, una Palabra de esperanza, una Palabra que enardecía sus corazones, una Palabra que les hacia soñar en algo nuevo, un Reino nuevo de Dios que Jesús les estaba anunciando.

Los pescadores también se habían puesto al lado de Jesús para escucharle, y justo por eso Pedro estaba allí en su barca al lado de Jesús. Y cuando terminó Jesús de hablar le pidió que remara de nuevo mar adentro, que se adentrara de nuevo en el lago y que echarla red para pescar.

¿Qué les está pidiendo Jesús? Todos sabían que se habían pasado la noche bregando y no habían cogido nada. Pedro lo sabía, él era un pescador avezado y cuando no hay pesca, no hay nada que hacer. Pero la Palabra que habían escuchado a Jesús les había hecho cambiar algo por dentro. Se habían suscitado nuevas esperanzas para sus vidas, y ¿por qué no creerle ahora que les pide algo que parece inusitado? Seguramente muchas dudas pasarían por el corazón de Pedro antes de responder o de hacer lo que Jesús le está pidiendo.

‘Nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada’, fueron sus primeras palabras; ‘pero, porque tú lo dices, en tu nombre echaré la red’. Aquello parecía fuera de toda lógica. Pedro era el que sabían bien cómo estaba el lago, Pedro era el conocedor de las artes de pesca, sin embargo cuando todo parece imposible, Pedro cambia su postura, y se va lago adentro para echar las redes como le está pidiendo Jesús. Era un riesgo, pero vamos a confiar.

Ya hemos escuchado el resto del episodio, las redes que parecen reventar, que los que están en la barca no son suficientes y llaman a los de las otras barcas, por allá andan también Santiago y Juan, los Zebedeos, echando una mano para recoger aquella redada de peces tan grande, todos están que no salen de su asombro. Pedro es el más sorprendido y se siente pequeño, se siente pecador porque allí está viendo la obra de Dios, se siente el último y es lo que le pide a Jesús. ‘Apártate de mí, que soy un hombre pecador’. Pero allí está la respuesta y la invitación de Jesús. ‘Desde ahora serás pescador de hombres’. Las cosas comienzan a cambiar en la vida.

Hoy momentos en que Dios nos sorprende. Hay momentos en que comenzamos a ver las cosas de manera distinta. Hay momentos en que nos salimos de nosotros mismos para descubrir que hay algo nuevo, que algo nuevo se puede emprender, que hay una nueva tarea delante y en la que tenemos que comprometernos. Hay momentos de luz donde vemos ese actuar de Dios, esa llamada de Dios, porque las cosas se nos cambian, porque nos sentimos transformados por su Palabra, porque nos toca el corazón.

Podemos descubrir otros planteamientos y otros caminos. Pero tenemos que saber dejarnos sorprender y humildes también dejarnos guiar aunque lo que se nos ofrezca nos parezca totalmente distinto. Aquella palabra que hablaba de pescador de hombres tenía que ser en cierto modo enigmática para aquellos pescadores acostumbrados a tener en sus manos unas redes para coger peces. Pero ahora se fiaron del todo y se fueron con Jesús.

Este evangelio nos puede estar pidiendo y planteando muchas cosas. Porque no solo nos quedamos en reflexionar lo que pasó aquella mañana en el lago de Tiberíades, sino que en el lago o mar de nuestra vida pueden estar ahora sucediendo muchas cosas si somos capaces de poner el corazón en sintonía. En este mar de la vida que vivimos quizás estamos necesitando otras visiones, otros planteamientos, otros valores para poder hacer la buena pesca que necesitamos hacer para que se haga mejor nuestro mundo. Una tarea quizás está queriendo poner el Señor en nuestras manos, pero tenemos que, como decíamos, dejarnos sorprender, escuchar esa Palabra que nos transforma y que nos da vida, esa palabra que nos está llamando a emprender caminos nuevos y tareas nuevas.

Metámonos en esa barca con Jesús y dejemos que El nos conduzca. Son muchas las cosas que podemos hacer ‘en el nombre de Jesús’.

domingo, 17 de octubre de 2021

Nuestra ambición mejor y nuestro sueño más bonito hacer un mundo mejor, el Reino de Dios, poniendo lo mejor de nosotros mismos para lograr esa felicidad para todos

 


Nuestra ambición mejor y nuestro sueño más bonito hacer un mundo mejor, el Reino de Dios, poniendo lo mejor de nosotros mismos para lograr esa felicidad para todos

Isaías 53, 10-11; Sal. 32; Hebreos 4, 14-16; Marcos 10, 35-45

Todos tenemos aspiraciones y sueños en la vida. Dicen que soñar es gratis. ¿Quién no quiere más o quiere algo distinto? Dentro de nuestro camino de crecimiento como personas está también el tener aspiraciones, no contentarnos con lo que somos, buscar algo mejor, llegar más allá. Si no hubiera habido hombres soñadores el mundo y la vida se hubiera paralizado. Como decíamos, es parte de nuestro crecimiento como personas, como sociedad.

Lo que sí tenemos que pensar es en qué soñamos o cuales son nuestras aspiraciones. Y ahí es donde puede estar nuestra piedra de tropiezo. Pensar que el mundo es solo para nosotros; en mi sueño o en mi aspiración querer estar por encima de los demás, tener más poder para que sea yo solo el que crezca, ser más grande u ocupar un determinado lugar para en esa búsqueda de mi grandeza personal yo poder manipular para que todo sea en mi propio beneficio. Estaríamos perdiendo algunos aspectos buenos de esos sueños cuando nos encerramos en nuestro círculo egoísta y lleno de soberbia.

Y aquí está la diferencia que nos marca Jesús. Dos soñadores se acercaron a Jesús, soñaban con ser los primeros, acaparar para ellos todo el poder que podía derivarse de ese reino que Jesús estaba anunciando. ‘Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir’. Así, poco menos que con exigencia. Tienes que hacerlo, puedes hacerlo, mira quiénes somos nosotros, hemos estado contigo siempre y además somos de una misma familia. Cuantos parecidos a cosas, actitudes y posturas semejantes que se siguen sucediendo hoy.

‘Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda’. Ahí está, los primeros puestos. No iban a quedarse en menos, con los méritos que ellos se creían que tenían. ‘No sabéis lo que pedís’, les dice Jesús. Ellos creían saberlo, tenían claras sus aspiraciones y estaban dispuestos a todo lo que fuera necesario para conseguirlo. Qué ciegos nos ponemos a veces. Dispuestos a beber el cáliz o pasar por el mismo bautismo de Jesús. No sabían lo que pedían. Aunque estaban dispuestos a todo no terminaban de comprender de qué cáliz hablaba Jesús o de qué bautismo. Estaban dispuestos, pero cuando llegara la hora de la pasión todos se desperdigaron, se perdieron, se encerraron, el miedo pudo con ellos.

Porque no eran solo aquellos dos los que estaban llenos de sueños y de aspiraciones. El resto cuando vio la petición de los hermanos Zebedeos por allá se pusieron también a criticar, a hacer sus consideraciones, a hacer aparecer la envidia que corroía también sus corazones y les hacía entrar también en esa lucha por los primeros puestos, que no se acabaría aquí a pesar de todas las cosas que Jesús a continuación les dirá. Seguirá siendo una discusión mientras iban de camino.

Y Jesús les habla, nos habla claro. Nuestras aspiraciones y sueños no pueden ir por esos caminos a los que nos hemos acostumbrado viendo lo que sucede a nuestro alrededor. Se quiere ser grande para tener poder, para buscar grandezas personales, para tener lugares no solo de prestigio sino donde todo lo tengan a su favor, que todo se convierta en un beneficio personal; y el poderoso dirige las cosas a su conveniencia pensando que todo es para él, y manipula no solo para hacer que las cosas sean en su beneficio sino peor de todo para manejar las personas y su voluntad, lo centra todo en sí mismo subiéndose a los más altos pedestales desde donde mejor pueda manipular, una carrera incesante e imparable que los hace cada vez más poderosos.

Y Jesús les dice que ese no puede ser su estilo y su manera de ser y de actuar. El camino tiene que ir por otros derroteros donde aprendamos a mirar con ojos nuevos a las personas que están a nuestro lado y a las que tenemos que ayudar a crecer, a ser ellas mismas; y para eso tenemos que aprender a despojarnos de esas ambiciones egoístas y entrar en el camino de lo sencillo, de lo pequeño, del abajarnos para ponernos a la altura del otro que es la mejor manera de levantarlo, del servicio para poner a disposición del otro todo lo que somos e incluso todo lo que tenemos aunque tanto nos cueste despojarnos de esas cosas.

Pero no son bonitas palabras las que Jesús les dice o buenos razonamientos. Es que El va delante. Ya les ha anunciado lo que significa la subida a Jerusalén, donde el Hijo del Hombre, aquel que es aclamado por las gentes sencillas, va a ser entregado, o mejor, es el mismo el que se entrega porque el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido sino para servir. Se nos pone como ejemplo, se nos pone como camino, traza las huellas que nosotros hemos de seguir.

Que nuestra ambición mejor, que nuestro sueño más bonito sea hacer un mundo mejor, el Reino de Dios que Jesús nos anuncia, porque pongamos lo mejor de nosotros para lograr esa felicidad para todos. Es el camino de hacernos los últimos, porque somos capaces de desprendernos de todo, de despojarnos de esas cosas que pudieran parecer grandezas en nuestra vida; es el camino del servicio porque es el camino del amor verdadero. Un amor semejante al que nos tiene Jesús que por nosotros se entrega. 


miércoles, 26 de mayo de 2021

El camino del seguidor de Jesús tendrá que ir siempre por la sencillez y por la humildad, del amor y de la entrega, por el camino de hacerse los últimos para ser servidores de todos

 


El camino del seguidor de Jesús tendrá que ir siempre por la sencillez y por la humildad, del amor y de la entrega, por el camino de hacerse los últimos para ser servidores de todos

Eclesiástico 36, 1. 4-5a. 10-17; Sal 78; Marcos 10,32-45

En todas partes nos encontramos con quien busca protagonismos, busca por la forma que sea destacar, llamar la atención, para que se le tenga en cuenta y a la larga conseguir sus metas y ambiciones. Eso nos lo encontramos fácilmente en muchos grupos humanos y suele ser motivo de desasosiego e inquietud que va sembrando o que va produciendo reacciones que corroen la unidad de tal grupo; es un camino fácil de perdición y destrucción.

El grupo de los que seguían a Jesús de cerca era un grupo humano como todos; se había ido constituyendo desde la inquietud que aquellos hombres sentían en su interior y que en Jesús comenzaban a tener respuestas y estaba formado especialmente por aquellos que Jesús había ido llamando para tenerlos junto a sí; un grupo diverso, pescadores algunos, alguno como Mateo procedía del campo de los publicanos y en cierto modo funcionario por la tarea que realizaba de cobrador de impuestos, otros provenían de aquellos grupos inquietos de los zelotes, probablemente gentes de aquellos campos de Galilea acostumbrados al cultivo de sus tierras, algunos parientes de Jesús.

En torno a Jesús se había ido formando el grupo y Jesús los había ido preparando. Ahora en especial a ellos les anuncia el sentido de su subida a Jerusalén. Daba la impresión de que iba con prisa, pues se les adelantaba en el camino de la subida a Jerusalén y ellos se preguntaban por qué sería aquello. Les desvela su secreto, les revela lo que va a pasar en Jerusalén, aunque ellos no parecen entender las palabras de Jesús como veremos en otras ocasiones.

Parecía el momento oportuno cuando Jesús les había reunido aparte y en una cierta intimidad haciéndoles estos anuncios, para aquellos dos hermanos expresar a Jesús lo que llevaban, quizá hacía tiempo, de inquietud en su corazón. Se valen de la presencia de la madre y le dicen que quieren hacerle una petición. ‘Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir… ¿Qué queréis que haga por vosotros?... Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda… No sabéis lo que pedís…’ Así transcurrió el diálogo ante la sorpresa y la inquietud del resto de los discípulos que veían como éstos se les adelantaban en lo que podían ser aspiraciones de todos.

‘No sabéis lo que pedís…’ les dice Jesús. Pero es Jesús el que ahora pregunta. ‘¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?’ Lo que Jesús les plantea es algo serio. El mismo lo ha anunciado hace un momento, el sentido de su subida a Jesús; es la entrega, es el amor hasta el final, es el ser capaces de llegar a dar la vida. Les había hablado de que su subida era para la pasión y para la muerte. Era la entrega del amor, era el ser capaces de ponerse el ultimo, el ser capaces del sacrificio por los demás. ¡Qué distinto era lo que ellos pedían! Pedían honores, pedían poder, pedían participar de la gloria del triunfo sin pasar antes por la entrega de la pasión. Ellos dicen que están dispuestos aunque sin quizás pensar demasiado a lo que comprometía aquel bautismo del que Jesús hablaba.

Y los otros discípulos andan por allí revueltos. Las apetencias de algunos y la búsqueda de protagonismos, como ya antes decíamos, producen división que lleva a la destrucción. Por eso Jesús los coge de nuevo aparte a todos ellos para explicarles lo que una y otra vez les ha dicho. No pueden ellos estar andando con apetencias a la manera de los que quieren ser poderosos en este mundo. Su camino tendrá que ir siempre por la sencillez y por la humildad, por el camino del amor y de la entrega, por el camino de hacerse los últimos para hacerse servidores de todos.

Pero esto tenemos que escucharlo todos los que queremos seguir a Jesús. Que también andamos muchas veces a zancadillas, a búsquedas de protagonismos, a querer aparecer para que vean lo buenos que somos y todas las cosas buenas que hacemos, también queremos diferenciarnos subiéndonos en pedestales y en las búsquedas de reconocimientos. Pero en lo único que tenemos que diferenciarnos es en el amor, en que somos capaces de hacernos los últimos y los servidores de todos. Esos son los primeros lugares que tenemos que buscar.