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domingo, 13 de julio de 2025

Hechos, compromisos, bajarnos de nuestras cabalgaduras, detenernos en el camino, vendas y medicinas que curen, todos podemos llevar con nosotros, amor

 


Hechos, compromisos, bajarnos de nuestras cabalgaduras, detenernos en el camino, vendas y medicinas que curen, todos podemos llevar con nosotros, amor

Deuteronomio 30, 10-14; Salmo 68; Colosenses 1, 15-20; Lucas 10, 25-37

Queremos llegar a un determinado lugar, hemos de saber dónde está; pero tenemos que saber también los caminos, y si tenemos los medios necesarios y suficientes para poder hacer ese camino; necesitamos quien nos diga el lugar de destino, pero también nos señale los caminos, quien nos aporte los medios o nos prepare para ser capaces de realizarlo; no nos contentamos con ir al azar, a lo que salga, aunque muchos sean los que recorren el mundo de esa manera; ¿llegaran a un sitio determinado? ¿Alcanzarán las metas que pretendían lograr? A algunos incluso les puede ir bien y disfrutar de ese camino que por sí mismo hacen.

El evangelio comienza hablándonos hoy de un escriba que se acercó a Jesús para preguntarle qué había que hacer para alcanzar la vida eterna. Siempre andamos con lo mismo, qué es lo que tengo que hacer, y si fuera posible siempre buscaremos los mínimos, que no haya muchas exigencias. Pero quizás también en la mente de aquel escriba estuviera el concepto de que lo que se suele pedir son cosas inalcanzables, son cosas que nos pueden superar, que están lejanas de nuestras posibilidades.

Claro que el libro del Deuteronomio ya había respondido a esa cuestión. Quien busca la Sabiduría de Dios no puede pensar en algo que en todo nos supere y sea inalcanzable. Como nos decía el autor sagrado, ‘este precepto que yo te mando hoy no excede tus fuerzas, ni es inalcanzable. No está en el cielo, para poder decir: ¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos? Ni está más allá del mar, para poder decir: ¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?’. Y terminaba diciéndonos ‘está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que lo cumplas’.

No le va a responder Jesús haciendo grandes explicaciones, simplemente le va a recordar a aquel escriba algo que todos tenían muy bien aprendido en su mente y que lo tenían ante sus ojos noche y día. ‘¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?... Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo... Haz esto y tendrás la vida’.

Pero siempre tenemos una pregunta más que hacer, aunque lo sepamos, aunque lo tengamos claro; queremos llevar el carro por nuestro camino y queremos que nos den las respuestas que nosotros queremos. Hay gente que es muy sutil en este aspecto, y las preguntas que hacen van siempre como teledirigidas. Por eso, pregunta, ‘Y ¿quién es mi prójimo?’ ¿Le habrá salido a este escriba el tiro por la culata?

Ya escuchamos y habremos meditado muchas veces la respuesta de Jesús en esta parábola o mini relato, como queramos llamarlo. El hombre que hacía el camino entre Jerusalén y Jericó, camino lleno de peligros por lo desértico pero lleno también de maleantes. Lo veremos tendido a la vera del camino malherido. Bueno lo veremos si queremos verlo y no damos rodeos, como aquel sacerdote y aquel levita. ¿Se podían contaminar con la sangre de las heridas o acaso más si ya estaba muerto? Y ellos iban o venían de un lugar donde tenían que estar purificados.

Alguien sí lo vio y se detuvo junto a él para socorrerlo; sus paños y vendas para curarle, su cabalgadura, su dinero al posadero… y eso que era un samaritano. No importaba la contaminación, no importaban las diferencias porque era un samaritano, no importaban los peligros del posible acecho de aquellos ladrones y malhechores. El se detuvo. Tenía que sonar estridente en medio de judíos, quizás en el ambiente de Jerusalén escuchar estas palabras de Jesús.

Pero ahora viene la contra pregunta, muy importante, de Jesús. ‘¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?’ Porque no pregunta Jesús como lo había hecho el escriba ¿Quién es mi prójimo, sino quien ha sido prójimo del caído en el camino? No basta saber quien es el prójimo, que ya sabemos que es el otro, el que está cerca o está lejos aunque la palabra prójimo indica más bien proximidad, el que es distinto de mi o al que yo veo de otra manera, aunque también tenemos que saber fijarnos en todos esos prójimos, esos semejantes o distintos, cercanos a mi porque parecen de los nuestros o a los que queremos mantener en la distancia porque quizás nos pueden molestar sus diferencias; es necesario e importante un paso más, que yo me sienta prójimo, que sea capaz de comportarme como prójimo; saber quien es puede ser fácil, pero no al mismo tiempo puedo seguir de largo para no contaminarme, para no comprometerme.

Es algo que tenemos que llevar bien grabado en el corazón. El amor no puede faltar nunca en nuestra vida. Va a ser el único mandamiento del Señor, el único camino que nos lleva a la meta, lo único que tenemos que hacer para tener vida. Y no son palabras bonitas que todos podemos decir, son hechos, son compromisos, es bajarnos de nuestras cabalgaduras y detenernos en el camino, es ofrecer esas vendas y medicinas que curen que todos en nuestro amor podemos llevar consigo. Aunque no siempre es fácil, pero tiene que ser nuestra predisposición.‘

Anda y haz tú lo mismo’. No hace falta decir más.

sábado, 28 de junio de 2025

Hoy miramos el Corazón de María, que guardaba tantas cosas y del que tenemos tanto que aprender pero que siempre destilemos la miel dulce del amor

 


Hoy miramos el Corazón de María, que guardaba tantas cosas y del que tenemos tanto que aprender pero que siempre destilemos la miel dulce del amor

Génesis 18,1-15; Lc 1,46-55; Lucas 2, 41-51

Quizás tenemos nuestros planes o proyectos para nuestra vida desde los cuales hemos ido construyendo nuestra vida, nos hemos preparado y formado, los hemos hecho desde lo que nos gustaba, donde veíamos que podríamos desarrollar nuestros valores y cualidades; quizás en un momento determinado algo hizo que las cosas cambiaran, tuviéramos quizás que orientar todo lo que hasta entonces habíamos venido haciendo porque se nos presentaban otras perspectivas, pero aun así a lo largo de la vida siempre surgirán imprevistos, cosas que nos suceden que muchas veces ni entendemos – un accidente, una enfermedad… -  y reorientamos nuestros esfuerzos en algo nuevo y distinto que se nos pide o que tenemos que afrontar, o que viene con las exigencias propias de la vida.

Caminos que desearíamos rectos y sin cambios pero que la vida misma reorienta, nos hace ver algo nuevo o surgen nuevas expectativas. Pero de alguna manera no abandonamos nuestra meta primera que es nuestro desarrollo, por ejemplo, como persona, la forja de nuestra personalidad. Ha habido una capacidad de acogida de lo nuevo en nosotros que al final nos ha enriquecido. ¿Habremos sabido hacer un recorrido así en nuestra vida o acaso nos habremos sentido frustrados por los imprevistos o contratiempos?

Me hago esta reflexión, sobre algo que es nuestra vida o cosas que nos pasan en la vida, porque de alguna manera quiero ver hoy en esta reflexión que nos hacemos sobre María. Una mujer de fe profunda era María y su vida era para Dios, pero Dios se le va manifestando para embarcarla, por decirlo de alguna manera, en su proyecto divino de salvación para la humanidad. Cuando no pensaba en la maternidad Dios le ofrece ser la Madre del Altísimo y se siente desconcertada ante aquellos nuevos caminos que le abren en la vida. Ya nos dice el evangelio que se puso a considerar lo que le había dicho el ángel. Pero allí está la que se siente humilde esclava del Señor para que en ella se cumpla su palabra. ¡Dichosa tú que has creído porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá!, como le dice su prima Isabel.

Lo que sigue en la vida de Maria no son caminos fáciles. Su peregrinaje de servicio a las montañas a la casa de Isabel, su prima, su camino a Belén donde encontrará las puertas cerradas porque no hay sitio en la posada para ellos, el nacimiento de Jesús en la extrema pobreza de un establo en medio del campo, su huida a Egipto y su vuelta a Nazaret. Tenemos que pensar en aquellos recorridos y en su pobreza pero ella está para realizar cuanto el Señor le ha dicho, cuanto el Señor le pida. Caminos nuevos y no fáciles se irán abriendo continuamente ante sus pasos.

Hoy nos narra el evangelio un episodio que también como madre le llenaría de desconcierto. La pérdida de Jesús en su subida a Jerusalén para la Pascua, o más bien en su regreso con la angustia de tres días de búsqueda. ¿Qué era de todas aquellas promesas que le había dicho el ángel? ¿En qué se podía quedar todo? Cuantas veces los sueños de los padres se ven frustrados por acontecimientos que les suceden a los hijos o sus reacciones. ‘¿No sabíais que yo tenía que ocuparme de las cosas de mi Padre?’ fue la respuesta de aquel adolescente ante la imprecación de los padres que llevaban tres días buscándolo sin encontrarlo.

Pero hay unas cosas muy hermosas que nos dice el evangelio. Es cierto que no comprendieron en aquel momento entremezclado de angustia y alegría las palabras de Jesús, pero apostilla muy sabiamente el evangelista que ‘María conservaba todas estas cosas en el corazón’.

Guardar en el corazón. Tenemos que aprender. De lo guardado en el corazón se aprende y puede salir algo positivo; pero tenemos que saber poner un filtro porque no son las frustraciones lo que tenemos que guardar; fácilmente guardamos muchas cosas con resentimiento, con amargura, con demasiados tintes negros. Ahí no podrá brillar el amor que necesita luz, que necesita de otros colores que inviten a la esperanza, que nos hagan mirar al cielo.

Guardemos siempre lo mejor, lo positivo que nos enriquezca, sepamos olvidar lo que nos amarga, porque con corazón que está lleno de amarguras destilará hiel en lugar de miel, y por eso la vida de tantos se hace tan difícil y tan insoportable.

¿Comparamos con aquellos recorridos de nuestra vida de los que antes hablábamos? Tengamos en cuenta siempre lo que nos enriquezca, aunque a veces nos encontremos con curvas en los caminos de la vida, quizás detrás de una de esas curvas nos va aparecer una perspectiva brillante que nos va a enriquecer el espíritu.

Hoy miramos el Corazón de María, que guardaba tantas cosas y del que tenemos tanto que aprender.

miércoles, 29 de mayo de 2024

No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos, no tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús porque es el guía de nuestro camino

 


No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos, no tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús porque es el guía de nuestro camino

1Pedro 1, 18-25; Salmo 147; Marcos 10, 32-45

Cuando hacemos un nuevo camino necesitamos quien vaya delante de nosotros, quien nos guíe para no errar en el camino, para encontrar la verdadera senda; eso nos dará seguridad, eso a pesar de las dificultades del camino hará que no caminemos con miedo, que no nos falte la paz. No podemos hacer el camino por nuestra cuenta, adelantarnos a quien está haciendo de guía, pretender hacer por nosotros mismos nuestras propias sendas abandonando la ruta que nos ha trazado quien de verdad conoce el camino y sabe dónde está la meta o el fin de ese camino. Es cierto que algunos son atrevidos en los caminos de la vida y quieren hacerlo por sí mismos, pero hemos de estar seguros de cuáles son nuestras metas para no trazarnos ni metas ni sendas que no nos llevan a ninguna parte, sino que al contrario nos llenan de confusión.

Jesús va delante de nosotros, como nos dice hoy el evangelio. Nos está hablando de que subían a Jerusalén; era importante aquella subida por los anuncios que ya Jesús les iba haciendo, aunque a ellos les daba miedo y no terminaban de entender. Jesús no se detiene en el camino porque sabe bien a las claras cual es la meta de aquella subida, su Pascua. Por eso les anuncia cuanto va a suceder en Jerusalén, aunque ellos, repito, no terminan de entender.

Tanto es así que no entendían que si en otra ocasión fue Pedro el que trataba de quitarle la idea a Jesús de su cabeza, encontrándose incluso con el rechazo de Jesús, ahora serán los hermanos Zebedeos los que vengan con sus aspiraciones. Motivará el recelo de los demás discípulos, como si ellos fueran a quitarles los puestos, como tantas veces nos sucede en la vida. Andamos tantas veces a la zancadilla, que cuando vemos a alguien que nos parece que no va con buenas intenciones ya andamos con nuestros recelos y desconfianzas. Así andaba el resto de los discípulos hacia los hermanos Zebedeos.

Y es que ellos no pedían cualquier cosa. Estaban adelantándose a pedir primeros puestos. Alguien tendría el poder en sus manos cuando llegara el nuevo reino que anunciaba Jesús, según lo que ellos entendían, por eso era necesario irse garantizando algún lugar de influencia; no en vano ellos eran medio parientes de Jesús. Ya conocemos el episodio y no es necesario entrar en más detalles.

Pero, ¿cuál es el camino que les está ofreciendo Jesús, El que es el guía de aquel camino? Jesús volverá a insistir en el espíritu de servicio y desprendimiento, Jesús seguirá pidiendo la generosidad del corazón para alejarse de todo lo que fueran ambiciones malsanas, Jesús seguirá diciéndonos que es el amor la única vestidura que hemos de tener la preocupación de vestir. Aunque no lo entiendan. El va por delante y su camino es el del amor, su camino es hacia la entrega, la senda que va realizando es el ir a entregar la vida, porque nadie se la arrebata sino que El la entrega libremente.

Y ese tiene que ser nuestro camino. No nos podemos inventar nuestros caminos como tantas veces intentamos;  no podemos andar con componendas ni figuraciones; de nada nos vale la vanidad y la apariencia. Lo importante es lo que seamos capaces de dar de corazón. No tenemos que hacer otra cosa que seguir las huellas de Jesús.

Como hoy nos dice Jesús, ‘Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos’.

¿Seremos capaces al fin de decidirnos a dar el paso de vivir esas actitudes nuevas que Jesús nos está pidiendo? ‘El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos’. ¿En qué lo vamos a manifestar? ¿Qué seremos capaces de hacer por los demás para que encuentren también ese camino de vida nueva?


sábado, 2 de diciembre de 2023

Nos lo tenemos que pensar muy bien y con mucha seriedad para estar vigilantes y no apartarnos de ese camino que nos lleva a la plenitud y es nuestra fe en Jesús

 


Nos lo tenemos que pensar muy bien y con mucha seriedad para estar vigilantes y no apartarnos de ese camino que nos lleva a la plenitud y es nuestra fe en Jesús

Daniel 7, 15-27; Sal.: Dn. 3,82-87; Lucas 21, 34-36

¿Qué es lo que realmente queremos hacer de nuestra vida? Si nos ponemos un poco razonables seguramente que todos reconoceremos que no queremos destrozar nuestra vida, que queremos buscar lo mejor, que en la vida estamos para ser felices y que por supuesto no queremos hacer daño a nadie. Claro que el tema de fondo está en qué es lo que creemos que es lo mejor, donde podemos encontrar esa felicidad que deseamos y que claro en la vida nos vamos rozando los unos con los otros y no es que queremos dañar a nadie, pero en esos roces siempre alguien saldrá dañado, y claro no queremos ser nosotros.

Aquí hay muchas cuestiones de fondo, porque es plantearnos que es lo que verdaderamente me satisface, o como puedo encontrar prontamente esos momentos de felicidad. Y nos encontramos en nuestro derredor muchas cosas que nos atraen, que nos confunden, que nos ofrecen momentos prontos de placer que confundimos con la felicidad verdadera, y poco a poco podemos irnos cegando, confundiendo, y terminamos por derroteros que no hubiéramos querido recorrer. A cualquier persona llena de vicios y de ataduras en su vida le preguntamos si querían llegar a ese estado y nos dirán que no, pero que en la pendiente de la vida las cosas fueron rodando y rodando y terminaron como terminaron. No justificamos, pero si entendemos. Porque todos estamos sometidos a esa tentación.

Hoy nos dice que Jesús que tengamos cuidado con que no se nos embote la mente; que no nos ceguemos; que no nos encerremos en esas cosas de placer pronto pero que no nos harán totalmente felices. Cuando caemos en esas redes luego terminamos queriendo más y más, y todo es como una espiral que se va agrandando y que parece que no puede tener fin. Pero hemos de romper esa espiral; tener la fuerza de voluntad suficiente para decir hasta aquí he llegado y no doy un paso más por esa pendiente, porque mucho que sea lo que me arrastre. Y sabemos que cuesta, que es difícil.

En la vida tenemos que estar atentos para no caer por esas pendientes. Son unos oropeles muy brillantes que nos atraen y nos confunden. Tenemos que saber discernir en cada momento lo que se nos ofrece y lo que hacemos. No puede ser una espiral irremediable, aunque tanto nos cueste arrancarnos de ella. Es la vigilancia de la que continuamente Jesús nos está hablando; hemos escuchado hablar del criado que está pendiente de la puerta para abrir apenas llegue su señor, del administrador a quien se le han confiado unas responsabilidades del cuidado de la casa y de todos los que en ella habitan y tiene que cumplir fielmente con su tarea, como del centinela que está de guardia en la muralla para evitar ser atacado. Muchas imágenes que nos propone Jesús para hablarnos de esa atención y vigilancia con que hemos de vivir.

Y es aquí cuando tenemos que ir a lo más hondo de nosotros mismos. ¿En qué o en quien hemos puesto el sentido de nuestra vida? ¿Estaremos siendo fieles a esa trayectoria que nos hemos trazado para no apartarnos ni lo más mínimo del camino? Si nos llamamos cristianos es porque nuestra fe la hemos puesto en Jesús; es El el sentido de nuestra vida, por algo nos dice que es el Camino y la Verdad y la Vida.

Es por lo que hemos optado en nuestra existencia, por ese camino, esa verdad y esa vida que es Jesús. Es lo que queremos vivir. Es lo que nos va a dar verdadera plenitud. Es de lo que no nos podemos alejar. Pero ahí están esas pendientes resbaladizas que nos rodean, que, como decíamos, nos ofrecen otras cosas que nos parecen más fáciles. Es la meta por la que tenemos que lugar, es esa vida eterna que Jesús nos ofrece para que vivamos para siempre con El.

Nos lo tenemos que pensar muy bien, con mucha seriedad. Para que no se nos embote la mente, como antes nos decía Jesús, para que sigamos el camino recto que nos lleva a la plenitud y nos hará alcanzar la verdadera felicidad.

domingo, 12 de noviembre de 2023

La esperanza de los cristianos no nos deja en una actitud pasiva, nuestra tarea es construir caminos, un mundo nuevo y mejor con los valores del evangelio

 


La esperanza de los cristianos no nos deja en una actitud pasiva, nuestra tarea es construir caminos, un mundo nuevo y mejor con los valores del evangelio

Sabiduría 6, 12-16; Sal 62; 1 Tesalonicenses 4, 13-18;  Mateo 25, 1-13

Cuando vamos haciendo camino nuestras miradas se dirigen con frecuencia al horizonte esperando ver la meta que queremos alcanzar, pero somos conscientes también de que tenemos que estar atentos al camino que vamos haciendo, para no perder sentido ni orientación, para ser conscientes quizás de las dificultades que en el paso a paso podemos encontrar y que tenemos que estar atentos a cómo superarlas, para ir recogiendo también lo que en el mismo camino podemos encontrar, no que nos distraiga, sino que sea ayuda, motivación y estímulo para alcanzar esa meta que deseamos. No podemos olvidar el momento presente, que queremos mirar desde ese horizonte al que aspiramos, pero en el que tenemos que estar preparados y bien dispuestos para cada paso que demos.

Esto lo podemos ver casi como una alegoría de lo que es también el camino de nuestra vida, en lo humano que vamos realizando y donde nos vamos desarrollando y creciendo, en lo espiritual que nos eleva hacia metas más altas, y en todo lo que significa el camino de nuestra vida cristiana. Así se trasciende nuestra vida, así elevamos nuestro espíritu, así le damos sentido, valor y profundidad a todos los actos que vamos realizando, así creceremos como personas  creceremos espiritualmente, así nos disponemos a alcanzar esa meta que es Cristo y que al mismo tiempo es el camino, como nos dirá en el evangelio.

No es fácil, porque el camino muchas veces se nos hace duro en todas las cosas que tenemos que ir superando; crecer no es fácil, porque en esos deseos de carrera y de llegar pronto podemos cometer errores, o podemos sentirnos atraídos por otras cosas que nos pudiera parecer que se nos ofrecen como más fáciles y más placenteras; son muchas las tentaciones las que nos podemos ver sometidos; recordemos cuántos errores hemos cometido en la vida en ese querer crecer como personas. También nos puede aparecer el cansancio y el desaliento y tener la tentación del abandono, o simplemente del dejarnos llevar. Nos hace falta brío y empuje, pero también la serenidad de poner los pies en la tierra e ir viendo bien las posibilidades que tenemos o que se nos ofrecen.

Hoy Jesús nos ofrece en el evangelio una hermosa parábola que muchas veces habremos meditado. Las doncellas que tenían que salir al camino con sus lámparas encendidas para recibir al novio que llegaba para la boda. Pero la espera se hizo larga, como largo parece que se nos hace también tantas veces el camino. No todas fueron igualmente previsoras para tener el aceite suficiente para que no se apagaran las lámparas. En su entusiasmo por la fiesta de la boda y la llegada del novio salieron muy alegres al camino sin el aceite de repuesto. Algunas se permitieron dormirse incluso en la espera. Cuántas veces nos dormimos porque pensamos que hay tiempo para todo.

Y cuando oyó la voz que anunciaba la presencia del novio, no todas las lámparas se pudieron encender de la misma manera, porque se les había acabado el aceite. Era tarde para buscarlo y estar a punto en el momento que se abriera y cerrara la puerta para entrar a la boda. Mientras fueron a comprarlo a última hora se cerró la puerta y ya no fueron reconocidas.

Creo que lo entendemos muy bien en la aplicación de nuestra vida. Aquellas metas, aquellos caminos, aquella atención a los pasos de cada día, aquel no permitir que nada nos distrajera y apartara del camino que nos haría llegar a nuestras metas ofreciéndonos otras cosas más fáciles. El aceite suficiente que siempre hemos de tener para que nuestra lámpara esté encendida. La atención juiciosa que hemos de ir haciendo en cada momento de los pasos que vamos dando. La mirada siempre puesta en lo alto para no perder de vista la meta a la que aspiramos, pero que nos hace estar atentos siempre a los pasos que vamos dando. Ese crecimiento humano y espiritual que vamos haciendo en nuestra vida aprovechando cuando en el camino nos vamos encontrando o se nos va ofreciendo para que logremos esa profundidad de nuestro espíritu.

Los cristianos lo hemos de tener muy claro siempre. Porque vamos haciendo el camino que nos lleva a la meta, pero vamos abriendo y construyendo camino para que otros también puedan alcanzarla. Porque si bien las muchachas de la parábola no pudieron darle el aceite que necesitaban las que ya no tenían porque eso era una tarea que cada una tenía que cuidar por su cuenta, si podemos nosotros ir mejorando nuestro mundo en esa construcción que decimos del Reino de Dios para así facilitar, para así atraer a cuantos nos rodean para que vayan también en búsqueda de ese Reino de Dios.

Los cristianos con nuestra esperanza no podemos estar en una actitud pasiva esperando que todo se nos dé hecho, sino que nuestra tarea es construir caminos, construir un mundo nuevo, un mundo mejor en el que resplandezcan los valores del evangelio. Es la manera de mantener encendida nuestra lámpara, es la forma de que no nos falte ese aceite que mantenga esa luz en nuestra vida pero esa luz que ilumine también nuestro mundo.

Es nuestro compromiso y nuestra tarea. No dejemos que nunca se nos apague esa luz que un día recibimos en nuestro bautismo y que hemos de mantener encendida para ir al encuentro con el Señor.

 


viernes, 18 de agosto de 2023

No podemos perder de vista lo que son nuestras metas e ideales, no podemos ensombrecer y de ninguna manera quitarle brillo a lo que es la sublimidad del amor

 





No podemos perder de vista lo que son nuestras metas e ideales, no podemos ensombrecer y de ninguna manera quitarle brillo a lo que es la sublimidad del amor

Josué 24,1-13; Sal 135; Mateo 19,3-12

La historia de nuestra vida tendríamos que convertirla en una historia brillante, en una historia de amor; son nuestros deseos, son nuestros sueños, podríamos decir, más elementales; es lo que buscamos y de alguna manera por lo que luchamos.

Pero pronto nos damos cuenta en la vida que sin embargo esta llena de claroscuros y de sombras, no todo brilla conforme son nuestros deseos, y encontraremos espinas que nos hieren, encontraremos contradicciones que nos confunden, encontraremos sombras de dolor que nos llenan de pesar y algunas veces todo nos puede parecer un sin sentido, porque no siempre quizás entendemos lo que nos pasa y nos encontramos como desorientado en la vida; y hasta en aquello que pareciera que llamamos amor por antonomasia, como es el amor de una pareja, el amor de un hombre y una mujer, el amor matrimonial también parece que pierde su brillo el amor y aparecen sombras que parecen destruirlo.

Pero seguimos buscando ese mundo de armonía, seguimos soñando con cosas bellas para nuestra vida, y aunque nos veamos como arrojados de acá para allá en una vida turbulenta, seguimos buscando el amor, seguimos queriendo que brille nuestra vida en todos sus aspectos.

Hoy Jesús nos propone una vez más lo que son sus ideales, lo que sueña para nuestra vida. Nos recuerda algunas cosas que son fundamentales en la vida y en toda relación humana, dejándonos claro el ideal que quiere para nosotros. No nos recrimina ni nos echa en cara, aunque constatemos las duras y crudas realidades de la vida que parece que todo quieren destruirlo. Pero las metas que nos propone Jesús ahí están de forma permanente aunque constatemos nuestra debilidad, nuestra flaqueza.

Nos recuerda que algunas veces se nos endurece el corazón, pero que tenemos que renovar continuamente nuestro amor que es el mejor suavizante que nos haga de nuevo tiernos en la vida para vivir lo que es la belleza y la hermosura del amor. Jesús conoce bien nuestras flaquezas, y El quiere caminar delante de nosotros dando en El las señales del Reino que nosotros también hemos de vivir, que también hemos de reflejar en nuestras actitudes y comportamientos, en nuestra manera de afrontar la vida y también los problemas que nos van apareciendo y que nos desestabilizan en lo más profundo de nuestras vidas.

No siempre es fácil mantener ese ritmo del camino; muchos cantos de sirena envuelven nuestros oídos y nuestra vida queriendo ofrecernos otros camino que quieren incluso presentársenos más fáciles, pero que sin embargo debilitan nuestra humanidad y pueden terminar por destruirla. No podemos perder de vista lo que son nuestras metas y nuestros ideales. No podemos ensombrecer, de ninguna manera quitarle brillo a lo que es la sublimidad del amor. Eso tendrá que resplandecer por encima de todo, aunque el mundo llame a cualquier cosa amor.

Algunas veces nos cuesta entenderlo, y mucho más vivirlo. Pero sabemos cuales son nuestras metas, como sabemos también en donde encontramos la fuerza para vivir ese amor.

viernes, 11 de agosto de 2023

Seguir a Jesús con todas las consecuencias, una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El

 




Seguir a Jesús con todas las consecuencias, una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El

 Deuteronomio 4, 32-40; Sal 76; Mateo 16,24-28

En la vida tenemos que ir siempre haciendo opciones; tenemos que decidir lo que queremos, el camino que queremos tomar; escogemos y decidimos lo que nos gusta y lo que no nos gusta, lo que deseamos tener y lo desechamos porque no nos guste, porque no nos valga para lo que nosotros queremos, lo que pueda ser un obstáculo a nuestros más profundos deseos.

Decidimos y escogemos las personas, los amigos, las cosas, lo que hacemos. Claro y lo hacemos desde unos criterios, desde unos principios, porque tampoco queremos dejarnos llevar por lo primero que se nos presente, tampoco queremos hacerlo desde unos caprichos egoístas; lo que nos obliga a pensar, a reflexionar, a encontrar los más hondos motivos. No lo queremos hacer de cualquier manera.

Algunas veces escogemos un camino que sabemos que va a ser costoso; pero es por la meta a la que queremos llegar, que queremos alcanzar; somos conscientes de ello y sabemos que merece la pena el esfuerzo, lo que nos exige un camino de superación, así como de aceptación de lo que es la realidad de nuestra vida. No es simplemente aquello de que sarna con gusto no pica, sino es la búsqueda de metas, los deseos de alcanzar algo grande aunque la pendiente sea costosa; y ahí siempre queremos poner nuestra ilusión, nuestro entusiasmo y también nuestra alegría.

Entendemos así las palabras que nos dice hoy Jesús en el evangelio. Desde que comenzó a hacernos el anuncio de la Buena Noticia de que el Reino de Dios nos llegaba, nos estaba invitando a que teníamos que hacer un cambio y una transformación grande en nuestra vida, empleaba la palabra conversión. Hoy nos invita a seguirle con todas las consecuencias; es una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El.

Eso significará que aquella primera petición que nos hacía de conversión para creer en la Buena Noticia que nos anunciaba tiene que hacer realidad en nosotros de forma clara y palpable. Su camino no es mirarnos a nosotros mismos para endiosarnos, su camino es una apertura a algo nuevo, a algo más grande y más alto, es una apertura nueva a los demás para mirarlos de manera distinta como tener una mirada distinta también sobre ese mundo que nos rodea y en el que tenemos que hacer realidad el Reino de Dios.

Significará más olvidarnos de nosotros mismos, para abrirnos mejor a ese Reino de Dios que hemos de vivir y en donde encontraremos la verdadera plenitud y felicidad. Significará afrontar la realidad de cada día de nuestra vida que seguirá estando llena de sombras, de momentos duros, de momentos difíciles, de momentos de lucha y esfuerzo por la superación.

Por eso nos habla de negarnos a nosotros mismos, que no es ni mucho menos anularnos, porque Dios siempre querrá la grandeza del hombre, pero es para encontrar esa verdadera grandeza. Por nos hablará de tomar la cruz, que no significa que tengamos que buscar lo duro y lo difícil, que tengamos que estar buscando el dolor y el sufrimiento, no es un martirizarnos de forma masoquista.

La cruz está ahí en el día a día de nuestra vida, porque seguirle a El no significa que ya están acalladas para siempre nuestras pasiones, no significa que no nos vayamos a enfermar o a tener accidentes en nuestra vida, no significa que no tengamos problemas  porque eso forma parte de la normalidad de la vida, pero nosotros tenemos un sentido nuevo que darle a todo eso, una fuerza distinta para afrontarlo y para superarnos.

‘Si alguno quiere venir en pos de mí, nos dice Jesús, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará’. Claro que nosotros tantas veces queremos ganar la vida con nuestros prestigios, con nuestros títulos, con el poder sea como sea, pero como termina diciendo Jesús, ‘¿pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?’

Busquemos lo que de verdad importa, como nos dirá Jesús en otro momento, el Reino de Dios y su justicia que lo demás se nos dará por añadidura.

 

martes, 27 de junio de 2023

Camino de esfuerzo y de superación, camino estrecho recorrido no con resignación sino con esperanza y alegría, camino de verdadera felicidad

 


Camino de esfuerzo y de superación, camino estrecho recorrido no con resignación sino con esperanza y alegría, camino de verdadera felicidad

Génesis 13, 2.5-18; Sal 14; Mateo 7,6.12-14

Nos habrá pasado en alguna ocasión; estábamos realizando algo que estábamos haciendo con mucho gusto e ilusión, las cosas nos iban saliendo bien y estábamos viendo el resultado bello y bueno de lo que estábamos realizando, pero por un descuido, por una distracción, por querer quizás probar algo nuevo con lo que pensábamos que nos podría salir mejor, bajo la influencia de alguien que quiso atraernos a su idea o lo que él pensaba a su manera que podría ser mejor, y de pronto todo se nos echó a perder.

¿Circunstancias adversas? ¿Egolatría que íbamos alimentando con aquello que estábamos realizando? ¿Influencias externas que nos distrajeron de lo que era la idea original? ¿Tentaciones de vanidad? ¿Superficialismo que nos separó de lo que haciéndolo con profundidad nos hubiera llevado a cosas hermosas? Muchas cosas podríamos pensar, pero al final echamos a la basura algo que podía ser realmente hermoso.

¿No nos sucederá algo así, no en cosas externas o materiales que podamos hacer, sino más bien en lo mejor del yo profundo de nuestra vida que malogramos por un capricho, por una mala influencia? Podríamos pensar en muchas cosas; esa lucha interior de superación que vamos realizando en nuestra vida con la que vamos avanzando como personas, vamos dándole una profundidad y madurez a nuestra vida, pero que en un momento determinado lo echamos todo a perder, cuando perdemos la tensión del crecimiento, nos dejamos arrastrar por superficialidades y vanidades, cuando nos entran las modorras y los cansancios y ya no tenemos ganas de luchar, cuando contemplamos lo que hay a nuestro alrededor y nos parecen felices los que viven en la superficialidad de la vida y nos decimos que para qué tanto esfuerzo y tanta lucha.

Como nos dice hoy Jesús en el evangelio, por un nada, tiramos a los pies de los cerdos la perla preciosa que con tanto esfuerzo habíamos ido cultivando. Nos quiere precaver Jesús, que tengamos cuidado, que no nos dejemos engatusar por caminos que nos pueden parece fáciles, porque no queremos seguir en la misma lucha de superación. Equivocamos el camino, nos queremos ir por la senda espaciosa y que nos parece fácil pero que no nos va a llevar a alcanzar esas metas altas que de la otra manera hubiéramos alcanzado.

No es que tengamos que resignarnos a hacer esas cosas que nos cuestan esfuerzo, porque pensamos que no nos queda otro remedio. No es precisamente la resignación un valor demasiado evangélico, aunque tantas veces nos hayan aconsejado la resignación cuando nos llegan los momentos de sacrificio. Cuando tenemos una meta grande en la vida, cuando queremos alcanzar algo que en verdad merece la pena y sabemos que es lo que nos va a dar la verdadera felicidad, aquellas cosas que tenemos que hacer y que nos cuestan esfuerzo y sacrificio las realizamos con ganas, con ilusión, con entusiasmo porque lo que estamos deseando es alcanzar aquella meta.

Y en ese esfuerzo e incluso sacrificio sabemos ser felices, porque estamos pregustando la gloria de la victoria final. El deportista que se entrena duramente preparándose para una competición no lo hace de mala gana sino poniendo toda su ilusión en aquel esfuerzo de entrenamiento, de superación que está realizando. Somos felices en el camino de nuestra vida cristiana, no tenemos el esfuerzo, el sacrificio, no rehuimos el camino estrecho, sabemos a donde vamos, que es lo que queremos vivir, tenemos ya de antemano el gozo de la presencia del Señor que es nuestro premio.

Es el camino que nos conduce a la vida, es lo que da sentido al camino que vamos realizando, es el gozo que sentimos en el espíritu que nos hace vivir la mejor felicidad. No tiremos a los cerdos las perlas preciosas que Dios ha puesto en nuestra vida.

sábado, 21 de enero de 2023

Necesitamos una buena y rica espiritualidad que en verdad sea el motor de nuestra vida no temiendo que nos digan que estamos locos por Cristo

 


Necesitamos una buena y rica espiritualidad que en verdad sea el motor de nuestra vida no temiendo que nos digan que estamos locos por Cristo

Hebreos 9,2-3.11-14; Sal 46; Marcos 3,20-21

No hace falta complicarse tanto la vida, parece que te vas a tragar el mundo, tómate las cosas con calma, despacio, que las cosas ya se irán resolviendo ¿o es que piensas que tu solo vas a salvar el mundo? Recomendaciones así seguramente habremos escuchado en alguna ocasión o más de una vez; bien porque nos las digan a nosotros porque nos ven demasiado implicados con lo que estamos haciendo o acaso sean recomendaciones que hacemos a alguien que lo vemos muy entusiasmado con lo que está haciendo y que no para ni para comer.

Se lo dijeron a Jesús. las muchedumbres se apiñaban a la puerta de la casa, en ocasiones no había ni por donde entrar, la gente venía de todas partes y Jesús no paraba, iba de un lado para otro, visitaba todas las aldeas y poblaciones sobre todo de Galilea, pero es que además ya se notaba también cierta oposición que había por parte de algunos a quienes incomodaba el actuar de Jesús, el anuncio del Reino de Dios, pero no de la revolución que quizás muchos ansiaban, los dirigentes habituales de la sociedad, muy manipuladores ellos de cuanto sucediera, como tantas veces sigue sucediendo hoy, se sentían incómodos porque sentían que muchas veces Jesús hablaba por ellos.

Pero no son esos los que quieren disuadir a Jesús de lo que está haciendo, de su predicación y de toda la tarea que va realizando, son su propia familia que, como sucede tantas veces, tienen miedo que se enferme con tanto trabajo o que pierda la cabeza, por eso hoy les vemos que vienen y tratan de convencerlo de que se vaya con ellos porque incluso llegan a pensar que Jesús no está bien de la cabeza. ¡Ay la familia, que algunas veces se convierte en un retardo de lo que podemos hacer o de lo que queremos emprender con sus prudencias y con sus miedos!

¿Qué es lo que nos frena muchas veces en nuestra tarea, en soñar con proyectos nuevos, en implicarnos en aquellas cosas que vemos que no marchan bien y que nadie hace nada por remediarlo? Muchas veces también nos sucede que empezamos con mucho fervor y entusiasmo una tarea, pero pronto vamos aflojando, se va debilitando aquel entusiasmo y terminamos dejándonos arrastrar por la rutina como les pueda suceder a tantos.

Por supuesto, no podemos ir a lo loco, hay que poner unos buenos cimientos en aquello que queremos hacer y tener una buena planificación. Pero tampoco podemos quedarnos en tecnicismos, por así llamarlos, porque todo se quede en una planificación muy bonita. Necesitamos en nosotros mismos un cimiento interior, porque en verdad hayamos fortalecido nuestro espíritu, y tenemos que aprender a dejarnos guiar; pueden ser, es cierto, los buenos consejos que recibamos de cuantos están a nuestro lado, pero quien en verdad tiene que guiar nuestra tarea es el Espíritu del Señor que hemos de saber sentir con su inspiración en nuestro interior.

Eso se llama tener buen espíritu, eso se llama crecimiento interior, eso se llama una buena y rica espiritualidad que sea en verdad el motor de nuestra vida. Cuando nos dejamos envolver por esa espiritualidad profunda ni vamos haciendo las cosas por puro activismo ni nos quedamos en programaciones que quedan muy bonitas en el papel, sino que sentiremos esa urgencia interior que nos mueve, que nos hace darnos y gastarnos porque queremos hacer el bien, porque queremos un mundo mejor, porque queremos en verdad construir el Reino de Dios.

Y esto es algo, hemos de reconocer, que los cristianos no cuidamos como tendríamos que hacerlo. Profundicemos en la acción del Espíritu en nosotros.

sábado, 20 de agosto de 2022

Ser humilde es exigirnos a nosotros mismos para estar siempre en camino de búsqueda de metas grandes, para crecer desarrollando todo cuanto somos

 


Ser humilde es exigirnos a nosotros mismos para estar siempre en camino de búsqueda de metas grandes, para crecer desarrollando todo cuanto somos

Ezequiel 43, 1-7ª; Sal 84;  Mateo 23, 1-12

Las mediocridades suelen ser pendientes muy resbaladizas, y las pendientes nos suelen precipitar al abismo. Yo soy bueno decimos, y vamos haciendo lo que buenamente podemos y nuestra vida se convierte en ramplona, no salimos del pe al pa, no avanzamos, siempre andamos en lo mismo, hace falta esfuerzo y deseos de superación.

Claro que cuando nos contentamos lo de siempre podemos convertir en principios inmutables lo que pudieron haber sido buenas costumbres que valían en otro momento, y aquello quedó obsoleto, fuera de lugar en el momento presente, no hubo búsqueda sincera y profunda de algo mejor, y terminamos por imponer cosas que se quedan en superficiales, pero que las queremos convertir en leyes y normas.

No eran malos los fariseos, querían ser cumplidores y se toman muy radicalmente cosas que pudieron valer en otro momento negándose a abrirse a algo nuevo y renovador. Claro que con su influencia social su estilo que decían muy de cumplidores, pero que a la larga era ramplón por lo repetitivo y por lo rutinario se quería imponer a los demás. No había apertura en su corazón sino cumplimiento ciego y radical llenando la vida de los que los rodeaban de agobios y angustias al sentirse incapaces de vivir encorsetados en tantas normas y reglas y se manifestaba todo eso en una falta de paz en el corazón.

Jesús viene abriéndonos caminos, enseñándonos a aspirar a lo más alto, pero al mismo tiempo a darle profundidad hasta en las cosas más pequeñas cuando le damos el sentido más verdadero. No nos quiere encorsetados en normas que nos tratan de imponer, sino que quiere la autenticidad del corazón. No quiere que nadie se sienta esclavo de nadie, pero nos enseña también que nuestro camino no es el imponernos los unos a los otros, sino el de caminar como hermanos que se dan la mano para superar esos obstáculos y escollos de la vida. Quiere alejar de nosotros todo lo que signifique vanidad y nos hace darnos cuenta que el orgullo es mal compañero para el camino de la vida. Lejos de nosotros la búsqueda de títulos o de pedestales, de reverencias o de reconocimientos que despierten  nuestro ego que pronto se llene de orgullo. Es en el espíritu de la humildad y de la sencillez, donde todos nos sentimos igualmente débiles, pero cuando caminamos juntos nos sentimos más fuertes, el sentido que le hemos de dar a nuestro camino.

‘Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabí”, porque Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque Uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías’.

Por eso terminará diciéndonos algo que muchas veces nos repetirá y que tanto nos cuesta comprender y aceptar. ‘El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido’.

Ser humilde no es llevar una vida ramplona; ser humilde es ser sencillo y saber ponernos a la altura del otro; es reconocer nuestra debilidad, pero reconocer también los valores que Dios ha puesto en nuestro corazón que hemos de desarrollar. Ser humilde no es ocultar los talentos, sino exigirnos a nosotros mismos para no quedarnos en la rutina, para no quedarnos en una vida ramplona y repetitiva de lo de siempre, para estar siempre en camino de búsqueda, para saber levantarnos para buscar metas grandes, para crecer desarrollando todo cuanto tenemos en nosotros. Por eso nos dirá que el que se humilla, será enaltecido, porque llegará a encontrar la verdadera grandeza de su vida.

domingo, 15 de agosto de 2021

En la fiesta de la Asunción nos alegramos los hijos en la glorificación de la Madre y al tiempo sentimos el estímulo de María como un faro de luz que ilumina nuestra esperanza

 


En la fiesta de la Asunción nos alegramos los hijos en la glorificación de la Madre y al tiempo sentimos el estímulo de María como un faro de luz que ilumina nuestra esperanza

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Sal 44; 1Corintios 15, 20-27ª; Lucas 1, 39-56

Celebramos hoy una fiesta muy hermosa de la Virgen que se traduce en numerosas advocaciones con las que queremos invocarla en multitud de pueblos y lugares. Comienzo por mi tierra en que hoy la celebramos como patrona de nuestras islas, de todo el archipiélago en su advocación de Nuestra Señora de Candelaria, aunque como fiesta propia de esta advocación la tenemos el dos de febrero. 


Sin embargo en nuestras islas y sobre todo en la isla de Tenerife todos los caminos conducen estos días a Candelaria; si no hubiera sido por la pandemia que limita nuestros movimientos y encuentros desde hace días nos hubiéramos encontrado por los caminos de la isla peregrinos que se dirigirían a la Basílica de la Patrona.

No voy a entrar en otras numerosas advocaciones con que invocamos a la Virgen en este día en tantos lugares y en tantos pueblos, sino vamos a centrarnos en lo que litúrgicamente celebramos en este día. Hoy es el día, podríamos decirlo así, del triunfo pascual de María cuando celebramos su gloriosa Asunción en cuerpo y alma a los cielos. Es la culminación de la vida de María y de su plena unión con Jesucristo, su Hijo y nuestro Salvador. Si Jesús nos dijera un día que quería que donde El estuviera estuviéramos nosotros también y por eso va al Padre y nos prepara sitio, qué podríamos decir de lo que Jesús querría para su Madre María.

El final del decurso de su vida terrenal culmina con esta glorificación de María en que Cristo quiere hacerla a Ella como primicia partícipe de su misterio de Redención. La había hecho toda pura e inmaculada en su Concepción porque iba a ser la Madre de Dios en virtud de los méritos de Jesucristo, como confesamos en los artículos de nuestra fe, como no la va a hacer partícipe de su resurrección en su glorificación en cuerpo y alma a los cielos.

Y decimos que ella es como primicia, porque es el camino al que estamos llamados todos los que creemos en Jesús. María, siempre lo decimos, es el mejor modelo de lo que es el seguimiento de Jesús. Así plantó ella en su vida la Palabra de Dios. Era como su lema y como su meta. Aquellas palabras que pronuncia ante el ángel en Nazaret no fueron fruto solo del fervor de un momento incluso con todo lo sublime que era aquel instante de la Encarnación, pero si ella fue capaz de decir ‘hagase en mi según tu palabra’, es porque ella ya en su vida se había dejado envolver totalmente por la Palabra de Dios. ‘Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica’, la plantan en su vida diría Jesús, lo que era como una alabanza a su madre, la que así se había dejado conducir por la Palabra de Dios.

¿Cómo no iba ella a prorrumpir en ese cántico de alabanza y acción de gracias a Dios que en ella había hecho obras grandes, fijándose en la humildad de su esclava? Solo quien vivía una espiritualidad profunda porque se había dejado traspasar por el Espíritu podía ser capaz de pronunciar tan hermoso cántico.

Un cántico que además se convierte en profético porque irá describiendo como todo se transforma y transfigura cuando nos dejamos inundar por la misericordia del Señor y nos dará las señales de ese mundo nuevo que va a surgir y que es el Reino de Dios. Un mundo donde son exaltados los humildes, un mundo que nos ofrecerá un orden nuevo donde los pobres y los hambrientos serán saciados mientras que aquellos que se consideraba a sí mismos hartos ahora se sentirán vacíos. Es todo un resumen del mensaje del evangelio, un resumen de la buena nueva del Reino de Dios que comienza.

Hoy con esta fiesta de la Asunción de María sentimos el gozo de los hijos cuando ven la gloria de la Madre, su glorificación al ser llevada en cuerpo y alma a los cielos. Es un momento para felicitarnos con María al tiempo que en ella nos sentimos estimulados en nuestro camino, y con ella renacen nuestras esperanzas. María viene a ser así como un impulso para nuestro camino y para nuestra esperanza; con la Asunción de María de alguna manera nos quedamos como atónitos y estupefactos al contemplarla en su glorificación, pero nos sentimos impulsados a seguir haciendo el camino donde queremos hacer presente esas señales del Reino de Dios entre nosotros.

En ocasiones podemos sentir el cansancio en nuestras luchas y en nuestros esfuerzos por hacer un mundo mejor, nos sentimos quizás en momentos algo defraudados porque nos parece que el mal avanza demasiado en medio de nuestro mundo, pero ahí está la presencia de la madre que nos alienta, que se pone a nuestro lado en el camino, que nos impulsa a dar un paso más, a poner un nuevo esfuerzo, a poner más ánimo en nuestro corazón. Es lo que hacen las madres con los hijos que con su presencia les alientan y les animan.

Así sentimos la presencia de María en esta fiesta que hoy estamos celebrando. Mitiga nuestras lágrimas ante los sinsabores de la vida y con su consuelo alivia nuestros corazones tantas veces de mil maneras atormentados. Es aliento y es esperanza, es fuerza nueva que nos da un nuevo impulso para caminar. En su imagen bendita de la Candelaria que hoy los canarios de manera especial contemplamos la sentimos como un faro de luz, en esa candela que lleva en sus manos, para ir delante de nosotros alumbrándonos el camino y haciéndonos vislumbrar nuestras metas finales.

 

domingo, 4 de julio de 2021

Necesitamos una Iglesia profética que actúe en medio del mundo a la manera de Jesús y asumir como cristianos la misión profética que hemos recibido

 


Necesitamos una Iglesia profética que actúe en medio del mundo a la manera de Jesús y asumir como cristianos la misión profética que hemos recibido

Ezequiel 2, 2-5; Sal. 122; 2Corintios 12, 7-10; Marcos 6, 1-6

Alguna vez puede sucedernos que tenemos un proyecto preparado con el mayor entusiasmo y dedicación con el que uno piensa que aquello puede ser la gran solución a graves problemas o situaciones para las que hasta entonces no se había encontrado salida o quizás pocos realmente se habían preocupado por resolver dicha situación y nos encontramos con el rechazo de frente, bien porque gente interesada no cree que esa sea la solución que quizás pueda afectar a sus intereses personales, bien por antipatías personales que tratan de desprestigiarnos. Nos sentiremos mal seguramente, podemos reaccionar con un abandono a su suerte de aquellos planes propuestos, heridos por el amor propio nos podremos poner guerreros y llenarnos de violencias, o nos sentiremos fracasados, por mencionar algunas posibles salidas.

¿Creemos de verdad en esos proyectos o en esos planes? ¿Nos sentiremos con la responsabilidad de llevarlos adelante contra todo viento o marea? ¿Nos volveremos algo así como unos quijotes que luchamos algunas veces casi sin saber contra quienes luchamos? ¿Seremos capaces de arriesgarnos a lo que pueda venir y seguir adelante con esos planes que tratan de mejorar alguna situación?

Nos encontramos en la vida con gente luchadora, que no como quijotes, sino como unos auténticos profetas luchan por unos ideales y por unas metas, tienen claros sus objetivos en la vida, buscan la manera de llevar adelante aquello que ellos consideran justo, y eso lo podemos ver en muchos aspectos de la vida. Serán quizás unos incomprendidos y muchas veces se sentirán solos, pero siguen adelante con arrojo y valentía luchando por poner ese grano de arena, que algunos no aceptan, pero que ellos saben que pueden mejorar nuestro mundo, nuestra sociedad.

¿Cómo se sentiría Jesús cuando fue a su pueblo, donde se había criado, Nazaret, y al intentar enseñar en la sinagoga como ya venía haciéndolo en otros lugares se encontró con el rechazo de su gente, de sus convecinos, incluso quizás de algunos familiares? No es extraño esto que digo de los familiares porque ya nos dice el evangelio en otro lugar que en una ocasión su familia pretendió llevárselo con ellos porque decían que no estaba en sus cabales. ¿Sentiría sensación de fracaso? Ya nos dice el evangelista que se extrañó de su falta de fe y allí no hizo ningún milagro.

Era el hijo de María y de José el carpintero; por allí andaban sus hermanos y familiares; ellos no habían visto que asistiera a ninguna escuela rabínica para aprender y tener algún título para enseñar. ¿Qué autoridad y qué sabiduría era esa?

Pero ya nos dice el evangelista para cerrar este episodio que siguió enseñando por los pueblos de alrededor. Jesús tenía claro cual era su misión profética. Reconoce con el dicho popular que ningún profeta es bien mirado en su tierra, que solo en su tierra lo rechazan y no lo aceptan. El anuncio del Reino de Dios no podía dejar se realizarse. Como profeta no podía callar, aquello que había recibido del Padre. Y empleamos esta expresión de profeta para referirnos a Jesús sin mermar ni un ápice lo que era el ser y la misión de Jesús.

Como nos dirá en otros momentos del evangelio El no nos trasmite otras cosas sino lo que ha recibido de su Padre, es el enviado del Padre. Como se nos dirá en otro momento tanto fue el amor que Dios nos tenía que nos envió y nos entregó a su Hijo único, nos dio a Jesús. El Verbo de Dios que era la luz de los hombres, aunque los hombres la rechazasen, porque las tinieblas tratan de rechazar, de ahogar la luz. Y la luz no se puede ocultar debajo del celemín, sino que hay que ponerla bien alto para que ilumine a todos los de la casa.

Con Jesús nosotros desde nuestro bautismo – para eso fuimos ungidos – hemos sido hechos sacerdotes, profetas y reyes, porque así nos configuramos con Cristo para ser como El. Por eso tenemos también que tener muy claro cuál es nuestra misión en medio del mundo. El mundo necesita profetas y es lo que tenemos que ser en verdad los cristianos en medio del mundo. No lo podemos olvidar. Aunque no nos acepten o nos rechacen; aunque seamos unos incomprendidos y hasta perseguidos por realizar esa misión. Pero tenemos que reconocer que tenemos medio abandonada esa misión profética. Como tenemos que saber descubrir y apreciar a esos profetas, aún sin fe, que en medio de nuestro mundo luchan por causas justas, que no son nuestros contrincantes en la lucha por un mundo mejor, sino que en todo lo bueno que haga un mundo más justo hemos de saber colaborar.

Es la misión de la Iglesia que no puede olvidar, de la que no se puede escaquear. Necesitamos en verdad una Iglesia profética en medio del mundo de hoy para que pueda realizar en verdad la misma obra de Jesús. A alguien le escuché decir en una ocasión hablando de la oración por las vocaciones al Sacerdocio ante la escasez de sacerdotes que más bien tendríamos que pedir al Señor por la abundancia de vocaciones de profetas. Es lo realmente necesitamos en la Iglesia, profetas auténticos que miren con los ojos de Dios nuestro mundo y nuestra sociedad para traernos la Palabra de Dios que nos ilumine y nos transforme. Es lo que hizo Jesús. Es nuestra tarea y nuestra misión.