Una
camino de amor que nos hace crecer como personas y nos lleva a alturas de
plenitud, siendo felicidad para todos
2 Reyes, 19, 9-36; Salmo47; Mateo, 76.12-14
¿Es difícil ser bueno? Algunas veces
podemos tener esa sensación; queremos caminar con rectitud pero nos vemos atraídos
por tantas cosas en nuestro entorno que parece que al final no sabemos con qué
quedarnos. Queremos hacer el bien y nos parece que estamos haciendo el tonto
cuando vemos tanta malicia a nuestro alrededor y nos parece que solo tienen éxito
los que actúan con esa astucia y esa maldad. Nos vemos quizás burlados porque
somos buenos, porque hacemos el bien, porque somos generosos con los demás y
nos desprendemos de muchas cosas por compartir con los otros.
¿Qué hacemos? Entramos en esa senda que
contemplamos en nuestro entorno o intentamos caminar con esa rectitud que nos
hemos propuesto como meta de nuestra vida. Se nos hace difícil en ocasiones
pero tenemos que mirar a nuestra conciencia y pensar si vamos a enterrar o a
olvidar esos valores que sabemos que son los que nos van a dar verdadera
grandeza a nuestra vida.
Es el camino de fidelidad que hemos
emprendido y que tenemos que seguir. Como nos dice hoy Jesús en el evangelio no
podemos tirar esas perlas preciosas por los suelos o dejar que las hociquen los
cerdos. Como cristianos hemos emprendido un camino que nos ha abierto ante
nuestra vida el evangelio del Reino de Dios y eso es lo que queremos vivir.
Costará esfuerzo, afán de superación en cada paso que demos, ser capaces de
hacer oídos sordos a esos cantos de sirena que nos ofrecen tantas cosas pero
que sabemos que son vanidad y vacío, tendremos que saber negarnos muchas veces
a nosotros mismos esos caprichos que muchas veces nos aparecen pero bien
disimulados para llegarnos a confundirnos.
¿Qué es lo que de verdad deseamos de la
vida? ¿Seguir viviendo entre falsedades y apariencias? ¿Dejarnos engatusar por
esas vanidades que pronto nos daremos cuenta que nos van a llevar a un vacío de
nuestra existencia?
¿Qué pediremos que los demás puedan
ofrecernos y que en verdad enriquezcan nuestra vida? Seguro que no queremos ir
por ese camino de superficialidades; buscaremos respeto y comprensión, que
seamos capaces de ayudarnos y tendernos la mano para caminar juntos y superar así
las dificultades, una buena convivencia donde desde ese respeto sepamos
valorarnos los unos a los otros y tratemos de lograr una armonía en nuestras
relaciones. Parecen cosas muy elementales pero nos damos cuenta de que son una
buena base para hacer que nuestra sociedad sea mejor.
Como nos dice hoy Jesús en el evangelio
‘todo lo que deseáis que los demás hagan con nosotros, hacedlo vosotros con
ellos’. Es el camino del amor que Jesús nos traza en el evangelio, un amor
generoso y que siempre será creativo, un amor que nos lleva a la búsqueda de lo
mejor que nosotros podamos ofrecer por ellos, un amor que no está esperando a
que nos amen para nosotros comenzar a amar sino que siempre tomará la
iniciativa, aunque nada haya recibido ni nada sea luego lo que nos vayan a ofrecer.
El amor que nos enseña Jesús en el evangelio es de gran altura y profundidad.
Nosotros en nuestro amor a quien estamos imitando es a Jesús que por nosotros
se entregó. Nos enseñará a amar, no de cualquier manera, sino como El nos ha
amado. Es la maravilla del amor cristiano que se hace también comprensión y
perdón y que eleva nuestro espíritu a alturas sobrenaturales.
Como decíamos el camino algunas veces
se nos hace estrecho, pero sabemos que es el camino cierto que nos lleva a la
plenitud.