Contemplando
el Corazón Inmaculado de María aprendamos de ella a guardar en el corazón para
asombrarnos ante las maravillas de Dios
Eso no lo olvidaré nunca, lo llevaré
siempre guardado en mi corazón, decimos
agradecidos a alguien cuando hemos tenido una experiencia hermosa, esa persona
ha hecho algo extraordinario por mi quizás en el momento que más lo necesitaba,
más abandonado me sentía, o pasaba por una situación difícil en la vida; no lo
olvidaremos, lo llevaremos siempre en el corazón.
Son experiencias cotidianas que podemos
vivir por las que nos sentiremos eternamente agradecidos; son, por ejemplo, las
experiencias hermosas que las madres guardarán para siempre de sus hijos; aquel
detalle que con ella un día tuvieron que pareció insignificante pero donde
ellas se sintieron arropadas por el amor del hijo, que podía parecer
insignificante pero que tanto significó para ellas; en eso las madres son una
expertas, porque igual guardan lágrimas amargas que pasaron quizás en silencio
cuando vieron a los suyos en situaciones difíciles en las que quizás poco
podían hacer, poco podían ayudar; pero allí estaba la madre detrás en silencio
y con lagrimas de amargura en su corazón y eso no lo olvidarán nunca.
¿Por qué me estoy haciendo estas
consideraciones? Hoy la liturgia, después de haber celebrado ayer el día del
Sagrado corazón de Jesús, nos invita a que miremos al corazón de María. Y
precisamente el evangelio de la infancia de Jesús nos deja como unas muletillas
ante cuanto iba sucediendo en el entorno de Jesús y que María, con ese asombro
ante el misterio pero con una fe confiada y firme, como nos dice el evangelio,
‘todas aquellas cosas las iba guardando en el corazón’.
Hablamos de asombro ante el misterio
porque fue cómo ella se vio sorprendida con aquella embajada angélica que le
anunciaba que iba a ser la Madre del Señor. Ya nos comenta el evangelista que
ante las palabras del ángel María se quedó absorta meditando y rumiando cuanto
el ángel del Señor le estaba comunicando. Podrá decir luego que el Señor se
había fijado en la pequeñez de su esclava y en ella había realizado obras
grandes. ¿Cómo María podía hacerse esa consideración para descubrir las
maravillas del Señor en su vida? Porque se dejaba sorprender por el Señor, y
rumiaba y meditaba en su corazón cuanto el Señor le iba manifestando.
Será luego en cada acontecimiento, la
llegada inesperada de los pastores a la cueva de Belén que contaban por qué
habían llegado hasta aquel lugar y las señales del cielo que habían recibido,
el cántico de los ángeles que iluminaba el cielo, aquellos magos de oriente que
aparecieron venidos de lejos con aquellos regalos del oro, el incienso y la
mirra con todo su significado, más tarde cuando Jesús jovencito ya se queda en
el templo porque tenía que ocuparse de las cosas de su Padre, aquel ir
creciendo de Jesús no solo en estatura sino en Sabiduría, serán cosas que María
irá guardando en su corazón.
Por eso su corazón será tan sensible
ante lo que sucede en su entorno; la veremos ir presurosa hasta la montaña, a
la casa de Isabel, porque no cayeron en saco roto las palabras del ángel que le
hablaban del embarazo de su prima y sabía que allí podía prestar un servicio;
María lo guardaba y lo rumiaba en su corazón pero le había ponerse en camino.
Es la atención que estará prestando en las bodas de Caná para notar que allí
pasaba algo, que allí faltaba el vino para acudir a Jesús, porque allí había
que poner un remedio o una solución. ¿No la veremos en silencio al pie de la
cruz y cómo guardaría en su corazón cuanto estaba sucediendo?
Comenzábamos comentando cómo ante cosas
extraordinarias de las que nos hayamos visto beneficiados decíamos que serían
cosas que guardaríamos para siempre en el corazón, pero creo que cuando hoy
estamos contemplando el corazón de María convertido en un buzón de amor donde
tanto iba guardado algo nos está enseñando para nosotros también aprender a
guardar y rumiar en nuestro corazón.
Será ese guardar en el corazón de forma
agradecida cuando nos vemos sorprendidos por tantas cosas buenas de las que nos
vamos beneficiando en la vida, pero creo que tiene que ser para algo más; ese
guardar y rumiar en el corazón nos hará ver muchas situaciones de una forma
distinta, nos tiene que servir para no guardar amarguras pero sí para descubrir
caminos de sanación; nos tiene que servir para que se nos abran mas nuestras
mentes y nuestro corazón para estar atento a lo que le sucedan a los demás,
pero también para encontrar caminos de servicio como hizo María; ese guardar y
rumiar en el corazón nos hará descubrir las maravillas de Dios que se nos
manifiestan o que Dios quiere incluso realizar en nuestra vida.
Ese guardar en el corazón significa
poner en nuestro corazón a esas personas que queremos, que caminan a nuestro
lado, con los que nos vamos cruzando en los caminos de la vida, sean cuales
sean las cosas que de ellos recibimos incluso cuando nos sentimos heridos. Como
la madre que siempre tendrá en su corazón también al hijo desagradecido pero
que una madre siempre llevará en el corazón.
Mucho aprendemos del corazón de Maria.
Con ella queremos cantar ese cántico de alabanza y de gratitud a Dios.