Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal, el camino que tenemos que ir liberando tomando nuestra cruz para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida
Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25
Aunque a veces parezca muy fácil, qué
duro es encontrarnos ante una encrucijada donde hemos de decidirnos qué camino
tomar. ¿Y si nos equivocamos? ¿Cómo podemos tener la certeza de acertar? Porque
una vez que hayamos tomado la decisión el camino no es lo que aparenta, vienen
las dificultades y contratiempos, surge la tentación en nuestro interior ¿y si
nos hemos equivocado y el camino no lleva a ninguna parte? Como se suele decir
cada uno arrima el ascua a su sardina, y el que nos ofrece su camino tratará
quizás de adornarlo y embellecerlo para cautivarnos, pero no es oro todo lo que
reluce y eso mismo nos tendría que hacer entrar en la duda antes de la toma de
decisión.
Es la respuesta que el cristiano tiene
que dar a la Palabra de Dios en todo momento, pero pueden venir las confusiones
de los caminos anchos y de los caminos estrechos, y lo que nos produce
incomodidad parece que no sería por lo que optaríamos. Claro que querríamos
ganarnos todo el mundo, porque a nadie le amarga un dulce y a la larga siempre
estamos soñando con grandezas y con influencias, con sentirnos poderosos y
poder hacer lo que queramos. Pero siempre dentro de nosotros está sonando una música
no para adormecernos sino más bien para interrogarnos y hacer que tomemos
buenas decisiones.
Es lo que se nos está planteando hoy en
este segundo día de la cuaresma recién comenzada. ‘Hoy pongo delante de ti
la vida y el bien, la muerte y el mal’, nos plantea el profeta. Tendría que
ser la opción de la vida el camino que escogiéramos. Y es lo que tenemos que
asegurarnos, porque como nos dirá luego Jesús en el evangelio, ‘¿De qué le
sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?’ Es
lo que hemos de tener claro ya desde el principio en este camino cuaresmal que
estamos comenzando. ¿Habrá pascua o no habrá pascua al final en nuestra vida? Y
ya no se trata de unas celebraciones muy bonitas o muy solemnes que podamos
tener cuando llegue la Semana Santa. La Pascua va a depender de la intensidad
que pongamos en nuestra vida para escuchar y para sentir el paso del Señor.
No podemos perder de vista hacia donde
vamos, qué es lo que vamos a celebrar y vivir. Es en lo que tenemos que poner
toda la intensidad de nuestra vida, de nuestra fe, de la respuesta que vamos a
ir dando. De ahí la riqueza tan grande de la Palabra de Dios que día a día se
nos va a ir ofreciendo. De ahí la importancia de la apertura de nuestro corazón.
Hoy ya desde el principio nos lo está
diciendo Jesús. ¿A qué sube El a Jerusalén? Es lo que también nosotros tendríamos
que preguntarnos, ¿a qué o a donde queremos subir a lo largo de este camino
cuaresmal? ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por
los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer
día’. Nos lo dice claramente para que no tengamos confusión. Aunque
seguramente dentro de nosotros nos estaremos diciendo como los apóstoles, que
eso no puede ser, que no tiene por qué haber ese sufrimiento y esa muerte…
Pero es que Jesús nos dice también cual
es el camino; y el camino pasa por la cruz, esa cruz que tenemos que saber
aceptar. ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo,
tome su cruz cada día y me siga’. ¿Cuál es esa cruz? ¿Dónde está esa cruz?
Ver cruces adornadas no es muy fácil, pero ver y reconocer la cruz en toda su
crudeza ya nos cuesta más. Seguro que no está lejos de tu vida, porque no
faltarán dolores y sufrimientos; no estará lejos de nuestra vida porque hay
sacrificios que tenemos que hacer y nos cuestan, aparecen contratiempos que nos
malogran nuestras ilusiones, no siempre es fácil el entendimiento con los que
nos rodean empezando por los nuestros, igualmente no lo tenemos fácil para
vivir nuestra fe y dar testimonio, afloran las pasiones dentro de nosotros que
nos hacen perder el control y surgen las ambiciones y deseos de poder, aparece
el orgullo y se siente herido nuestro amor propio, surge el descontrol en
nuestra vida que nos lleva a hacernos esclavos de la pasión, rebrotan las
violencias y los recelos, el egoísmo y la insolidaridad.
Eso que somos nosotros, eso que nos
pasa continuamente con lo que tenemos que cargar o lo que tenemos que afrontar.
Tomar la cruz, negarnos a nosotros mismos, liberarnos de ataduras, limpiar el corazón
de toda maldad. Esa es nuestra pascua, ese es el camino que tenemos que ir
liberando para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida.