No
nos quedemos en una vida ramplona y vacía, sino abramos nuestro espíritu a
horizontes que nos descubran la verdadera grandeza humana
Sembramos una
semilla porque queremos que germine y nos dé una hermosa planta que un día nos
pueda ofrecer generosos y abundantes frutos; ya nos preocuparemos de cultivarla
debidamente para que nos pueda dar lo mejor de sí, la preservaremos de plagas
que puedan mermarnos la cosecha, la abonaremos de la mejor manera posible para
obtener el más sabroso fruto.
Así tendría
que ser la vida, tendría que ser nuestra vida, en crecimiento contínuo, en la maduración
de nuestra existencia, en el cultivo de los mejores valores, en sacar lo mejor
de nosotros mismos; no nos podemos contentar simplemente con dejarnos llevar,
en quedarnos en una vida amorfa, opaca y vacía, en buscar lo más fácil o lo que
nos cueste menos esfuerzo, hemos de saber desarrollar nuestras mejores
posibilidades, sacar nuestra mejor belleza interior, siempre podemos estar en
crecimiento buscando más y buscando lo mejor, algo nuevo podemos aprender y
algo más hermoso podemos descubrir, aun con nuestras limitaciones y debilidades
sin embargo ha de ser un camino de perfección, un camino de plenitud. Es el
camino de madurez al que tenemos que aspirar aunque eso signifique esfuerzo y
en ocasiones también sacrificio.
Esto que
estamos queriendo expresar manifiesta lo que son los mejores sentimientos y
mejores deseos humanos que en todos los aspectos de la vida hemos de saber
reflejar. Es expresión de nuestra mejor riqueza interior, porque la vida es
algo más que vegetar. Es el sentido profundo que le hemos de dar a nuestro
existir. En la fe que tenemos en Jesús encontramos esa luz y esa fortaleza para
ese crecimiento interior que se va a manifestar en nuestra gran humanidad. Los
parámetros que nos va ofreciendo el evangelio nos sirven de cauce y son luz
para nuestro camino. Desde esa fe nos sentimos impulsados a ese crecimiento, a
ese ir más allá, a buscar esos caminos que nos lleven a una plenitud de vida.
Es lo que nos
está queriendo decir hoy Jesús en el evangelio. Por eso Jesús nos está diciendo
que El no viene a ofrecernos rebajas sino a ofrecernos caminos que nos lleven a
la plenitud, aunque en ocasiones nos parezcan costosos. Pero ya en otro momento
nos dirá que su yugo es suave y llevadero.
Ya sé que
tendemos a liberarnos de todo lo que nos parezca imposición o merma de lo que
decimos que es nuestra libertad, pero quizás lo que sea necesario es liberarnos
de nosotros mismos, de nuestras rutinas y nuestro afán de comodidad, nuestros
deseos de alcanzar las cosas con el mínimo esfuerzo y rehuir todo lo que pueda
significar sacrificio. Siempre cuando nos parece que llegan los tiempos de
renovación lo que pensamos es en reformas que todo lo cambien para hacerlo todo
a nuestra imagen y semejanza, o lo que es lo mismo, al albur de nuestro
capricho o nuestras ambiciones.
También
quizás en aquellos momentos en que Jesús apareció por los caminos de Galilea
anunciando la llegada del Reino de Dios habría algunos que pensaran que Jesús
era aquel reformador que iba a liberarles de la Ley. Y Jesús les dice que no ha
venido a abolir sino a dar plenitud. Ha venido a ayudarnos a encontrar esa
plenitud de la persona humana, a descubrir su verdadera grandeza, a poner
nuevos horizontes en sus vidas, a elevar su espíritu para no quedarse en la
materialidad de las cosas que al final se convierten en rutinas y finalmente en
esclavitudes. Y nos dice que quiera entrar por ese camino es el que será grande
en el Reino de los cielos.
¿Nos
tomaremos así el camino del evangelio y en consecuencia el camino de nuestra
vida cristiana?