Ni pongamos nosotros una fachada para impresionar ni dejemos de ver lo que hay tras la apariencia de aquel con quien nos encontramos que nos puede estar gritando pidiendo amor
1Corintios 15, 1-11; Salmo 117; Lucas 7, 36-50
Con qué facilidad nos dejamos impresionar por las fachadas; según vemos el aspecto de la fachada ya estamos pensando lo que puede haber por dentro, y con qué facilidad nos equivocamos; y no estoy pensando en fachadas de edificios que también nos pueden llevar a muchas decepciones, sino las fachadas que algunas veces nosotros mismos nos creamos para impresionar a los que nos ven dando una apariencia de lo que no somos y por ahí andan todas nuestras vanidades y apariencias buscando prestigios o haciendo manifestaciones de influencias y de poder, pero es también el juicio que nos hacemos de las otras personas y la fachada en la que nos fijamos puede ser su apariencia de sencillez o de pobreza, puede ser su raza o el color de su piel, o sean tantos prejuicios que nos hacemos fácilmente de los otros, de las fachadas que nos creamos o de las fachadas que hemos de desmontar para aprender a descubrir lo que realmente es la persona. Y aquí sí que tendríamos que hacer un repaso muy grande y muy importante de nuestros prejuicios, de las actitudes de prepotencia con que nos presentamos y juzgamos y de tantas cosas que tendríamos que revisar en nuestra vida.
La situación en la que nos hace pensar hoy el evangelio surge cuando Jesús es invitado por un fariseo muy principal en el pueblo y estando a la mesa sin saber por qué ni por donde ha podido aparecer una mujer se postra a los pies de Jesús, lavando sus pies con sus lágrimas, derramando caros perfumes y creando una situación de incomodidad entre todos los comensales. Allá está el anfitrión de aquella casa además de pasarlo mal por la situación que inesperadamente se les ha presentado preguntándose si en verdad Jesús es o no es un profeta para darse cuenta de que aquella mujer es una pecadora.
Pero Jesús ve mucho más allá de la apariencia de aquella mujer pecadora como también lo que hay detrás del pensamiento de aquel hombre. Y Jesús propone una pequeña parábola, de los dos deudores y quien estaría más agradecido si se le condonan sus deudas para hacer recapacitar al fariseo del valor de aquella mujer que además está realizando los signos de la hospitalidad que el anfitrión de la casa no supo hacer. En aquella mujer sobre todo hay mucho amor. Lo están manifestando sus lágrimas que son signo de un arrepentimiento, aquel perfume que derrama sobre los pies de Jesús y aquellos besos con los que le manifiesta su respeto y su amor.
Será una gran deudora, pero Jesús no está allí para pasar cuentas; es un corazón arrepentido y lleno de amor y eso es lo que importa porque es lo que está ya haciendo grande a aquella mujer. No es la prepotencia de un banquete con todos sus signos de opulencia, sino el amor que lleva a mover el corazón de Dios. Ahí están sus palabras que no van a ser comprendidas y como siempre pasadas por el tamiz de su manera de ver las cosas de Dios - ¿quien puede perdonar pecados sino Dios?, se preguntan porque les parece que Jesús se está atribuyendo un poder que según ellos no tiene-; pero la medida de Dios no es a la manera de la medida de los hombres. Lo que mira Dios es nuestro corazón para ver si encuentra amor.
¿Seremos capaces de una vez por todas de mirar más allá de esa fachada ante la que nos quedamos tantas veces? Detrás de ese rostro que contemplamos siempre hay una vida, ¿seremos capaces de preguntarnos y de interesarnos por ella? Detrás de ese rostro puede haber unos problemas o una cadena de sufrimientos ¿podemos acaso imaginárnoslos? Detrás del color de la piel de ese emigrante, haya llegado como haya llegado a nuestras costas o a nuestra tierra ¿no podemos pensar que hay unas familias con toda su carga de pobreza pero también de angustia porque no saben nada de él, si ha llegado o no a nuestras costas cuando tantos se quedan en la travesía del mar? ¿Seremos capaces de ver la capacidad de amor que hay en esos corazones o la soledad que nos está pidiendo a nosotros unas migajas de amor?