En
medio de nuestras tribulaciones, nuestras luchas, nuestras búsquedas sepamos acudir
a la Sagrada Escritura para encontrar la Sabiduría de Dios para nuestra vida
2 Timoteo 3, 10-17; Salmo 118; Marcos 12,
35-37
No temamos
hacernos preguntas que nos cuestionen por dentro; es un deseo de avanzar, de
encontrar razones, de abrirnos a nuevos horizontes, de fundamentar bien lo que
ya llevamos por dentro. En la medida en que vamos avanzando por la vida
seguramente nos aparecerán nuevas cuestiones que antes no nos habíamos
planteado, pero eso significa el crecimiento que vamos experimentando y eso nos
conduce a una madurez que nos hará sentirnos más seguros. No somos ciegos que
simplemente ven por los ojos de los otros, sino que hemos de tener nuestra
propia mirada, que se siente enriquecida por lo nuevo que va encontrando, pero también
de lo que va recibiendo de los demás. No es una búsqueda que nos haga mirarnos
solo a nosotros mismos, sino que nos hará rumiar y reflexionar sobre lo que ya
forma parte de nuestra vida para ir ahondando más y más.
Hoy es Jesús en
el evangelio el que le hace preguntas a sus contrincantes; muchos habían ido planteándole
cuestiones no siempre en una búsqueda sincera de algo mejor que Jesús pudiera
ofrecerles, sino como muchas veces hemos visto querían cogerle en sus palabras
para manifestar así su rechazo a lo que Jesús estaba significando. Ayer mismo escuchábamos
al escriba que le preguntaba por el mandamiento principal de la ley, una
pregunta que no tendría sentido en quien la hacía puesto que era un maestro de
la Ley. Pero hoy es Jesús el que los cuestiona y los deja sin palabras. Si el
Mesías era hijo de David, de la descendencia de David, ¿cómo es que le llame su
Señor? No tienen respuesta; pero Jesús les está haciendo ver cual es su
verdadero mesianismo y que El está por encima de la misma Ley, si es el Hijo de
Dios como se está manifestando Jesús. El pueblo sencillo sí sabe reconocer la
veracidad y autenticidad con que Jesús se manifiesta.
Lo de menos
en nuestra reflexión en este caso es ese cuestionamiento. Hemos más bien saber
responder a esos interrogantes que en nuestro interior se nos presentan también
en el campo de nuestra fe y de la manera de expresar no solo nuestra
religiosidad sino todo lo que significa el seguimiento de Jesús, es decir, todo
lo que atañe a nuestra vida cristiana. ¿Dónde hemos de ir encontrando esas
respuestas?
Hermoso el
texto que se nos ofrece de la segunda carta de san Pablo a su discípulo
Timoteo. Está recordando el apóstol lo que ha sido el recorrido de su vida que
no siempre ha sido fácil. ‘¡Qué persecuciones soporté!’, recuerda el apóstol,
‘pero de todas me libró el Señor… todos los que quieren vivir piadosamente en
Cristo Jesús, serán perseguidos’, nos viene a decir. Por eso nos invita a
vivir en la fidelidad. Como le dice a su discípulo ‘tú, en cambio, permanece en lo que aprendiste y
creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las
Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación
por medio de la fe en Cristo Jesús’.
Ahí tenemos nuestra sabiduría que nos
hará saborear todo el sentido y el valor de la vida; es lo que nos hará crecer
y madurar, es lo que nos va a dar verdadera profundidad a nuestra vida, es
donde vamos a encontrar la fuerza para mantenernos en esa fidelidad, sintiendo
que es el Señor nuestra fortaleza. Por eso concluye diciéndonos algo hermoso. ‘Toda
Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para
corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea
perfecto y esté preparado para toda obra buena’.
¿Qué valor le damos a la Biblia? ¿La
saboreamos como lo que es, la Sabiduría de la Palabra de Dios? En medio de
nuestras tribulaciones, nuestras luchas, nuestras búsquedas ¿acudimos a la
Sagrada Escritura para encontrar esa Sabiduría de Dios para nuestra vida?