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viernes, 13 de marzo de 2026

No nos preocupemos tanto de todos los mandamientos que hemos de cumplir sino del amor que dará sentido y valor a cuanto hacemos porque nos sentimos amados de Dios

 




No nos preocupemos tanto de todos los mandamientos que hemos de cumplir sino del amor que dará sentido y valor a cuanto hacemos porque nos sentimos amados de Dios

Oseas 14, 2-10; Salmo 80; Marcos 12, 28b-34

La vida está llena de normas, de reglamentos, de protocolos como dicen ahora, de preceptos y de leyes a las que tenemos que estar atentos en todo momento; por donde quiera que vayamos, por donde quiera que nos movamos tenemos que estar atentos a cómo hemos de circular por la vida, y cuando digo circular no me refiero a todas las normas y leyes de tráfico que hemos de tener en cuenta cuando nos ponemos en carretera, sino que serán las normas o estatutos para mantener una buena ciudadanía allá donde vivamos por ejemplo, serán la leyes fundamentales de un Estado o de una nación, o serán los reglamentos en cualquier sociedad o grupo al que deseemos pertenecer, serán las normas de buena convivencia en todo lo que sean nuestras relaciones sociales, hasta en la manera como hemos de sentarnos a la mesa para comer, por decir algo que nos puede parecer insulso pero que ahí está en nuestra vida social. ¿Qué es lo importante en todo eso? ¿A qué tenemos que hacerle caso o habrá algo que podamos dejar de cumplir?

Pero queremos quedarnos simplemente en todo lo que es ese entramado de nuestra vida social, sino que quizás tenemos que ir a algo más profundo con lo que vamos a manifestar nuestra identidad. ¿Pueden ser las normas éticas o morales a las que tenemos que atenernos para vivir todo lo que es la dignidad de la persona y la rectitud de una vida?

Me he entretenido en este preámbulo que nos puede valer también para plantearnos muchas cosas para entender la pregunta que aquel maestro de la ley le viene a hacer a Jesús, como escuchamos hoy en el evangelio. ¿Cuál es el mandamiento principal de la ley? Y entenderemos esta pregunta porque aparte de los mandamientos que vienen reflejados en los libros de la Ley, en el Pentateuco, que además se desarrolla en muchas cosas y detalles concretos que marcan la vida del pueblo de Dios, con el paso del tiempo desde la influencia de los diversos grupos religiosos los judíos se habían llenado de leyes y preceptos que al final incluso a los maestros de la ley les era difícil recordar y cumplir. De ahí la pregunta que la hace a Jesús, que podría ser también nuestra pregunta, que no en vano nos llenamos también de tantos cánones.

Podríamos decir que aquel maestro de la ley que le viene a preguntar a Jesús se debate entre la cantidad de leyes para saber qué es lo importante, pero la respuesta de Jesús podíamos decir que va por otro camino, aquello que verdaderamente va a dar calidad a la vida del hombre, a la vida del creyente. Por eso recordando literalmente Jesús lo que ya en el Pentateuco se decía nos lo viene a centrar todo en el amor. El amor a Dios sobre todas las cosas pero al mismo tiempo y con la misma intensidad el amor al prójimo.

No es algo para decir simplemente como aprendido de memoria, es algo que hemos de tener como el sentido de nuestra vida. De ahí podremos derivarlo luego todo, pero ahí tenemos que centrarlo todo. Porque además no parte del amor que nosotros podamos poner por nuestra parte, sino que siempre partirá del amor que Dios nos tiene. Con todo el corazón, con toda la fuerza de su Espíritu, con todo el pensamiento de Dios El nos ama. Porque Dios nunca  nos aparta de su pensamiento sabemos que nunca nos faltará su amor. Qué seguridad más grande sentimos en nuestro interior.

En esa onda nosotros hemos de entrar; y como el amor de Dios siendo muy personal y también muy directo a nuestra persona, a cada persona, porque nos ama como si fuéramos únicos, es también el amor que Dios tiene a todos y en consecuencia por ese camino nosotros también hemos de andar. Y ese amor vale más que todos los holocaustos y sacrificios, porque no son cosas lo que nosotros ofrecemos sino que nos ofrecemos a nosotros mismos, nos damos a nosotros mismos, porque eso es realmente el amor.

Si así estamos en el pensamiento de Dios que nos ama ¿también seremos capaces de tener en nuestro pensamiento a ese prójimo al que tenemos que amar? Ovala fuéramos capaces de hacerlo así, porque será la forma de comenzar a amar de verdad. Cuando te cueste amar a alguien ponla en tu pensamiento de la misma manera que Dios te tiene en su pensamiento.

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