No
nos preocupemos tanto de todos los mandamientos que hemos de cumplir sino del
amor que dará sentido y valor a cuanto hacemos porque nos sentimos amados de
Dios
Oseas 14, 2-10; Salmo 80; Marcos 12, 28b-34
La vida está
llena de normas, de reglamentos, de protocolos como dicen ahora, de preceptos y
de leyes a las que tenemos que estar atentos en todo momento; por donde quiera
que vayamos, por donde quiera que nos movamos tenemos que estar atentos a cómo
hemos de circular por la vida, y cuando digo circular no me refiero a todas las
normas y leyes de tráfico que hemos de tener en cuenta cuando nos ponemos en
carretera, sino que serán las normas o estatutos para mantener una buena
ciudadanía allá donde vivamos por ejemplo, serán la leyes fundamentales de un Estado
o de una nación, o serán los reglamentos en cualquier sociedad o grupo al que
deseemos pertenecer, serán las normas de buena convivencia en todo lo que sean
nuestras relaciones sociales, hasta en la manera como hemos de sentarnos a la
mesa para comer, por decir algo que nos puede parecer insulso pero que ahí está
en nuestra vida social. ¿Qué es lo importante en todo eso? ¿A qué tenemos que
hacerle caso o habrá algo que podamos dejar de cumplir?
Pero queremos
quedarnos simplemente en todo lo que es ese entramado de nuestra vida social,
sino que quizás tenemos que ir a algo más profundo con lo que vamos a
manifestar nuestra identidad. ¿Pueden ser las normas éticas o morales a las que
tenemos que atenernos para vivir todo lo que es la dignidad de la persona y la
rectitud de una vida?
Me he
entretenido en este preámbulo que nos puede valer también para plantearnos
muchas cosas para entender la pregunta que aquel maestro de la ley le viene a
hacer a Jesús, como escuchamos hoy en el evangelio. ¿Cuál es el mandamiento
principal de la ley? Y entenderemos esta pregunta porque aparte de los
mandamientos que vienen reflejados en los libros de la Ley, en el Pentateuco,
que además se desarrolla en muchas cosas y detalles concretos que marcan la
vida del pueblo de Dios, con el paso del tiempo desde la influencia de los
diversos grupos religiosos los judíos se habían llenado de leyes y preceptos
que al final incluso a los maestros de la ley les era difícil recordar y
cumplir. De ahí la pregunta que la hace a Jesús, que podría ser también nuestra
pregunta, que no en vano nos llenamos también de tantos cánones.
Podríamos
decir que aquel maestro de la ley que le viene a preguntar a Jesús se debate
entre la cantidad de leyes para saber qué es lo importante, pero la respuesta de
Jesús podíamos decir que va por otro camino, aquello que verdaderamente va a
dar calidad a la vida del hombre, a la vida del creyente. Por eso recordando
literalmente Jesús lo que ya en el Pentateuco se decía nos lo viene a centrar
todo en el amor. El amor a Dios sobre todas las cosas pero al mismo tiempo y
con la misma intensidad el amor al prójimo.
No es algo
para decir simplemente como aprendido de memoria, es algo que hemos de tener
como el sentido de nuestra vida. De ahí podremos derivarlo luego todo, pero ahí
tenemos que centrarlo todo. Porque además no parte del amor que nosotros
podamos poner por nuestra parte, sino que siempre partirá del amor que Dios nos
tiene. Con todo el corazón, con toda la fuerza de su Espíritu, con todo el
pensamiento de Dios El nos ama. Porque Dios nunca nos aparta de su pensamiento sabemos que
nunca nos faltará su amor. Qué seguridad más grande sentimos en nuestro
interior.
En esa onda
nosotros hemos de entrar; y como el amor de Dios siendo muy personal y también
muy directo a nuestra persona, a cada persona, porque nos ama como si fuéramos únicos,
es también el amor que Dios tiene a todos y en consecuencia por ese camino
nosotros también hemos de andar. Y ese amor vale más que todos los holocaustos
y sacrificios, porque no son cosas lo que nosotros ofrecemos sino que nos
ofrecemos a nosotros mismos, nos damos a nosotros mismos, porque eso es
realmente el amor.
Si así
estamos en el pensamiento de Dios que nos ama ¿también seremos capaces de tener
en nuestro pensamiento a ese prójimo al que tenemos que amar? Ovala fuéramos
capaces de hacerlo así, porque será la forma de comenzar a amar de verdad.
Cuando te cueste amar a alguien ponla en tu pensamiento de la misma manera que
Dios te tiene en su pensamiento.
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