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martes, 17 de marzo de 2026

¿Sentiremos hoy nosotros que Jesús también se nos acerca y nos dice que si queremos curarnos o nos quedamos en nuestras angustias y soledades?

 


¿Sentiremos hoy nosotros que Jesús también se nos acerca y nos dice que si queremos curarnos o nos quedamos en nuestras angustias y soledades?

Ezequiel 47, 1-9. 12; Salmo 45; Juan 5, 1-16

Es una reacción que habremos escuchado muchas veces, o acaso nosotros cuando nos hemos visto en situaciones difíciles y problemáticas y no sabíamos cómo salir adelante también habremos pensado o dicho como una queja. ‘Nadie me echa una mano, nadie me ayuda, parece que las soluciones son para los más listos o los que tienen mejores padrinos…’ y así muchas lamentaciones más. ¿Qué estamos haciendo realmente para salir de ese mal paso? ¿Qué tipo de soluciones buscamos? ¿Cómo nos sentimos interiormente en nuestra soledad que nos hace sentirnos abandonados?

Jesús se acercó por aquella piscina en los aledaños del templo – era precisamente por donde eran entradas las ovejas y los animales que iban a ser sacrificados y aquella piscina estaba casi como un rito para aquellas purificaciones sagradas – pero en aquella piscina sucedía también algo extraño, pues sus soportales estaban plagados de enfermos, de paralíticos esperando poder entrar en el agua en un momento determinado para encontrar la sanación de sus miembros inválidos. Sentían como un movimiento milagroso de las aguas y todos corrían a meterse en la piscina esperando poder curarse. Allí estaba un hombre treinta y ocho años esperando.

Desapercibido Jesús y desapercibido aquel hombre en un rincón a causa de su minusvalía habrá un encuentro de vida y salvación. Muchas eran las negruras del corazón de aquel hombre tantos años abocado al fracaso. ‘¿Quieres curarte?’, es la pregunta de Jesús. Y vienen las quejas y la amargura, otros se me adelantan inmisericordes porque yo no tengo a nadie que me ayude. Es también la tragedia de su soledad, no tiene a nadie. Es su imposibilidad, por algo está allí, pero es también su soledad, que todo lo vuelve negro para él. Ni reconoce a Jesús ni tiene tampoco noticias de Él.

¿Por qué alguien ahora viene a interesarse por mí? Quizás sea la pregunta que en su interior también puede hacerse. Porque esas amarguras del alma también nos vuelven desconfiados. Nos han aislado, pero también nosotros nos aislamos; tenemos unas barreras pero nosotros con nuestros resabios y desconfianzas ponemos otras. ¿No es de alguna manera normal sentirse mal con todo el mundo cuando así nos vemos abandonados y nadie cuenta con nosotros o nadie se interesa por nosotros? puede ser parte de la raíz de tantas acritudes que nos encontramos en la vida; fijémonos en los rostros de aquellos con los que nos cruzamos por el camino, miremos su sorpresa llena de interrogantes si acaso nosotros los saludamos cuando a su paso a nuestro lado no esperaban ese saludo; miremos como la gente va encerrada en su mismo y en sus cosas y ni presta atención con el que se cruza en la acera de la calle. ¿No tendremos acaso que romper esa espiral en la que nos vemos envueltos porque al final nosotros estamos haciendo lo mismo?

Aquel día Jesús rompió esa espiral con aquel hombre que tanto tiempo había estado junto al agua, pero no había podido encontrar el agua viva que lo salvara. Y allí estaba Jesús que venía a ofrecer esa agua. ‘Si conocieras el don de Dios le pedirías tú esa agua al que ahora parece que tiene sed’, le decía Jesús a la samaritana junto al pozo de Jacob. Y para eso está allí ahora Jesús. ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’, le dirá Jesús.

¿Sentiremos hoy nosotros que Jesús también se nos acerca y nos dice que si queremos curarnos? Viene a ofrecernos el agua viva, viene a ser la luz que disipe tantas tinieblas de nuestro corazón, viene a traernos la paz frente a tantas amarguras o tantas distancias que nos hemos fabricado en la vida; El es la resurrección y la vida para liberarnos de tantas muertes que hay en nosotros; es la pascua, el paso salvador del Señor por nuestra vida.

Pero no olvidemos también que es lo que nosotros hemos de ofrecer a ese mundo que nos rodea y que ya no sabe que agua buscar, cuál es la luz que necesita, o que prefiere seguir viviendo en su muerte – si es que eso se llama vivir – porque cuesta mucho arrancarse de tantas esclavitudes y dependencias en las que hemos envuelto nuestra vida.

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