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domingo, 28 de junio de 2026

Decisiones que parecen locuras pero que nacen del amor y nos hacer caminar de una forma radical con un nuevo sentido de vida

 

Decisiones que parecen locuras pero que nacen del amor y nos hacer caminar de una forma radical con un nuevo sentido de vida

2Reyes, 4, 8-16; Salmo 88; Romanos, 6, 3-4.8-11

Hay momentos en la vida en que llega la hora de tomar decisiones; la radicalidad con que hemos de tomar esas decisiones algunas veces parece que no hay nadie que lo entienda; es una nueva manera de concebir las cosas, de entender la vida que parece que va a contracorriente de lo que parece que tiene que ser lo habitual; nos sentimos nosotros mismos abrumados quizás por tener que tomar esa decisión, los que están a nuestro lado no lo entienden, pero quizás nosotros en el fondo tenemos claras cuales son nuestras metas, los objetivos que pretendemos en la vida, en lo que hacemos, en nuestros negocios, en la relación con los demás, porque son cosas que pueden afectar a diferentes situaciones de nuestra vida, en diferentes estadios nos podemos encontrar con momentos radicales así. Mantener el pulso nos puede ser costoso pero lo tenemos claro.

Creo que es lo que nos está planteando hoy Jesús en el evangelio. Nos parecen muy radicales y exigentes sus palabras, porque nos está diciendo que quien no lo hace así como nos está diciendo, no es digno de Él. ¿No nos recordará lo que en otro momento nos ha dicho que tenemos que estar con El o contra Él, porque el que no recoge con El desparrama?

Y nos toca momentos o situaciones de las más normales de nuestra vida como son nuestras relaciones familiares con padres, hermanos, esposos, hijos. Y pareciera que hiciera una comparación entre el amor que hemos de mantener en esos lazos familiares con el amor que a Él le hemos de tener. 

Fijémonos bien en las palabras de Jesus y no es que pretendamos hacer rebajas, sino fijarnos en su hondo sentido y también en consecuencia en la radicalidad que nos pide. ‘El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí’.

¿No tenemos que amar a nuestros padres o a nuestros hijos? No es eso lo que nos está pidiendo Jesús, sino que sepamos encontrar lo que es verdaderamente la prioridad de nuestra vida y lo que va a dar sentido y valor a todo lo que luego tengamos que vivir. Sí, el amor de Dios tiene que estar por encima de todo, ‘amarás a Dios sobre todas las cosas’, decimos en los mandamientos, ‘con todo el corazón, con toda el alma, con todo tu ser’, como nos dice el texto bíblico. Pero es que ahí está la raíz de todo nuestro amor, ahí es donde haremos que todo nuestro amor sea sublime, es desde ese amor que le tenemos a Dios que no es sino respuesta el amor infinito que Él nos tiene y al que queremos imitar desde donde aprenderemos a amar también con todo nuestro ser a aquellos a los que tenemos que amar. ¿No nos pedirá que amemos a los demás como Él nos ha amado?

No es contraponer, es fortalecer y darle hondura, para que esos amores humanos que hemos de vivir no sean un obstáculo al amor de Dios. Es una exigencia que no nos hace pesado el amor sino todo lo contrario. Como decía san Agustin el amor suaviza todos los preceptos. Y podemos recordar aquella anécdota de la Madre de Calcuta cuando alguien llegó y a ver como ella trataba a los pobres y los enfermos y decía que ni por todo el oro del mundo esa persona decía que no sería capaz de hacer aquello; a lo que Santa Teresa de Calcuta le respondía que ella tampoco lo hacía por eso, porque lo hacía por amor.

Nos habla Jesús de tomar la cruz para seguirle, porque de lo contrario no seríamos dignos de Él. Es la carga del amor lo que hará que nada ni nadie nos pueda separar de ese amor de Dios. Porque hemos de tener claro, como decíamos, cuales han de ser nuestras prioridades. ¿Qué será entonces para nosotros ganar la vida? ¿Serán solamente esas ganancias materiales que podamos ir obteniendo por lo que hacemos? Jesus nos habla de perderla, de gastarla, de entregarla como Él lo hizo. Ahí está nuestra verdadera ganancia, solamente así es como le daremos sentido de plenitud a nuestra vida.

Y claro eso son decisiones muy serias y hasta radicales que hemos de ir tomando, porque desde ese amor las cosas se miran con otro sentido y con otro valor. Y claro, el mundo que no camino sino por intereses y ganancias no nos comprenderá. Pero nosotros somos locos de amor por Cristo porque en Él y en su amor encontraremos la verdadera plenitud de nuestras vidas.

jueves, 19 de febrero de 2026

Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal, el camino que tenemos que ir liberando tomando nuestra cruz para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida

 


Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal, el camino que tenemos que ir liberando tomando nuestra cruz para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida

Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25

Aunque a veces parezca muy fácil, qué duro es encontrarnos ante una encrucijada donde hemos de decidirnos qué camino tomar. ¿Y si nos equivocamos? ¿Cómo podemos tener la certeza de acertar? Porque una vez que hayamos tomado la decisión el camino no es lo que aparenta, vienen las dificultades y contratiempos, surge la tentación en nuestro interior ¿y si nos hemos equivocado y el camino no lleva a ninguna parte? Como se suele decir cada uno arrima el ascua a su sardina, y el que nos ofrece su camino tratará quizás de adornarlo y embellecerlo para cautivarnos, pero no es oro todo lo que reluce y eso mismo nos tendría que hacer entrar en la duda antes de la toma de decisión.

Es la respuesta que el cristiano tiene que dar a la Palabra de Dios en todo momento, pero pueden venir las confusiones de los caminos anchos y de los caminos estrechos, y lo que nos produce incomodidad parece que no sería por lo que optaríamos. Claro que querríamos ganarnos todo el mundo, porque a nadie le amarga un dulce y a la larga siempre estamos soñando con grandezas y con influencias, con sentirnos poderosos y poder hacer lo que queramos. Pero siempre dentro de nosotros está sonando una música no para adormecernos sino más bien para interrogarnos y hacer que tomemos buenas decisiones.

Es lo que se nos está planteando hoy en este segundo día de la cuaresma recién comenzada. ‘Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal’, nos plantea el profeta. Tendría que ser la opción de la vida el camino que escogiéramos. Y es lo que tenemos que asegurarnos, porque como nos dirá luego Jesús en el evangelio, ‘¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?’ Es lo que hemos de tener claro ya desde el principio en este camino cuaresmal que estamos comenzando. ¿Habrá pascua o no habrá pascua al final en nuestra vida? Y ya no se trata de unas celebraciones muy bonitas o muy solemnes que podamos tener cuando llegue la Semana Santa. La Pascua va a depender de la intensidad que pongamos en nuestra vida para escuchar y para sentir el paso del Señor.

No podemos perder de vista hacia donde vamos, qué es lo que vamos a celebrar y vivir. Es en lo que tenemos que poner toda la intensidad de nuestra vida, de nuestra fe, de la respuesta que vamos a ir dando. De ahí la riqueza tan grande de la Palabra de Dios que día a día se nos va a ir ofreciendo. De ahí la importancia de la apertura de nuestro corazón.

Hoy ya desde el principio nos lo está diciendo Jesús. ¿A qué sube El a Jerusalén? Es lo que también nosotros tendríamos que preguntarnos, ¿a qué o a donde queremos subir a lo largo de este camino cuaresmal? ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’. Nos lo dice claramente para que no tengamos confusión. Aunque seguramente dentro de nosotros nos estaremos diciendo como los apóstoles, que eso no puede ser, que no tiene por qué haber ese sufrimiento y esa muerte…

Pero es que Jesús nos dice también cual es el camino; y el camino pasa por la cruz, esa cruz que tenemos que saber aceptar. ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga’. ¿Cuál es esa cruz? ¿Dónde está esa cruz? Ver cruces adornadas no es muy fácil, pero ver y reconocer la cruz en toda su crudeza ya nos cuesta más. Seguro que no está lejos de tu vida, porque no faltarán dolores y sufrimientos; no estará lejos de nuestra vida porque hay sacrificios que tenemos que hacer y nos cuestan, aparecen contratiempos que nos malogran nuestras ilusiones, no siempre es fácil el entendimiento con los que nos rodean empezando por los nuestros, igualmente no lo tenemos fácil para vivir nuestra fe y dar testimonio, afloran las pasiones dentro de nosotros que nos hacen perder el control y surgen las ambiciones y deseos de poder, aparece el orgullo y se siente herido nuestro amor propio, surge el descontrol en nuestra vida que nos lleva a hacernos esclavos de la pasión, rebrotan las violencias y los recelos, el egoísmo y la insolidaridad.

Eso que somos nosotros, eso que nos pasa continuamente con lo que tenemos que cargar o lo que tenemos que afrontar. Tomar la cruz, negarnos a nosotros mismos, liberarnos de ataduras, limpiar el corazón de toda maldad. Esa es nuestra pascua, ese es el camino que tenemos que ir liberando para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Ama y serás feliz, pero seamos conscientes de lo que en verdad nos exige el amor para que sea auténtico y con todas sus consecuencias

 


Ama y serás feliz, pero seamos conscientes de lo que en verdad nos exige el amor para que sea auténtico y con todas sus consecuencias

Romanos 13, 8-10; Salmo 111; Lucas 14, 25-33

Ya está todo hecho, ama y serás feliz. ¿Será verdad? ¿Será algo tan fácil? Bueno, son unas conclusiones que muchos sacamos de las palabras que escuchamos hoy en el evangelio, pero mira por donde no todos entendemos lo mismo ni todos hacemos lo mismo. Es el lema de muchos que viven a su aire, aunque tendríamos que preguntarnos qué es lo que realmente entienden por amor. ¿Se quedará solamente en una sensualidad o en la búsqueda de unas satisfacciones que a la larga se pudieran convertir en egoísta porque solo lo pienso para mí, para mis satisfacciones particulares?

Seguimos sin negar esa primera cosa que hemos dicho casi como una sentencia, pero no siempre vemos pronto esa felicidad por amar, porque hemos de entender todo su sentido desde lo más hondo que es amar. Porque tenemos que pensar en amor como una donación de nosotros mismos, podemos pensar en lo que eso significa de entrega de mi mismo, porque ya no solo puedo pensar en mi mismo sino en aquel que amo para quien quiero lo mejor, quiero siempre el bien; y no siempre será fácil, porque podemos encontrarnos de frente algo que no nos agrade demasiado, porque tenemos que pensar en un vaciarnos de nosotros mismos porque queremos dar desde nosotros mismos al otro. Y eso no siempre es fácil, cuesta realmente ese olvidarme de mi mismo para solo pensar en el bien de aquel a quien amo.

¿Seré en verdad feliz por amar? Creo que va a entenderse desde el sentido que le estoy dando a mi vida, y entonces aun en el sacrificio que tengo que hacer de mi mismo para amar me voy a sentir hondamente satisfecho. Estaremos entrando en esa órbita de felicidad que no son solo placeres sensuales, sino algo que llega, nace y se desarrolla en lo más profundo de mí ser.

Se suele decir que el amor no es exigente y es cierto porque a quien amamos no le exigimos, a quien amamos trataremos con la mayor delicadeza y atención, a quien amamos le estamos regalando de nuestra vida y nuestro ser. Pero el amor será exigente conmigo mismo. Nos pueden salir como retoños brotes de insolidaridad o de cansancio, desánimo porque no encontramos respuesta para aquello que estamos dando, lo cual estaría señalándonos una falta de generosidad por parte de nosotros mismos, nos puede rebrotar el orgullo o el amor propio que pueden hacerle perder el brillo y la belleza a ese amor. Y es ahí cuando tenemos que ser exigentes con nosotros mismos, para podar esos malos brotes, para arrancar esas viejas raíces que pueden quedar dentro de nosotros. Y eso cuesta y es doloroso. Pero no dejaremos de ser felices con aquella felicidad honda que estábamos buscando.

Es lo que nos está diciendo hoy Jesús en el evangelio. Que no nos valen unos entusiasmos pasajeros. Cuántas veces en unos buenos momentos prometemos muchas cosas y que nos vamos a querer siempre y que no nos vamos a olvidar los unos de los otros y no sé cuantas cosas más. Pero pronto nos puede entrar la rutina de la vida y aquellos amores y entusiasmos se enfrían, decaen y terminan por morir. Cuántas amistades han comenzado con un entusiasmo rayano en la locura, pero con el tiempo se han difuminado y si acaso no se nos han vuelto en contra.

Seguía mucha gente a Jesús nos dice hoy el evangelista. Pero Jesús quiere dejar las cosas claras. Y habla de que seguirle no es cualquier cosa, nos habla de negación de nosotros mismos y de cruz, nos habla de hacer opciones serias y fundamentales en la vida de las que no nos podemos volver atrás; y nos dice Jesús que las cosas hay que pensarlas bien, como el que va a construir una torre que tiene que ver si será capaz de terminarla, o el rey que va a emprender una batalla y tiene que examinar con cuantas fuerzas cuenta para culminarla bien.

¿Seremos en verdad discípulos de Jesús? ¿Estamos al tanto de todo lo que nos exige el amor? ¿Llegaremos en verdad a ser felices? Yo creo que sí, que encontraremos la felicidad más honda.

jueves, 6 de marzo de 2025

Nos presenta hoy la liturgia cuaresmal una encrucijada, pero la Palabra de Dios nos deja las suficientes señales para no errar el camino de vida que hemos de tomar

 


Nos presenta hoy la liturgia cuaresmal una encrucijada, pero la Palabra de Dios nos deja las suficientes señales para no errar el camino de vida que hemos de tomar

Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25

Todos tenemos momentos en la vida que son como encrucijadas en las que tenemos que tomar decisiones que se convierten en importantes; cuando llegamos a una encrucijada significa que hay varios caminos delante de nosotros y tenemos que escoger, escoger el mejor camino y no equivocarnos. ¿Sabemos lo que encontraremos a lo largo de ese camino? En ocasiones no vemos sino el primer trecho, los primeros pasos. ¿Tenemos que adivinar lo que hay más allá? No se trata tanto de adivinar, sino de saber leer bien las señales porque son las que nos darán la dirección apropiada. Muchas son las decisiones que tenemos que tomar en la vida, sobre nuestro futuro, sobre el sentido que le queremos dar a lo que hacemos, con quienes vamos a hacer ese camino, donde podemos mejor desarrollar lo que somos y nuestras capacidades, y así muchas cosas.

Apenas iniciamos ayer el camino de la cuaresma con la imposición de la ceniza y la invitación que escuchábamos desde la Palabra de Dios a adentrarnos dentro de nosotros mismos para poder adentrarnos en Dios. Hoy se nos hace un planteamiento serio, se nos pone en una encrucijada ante la que tenemos que comenzar a tomar decisiones.

Es lo que le planteaba Moisés al pueblo que había venido conduciendo por el desierto en aquel camino hacia la libertad, hacia la tierra prometida desde la liberación de Egipto y en el momento en que van a entrar en esa tierra que Dios les da. Es momento también de tomar decisiones, ¿qué va a hacer de sus vidas? ¿Cuál camino van a escoger? ¿Serán como los otros pueblos u optarán por el camino de vida escuchando y siguiendo lo que es la voluntad del Señor? ‘Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal’. ¿Escogerán el camino que les lleva a la vida y a la bendición?

Pero es también lo que Jesús viene a plantearnos en el evangelio del día. Primero les anuncia claramente cual va a ser el final de su camino. Habiendo vivido la experiencia jubilosa de las multitudes que seguían y aclamaban a Jesús – podemos recordar diversos momentos de su predicación por Galilea – resulta en si mismo chocante que Jesús les anuncia que ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’. En otros momentos en que Jesús hace este mismo anuncio el evangelista nos dice que les costaba comprender e incluso insistían en que eso no podía pasarle.

Pero sigamos con el texto de hoy, tras ese anuncio que hace Jesús nos viene a decir ¿queréis ser discípulos míos? Ese es el camino de entrega que también tienen que vivir. Y nos habla Jesús de negarnos a nosotros mismos, de ser capaces de perder la vida para poder ganarla; nos está diciendo que nuestro camino tiene que pasar por el amor y cuando amamos de verdad seremos capaces de olvidarnos de nosotros mismos por ese amor que les estamos ofreciendo a los demás. Y Jesús nos está diciendo ¿seréis capaces de vivir un amor así? Claro que primero nos ha dicho que porque el vive un amor así será capaz de morir para que nosotros tengamos vida.

Es la encrucijada en la que nos encontramos. Porque es cierto que es importante el amor para nosotros, pero algunas veces centramos el amor solo en amarnos a nosotros mismos. No nos dice Jesús que no nos amemos, todo lo contrario, porque en alguna ocasión nos dirá que amemos a los demás como nos amamos a nosotros mismos y lo que no queremos para nosotros no podemos quererlo ni desearlo para los demás. Pero ese amor tiene que tener una progresión en nosotros en que ya lo importante será el amor que seamos capaces de ofrecer a los demás.

Vayamos poniendo los cimientos de este camino cuaresmal que estamos iniciando, estemos atentos a las señales que nos irán apareciendo para no desviarnos de ese camino  podamos llegar a vivir de verdad la pascua.

lunes, 15 de julio de 2024

¿Seremos capaces de seguir en camino siguiendo los pasos de Jesús después de instruirnos en los planes del Reino de Dios?

 


¿Seremos capaces de seguir en camino siguiendo los pasos de Jesús después de instruirnos en los planes del Reino de Dios?

 Isaías 1, 10-17; Salmo 49;  Mateo 10, 34 – 11, 1

Algunas veces no terminamos de entender lo que nos pasa, nos sentimos desconcertados por muchas cosas; nos decimos lo fácil que sería que nos entendiéramos bien, que nos lleváramos bien, que supiéramos encontrar la manera de evitar o de solucionar conflictos, pero no entendemos la reacción de las personas, o no entendemos nuestras propias reacciones; ¿por qué actué así en aquel momento?, nos preguntamos y seguimos sin entendernos incluso a nosotros mismos.

Vamos escuchando el evangelio, vamos viendo lo que Jesus nos va diciendo lo que tiene que ser nuestra vida cuando creemos en el Reino de Dios, nos parece que no es tan difícil eso que nos queramos, y nos ayudemos, y seamos buenos los unos con los otros, pero luego nos damos cuenta que tropezamos, que aparecen en nosotros sombras de egoísmo y de insolidaridad y comenzamos a hacernos nuestras reservas, nos aparece el orgullo y ya nos cuesta aceptar el que no nos acepten o la forma de reaccionar que algunos pueden tener en relación a lo que hacemos o lo que decimos. Nos sentimos desconcertados y algunas veces desorientados.

Jesús que se ha presentado como el Príncipe de la paz, los Ángeles cantaron la gloria de Dios en su nacimiento anunciando la paz para todos los hombres, y hoy nos dice en el evangelio algo que puede parecer una contradicción. ¿Qué significan estas palabras de Jesús? Nos está hablando de constatar una realidad que se va a dar entre nosotros precisamente por su causa. Ya el anciano Simeón lo anunció como signo de contradicción. ‘Este está puesto como signo de contradicción…’

Y es que por su causa vamos a encontrarnos divididos, porque mientras unos quieren seguirle con toda radicalidad aceptando su palabra y su plan de vida para nosotros, nos vamos a encontrar – y será incluso entre los que están más cercanos a nosotros, como la familia – quien piensa de manera distinta, no va a aceptar ese plan que nos ofrece Jesús sobre lo que ha de ser el sentido de nuestra vida y vamos a encontrarnos enfrentados los unos con los otros. Ya alguien aconseja que en familia no discutamos nunca de religión, porque vamos a terminar peleados, enfrentados los unos con los otros.

Pero el que sigue a Jesús no puede dejar de proclamar aquello en lo que cree, no puede dejar de proclamar su fe en Jesús. Aunque no nos entiendan, aunque nos rechacen. La luz no se puede ocultar en el cajón, sino es para ponerla bien en alto para que ilumine a todos; algunos se podrán sentir heridos en sus ojos por esa luz y querrán ocultarla, quitarla de en medio; es que con la luz se van a descubrir las obras de tinieblas que pudiera haber en nuestra vida, y parece que nos sentimos felices en medio de esas oscuridades y queremos rechazar la luz.

Es costoso muchas veces el camino que tenemos que recorrer, pero porque sea costoso no vamos a tratar de quitárnoslo de encima. El camino hay que hacerlo, aunque por medio tengamos que cargar con una cruz pero solo es la forma de llegar a la resurrección, a la vida sin fin. Por eso Jesús nos habla de no rehusar la cruz, que tenemos que aprender a negarnos a nosotros mismos, porque ese es el camino de la vida, el camino que nos conduce a la vida. Tenemos que hacernos dignos de él. ‘Y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí’, nos dice. Aunque tengamos que perder la vida, aunque tengamos que renunciar en un momento determinado a aquello o aquellos que nos resultan los más queridos.

Pero Jesús nos dice que eso es algo tan fácil como dar de beber un vaso de agua. Lo que es necesario es tener esa buena disposición. Porque eso tan pequeño que hacemos no va a quedar sin recompensa. ‘El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa’.

Y nos dice el evangelio que Jesús después de dar estas instrucciones a sus discípulos se puso en camino. ¿Seguirnos nosotros en camino también siguiendo los pasos de Jesús?


miércoles, 8 de noviembre de 2023

El seguimiento de Jesús no lo podemos realizar desde la superficialidad, necesitamos de lleno meternos en el evangelio para descubrir su camino

 


El seguimiento de Jesús no lo podemos realizar desde la superficialidad, necesitamos de lleno meternos en el evangelio para descubrir su camino

Romanos 13, 8-10; Sal 111;  Lucas 14, 25-33

Si no nos queremos tomar la vida a broma, las cosas tiene uno que pensárselas muy bien. No nos valen superficialidades, aunque desgraciadamente veamos mucho de eso en nuestro entorno en el mundo en que vivimos; todo lo queremos fácil, con el menor esfuerzo, que lo logremos de inmediato, y así nos va. La vida es un proyecto muy hermoso y que necesita mucha dedicación.

Normalmente si estamos proyectando algo, en lo que quizás nos jugamos nuestro futuro, algo que quizás como profesional quiere ser algo importante y en lo que de alguna manera queremos vernos reflejados nosotros y lo que somos, nuestros conocimientos y nuestras posibilidades, tendremos que dedicarle mucho tiempo para prepararlo, para estudiarlo, para poder diseñarlo bien, para tener en cuenta todas las posibilidades pero también las dificultades con las que nos vamos a encontrar, y cuando tengamos todos los estudios necesarios hechos podremos proyectarlo, podemos presentar sus planos, sus objetivos, el como lo vamos a realizar, los medios con los que vamos a contar, las previsiones de futuro.

Muy complicado me dirán algunos, pero sean unas cosas o sean otras, cuando nos lo tomamos en serio, en serio tenemos que planificarlo, programarlo para poderlo realizar. ¿Quieres hacer una casa? No son cuatro rayas más o menos bien o mal trazadas con lo que vamos a contar. Será necesario contar con muchas cosas, será necesario contar también con los técnicos que pueda proyectar esos planos y luego realizar la edificación.

No estoy complicando las cosas, no lo pienses así. Es lo que nos está diciendo hoy Jesús en el evangelio de lo que significa ser su discípulo, seguirle. Le seguía mucha gente, nos dice el evangelista. Allí cerca estaban los que ya eran sus discípulos, aquellos que le seguían más cerca, aquellos a los que había escogido y llamado de manera especial, pero también estaba la muchedumbre que se entusiasmaba con Jesús, con sus milagros, con las palabras que escuchaba, con lo que iba despertando en su corazón. Muchos le seguían de una forma muy permanente, caminando tras Jesús por todos aquellos lugares, otros le seguían ocasionalmente porque pronto tendrían que volver a sus casas y familias y a sus ocupaciones más habituales.

Y es a esos, a todos aquellos que de una forma u otra querían ir tras El, a los que ahora les plantea la seriedad de lo que ha de ser su seguimiento. No es cuestión de ratos, no es cuestión de entusiasmo un día que vemos algo extraordinario, no es cuestión de ahora sí pero ahora que se ponen las cosas más difíciles me echo a un lado. Si nos planteamos una opción por Jesús tiene que ser algo muy decisivo, muy en serio, tenemos que tener claro que es lo que significa seguirle y ser su discípulo. Como terminará explicando, es como el que va a levantar una torre y tiene que ver en qué va a consistir esa torre y los medios que va a necesitar para terminarla y no se quede a medias. ¿Nos estaremos quedando a medias muchas veces nosotros en el seguimiento de Jesús?

Por eso habla Jesús de que será necesario renunciar a cosas, será muy importante el lugar en que nos pongamos a nosotros mismos porque la opción por Jesús significa que Jesús va a ser el primero en mi vida. No voy a construir mi vida solo en torno a mi mismo, sino que voy a construir mi vida en torno a Jesús. Y Jesús tendrá que ser el centro de todo. Y han de ser los valores de Jesús por los que voy a optar, los que voy a ir copiando en mi vida para hacerme uno con ellos. Tendré que estar dispuesto a copiar la vida de Jesús en mi vida, de manera que ya no sea yo sino Cristo el que vive en mí.

Es un camino nuevo de entrega y de amor hasta el final; es un camino donde tenemos que aprender a hacernos los últimos porque el amor que se hace servicio me hará primero que nada ver a los demás, en lugar de estarme mirando a mi mismo; por eso nos habla de negación de nosotros mismos y nos habla de cargar la cruz. Es lo que hizo Jesús; es lo que nos enseñó que nos hará verdaderamente grandes. Es la disponibilidad de vaciarme de mi mismo, para llenarme solo del amor de Dios.

Y esto no son cosas que nos podemos tomar a la ligera; esto no son cosas en que solamente nos dejemos llevar por las emociones momentáneas o los entusiasmos pasajeros que pronto se va a llevar el viento; esto no es cuestión de decisiones que tomamos según sea el viento que nos toque a la manera de una veleta; esto son opciones serias que tenemos que tomar en la vida.

¿Queremos en verdad ser sus discípulos? Lejos de nosotros la superficialidad y ahondemos en el camino del evangelio.

domingo, 3 de septiembre de 2023

Dejémonos cautivar y seducir por el amor que será el que nos conducirá a caminos de vida en plenitud



 Dejémonos cautivar y seducir por el amor que será el que nos conducirá a caminos de vida en plenitud


Jeremías 20, 7-9; Sal 62; Romanos 12, 1-2; Mateo 16, 21-27


Hay ocasiones en que no queremos escuchar lo que no nos gusta; pero también hemos de decir que no nos gusta algo porque no lo hemos escuchado. No es solamente aquello de que el pez se come o no se come la cola, sino el saber escuchar para entender muy bien lo que se nos quiere decir. Pero nos ciegan los prejuicios, y damos por entendida una cosa que realmente no hemos entendido. 


Un diálogo de sordos en que vamos con una idea, y por eso no llegamos a escuchar lo que se nos quiere decir; no solo no queremos escuchar sino que nos hacemos nuestras interpretaciones particulares, desde nuestras ideas o desde nuestros criterios muy particulares. cuantas veces quizás alguien que está observando de manera imparcial nuestra conversación o nuestro no entendimiento, termina diciéndonos que estamos diciendo lo mismo aunque cada uno emplee sus propias palabras. 


Nos vale hacernos una reflexión así para que tratemos de escucharnos más, de no crearnos las guerrillas que tantas veces nos armamos sin necesidad.  Un mal entendimiento cuantas veces nos lleva a distanciamientos y a enfrentamientos innecesarios.


Lo que le pasaba a los discípulos entonces y tenemos que pensar que quizás nos sigue pasando hoy. No escuchamos, llevamos las ideas preconcebidas. Como Pedro que se había hecho una idea de lo que tenía que ser el Mesías, que por otra parte le cegaba de alguna manera el amor tan grande que sentía por Jesús. No podía pasarle nada a Jesús. Como le parecía a él, si toda la gente le quería, las multitudes le seguían, iban a escucharle allí donde estaba, se sentían maravillados de los signos y milagros que hacía, ¿cómo podía decir Jesús ahora que iba a ser entregado en manos de los gentiles y que sufriría muerte cruenta? 'Eso no puede pasarte a tí. ¡Quítatelo de la cabeza!'


Pero es Jesús el que le dice ahora que se quite de en medio, que no sea tentador para él, que cambie su manera de pensar. 'Tú solo piensas a lo humano, pero no tienes ni entiendes los pensamientos de Dios'. Jesús también un día había sentido tentaciones así. 


Cuando iba a comenzar su tarea, allá en aquellos momentos en que se retiró al desierto, le venían también esos pensamientos de éxito, de grandezas, de reconocimientos; podría parecerle que la tarea que tenía por delante podía ser fácil y exitosa, porque con los poderes que tenía, con la sabiduría de sus palabras, con los gestos extraordinarios que podía hacer delante de la gente, todo el mundo caería a sus pies. Son lo que los evangelistas nos cuentan de aquellas tentaciones en que el mismo satanás se le presentaba ofreciéndoles caminos de éxito seguro. 


Pero allí sintió Jesús lo que eran realmente los caminos de Dios, caminos que tenían que pasar por el amor y la entrega hasta los límites más insospechados; sabía que no sería comprendido, como le estaba sucediendo ahora con Pedro, con quien parecía que las tentaciones se repetían. Pero otros son los caminos del Reino de Dios.


Esos caminos que Jesús quería ofrecerles a sus discípulos, quiere ofrecernos a nosotros también, y que tanto nos cuesta comprender porque seguimos también con nuestras ideas, nuestros caminos y no nos hemos decidido a emprender los caminos de Dios. como nos decía el apóstol en la segunda lectura, 'no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto'. Tenemos que dejarnos transformar, tenemos que saber discernir muy bien lo que Jesus nos ofrece. 


Hoy nos habla de cruz, de negarnos a nosotros mismos, de ser capaces de entregar la vida porque eso no es perderla sino ganarla. No es que emprendamos un camino masoquista en que nos machaquemos y nos anulemos, ni mucho menos. Siempre el camino de Jesús es un camino a la vida y a vivirla en plenitud, es un camino que nos conduce a la felicidad y a una felicidad que nadie nos podrá arrebatar, es un camino de amor, porque solo el amor es el que salvará el mundo. Claro, cuando amamos nos damos por aquel a quien amamos, sí, seremos capaces de olvidarnos de nosotros mismos porque lo que queremos es el bien de aquel a quien amamos. Y amando así nos llenamos de vida, amando así podremos sentir las satisfacciones más hondas del corazón.


Cuando solo nos buscamos a nosotros mismos, nuestros intereses y nuestras glorias vamos como poniendo círculos a nuestro alrededor que nos aíslan, que nos parecería que nos están elevando, pero lo que están haciendo es alejarnos de los demás, por mucho poder que nosotros queramos manifestar, y al final en ese trono de gloria nos sentiremos solos y nos sentiremos vacíos. 


Los halagos que podamos recibir de los demás estarán llenos de falsedad, pero también de muchos miedos y temores que alejan, o muchas veces son palabras interesadas de las que querrán al final sacar un provecho, que si no respondemos como quieren se transformaran en odios que los pondrán en contra, no serán nunca manifestación de un amor verdadero.


Como nos enseñaba el profeta, dejémonos cautivar, seducir por el amor, será lo que nos llevará por caminos de plenitud.


viernes, 11 de agosto de 2023

Seguir a Jesús con todas las consecuencias, una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El

 




Seguir a Jesús con todas las consecuencias, una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El

 Deuteronomio 4, 32-40; Sal 76; Mateo 16,24-28

En la vida tenemos que ir siempre haciendo opciones; tenemos que decidir lo que queremos, el camino que queremos tomar; escogemos y decidimos lo que nos gusta y lo que no nos gusta, lo que deseamos tener y lo desechamos porque no nos guste, porque no nos valga para lo que nosotros queremos, lo que pueda ser un obstáculo a nuestros más profundos deseos.

Decidimos y escogemos las personas, los amigos, las cosas, lo que hacemos. Claro y lo hacemos desde unos criterios, desde unos principios, porque tampoco queremos dejarnos llevar por lo primero que se nos presente, tampoco queremos hacerlo desde unos caprichos egoístas; lo que nos obliga a pensar, a reflexionar, a encontrar los más hondos motivos. No lo queremos hacer de cualquier manera.

Algunas veces escogemos un camino que sabemos que va a ser costoso; pero es por la meta a la que queremos llegar, que queremos alcanzar; somos conscientes de ello y sabemos que merece la pena el esfuerzo, lo que nos exige un camino de superación, así como de aceptación de lo que es la realidad de nuestra vida. No es simplemente aquello de que sarna con gusto no pica, sino es la búsqueda de metas, los deseos de alcanzar algo grande aunque la pendiente sea costosa; y ahí siempre queremos poner nuestra ilusión, nuestro entusiasmo y también nuestra alegría.

Entendemos así las palabras que nos dice hoy Jesús en el evangelio. Desde que comenzó a hacernos el anuncio de la Buena Noticia de que el Reino de Dios nos llegaba, nos estaba invitando a que teníamos que hacer un cambio y una transformación grande en nuestra vida, empleaba la palabra conversión. Hoy nos invita a seguirle con todas las consecuencias; es una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El.

Eso significará que aquella primera petición que nos hacía de conversión para creer en la Buena Noticia que nos anunciaba tiene que hacer realidad en nosotros de forma clara y palpable. Su camino no es mirarnos a nosotros mismos para endiosarnos, su camino es una apertura a algo nuevo, a algo más grande y más alto, es una apertura nueva a los demás para mirarlos de manera distinta como tener una mirada distinta también sobre ese mundo que nos rodea y en el que tenemos que hacer realidad el Reino de Dios.

Significará más olvidarnos de nosotros mismos, para abrirnos mejor a ese Reino de Dios que hemos de vivir y en donde encontraremos la verdadera plenitud y felicidad. Significará afrontar la realidad de cada día de nuestra vida que seguirá estando llena de sombras, de momentos duros, de momentos difíciles, de momentos de lucha y esfuerzo por la superación.

Por eso nos habla de negarnos a nosotros mismos, que no es ni mucho menos anularnos, porque Dios siempre querrá la grandeza del hombre, pero es para encontrar esa verdadera grandeza. Por nos hablará de tomar la cruz, que no significa que tengamos que buscar lo duro y lo difícil, que tengamos que estar buscando el dolor y el sufrimiento, no es un martirizarnos de forma masoquista.

La cruz está ahí en el día a día de nuestra vida, porque seguirle a El no significa que ya están acalladas para siempre nuestras pasiones, no significa que no nos vayamos a enfermar o a tener accidentes en nuestra vida, no significa que no tengamos problemas  porque eso forma parte de la normalidad de la vida, pero nosotros tenemos un sentido nuevo que darle a todo eso, una fuerza distinta para afrontarlo y para superarnos.

‘Si alguno quiere venir en pos de mí, nos dice Jesús, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará’. Claro que nosotros tantas veces queremos ganar la vida con nuestros prestigios, con nuestros títulos, con el poder sea como sea, pero como termina diciendo Jesús, ‘¿pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?’

Busquemos lo que de verdad importa, como nos dirá Jesús en otro momento, el Reino de Dios y su justicia que lo demás se nos dará por añadidura.

 

lunes, 17 de julio de 2023

Las palabras de Jesús son de ánimo y de consuelo, poniendo ilusión y esperanza en el corazón para sentir la fuerza de ese camino de fidelidad que hemos de seguir

 


Las palabras de Jesús son de ánimo y de consuelo, poniendo  ilusión y esperanza en el corazón para sentir la fuerza de ese camino de fidelidad que hemos de seguir

Éxodo 1,8-14.22; Sal 123; Mateo 10, 34-11,1

Hay cosas que algunas veces nos desconciertan cuando hacemos una lectura ligera y superficial del evangelio. Escuchando lo que hoy nos dice Jesús, nos puede parecer inverosímil que quien viene a construir un mundo de amor y de paz, quien nos enseña a amar y a mantenernos siempre en unidad, hoy nos hable de división, nos hable de enfrentamientos incluso entre familiares, nos hable incluso de violencia. En una primera impresión nos quedamos como estupefactos, sin comprender.

Jesús no deja de hablarnos del amor y ese es el camino que hemos de seguir, Jesús no deja de hablarnos de paz, ya que así fue anunciado y proclamado desde su nacimiento para todos los hombres de buena voluntad. Pero es que quien opta por ese camino de Jesús no lo va a tener fácil, no todos van a comprender ese camino y lo que nosotros hagamos; otros serán los planteamientos que el mundo se haga sobre el sentido de vivir que chocan, y de qué manera, con el camino y los valores del Reino de Dios.

Claro que cuando vean que nosotros somos capaces de entregarnos por los demás olvidándonos incluso de nosotros mismos, no se va a entender y habrá muchos que tratarán de apartarnos de ese camino; cuando nos vean comprometidos seriamente por la verdad y por la justicia, como chocamos con el mundo de vanidad y de mentira en que muchos viven y nuestra vida se convierta en testimonio y denuncia de su mentira, claro que tratarán de hacernos callar porque les resultamos incómodos. Y así podíamos seguir pensando en la radicalidad de vida que nos exige el evangelio, que muchos verán como algo ilusorio o inútil y lucharán contra lo que ellos llamarán nuestros sueños.

Y eso lo vamos a encontrar hasta en los más cercanos a nosotros que tratarán de imponernos sus planteamientos o su sentido de vida. Resultaremos incómodos por nuestra rectitud, por nuestra manera de luchar por la justicia, por nuestro desprendimiento y la generosidad de nuestro corazón para darnos y para compartir. Pero quien quiere seguir el camino del evangelio, el camino de Jesús tiene que mantenerse firme y fiel a ese ideal, a esa opción que ha hecho de su vida. Y eso, es cierto, va a costar.

Y Jesús nos habla de unas exigencias. ‘El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mi; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mi no es digno de mi; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mi. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mi, la encontrará’.

Por eso, cuando hoy contemplamos a Jesús en ese diálogo intimo y cercano con aquellos discípulos que están a su lado y lo va instruyendo sobre el sentido del Reino de Dios, vemos cómo va desgranando esos consejos, va ayudándoles a descubrir ese camino con el que se van a encontrar que no siempre será fácil, pero al mismo tiempo sus palabras son de ánimo y de consuelo, poniendo  ilusión y esperanza en el corazón para sentir la fuerza de ese camino de fidelidad que han de seguir.

‘El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, les dice Jesús, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo’. Y le enseña el valor grande que van a tener esas pequeñas cosas que han de realizar cada día. Nada se pierde, todo tiene su valor, todo es importante. ‘El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, sólo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa’.

Son las palabras que necesitamos escuchar, las que darán hondura a nuestra vida, las que despiertan ilusión y esperanza en nuestros corazones, las que nos ponen en camino aunque algunas veces nos cueste entender y aceptar muchas cosas, pero las que nos darán seguridad a nuestra fe.

miércoles, 26 de octubre de 2022

A la pregunta si son muchos o pocos los que se salven Jesús nos dirá cómo vamos a ser reconocidos por El cuando pongamos amor en la vida

 


A la pregunta si son muchos o pocos los que se salven Jesús nos dirá cómo vamos a ser reconocidos por El cuando pongamos amor en la vida

Efesios 6,1-9; Sal 144; Lucas 13,22-30

‘¿Son pocos los que se salvan?’ siempre hemos tenido esa preocupación, pero de una forma concreta saber si yo me voy a salvar o no. Y por eso nos hacemos preguntas, ¿qué tenemos que hacer? ¿Qué mandamientos hay que cumplir? Repetidamente lo vemos en el evangelio; será el joven rico, o será el maestro de la ley que poco menos que viene a hacerle un examen a Jesús. La pregunta que está en la mente de todos, ¿cuál es el mandamiento principal? Y los discípulos que con El están también se preguntan qué es lo que les va a tocar a ellos que un día lo dejaron todo por seguirlo.

Pero Jesús no da cantidades de los que se salvan o no, tampoco ofrece recetas, está pidiendo generosidad en el corazón. Cuando uno vino a decirle que estaba dispuesto a seguirle a donde sea, le dice que el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza, y que si entonces entiende eso de seguirle como una seguridades que nos lo van a dar todo hecho, no está entendiendo lo que es el Reino de Dios que El nos ofrece. Tiene que haber una nueva generosidad en el corazón, una disponibilidad grande sin estar esperando recompensas ni pagos, porque no son tantas cosas que hacer sino forma de vivir.

Por eso ahora habla de camino estrecho. ¿Significa que es una carrera de obstáculos la que hemos de correr? El camino es estrecho, la puerta es estrecha porque no podemos ir cargados con cosas innecesarias, que se van a convertir en un peso muerto que nos impedirá el poder actuar con total libertad, sin pesos que nos opriman. En otra ocasión hablará del camello que tiene que pasar por la puerta estrecha de la muralla, llamada aguja, pero que si va con excesivas cargas entre las jorobas y las angarillas por allí no podrá pasar.

Nos hablará de negarse a si mismo. ¿Qué significa ese negarse a si mismo? ¿Voy a negar mi identidad y mis valores? Significa escoger lo que son los verdaderos valores, lo que verdaderamente es importante, significa arrancarnos de tantas vanidades con que llenamos nuestra vida, no dejándonos encandilar por las apariencias, buscar lo que verdaderamente me hará grande; es dejar de pensar en mi yo que son mis brillos, que son mis ganancias, que con esas cosas con las que quiero relumbrar para que vean lo que valgo, lo que me encierra en mi mismo porque me lleva a pensar solo en mi mismo y me hace insolidario.

Será el cuidar que tenga suficiente aceite en la alcuza para que se puedan mantener encendida la luz de Cristo en mi vida. Entonces sí seremos reconocidos y podremos entrar al banquete de bodas, porque con esa luz de Cristo va a resplandecer el amor. Es lo que necesitamos. Porque Jesús nos va a reconocer porque un día compartimos nuestro pan con el hambriento, porque un día abrimos las puertas de nuestra casa y de nuestra vida para acoger al caminante, al peregrino, al que pasaba a nuestro lado aunque no lo reconociéramos, porque un día nos detuvimos junto a aquel que nos tendía la mano pidiéndonos una limosna y no paramos a hablar con él, a interesarnos por sus cosas y sus problemas, porque llevamos nuestra sonrisa a aquel que estaba triste en un rincón porque nadie se fijaba en él.

‘Cuando lo hicisteis con uno de esos, conmigo lo hicisteis, venid, benditos de mi Padre’, nos dirá Jesús. ¿Serán muchos o pocos los que se salven? Ya sabemos cual es el sentido de estas palabras o el sentido de nuestra vida.

miércoles, 10 de agosto de 2022

Que no echemos a perder a semilla de nuestra vida porque nos guardemos tanto para nosotros porque no seamos capaces darnos hasta morir por los demás

 


Que no echemos a perder a semilla de nuestra vida porque nos guardemos tanto para nosotros porque no seamos capaces darnos hasta morir por los demás

Corintios 9, 6-10; Sal 111; Juan 12, 24-26

Estudia para que seas un hombre y una mujer de provecho, nos inculcaron desde pequeños; bueno eso era lo que nos decían a nuestras generaciones. Pero ser un hombre o mujer de provecho era que pudieras tener un buen trabajo y ganar dinero, poder situarte en la vida, ‘hacer carrera’, como se decía, para poder ser alguien importante, que tuvieras poder económico, que fueras una persona de nombre y de influencia en la vida. No está mal. Es bueno hacer soñar. Es bueno poner aspiraciones en el corazón. Es bueno que lleguemos a desarrollar lo que somos y lo que valemos, nuestras cualidades y valores, que podamos hacer con lo que somos algo por la sociedad en la que vivimos. Es cierto, no hay que cortarle alas a los sueños. Demasiado vemos en la vida gente dando vueltas y vueltas sin saber a donde va, a qué dedicar su vida, que pueden hacer de provecho por ellos mismos, pero también por esa sociedad en la que vivimos.

Lo que creo que no podemos o no debemos hacer es solamente quedarnos en nuestras propias complacencias y satisfacciones – aquello de guardarnos para nosotros mismos -, llenarnos de orgullo y subirnos a pedestales para aprovecharnos de eso que hemos alcanzado, de eso que podemos hacer, o de esos valores y cualidades que hemos sido capaces de desarrollar. Es una tentación fácil, que se nos suba a la cabeza lo que hemos ido logrando en la vida, y centrarlo todo en nuestro yo, querer incluso que los demás sean adoradores de lo que somos suscitando envidias, creando rivalidades, poniendo recelos y desconfianzas en los corazones.

Mira por donde Jesús de que tenemos que hacer fructificar la semilla de nuestra vida. Ya en otros momentos del evangelio nos hablará de cómo hemos de negociar los talentos que se han puesto en nuestras manos para darles rendimiento, y nos habla también de la buena administración que hemos de hacer de lo que somos o de lo que tenemos. Pero hoy nos está dando unas claves cuando habla de la semilla que para que pueda fructificar ha de ser enterrada en tierra y morir. Es una forma de decir que ha de germinar para que surja una nueva planta, de aquella semilla germinada no quedará nada, o mejor tenemos que decir, quedará una nueva planta, una nueva vida, que va a producir también sus frutos.

Por eso nos habla de morir a nosotros mismos. En otro momento empleará la expresión de negarse a sí mismo. Hoy nos dice ‘el que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna’. No podemos centrar la vida solo en nosotros mismos, no podemos pensar en que solo vamos a ganar para nosotros; nos está hablando de desgastarnos, de darnos, de morir como lo hace la semilla para que germine y surja esa nueva planta, nos está hablando del sentido del amor que le hemos de dar a la vida.

Aquello que desarrollamos en nosotros, esa semilla que queremos hacer germinar, esas cualidades y valores que vamos a desarrollar, no es simplemente por buscar un nombre de prestigio, por alcanzar unas metas de poder; no importa las altas cotas que pueda alcanzar sino aquello en lo que yo sea capaz de servir, aquello en lo que yo pueda hacer por ese mundo en el que vivimos, por los demás, por aquellos que me rodean.

Esa es nuestra verdadera riqueza, esa es nuestra verdadera grandeza, ese tiene que ser el auténtico brillo que le dé a mi vida. Ese es el grano de trigo que verdaderamente va a dar fruto, no aquel que guardamos y almacenamos en el granero sin darle ninguna utilidad. Alguna vez nos ha pasado que unas semillas que teníamos allá bien guardadas durante mucho tiempo, las habíamos guardado como si fueran una pepita de oro, pero cuando quisimos sembrarlas para que germinaran y nos dieran nuevas plantas ya estaban inservibles, ya no fueron capaces de germinar para darnos nuevas plantas. Que no echemos a perder así la semilla de nuestra vida.


Todo esto lo estamos reflexionando cuando estamos celebrando hoy a san Lorenzo que no solo se dejó quemar en la parrilla por el nombre de Jesús, sino que por ese nombre de Jesús se había gastado su vida por los pobres que eran la verdadera riqueza de la Iglesia.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

No olvidemos el valor que la fe dará a nuestra vida llenándola de profundidad y haciendo cada vez más hermoso el amor que le tenemos a los demás

 


No olvidemos el valor que la fe dará a nuestra vida llenándola de profundidad y haciendo cada vez más hermoso el amor que le tenemos a los demás

Romanos 13, 8-10; Sal 111; Lucas 14, 25-33

‘Cada cosa en su sitio’, es una frase con lo que habitualmente queremos manifestar que es necesario un orden, para ‘poner las cosas en su sitio’, para darle importancia primaria a lo que verdaderamente lo tiene y sin mermar la importancia de las demás cosas cada cual tenga su sitio, su lugar propio; por eso solemos terminar esa frase diciendo y ‘un sitio para cada cosa’.

Como comprenderéis no estamos aquí dando lecciones de cómo ordenar nuestro cuarto, nuestra biblioteca, nuestros armarios o el cajón de las herramientas, por mencionar algunos sitios. Creo que entendemos que el sentido de lo que estamos diciendo va más allá de lo material y será algo que afecte a nuestra vida, a nuestros principios, a nuestros valores, o a aquello a lo que en verdad queremos dedicar nuestra vida.

Es en lo que Jesús quiere hoy hacernos reflexionar en el evangelio que se nos ha ofrecido. Y nos habla del que quiere construir una torre como del rey que con sus ejércitos quiere hacer frente a sus posibles enemigos. Pensar en lo que tengo, o mejor, pensar en lo que soy y cuando estoy hablando de lo que soy estoy hablando profundamente de esos valores que tengo en la vida, como estoy hablando de las cualidades que acompañan mi existencia con las posibilidades de crecimiento de mi mismo y de una maduración que me conduzca a mayor plenitud de vida.

Algunas veces no llegamos a saber lo que valemos; quizás vamos arrastrados por la inercia de la vida, de lo que va saliendo en cada momento y no hemos llegado a descubrir nuestras verdaderas posibilidades; quizá cuando tenemos que enfrentarnos a momentos difíciles y duros y nos damos cuenta de que tenemos que salir adelante es cuando llegamos a darnos cuenta de lo que hay en nosotros y hasta dónde podríamos llegar.

Precisamente cuando estaba preparando esta reflexión cayó en mis manos un pequeño video en el que se mostraba como un hombre que tenía su trabajo en una empresa y se consideraba ya seguro para la vida, de la noche a la mañana se quedó sin empleo; hundido no sabía qué hacer, pero accidentalmente viendo la actividad de otras personas como él, se dio cuenta de que podía emprender otras tareas, abrir otros caminos para su vida y con esfuerzo y tesón logró en pocos años levantarse del hundimiento que llegó a vivir para tener sus propias empresas logrando una vida más floreciente que la que tenía. La dificultad no le arredró, sino que le hizo pensar en sí mismo, en su capacidad para salir adelante y lo logró.


Dios quiere siempre abrir caminos delante de nosotros, aunque haya momentos en que parezca que pasamos por túneles oscuros; pero el afán de superación, el ser capaz incluso de renunciar a algo que nos parecía bueno por conseguir algo mejor nos hace abrirnos a nueva vida. Y de eso nos está hablando Jesús, cuando nos dice que tenemos que ser incluso capaces de negarnos a nosotros mismos, porque no es nuestro yo o nuestro capricho lo que tiene que prevalecer, hay algo más grande a lo que podemos aspirar. Significará cruz, sacrificio, esfuerzo, pero significará ir al encuentro con la vida, porque sabemos que detrás de la cruz viene siempre la resurrección.

Cada cosa en su sitio, comenzábamos hoy diciendo en nuestra reflexión. Y ¿qué lugar ocupa Dios en mi vida? ¿Qué valoración hago de mi fe? ¿De qué manera mi fe está iluminando mi vida para darle un nuevo sentido, el sentido de Cristo y entonces pueda decir que es una vida cristiana? Es lo que va a ser el motor de mi vida, es lo que dará profundidad a todo cuanto hacemos, es lo que hará que el amor que tengamos a nuestros seres queridos, pero también a cuanto nos rodean sea cada vez más hermoso.

jueves, 18 de febrero de 2021

Aunque nos encontremos en el dilema de hallar el verdadero camino estamos en tiempo de hacernos preguntas, de buscar, de perseguir la verdad, de discernir qué es lo mejor

 


Aunque nos encontremos en el dilema de hallar el verdadero camino estamos en tiempo de hacernos preguntas, de buscar, de perseguir la verdad, de discernir qué es lo mejor

Deuteronomio 30, 15-20; Sal 1; Lucas 9, 22-25

Todo lo que nos pueda sonar a fracaso lo rehuimos; si el camino que emprendemos está lleno de dificultades o de problemas que me hacen sufrir tratamos de evitarlo; lo que muchas veces nos hace sufrir es la incertidumbre del mañana, y pensamos en el avance y progreso de nuestros trabajos o de nuestros proyectos y si vemos que la cosa se nos puede torcer nos llenamos de angustias; nos inquieta incluso nuestra propia salud y cuando con el paso de los años nos encontramos más debilitados y que ya quizá no podemos hacer cuanto hacíamos en otro momento de la vida de más esplendor, parece que nos sentimos que nos morimos.

Pero ¿será bueno tener esos planteamientos? ¿No nos llevará a obsesiones y angustias que nada nos ayudan? Pero así se nos va presentando la vida y cada vez quizás nos cuesta mayores sacrificios o el esfuerzo del camino se nos hace cuesta arriba y ni por asomo se nos ocurre pensar, no lo queremos al menos, en fracasos y contratiempos que nos derriben los edificios que en nuestra mente queremos construir.

¿Cómo se sentirían los discípulos más cercanos a Jesús, aquellos que habían puesto en El todas sus esperanzas cuando Jesús les anunciaba que todo aquello tenía que pasar por una pascua de dolor y de muerte? No les sería fácil entender las palabras de Jesús y esto sembraría inquietudes y posibles desánimos en sus corazones, o veremos que en una ocasión poco menos que Pedro se enfada con Jesús y le dice que no esté pensando en esas cosas que todo eso no le puede pasar.

Pero Jesús vemos que una y otra vez les repite el anuncio que habla de que va a ser entregado incluso en manos de los gentiles – qué duro tendría que ser esto para unos judíos que querían quitarse de encima del dominio de los romanos – y de que al final lo crucificarán y morirá. Nunca llegarán a oír, porque sus mentes andaban en otras cosas, los anuncios que Jesús les hacía, ni entenderán qué significado tienen sus últimas palabras que hablan de resurrección.

Y es lo que hoy nosotros también cuando estamos iniciando este camino de Cuaresma escuchamos en el Evangelio. Como para que no olvidemos que vamos camino de la Pascua, y que la cuaresma es el camino que nos lleva hasta el Calvario donde tendremos que subir también, aunque algunas veces edulcoramos un poco esos conceptos y no terminamos de entrar a trapo con el tema de la Cuaresma y de la pasión y pascua. Pero ahí están también para nosotros esas palabras de Jesús.

Pero es que además Jesús nos habla de que nosotros si queremos seguirle también tenemos que tomar el camino de la cruz, cargar con la cruz. Nos podría resultar hasta hermoso contemplar a Cristo en la Cruz y para eso nos hemos servido de los artistas que nos hagan bellísimas imágenes que contemplamos extasiados, pero entender cómo nosotros hemos de tomar la cruz, ya es algo que nos cuesta más, se nos atraganta. ¡Cómo hemos maquillado nuestras celebraciones de la Semana Santa despojándolas de todo lo cruento que ha de ser para nuestra vida la pasión del Señor que nosotros también hemos de asumir! Pensemos cómo hemos transformado la pasión y muerte de Jesús en unas bonitas y emocionantes procesiones y quizá de ahí muchos no pasamos.

Hoy nos dice Jesús y nos lo dice cruda y claramente: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará’.

¿Habremos pensado bien en estas palabras? Negarse a si mismo cuando nosotros lo que queremos son triunfos; tomar la cruz cuando rehuimos el dolor y nos amargamos antes de tiempo incluso ante lo que tengamos que sufrir en la vida; perder la vida para salvarla cuando lo que buscamos son por encima de todo ganancias materiales o aquello  con lo que lo pasemos bien sin mayores preocupaciones.

Por eso parece que algunas veces nos encontramos en un dilema para saber cuál es el verdadero camino, cuál es la vida verdadera. ¿En quién confiamos?,  nos preguntamos. ¿Solo en nosotros mismos y en aquellas cosas que satisfagan nuestros caprichos? ¿Buscaremos acaso una voz más profunda pero que nos eleve por encima de esa superficialidad con que mayormente vivimos la vida?

Tiempo de hacernos preguntas, tiempo de buscar, tiempo de perseguir la verdad, tiempo de discernir qué es lo mejor, tiempo de mirar hacia delante aunque tengamos la cruz por medio, porque sabemos que ahí vamos a encontrar la vida, tiempo de vivir en una entrega que nos lleve de verdad a la plenitud, tiempo de escuchar a Jesús.

Emprendamos este tiempo, decidámonos por este camino del evangelio, apostemos por Jesús, en El obtendremos la auténtica ganancia, en El alcanzaremos la verdadera victoria final.