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lunes, 7 de septiembre de 2026

Nos felicitamos con María en su cumpleaños, haciendo fiesta porque en su nacimiento estamos contemplando la aurora de nuestra salvación

 



Nos felicitamos con María en su cumpleaños, haciendo fiesta porque en su nacimiento estamos contemplando la aurora de nuestra salvación

Miqueas 5, 1-4a; Salmo 12; Mateo 1, 18-23

En este día 8 de septiembre celebra la Iglesia una festividad de la Virgen María, su Natividad, su nacimiento. ¿Cuál es el primer sentimiento que provoca el nacimiento de alguien? Hemos de reconocer que alegría; es la noticia llena de alegría que corre de boca en boca entre vecinos y familiares ante el nacimiento de un niño; todos sentimos palpitar en nuestro corazón la alegría de su nacimiento y pronto corremos a felicitarnos porque siempre es algo que sentimos como muy nuestro y a felicitar a sus padres.

En el paso de los años ese alegría se mantiene porque todos seguimos celebrando el aniversario del nacimiento y es fecha que nunca olvidamos. Una alegría en el nacimiento siempre llena de esperanza pero siempre atravesada por los interrogantes de lo que va a ser aquella criatura que comienza el recorrido del camino de su vida, queriendo siempre expresar los mejores deseos para que por nada se vea perturbada esa vida que comienza su camino.

Para nosotros, pues, también es un día grande de alegría en el nacimiento de María y tendríamos que decir muchas cosas. No podemos menos que hacer que sea un día de felicitación y de bendiciones queriendo, pues, felicitar a María en su cumpleaños. ‘Me felicitarán todas las generaciones’ proclamará en su cántico de alabanza al Señor cuando reconoce las maravillas que el Señor hace en la humildad de su esclava, cómo ella misma se siente en las manos del Señor. Y ahí se nos manifiesta la grandeza de María, reconociendo que el Señor ha realizado en ella maravillas - ¿y qué maravilla más grande que la de hacerla su madre? – sin embargo ella sigue sintiéndose siempre la pequeña, la humilde esclava del Señor.

¿No tenemos, pues, muchos motivos de alegría y de alabanza al Señor en el nacimiento de María? Su nacimiento es la aurora de la salvación, como proclamamos en la liturgia de este día. La aurora es ese momento en que sin aún ver al sol ya estamos alumbrándonos con su resplandor que traspasa los limites del horizonte. Así es María para nosotros porque nos anuncia la cercanía del Sol que nos viene de lo Alto porque de ella había de nacer quien fuera nuestra salvación.

Aquel pueblo que caminaba en tinieblas en la espera de la pronta venida del Mesías, en el actuar de Isabel con la visita de María a las montañas de Judea y en la reacción de la criatura que llevaba en su seno, el futuro precursor del Mesías, están recibiendo ya esos primeros resplandores de la salvación con la presencia de María, que venía a ser esa aurora que anuncia el nacimiento del Salvador.

Es la alegría de los cielos y es la alegría de Dios que en María se sintió complacido para fijarse en ella y hacerla su Madre. Es por lo que el ángel de la anunciación que encontró gracia ante Dios, ‘la llena de gracia’ la llama porque en ella de manera especial va a morar Dios cuando se encarne en sus entrañas. ¿No podríamos decir, entonces, que en el cielo también las campanas sonaban a gloria con el nacimiento de María? Es lo que ella luego va reconocer, cómo Dios se fijó en su pequeñez, porque son los pequeños y los humildes los más gratos a Dios, que rechaza la vanidad de los soberbios pero engrandece a los humildes.

Es la alegría de nuestro corazón que saborea la ternura de una madre, que como madre sabe caminar al lado de sus hijos, a quien nosotros como a una madre la vemos embellecida con todas las virtudes que hemos de copiar para nuestra vida, y como hijos que quieren seguir las huellas de la madre sentimos el calor de su mano maternal que nos sostiene en los momentos difíciles, que nos alienta y nos empuja para que sigamos adelante y para que aspiremos a cosas mejores, y como madre es también luz que nos ilumina el corazón para que son su reflejo sepamos llegar siempre a la luz de Jesús. En las advocaciones con que la celebramos este día unas veces la llamamos la Virgen y Madre de la luz, y otras veces la invocamos como Señora de los Remedios, por citar algunas de esas advocaciones de nuestra devoción, clara referencia a lo que venimos reflexionando.

Muchos motivos tenemos para celebrar la Natividad de María y con ella llenarnos de alegría, porque es Aurora de nuestra Salvación. Es el feliz cumpleaños de María en el que nos alegramos todos sus hijos y con ella queremos festejarlo.


viernes, 21 de agosto de 2026

Empeñémonos en sembrar amor en los surcos de la vida para hacer florecer una nueva humanidad que renueve nuestro mundo al estilo del reino de Dios

 



Empeñémonos en sembrar amor en los surcos de la vida para hacer florecer una nueva humanidad que renueve nuestro mundo al estilo del reino de Dios

Ezequiel 37, 1-14; Salmo 106;  Mateo 22, 34-40

¿En verdad podremos hacer reverdecer de nuevo este nuestro mundo que contemplamos en tantos aspectos árido y reseco? Contemplamos tanto materialismo y tanto afán codicioso de posesión de cosas y de bienes, a tanta gente que no se mueve sino por sus intereses o sus placeres, a la insensibilidad de tantos que pasan a nuestro lado y que parece que han perdido los rasgos más elementales de humanidad, ese aire fétido de corruptelas de todo tipo donde todo parece que son tejemanejes ocultos buscando ganancias y riquezas, cada día nos aparece algo nuevo que nunca son resplandores de luz sino oscuridad que va ennegreciendo cada vez más nuestra sociedad, un desinterés por el bien común aunque se llenen la boca con palabras de justicia y de renovación.

No quiero pintar un cuadro negro, porque mi tendencia y mis deseos es encontrar siempre un rayo de luz por pequeño que sea porque la mecha humeante nunca tenemos que apagarla sino que tiene que ser inicio de un fuego nuevo de renovación y de nueva vida.

Hemos escuchado con el profeta la visión de ese campo lleno de huesos que podría parecer que nos habla de muerte. Y el profeta se pregunta si aquellos huesos un día podrán llenarse de nuevo del vigor de la carne y de la vida. Y de ahí parte el anuncio del profeta que también nosotros tenemos que escuchar para despertar en nosotros una nueva esperanza frente a ese mundo que contemplamos. Es el anuncio profético de esos tiempos nuevos que con la instauración del Reino de Dios habrían de surgir.

Y es precisamente lo que hoy escuchamos en el evangelio. Unos fariseos cuando han visto que Jesús ha hecho callar a los saduceos vienen ahora con una pregunta que aunque parece muy elemental porque era lo que tenía que estar grabado en el alma de todo buen judío viene cargada de aviesas intenciones queriendo desacreditar a Jesús diciendo que venía a anular lo que era la ley judía fundamental. ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?’

Como les parecía que Jesús venía cambiándolo todo porque le estaba dando un sentido nuevo de autenticidad a cuanto el hombre realizara pensaban que Jesús iba a enseñarles algo distinto. Pero Jesús los veía venir; en otro momento llegarán a reconocer que en Jesús no hay doblez ni engaño aunque lo digan también siempre desde sus torcidas intenciones queriendo hacerle decir cosas a Jesús que les vendría bien para acusarle. En ese mundo de sombras del que antes hablábamos ¿no andamos también nosotros muchas veces con esas interpretaciones interesadas o con esa falsedad y engaño para aparentar lo que realmente no somos? ¿No nos andamos también poniendo trampas a nuestro pies para manipular y para engañar?

Pero Jesús responde con las palabras textuales que están escritas en las Escrituras santas. ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente... Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo’.

Esto es lo que verdaderamente salvará al mundo, esto es lo que en verdad puede darle un valor nuevo y un sentido nuevo a la vida, el amor. Pero no es un amor cualquiera, no es un amor de bonitas y románticas palabras; es el amor que va a ser verdadero motor de nuestra vida, el amor que nos despierta y que nos renueva, el amor que pone unos ojos nuevos y una mirada más luminosa a los que están a nuestro lado; un amor que es un fuego que nos inquieta, un amor que va a poner humanidad verdadera a nuestra vida; un amor que nos hace abrir las puertas del corazón, un amor que se hace acogida para hacer que todos quepan en nuestro corazón; un amor que valora la vida y cuánto hacen los demás; un amor que será comprensivo y llena de misericordia el corazón; un amor que sabe perdonar y levantar al que ve caído, un amor que será siempre mano tendida para apoyar y para compartir, para darse y para olvidarse de sí mismo pensando en quien ama; un amor que nos llena de Dios porque nos hace partícipes del amor que Dios nos tiene, un amor que envuelve nuestra vida pero que se convierte en entrañas de nuestro ser. Como nos dice Jesús ahí están condensados la ley y los profetas.

Con un amor así ¿podremos permitir que las sombras se sigan adueñando de nuestro mundo? Con un amor así sentiremos que el mundo se renueva y resucita a nueva vida y todo se irá transformando; con un amor así nos sentiremos traspasados por la Pascua y con Cristo nos sentimos resucitados a nueva vida. Empeñémonos en sembrar ese amor en los surcos de la vida.


sábado, 8 de agosto de 2026

El mundo necesita de esa luz que nosotros podemos ofrecer, no la ocultemos, nuestra fe nos compromete a ser mensajeros de luz en medio del mundo

 


El mundo necesita de esa luz que nosotros podemos ofrecer, no la ocultemos, nuestra fe nos compromete a ser mensajeros de luz en medio del mundo

Isaías 52, 7-10; Salmo 95; Mateo 5, 13-19

Con un poco de imaginación si queréis me estoy viendo a mi mismo caminar en una noche oscura y tenebrosa por caminos o calles de una ciudad que nos parece desconocida y que no están iluminados para poder saber por donde caminas o lo que te puedes encontrar; puede ser un lugar hermoso y bello que incluso podemos intuir en sus sombras pero no lo podemos contemplar, no podemos saborear su belleza porque por las razones que fuera carece de iluminación; andaremos desorientados y perdidos sin saber a donde vamos o lo que podemos encontrar, sin encontrarle sentido al camino que estamos haciendo a pesar de que quizás nos habían hablado de que era un lugar muy hermoso que había que disfrutar.

¿Será así cómo nos estamos haciendo la vida ya para nosotros mismos o para los que caminan a nuestro lado? ¿Nos podremos encontrar así sin luz y desorientados? Nuestro mundo y nuestra sociedad como la vida misma se nos presenta muchas veces compleja planteándonos quizás muchos interrogantes. Llegamos a un mundo de oscuridad en ocasiones a pesar de que son muchas las luces que brillan a nuestro alrededor pero al final nos quedamos sin saber que escoger o qué ofrecer que sea en verdad esa luz que dé sentido a la vida y al mundo en que vivimos.

Si somos creyentes y cristianos no podemos decir que no tenemos esa luz, pero muchas veces nos confundimos con esas luces parpadeantes que brillan a nuestro alrededor queriendo llamar nuestra atención. Y es aquí donde en verdad tenemos que clarificar nuestra vida y saber cual es la luz que verdaderamente nos ilumina y va a dar sentido a nuestra vida. Si decimos que somos cristianos y seguimos a Jesús es porque en El hemos encontrado esa luz porque en El hemos encontrado todo el sentido de nuestra vida.

Y esto es importante que lo tengamos bien claro y no haya en nosotros confusión. La Buena nueva que nos ha anunciado a eso nos conduce, es más, la gran noticia para nosotros es que hemos encontrado esa luz cuando nos hemos encontrado con El. Es evangelio. Jesús, luz del mundo es ese evangelio de nuestra vida, es la gran noticia de la salvación que hemos encontrado y con la que ahora queremos caminar siempre iluminados por su luz.

Pero hay algo que no podemos olvidar y es que Jesús ha puesto esa luz en nuestras manos, esa luz en nuestra vida para que vayamos a iluminar a los demás. Es cierto, nuestro mundo camina a oscuras a pesar de tener tantas luces parpadeantes, pero son luces caducas que un día dejarán de iluminar. Nosotros tenemos la luz que permanece para siempre y con la que tenemos que iluminar nuestro mundo. Hemos de salir, como aquellas doncellas de la parábola, con nuestras lamparas encendidas para iluminar los caminos de nuestro mundo; no se nos pueden apagar esa lámparas, no las podemos poner en lugares ocultos o no den el suficiente resplandor en los caminos que nos rodean. Es de lo que nos está hablando Jesús.

¿Para qué querríamos una luz que no ilumina, que no llevara ese resplandor nuevo a ese mundo que tanto lo necesita? Claro que aquí tenemos que plantearnos seriamente qué estamos haciendo de esa luz, ¿acaso la estaremos ocultando? Nuestros miedos y complejos, nuestros temores o nuestros respetos humanos hacen tantas veces que intentemos disimularla. ¿cómo es entonces que nos digamos cristianos y seguidores de Jesús si hacemos desplante a la luz que Jesús nos ofrece en el evangelio? El mundo necesita de esa luz que nosotros podemos ofrecer. No la ocultemos. ‘Contad las maravillas del Señor a todas las naciones’. Que sintamos el gozo del mensajero del que nos hablaba el profeta: ‘¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz,que anuncia la buena noticia!’

‘No se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa… Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos’.


miércoles, 1 de julio de 2026

No rechacemos la luz de Jesús no solo para nosotros sino también para ese mundo que nos rodea en medio de sus luces opacas

No rechacemos la luz de Jesús no solo para nosotros sino también para ese mundo que nos rodea en medio de sus luces opacas

Amós 5, 14-15. 21-24; Salmo 49; Mateo 8, 28-34

No enciendas muchas luces, así pasaremos desapercibidos, nadie sabrá lo que estamos haciendo, evitaremos que alguien se de cuenta y nos veamos metidos en líos… No queremos que haya luz, hacemos las cosas en la oscuridad, pero eso ¿qué puede significar? ¿Por qué queremos permanecer en la oscuridad? ¿Será acaso que lo que estamos haciendo son cosas oscuras? Creo que todos entendemos lo que puede haber detrás de esas oscuridades que buscamos, o lo estaremos viendo claramente a nuestro alrededor en ‘malos negocios’, en violencias que se ocultan, en corrupción de todo tipo que va corroyendo nuestra sociedad.

Hoy contemplamos a Jesús que tras la travesía del lago llega a la otra orilla; pero es un lugar ajeno al pueblo de Israel, es la región de los gerasenos; pero allí se encuentra con dos endemoniados, en expresión del evangelio, que les salen al encuentro; ya nos comenta el evangelista que por la violencia de esos individuos nadie se atrevía a transitar por estos lugares; pero aquello hombres poseídos por el espíritu del mal sí conocen quien ha llegado hasta ellos; lo rechazan, solo por la acción de jesús se verán libres de esos espíritus inmundos que se adueñarán de una piara de cerdos que se despeña en el lago.

La fuerza y la gracia de la luz y de la vida que llega con Jesús a aquellos lugares; pero nos encontraremos algo que nos parece inconcebible, que los habitantes del lugar que al conocer los hechos se acercan hasta Jesus le pedirá que abandone aquellos lugares. siempre hemos comentado que los negocios de su vida con el pastoreo de aquellos cerdos se les han ido por tierra, ven sus intereses afectados y por eso rechazan la presencia de Jesús.

El juicio que vamos a hacer no es sobre aquellas personas, sino que será mirándonos a nosotros mismos. ¿Cuál es nuestra reacción a la gracia de Dios? ¿Cuál es nuestra reacción a la luz que con Jesús quiere iluminar nuestra vida?

Podemos pensar en los rechazos cuando queremos seguir en los caminos del mal y nada nos hace movernos hacia el arrepentimiento; podemos pensar en esa componendas que nos hacemos tantas veces para parecer cumplidores mientras seguimos con nuestros apegos en el corazón; podemos pensar en la poca perseverancia en nuestros propósitos cuando pronto nos aflojamos espiritualmente y seguimos dejándonos caer por las pendientes de nuestras viejas rutinas y costumbres; podemos pensar en la poca voluntad que ponemos para superarnos y arrancarnos de nuestras viejas rutinas o de la tibieza espiritual con la que nos gusta andar.

Hoy el Señor quiere llegar también a esas regiones inhóspitas de nuestras vida que quiere transformar en un bello jardín de vida. pero quizás con este evangelio jesús nos quiere pedir algo más; a muchas regiones inhóspitas llenas de violencias o de insolidaridad que nos son difíciles de atravesar, desiertos de frialdad y desinterés donde florecen fácilmente los cardos del orgullo o de los rencores, y podemos pensar en tantas situaciones que se viven en nuestro sociedad tan materialista y sensual, Jesus quiere llegar también y quiere hacerlo a través de nosotros. 

Ha puesto un toque de vida en nuestros corazones pero nos está diciendo que vayamos a nuestros hermanos y le contemos lo que el Señor ha hecho con nosotros. ¿Cuál es la respuesta que le damos? ¿Nos seguiremos quejando de que esos caminos son difíciles e intransitables pero no ponemos nada de nuestra parte para hacer que nuestro mundo florezca como un vergel de amor y de justicia? ¿Preferimos un mundo de oscuridades y de medias luces? ¿Estaremos rechazando la luz no solo para nosotros sino también para el mundo que nos rodea?

sábado, 9 de mayo de 2026

No importa que resultemos incómodos, porque llevamos la verdad en nuestra mano y en nuestros labios, limpiemos bien la pantalla de nuestra vida para reflejar la verdadera luz

 


No importa que resultemos incómodos, porque llevamos la verdad en nuestra mano y en nuestros labios, limpiemos bien la pantalla de nuestra vida para reflejar la verdadera luz

Hechos 16, 1-10; Salmo 99; Juan 15, 18-21

Ya lo decía el principio del evangelio de san Juan, la luz quiso brillar para disipar las tinieblas, pero las tinieblas no la quisieron recibir, querían prolongar el reino de la oscuridad y de la muerte. ¿Por qué los que aman y hacen el bien no son comprendidos, es más, muchas veces son rechazados y hasta perseguidos? El que hace el bien pone al descubierto lo que es obra del maligno y a nadie le gusta verse denunciado por las obras del mal que realiza, no solo trata de ocultarlas o disimularlas sino que muchas veces incluso nos las querrá presentar como buenas. Es la gran confusión en que vivimos en nuestra sociedad, es el rechazo de las obras de la luz, es el embrollo en que queremos meter todas las cosas porque siempre buscamos fallos y debilidades para quitar el brillo y el resplandor de lo bueno.

¿Nos tiene que desanimar todo esto? ¿Hará que temamos aparecer con nuestros resplandores de luz cuando queremos anunciar la buena nueva de Jesús? Podremos decir que somos débiles y también pecadores, pero no podemos ocultar el brillo de la bueno, no podemos dejar de anunciar la buena nueva de Jesús, no tienen por qué hacernos callar.

Jesús en aquella conversación de sobremesa después de la cena pascual, que sonaba a despedida, a ultimas recomendaciones, a hacerles sentir que su presencia nunca nos fallará, que nos prometerá la fuerza del Espíritu que nos lo enseñará y recordará todo pero que también va a ser nuestra fuerza interior para mantenernos en nuestra fidelidad y también para hacer anuncio del evangelio, les hace ver a los discípulos también las dificultades en que se van a encontrar. Si lo rechazaron a El, el discípulo no es mayor que su maestro y lo mismo también nos vamos a encontrar ese rechazo. Son las palabras que hoy le escuchamos a Jesús.

Palabras que sostuvieron el ánimo de los discípulos y de aquellos primeros momentos de la Iglesia que realmente no fueron fáciles, pero son las palabras que siguen sosteniéndonos a nosotros hoy que tampoco tenemos fácil hacer el anuncio del evangelio de Jesús. Palabras de Jesús que tienen que dar claridad a nuestra mente al tiempo que fortaleza al corazón para discernir en cada momento la situación en la que nos encontramos, lo que necesita ese mundo que nos rodea, y la fuerte voluntad por nuestra parte para seguir en nuestro compromiso como discípulos de Jesús que han sido enviados al mundo con una buena nueva que traería la verdadera alegría y paz a nuestro mundo.

Nos tenemos que sentir seguros en el Señor. No vamos desde nuestra valentía personal, no son solo las cualidades que nosotros podamos tener para hacer de la mejor manera posible nuestra acción pastoral, es la confianza que sentimos en el Señor porque El es nuestra fortaleza y nuestra sabiduría, es la presencia del Espíritu del Señor que guía e inspira nuestras iniciativas y toda nuestra actividad.

Una tarea que comenzamos haciendo allí donde estamos, con nuestra familia y con la gente que nos rodea, que como nos anuncia hoy Jesús no siempre nos comprenderán ni nos aceptarán. No importa que en ocasiones resultemos incómodos, porque eso significa que llevamos la verdad en nuestra mano y en nuestros labios; no importa que nos digan que también nosotros somos pecadores, eso ya lo reconocemos, pero sentimos el amor de Dios en nuestra vida que ha sido misericordioso con nosotros y eso nos hace que con mayor coraje queramos dar nuestro testimonio. Pero la luz no se oculta debajo de la mesa sino que se pone en alto para que ilumine a todos.

Limpiemos, es cierto, la pantalla de nuestra vida, para que se refleje la luz verdadera. Es lo que tenemos que hacer. Es el compromiso de la fe que hemos puesto en Jesús.

miércoles, 15 de abril de 2026

Con qué seguridad caminamos dando nuestro testimonio de Jesús cuando nos sentimos tan amados de Dios que nos entregó a su Hijo Unigénito

 


Con qué seguridad caminamos dando nuestro testimonio de Jesús cuando nos sentimos tan amados de Dios que nos entregó a su Hijo Unigénito

Hechos 5, 17-26; Salmo 33; Juan 3, 16-21

A nadie le gusta que se conozcan nuestros errores; sean los que sean, nos equivocamos en nuestras apreciaciones ya buscaremos la forma de disimularlo, de justificarnos, de buscar causas culpables por otro lado que nos hayan podido llevar a ese error, pero nunca será por culpa nuestra; tenemos un tropiezo o cometemos un error en decisiones que habíamos de tomar y quizás hasta alguien pudo haber resultado perjudicado, ya buscaremos la forma de que eso se no se sepa, que no trascienda para no perder nosotros nuestro prestigio; y así en multitud de situaciones de nuestra vida donde huimos de la luz que pueda poner al descubierto nuestras cosas y nuestros fallos, dejando que se oscurezca la luz y sigan imponiéndose las tinieblas. ¿Qué es lo que realmente nosotros deseamos o buscamos? Tendríamos que analizar muchas cosas.

Pero hoy el evangelio nos está diciendo algo verdaderamente hermoso, que no tendríamos que olvidar nunca, y que desde esa confianza que se despierta en nuestro corazón tendríamos que reconocer mejor nuestros errores o nuestras tinieblas porque bien sabemos quien es el que nos puede sanar. No olvidemos que las páginas del evangelio no se cansan de repetirnos esos momentos en que Jesús va sanando a la gente. No es el milagrerismo lo que tenemos que buscar (vaya palabra me he inventado, pero que creo que nos entendemos) sino el amor de Dios que nos sana y que nos salva, que son los signos que Jesús va realizando.

‘Dios amó al mundo’, nos viene a decir el evangelio. Y tanto fue su amor que no paró hasta darnos, hasta entregarnos a su Hijo único. Aquí, podríamos decir, está la clave de nuestra fe como está la clave de todo el evangelio. Si es una buena noticia para nosotros es porque nos está diciendo cuánto es el amor que Dios nos tiene. Pero pareciera que no estamos muy convencidos, porque seguimos con nuestras dudas y con nuestra fe renqueante, porque seguimos sin terminar de entrar nosotros en esa onda de amor, y aunque decimos que amamos muchas veces nuestro amor es pobre y mezquino porque le ponemos tantas limitaciones, tantas condiciones que terminará de dejar de ser un amor como el que Dios nos tiene.

Por eso seguimos prefiriendo las tinieblas donde podemos hacerle esas trampas al amor; y no somos sinceros con nosotros mismos, ni somos leales con los demás. Esa sinceridad de nuestra vida que nos tendría que llevar a ser humildes, porque así reconocemos nuestra debilidad y nuestra torpeza, así tendremos que ver con claridad esos errores que tratamos de ocultar, pero así nos manifestaremos tal como somos delante de los demás, pero siempre reconociendo lo que ha hecho el amor de Dios en nosotros.

Es el amor que nos ha transformado, es el amor que nos hace entrar en ese mundo de verdad y de autenticidad, es el amor el que nos da fuerzas para levantarnos y a pesar de nuestras debilidades y hasta de la pobreza de nuestro espíritu comenzaremos a darnos por los demás, estaremos poniendo de verdad el amor en nuestras vidas. Entonces habrá luz, entonces no dejaremos reinar a las tinieblas, entonces nos sentiremos ese hombre nuevo que ha sabido renacer.

Y lo hermoso y lo grandioso es que Dios cuando nos ama así no ha venido al mundo para condenar al mundo; si nos ha entregado a su Hijo único es para que el mundo se salve por El, para que nosotros vivamos por El. Nos acercamos entonces sin temor a la luz para que se vea que nuestras obras están hechas según Dios, según los planes de Dios porque entramos en la órbita de Jesús, en la orbita del Evangelio que será siempre para nosotros una buena nueva de amor.

Con temblor y con cierto temor vamos nosotros tantas veces por la vida, pero cuando así nos sentimos amados de Dios se acabaron los temores, desaparecen para siempre esos temblores de nuestros miedos, porque con la fuerza del Espíritu de Jesús nos sentiremos siempre fuertes. Es lo que hemos visto en la primera lectura en la actitud y en las obras que realizaban aquellos primeros discípulos y los apóstoles que no podían callar ni obedecer ningún mandato humano porque tenían que proclamar la Buena Nueva de Jesús.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Jesús no deja de ofrecernos su mensaje de vida, de resurrección, de salvación para transformar nuestro mundo haciendo crecer una nueva humanidad

 


Jesús no deja de ofrecernos su mensaje de vida, de resurrección, de salvación para transformar nuestro mundo haciendo crecer una nueva humanidad

Isaías 49,8-15; Salmo 144; Juan 5, 17-30

Estoy muerto de cansancio habremos dicho o escuchado alguna vez cuando nos sentimos agobiados por los trabajos, por los malos momentos que podamos pasar, por las dificultades que nos vamos encontrando en el camino de la vida, cuando nos invade el desaliento porque quizás no conseguimos aquello que mucho anhelamos; pero hablar de muerte o de vida, hablar de luz o de tinieblas, hablar de noches oscuras o de días luminosos es algo más que unas imágenes bonitas que puedan darle un sentido poético a nuestras palabras. Es hablar de unas realidades de la vida como es hablar también de lo que Jesús nos ofrece con la Buena Noticia del Evangelio.

Hoy nos hablaba el profeta de una invitación a ir a la luz, como también de salir de una situación de opresión y falta de libertad para ir a la vida. ‘En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado… para decir a los cautivos: Salid, a los que están en tinieblas: Venid a la luz…’

¿No es lo que realmente necesitamos? Ya no son solo los agobios que antes mencionábamos por los trabajos o las situaciones malas por las que estemos pasando, es la falta de esperanza de la que estamos rodeados y de la que también nos contagiamos, es ese mundo sin rumbo en el que a veces nos encontramos porque todo nos parece confuso, por esa sinrazón por la que nos matamos los unos a los otros, y pensamos en un mundo de violencia que nos envuelve, nos llama la atención y nos preocupa la misma situación de un mundo en guerras que no sabemos a donde vamos a parar, pero que no son solo esos cañones o no sé qué armas se usan que causan tanta destrucción sino que eso lo sentimos en la acritud con que nos tratamos, la violencia en las palabras y los gestos en todos los foros de la sociedad, esa deshumanización a la que estamos llegando aunque hablemos de mucho progreso y no sé cuántas cosas más pero en la que seguimos creando abismos entre unos y otros. ¿No es eso un mundo de muerte? ¿No es eso una oscuridad que nos está envolviendo?

‘Venid a la luz’, nos dice el Señor por medio del profeta y nos promete un mundo nuevo; bellas son las imágenes de unos campos que florecen con nuevos frutos; y nos habla de una nueva libertad porque en verdad aprenderemos a respetarnos y a tratarnos bien, a sentirnos más cercanos y más humanos. ¿No es ese el camino que intentamos restaurar en nuestras vidas mientras vamos haciendo este recorrido cuaresmal que nos prepara a la Pascua?

Vamos a celebrar la Pascua, vamos a celebrar cómo renace la vida a pesar de tanta muerte que nos ha ido envolviendo. No es simplemente, como decíamos al principio, una imagen poética, sino algo que tenemos que hacer realidad en nosotros. Algo nuevo tenemos que comenzar a vivir.

Y vivimos con esa esperanza porque ponemos toda nuestra fe en Jesús, en el evangelio que nos proclama, en la buena noticia del Reino de Dios. ‘En verdad, en verdad os digo, nos dice hoy Jesús en el evangelio, quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida’.

El texto del evangelio ahora ya en este final de la Cuaresma nos irá presentando aquella controversia de los judíos con Jesús que no querían aceptar sus palabras y no querían reconocer el mensaje de salvación que Jesús venía a ofrecernos.

Pero Jesús no deja de ofrecernos su mensaje de vida, de resurrección, de salvación. Solamente tenemos que escuchar a Jesús, escuchar su Palabra, poner toda nuestra fe en Él. Si escuchamos y ponemos de nuestra parte todo lo posible por vivir ese sentido de vida que Jesús nos ofrece iremos en verdad transformando nuestro mundo, porque necesariamente tenemos que trabajar más por la paz, buscar el entendimiento entre todos, desprendernos de tantas vanidades que nos hacen orgullosos y crean distanciamientos.

No olvidemos que tenemos que ser levadura, y de la buena, en medio de nuestro mundo, y aunque nos pueda parecer insignificante lo que hacemos en medio de la magnitud de maldad que nos rodea, esa levadura tiene la capacidad de hacer fermentar la masa, hará germinar la buena semilla y un día podremos ir recogiendo los frutos de un mundo mejor. Pero, repito, no nos podemos cruzar de brazos, tenemos que comprometernos y comprometernos de verdad. 

No seremos ya los que nos sintamos muertos por nuestros cansancios porque hemos revitalizado nuestra vida en el evangelio de Jesús.


domingo, 15 de marzo de 2026

No nos acobardemos aunque no seamos comprendidos, no callemos lo que tenemos que proclamar, no ocultemos nuestro testimonio, no metamos la luz debajo del celemín

 


No nos acobardemos aunque no seamos comprendidos, no callemos lo que tenemos que proclamar, no ocultemos nuestro testimonio, no metamos la luz debajo del celemín

1Samuel 16, 1b. 6-7. 10-13; Salmo 22; Efesios 5, 8-14; Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

¿Cuál es la reacción más espontánea que algunas veces nos surge cuando tenemos que enfrentarnos a una enfermedad o a algún tipo de limitación que no esperábamos? ¿Cuál es el juicio que quizás inconscientemente nos hacemos cuando vemos a alguien atormentado por una grave enfermedad cuando antes lo veíamos sano y fuerte? Hay reacciones que nos surgen espontáneas.

¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho yo? Buscamos culpas que decimos que no tenemos, pero que sin embargo nos rebelamos como si fuera un castigo. De aquel que sin esperarlo lo vemos de pronto en una grave enfermedad quizás sin decirlo pensamos qué mala vida ha tenido que ahora le han venido esas consecuencias, pensando en algún desorden quizás oculto, pero que de alguna manera andamos con culpabilizaciones. Quizás luego nos ponemos a razonar y quitamos esas sospechas de nuestra mente echando quizás la culpa al destino que no podrá quejarse (¡!).

¿Por qué me estoy haciendo esta consideración? Porque dentro de la mentalidad de la época y en aquel ambiente religioso del mundo judío fueron los discípulos cercanos a Jesús los primeros que comenzaron a preguntar algo que no entendían y querían que Jesús les aclarase del por qué aquel hombre que se encontraron en las calles de Jerusalén había nacido ciego, cual era el pecado, de él o de sus padres, para tener tal castigo. Nuestras miradas humanas.

Pero la mirada de Jesús es distinta, no responde directamente a la pregunta, pero sí nos da una respuesta superior. En lugar de plantearse interrogantes Jesús se detiene y se agacha hasta el suelo para coger un poco de tierra y hacer con su saliva un poco de barro que poner en los ojos del ciego. Es el Dios que ha bajado a la tierra, se ha hecho como nosotros porque se ha hecho  hombre, se mezcla con nuestro barro. ¿Querrá decirnos algo este signo de Jesús?

Luego lo mandará a la piscina de Siloé, el enviado, para que allí lave sus ojos. Jesús lo cura pero lo pone en camino. Tenemos que poner nuestra parte, porque no es algo mágico lo que sucede, es la disponibilidad para buscar un camino, para un encuentro con algo distinto, para poder llegar hasta la luz, que la luz ilumine su vida. Aquel hombre no sabe ni quien es el que le ha dicho que fuera a lavarse a Siloé como responde a los que le preguntan cuando se monta el revuelo de su curación y las distintas reacciones que van surgiendo.

Su camino no fue solo ir a Siloé sino que luego tendrá que seguir haciéndolo hasta encontrarse de verdad con quien ha sido su salvación. Es su propia lucha también contra las reacciones que van surgiendo queriendo él también encontrar una respuesta. Solo un hombre de Dios ha podido realizar lo que allí ha sucedido. El se ha encontrado con la luz mientras en su alrededor siguen las tinieblas que incluso quieren envolverle. Le recordarán que empecatado nació y de alguna manera le están culpabilizando de su ceguera, pero en él hay una certeza interior. Llegarán incluso a expulsarle de la sinagoga porque las tinieblas no quieren aceptar a la luz, como ya nos decía el evangelio de Juan desde el principio. ‘La tiniebla no la recibió… vino a los suyos y los suyos no lo recibieron’.

Pero Jesús le sale al encuentro cuando se entera de que lo han expulsado de la sinagoga. Podría parecer que toda aquella lucha la estaba haciendo aquel hombre en solitario porque todos en su entorno se ponen en contra, que hasta su misma familia de alguna manera quiere ignorarlo por temor a ser ellos expulsados también de la sinagoga. Son nuestros esquinazos, las veces que queremos irnos por otra esquina para evitar complicaciones, las veces en que tratamos de disimular o no damos la cara con valentía. Teniendo la luz también queremos ocultarla, porque sabemos que puede ser rechaza, porque no es lo políticamente correcto en la sociedad en la que vivimos, porque quizás alguien se pueda sentir molesto u ofendido porque nosotros mostramos nuestra fe; son cosas que están sucediendo en nuestro sociedad porque a algunos le molestan los signos cristianos y aunque resalten otros lo cristiano hay que ocultarlo.

No nos acobardemos aunque no seamos comprendidos, no callemos lo que tenemos que decir y proclamar, no ocultemos el testimonio que tenemos que dar, no metamos la luz debajo del celemín sino sigamos poniéndola muy alta para que pueda iluminar a todos. Es un camino que tenemos que hacer con decisión y valentía al que nos ayuda este camino cuaresmal, no olvidemos nunca que somos unos testigos aunque de alguna manera tengamos que ser también mártires, que en fin de cuentas ese es el significado de la palabra.

 

lunes, 2 de marzo de 2026

La luz de la misericordia del Señor ha iluminado nuestra vida y entonces serán también siempre luminosos nuestros caminos

 


La luz de la misericordia del Señor ha iluminado nuestra vida y entonces serán también siempre luminosos nuestros caminos

Daniel 9, 4b-10; Salmo 78; Lucas 6, 36-38

¿Nos habremos sentido alguna vez abrumados por la vergüenza de lo que hemos hecho? Como solemos decir, no sabemos donde meternos, sentimos el oprobio sobre nosotros, en consecuencia nos sentimos arrepentidos aunque no sabemos como reparar el daño, cómo quitar de nosotros esa mancha que ya nos parece imborrable.

Es lo que nos está expresando el profeta, vergüenza por lo propio, por lo que hemos hecho, vergüenza ajena que sentimos también algunas veces por lo que sucede a nuestro alrededor y de lo que en cierto modo no es que nos sintamos culpables, pero quizás podíamos haberlo evitado. Pero las palabras del profeta no son para hundirnos, nunca la Palabra de Dios querrá eso para nosotros, sino que siempre es una mano tendida, siempre es una palabra de esperanza, porque no solo contemplamos nuestra indignidad sino sobre todo contemplamos y nos sentimos envueltos por la misericordia del Señor. ‘Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas’. Desobedecimos pero Dios nos sale al encuentro con su misericordia.

Es lo que se complementa con la palabra del Evangelio que siempre se va a convertir en luz para nuestro camino. Cuando en un camino oscuro vamos encontrando lámparas cada cierto tramo nos van señalando la dirección para no perdernos, pero aun más nos van señalando los peligros en los que podemos tropezar pero se convierte también en senda que nos allana el camino porque nos dice por donde podemos ir rectamente, nos hace fijarnos en esos detalles que quizás nos hubieran pasado desapercibidos pero que resaltados con esa luz vemos lo valiosos que son y se convierten en una invitación para unas nuevas actitudes y posturas en nuestra vida.

Hoy tajantemente nos dice Jesús que seamos compasivos y misericordiosos, pero es que además nos muestra en cómo hemos de manifestar en nosotros esa compasión y misericordia. ‘Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso’, nos dice Jesús. Pero es que a continuación nos señala cómo hemos de manifestar esa misericordia. No es una palabra que adorne nuestro discurso, es una actitud que se va a reflejar en nuestra manera de actuar con los demás.

Y nos dice que no juzguemos, que siendo comprensivos no tenemos por qué condenar sino siempre hemos de estar abiertos al perdón; por eso nunca ha de aparecer en nosotros una actitud condenatoria ante lo que los otros puedan hacer, porque nosotros cometemos los mismos errores, pero sobre todo porque nos hemos gozado cuando Dios ha sido misericordioso con nosotros y es lo que tenemos que ofrecer a los demás; no perdonamos poniendo cara de quita vidas porque detrás quede nuestro juicio y nuestra condena, sino con la alegría de quien ofrece un regalo en el que se va a sentir alegre quien lo recibe pero también nosotros porque podemos ofrecerlo.

Por eso cuando nos hemos gozado con el amor misericordioso de Dios con nosotros, serán unas actitudes nuevas con las que hemos de tachonar nuestras vidas, y aparece la generosidad sin medida, y aparece el compartir como iniciativa siempre de nuestra vida, y tendrá que aparecer la acogida de unas puertas siempre abiertas, será el ofrecimiento de ese nido de amor de nuestro corazón que creará cercanía, que renueva y hace crecer la amistad, que nos hace entrar en una nueva sintonía con los demás.

La luz de la misericordia del Señor ha iluminado nuestra vida y entonces serán también siempre luminosos nuestros caminos.

sábado, 21 de febrero de 2026

Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

 


Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

Parece como si algunas veces olvidáramos las palabras que nos dice Jesús en el evangelio, o quizás olvidamos el verdadero sentido de esa palabra, evangelio; es una nueva noticia y una noticia buena, pero una noticia transformadora, que nos inquieta, que nos lleva a descubrir algo siempre nuevo; nos hemos acostumbrado a decir evangelio y ya no gustamos de su sentido, de lo que nos ofrece, de aquello a que nos llama.

Por algo Jesús desde el principio nos pide un cambio profundo dentro de nosotros para poder creer en esa buena noticia que nos ofrece y que nos está hablando del Reino de Dios; la palabra que se emplea y que medio hemos endulzado es conversión; y conversión es una vuelta total del corazón. De lo contrario no podríamos llegar a entender páginas como las que se nos ofrecen hoy, y me refiero tanto al evangelio como también al profeta.

Parece que se sale de todos los limites el que Jesús llame precisamente para que le siga como discípulo a un publicano; eran personas muy minusvaloradas en la sociedad judía de entonces, en consecuencia no tendría el prestigio – cuanto hablamos hoy también de los prestigios incluso dentro de la Iglesia – para formar parte de aquellos más cercanos a Jesús que El un día constituiría como el grupo de los apóstoles, el fundamento, podríamos decir, de aquella nueva comunidad.

Pero otra cosa que podría parecer discordante para aquella sociedad es que precisamente Jesús se siente a la mesa con todas esas personas que son despreciadas por su entorno, publicanos y pecadores. ¿Podría quitar eso el brillo de la santidad y rectitud de quien se presentaba como profeta en medio de ellos? Pero esa es la voz del profeta que solo quiere transmitir lo que es el mensaje de Dios, es la garantía precisamente de que Jesús es aquel que había anunciado el profeta como lleno del Espíritu de Dios que venía a traer una buena noticia a los pobres, a los oprimidos, como se había proclamado un día allá en la sinagoga de Nazaret. Es el estilo de Dios que así se nos manifiesta en Jesús. En ese sentido iban las palabras del profeta.

Hermosas las palabras del profeta. ‘Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía’. Así Jesús se convierte en luz de nuestra vida en medio de tantas tinieblas y oscuridad. Claro que como nos dice el evangelio de Juan al principio la luz vino a iluminar las tinieblas pero las tinieblas rechazaron la luz.

Pero la palabra del profeta es aliento para nuestra vida, un impulso para que seamos siempre luz con la luz de Jesús. ‘Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas, volverás a levantar los cimientos de otros tiempos; te llamarán “reparador de brechas”, “restaurador de senderos”, para hacer habitable el país’. ¿No será eso lo que nosotros también tenemos que ser? Como dice el  profeta ‘reparador de brechas… restaurador de senderos…’ Cuántos corazones rotos hemos de sanar, cuántas soledades que acompañar, cuántas manos que tender, cuántos caminos de hacer junto a los demás. ‘Brillará tu luz en las tinieblas…’ No olvidemos lo que dice Jesús que ‘no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan’.

Es el camino que se abre ante nosotros en esta cuaresma que estamos comenzando a vivir. Es el ayuno y la penitencia que el Señor nos pide. Son esas actitudes nuevas que han de brillar en nuestra vida. Son los signos de vida nueva que han de ser evangelio también para los demás. Es la misión que Jesús a nosotros también nos ha confiado.

 

lunes, 2 de febrero de 2026

El Salvador ha sido presentado a todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones y para gloria de su nuevo pueblo de Israel, el nuevo pueblo de Dios

 


El Salvador ha sido presentado a todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones y para gloria de su nuevo pueblo de Israel, el nuevo pueblo de Dios

 Malaquías 3,1-41; Salmo 23; Hebreos 2,14-18; Lucas 2,22-40

‘De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando… el mensajero de la alianza… mirad que está llegado, dice el Señor del universo’. Así nos hablaba el profeta. ‘¿Quien resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada?’. Pero el salmo íbamos encontrando respuesta. ‘¡Portones! Alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el rey de la gloria’.

Nos llenamos de solemnidad porque el momento es importante. Es importante lo que  hoy estamos celebrando que es algo más que el cumplimiento ritual de una ofrenda, en la que todo primogénito varón había de ser presentado al Señor a los cuarenta días de su nacimiento. Efectivamente para aquel cumplimiento ritual de la ley de Moisés aquel matrimonio joven cruzó los umbrales del templo con un niño en brazos. Podría parecer uno de tantos entre otras familias que venían también para ese ofrecimiento ritual.

Y así nos lo va narrando el evangelista, la presentación de Jesús en el templo a los cuarenta días de su nacimiento. Pero allí había un anciano lleno del Espíritu del Señor que aguardaba ese momento. Había recibido un oráculo del Señor de que no vería la muerte sin haber contemplado sus ojos al Salvador esperado. Por eso, sin ser sacerdote encargado de recibir aquellas ofrendas se adelanta tomando al niño en sus brazos para sorpresa de todos y prorrumpe en un cántico de alabanza al Señor. Allí se estaba cumpliendo lo anunciado por el profeta aunque pareciera que el momento no tenía la solemnidad de los anunciado por el profeta y cantado por los salmos.

Allí está aquel anciano que guiado por el Espíritu del Señor viene todos los días al templo para prorrumpir en ese cántico de alabanza al Señor. Es la entrada del mensajero de la nueva alianza; tienen que abrirse y agrandarse los umbrales y los dinteles de las puertas porque allí, en aquel niño, está ‘el Señor de la gloria, es el Señor, Dios del Universo, es el Rey de la gloria’. Los hombres tendemos a poner toda la solemnidad y hasta pomposidad de nuestros gestos y de nuestros ritos, pero la manera de actuar de Dios es de otra manera. Había querido nacer pobre, tan pobre que ni en la posada había sitio para su nacimiento, teniendo que refugiarse María y José en un establo y ser recostado entre las pajas de un pesebre todo un Dios que nacía haciéndose hombre. Ahora esa entrada que tendría que ser triunfal en el templo pasa casi desapercibida en la presencia de un niño en brazos de sus padres que por pobres harán la ofrenda de los pobres, un par de tórtolas.

Pero el Anciano Simeón está cantando la gloria del Señor y siendo profeta que recibía a Dios en su templo pero que anunciaba el signo de contradicción que significaba para ser nuestro Salvador. ‘Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel’.

El Salvador que ha sido presentado a todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones y para gloria de su nuevo pueblo de Israel. Es el momento solemne que hoy nosotros celebramos en la entrada de Jesús en el templo. Pero algo nuevo y distinto va a suceder porque desde ahora el verdadero templo de Dios es Jesús, en quien Dios se nos manifiesta, y por quien nos viene la salvación. Pero va a comenzar a haber un nuevo templo en la medida en que aceptamos por la fe en Jesús y nos unimos a El, para con El ser también sacerdotes, profetas y reyes.

Vamos nosotros a ser ungidos también por el Espíritu del Señor para convertirnos en templos de Dios. Así tenemos que ser esa señal de Dios en medio de los que nos rodean, en signos de la presencia de Dios en medio de nuestro mundo. Si un día veremos a Jesús purificando aquel templo de Jerusalén que en lugar de casa de oración parecía más una cueva de ladrones, es la purificación con que hemos de vivir nuestra vida, la santidad que ha de brillar en nuestra vida para que demos esas señales de Dios en medio del mundo.

El anciano Simeón nos está enseñando a descubrir esas señales de Dios en lo pequeño y en lo sencillo, como supo encontrar al Mesías de Dios en aquel niño hijo de aquellos humildes padres. ¿Sabremos serlo nosotros para los demás?

Detrás de toda esta escena que contemplamos en el evangelio vemos la figura de María que parece pasar desaperciba aunque el anciano profetiza también el lugar de María, a quien una espada atravesará su alma porque así la veremos siempre a la sombra de Jesús y finalmente a la sombra de la cruz en el Calvario. Es la madre del Sacerdote  a quien se une para ella también hacer su ofrenda, pero va a ser también la misionera que vendrá a caminar a nuestro lado para ayudarnos a ir al encuentro de Jesús.

Nosotros los canarios en este día tenemos un lugar especial para María, porque la contemplamos y la celebramos como quien nos señala el camino de la luz. En un brazo su imagen porta a Jesús pero en su otra mano porta una luz para ser señal en el camino que nos conduzca hasta Jesús, para enseñarnos como no solo hemos de dejarnos iluminar por esa luz de Jesús sino que tenemos que ser señales de luz en nuestra vida para que todos vayan al encuentro de Jesús. Por eso la llamamos Candelaria, la portadora de la candela, de la luz, y de alguna manera todos tenemos que ser ‘Candelaria’, como María, portadores de la luz de Jesús para nuestro mundo.

 

jueves, 29 de enero de 2026

No podemos andar con una falsa humildad ocultando nuestros dones ni vamos a compartirlos desde autosuficiencia sino con la humildad del que se siente regalado con ellos

 


No podemos andar con una falsa humildad ocultando nuestros dones ni vamos a compartirlos desde autosuficiencia sino con la humildad del que se siente regalado con ellos

2 Samuel 7, 18-19. 24-29; Salmo 131; Marcos 4, 21-25

Solemos decir que aquel que acapara lo que tiene, bien porque lo haya ganado o porque lo haya recibido, solo para si mismo olvidándose y prescindiendo de los que están a su lado es un terrible e insolidario egoísta. Es mío, me lo gané yo, son mis cosas, hago lo que quiero… suele repetir para justificarse.

Pensamos en bienes materiales o riquezas y podemos decir no sé cuantas maravillas de justicia distributiva, de justicia social y de la insolidaridad injusta de quienes se creer ricos y absolutos poseedores de lo que tienen. Pero podemos darle una amplitud mayor, porque no es solo lo material, sino lo que soy, lo que son mis dones o mis cualidades, lo que llamamos nuestra riqueza espiritual que si mal la usamos terminaremos en la peor pobreza del espíritu. La riqueza de la vida, y quiero pensar en lo más profundo de la vida de cada uno, no es para acapararla solo para nosotros mismos.

Podemos decir que son nuestros esfuerzos o nuestras propias cualidades innatas, y es importante que sintamos toda esa riqueza espiritual que tenemos, reconozcamos nuestros valores y nuestras capacidades y nosotros mejoremos también nuestra vida. Pero ¿en qué consiste esa mejora? ¿En encerrarnos en nosotros mismos? ¿En poner una valla a nuestro alrededor para salvar lo que somos? ¿Y de qué te vale lo que eres si con ello no enriqueces también la vida de los demás? ¿No te das cuenta que aunque recibas muchas reverencias y adulaciones al final te vas a sentir muy solo?

Hoy nos está diciendo Jesús en el evangelio que la luz no es para ocultarla debajo de un cajón sino para ponerla en alto e ilumine a los demás. Esa luz que tú tienes no es solo para ti – es cierto que esa luz te ha ayudado a descubrir tu valor y el sentido de las cosas y de la vida – pero precisamente por eso con esa luz tienes que iluminar a los demás. Esa luz te ha ayudado a crecer por dentro porque te ha dado un sentido a tu ser y a lo que tienes, pero si la llegas a encerrar significa que no has entendido aun el sentido de esa luz.

‘No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz’, nos continúa diciendo hoy Jesús en el evangelio. Unos valores que tú tienes y que has de desarrollar, pero que necesariamente te han de llevar a abrirte a los demás. No podemos cruzarnos de brazos mientras vemos que hay oscuridades que podemos iluminar; no podemos quedarnos insensibles porque ya nosotros tenemos, ya nosotros sabemos, que los otros busquen, que los otros trabajen, como decimos tantas veces. La insensibilidad nos aleja bastante de esa madurez humana que hemos de alcanzar.

Todo esto nos lo está diciendo Jesús para el desarrollo de todos esos valores humanos con los que tenemos que contribuir al bien y la mejora de nuestra sociedad. Son un regalo y una responsabilidad, es un don y es una tarea. No podemos andar con una falsa humildad ocultando nuestros dones ni vamos a compartirlos de nuestra soberbia y autosuficiencia que los anularía, los apagaría y dejaría sin sentido.

Y aquí, claro, tenemos que plantearnos qué estamos haciendo con nuestra fe. Es una luz que ilumina nuestra vida, pero es una luz que la que tenemos que iluminar a nuestro mundo. No podemos ocultar nuestra fe, ni podemos acomodarnos tanto a la sociedad que nos rodea por aquello de que no le dan importancia a la fe, porque entonces les estaríamos haciendo perder todo el sentido a esa fe que tenemos. Si consideramos que es una luz para nuestra vida, esa luz no nos la podemos quedar para nosotros mismos sino que con ella, aunque sea con todo respeto, tenemos que iluminar a los demás. Es el testimonio que en todo momento tenemos que dar.

Como nos dirá Jesús en otro momento ‘alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’. ¿De verdad estaremos convencidos de estas palabras de Jesús? Entonces, ¿por qué no somos más misioneros en el mundo que nos rodea?

domingo, 25 de enero de 2026

El evangelio es también hoy un anuncio de luz y de esperanza que nos da respuestas para este mundo en que vivimos

 


El evangelio es también hoy un anuncio de luz y de esperanza que nos da respuestas para este mundo en que vivimos

Isaías 8, 23b – 9, 3; Salmo 26; 1Corintios 1, 10-13. 17; Mateo 4, 12-23

El evangelio hoy, igual que lo ha hecho también el texto del profeta Isaías, ha comenzado a hablarnos de tiempos de sombras, pero también de tiempos de luz como seguramente veremos reflejado en el hoy de nuestra vida. Precisamente el evangelista recuerda el anuncio profético como algo que se da en cumplimiento en el hoy de su vida con la presencia de Jesús predicando por toda Galilea que se convirtió en un rayo de luz de esperanza para quienes le escuchaban.

Recordar brevemente que fueron los tiempos del profeta momentos de crisis en la situación política, social y religiosa que vivían entonces. Se repite en los momentos de Jesús que en todos las situaciones se sentían como en crisis, por la opresión de los romanos, por la inoperancia de las autoridades judías pero también por la manipulación de muchos de sus dirigentes, por los cambios que se habían ido produciendo en aquella sociedad en la medida en que se abría al mundo contemporáneo. Mantenían una esperanza que no veían cumplida; un primer rayo de luz había sido a su manera la presencia del Bautista en el desierto a la orilla del Jordán anunciando la inminencia de tiempos nuevos, pero seguían en su oscuridad.

Como dice el evangelista después de la prisión de Juan se había vuelto Jesús a Galilea pero no se había quedado en Nazaret sino que se había establecido en Cafarnaún; allí había comenzado su anuncio de la llegada del Reino de los Cielos y se predicación se había extendido también por los pueblos de alrededor. Son los primeros anuncios y pronto al ver los signos que Jesús realizaba la gente se congregaba a su alrededor para escucharle y le traían sus enfermos para que los curase. Algo nuevo estaba comenzando. Una buena noticia que los llenaba de esperanza; era una luz que se encendía en sus vidas, por eso el evangelista recuerda las palabras del profeta porque ahora se están dando cumplimiento.

Y es el anuncio que hoy nosotros escuchamos; y lo escuchamos desde nuestra vida, que también tiene sus luces y sus sombras; que es la situación social y religiosa concreta que vivimos y que en consecuencia vive la iglesia, vivimos también los cristianos; y son las cosas que surgen cada día en todos los aspectos de la vida que muchas veces también nos llenan de confusión; y no podemos dejar de ver el sufrimiento que embarga a tantos en el mundo de hoy, o esos golpes que nos desequilibran, nos plantean preguntas e interrogantes, nos hace pensar qué estamos haciendo de nuestra sociedad, como puede ser el reciente suceso que a todos nos tiene conmocionados, pues no son cosas de unas familias o de las personas que pasaron o pasan por ese mal momento, sino que son cosas que nos afectan a todos.

Y ahí tenemos que escuchar nosotros la Palabra de Dios, en esa vida concreta tenemos que sembrar esa semilla de la Palabra de Dios que nos haga reflexionar, que nos haga buscar caminos, que siembre en nuestro espíritu esa serenidad que necesitamos para enfrentarnos a esas situaciones sin que tengamos que enfrentarnos los unos a los otros, que ponga en nosotros esa esperanza que necesitamos que nos haga trabajar seriamente por hacer un mundo nuevo.

El anuncio que nos hace Jesús es la llegada del Reino de Dios, que va a haber algo nuevo en nuestras vidas, que los valores por los que hemos ido guiando nuestra vida quizás necesiten una transformación y un cambio, que a Dios tenemos que verlo más presente en nuestras vidas y que muchas veces tenemos tan alejado de nosotros en esa atonía e indiferencia religiosa en la que va cayendo nuestra sociedad porque es el Reino de Dios el que se va a instaurar.

¿Cómo hacerlo? En el anuncio de la llegada del Reino de Dios lo primero que nos pedía era conversión, un cambio profundo del corazón, una transformación de nuestras vidas, un nuevo rumbo que tenemos que darle a lo que hacemos y a lo que vivimos, porque si seguimos con componendas nada se va a arreglar. Como nos dirá en otra oración lo nuevo tira de lo viejo y se hace un roto peor. ¿Estamos dispuestos nosotros a dejarnos cautivar por la Palabra de Dios que escuchamos para comenzar de verdad una vida nueva?

El evangelio termina hoy hablándonos de la llamada y vocación de los primeros discípulos. Pescadores que estaban con sus barcas y sus redes a los que se invita a una pesca distinta, a ser pescadores de hombres. Y lo dejaron todo y se fueron con Jesús. Nos daría para hacernos muchas consideraciones, pero pensemos si acaso nosotros seremos capaces de dejarlo todo por seguir a Jesús. En ese mar de nuestro mundo, tan complejo como lo reflexionábamos, nosotros estamos llamados también a ser pescadores de hombres. ¿Llegaremos a ver ese tiempo de luz que nos anunciaba el profeta y el evangelio? ¿Así sentimos a Jesús nosotros?