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viernes, 10 de julio de 2026

Una misión vivida con entereza y valentía, un testimonio vivo de lo que es el sentido de nuestra vida, un compromiso desde nuestra fe por mejorar nuestro mundo

 


Una misión vivida con entereza y valentía, un testimonio vivo de lo que es el sentido de nuestra vida, un compromiso desde nuestra fe por mejorar nuestro mundo

Oseas 14, 2-10; Salmo 50; Mateo 10, 16-23

Cuando vamos a encargar a alguien una tarea habitualmente somos entusiastas con aquello que pretendemos y ese entusiasmo tratamos de trasmitirlo a aquellos que van a ser colaboradores nuestros en esa obra; nuestro entusiasmo contagia ilusión, despierta interés, pone ánimo en quienes van a realizar esa tarea, pero también debería haber algo que no tendríamos que ocultar y es el realismo del esfuerzo que tenemos que realizar que nos exigirá incluso sacrificios ni tampoco podemos olvidar las dificultades y contratiempos que podemos encontrar; no seriamos lo suficientemente leales si no lo hiciéramos.

En el texto del evangelio que venimos comentando estos días hemos escuchado como Jesús escoge a doce de entre todos los discípulos a los que constituye Apóstoles, a los que preparará de manera especial para la misión que les va a confiar. Son las recomendaciones que hemos escuchado en estos días de cómo han de realizar su misión y son las palabras en cierto modo duras que hoy le escuchamos. Habla Jesús de las dificultades, no siempre van a ser escuchados y muchas veces rechazados; encontrarán dificultades hasta donde menos se lo piensan como son quizás sus propios familiares o las personas más cercanas; les habla claramente Jesús de que se puede convertir en una persecución por la que incluso serán llevados a los tribunales o incluso odiados por todos.

Pero aunque Jesús les dice que se verán incluso como ovejas en medio de lobos, sin embargo no han de perder la serenidad de su espíritu con la que sabrán actuar con fortaleza pero también con sencillez, con la humildad de quien se siente seguro de la verdad de lo que ofrece, pero también con la astucia de saber encontrar los medios y los modos de que el mensaje no deje de anunciarse. Y es que Jesús les está diciendo que no los deja solos porque su Espíritu estará siempre con ellos; será su Espíritu el que les dará esa fortaleza y esa serenidad incluso en la persecución, pero también con su sabiduría ponga palabras en sus labios para dar testimonio de su mensaje.

Estas palabras de Jesús que hoy escuchamos nos hacen ver y entender la historia de la Iglesia a través de todos los tiempos; ya lo vemos de forma palpable en el propio relato de los Hechos de los Apóstoles en la historia de aquellos primeros momentos de los cristianos. No fueron siempre carreras de victoria y el hecho está en la historia de martirio de los primeros apóstoles. Pero no ha faltado a través de todos los tiempos como no nos falta hoy. En muchos lugares en que la Iglesia es rechazada y perseguida incluso en países que habían sido debidamente evangelizados.

Pero no nos podemos quedar en pensar en esas situaciones más llamativas sino cómo con la cultura actual se quieren ir socavando esos valores humanos y cristianos que han sido básicos en nuestra civilización occidental y europea queriendo hacer desaparecer todo lo que suene a profundamente religioso y cristiano. Y para eso no tenemos que ir muy lejos porque lo tenemos entre nosotros, en nuestros ambientes y en la manera de actuar de parte de la sociedad que nos rodea.

Las palabras que les decía Jesús a los apóstoles en esta página del evangelio que estamos comentando bien nos viene escucharlas como dichas a nosotros hoy. Es lo que Jesús nos está pidiendo hoy, ese mantener viva y despierta nuestra fe para seguir dando nuestro testimonio con nuestro compromiso y con el anuncio que con nuestra palabra y nuestra vida tenemos que hacer. Nuestro amor y nuestra humildad tienen que resplandecer, pero también el arrojo y valentía de nuestro espíritu porque nada ni nadie nos podrá hacer callar. Sentimos también la fuerza del Espíritu de Jesús que nos anima y nos fortalece.

Son esas luchas también en nuestro interior cuando queremos crecer humana y espiritualmente, pero que nos sentimos tentados de tantas cosas que nos quieren arrastrar a ese materialismo de la vida que parece que todo lo invade. Ahí tenemos que manifestar nuestra rectitud, nuestra madurez y nuestra entereza.

lunes, 18 de mayo de 2026

En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo, palabras que nos hacen creer más en lo que nosotros podemos hacer en el nombre de Jesús

 


En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo, palabras que nos hacen creer más en lo que nosotros podemos hacer en el nombre de Jesús

Hechos 19, 1-8; Salmo 67; Juan 16, 29-33

En ese mundo que nos rodea que es la vida de cada día con sus luchas y con sus esfuerzos, contemplamos quizás el avance de algunos que parece que todo lo que emprenden tiene resultados exitosos, pero al mismo tiempo contemplamos también fracasos, derrotas, gente que no sabe cómo salir de los problemas a los que se enfrentan o cómo emprender tareas que puedan resultar exitosas; quizás pueda aparecernos el desasosiego y hasta la inquina ante el triunfo de los demás, y la sensación de inutilidad porque no somos capaces de salir adelante tan pronto como quisiéramos, las luchas se nos hacen interminables y la sensación que podemos sentir dentro de nosotros no es buena.

Es la vida con sus múltiples tareas, las responsabilidades de cada día, en el campo familiar o en el campo laboral, son los deseos de superación que sentimos dentro de nosotros mismos que nos gustaría cambiar en muchas cosas y es la sensación de impotencia y fracaso porque no lo logramos tan pronto o tan fácil como quisiéramos. Podemos pensar en todo lo referente a nuestra vida cristiana y al compromiso que hemos de vivir desde nuestra fe y a la tarea que queremos realizar en nuestro entorno, en ocasiones mal interpretada, rechazada, con fuerte oposición sobre todo desde donde se quiere vivir un laicismo hasta el extremo, de no querer permitir hasta ningún signo religioso en la vida. ¿Qué hacemos? ¿Estamos llamados a la derrota y al fracaso?

Jesús en la última cena, y son las palabras que día a día venimos escuchando en el evangelio en estos últimos días de pascua, decimos que son palabras de despedida, pero son palabras de Jesús que quieren hacerles mantener en la esperanza, hacer que no se sientan solos, cuando hasta ahora lo han tenido siempre a Él cerca quizás como un refugio cuando no entienden las cosas o se encuentran algún tipo de oposición.

Las palabras de Jesús hoy son verdaderamente alentadoras. El aliento lo sentimos desde que nos promete la presencia del Espíritu en nuestros corazones que inspirará cuanto hagamos y nos dará la fuerza que necesitamos. Pero Jesús nos invita a no temer, porque tenemos la victoria asegurada.  ‘Os he hablado de esto, nos dice, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo’.

Habrá luchas, nos dice Jesús; como nos ha anunciado en otro momento las persecuciones que hemos de sufrir. Porque el discípulo no es mayor que su Maestro, y ¿qué es lo que han hecho con Jesús? En cierto modo no tiene por qué extrañarnos el miedo que tenían los apóstoles para estar encerrados en el Cenáculo en aquellos días. ¿Podría pasarles lo mismo que le estaba pasando a Jesús? Claro que necesitarán la presencia y la fuerza del Espíritu a partir de Pentecostés para que todos aquellos miedos se acaben; A Pedro le veremos salir a hablar a la multitud, él que era tan parco en palabras aunque fuera mucho su entusiasmo por Jesús, señalándoles que han crucificado al que Dios resucitó de entre los muertos; contentos saldrán más tarde de la presencia del Sanedrín por haber podido sufrir castigos por el nombre de Jesús, atreviéndose a replicarles que ellos tienen que obedecer a Dios antes que a los hombres.

Pero todo eso tenemos que aplicárnoslo a nosotros. ¿No caminaremos por la vida muchas veces demasiado desalentados y con muchos temores en el corazón? Tenemos que aprender a creer en las palabras de Jesús, no solo para decir que son ciertas, sino para hacerlas sentido de nuestra vida, y desde esa confianza que tenemos en la victoria de Jesús comenzar a confiar en lo que nosotros podemos lograr, no solo para nosotros mismos, sino también para los demás. Las palabras de Jesús tienen que hacernos sentirnos seguros, nos tienen que impulsar a lanzarnos sin ningún temor por el mundo anunciando el nombre de Jesús como nuestro único Salvador.


viernes, 15 de mayo de 2026

No perdamos la alegría de nuestra fe por muchas que sean las tormentas que tengamos que atravesar, el Señor está con nosotros y nos da la fuerza de su Espíritu

 


No perdamos la alegría de nuestra fe por muchas que sean las tormentas que tengamos que atravesar, el Señor está con nosotros y nos da la fuerza de su Espíritu

Hechos 18, 9-18; Salmo 46; Juan 16, 20-23a

Qué mal se puede sentir una persona que está envuelta en sus problemas y preocupaciones, quizás con amarguras en el corazón por cosas que le hayan pasado y por supuesto con tristeza en su espíritu mientras a su alrededor todo es alegría y fiesta, todo es bullicio y jolgorio; más allá de las razones o culpabilidades que no vamos a echar encima de nadie, tienen que ser momentos duros y difíciles.

No es que realmente fuera así en toda su amplitud, pero los discípulos iban a pasar por momentos oscuros mientras otros se frotaban las manos porque les parecía que tenían la victoria con ellos cuando estaban queriendo eliminar a Jesús. No nos ha de extrañar el que de alguna manera se encerraran en Jerusalén en el cenáculo aprovechando aquella disponibilidad que se lo habían ofrecido a Jesús para la cena pascual, ante los momentos de pasión que se estaban viviendo en Jerusalén.

Pero Jesús quiere prepararlos, no se tienen por qué sentir hundidos, porque la alegría que van a tener a partir de la pascua va a inundar sus corazones; Jesús quiere mantener viva en ellos la esperanza, que en momentos así es difícil mantener. Como nos puede suceder tantas veces a nosotros que nos vemos casi derrotados en manos del mundo que nos rodea y el mensaje que nosotros queremos trasmitir no es escuchado, no termina de convertirse en buena nueva para aquellos a los que se las anunciamos. Cuantas veces incluso nos vemos burlados porque tratan de ridiculizar la fe que nosotros tenemos, porque se aprovechan de nuestras debilidades para escarniarnos con burlas y afrentas, porque quieren envolvernos en mantos de maldad  y eso nos duele por dentro. Pero Jesús quiere que nos mantengamos en esperanza. No tenemos que acobardarnos que el Señor está con nosotros.

‘En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría’. Y pone el ejemplo de la mujer cuando va a dar a luz, en que todo son miedos y sufrimientos, pero en el parto doloroso nace la vida; en el parto doloroso de la cruz nace la vida, nacemos nosotros a una nueva vida. Todo tiene sentido, todo tiene valor, lo llamamos redención porque es sacarnos de la muerte y eso muchas veces para nosotros es doloroso, pero la alegría en le que nos vamos a sentir renovados en el Espíritu para una nueva vida es incalculable.

Pero Jesús además nos está diciendo que no nos dejará solos. Ha prometido la presencia del Espíritu que va a poner fortaleza en el corazón y palabras en nuestros labios. Fijaos que nos dirá que no nos preocupemos de preparar nuestra defensa, y es que cuando preparamos nuestra defensa desde nuestros criterios humanos se nos pueden escapar nuestros rejos de resentimientos y violencias, de deseos de venganza y de violencia y ese no puede ser nuestro camino; podríamos perder el sentido y en nuestra locura llena de rabia decir o hacer cosas de las que luego nos arrepentiríamos. Por eso nos dice que será el Espíritu nuestro Defensor, nuestro abogado, nuestro Paráclito.

Terminará diciéndonos que ‘también vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada’. Lo veremos luego en el evangelio, en los encuentros con Cristo resucitado se quedaban mudos de emoción, con detalle nos los dirá Juan cuando la aparición de Cristo junto al lago de Galilea que cuando llegaron y vieron todo preparado no se atrevían a decir nada porque sabían muy bien que era Jesús.

No perdamos la alegría de nuestra fe, porque el Señor siempre está con nosotros. Como le decía la manifestación de Jesús a Pablo en Corinto cuando comenzaron a haber dificultades. ‘No temas, sigue hablando y no te calles, pues yo estoy contigo, y nadie te pondrá la mano encima para hacerte daño’. Creo que tenemos que escuchar estas palabras con toda atención porque muchas veces necesitamos reafirmarnos en la presencia del Señor con nosotros.

sábado, 9 de mayo de 2026

No importa que resultemos incómodos, porque llevamos la verdad en nuestra mano y en nuestros labios, limpiemos bien la pantalla de nuestra vida para reflejar la verdadera luz

 


No importa que resultemos incómodos, porque llevamos la verdad en nuestra mano y en nuestros labios, limpiemos bien la pantalla de nuestra vida para reflejar la verdadera luz

Hechos 16, 1-10; Salmo 99; Juan 15, 18-21

Ya lo decía el principio del evangelio de san Juan, la luz quiso brillar para disipar las tinieblas, pero las tinieblas no la quisieron recibir, querían prolongar el reino de la oscuridad y de la muerte. ¿Por qué los que aman y hacen el bien no son comprendidos, es más, muchas veces son rechazados y hasta perseguidos? El que hace el bien pone al descubierto lo que es obra del maligno y a nadie le gusta verse denunciado por las obras del mal que realiza, no solo trata de ocultarlas o disimularlas sino que muchas veces incluso nos las querrá presentar como buenas. Es la gran confusión en que vivimos en nuestra sociedad, es el rechazo de las obras de la luz, es el embrollo en que queremos meter todas las cosas porque siempre buscamos fallos y debilidades para quitar el brillo y el resplandor de lo bueno.

¿Nos tiene que desanimar todo esto? ¿Hará que temamos aparecer con nuestros resplandores de luz cuando queremos anunciar la buena nueva de Jesús? Podremos decir que somos débiles y también pecadores, pero no podemos ocultar el brillo de la bueno, no podemos dejar de anunciar la buena nueva de Jesús, no tienen por qué hacernos callar.

Jesús en aquella conversación de sobremesa después de la cena pascual, que sonaba a despedida, a ultimas recomendaciones, a hacerles sentir que su presencia nunca nos fallará, que nos prometerá la fuerza del Espíritu que nos lo enseñará y recordará todo pero que también va a ser nuestra fuerza interior para mantenernos en nuestra fidelidad y también para hacer anuncio del evangelio, les hace ver a los discípulos también las dificultades en que se van a encontrar. Si lo rechazaron a El, el discípulo no es mayor que su maestro y lo mismo también nos vamos a encontrar ese rechazo. Son las palabras que hoy le escuchamos a Jesús.

Palabras que sostuvieron el ánimo de los discípulos y de aquellos primeros momentos de la Iglesia que realmente no fueron fáciles, pero son las palabras que siguen sosteniéndonos a nosotros hoy que tampoco tenemos fácil hacer el anuncio del evangelio de Jesús. Palabras de Jesús que tienen que dar claridad a nuestra mente al tiempo que fortaleza al corazón para discernir en cada momento la situación en la que nos encontramos, lo que necesita ese mundo que nos rodea, y la fuerte voluntad por nuestra parte para seguir en nuestro compromiso como discípulos de Jesús que han sido enviados al mundo con una buena nueva que traería la verdadera alegría y paz a nuestro mundo.

Nos tenemos que sentir seguros en el Señor. No vamos desde nuestra valentía personal, no son solo las cualidades que nosotros podamos tener para hacer de la mejor manera posible nuestra acción pastoral, es la confianza que sentimos en el Señor porque El es nuestra fortaleza y nuestra sabiduría, es la presencia del Espíritu del Señor que guía e inspira nuestras iniciativas y toda nuestra actividad.

Una tarea que comenzamos haciendo allí donde estamos, con nuestra familia y con la gente que nos rodea, que como nos anuncia hoy Jesús no siempre nos comprenderán ni nos aceptarán. No importa que en ocasiones resultemos incómodos, porque eso significa que llevamos la verdad en nuestra mano y en nuestros labios; no importa que nos digan que también nosotros somos pecadores, eso ya lo reconocemos, pero sentimos el amor de Dios en nuestra vida que ha sido misericordioso con nosotros y eso nos hace que con mayor coraje queramos dar nuestro testimonio. Pero la luz no se oculta debajo de la mesa sino que se pone en alto para que ilumine a todos.

Limpiemos, es cierto, la pantalla de nuestra vida, para que se refleje la luz verdadera. Es lo que tenemos que hacer. Es el compromiso de la fe que hemos puesto en Jesús.

lunes, 26 de mayo de 2025

Es la valentía de nuestra fe, el arrojo con que hemos que proclamarla, la alegría al mismo tiempo de poder trasmitir esa buena nueva del Evangelio, salvación del mundo

 


Es la valentía de nuestra fe, el arrojo con que hemos que proclamarla, la alegría al mismo tiempo de poder trasmitir esa buena nueva del Evangelio, salvación del mundo

Hechos 16, 11-15; Salmo 149;  Juan 15, 26 — 16, 4a

Alguna vez he escuchado algo así como que quien se mete de redentor al final sale redimido, en referencia a alguien que con buena voluntad quiso implicarse en la solución de algunos problemas, sobre todo tratándose de algún tipo de acción social en condenado por aquellos mismos por los que él quería trabajar. Suelen pasar cosas así, personas que con buena voluntad se implican en algo que signifique mejorar algo en el ambiente en que vive, por ejemplo, y luego al final en lugar de reconocimientos lo que va a encontrar son críticas y que si solo se quedan en críticas, no sale tan mal parado.

Es el riesgo que tenemos que asumir en la vida si no queremos quedarnos cruzados de brazos viendo como las cosas van de mal en peor; implicarnos muchas veces nos complica, ya desde el hecho de perder tiempo en nuestras cosas personales para hacer algo por los demás; pero es ahí donde aflora la generosidad del corazón, es ahí donde se manifiesta la madurez de nuestra vida, unas fuertes convicciones que le llevan a hacer el bien aunque luego no tenga reconocimientos; el mejor reconocimiento es el bien que vemos que le estamos haciendo a la otra persona, ver que la otra persona sale adelante, mejora su vida, encuentra luz para sus problemas.

Es en lo que muchas veces los cristianos tenemos miedo, nos parece que no somos capaces, nos sentimos débiles en esos vaivenes de la vida que quizás nos puedan como consecuencia producir alguna inestabilidad en nuestras cosas, pero es el camino que hemos de seguir con fe y con confianza. No estamos solos, no lo hacemos solo con nuestras fuerzas, no lo hacemos por nosotros mismos; siempre podremos tener la certeza de la fuerza del Espíritu que está con nosotros, nos acompaña en nuestro camino y es nuestra inspiración y fortaleza. Pero aun así andamos tambaleantes.

Y es a lo que nos está invitando Jesús, la tarea que pone en nuestras manos. A los discípulos más tarde les dirá que tienen que ir por todo el mundo haciendo el anuncio de la Buena Nueva del Reino de Dios. No dice que sea fácil, porque Jesús no nos oculta nada. Hoy nos está hablando y diciendo cosas para que cuando llegue el momento no olvidemos que El nos lo dijo, nos lo anunció, pero también nos prometió la asistencia de la fuerza de su Espíritu.

‘Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo’. Es la promesa de Jesús, es la garantía de que podemos dar nuestro testimonio, es la fortaleza del Espíritu del Señor en esos momentos que muchas veces se nos vuelven difíciles, oscuros, en que nos sentimos débiles, en que vemos el muro que en ocasiones tenemos enfrente, tenemos en contra. Pero podemos hacerlo, podemos dar ese testimonio.

‘Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios… para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho…’

No nos importa salir redimidos, como decíamos en aquella imagen que proponíamos al principio; no tengamos miedo a las incomprensiones, actuemos con rectitud y nos sentimos fuertes con la verdad. Es cierto que no somos perfectos, lo reconocemos como reconocemos nuestra debilidad, pero no nos quedamos con los brazos cruzados.

Muchos no lo entenderán, o no les interesa entenderlo, porque además estaremos dando un testimonio que les resulta contradictorio para su manera de ver las cosas, denuncia de alguna manera actitudes que no son tan justas. No será una expulsión de las sinagogas como dicen las palabras de Jesús, pero bien sabemos como en nuestra sociedad quiere ocultarse la verdad del evangelio y cuantas cosas vamos a encontrar en nuestra sociedad con lo quieren desprestigiar la Palabra de la Iglesia o el testimonio de los cristianos. De maneras muy sofisticadas nos encontraremos esa oposición y de alguna manera esa persecución. Ya nos lo ha dicho Jesús.

Es la valentía, pues, de nuestra fe, el arrojo con que tenemos que proclamarla, la alegría al mismo tiempo de poder trasmitir esa buena nueva del Evangelio y saber que ahí podemos encontrar la salvación del mundo.

sábado, 24 de mayo de 2025

¿Seremos capaces de una vez por todas los cristianos de dar la cara valientemente por nuestra fe en medio del mundo?

 


¿Seremos capaces de una vez por todas los cristianos de dar la cara valientemente por nuestra fe en medio del mundo?

 Hechos 16, 1-10; Salmo 99; Juan 15, 18-21

En ocasiones nos sucede que no entendemos las cosas que nos suceden, las reacciones de personas que en principio se habían mostrado muy amigables y parecía que prometía una hermosa amistad, pero que en determinado momento cuando fueron conociendo nuestros criterios, nuestra manera de entender las cosas  muy diferente de lo que son sus planes de vida, aunque nosotros nos mostráramos dialogantes y amigables fueron como olvidándose de nosotros, haciendo un aparte y alejándose; nos rechazan porque no somos como ellos, nos rechazan porque nosotros otro sentido de la vida, les resultamos incómodos porque quizás nuestras posturas y actitudes son como una denuncia en su conciencia de que tendrían que ser de otra manera. Y todo queda bien cuando nos abandonan pero no se convierten en nuestros enemigos encarnizados.

He hablado de generalidades de la vida, pero tiene una aplicación muy concreta cuando andamos en los caminos de la fe, de la vida cristiana y de nuestra concepción del mundo y de la vida desde el evangelio, desde el seguimiento de Cristo. Es de lo que Jesús nos quiere hablar hoy en este evangelio que se nos ofrece. Claramente nos dice ‘Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros’.

Y ¿por qué nos va a odiar el mundo? Somos del mundo y en el mundo estamos pero no podemos vivir a la manera del mundo. Es el testimonio claro que tiene que dar todo cristiano. Aunque nos rechacen, aunque vayan contra nosotros, aunque esto pueda significar luego que nosotros nos podemos sentir incómodos en medio del mundo. Son las persecuciones de las que nos habla la historia del cristianismo. Fue la historia de Jesús, como El mismo nos dice.

Es la responsabilidad con que tenemos que vivir nuestra fe. No queremos simplemente realizar unos actos bonitos que entretenga a la gente, que encandile y nos haga vivir en sueños alejándonos de lo que es la realidad de la vida, que nos llene de fantasías que vengan como encubrir brillos de poder y de dominio. El seguimiento de Jesús nos exige despojarnos de mantos y atarnos bien la cintura con la toalla con la que vamos a lavar los pies de los demás, con la que vamos a enjugar las lagrimas del sufrimiento que se derraman de muchos corazones, el seguimiento de Jesús nos hace bajarnos de nuestros caballos para ceder nuestro lugar a los heridos que encontramos por el camino, embarrarnos en los lodos del camino porque queremos ir tendiendo manos que levanten, que lleven a la piscina de la purificación, que ayuden a hacer el camino de los que se van arrastrando por la vida.

Un estilo de vida así choca, llama la atención, despierta sensibilidades que no todos están dispuestos a despertar, provoca a los que se sienten cómodos en sus rutinas de las que no quieren salir, molesta a los que quieren seguir envueltos en sus algodones o en sus vanidades porque les duele tener que ponerse el delantal del servicio, resulta incomodo porque nos recuerda el sonido de las monedas de nuestros bolsillos de las que no queremos desprendernos para compartirlas con los que menos tienen.

Por eso un verdadero cristiano va a resultar incomodo en medio de este mundo de vanidades y de orgullos, de individualismo y de insolidaridad. Pero lo peor está en que seamos los cristianos los que nos acomodemos al estilo del mundo, porque a ellos queremos parecernos. Hacen falta testimonios valientes, cristianos decididos dispuestos a dar la cara por nuestra fe, aunque nos rechacen o aunque quieran quitarnos de en medio, como está resultando hoy en nuestra sociedad en la que se quiere ningunear a la Iglesia, a la que se quiere achacar todos los defectos, a la que se quiere encerrar en las sacristías y no quieren que se palabra resulte fuerte en medio de la sociedad, que necesita también escuchar esa voz.

¿Seremos capaces de una vez por todas los cristianos de dar la cara valientemente por nuestra fe en medio del mundo?

sábado, 25 de enero de 2025

Dejémonos encontrar por el Señor que continuamente nos está saliendo al paso y esa experiencia haga que nuestra vida y compromiso de fe sea intenso

 


Dejémonos encontrar por el Señor que continuamente nos está saliendo al paso y esa experiencia haga que nuestra vida y compromiso de fe sea intenso

Hechos de los apóstoles 22, 3-16; Salmo 116; Marcos 16, 15-18

Hay cosas que mientras no pasemos por la experiencia de haberlas vivido no terminamos de entender aunque sean cosas que tenemos ante los ojos cada día, que suceden a los que nos rodean, que estamos como envueltos por ellas y casi no nos damos cuenta ni de su importancia o significado ni el sentido de las mismas. Es lo que va componiendo la vida de cada día, pero que vivimos como pasando por encima de ellas, que nos pasan desapercibidas porque quizás vivimos en otra honda; es el sufrimiento o los problemas de la vida que ahí están que todos los tienen, pero que mientras nosotros no tenemos que enfrentarnos directamente con ese dolor o con esos problemas nos podría parecer que todo es fácil, que todo es como un caminar sobre rosas, hasta que las espinas de esas rosas lleguen a pincharnos o dañarnos.

Decimos de la gente sin experiencia que viven como niños, como inocentes que no saben nada de la vida; esas experiencias maduradas y reflexionadas nos harán ahondar en aspectos en los que nunca nos habíamos fijado, o que incluso ante los cuales podíamos tener hasta unas posturas combativas en contra de lo que otros nos decían de lo que estaban pasando. Llegaremos a entender lo que es la pobreza cuando nos veamos desposeídos de todo y pasemos por la experiencia de no tener nada, pero será también cuando lleguemos a descubrir donde está la verdadera riqueza para no cegarnos por oropeles que nos encandilen.

Hoy estamos celebrando en la Iglesia una conmemoración muy especial que nos recuerda lo fue la conversión de Saulo de Tarso. Aunque no había conocido directamente a Jesús sabía del camino que hacían los que seguían sus enseñanzas y se había convertido en un perseguidor con saña de todos aquellos que confesasen su fe en Jesús. Pero saber no siempre es conocer, porque podemos saber las cosas de oídas o de manera superficial, o pasándola por el tamiz de nuestros prejuicios o nuestras ideas que nos condicionen. Cuántas veces en la vida nos hacemos la guerra porque no somos capaces de cambiar el color del cristal con que miramos y lo vemos solo desde los colores que a nosotros nos puedan interesar o alguien haya influido en nosotros y nuestro pensamiento.

Pero un día Saulo se encontró con Jesús que le salió al paso en el camino de Damasco. Allá iba con credenciales de las autoridades religiosas de Jerusalén para apresar a cuando siguieran el camino de Jesús. Ya un día había sido testigo del linchamiento que habían hecho de Esteban en Jerusalén simplemente porque hablaba de Jesús y anunciaba su buena nueva. ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’ había sido el grito que ahora él escuchaba en su camino; un camino que se vio truncado, un camino que tomó nuevas sendas. ‘¿Quién eres, Señor?... Jesús, el Nazareno a quien tu persigues… ¿Qué debo hacer?... Levántate, continúa el camino hasta Damasco, y allí te dirán todo lo que está determinado que hagas…’

Es el mismo Saulo el que nos trasmite este diálogo y este encuentro. Para El fue suficiente. Había experimentado el encuentro con Jesús. Ahora ya podía ser todo distinto. Como un día aquellos otros discípulos que tuvieron la experiencia de la resurrección de Jesús, como aquellos que se habían dejado llenar por el Espíritu de Jesús que les envolvió en Pentecostés. Comenzaron a ser distintos, salieron al encuentro con los demás, porque aquel encuentro vivo con Jesús y con la fuerza de su Espíritu había hecho de ellos hombres nuevos. Es lo que ahora está sucediendo en Saulo que ya para siempre será para nosotros Pablo.

Todos conocemos lo que fue luego su vida de evangelizador atravesando tierras y mares para ir al anuncio del evangelio allí donde el Espíritu le guiaba. Será la fuerza candente de su Palabra que nos ha quedado reflejada en las cartas que iba dirigiendo a aquellas comunidades que había ido dejando asentadas en diversos lugares. Es el fuego del Espíritu que sigue resoplando sobre todos los rincones de la tierra donde es anunciado el evangelio de Jesús. Y todo partió de una experiencia, de un encuentro, de algo vivido intensamente allá en lo más hondo que no lo cegó sino que le abrió los ojos a la verdadera luz.

Todo esto nos tiene que hacer pensar en nuestra experiencia de Jesús, en la experiencia de fe que nosotros vivimos; que no es solamente un credo que recitamos, unas palabras que repetimos, sino una vida nueva que vivimos. Creo que a lo largo de la vida todos hemos tenido experiencias hermosas de fe, de encuentro con el Señor, en celebraciones intensas que hemos vivido, en momentos de oración o de reflexión, en silencios o desiertos por los que hemos pasado, en acontecimientos sucedidos en nuestro entorno y que hemos sabido leer con ojos de fe. Reavivemos todo eso vivido, para que ahora nuestra vida y nuestro compromiso de fe sean intensos.

Dejémonos encontrar por el Señor que Él continuamente nos está saliendo al paso y vivamos esa experiencia de fe.

miércoles, 27 de noviembre de 2024

Palabras de Jesús que siempre nos llenan de ánimo y despiertan esperanza, nos darán ocasión de dar testimonio y mantener nuestra perseverancia hasta el final

 


Palabras de Jesús que siempre nos llenan de ánimo y despiertan esperanza, nos darán ocasión de dar testimonio y mantener nuestra perseverancia hasta el final

Apocalipsis 15,1-4; Salmo 97; Lucas 21,12-19

Dicen que para las fiestas siempre habrá amigos que se apunten y nos acompañen, pero en los momentos difíciles, en los momentos oscuros es cuando sabremos calibrar bien la calidad de nuestros amigos. Pero no lo pensemos como un juicio ajeno a nuestra propia vida juzgando la validez de los amigos que tengamos, sino más bien tenemos que mirarlo por nosotros mismos, pues en esos momentos difíciles, de contratiempos, donde todo parece que lo tenemos adverso es cuando veremos donde está nuestra propia valía, donde encontramos esa fortaleza que necesitamos para la perseverancia, donde está la madurez de nuestra vida.

Hoy Jesús en el evangelio les está hablando a los discípulos que no todo es un camino sobre rosas, que en ese camino en medio del perfume de las flores nos vamos a encontrar espinas, porque vendrán los contratiempos, la dificultades para mantenernos en el camino, las persecuciones incluso y hasta la muerte. Pero como El mismo nos dice tendremos ocasión de dar testimonio.

Los discípulos cercanos a Jesús lo van a experimentar ya casi de inmediato. Jesús les ha estado hablando del significado de la subida a Jerusalén aunque ellos no han querido o no han sabido entender las palabras de Jesús cuando ha hablado de pasión y de muerte. ‘Eso no te puede suceder a ti’, le dirá Pedro, y todos están convencidos de lo mismo. Ahora ya están en Jerusalén y aunque ha habido una entrada aparentemente triunfal en la bajada del monte de los Olivos, Jesús vuelve a insistir en el anuncio de todo lo que está por suceder. Y ya sabemos cómo se sintieron turbados con el prendimiento de Jesús y todo lo que luego sucedió en aquella Pascua. En Jesús tenían que verse ellos, en lo que también un día les podía suceder.

Para que estén preparados, para que vayan buscando esa fortaleza que necesitan, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil, como les dirá en Getsemaní, es por lo que ahora les hace estos anuncios. Tendrán ocasión de dar testimonio. Como les dirá finalmente ‘con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas… ni un  cabello de vuestra cabeza perecerá’.

Como más tarde dirá también, lo escucharemos en próximos días, no tienen por qué estar preocupándose por preparar la defensa; la defensa la tendrán en la fuerza del Espíritu que estará con ellos. Aunque las dificultades muchas veces van a aparecer no desde personas extrañas o ajenas, sino desde los más cercanos, padres, parientes, hermanos, amigos… ‘os odiarán por causa de mi nombre’.

Y esa es nuestra lucha de hoy, ese es el testimonio que hoy nosotros tenemos que dar; esas son las incomprensiones que muchas veces sufriremos incluso de los que están más cercanos a nosotros cuando queremos mantenernos en fidelidad. ¿Para qué hace falta tanto? Habremos escuchado más de una vez. Para ser cristiano no hay que complicarse la vida, nos dicen desde la rutina y la dejadez de la vida. Cuántas cosas en ese estilo escuchamos, diciéndonos que tenemos que primero preocuparnos de nosotros mismos y de nuestras cosas, que cuando tengamos tiempo entonces podemos pensar en hacer algo por los demás. Y nunca tendremos tiempo, nunca nos sobrará tiempo, y podemos caer por esa pendiente de la rutina y de la desgana, de la indiferencia y de la insolidaridad. Seguro que todos tenemos muchas experiencias de ese tipo, porque quizás muchas veces también hemos actuado así.

‘Tendremos ocasión de dar testimonio’, nos dice Jesús. No nos habla Jesús de esta manera para que se nos meta el miedo en el cuerpo, como solemos decir, ni para desanimarnos; las palabras de Jesús siempre quieren despertar en nosotros la esperanza, nos quieren animar a la fidelidad, a hacer crecer nuestra fortaleza interior, a descubrir la presencia de su Espíritu que nunca nos faltará.

sábado, 20 de julio de 2024

Cuánto nos cuesta ser instrumentos constructores y signos de la paz como señal del Reino de Dios y no apagar la mecha humeante ni el pabilo vacilante

 


Cuánto nos cuesta ser instrumentos constructores y signos de la paz como señal del Reino de Dios y no apagar la mecha humeante ni el pabilo vacilante

Miqueas 2, 1-5; Salmo 9; Mateo 12, 14-21

La vida está llena de momentos de desencuentro, situaciones que si no sabemos manejar con prudencia pueden llevarnos a enfrentamientos que terminen incluso con violencias. ¡Qué fácil surge una discusión acalorada, muchas veces desde una nimiedad, pero que no saber tener el necesario control y madurez en la vida nos puede llevar a funestas consecuencias! Amistades que se enfríen, se debilitan y tienen el peligro de romperse y perderse; todos lo contemplamos con tristeza cuando vemos que hay gente que puerta con puerta no llegan ni siquiera a darse los buenos días; todos nos podemos ver envueltos en situaciones así.

Es que no me puedo callar, decimos y podemos tener razón, pero la razón ha de pasar también por saber rumiar las cosas y encontrar el momento más oportuno. Es que tenemos un mensaje que trasmitir, nos escudamos, pero mal podemos trasmitir un mensaje de paz en medio de la violencia. Algunas veces nos cuesta entender, nos cuesta dar el paso a un lado aunque sea momentáneo para evitar el enfrentamiento. Es cierto que Jesús nos dice que lo que hemos escuchado al oído tenemos que proclamarlo desde la azotea, pero nunca podemos hacer un buen anuncio desde un acaloramiento que se puede volver violento, porque además sería lo más contradictorio con el mensaje que queremos trasmitir.

Hoy comienza a decirnos el evangelista que cuando salió de allí, ya los fariseos estaban haciendo planes para quitar de en medio a Jesus. No habían soportado que Jesús hiciera el milagro de curar a un hombre un sábado y parecía que se mundo se venía abajo, y era entonces necesario eliminar a Jesus.

En otro momento dirá que ha llegado su Hora y entra decidido a la ciudad santa de Jerusalén; vemos su determinación cuando se acerca la hora de la Pascua, que va a ser su hora, la hora de la pascua definitiva. Pero no es la hora en estos momentos. El anuncio del evangelio no ha llegado a su término ni a su plenitud, pero veremos que Jesus se marcha de aquel lugar y aunque allí cura a muchos de sus males y enfermedades, les recomienda que no lo divulguen. Ya llegará el momento de su subida decidida a Jerusalén para la Pascua.

Y nos recuerda el evangelista los textos del canto del siervo de Yahvé del Antiguo Testamento. ‘Mirad a mi siervo mi elegido… sobre El he puesto mi Espíritu…no gritará, no voceará, nadie escuchará su voz por las calles… la caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no la apagará…’ Es el Siervo de Yahvé, es el elegido del Señor, en los corazones se plantará su Palabra, la mano del Señor irá enderezando a los caídos, los que parecen débiles no van a ser descartados, la más mínima luz merece la pena mantenerla y ayudarla a crecer.

Creo que estos textos tienen que hacernos pensar, hacer recapacitar sobre la manera que hacemos las cosas muchas veces; no siempre destacamos por nuestra mansedumbre, no siempre seguimos el camino de la humildad y de la sencillez; muchas veces en lugar de reconstruir lo que hacemos es echar abajo aquello que nos parece poco importante o insignificante, otras tendrían que ser nuestras actitudes y nuestras posturas; mucho tiene que brillar en nosotros la humildad para decir la buena palabra a tiempo, en el momento oportuno; tenemos que estar convencidos de que tenemos que bajarnos de nuestros pedestales y que no nos podemos dejar adular por los que parecen poderosos de nuestro mundo; siempre hemos de ir con la mano tendida que busca la paz, que se ofrece para levantar al caído, que pueda convertirse en bastón para el que va renqueante por la vida.

Tenemos que ser siempre instrumentos de paz, constructores de la paz, signos de la paz que con Jesús podemos ganar en nuestros corazones. Nos convertiremos así en signos del Reino de Dios que tenemos que anunciar. Cuánto cuesta, tenemos que reconocer.


lunes, 6 de mayo de 2024

Que sea en verdad el Espíritu Santo el que guíe nuestra vida y tenemos la seguridad de alcanzar la meta que Jesús nos ofrece

 


Que sea en verdad el Espíritu Santo el que guíe nuestra vida y tenemos la seguridad de alcanzar la meta que Jesús nos ofrece

Hechos de los apóstoles 16, 11-15; Salmo 149; Juan 15, 26 — 16, 4a

Nos lo habían dicho y no nos lo habíamos creído.  Alguna vez nos habremos hecho este comentario, agradeciendo a aquella persona buena que nos predijo lo que nos había de suceder aunque entonces no le hicimos mucho caso. Siempre hay personas que tienen como visión de futuro, o que desde su experiencia saben lo que suele suceder, quienes saben hacer una lectura crítica de la vida y aunque ahora podamos ver muchos triunfos o muchas cosas que nos parecen bien saben que eso va a cambiar, que nos podremos encontrar con situaciones bastante diferentes. Pero aquello que nos dijeron nos hace ahora sentirnos más seguros, parece como si una presencia invisible está con nosotros.

Es lo que Jesús está haciendo con sus discípulos, está haciendo con nosotros. Nos da la confianza de que no estaremos solos. Con nosotros estará la fuerza de su Espíritu. Nos lo ha prometido muchas veces. ‘Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo’. Podemos sentirnos seguros, podremos dar nuestro testimonio con toda valentía. Aunque a veces parece que aflojamos, que se nos turbia la vista, que nos entran de nuevo miedos y cobardías, que nos pueden los cansancios.

Pero no podemos sentirnos confundidos, tenemos que sacar a flote toda nuestra fuerza interior, que no es solo nuestra buena voluntad, sino el Espíritu que va creciendo dentro de nosotros y dándonos fortaleza, la valentía que necesitamos. Porque nos encontramos muchas veces en encrucijadas en las que no sabemos que hacer, qué postura tomar, en confusiones que el espíritu del mal va también metiendo dentro de nosotros haciendo aflorar esas desconfianzas y dudas.

Jesús nos ha hablado claro y no siempre queremos entender. No es cuestión de tomarnos las cosas al pie de la letra con radicalismos que a nada nos llevan, pero sí saber leer esos acontecimientos con que nos vamos encontrando y que son de los que nos ha hablado Jesús. ‘Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí’.

Los primeros cristianos vivieron eso en la oposición que de los mismos judíos recibieron. Pero esto tenemos que traspasarlo a las situaciones que vivimos hoy día, en las incomprensiones de cuantos nos rodean, muchas veces de los más cercanos que no entienden nuestra fe, que no entienden nuestros compromisos con la iglesia o con los demás. Pero es el ambiente del mundo en que vivimos donde se va perdiendo el sentido de lo religioso, donde lo que les suene a cristiano, a Cristo, a la Iglesia no les dice nada, porque lo ven quizás como algo trasnochado. Es ese mundo que presenta otros valores, otras maneras de entender la vida y que muchas veces nos confunden porque todo nos parece bueno.

Y es ahí donde tenemos que en verdad fortalecernos por dentro, sentir cómo el Espíritu del Señor actuar en nuestro corazón y nos hace ver la realidad y la bondad del Evangelio de Jesús del que no podemos desertar, que no podemos abandonar. Habrá momentos en que nos sentimos quizás confusos por dentro porque haya cosas que no nos convencen, haya ejemplos que no son buenos, haya decisiones que nos cuesta aceptar, pero tenemos que abrir nuestro corazón al Espíritu para que El sea quien en verdad nos guíe y nos fortalezca, nos lleve a ahondar cada vez más en nuestra fe y prepararnos mejor para poder dar respuesta a tantos interrogantes que el mismo mundo nos presenta.

Que sea en verdad el Espíritu Santo el que guíe nuestra vida y tenemos la seguridad de alcanzar la meta que Jesús nos ofrece. ‘Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho’,  nos dice hoy Jesús.

 

sábado, 4 de mayo de 2024

Nos convertimos como Jesús, en signos de contradicción en medio del mundo, normal es que no todos nos entiendan, nosotros sabemos cuales son nuestras metas y caminos

 


Nos convertimos como Jesús, en signos de contradicción en medio del mundo, normal es que no todos nos entiendan, nosotros sabemos cuales son nuestras metas y caminos

Hechos de los apóstoles 16, 1-10; Salmo 99; Juan 15, 18-21

Si lo que yo quiero es bueno, no quiero hacer daño a nadie sino que más gasto mi tiempo en los demás, ¿por qué me quieren tan mal? ¿Por qué esas envidias y zancadillas que me voy encontrando por todas partes?

Son cosas que algunas veces piensan las personas que trabajan por los demás, que viven, por ejemplo, un compromiso social intenso y lo que tratan siempre es de arreglar las cosas, que todo vaya mejor; pero siempre hay quien quiere meter la zancadilla, siempre habrá personas que desconfían de todo y ya están pensando de esa persona que hace por los demás que algunos intereses ocultos tendrá, que alguna tajada se sacará de todo eso.

Es el frente de la malicia que siempre va a la contra de la bondad; es el rechazo que tenemos ante todo lo que nos venga del otro, y nos cuesta aceptar su buena voluntad, sus trabajos desinteresados. Claro que quien está sufriendo ese acoso después de lo que intenta hacer por los demás sienten que se le socavan los cimientos y parece que se siente solo y sin fuerzas. Cuántas veces que después de unos años dedicándose así a los demás terminan quemados, y al final arrojan también la toalla y no quieren seguir metidos en conflictos.

Es necesario tener una gran fortaleza interior, estar preparado para cuando nos puede sobrevenir, sentir los apoyos necesarios, quizás empezando por la familia – que algunas veces se vuelve también detractora de lo que hacemos -, apoyo de quienes le rodean, o de quien le ha confiado la misión que se ha puesto en sus manos. Sentimos a veces esa debilidad interior.

Jesús nos está hoy preparando, como iba preparando al grupo de los discípulos que tenía más cerca de sí, con ese tenerles a su lado, con esas enseñanzas que de manera especial tenía para ellos, con esos momentos en que los llevaba solos a algún lugar. ¿Unas vacaciones espirituales? ¿Unos retiros espirituales? Jesús vemos que los practicaba con ellos, aunque entonces no les dieran esos nombres, que con el paso del tiempo nosotros nos hemos dado a esas situaciones. Jesús también habla para todos los que quieran seguirle, para que comprendan que el camino no es de rosas, porque en medio nos podemos encontrar muchas espinas.

Y Jesús les dice que miren lo que han hecho con El, y que ‘el discípulo no es mayor que su maestro’. No hay mejor preparación que tener claro el camino que vamos a emprender, las dificultades y obstáculos que podemos encontrar, las persecuciones incluso que se desatarán contra nosotros. ¿Qué estoy haciendo de malo? Nos preguntábamos al principio cuando nos plateábamos el tema, y veíamos que queríamos hacer lo bueno y lo que íbamos a encontrar era oposición.

‘Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia’, les dice Jesús.  Y es que el seguidor de Jesús, que vive en medio del mundo, en medio de diversas situaciones, en medio de gente muy variada, sin embargo ha de reflejar algo distinto. No somos iguales. Ni nos consideramos mejores ni superiores.

Pero tenemos nuestras metas, tenemos nuestros ideales, tenemos un camino que nos señala el evangelio y eso nos hace tener unas actitudes distintas hacia los demás, unos comportamientos en los que tiene que reflejarse siempre la rectitud y el buen hacer, y hay algo especial que tiene que resplandecer en nosotros que es el amor; y eso tiene sus consecuencias en la vida y en nuestra manera de actuar; en nuestro corazón siempre tendrá que brillar la misericordia y la compasión, siempre tenemos que ir con la mano tendida por delante porque buscamos paz, buscamos la reconciliación, buscamos algo nuevo para nuestro mundo, siempre tienen que estar presentes las actitudes del perdón.

Y eso choca al mundo que nos rodea. Nos convertimos como Jesús, como había anunciado el anciano Simeón, en signos de contradicción en medio del mundo. Normal es que no todos nos entiendan. Pero nosotros sí tenemos que entendernos a nosotros mismos y cuales son nuestras metas y nuestros caminos.

sábado, 20 de enero de 2024

Los familiares de Jesús querían llevárselo, nos dice hoy el evangelio, porque no estaba en sus cabales, nos recuerda muchas cosas

 


Los familiares de Jesús querían llevárselo, nos dice hoy el evangelio, porque no estaba en sus cabales, nos recuerda muchas cosas

2Samuel 1, 1-27; Sal 79; Marcos 3, 20-21

‘Se le fue el baifo’, es una expresión canaria que los que no son de nuestra tierra no lo entenderán, pero que me ha venido de forma espontánea a la mente al escuchar el texto que nos ofrece hoy el evangelio. El baifo en nuestra tierra es la cría de la cabra, un cabrito, que como todo cachorro de animal es juguetón, le gusta saltar y correr y algunas veces hasta se pierde de la manada. Aquí en Canarias empleamos esa expresión para referirnos a alguien que no anda bien de su cabeza, no está en sus cabales, como se suele decir también.

Es lo que en esos pocos versículos del Evangelio de hoy se nos dice. Querían retener a Jesús sus familiares, por el jaleo tan tremendo que se había formado a su alrededor, que ni lo dejaban comer – en otro momento será Jesús el que se quiera ir con sus discípulos más cercanos a un lugar apartado para descansar porque eran tantos los que iban y venían que no les daban tiempo ni para comer. Ahora son los familiares de Jesús los que se lo quieren llevar.

¿Cuáles eran los comentarios que se iban formando en torno a Jesús? Ya los evangelistas nos van diciendo como hay gente entusiasmada por seguirle, por sus escuchar sus palabras, por beneficiarse de sus milagros y por eso le traen toda clase de enfermos con las más diversas dolencias, pero mientras va surgiendo una oposición, un descontento por parte de muchos a los que escandalizan las palabras y los gestos que Jesús va realizando. No se atreven a actuar, nos dirán en otros momentos los evangelistas, porque son muchos los que le siguen y se crearía una revuelta, pero andan buscando la ocasión.

Si nos ponemos con una cierta distancia ante las palabras y los gestos de Jesús es cierto que son provocadores, que desconciertan a muchos; algo nuevo está ofreciendo que obligaría a un cambio, a una toma de posturas distintas; para muchos anclados en sus costumbres y sus rutinas, que son los que nunca quieren cambiar, aquella manera de actuar de Jesús en cierto modo es revolucionaria. Ya veremos que más tarde incluso en el Sanedrín temen que el Procurador pueda tomar unas decisiones drásticas y será por eso por lo que acuerdan quitar de en medio a Jesús.

Ahora, repito, son los familiares los que no terminan de entender las palabras y la manera de actuar de Jesús. Pero eso sucedió entonces y sigue sucediendo hoy. Quien escucha por primera vez que hay que amar a los enemigos, que para ganar la vida hay que perderla, que no se puede servir a Dios y al dinero porque a uno u a otro se amará o se odiará, serán cosas que  no entienda, porque siempre han actuado de otra manera.

Quien escuche que hay que perdonar hasta siete veces siete para entender que eso significa que hay que perdonar siempre, cuando lo que buscamos en la revancha, la justicia por nuestra mano o el condenar de la forma que sea a quien me haya herido o molestado, le costará comprender las palabras de Jesús.

Quien escuche que tenemos que ser capaces de lavarles los pies a los otros, aunque sepamos que entre ellos esté alguien que me haya traicionado, dirá que eso es cosa de locos, que eso es imposible.

Quien contempla la radicalidad que plantea Jesús en lo que a su amor toca, de manera que nos diga que quien ame a su padre o a su madre, a su hijo o a su hija, más que a Él no es digno de ser discípulo suyo, terminará seguramente pensando igual que aquellos familiares que se lo querían llevar porque no estaba en sus cabales.

Seamos sinceros. ¿No será acaso lo que hemos pensado en alguna ocasión cuando escuchamos una predicación valiente de un sacerdote, o del mismo Papa, que nos plantea las cosas de forma radical siguiendo a fondo el espíritu del Evangelio? Muchos testimonios en este sentido podríamos aportar. Muchas cosas siguen sucediendo así en nuestro mundo de hoy.

¿No ha habido recientemente en alguna nación que han expulsado, desterrado a sacerdotes, a misioneros, incluso a Obispos, por su palabra valiente va en contra de los intereses de sus gobernantes? Son noticias de estos mismos días. Y en nuestro entorno bien sabemos las interferencias mediáticas que hay en contra de la Iglesia para tratar de manchar su imagen porque su presencia es denuncia de situaciones graves que padecemos en nuestra sociedad.

Los familiares de Jesús querían llevárselo, nos dice hoy el evangelio, porque no estaba en sus cabales. Nos recuerda muchas cosas.

 

martes, 26 de diciembre de 2023

Desde el nacimiento de Jesús estamos queriendo emprender un camino de amor que nos llevará a una entrega sin límites y a un nuevo sentido de vida

 


Desde el nacimiento de Jesús estamos queriendo emprender un camino de amor que nos llevará a una entrega sin límites y a un nuevo sentido de vida

Hechos 6, 8-10; 7, 54-59; Sal 30; Mateo 10, 17-22

Hay cosas que nos pueden caer en un momento determinado como un jarro de agua fría en un ambiente que está hirviente. Nos cuesta comprender quien nos puede echar ese jarro de agua fría.

¿Será esto lo que podemos sentir en este ambiente festivo de la navidad que estamos celebrando – estando aun en el primer día de la semana de la octava de la Natividad – que hoy se nos presente la figura de un mártir como primera celebración? Pudiera parecer que desentonara el rojo de la sangre de los mártires en medio del blanco radiante de la alegría de la Navidad. Pero así nos lo presenta la liturgia, no solo en este día, sino que en próximos días volverá a aparecer el rojo de la sangre derramada con el martirio. Parece que viniera a romper el jolgorio, vamos a llamarlo así, que nos hemos creado en torno a las fiestas navideñas. ¿Nos podrían llamar aguafiestas?

¿Qué es lo que estamos celebrando precisamente en la Navidad? ‘Le pondrá por nombre Jesús porque el salvará al pueblo de sus pecados’, algo así venía a ser el mensaje del ángel tanto a María como a José. Jesús viene como nuestro salvador, y ahí tenemos el motivo más hondo, es cierto, de nuestra alegría y nuestra fiesta. Nos vendrá a mostrar un camino de amor que será el que en verdad va a transformar nuestras vidas.

Y amor significa entrega hasta lo infinito, hasta el sacrificio; amor es un camino nuevo que nos enseñará a morir a nosotros mismos para arrancar de lo más hondo de nosotros cualquier raíz de egoísmo, de odio o de maldad. Y arrancar una raíz produce un desgarro allí donde está enterrada aquella raíz; es lo que se va a producir en el corazón cuando frente a la tentación del egoísmo y del orgullo nos veamos obligados a realizar una transformación profunda de lo más hondo de nosotros mismos. Y por ese amor que va a envolver totalmente nuestras vidas estaremos dispuestos a lo más.

Y ese testimonio que vamos a dar con nuestra transformación va a producir chirríos en el mundo que nos rodea. Lo que podría parecer ser aspiración a grandezas y a orgullos, lo que es una vida de superficialidad y de vanidad, lo que son esos sueños de poder y dominación, lo que es esa fiesta ilimitada que queremos hacer de la vida donde solo pensamos en disfrutar de todo y en hacernos el centro de todo, se va a topar con ese nuevo plan de vida que nosotros presentamos con nuestro testimonio.

Será un testimonio que nos costará ofrecer y por el que estamos dispuestos hasta derramar sangre. Y viene la oposición, y vendrán las formas como querrán desprestigiarnos para que nadie nos escuche, vendrá el eliminar esa nueva luz que está queriendo iluminar de manera nueva nuestro mundo, vendrá el querer ocultar esa luz.

Cuando ahora mismo nosotros queremos ofrecer al mundo una nueva forma de vivir la navidad porque no nos satisface en lo que el mundo ha convertido la navidad, vamos a encontrar muchos a nuestro lado que no nos entiendan, que quieran justificar lo que la mayoría hace, de la misma manera que en cierto modo ha ido desapareciendo el nombre y el testimonio de Jesús en la misma fiesta de la Navidad; pensemos en cuántas cosas nos hemos creado para ir eliminando todo elemento religioso y que no se haga referencia a Jesús.

No nos extrañe, pues, que en este primer día de la navidad la Iglesia nos proponga la figura de quien fue el protomártir, el primero en dar testimonio con su sangre del nombre de Jesús. El relato de los Hechos de los Apóstoles nos presenta incluso su martirio casi como una repetición calcada en gestos y palabras con lo que fue la muerte de Jesús en la cruz. Es el testimonio que se nos ofrece de lo que ha de ser el convertirnos en verdaderos testigos del nombre de Jesús. Ya El nos lo había anunciado, como escuchamos en el evangelio, ‘pero el que persevere hasta el final se salvará’, concluirá diciéndonos Jesús.

No es aguarnos la fiesta, como expresábamos al principio. Es poner ante nuestros ojos el valor del amor que nosotros hemos de testimoniar, incluso si es necesario con nuestra vida. Somos unos testigos, y también hemos de serlo con la autenticidad con que queremos celebrar la navidad, aunque haya muchos que no lo entiendan.


sábado, 16 de diciembre de 2023

Ojalá llegáramos a tener nosotros también una visión de Dios en la cueva de Belén con la celebración de la navidad como la tuvo el profeta Elías en la montaña de Dio

 


Ojalá llegáramos a tener nosotros también una visión de Dios en la cueva de Belén con la celebración de la navidad como la tuvo el profeta Elías en la montaña de Dios

Eclesiástico 48, 1-4.9-11b; Sal 79; Mateo 17, 10-13

Elías, Juan el Bautista, Jesús nos aparecen hoy como en línea continua en la Palabra de Dios, en el Evangelio.

De Elías nos hace un elogio el libro del Eclesiástico en la primera lectura, ‘como un fuego cuyas palabras quemaban como antorcha’ nos comenta el autor sagrado. Arrebatado al cielo ‘en un torbellino ardiente, en un carro de caballos de fuego’ esperaban su venida antes de la llegada del Mesías según las indicaciones de los profetas, ‘para reconciliar a los padres con los hijos y restablecer las tribus de Jacob’. Fue la indicación de la misión del Bautista que hizo el ángel a Zacarías cuando le hizo el anuncio del nacimiento de un hijo. ‘Irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto’.

Por eso cuando le preguntan los discípulos a Jesús, como escuchamos hoy en el evangelio, ‘¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?’, les responderá que ‘Elías vendrá y lo renovará todo ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido’. Estaba refiriéndose Jesús a la figura tan controvertida también de Juan el Bautista.

Pero Jesús querrá decirles algo más. ‘Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos’. Así como los discípulos entendieron la referencia al Bautista, sin embargo no supieron captar todo el sentido de las palabras de Jesús. No reconocieron a Elías en la figura de Juan el Bautista, como también Juan habría de sufrir el martirio, pero Jesús está adelantando ya lo que le sucederá a El. En cierto modo es un primer anuncio ya de su pasión, porque tampoco a El quisieron reconocerle.

¿Y nosotros? ¿Qué nos querrá decir esta Palabra que estamos escuchando en este momento concreto de nuestra vida y en este camino de Adviento que estamos realizando? El espíritu y el poder de Elías se manifestará para lo que en verdad había sido su vida como profeta, una invitación a la conversión. Dura fue la vida del profeta para defender el nombre de Yahvé, el único Dios de Israel frente a los baales o falsos dioses que querían imponer.

Conocemos todos el episodio en que huye al desierto queriendo morir ante la persecución que la reina Jezabel le está inflingiendo. Y es allí donde el profeta tiene la visión de Dios que le conforta y le llena de fortaleza en aquel pan y aquella jarra de agua que aparecía cada mañana junto a él como signo de esa presencia y fuerza del Señor, y aquel susurro de Dios que pasa apenas perceptible junto a El pero donde sabe descubrir esa presencia de Dios en su vida. Con esa fuerza volverá a realizar su misión.

Es el anuncio y la invitación también que recibimos del Bautista allá en el desierto junto al Jordán para que en verdad preparemos los caminos del Señor. No todos quisieron escuchar aquella invitación y Juan moriría también decapitado por orden del rey Herodes. Pero aquellos caminos ya se habían abierto porque la semilla de la inquietud se había sembrado en muchos corazones, que ahora irían a escuchar y a seguir a Jesús.

Es el camino que ahora en este adviento nosotros también queremos recorrer para ir al encuentro del Señor que llega a nuestra vida a pesar de tantas cosas que nos quieren distraer ofreciéndonos unas luces que no son precisamente la luz que Jesús nos ofrecerá en el evangelio. La tentación la tenemos bien cerca en el ambiente que nuestra sociedad ha creado en torno a la Navidad.  Celebra el mundo con sus luces y con toda esa parafernalia que rodea a estas fiestas la Navidad, pero no terminamos de celebrar el Nacimiento de Jesús, aunque parezca una contradicción. Pero es la contradicción en la que estamos envueltos, porque para la mayoría ¿qué es lo que queda del mensaje del Evangelio en la celebración de la navidad? Es lo que no tiene que distraernos. Es lo que tenemos que discernir bien.

Escuchemos con más atención la Buena Noticia que se nos anuncia para que nos impregnemos del espíritu del Evangelio. Elías tuvo una visión de Dios allá en la montaña que le hizo sentirse fuerte para cumplir con su misión de profeta, ¿llegaremos a tener nosotros también una visión de Dios en la cueva de Belén con la celebración de la navidad tal como la estamos haciendo? ¿Qué tendría que cambiar?