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domingo, 12 de julio de 2026

La semilla tiene que germinar, es su función y la manera de multiplicar la vida y es la acogida que nosotros tenemos que hacer

 


La semilla tiene que germinar, es su función y la manera de multiplicar la vida y es la acogida que nosotros tenemos que hacer

Isaías 55, 10-11; Salmo 64; Romanos 8, 18-23; Mateo 13, 1-23

Aunque estaban en la playa en la orilla del lago y lo más apetecible fuera dedicarse a pescar sin embargo no desaprovecha je sus la oportunidad para sembrar. Ha salido de casa y se ha venido al lago; es fácil imaginar el cuadro de Jesús sentado en medio de la gente, los pescadores primero que estarían haciendo sus labores de reparación de redes o preparativos para la próxima jornada pero pronto será una multitud considerable la que se reúna en torno a El para escucharle; será necesario aprovechar alguna de aquellas barcas para subirse y desde ella hablar de modo que todos pudieran escucharle.

Ha venido a estar con los hijos de los hombres; como ya se había anunciado desde antes de su nacimiento venía para ser el Emmanuel y así le vemos allí donde la gente está, en su vida de cada día, con sus necesidades o con sus deseos y sueños, con sus problemas o con sus soledades, allí donde hay sufrimiento deteniéndose junto al camino o yendo en búsqueda del que sufre en soledad, dejándose conducir por quienes quieren llevarle allí donde está la necesidad o los signos de muerte, o dejándose estrujar por la gente que le rodea y quiere estar cerca de El, permitiendo la astucia de quienes buscarán caminos extraordinario para llegar a sus pies aunque tengan que romper el tejado; para todos quiere tener una palabra y un gesto de vida.

Habla con sencillez para poder llegar al corazón de todos y todos puedan comprender cuando hay un mínimo de apertura en el corazón que para todos sin exclusión es ese Reino de Dios que está anunciando y que llega ya. Les habla en parábolas, imágenes, comparaciones que ayudan a comprender, que reflejan la situación que hay en el corazón pero que nos enseñan a prepararlo para escuchar mejor pero sobre todo para llevarlo a la vida. Nos habla Jesús a partir de cosas de nuestra vida ordinaria, de lo que hacemos o contemplamos alrededor nuestro o en nosotros mismos cada día. Porque de eso es lo que se pretende, que ese mensaje sea semilla sembrada en el corazón que transforme nuestras vidas. No vamos a escuchar bellos relatos o la narración de historias extraordinarias que nos impacten pero nos sigan dejando en nuestra ensoñación.

Hoy nos habla de un sembrador y de una semilla que serán de verdad lo importante por quien hace la siembra por una parte y por la semilla que ha de germinar y fructificar; claro que nos hablará de una tierra donde caiga esa semilla y por ahí suelen venir las aplicaciones que hacemos de la parábola. Con detalle nos da las diversas situaciones en que puede caer esa semilla que tiene que germinar, que viene a ser una hermosa descripción de lo que puede ser nuestra vida o de las actitudes que nosotros tomemos.

La tierra endurecida del camino por tantos pasos que en una dirección u otra continuamente lo están atravesando y que permiten que la semilla se penetre en la tierra quedando al albur de los pájaros que ven la ocasión de encontrar para ellos un alimento; los pedregales de los terrenos no cultivados que no tienen tierra apropiada para poder enraizar la nueva planta; en terreno cultivados al tiempo de la fecundación de la semilla serán los abrojos y los zarzales los que ahoguen con sus ramajes las nuevas plantas que van germinando; pero nos hablará también de la tierra buena y bien trabajada que acogerá esa semilla ayudándola a germinar, crecer y darnos cosecha.

Es la descripción que Jesús nos hace ¿para que entendamos sin entender? ¿para que miremos con los ojos sin ver? ¿para que sigamos teniendo embotado y endurecido el corazón y no lleguemos a dar el paso de conversión? La semilla tiene que germinar, esa es su función y la manera de multiplicar la vida y esa es la acogida que nosotros tenemos que hacer.

¿Qué nos está diciendo Jesús con esta parábola? Que prepararemos una tierra buena, que preparemos el corazón de la mejor manera y que nuestras posturas cerradas y endurecidas a nada nos llevan; que vayamos haciendo buenos surcos en la tierra de nuestro corazón limpiando de todas esas actitudes, posturas, negatividades, superficialidades y rutinas de vida fácil y sin profundidad, malquerencias y desconfianzas que lo malean, orgullos que se convierten en piedras de tropezar y ramajes de vanidades que lo envanecen y nos hacen perder el verdadero sentido de la vida, para que pueda en verdad enraizar esa semilla de la Palabra de Dios en nosotros y pueda finalmente dar fruto.

El Señor conoce nuestra condición, llena de debilidades por una parte y tan torpes tantas veces para mantener una continuidad en nuestra respuesta porque nos dejamos cautivar por muchos cantos de sirena que nos distraen, por eso nos recibirá con el fruto, poco o mucho, que llevemos en nuestras manos, porque valora nuestra perseverancia, sabe de nuestras luchas y de nuestros retrocesos en tantas ocasiones. ¿Será el ciento, el setenta, o el treinta? ‘Venid, benditos de mi Padre…’ nos dirá porque para nosotros tiene el Reino prometido, porque hemos intentado acoger y vivir en ese reino a pesar de nuestras torpezas y debilidades, porque El está viendo el amor que hayamos puesto en nuestro corazón.


miércoles, 1 de abril de 2026

Una pregunta que no es una formalidad es cómo y dónde hemos de preparar la cena pascual en el hoy de nuestra vida

 


Una pregunta que no es una formalidad es cómo y dónde hemos de preparar la cena pascual en el hoy de nuestra vida

 Isaías 50, 4-9ª; Salmo 68; Mateo 26, 14-25

Cuando tenemos la sensación de que se acerca algo importante o cuando se nos anuncia un acontecimiento que de alguna manera puede marcar un antes y un después en nuestra vida, como cuando nos acercarnos a fechas que para nosotros son importantes porque han hecho historia en nuestra vida o en la vida de nuestro pueblo, lo normal es que nos preparemos bien sea para dejarnos sorprender eso que nos llega y no esperábamos, o hagamos las previsiones necesarios para esos acontecimientos que hemos de celebrar. Cuantos momentos de la vida nos pasamos preparando y en cierto modo pregustando ya hechos o fechas que consideramos importantes. Porque de la preparación y predisposición por nuestra parte va a depender lo que luego habremos de vivir.

Estos días que vivimos son días de mucho ajetreo en la preparación de todo lo que consideramos necesario para la Semana Santa en la que ya estamos, pero en donde siempre nos quedan cosas que preparar a última hora. Tremenda movida vemos estos días en nuestros templos y en torno a las imágenes sagradas. Estamos preparando la semana santa, nos decimos, y hay muchas cosas que hacer.

Pero aun así quizás tendríamos que hacernos con sinceridad la pregunta que le hacían a Jesus aquel día, vísperas ya casi de la Pascua, ‘¿Dónde quieres que te preparemos la cena de la Pascua?’, aunque no sé si quizás tendríamos que darle una vuelta a esa pregunta en un ¿qué tenemos que preparar para la Pascua o cómo tenemos nosotros que prepararnos para la celebración de la Pascua? Quizás no sean cosas, ni sea un lugar, sino algo más profundo.

También tendríamos que decir que si nos hemos tomado en serio y con toda sinceridad este camino cuaresmal que llevamos haciendo ya cuarenta días ahí hemos tenido que ir encontrando la respuesta a esa pregunta que nos estamos haciendo. Ese es realmente el sentido de la Cuaresma y esa mesa de la Palabra que se ha abierto día a día ante nosotros  habrá tenido que servirnos en esa preparación. Esperemos que el camino no haya sido en vano, aunque muchos cantos de sirena nos ha ofrecido la sociedad en este tiempo que nos habrán podido servir de distracción. Pero el cristiano que quiere vivir su fe con intensidad sabe que siempre se va a encontrar vientos en contra, vientos racheados que nos pueden hacer perder la estabilidad de nuestro camino y nuestro destino.

En el texto del evangelio es cierto que los discípulos andaban preocupados, al estar en Jerusalén y allí no tener hogar propio, por esa preparación de los detalles de la cena. Vemos cómo Jesús les señala dónde y ellos hacen los preparativos. Y el evangelista nos ofrece ya los primeros momentos de esa cena pascual, desde aquello que ellos estaban viviendo y desde lo que podían intuir por las palabras de Jesus. Estos preparativos y este principio de la cena que vienen enmarcados en momentos de sombras, teniendo en cierto modo como casi protagonista a Judas Iscariote. Por una parte se ha puesto en contacto con los sumos sacerdotes para la entrega, y por otra parte Jesús señalará ya desde el comienzo de la cena la traición que se está gestando.

Es el marco que nos ofrece la liturgia de este día en los diferentes textos de la Palabra de Dios y es el marco también que nosotros estamos poniendo con nuestra vida. El profeta nos presenta el tercer cántico del siervo de Yahvé, donde nos hablará de ultrajes y sufrimientos; ‘ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos’, nos dirá el profeta, pero al mismo tiempo por una parte la sensación de no sentirse abandonado ‘el Señor Dios me ayuda… mi defensor está cerca, ¿quién pleiteará contra mi?’, mientras nos enseña a decir una palabra de aliento y abre mis oídos para escuchar los lamentos.

¿Nos tendrá que hacer pensar todo esto en nuestros propios sufrimientos o en el sufrimiento que envuelve nuestro mundo? Creo que tenemos que tener conciencia de esto  y no lo podemos olvidar. Porque esto formará parte de la Pascua, nuestra pascua que hemos de vivir pero también de lo que ha de ser el anuncio de Pascua que nosotros hagamos a nuestro mundo. El Señor nos ofrece la mesa de la Pascua para que todos podamos sentarnos en su rededor; todos estamos llamados a esta mesa pascual, porque todos tenemos que sentir ese paso salvador de Dios por nuestras vidas como quiere hacerse presente en nuestro mundo, incluso en ese mundo que le da la espalda, porque la salvación es para todos, porque todos hemos de contemplar la gloria de Dios.

¿Cómo nos vamos entonces a preparar? ¿Qué disposiciones tiene que haber en nuestra vida? ¿A qué lugares concretos tendremos que ir para hacer más presente al Señor?

lunes, 30 de marzo de 2026

Este lunes de pasión tiene que convertirse en un hermoso paso que demos en el camino hacia la Pascua ya tan cercana dejándonos envolver por el perfume de la misericordia

 


Este lunes de pasión tiene que convertirse en un hermoso paso que demos en el camino hacia la Pascua ya tan cercana dejándonos envolver por el perfume de la misericordia

Isaías 42, 1-7; Salmo 26; Juan 12, 1-11

Lunes de pasión, el solo mencionarlo nos parece que estamos llenos de crespones oscuros, los lunes parece que siempre tienen un no sé qué; dejamos atrás del día del descanso y de la fiesta pero es el comienzo de las tareas y los trabajos y siempre se nos hace penoso; pero este lunes tiene que tener un sabor especial, nos lo ofrece la Palabra de Dios proclamada. Como dirá el evangelio estamos a seis días de la pascua, pero la pascua ha de tener el paso de la pasión para que podamos llegar a la luz y la gloria de la resurrección.

Por una parte tenemos el canto del siervo de Yahvé que nos ofrece el profeta en la primera lectura. Una descripción mesiánica de lo que significa la presencia del que viene lleno del Espíritu del Señor que no gritará ni voceará por las calles, que cuidará que la mecha aunque sea vacilante se mantenga encendida, ni dará por desperdicio lo que parece una caña cascada, porque viene a restaurarnos, viene a abrir los ojos del ciego y dar libertad a los cautivos y a los que habitan en sombras de tinieblas. Aunque no sea comprendido, aunque quieran quitarlo de en medio se mantendrá firme en su misión porque viene lleno del Espíritu del Señor.

Son todos los signos que se han ido manifestando en Jesús, cura a los enfermos y resucita a los muertos, da vista a los ciegos y hace caminar a los que sienten inválidos; son las señales del Reino nuevo de Dios que Jesús nos anuncia, que Jesús viene a constituir, pero siempre habrá desconfiados, los que están acechando a ver qué pasa porque Jesús pide una conversión para ser un hombre nuevo, pero ellos se sienten a gusto en lo de siempre, rechazando la renovación de vida que Jesús nos pide y ofrece. Por eso querrán hacer desaparecer esas señales del Reino como a Él querrán quitarlo de en medio.

Jesús ha ido a Betania, a aquel hogar de sus amigos donde ha realizado el gran signo de una vida nueva con la resurrección de Lázaro; como siempre Marta está atenta al servicio y como siempre a María le toca la función de la acogida; un día se había quedado embelesada a los pies de Jesús escuchando que hasta se había olvidado de ayudar a su hermana en las tareas de la casa; hoy de nuevo estará a los pies de Jesús ofreciendo los gestos de la acogida y la hospitalidad, pero en esta ocasión parece que se ha pasado porque es un perfume de nardo puro con el que unge los pies de Jesús.

Pero siempre aparecerá el desconfiado y el aprovechado, por allá andará Judas pensando y diciendo que con aquel dinero se podía comprar comida para los pobres; ya el evangelista nos habla de la actitud que hay por detrás de esa apariencia, era el encargado de llevar la bolsa de las limosnas. Pero Jesús ha dejado hacer porque dice que eso anuncia su futura sepultura donde no tendrán ni tiempo ni ocasión de preparar los necesarios ungüentos. Un anuncio de pasión y de muerte, pero ya también hay un atisbo de anuncio de resurrección, de Pascua.

Pero por detrás aparecerá ya el comentario de los que querían acabar con Jesús y también con Lázaro porque mucha gente se les va de las manos porque comienzan a creer en Jesús. Son los crespones negros que nos aparecen en este lunes de pasión pero que no tienen que acobardarnos sino más bien sentirnos como Jesús lleno del Espíritu del Señor para el camino que nosotros también hemos de realizar. En estos días que nos faltan para la pascua necesitamos quizás destapar ese frasco de perfume de lo mejor que llevamos dentro, de nuestro amor; también quizás nosotros tenemos que adelantarnos como María de Betania porque a alguien tenemos que ofrecerle el perfume de nuestra acogida y nuestra hospitalidad; o necesitamos nosotros perfumarnos con ese perfume de la gracia porque en verdad nos liberemos de esas enfermedades o casi muertes que perturban nuestro corazón porque como aquella otra mujer que lavó los pies de Jesús con las lágrimas de nuestro arrepentimiento y con nuestro mucho amor busquemos su perdón, nos dejemos envolver por la misericordia del Señor.

Este lunes de pasión tiene que convertirse en un hermoso paso que demos en el camino hacia la Pascua ya tan cercana.


miércoles, 24 de diciembre de 2025

Preparémonos en estos últimos momentos para dar señales de que recibimos la visita de nuestro Dios con su misericordia y salvación para el hombre y el mundo de hoy

 


Preparémonos en estos últimos momentos para dar señales de que recibimos la visita de nuestro Dios con su misericordia y salvación para el hombre y el mundo de hoy

2Samuel.7, 1-5. 8-11.16; Sal. 88; Lucas 1, 67-79

Estamos en la mañana del último día del Adviento y aunque ya todo nos trae como en adelante la música que va a sonar en esta próxima noche, que llamamos nochebuena por el nacimiento de Jesús me quedo aun en el texto que nos ofrece la liturgia en esta mañana que viene a culminar todo lo que ha sido la inmediatez del nacimiento de Jesús con el cántico de Zacarías tras el nacimiento de Juan.

Todo son bendiciones y alabanzas de la misma manera que estos días nos adelantamos con felicitaciones navideñas por lo que vamos a celebrar. Proféticamente siente Zacarías todo lo que significa el nacimiento de su hijo al que ha querido llamar Juan. Recordamos cómo las gentes se preguntaban qué iba a ser de aquel niño por todo cuanto en su nacimiento estaban contemplando. ‘El Señor, Dios de Israel, ha visitado y redimido a su pueblo’ proclama el sacerdote Zacarías. Lo anunciado por los profetas tiene su cumplimiento, ‘según lo predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas… ha suscitado una fuerza de salvación, que nos libra de nuestros enemigos’, con la que se realiza la misericordia de Dios que siempre se había manifestado con su pueblo, recordando la santa Alianza.

Bendice Zacarías a Dios, en cuya presencia se siente, de cuya misericordia se siente envuelto; Dios también había puesto sus ojos en él y el que Dios escuchara su oración, como le había dicho el ángel cuando la ofrenda del incienso allá en el templo era una manifestación de la misericordia divina; no eran sus méritos sino el amor misericordioso de Dios el que le había dado aquel hijo que iba a ser ‘el profeta del Altísimo’ para ir delante del Señor preparando sus caminos, anunciando al pueblo la salvación y el perdón de los pecados.

‘Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz’.

¿Será eso en verdad lo que bulle en nuestro corazón en esta inmediatez de la celebración de la Navidad? Así tenemos nosotros que estar cantando y bendiciendo a Dios. Ese era el sentido tan bonito que tenían aquellas misas de luz que en esta semana inmediata a la nochebuena celebrábamos con tanta alegría en nuestros pueblos en otros tiempos. Ese canto del primer villancico anunciando el nacimiento de Jesús en Belén que sonaba en nuestras noches o en nuestras madrugadas llamando a las misas de Luz era algo muy hermoso que por la imposición de las carreras de la vida moderna hemos pedido, al menos en mi tierra. Sé como en otros lugares se conservan las posadas para recordar esa peregrinación de María y José hasta Belén, o las novenas del niño Dios como ambientación y preparación de las familias y los vecinos que se celebran en algunos sitios son cosas bien hermosas.

Nos queda prepararnos y no solo estar preocupados por la cena familiar y la fiesta, con todo el sentido bonito que puede tener, o los regalos que ahora nos trae un viejito vestido de rojo, sino pensar en el gran regalo que vamos a recibir en esta próxima noche si en verdad dejamos que Jesús nazca en nuestro corazón y con ello nazca más y mejor en nuestro mundo.

¿Qué señal vamos a dar de que recibimos la visita de nuestro Dios que llega a nosotros con su misericordia y su salvación?

viernes, 14 de noviembre de 2025

Aprendamos a detenernos, a no dejarnos arrastrar por la loca carrera de la vida, a saber leer cuanto nos sucede desde una mirada creyente, a darle un sentido a nuestro caminar

 


Aprendamos a detenernos, a no dejarnos arrastrar por la loca carrera de la vida, a saber leer cuanto nos sucede desde una mirada creyente, a darle un sentido a nuestro caminar

Sabiduría 13,1-9; Salmo 18; Lucas 17,26-37

La vida de cada día con sus afanes y preocupaciones, con el agobio de todo lo que tenemos que hacer, esas cosas ordinarias que hacemos como modo de vivir o como medios de subsistencia, los acontecimientos que se suceden ya en el ámbito cercano nuestro de la familia o de nuestro trabajo, el caudal inmenso de noticias que nos llegan por todos los medios y más teniendo hoy como tenemos a manos tantas redes sociales, nos hacen entrar en un ritmo tan vertiginoso que nos parece que no tenemos tiempo para vivir, muchas cosas se convierten como en rutinas de la vida que andamos y desandamos algunas veces ni siendo conscientes del todo de lo que hacemos y no somos capaces de detenernos a reflexionar o dar hondura, sentido y valor a lo que hacemos.

Nos sentimos absorbidos por la vida y hay el peligro de entrar en la superficialidad de hacer las cosas porque tenemos que hacerlas pero sin llegar a saborearlas y disfrutarlas, de sentir que en eso está nuestra vida y que tendríamos que buscar como otro forma para darle otra intensidad a nuestro vivir. Qué peligroso convertir en una rutina nuestro vivir.

¿Llegaremos a descubrir en cuanto nos sucede o hacemos señales de algo más? ¿Seremos capaces de leer esa vida que vivimos para escuchar una voz que nos pudiera estar hablando o llamándonos desde esas mismas cosas o desde nuestro interior? ¿Seremos capaces de darle una mayor trascendencia a lo que hacemos o vivimos o simplemente estamos cumpliendo con una función porque eso es lo que nos ha tocado vivir? ¿Podrá haber algo más que nos llene interiormente y nos haga crecer en humanidad como personas? Porque tenemos el peligro de que en esa carrera de la vida vayamos perdiendo humanidad, incluso para nosotros mismos que nos convertimos en máquinas.

Creo que esto nos quiere hacer pensar hoy Jesús. Toda la conversación  de Jesús parte desde aquellas preguntas que le hacían de si ya era la hora en que se iba a manifestar el Reino de Dios y con qué signos lo conoceríamos. Jesús nos invita a estar atentos a nuestra vida, que sepamos leer nuestra vida y cuanto nos acontece; podríamos encontrar señales hermosas que nos va dejando Dios de cómo se manifiesta y se hace presente junto a nosotros.

Habla de los tiempos de Noé en que la mayoría no supo ver las señales del cielo y solo se salvaron unos pocos que habían construido aquel arca; o nos habla de los tiempos de Lot donde parecía que la vida circulaba con toda normalidad, pero hubo un momento de transformación con lo que llamaban aquel fuego venido del cielo. Nos habla del que está en el campo o del que está en su casa con sus quehaceres; podemos sentir, tenemos que saber sentir esa presencia de Dios, esos signos que Dios va poniendo a nuestro lado en el camino de la vida y que nos llaman a algo distinto y mejor. Es lo que nos habla de la venida del Hijo del Hombre.

Es lo que tenemos que saber discernir en nuestra vida de cada día y ver esa acción de Dios en nosotros; pero nuestra fe se nos va enfriando, vivimos sin sentir esa presencia de Dios, no escuchamos la voz de Dios que de tantas maneras va a hablándonos al corazón. Vivimos en nuestra loca carrera de la vida pero ¿Dónde hemos puesto la fe? ¿En qué se nota en nuestra manera de vivir que somos unos creyentes, que queremos vivir un evangelio, que sentimos ese amor de Dios en nosotros y que tenemos que ser mensajeros de vida y salvación para el mundo que nos rodea? ¿No podemos dar la impresión de que vivimos sin Dios, sin necesitar a Dios, sin gozarnos de su presencia en nuestra vida?

¿Tendremos que aprender a detenernos, a hacer una parada, a ponernos a reflexionar, a saber leer la vida de manera diferente?

sábado, 9 de agosto de 2025

No nos quedemos dormidos pensando que otros ofrecerán su luz, la nuestra es muy importante y no puede dejar de iluminar

 


No nos quedemos dormidos pensando que otros ofrecerán su luz, la nuestra es muy importante y no puede dejar de iluminar

Oseas 2, 16b. 17de. 21-22; Salmo 44; Mateo 25,1-13

Eso de quedarse dormido mientras estamos a la espera de algo que esta por llegar parece que no es nuevo ni es antiguo. Todos tenemos la experiencia de que las vigilias parecen ser los momentos en que más sueño nos entra. Somos los mayores que nos quedamos sentados, por así decirlo, contemplando la vida, quizás ya liberados de muchas ocupaciones, quizás tras los desvelos de una noche de insomnio que nos aparece cuando menos lo esperamos, quizás porque nos ponemos a pensar y a recordar, pero qué pronto nos quedamos dormidos. Pero, repito, no es solo que nos pase a los ancianos o los que tenemos muchos años, que todos en la vida muchas veces se han quedado dormidos, mientras escuchamos una clase o una conferencia, quizás cuando estamos esperando que nos terminen de preparar la comida, echamos, como solemos decir, una cabezadita.

¿Por qué nos extrañamos tanto y le damos tantas vueltas al hecho de que aquellas jóvenes que iban a formar parte del cortejo del novio para la boda y que tenían la función de iluminar primero el camino y luego la sala de la boda se hayan quedado dormidas?

Claro que inmediatamente decimos que no fue porque se quedaran dormidas en aquel momento, sino porque se habían ‘dormido’ en el cumplimiento de sus obligaciones porque no habían preparado debidamente la cantidad de aceite que iban a necesitar para aquella celebración.

¿Serán en ese estilo las principales ‘dormidas’ que nosotros hayamos tenido en la vida? Es lo que en cierta manera se nos está planteando. Porque claro aquellos que dormidas no habían tenido la previsión necesaria para tener la lámpara encendida se quedaron sin entrar al banquete de bodas, al banquete del Reino. Las cosas tienen sus consecuencias y tenemos que ser previsores hasta en los más pequeños detalles. Quien no sabe ser fiel en lo poco tampoco lo será cuando le confíen cosas importantes, como nos dirá en otra ocasión Jesús en el evangelio.  ¿Será eso aprender lo que tiene que ser la verdadera sabiduría de la vida?

La sabiduría de la vida la aprendemos en la vida misma. Es en la fidelidad a lo que somos y a lo que tenemos entre manos. Tenemos que ser conscientes del valor de nuestra propia vida, aunque nos parezca que no valemos para nada. Pero podemos estar manteniendo una luz y si esa luz se mantiene encendida alumbrará no solo nuestro camino sino también el camino de los demás, el camino de los que marchan a nuestro lado. Aquellas doncellas podían quizás haber pensado en su inconsciencia, porque falle una luz, no se va a dejar de alumbrar el camino, las otras lo mantendrán iluminado. Pero si todas piensan lo mismo y se descuidan ¿quien va a ser la que al final tendrá luz para alumbrar el camino? Puede ser que a todas se les apaguen las lámparas, nos puede resultar al final que llegamos tarde cuando hayamos conseguido el aceite y ya la puerta está cerrada.

Por eso decía que es importante la fidelidad a lo que somos y a lo que se ha puesto en nuestras manos. Y esa fidelidad la vamos a estar mostrando en el día a día de nuestro camino, en el día a día de nuestra vida. Eso que vamos haciendo, eso que vamos aprendiendo, eso que nos va haciendo madurar en el día a día, ese desarrollo de lo que somos, nuestras cualidades y valores, nuestras potencialidades y nuestras capacidades, serán las piedras que construyan nuestro camino, es el aceite que está alimentando esa lámpara de nuestra vida y hará posible que se mantenga encendida. Qué importante el cumplimiento de nuestras responsabilidad, que necesario es aprovechar esa formación que se nos va ofreciendo cada día, es lo que nos hará madurar, es lo que nos hará crecer interiormente, como personas, es lo que hará que en el futuro tengamos mayores posibilidades.

No lo podemos descuidar, no nos podemos quedar dormidos. No podemos permitir que  no se pueda mantener encendida esa luz, no podemos quedarnos sin emprender esa sabiduría que pondrá luminosidad en nuestra vida. No podremos descartar el mantenernos bien unidos al Señor, llenándonos de su Espíritu, porque es lo que hará posible que un día produzcamos buenos frutos.

miércoles, 16 de abril de 2025

Dispuestos de verdad a vivir la Pascua con Jesús, paso de la muerte a la vida, asumiendo la cruz clavada a nosotros para llegar a la resurrección de una nueva vida

 


Dispuestos de verdad a vivir la Pascua con Jesús, paso de la muerte a la vida, asumiendo la cruz clavada a nosotros para llegar a la resurrección de una nueva vida

Isaías 50, 4-9ª; Salmo 68; Mateo 26, 14-25

Hay momentos que son de preparativos; es un acontecimiento que se avecina y al que queremos darle la importancia que juzgamos que ha de tener y allá nos creamos comisiones de trabajo para que todo este a punto, para que lo tengamos todo preparado, nos trazamos planes, vemos las cosas que son necesarias, lo que no nos puede faltar lo buscamos por donde sea, nos hacemos listas de las cosas que necesitamos; pero es la madre que prepara la comida para sus hijos que se reúnen y quiere ofrecerles lo mejor y allá anda afanada con las comidas, con los adornos de la casa, la preparación de la mesa y no sé cuantas cosas más; es un viaje que vamos a emprender y reunimos todo aquello que creemos necesitar aunque no nos quepa en las maletas, hacemos previsiones de todo tipo, pero queremos tenerlo todo preparado y que no nos falle nada.

¿Preparativos de qué? ¿Preparativos de las cosas que creemos necesitar para ese acto? ¿Cuál tendría que ser lo importante que preparemos? Quizás sea bueno hacernos estas preguntas pero no solo para cosas como hemos querido reflejar en unos ejemplos anteriormente sino en este momento presente que vivimos como cristianos. También llega la hora de los preparativos ahora que estamos en semana santa en vísperas ya de celebrar la pascua. En otros tiempos nuestras madres nos preparaban la ropa de la semana santa que además quizás había la costumbre de estrenar algo. ¿En qué andamos afanados? ¿Será lo más importante lo que nos ocupa en la preparación de estos días?

El evangelio hoy nos ayuda. Se acercaba el día de celebrar la cena de pascua, están por Jerusalén lejos de sus viviendas habituales, y es la pregunta que le hacen al Maestro. ‘¿Dónde quieres que te prepararemos la Pascua?’ Jesús les da instrucciones muy concisas de cómo llegar a la persona que les ofrecería el sitio para la cena pascual. Los discípulos encontraron todo como les había dicho Jesús y allí lo prepararon.

Pero el evangelio nos dice algo más de esos preparativos. Ya Judas Iscariote se había dejado ver con los pontífices para ver en lo que quedaban para entregarle; las gestiones estaban hechas. Al comienzo de la cena Jesús manifiesta la congoja que lleva en el alma. ‘Uno de vosotros me va a entregar’. Como hemos comentado en otra ocasión la inquietud queda sembrada en todos los presentes. ‘¿Soy yo acaso, Señor?’ todos se preguntan y le preguntan. ‘El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!’ Pero todos estaban comiendo del mismo plato, porque eran las costumbres y era la forma de comer el cordero pascual. ¿Estaban todos provocando esa entrega? Una buena pregunta para que nos miremos por dentro, como les estaba sucediendo en aquel momento al grupo de los apóstoles sentados a la mesa con Jesús.

Conocemos la conclusión del relato del evangelio, pero nosotros nos tenemos que quedar con esas preguntas que han ido siendo base y carril por donde va discurriendo esta reflexión que nos tenemos que hacer en estos momentos en que también nosotros nos disponemos a celebrar la Pascua.

La pregunta que nos hacemos más que en donde es decirnos como vamos a celebrar la Pascua y también como yo soy actor de esa Pascua. Ni nos podemos quedar fuera contemplando a los otros ni nos podemos quedar en las cosas que hemos de preparar. Demasiado tiempo le dedicamos estos días a las cosas, a los preparativos de las cosas y quizás no estemos pensando en cómo hemos de prepararnos nosotros. Soy yo también actor en esa Pascua, pero no como una representación a la manera de teatro que tengamos que hacer sino en la medida en que con Cristo nosotros también vamos a subir al Calvario, a la cruz, a pasar por la muerte. Si no lo hacemos así no llegaremos a la Pascua, seguiremos siendo unos espectadores o unos tramoyistas que preparan cosas para que otros contemplen o vivan.

¿Estaré dispuesto de verdad a vivir toda la Pascua con Jesús pasando de la muerte a la vida, asumiendo la cruz en todo su sentido clavada a nuestra vida para poder llegar a la resurrección de una nueva vida? Muchas cosas, algunas veces inesperadas o no deseadas van apareciendo en nuestra vida que tienen que convertirse en Pascua en nosotros.

domingo, 15 de diciembre de 2024

Unas nuevas expectativas en búsqueda de una auténtica navidad para sentir que Dios está en medio nuestro en este mundo convulso en que vivimos

 


Unas nuevas expectativas en búsqueda de una auténtica navidad para sentir que Dios está en medio nuestro en este mundo convulso en que vivimos

Sofonías 3, 14-18ª; Sal.: Is 12, 2-3; Filipenses 4, 4-7; Lucas 3, 10-18

En la vida siempre estamos a la expectativa de algo; salvo que vivamos de una forma pasiva, simplemente dejándonos arrastrar por lo que salga, siempre hay una inquietud de algo distinto, de algo mejor en el corazón. Malo es no tener expectativas, no tener esperanzas, que se nos hayan apagado las ilusiones. Una expectativa nos hace estar despiertos, porque la esperanza sería pobre si solo fuera algo pasivo.

Claro que no todos tienen las mismas expectativas. También es posible que nos confundamos y nos equivoquemos. Habrá cosas que nos ilusionan por su brillo, pero pronto quizás nos damos cuenta de que es hojarasca, que son oropeles, falsos oros. Nos podemos crear confusión, sobre todo desde las influencias externas que recibimos de acá para allá. Difícil mantener el equilibrio, pero es algo que tenemos que intentar, que necesita quizás un esfuerzo por nuestra parte, y algunas veces parece que no estamos por ese esfuerzo o por esa superación, sino de forma pasiva dejarnos arrastrar.

Miramos nuestra vida, miramos nuestro mundo, miramos la sociedad que nos ha tocado vivir o que entre todos hemos construido o estamos haciendo quizá cada uno queriendo tirar del ascua para su sardina, son muchos los intereses, son muchos los tira y afloja que vamos recibiendo de acá y de allá. Repito que nos cuesta mantener el equilibrio. Será en la forma como queremos la vida, las apetencias de felicidad que todos llevamos dentro, el desarrollo como personas que todos de alguna manera queremos, serán los sueños de algo superior o de cómo mejorar la vida, será el cansancio de la rutina que nos arrastra, será la insatisfacción de lo que contemplamos que otros hacen. Esperamos, quisiéramos, deseamos, buscamos… ¿cuáles son nuestras esperanzas?

Estamos envueltos por la vida con toda su problemática; como creyentes también vamos queriendo hacer un camino; tenemos unas costumbres o unas tradiciones religiosas también que van marcando el ritmo de la vida. En estos momentos estamos en la cercanía de la Navidad. Todo el mundo prepara la navidad, forma parte también de nuestras expectativas. Claro que tenemos que preguntar qué es lo que en verdad estamos preparando cuando decimos que preparamos la navidad.

Ahí están las carreras de compras en las que nos vemos envueltos, vemos los adornos con que vamos llenando nuestras calles, nuestras plazas, nuestras casas, vemos la cantinela de la lotería que ya comienza a escucharse aunque sea en anuncios, pasamos por el mercado y ya estamos pensando en lo que nos va a costar la comida de estas fiestas, suenan las músicas y los villancicos de navidad pero también tendríamos que fijarnos en lo que expresamos en esas músicas y en las letras que cantamos. ¿Qué es lo que predomina en todo eso? ¿Qué es lo que predomina en la preparación de la navidad?

Y es una pregunta seria que tendríamos que hacernos, ¿preparamos navidad o preparamos el nacimiento de Jesús? Lo malo sería que el protagonista principal lo dejemos fuera, no lo invitemos a esta fiesta, porque casi ni nos acordamos de lo que significó aquel momento. Como creyentes que queremos celebrar en verdad la navidad tenemos que hacer un parón, detenernos un poco a pensar. Es lo que para nosotros los creyentes ha de significar este tiempo de Adviento que estamos recorriendo, que es mucho más o algo bien distinto a hacer unas compras o poner unos adornos.

Para el creyente claro que es una gran fiesta para la que nos estamos preparando y todo tienen que ser alegría y es cierto que tienen que brotar los cantos y la música pero quizás –o sin quizás - también algo más. Lo vamos a mostrar en muchos signos de cercanía y de amistad con la familia y con los cercanos a nosotros. Pero ¿de donde tiene que arrancar?

Este domingo es llamado el de la alegría, porque así lo expresa la liturgia también, por la cercana navidad. ¿Cuál es el anuncio que nos llena de alegría? ‘Aquel día se dirá a Jerusalén: «¡No temas!, ¡Sión, no desfallezcas!» El Señor, tu Dios, está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo como en día de fiesta’. Así nos decía el profeta. ‘El Señor, tu Dios, está en medio de ti…’

Eso es la verdadera navidad. ¿No decimos Emmanuel? ¿Qué significa? ‘Dios con nosotros… Dios está en medio de ti’. No lo podemos olvidar. Es la razón de todo. Y si no llegamos a sentir que Dios está en medio de nosotros, es que no hemos entendido la navidad porque muchas fiestas, cantos, comidas y regalos que nos hagamos.

Y es que tenemos que escuchar con mucha atención el evangelio que hoy se nos ofrece. Nos dice que Juan el Bautista ‘con muchas exhortaciones anunciaba al pueblo el Evangelio’. Por eso también como aquellos que iban a escucharle allá en la orilla del Jordán también nosotros hemos de preguntar, ‘¿qué debemos hacer?’ Y Juan iba señalando de forma muy concreta a cada uno de ellos esas nuevas actitudes que debían tener en su vida.

Y habla de solidaridad y de compartir, habla de rectitud de vida y de responsabilidad, habla de pureza de corazón arrancando maldades y de buen espíritu para la convivencia con los demás; podríamos traducirlo en muchas cosas concretas para nuestra vida; miremos donde están nuestras flaquezas, los tropiezos que vamos teniendo en la convivencia con los demás, las posturas que tomamos en relación a los otros, la forma de vivir nuestras responsabilidades, las carencias que podemos tener en nuestra vida familiar, miremos con sinceridad nuestra vida e iremos encontrando la respuesta a esa pregunta que nos hacíamos.

Y cuando vayamos haciendo que todo eso sea distinto vamos a sentir una nueva paz en nuestro corazón que hará surgir una alegría verdadera; y cuando vayamos abriéndonos a los demás de una forma nueva teniendo nuevas actitudes estaremos abriendo las puertas del corazón para que Dios llegue a morar en él.

Entonces sentiremos al Emmanuel, entonces nos daremos cuenta que Dios está en medio nuestro, en este mundo tan complicado en el que vivimos y con tantos problemas, entonces habrá verdadera alegría de navidad a pesar de tantas sombras de tristeza y de sufrimiento que vemos alrededor, entonces todas esas cosas que hacemos no se quedaran en superficialidades de un día sino que serán comienzo de un nuevo día para nuestra vida. Se cumplirán unas nuevas expectativas para nuestro corazón. Necesitamos, el mundo necesita una nueva Navidad.

sábado, 4 de mayo de 2024

Nos convertimos como Jesús, en signos de contradicción en medio del mundo, normal es que no todos nos entiendan, nosotros sabemos cuales son nuestras metas y caminos

 


Nos convertimos como Jesús, en signos de contradicción en medio del mundo, normal es que no todos nos entiendan, nosotros sabemos cuales son nuestras metas y caminos

Hechos de los apóstoles 16, 1-10; Salmo 99; Juan 15, 18-21

Si lo que yo quiero es bueno, no quiero hacer daño a nadie sino que más gasto mi tiempo en los demás, ¿por qué me quieren tan mal? ¿Por qué esas envidias y zancadillas que me voy encontrando por todas partes?

Son cosas que algunas veces piensan las personas que trabajan por los demás, que viven, por ejemplo, un compromiso social intenso y lo que tratan siempre es de arreglar las cosas, que todo vaya mejor; pero siempre hay quien quiere meter la zancadilla, siempre habrá personas que desconfían de todo y ya están pensando de esa persona que hace por los demás que algunos intereses ocultos tendrá, que alguna tajada se sacará de todo eso.

Es el frente de la malicia que siempre va a la contra de la bondad; es el rechazo que tenemos ante todo lo que nos venga del otro, y nos cuesta aceptar su buena voluntad, sus trabajos desinteresados. Claro que quien está sufriendo ese acoso después de lo que intenta hacer por los demás sienten que se le socavan los cimientos y parece que se siente solo y sin fuerzas. Cuántas veces que después de unos años dedicándose así a los demás terminan quemados, y al final arrojan también la toalla y no quieren seguir metidos en conflictos.

Es necesario tener una gran fortaleza interior, estar preparado para cuando nos puede sobrevenir, sentir los apoyos necesarios, quizás empezando por la familia – que algunas veces se vuelve también detractora de lo que hacemos -, apoyo de quienes le rodean, o de quien le ha confiado la misión que se ha puesto en sus manos. Sentimos a veces esa debilidad interior.

Jesús nos está hoy preparando, como iba preparando al grupo de los discípulos que tenía más cerca de sí, con ese tenerles a su lado, con esas enseñanzas que de manera especial tenía para ellos, con esos momentos en que los llevaba solos a algún lugar. ¿Unas vacaciones espirituales? ¿Unos retiros espirituales? Jesús vemos que los practicaba con ellos, aunque entonces no les dieran esos nombres, que con el paso del tiempo nosotros nos hemos dado a esas situaciones. Jesús también habla para todos los que quieran seguirle, para que comprendan que el camino no es de rosas, porque en medio nos podemos encontrar muchas espinas.

Y Jesús les dice que miren lo que han hecho con El, y que ‘el discípulo no es mayor que su maestro’. No hay mejor preparación que tener claro el camino que vamos a emprender, las dificultades y obstáculos que podemos encontrar, las persecuciones incluso que se desatarán contra nosotros. ¿Qué estoy haciendo de malo? Nos preguntábamos al principio cuando nos plateábamos el tema, y veíamos que queríamos hacer lo bueno y lo que íbamos a encontrar era oposición.

‘Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia’, les dice Jesús.  Y es que el seguidor de Jesús, que vive en medio del mundo, en medio de diversas situaciones, en medio de gente muy variada, sin embargo ha de reflejar algo distinto. No somos iguales. Ni nos consideramos mejores ni superiores.

Pero tenemos nuestras metas, tenemos nuestros ideales, tenemos un camino que nos señala el evangelio y eso nos hace tener unas actitudes distintas hacia los demás, unos comportamientos en los que tiene que reflejarse siempre la rectitud y el buen hacer, y hay algo especial que tiene que resplandecer en nosotros que es el amor; y eso tiene sus consecuencias en la vida y en nuestra manera de actuar; en nuestro corazón siempre tendrá que brillar la misericordia y la compasión, siempre tenemos que ir con la mano tendida por delante porque buscamos paz, buscamos la reconciliación, buscamos algo nuevo para nuestro mundo, siempre tienen que estar presentes las actitudes del perdón.

Y eso choca al mundo que nos rodea. Nos convertimos como Jesús, como había anunciado el anciano Simeón, en signos de contradicción en medio del mundo. Normal es que no todos nos entiendan. Pero nosotros sí tenemos que entendernos a nosotros mismos y cuales son nuestras metas y nuestros caminos.

miércoles, 27 de marzo de 2024

Jesús nos dice hoy también a nosotros que quiere venir a celebrar la cena pascual en nuestra casa con aquellos que son sus preferidos y amados, ¿qué sala le vamos a ofrecer?

 


Jesús nos dice hoy también a nosotros que quiere venir a celebrar la cena pascual en nuestra casa con aquellos que son sus preferidos y amados, ¿qué sala le vamos a ofrecer?

Isaías 50, 4-9ª; Salmo 68; Mateo 26, 14-25

Las cosas hay que prepararlas bien. Sobre todo si son conmemoraciones de algo que ha sido importante para nuestra vida, que son parte de nuestra historia, que marcaron de alguna manera nuestra existencia. No puede caer en el olvido. Hay que recordarlo y celebrarlo. De la mejor manera. Con la mayor participación y con las mejores cosas.

Eran los días previos a la celebración de la Pascua. No era algo baladí en la historia del pueblo judío. Hacía siglos que la celebraban y para eso tenían unos ritos propios y seguirían celebrándolo. Estaba todo además muy predeterminado y preestablecido. Así lo había prescrito Moisés y se mantenía fijo el ritual en las Escrituras Santas. Era la comida de un cordero en familia, que era memorial y era anticipo de futuro, aunque no lo tenían muy claro. Pero estuvieran donde estuvieran había que celebrar aquella cena pascual, que así la llamaban. Y había que hacer todos los preparativos. Y en la buena hospitalidad judía se ofrecían las casas de las familias de Jerusalén para los que habían subido de todas partes a la pascua.

Y ahí está la pregunta de los discípulos. ‘¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?’ Y Jesús da instrucciones muy precisas, porque señala circunstancias muy concretas para que encuentren la casa y vayan a decirle de su parte ‘El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos’. Probablemente algún pariente que tenían en la ciudad; aquel lugar va luego a convertirse en lugar importante, no solo en aquella cena, sino en los momentos siguientes en refugio, pero también más tarde como punto de encuentro para los primeros discípulos y la iglesia naciente.

Preguntan los discípulos pero termina Jesús haciéndonos también una pregunta. Nosotros también estamos en el momento previo para algo muy importante. También nosotros nos hemos de disponer para celebrar la Pascua. Y tenemos los motivos más grandes del mundo para prepararla bien y para celebrarla con hondura. Ya nos hemos preguntado hace unos días si en verdad Jesús va a venir a nuestra fiesta de pascua y aquello nos hacía pensar. Pero cuidado que ese interrogante siga pesando en nuestras actitudes, en nuestras posturas, en nuestros ajetreos y no sea una pregunta en balde que a poco que nos olvidemos de ella.

Es cierto realmente que muchos son los preparativos que se tienen en estos días en nuestros templos y en nuestras comunidades. Como Marta, allá en Betania, también andamos ajetreados de acá para allá con muchos preparativos y parece que no tenemos tiempo ni para nosotros mismos. Y esos interrogantes tienen que seguir pesando en nuestro interior para que no nos durmamos o no nos entretengamos en lo que no es tan importante.

Sí, Jesús quiere venir a nuestra casa para celebrar la cena de pascua. Y no va a venir solo, viene con sus discípulos. Es algo muy significativo. Me preparo yo, preparo mi casa, pero tengo que tener las puertas abiertas, tengo que despejar la casa de muchas cosas que puedan ser obstáculo para que venga Jesús y para que vengan con sus discípulos, aquellos a los que ama, aquellos que son sus preferidos. ¿Quiénes son hoy esos preferidos del Señor? ¿Quiénes son hoy esos amados de manera especial por el Señor?

Tenemos que mirar nuestra casa, nuestro corazón, ese mundo que nos rodea, con sus problemas, con sus necesidades, con sus pobrezas, con sus guerras, con la gente que nos parece que anda desorientada de acá para allá, con esa gente que quizás no nos gusta tanto, con esos que quizás nosotros quitaríamos de en medio. ¿A quienes quiere Jesús que miremos? ¿A quienes quiere Jesús hoy, en esa vida concreta que vivo, que yo acepte y reciba también en mi casa para juntos celebrar la Pascua?


domingo, 3 de diciembre de 2023

Vuélvete Señor, mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña… Cuida la cepa que tu diestra plantó, es la súplica con que iniciamos el camino del Adviento

 


Vuélvete Señor, mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña… Cuida la cepa que tu diestra plantó, es la súplica con que iniciamos el camino del Adviento

Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7; Sal 79; 1 Corintios 1, 3-9;  Marcos 13, 33-37

Supongamos que tenemos un terreno, que tenemos un campo de cultivo en el que tenemos plantada una viña; lo trabajamos y esperamos recoger un día sus frutos; ha sido confiado a unos labradores, pero el amo de la viña vendrá con frecuencia a visitar su viña, a escuchar a aquellos labradores que la trabajan para ver lo que se necesita para hacerla producir mejor, no solo para recoger un día los frutos, sino también para recrearse en ella y en cuanto está produciendo. El amo de la viña viene y aquellos encargados del cuidado de la viña están atentos a su llegada, lo esperan, lo escuchan, como un día al final de la cosecha han de rendir cuentas de ese trabajo.

Me he querido detener en esta imagen porque de alguna manera es lo que ahora estamos viviendo, de manera especialmente intensa en este tiempo de Adviento que comenzamos. Es lo que, podríamos decir, viene a recordarnos. Es lo que esperamos y anhelamos, la venida del Señor al campo de nuestra vida y de nuestro mundo, es lo que pedimos y para lo que queremos prepararnos. Porque queremos pensar de manera especial en esa venida del Señor en el hoy de nuestra vida. Y es lo que con especial intensidad tenemos que vivir en este momento.

¿Cómo está el campo de nuestra vida? ¿Cómo está el campo de nuestro mundo? Tenemos la tentación y el pesimismo de verlo todo poco menos que perdido. Es cierto que hay cosas que nos desalientan, nos preocupan, nos inquietan, tenemos el peligro de perder la paz de nuestros corazones. Son muchas, es cierto, las turbulencias que vive nuestra sociedad hoy; muchos los desencantos y mucha también la indiferencia, aturdidos por el materialismo de la vida - ¿en qué convertimos incluso la navidad que vamos a celebrar? -, arrastrados por la superficialidad que se impone de muchas maneras para hacer que tantos vayan a su rumbo sin metas, sin valores, despreocupados de todo e insolidarios. Y podemos caer en esas redes, se nos pueden enfermar las plantas que pretendemos cultivar esa finca de la vida.

Clamamos al Señor, como decíamos en el salmo que se nos ofrece hoy en la liturgia, ‘Despierta tu poder y ven a salvarnos… Dios de los ejércitos, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate, ven a visitar tu viña… Cuida la cepa que tu diestra plantó, y al hijo del hombre que tú has fortalecido…’

‘Ven, Señor, a salvarnos’, es la súplica que en estos días estará en nuestros labios y en nuestro corazón. No solo en estos días, ha de ser algo presente siempre en nuestra vida, en nuestra oración. Cada día tenemos que aprender a descubrir y a sentir la presencia de Dios con nosotros. Cada día hemos de recibirle y escucharle, cada día hemos de sentir su presencia que se hace fuerza y que se hace vida en nosotros para no desalentarnos en nuestras tareas, para no dejarnos arrastrar por esa indiferencia o ese materialismo de la vida que todo lo inunda, para darle profundidad a lo que hacemos y a lo que vivimos. Solo así podremos obtener los buenos frutos que el Señor nos pide.

Vamos a celebrar la Navidad y para eso queremos prepararnos durante este tiempo del Adviento, pero al recordar y celebrar su venida recordamos también que El prometió que estaría con nosotros hasta el final de los tiempos. Y es lo que tenemos que saber descubrir esa venida del Señor cada día a nuestra vida. El nos va saliendo al encuentro de muchas maneras y tenemos que saber descubrir y sentir su presencia.

Hay como tres imperativos que nos deja hoy Jesús en el evangelio y que son todo un programa de adviento. Estad preparados, nos dice, vigilad. Firmes en la fe, frente a cuanto nos rodea y nos puede envolver. No podemos perder esa línea de fe en todo aquello que vamos haciendo. Es lo que tiene que motivarnos, es lo que nos va a ir dando luz en medio de las oscuridades poniendo una nueva claridad en nuestros ojos, es lo que nos hará descubrir realidades nuevas en medio de todo ese revoltijo de la vida, es lo que nos hará no perder el rumbo frente a los vientos que nos pueden arrastrar por otros caminos, es lo que nos da la certeza de que con el amor es como podremos salvar el mundo. Diligentes en el amor. Es por el amor por lo que tenemos que apostar. Es el amor el que creará una nueva humanidad.

Por eso nos dice también que no nos dejemos engañar por el olvido de Dios, por el secularismo galopante, por el materialismo seductor que reina en nuestra sociedad. Por eso vigilantes, atentos, para escuchar al Señor. Es su Palabra la verdadera luz de nuestra vida que nos conduce a la verdad. Es Cristo nuestro único camino que nos conduce a la vida y nos llena de nueva vida.

Y ‘no tengáis miedo’, nos dice el Señor. No nos podemos sentir agobiados, no podemos perder la paz, nunca nos podremos sentir derrotados aunque sabemos que somos débiles y tenemos nuestros tropiezos. Siempre podemos levantarnos, despertarnos, arrancar de nuevo. Es la esperanza que tiene que llenar nuestra vida. Es la esperanza que tratamos de despertar ahora en este tiempo de Adviento, pero que tiene que acompañarnos siempre. Creemos en el que ha vencido la muerte y el pecado y a nosotros nos lleva también a esa victoria.

Por eso iremos repitiendo muchas veces, mientras seguimos cultivando aquel campo que ha puesto en nuestras manos para que un día produzca abundantes frutos, aquel cántico del Apocalipsis ‘maranatha, ven Señor Jesús’.

 

jueves, 31 de agosto de 2023

Hoy jesús en el evangelio nos está diciendo que nos preparemos y andemos vigilantes, no nos podemos quedar, pues, en una pasividad de la vida, sino en poner actitudes nuevas y positivas


  

Hoy Jesús en el evangelio nos está diciendo que nos preparemos y andemos vigilantes, no nos podemos quedar, pues, en una pasividad de la vida, sino en poner actitudes nuevas y positivas

1 Tesalonicenses 3, 7-13; Sal 89; Mateo 24, 42-51

'La próxima semana hay examen', le dice el profesor a sus alumnos, 'prepárense', y allá veremos a los alumnos preocupados quizás por lo inesperado del anuncio pero poniendo todo su empeño y esfuerzo para preparar debidamente el examen. Prepararse significa un repaso más exhaustivo de lo estudiado, significa dedicar más tiempo para el estudio renunciando, aunque fuera de momento, a otras actividades, organizar su tiempo, sus ocupaciones, sus horarios; no pueden quedarse quietos, no significa quedarse pasivamente que llegue la hora del examen para ver cuales son las preguntas que se van a plantear, sino estudiar todas las posibilidades para poder dar respuesta adecuadamente.

Así podríamos o tendríamos que pensarlo de muchas situaciones a las que nos enfrentamos en la vida; así tendríamos que pensarlo de la vida misma que vamos viviendo cada día y que muchas veces no sabemos darle la intensidad adecuada. Es lo que vamos haciendo en años de formación, de estudio, de aprendizaje y de prácticas que vamos realizando y nos irá conduciendo a una madurez en la vida, a vivirla mejor y aprovechar también todas las oportunidades que se nos van ofreciendo.

Hoy Jesús en el evangelio nos está diciendo también que nos preparemos, que andemos vigilantes. Y nos habla de la vigilancia que ha de tener el dueño de cada para que nadie, por ejemplo, le entre a robar en ella, o para que ninguna situación adversa lo encuentre desprevenido y se puedan producir daños en sus posesiones. Y nos habla del servidor, del que está encargado de los servicios de la cada y tendrá que estar atento para abrir la puerta cuando llamen a ella, o cuando llegue su amo, y que tendrá que saber organizar todo el servicio para todas las cosas estén a punto en el momento oportuno.

Nos propone Jesús diversos ejemplos de situaciones de la vida como modelo de esta vigilancia interior que cada uno ha de vivir en su propia vida. No podemos vivir la vida a la ligera; no podemos vivir la vida a lo loco; hemos de saber mostrarnos responsables de lo que somos, de lo que tenemos, de todo lo que es la vida que tenemos en nuestras manos. Es amplio el espectro en el que tendríamos que fijarnos. No es solo la materialidad de las cosas que podamos poseer, sino es todo lo que conforma nuestra vida desde lo más profundo de nosotros mismos. Aquí tendriamos que mirar nuestra interioridad, ahí tendríamos que mirar a nuestra conciencia, a nuestros valores, a los principios que rigen nuestra vida, a todo aquello que da sentido a nuestra existencia.

Quizás andamos preocupados por los bienes o las cosas materiales que podamos poseer y estamos muy atentos a no perderlas, pero fácilmente nos olvidamos de nuestro espíritu y no nos preocupamos tanto de fortalecer una espiritualidad que nos eleve, que nos haga encontrar nuestra grandeza, que le dé verdadero sentido a nuestra vida, que nos conduzca a una verdadera plenitud.

¿Nos preocupamos de nuestra vida espiritual? ¿Nos preocupamos de creer interiormente? ¿Nos preocupamos de ir superándonos más y más en el día a día de nuestra vida para corregir errores, para enderezar caminos equivocados, para arrancar malas costumbres de nuestras vidas que se van arraigando poco a poco en nosotros y nos crean vicios y dependencias? ¿Sabremos hacer crecer más y más el amor en nuestra vida manifestando en nuestros gestos y en nuestras palabras, en los detalles de delicadeza que tengamos con los demás o en esa generosidad de nuestro compartir?

Hoy nos decía san Pablo en la carta a los Tesalonicenses que hiciéramos creer más y más nuestro amor hasta rebosar para inundar y para empapar cuanto nos rodea.

'En cuanto a vosotros, que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos a vosotros; y que afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos'.

¿Será así el crecimiento de nuestro amor? ¿Será así como respondemos a esa invitación que nos está haciendo Jesús para que estemos preparados?


miércoles, 9 de agosto de 2023

Aunque haya habido sombras en nuestra vida aún podemos encontrar una auténtica luz que no se apague para poder ayudar en el camino de tantos a nuestro lado

 


Aunque haya habido sombras en nuestra vida aún podemos encontrar una auténtica luz que no se apague para poder ayudar en el camino de tantos a nuestro lado

Oseas 2, 16b. 17de. 21-22; Sal 44; Mateo 25,1-13

Si te vas a presentar para desempeñar una responsabilidad no te vale que en tu curriculun pongas los merecimientos de otros ni que a la hora de presentarte a esa oposición otro a última hora ocupe tu lugar. Ya sé lo que ve vais a decir, que eso es lo que habitualmente se hace en la vida en muchas cosas, nos arrogamos los merecimientos de otros, nos apañamos como sea para pasar un examen, pero en la hora de la verdad serás incapaz de desempeñar esa responsabilidad y quedarán a las claras las trampas, por decirlo de alguna manera, de las que te has aprovechado.

 No es que en la vida tengamos que estar presentando currículo y nos estén pasando examen de lo que hacemos o de lo que sabemos. Quizás si fuera solo por un examen muchos que son muy estudiosos podrían parecer que lo tienen fácil, pero es algo más lo que hemos de mostrar en la vida con lo que hayamos podido dejar una huella en ese camino.

Es ahí donde tienen que manifestarse los verdaderos valores de la persona, es ahí donde va aparecer la auténtica responsabilidad con que nos hemos tomado la vida y lo que en ella teníamos que desempeñar, es donde se va a manifestar la calidad y la madurez de nuestra persona, lo que verdaderamente hemos crecido y  madurado como personas para que todo no se quede en apariencia y en vanidad.

Algunas veces quizás quisiéramos parecernos a ese coro bonito y bien formado con caritas todas sonrisueñas pero que solo unas figuras pintadas en una tela o en un mural, o figurantes que hemos organizado en un cortejo para que quede muy bonito como si fuera un espectáculo de cine, pero donde no hay vida. Cuidado con que detrás de esas apariencias no haya nada. ¿Seremos nosotros como figurantes bien formados para hacer un desfile espectacular?

Es eso lo que nos está denunciando hoy Jesús en el evangelio con esta parábola que nos ha propuesto. Allí estaban en el camino aquel coro de doncellas todas bonitamente formadas con sus lámparas encendidas en sus manos. Podría ser una imagen muy bonita ese coro de luz en medio de una noche oscura y tenebrosos caminos. Pero era solo eso, al menos en parte del grupo, porque cuando la espera se prolongó más de lo esperado algunas luces comenzaron a apagarse sin poder encender de nuevo por falta de combustible.

Llegó entonces la hora del vacío y de las prisas. Se habían preocupado de dar la imagen de un grupo muy luminoso, pero a la hora de la verdad a la mitad le faltó la luz, porque les faltó el aceite. No valía ahora el pedir aceite prestado; había sido necesario ser precavidas para llevar el aceite de repuesto cuando además esas lámparas tenían que estar encendidas en toda la noche de fiesta. Ya no valía el buscarlo a última hora porque ya llegarían tarde a la entrada de la boda y entonces no iban a ser reconocidas.

¿Así serán nuestros vacíos? Miramos atrás y hacemos un recorrido por la vida y ¿qué es lo que podemos observar? ¿Cuál es la hondura espiritual que ahora podemos mantener y presentar? ¿Hemos sabido a lo largo de nuestra vida ir a la fuente, ir allí donde podíamos recargar bien las pilas de nuestro espíritu para que cuando vinieran esos momentos difíciles, esos momentos que quizás no esperábamos, estuviéramos lo suficientemente fuertes para salir adelante?

Quizá nos ponemos a pensar, a repasar un poco lo que ha sido nuestra vida donde no hemos dado todos los frutos que teníamos que haber dado, donde no teníamos la fortaleza suficiente cuando llegó el momento difícil de la debilidad, donde tantas veces nos manifestamos como chiquillos sin madurez para afrontar los problemas que iban surgiendo, porque quizás no habíamos cuidado lo suficiente esa hondura espiritual que necesitamos cultivar en nuestra vida. Teníamos tantas cosas que hacer, andábamos siempre con tantas prisas, que no tuvimos tiempo ni para un encuentro interior con nosotros mismos, ni para un encuentro profundo con el Señor en la oración abriéndonos de verdad a su Palabra y a su Espíritu.

Aunque haya habido sombras en nuestra vida que aun quizás permanecen no nos podemos llenar de pesimismo ni de amargura. El Señor sigue esperando nuestra respuesta; busquemos ahora todavía la manera de fortalecernos interiormente, de crecer en espiritualidad, de llenarnos de Dios, para que haya una auténtica luz que no se apague con que podamos ayudar en el camino de tantos a nuestro lado. Mucho aun podemos hacer.