Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta perfume. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta perfume. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de agosto de 2026

De nada nos vale un oloroso perfume que nos pongamos externamente si dejamos que nuestro corazón lleva el desagradable olor de la maldad

 


De nada nos vale un oloroso perfume que nos pongamos externamente si dejamos que nuestro corazón lleva el desagradable olor de la maldad

2 Tesalonicenses 2, 1-3a. 14-17; Salmo 95; Mateo 23, 23-26

Y aun seguimos viviendo en un mundo de apariencias; y no me quiero referir solo a las vanidades de la vida que manifestamos con nuestros lujos por una parte, pensando que nuestros ostentosos vestidos son los que nos dan verdadero prestigio, sino quiero pensar más en la falsedad con que aparentamos una bondad que no tenemos, una rectitud que se queda solo en el cumplimiento de unas normas sino saber encontrar su sentido más hondo, o el ocultamiento de los verdaderos sentimientos que tenemos dentro de nosotros bien lejanos de una bondad y de una auténtica cercanía de amor y amistad.

Es lo que hoy Jesús en el evangelio quiere denunciar de nuestra vida, o mejor, las actitudes nuevas que hemos de vivir con autenticidad y con una vida congruente. Porque decir lo bueno que hay que hacer en cierto modo es fácil y de eso es capaz todo el mundo, pero hacer que esa bondad abunde en nuestro corazón que luego se refleje en unas actitudes y en una manera de actuar es algo bien distinto.

Por eso Jesús los llama hipócritas, esa palabra que nos habla de una doble cara; era la careta que se ponían los actores en el teatro para poder representar a un personaje. Era esa apariencia que el actor tenía que dar para poder caracterizar al personaje. Las caretas con las que ahora nosotros quizás queremos representarnos es la de cumplidores y la de personas buenas, pero ¿dónde está nuestro corazón? ¿Qué es lo que realmente sentimos por dentro? ¿Cuál es, por ejemplo, la malquerencia que ocultamos detrás de una sonrisa? ¿Queda algo profundo dentro de nosotros tras esa religiosidad que vivimos quizás solamente por seguir unas tradiciones o porque queda bonito el que nos presentemos así con esos signos religiosos externos cuando quizás nuestro corazón está muy lejos de Dios?

Como les dice hoy Jesús a los fariseos ‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad …!’ Es lo que nos tiene que hacer pensar. Nos es en cierto modo decir que somos muy creyentes y muy cristianos porque quizás aun mantenemos unas costumbres y tradiciones en su origen fruto de una religiosidad profunda, expresión de unos sentimientos cristianos, pero quizás luego nuestros valores, las cosas que marcan el sentido que le hemos dado a nuestra vida están muy lejos de lo que Jesús nos enseña en el evangelio.

¿Reflejamos de verdad ese amor cristiano, ese amor con el sentido que nos enseña Jesús en lo que hacemos o lo que son nuestras relaciones con los demás? Seguimos discriminando y poniendo distancias con aquellos que no nos caen bien, mantenemos el resentimiento y hasta el odio en el corazón dejándonos de hablar por cualquier cosa por la que nos hayamos sentido heridos, somos incapaces de ser misericordiosos y compasivos con los demás ofreciendo generosamente el perdón, actuamos desde la ambición o desde la envidia para destruir cuanto de bueno puedan hacer los demás. Y esto son cosas que suceden cada día en esta sociedad donde decimos que todos somos cristianos y luego hasta hacemos grandes fiestas al ‘Cristo’ de nuestra devoción, a la Virgen o al patrono de nuestros pueblos. Tras esas fiestas, por ejemplo, ¿donde florecen los valores y las actitudes cristianas?

Porque cuando leemos un evangelio como el de hoy quizás nos preguntamos por qué los fariseos actuaban como actuaban y ya tenemos preparado nuestro juicio de condena. Pero, ¿no nos pareceremos de alguna manera nosotros a ellos porque también vamos actuando con esa doble vida? Es cierto que somos humanos y siempre en nosotros hay debilidades, pero lo humano y valiente es reconocer nuestra debilidad pero querer dejarnos transformar por unas buenas y nuevas actitudes.

Por eso termina hoy pidiéndonos Jesús que limpiemos el corazón por dentro. No dejemos nunca que la maldad, sea la que sea, se enroque dentro de nuestro corazón. Esa apariencia sería como la del que se pone olorosos perfumes, pero su cuerpo sigue sucio y lleno de desagradable sudor. Como nos dirá en otro momento, eso es lo que verdaderamente nos hace impuros.


lunes, 13 de julio de 2026

El camino puede tener baches que pongan en peligro el equilibrio de la paz pero aun así el perfume del amor de Cristo nos envuelve y fortalece en el camino

 


El camino puede tener baches que pongan en peligro el equilibrio de la paz pero aun así el perfume del amor de Cristo nos envuelve y fortalece en el camino

Isaías 1, 10-17; Salmo 49;  Mateo 10, 34 – 11, 1

Como solemos decir nos gustaría que en la vida todo nos marchara sobre ruedas, un camino de rosas lleno de colorido y buen perfume, pero bien sabemos que los caminos tienen baches y ese vehículo de la vida en muchas ocasiones nos vibrará más de lo que deseamos, y que las rosas, es cierto, tienen su bello colorido y su aroma que todo lo llena de perfume pero también tienen espinas y según como las afrontemos, las tomemos en nuestras manos muchas veces vamos a sentir sus pinchazos en nuestra carne y hasta nos producirán dolor y sangre.

Creo que esto que estoy diciendo nos puede ayudar a encontrar la clave de las palabras de Jesús; lo que hoy hemos escuchado viene a ser conclusión de aquellas recomendaciones que Jesús hacía a los que había escogido para ser apóstoles, para ser sus enviados. Es parte de esa formación y preparación que Jesús va haciendo con ellos ante la misión que van a recibir.

Ser los enviados de Jesús claro que nos produce una gran satisfacción, y sentir que van a hacer la misma obra de Jesús porque eso viene a significar ese poder que les ha dado para curar enfermos, expulsar demonios o resucitar muertos. Podríamos decir que se sienten como niños llenos de gozo porque les han regalado unos zapatos nuevos, así podríamos sentir también lo que es su misión. Pero aparte del desprendimiento y humildad que les ha pedido para que en verdad sean fieles a su misión también les anuncia Jesús, y lo hemos venido escuchando, que el camino no es fácil; lo que antes decíamos de los baches del. camino y de las espinas de las rosas.

Es lo que viene a decirnos hoy. Y nos habla de fuego y nos habla de guerras, nos habla de división cuando el mensaje que tenemos que trasmitir es el del amor y la paz, nos habla de los contratiempos cuando no seamos entendidos incluso por los más cercanos a nosotros, nos habla de la exigencia de un amor radical de manera que ningún otro amor podrá separarnos del amor de Dios, como un día nos reflexionara también san Pablo en sus cartas, nada puede estar por encima de ese amor que será siempre prioritario entre todos los amores humanos que tengamos, pero que será donde encontremos modelo que dé sentido y fuerza para mantenernos en esa fidelidad radical. Nos está pidiendo Jesús una opción radical siendo capaces de entregar la vida, perderla, porque eso es lo que será en verdad ganarla.

Pero nos deja al mismo tiempo el matiz bonito y delicado de saber que quien nos recibe está recibiendo a quien nos ha enviado, descubriendo así esa mediación tan hermosa que nosotros hemos de ser para los demás; pero también nos está enseñando el valor de las cosas pequeñas, porque un simple vaso de agua no quedará sin recompensa.

Gozosos hemos de sentirnos porque nos sentimos amados; gozosos por esa misión que pone en nuestras manos; gozosos porque podamos realizar la misma obra de Jesús; gozosos porque no nos sentimos solos, recordemos que nos ha prometido la asistencia de su Espíritu; gozosos porque también podemos parecernos a El cuando estamos viviendo su misma cruz; gozosos aun en medio de esos contratiempos que podamos encontrar cuando no somos comprendidos o incluso rechazados porque es signo de la autenticidad del mensaje que tratamos de trasmitir; gozosos porque al final tendremos la recompensa de la vida eterna que Jesús nos ha prometido.

lunes, 30 de marzo de 2026

Este lunes de pasión tiene que convertirse en un hermoso paso que demos en el camino hacia la Pascua ya tan cercana dejándonos envolver por el perfume de la misericordia

 


Este lunes de pasión tiene que convertirse en un hermoso paso que demos en el camino hacia la Pascua ya tan cercana dejándonos envolver por el perfume de la misericordia

Isaías 42, 1-7; Salmo 26; Juan 12, 1-11

Lunes de pasión, el solo mencionarlo nos parece que estamos llenos de crespones oscuros, los lunes parece que siempre tienen un no sé qué; dejamos atrás del día del descanso y de la fiesta pero es el comienzo de las tareas y los trabajos y siempre se nos hace penoso; pero este lunes tiene que tener un sabor especial, nos lo ofrece la Palabra de Dios proclamada. Como dirá el evangelio estamos a seis días de la pascua, pero la pascua ha de tener el paso de la pasión para que podamos llegar a la luz y la gloria de la resurrección.

Por una parte tenemos el canto del siervo de Yahvé que nos ofrece el profeta en la primera lectura. Una descripción mesiánica de lo que significa la presencia del que viene lleno del Espíritu del Señor que no gritará ni voceará por las calles, que cuidará que la mecha aunque sea vacilante se mantenga encendida, ni dará por desperdicio lo que parece una caña cascada, porque viene a restaurarnos, viene a abrir los ojos del ciego y dar libertad a los cautivos y a los que habitan en sombras de tinieblas. Aunque no sea comprendido, aunque quieran quitarlo de en medio se mantendrá firme en su misión porque viene lleno del Espíritu del Señor.

Son todos los signos que se han ido manifestando en Jesús, cura a los enfermos y resucita a los muertos, da vista a los ciegos y hace caminar a los que sienten inválidos; son las señales del Reino nuevo de Dios que Jesús nos anuncia, que Jesús viene a constituir, pero siempre habrá desconfiados, los que están acechando a ver qué pasa porque Jesús pide una conversión para ser un hombre nuevo, pero ellos se sienten a gusto en lo de siempre, rechazando la renovación de vida que Jesús nos pide y ofrece. Por eso querrán hacer desaparecer esas señales del Reino como a Él querrán quitarlo de en medio.

Jesús ha ido a Betania, a aquel hogar de sus amigos donde ha realizado el gran signo de una vida nueva con la resurrección de Lázaro; como siempre Marta está atenta al servicio y como siempre a María le toca la función de la acogida; un día se había quedado embelesada a los pies de Jesús escuchando que hasta se había olvidado de ayudar a su hermana en las tareas de la casa; hoy de nuevo estará a los pies de Jesús ofreciendo los gestos de la acogida y la hospitalidad, pero en esta ocasión parece que se ha pasado porque es un perfume de nardo puro con el que unge los pies de Jesús.

Pero siempre aparecerá el desconfiado y el aprovechado, por allá andará Judas pensando y diciendo que con aquel dinero se podía comprar comida para los pobres; ya el evangelista nos habla de la actitud que hay por detrás de esa apariencia, era el encargado de llevar la bolsa de las limosnas. Pero Jesús ha dejado hacer porque dice que eso anuncia su futura sepultura donde no tendrán ni tiempo ni ocasión de preparar los necesarios ungüentos. Un anuncio de pasión y de muerte, pero ya también hay un atisbo de anuncio de resurrección, de Pascua.

Pero por detrás aparecerá ya el comentario de los que querían acabar con Jesús y también con Lázaro porque mucha gente se les va de las manos porque comienzan a creer en Jesús. Son los crespones negros que nos aparecen en este lunes de pasión pero que no tienen que acobardarnos sino más bien sentirnos como Jesús lleno del Espíritu del Señor para el camino que nosotros también hemos de realizar. En estos días que nos faltan para la pascua necesitamos quizás destapar ese frasco de perfume de lo mejor que llevamos dentro, de nuestro amor; también quizás nosotros tenemos que adelantarnos como María de Betania porque a alguien tenemos que ofrecerle el perfume de nuestra acogida y nuestra hospitalidad; o necesitamos nosotros perfumarnos con ese perfume de la gracia porque en verdad nos liberemos de esas enfermedades o casi muertes que perturban nuestro corazón porque como aquella otra mujer que lavó los pies de Jesús con las lágrimas de nuestro arrepentimiento y con nuestro mucho amor busquemos su perdón, nos dejemos envolver por la misericordia del Señor.

Este lunes de pasión tiene que convertirse en un hermoso paso que demos en el camino hacia la Pascua ya tan cercana.


lunes, 15 de septiembre de 2025

El perfume de una madre que nos llega desde lo alto del calvario, de quien está al pie de la cruz

 


El perfume de una madre que nos llega desde lo alto del calvario, de quien está al pie de la cruz

Timoteo 2,1-8: Salmo 27; Juan 19,25-27

Cuando llegamos de nuevo a casa, quizás después de largo tiempo ausentes, o quizás después de malas rachas que hayamos soportado en los avatares de la vida, quizás cansados después de un largo y agotador día de trabajo, o sencillamente porque hemos salido y hemos andado entretenidos en la vida, lo primero que saboreamos probablemente sea el olor de la madre, quizás aspiramos su perfume – cada uno tiene su característico olor – o escuchamos su sonrisa que suena a música, nos llega el olor que se desprende de la cocina, o sentimos el rumor de sus pasos, echamos de menos sus caricias y su abrazo o acaso su hombre sobre el que descansar; aunque estuviera ausente sabemos que es su casa y disfrutamos de su acogida o de sus palabras de consuelo en nuestros llantos, de su silencio que sin embargo nos hace sentir su presencia aunque ahora sea de forma misteriosa, o su mirada siempre llena de comprensión, lejos de reproches, con su paciencia infinita para esperarnos aunque tardáramos en llegar. Es el sabor de hogar, es el cariño de una madre que nunca nos falta, es la acogida de los brazos siempre abiertos, es la mirada comprensiva pero que en silencio nos hace superar nuestros cansancios. Necesitamos de la presencia de esa madre, aunque solo sea de una forma espiritual o virtual porque no siempre sea posible esa presencia física a nuestro lado.

Hoy Jesús nos regala una madre, nos regala a su madre. Desorientados y sin saber que hacer o como iban a terminar todo aquello, perdidos porque no encontraban salida y casi les parecía todo un fracaso, escondidos y temerosos porque a ellos podía pasarle lo mismo, buscando refugio sin saber a qué atenerse o donde podrían encontrar quien los acogiera a ellos que parecían unos perdidos y fracasados, así andaban los discípulos; solo uno se había atrevido a seguir la comitiva hasta el calvario porque quien se había aventurado al principio a llegar hasta el patio de la casa del Pontífice, todo lo había resultado peor porque al final había negado conocerle, cuando tanto había confiado Jesús en El haciéndole promesas que ahora parecía que no se podían cumplir.

Y allí estaba, al pie de la cruz, junto a aquellas pocas mujeres que se habían arriesgado a acompañar a María. Allí estaba quien seguía manteniendo su amor por Jesús aunque no supiera en qué iba a terminar todo a pesar de los anuncios y promesas de Jesús. Como se diría siempre de él era el discípulo amado. Y había recibido un regalo.

Necesitaban el olor de una madre, necesitaban quien abriera el corazón para acogerles ahora que estaban tan desesperanzados, necesitaban aquella sonrisa y aquella mirada que les sabía al perfume de un ramo de rosas. Y Jesús les había hecho aquel regalo. No era solo para aquel discípulo que se había arriesgado a llegar hasta el calvario, aunque él fuera quien directamente escuchara las palabras y las promesas de Jesús. ‘Ahí tienes a tu madre’. Era a Juan a quien se lo estaba diciendo, pero en Juan estaban todos los discípulos, todos los que querían seguir manteniendo su amor por Jesús, quienes a pesar de andar tan perdidos seguían añorando el perfume y la presencia de una madre.

¿Nos sentiremos allí representados? Porque el evangelio no es para uno solo, las buenas noticias tienen que difundirse y todos participar de la alegría que reciben con ellas. Aunque Juan fuera el que se la llevara a su casa, era para nosotros, era para todos. La Iglesia seguiría sintiendo la añoranza de una madre, la necesidad de tener una madre a su lado, y desde entonces allí estaría María. Todo el verdadero discípulo de Jesús lo comprende, porque todo verdadero discípulo de Jesús tiene que saber lo que es la acogida, no solo por sentirse acogido, sino porque estaría siempre con los brazos abiertos para recibir y para acoger. ¿Cómo no iba a hacerlo con aquel regalo que desde la cruz Jesús les estaba haciendo?

Nosotros también queremos recibirla en nuestra casa. Nosotros también queremos estar junto a ella al pie de la cruz, porque sabemos que ella va a estar siempre a nuestro lado cuando estemos en nuestra cruz, en nuestra soledad, con nuestro corazón perdido, en nuestros miedos y cobardías, en las veces que caminemos sin rumbo. Y aquí podemos pensar y podemos decir muchas cosas. Dejemos que fluya el corazón, que se derrame nuestro amor también por María. Es la Madre, nuestra madre. No la podemos dejar. La que siempre nos a hacer disfrutar del perfume de su vida. De ella aprenderemos además a ser siempre acogedores, a ir mostrando ese lado de la ternura de nuestro corazón.

martes, 5 de agosto de 2025

Una mano que nos da seguridad en el camino y los peligros, nos levanta de nuestros desánimos, nos perfuma con una unción de vida, pone esperanza y alegría en el corazón

 


Una mano que nos da seguridad en el camino y los peligros, nos levanta de nuestros desánimos, nos perfuma con una unción de vida, pone esperanza y alegría en el corazón

Números 12, 1-13; Salmo 50; Mateo 14, 22-36

¿Alguien te ha pedido alguna vez que le des la mano porque al pasar por un sitio peligroso siente miedo? Seguramente le hemos dado la mano que le sirva de apoyo para que se sienta segura diciéndole que no tiene por qué temer, que allí estamos nosotros para ayudarle. Parece quizás una cosa sencilla y que no tuviera mucho valor, pero para quien está pasando por ese episodio de miedo le es un gesto de mucha importancia.

No ya solo un sitio peligroso que dé vértigo o que pueda traer otras consecuencias que pudieran poner en peligro nuestra vida sino que entendemos que en situaciones así, y no refiriéndonos a lo material, nos podemos encontrar todos en muchas ocasiones. Miedos ante lo que pueda suceder, ante lo imprevisto, a lo que puedan los otros decir, a las situaciones dolorosas de la vida cuando nos cercan los problemas, a lo que sucede en nuestro entorno y en algo muy concreto en la familia, a lo que hemos hecho que pudiera ahora traernos consecuencias… podríamos seguir así y la lista se nos haría interminable; momentos oscuros en que nos sentimos solos, que necesitamos una mano o una voz, una presencia que sea aliento, algo especial que nos haga sentirnos seguros, valentía para afrontar esas situaciones y encontrar un camino de salida, soledades que necesitan una compañía.

Me hace pensar en todo esto la página del evangelio que hoy se nos ofrece en dos de sus momentos. Jesús había embarcado a los discípulos rumbo a la otra orilla, mientras El despedía a la gente, aunque luego se fue solo a la montaña para orar. Cada uno de sus pasos son importantes y necesitarían mucho comentario. Pero nos centraremos en los discípulos en medio del lago, en una travesía que se les está haciendo costosa, pero en la que además se sienten solos, porque Jesús se ha quedado en tierra. Estaban ya tan acostumbrados a estar siempre con Jesús, que ahora sienten esa soledad y les parece que la barca no avanza.

Pero no están solos, aunque hasta ahora no lo han visto, Jesús viene a su encuentro. El siempre se las arregla para estar a nuestro lado. Pero aquellas soledades que en la noche estaban pasando les ciegan; cuantas veces nos cegamos y no vemos lo que tenemos a un palmo de nuestras narices. No solo les ciega sino que les confunde. Creen ver un fantasma y se ponen a gritar llenos de miedo. En otra ocasión en la barca y en aquel mismo lago habían gritado desesperados, porque aunque Jesús estaba allí, parecía ajeno a la tempestad por la que estaban pasando. ‘No te importa que nos hundamos’, había sido la queja con la que le habían despertado. Cuantas cegueras se nos meten en la vida que nos hacen no entender.

‘Soy yo, no temáis’. Aunque reconocen su voz, esa voz inconfundible que tantas veces habían escuchado y que tantas cosas les había hecho comprender, que les explicaba a ellos de manera especial cuando la gente no entendía nada, que les recordaba una y otra vez el nuevo sentido de sus vidas que tenía que ir por la humildad y el servicio. Esa voz que un día sacará de su letargo y sus lágrimas a Magdalena que está cegada a la puerta del sepulcro con que habían robado el cuerpo de Jesús. Pero ahora ellos siguen dudando.

‘Si eres tú, haz que yo pueda ir hacia ti sobre el agua como Tú’, había sido la petición de Pedro. ‘Ven’, le había dicho Jesús y esa palabra tenía que darle confianza y seguridad, le tenía que hacer mantenerse en su intrepidez y aunque se había puesto a caminar sobre el agua para llegar hasta Jesús – en otra ocasión se lanzaría a nado con ropa y todo para llegar más prontamente – una brisa que levantaba una ola le hizo dudar y comenzó a hundirse. Será la mano de Jesús la que lo levante y le ponga de nuevo en la barca para que se sienta seguro.

La mano que Jesús nos tiende, que pone sobre nuestro hombro, que toca nuestro cuerpo malherido, con la que pone un nuevo colirio en aquel barro que amasó con su saliva sobre nuestros ojos, con la que nos hace tomar esa camilla de nuestras invalideces para que nos levantemos y la carguemos caminando con seguridad en la vida, la que nos levantará de ese sueño que parece muerte como a la niña de jairo para que comencemos a hacer una vida normal, la que nos ayudará a bajar de nuestra higuera para hacer que nuestro día sea muy especial, la que dejará su manto a voleo para que nos agarremos de él y nos sintamos curados, la que nos hará sentir nueva alegría en el corazón porque a pesar de nuestros desánimos y nuestras dudas y errores va a ser Él quien perfume nuestra vida con un olor que nos envuelva y envuelva cuando nos rodea que nos sepa a unción. De cuántas maneras llega la mano de Jesús a nosotros para darnos seguridad y para darnos vida.

¿Será la mano que de igual manera nosotros tenderemos a los demás para transmitirles también vida convirtiéndonos así en signos de Jesús?


lunes, 16 de diciembre de 2024

Con la autoridad de nuestra fe y nuestro amor sigamos sembrando la buena semilla para hacer florecer las flores de un mundo nuevo aunque no nos entiendan

 


Con la autoridad de nuestra fe y nuestro amor sigamos sembrando la buena semilla para hacer florecer las flores de un mundo nuevo aunque no nos entiendan

Números 24, 2-7. 15-17ª; Salmo 24; Mateo 21, 23-27

¿Quién te crees que eres? ¿Quién eres tú para meterte en lo que yo hago? ¿Quién te ha dado autoridad? Algo así habremos oído, nos habrán dicho quizá, cuando con nuestra buena voluntad cuando vimos algo que no nos agradaba intervenimos para poner paz quizás en un conflicto, para hacer entrar en razón a alguien, o simplemente para echar una mano y hacer que las cosas marcharan bien.

No nos gusta quizás que se metan en nuestras cosas, vivimos en una rutina conformista y decimos que las cosas tienen que ser así y por qué hay que cambiarlas si a nosotros nos parece bueno o ya nos arreglamos, nos molesta quizás que nos hagan pensar y razonar, nos sentimos heridos en nuestro orgullo cuando nos hacen ver que andamos equivocados… mil razones que nos buscamos, para no aceptar que nos corrijan, o que nos ayuden a ver cómo las cosas han de ir por otro camino. Terminaremos diciendo aquello de ‘siempre ha sido así’.

Era lo que Jesús se estaba encontrando con aquello que estaba establecido, con sus ideas preconcebidas o interesadas de cómo habían de vivir su religiosidad, con la idea que tenían de Dios en contraposición a lo que Jesús les estaba descubriendo. Mientras la gente sencilla se admiraba de lo que Jesús decía y hacía, se sentían liberados de unas formas de entender la vida y la religiosidad que se convertía en algo que les oprimía, o se despertaban sus esperanzas de que algo nuevo y distinto tenía que suceder con lo que tuvieran una nueva ilusión, una nueva visión de la vida, los dirigentes del pueblo en el ámbito religioso y social se resentían y se resistían a lo que Jesús enseñaba, a lo que Jesús les decía que tenía que ser el sentido del Reino de Dios que les anunciaba. ¿Qué tipos de intereses podía haber por medio?

Con preguntas hechas de forma capciosa, con halagos en otras ocasiones, enfrentándose de alguna manera a la forma de actuar de Jesús ya comenzaban a manifestarse. En ocasiones trataban de desprestigiarlo porque comía con pecadores, con publicanos y prostitutas, ahora, después de haber expulsado Jesús a los vendedores del templo – hemos de tener en cuenta que el texto de hoy es continuación de ese texto mencionado – vienen a preguntarle qué derecho tenía Jesús para hacer eso, para expulsar a los vendedores del templo, cuando ‘siempre eso había sido así’. Jesús trataba de purificar el templo para que en verdad fuera casa de oración y de encuentro con Dios como tenía que ser todo templo.

Pero Jesús en su sabiduría ahora no les responde sino más bien les plantea como un dilema que ahora ellos no saben o no quieren responder. ¿No me respondéis? ¿Yo tampoco os hablo de mi autoridad? Eso tenéis que descubrirlo por vosotros mismos. Realmente era algo profético lo que Jesús había realizado, como tantos signos con los que los profetas les habían hablado en otros tiempos y tenían contenidos en la Escritura Santa.

Y no podemos olvidar los cristianos hoy que Jesús a nosotros nos ha confiado la misma misión y nos ha dado la misma autoridad. Y nuestra misión es seguir siendo sembradores de la buena semilla, aunque no siempre caiga sobre la buena tierra que necesita. Pero ahí están esas semillas de bondad y de amor, de paz y de concordia, de autenticidad y de sinceridad, de fraternidad y de comunión que tenemos que seguir sembrando. Es el buen olor que tenemos que dejar a nuestro paso en la vida. Son las flores de vida y colorido que hemos de hacer crecer.

Es cierto que nos sentimos débiles, es cierto que algunas veces tenemos tropiezos o cometemos errores, pero llevamos la verdad de Jesús en el corazón, estamos inundados de su amor, tenemos que resplandecer con su luz. No podemos desistir. Tenemos la autoridad de nuestra fe y de nuestro amor. Es lo que mantiene nuestra esperanza. Es lo que nos fuerzas para seguir adelante aunque seamos cuestionados o rechazados.

No puede pesar en nosotros la historia oscura que podamos tener detrás, pero ahora tenemos la luz de Jesús, ahora nos hemos llenado de su vida y de su Espíritu. El está con nosotros y esa es nuestra autoridad. Es lo que hará que seamos capaces de darle la vuelta a muchas cosas para darle un nuevo sentido, es lo que nos convierte en profetas de algo nuevo que tenemos que hacer brotar, que tenemos que construir.

Es lo que nos hace decir una palabra buena y en el momento oportuno, es lo que nos impulsa a ese gesto valiente de generosidad, es por lo que iremos transformándonos nosotros para poder transformar nuestro mundo.

lunes, 25 de marzo de 2024

Un perfume, el del amor, como el de Betania a partir de la pascua tiene que envolver nuestra vida y tiene que inundar nuestro mundo para transformarlo

 


Un perfume, el del amor, como el de Betania a partir de la pascua tiene que envolver nuestra vida y tiene que inundar nuestro mundo para transformarlo

Isaías 42, 1-7; Salmo 26; Juan 12, 1-11

En la vida no dejamos de aprender. Claro, si queremos, si sabemos estar atentos a las lecciones que nos va dando la vida. Ante lo que nos sucede a veces nos resignamos y no aprendemos, lo tomamos como muy natural que las cosas sucedan así, pero no sabemos sacar la lección. Y si estamos atentos en aquello que nos va sucediendo vamos aprendiendo. Hay cosas que podrían ser punto de partida de cambios radicales de la vida, o al menos de mirar las cosas con otras perspectivas, o ser capaces de ser observadores para darnos cuenta que los horizontes se pueden ampliar. No nos podemos cegar, ni como decíamos resignarnos.

Hoy contemplamos en el evangelio una comida, de alguna manera una comida familiar. Pero en los personajes que, por así decirlo, invitan a aquella comida estamos descubriendo nuevas formas de estar, de hacer las cosas. Podíamos recordar otros momentos de las visitas de Jesús a Betania; siempre lo vemos como un lugar de paz donde Jesús se siente acogido. Eran los amigos de Jesús; recordamos que el recado que envía Marta Jesús ante la enfermedad de Lázaro es decirle, ‘tu amigo está enfermo’. Luego veremos la confianza e intimidad que había entre ellos y con Jesús en la forma de expresarse, aunque fuera con sus quejas, cuando Jesús llega y Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado, ‘si hubieras estado aquí’, le dice.

Pero recordamos también que en aquellas visitas de Jesús hay momentos en que se crea cierta tensión. Marta andaba afanada en los preparativos para acoger a Jesús y María no ayudaba, se había sentado a los pies de Jesús para escucharle. Y vinieron las quejas de Marta y las palabras de Jesús. Pero ahora parece todo distinto, Marta como siempre servía a la mesa, Lázaro estaba sentado entre los comensales, Jesús y sus discípulos y gente que se acercaba por conocer a Lázaro después de su resurrección y de camino también para estar con Jesús. Y María vuelve a estar a los pies de Jesús, pero ahora con un frasco de nardo purísimo para derramarlo sobre los pies de Jesús y haciendo que el perfume inundara toda la casa.

Nuevas eran las actitudes y las posturas. El reproche no surge de aquellos corazones que estaban entusiasmados por Jesús y quieren ofrecerle lo mejor. María, nos dice Jesús, tenía reservado aquel perfume para su sepultura, pero es ahora cuando se lo ofrece a Jesús y Jesús lo acepta. Son los gestos y los detalles del amor. Solo los interesados andarán con otros pensamientos. ‘Se hubiera podido vender por trescientos denarios para dar el dinero a los pobres’, apunta por allá Judas; pero el evangelista nos descubre los intereses y los manejos de quien llevaba la bolsa común. No sé qué pasa pero cuando andan por medio los dineros, los intereses del corazón se tergiversan.

Todo tiene el perfume de la Pascua. Jesús habla de su sepultura; se recuerdan los ungüentos y perfumes que se utilizan en los ritos funerarios. Ya el evangelista nos dice que este acontecimiento sucede seis días antes de la Pascua. Y Jesús nos deja a entrever lo que sí tenemos que hacer a partir de la Pascua, donde nos vamos a encontrar en el camino de la vida a los pobres, con los que entonces sí tendremos que compartir, porque cuanto a ellos les hagamos es a Cristo mismo a quien se lo estamos haciendo.

El perfume que aquel día inundó la casa y la comida de Betania es el que a partir de la Pascua tendrá que ir envolviendo nuestra vida e inundando nuestro mundo. Algo nuevo tiene que comenzar, un nuevo olor tiene que haber en nuestra vida, el perfume que tiene que desprenderse de nuestro amor, y el perfume del amor con que tenemos que transformar nuestro mundo.

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Hoy cuando celebramos la fiesta de Todos los Santos sepamos aspirar el perfume del amor, de la rectitud, de la verdad, de la santidad que tantos exhalan con sus vida a nuestro lado

 


Hoy cuando celebramos la fiesta de Todos los Santos sepamos aspirar el perfume del amor, de la rectitud, de la verdad, de la santidad que tantos exhalan con sus vidas a nuestro lado

Apocalipsis 7, 2-4. 9-14; Sal 23; 1Juan 3, 1-3;  Mateo 5, 1-12a

A vivir que son cuatro días, para allá no nos llevamos nada… son expresiones que escuchamos con frecuencia, y es fácil que en estos días, por aquello de las celebraciones de los difuntos, escuchemos con mucha frecuencia, sobre todo mañana aunque para muchos se haya trasladado esta celebración al día primero con merma del sentido que tiene este día. Esos son los que el mundo llama dichosos, porque la felicidad se les queda en eso, vivir, disfrutar, pasarlo bien sin preocupaciones ni problemas que nos quiten el sueño, y de ahí ya sabemos en lo que consisten esos disfrutes y esas maneras de ser felices.

Pero qué contraste con lo que hoy escuchamos en el evangelio, lo que tendrían que ser nuestros valores, nuestros sueños y nuestras metas si en verdad nos decimos cristianos, seguidores de Jesús y su evangelio. Pasarlo bien parece que es tener de todo, pasarlo bien es que nunca nada nos haga sufrir, porque intentamos pasar por encima de todo eso sin querer atender a esos detalles, pasarlo bien es que yo sea feliz y poco me importe lo que le pasa a los demás, pasarlo bien es sentirme siempre triunfador, colocado como sobre un pedestal porque todos me admiren aunque algunos quizás me teman, y así podríamos seguir haciendo relación de esa manera de entender eso de pasarlo bien.

En contraste, Jesús habla de pobres, de gente que llora y que sufre, habla de los que son incomprendidos por los principios y valores sobre los que han fundamentado su vida, habla de saber llorar también con los que lloran y con los que sufren, habla de unos caminos de rectitud frente al mal que nos rodea lo que tendrá que llevarme a un camino continuo de superación y de vencimiento ante tantas cosas que nos rodean y nos atraen por caminos fáciles. Pero, ¡ojo!, Jesús nos está diciendo que serán dichosos y serán felices y bienaventurados.

Es un nuevo sentido de vivir, es una nueva riqueza que buscamos para nuestra vida, son unos nuevos caminos que nos van a llenar de las satisfacciones más hondas y que serán las que van a permanecer para siempre con nosotros y sí nos vamos a llevar para allá. Es una vida de trascendencia, que nos hace ir más allá del momento presente para encontrar lo que va a dar verdadera plenitud a nuestra vida. Es una vida donde vamos llenando el corazón no de riquezas caducas que las polillas pueden corroer o los ladrones robar.

Son los verdaderos tesoros que embellecen el corazón y que no se quedan en vanidades exteriores que pronto pueden ajarse o que el paso de los años van a llenar de arrugas. Serán esos corazones generosos, compasivos, llenos de ternura y de misericordia cuya sintonía va a hacer felices a muchos. ¡Qué bien nos sentimos al lado de los que tienen un corazón así! ¡Qué mundo distinto construiríamos si todos fuéramos capaces de entrar en esa sintonía!

Es a lo que nos está invitando esta fiesta de todos los Santos que hoy celebramos. Es nuestra fiesta, es el día de todos nosotros, es el día de todos los que han caminado a lo largo de los siglos queriendo seguir y vivir ese camino, es el día en que tenemos que mirar en torno nuestro para darnos cuenta, aunque vivan una vida silenciosa, de tantos y tantos que viven en esa sintonía del evangelio.

Como nos decía el Papa Francisco en una ocasión tenemos que saber descubrir a los santos de la puerta de al lado. Esas personas que están junto a nosotros, cercanas a nuestra vida, con sus luchas y trabajos, con sus deseos de superación a pesar de las debilidades que quizás muchas veces les hagan tropezar e incluso caer, pero con la ternura que van derramando a su paso por la vida en sus familias, en los hijos, en los esposos, en los amigos que están cercanos o con todo aquellos con los que se van encontrando. No somos santos porque nunca hayamos tropezado y quizás caído, sino por esos deseos hondos que tenemos dentro de nosotros de darle un sentido de plenitud y trascendencia a nuestra vida y así queremos ir derramando esas semillas de amor  de paz allí donde estamos.

Hoy cuando celebramos la fiesta de Todos los Santos, no solo miramos el catálogo de los que han sido canonizados por la Iglesia – aunque ellos son también un estímulo, un ejemplo y un rayo de esperanza para todos – sino queremos tener en cuenta a tantos que nos han precedido o que conviven a nuestro lado y han ido dejando tras de sí el perfume del amor, de la rectitud, de la verdad, incluso como decíamos con sus debilidades, y que son también para nosotros ese estimulo y ese ejemplo para nuestro propio camino. Creo que esta celebración tendría que hacernos abrir los ojos para descubrir esos santos que caminan a nuestro lado y nunca tenemos en cuenta.

Son los que viven, como nos decía el Apocalipsis, en medio de la tribulación de la vida, pero están queriendo siempre lavar sus mantos en la sangre del Cordero y, aunque no escuchemos su canto por falta de sensibilidad en los oídos de nuestro corazón, están cantando con sus vidas el glorioso cántico de alabanza al Señor que se eleva desde todos los rincones y con toda la creación.

lunes, 3 de abril de 2023

Una nueva perspectiva que se abre ante nosotros, ceñirnos para postrarnos a los pies del Jesús que encontramos en el hermano para derramar el perfume de nuestro amor

 


Una nueva perspectiva que se abre ante nosotros, ceñirnos para postrarnos a los pies del Jesús que encontramos en el hermano para derramar el perfume de nuestro amor

Isaías 42, 1-7; Sal 26; Juan 12, 1-11

Un día también en un banquete se había introducido una mujer que también tenía mucho amor. Igualmente había derramado un frasco de perfume sobre los pies de Jesús; no sabemos si entonces eran un perfume de mucho valor, aunque se supone, porque las lágrimas de aquella mujer tienen el valor del amor y del arrepentimiento. Era una mujer pecadora que se había atrevido a meterse en la casa de un fariseo que daba un banquete a Jesús. La incomodidad de este hombre por lo que estaba sucediendo, y además en su casa, era notoria. ¿Cómo se había atrevido aquella mujer a meterse en su casa y llegar a tocar los pies del Maestro? Pero allí estaban los besos y las lagrimas del amor, de mucho valor, que incluso merecerían la alabanza de Jesús porque así tenía asegurado su perdón.

Hoy es otra mujer agradecida la que derrama un caro perfume sobre los pies de Jesús. No era la primera vez que se sentaba a los pies de Jesús, pues esa era su postura preferida cuando Jesús visitaba aquel hogar de Betania. Alguna vez había recibido los reproches de su hermana porque no la ayudaba en la casa en las tareas de la hospitalidad que se debía a los huéspedes, pero Marta afanosa en sus quehaceres y preparativos no había caído en la cuenta que la mejor forma de acogida y hospitalidad no es ofrecer cosas, sino poner el corazón atento para beberse sus palabras de quien era acogido en la casa.

Ahora es Maria, la de Betania, después que Jesús les había devuelto con vida al hermano que se había enfermado y muerto sin que llegara a tiempo Jesús – aún sonaban los reproches, ‘si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano’, que te habíamos avisado – ofrece aquel perfume de nardo purísimo para perfumar los pies de Jesús. Será el interesado Judas Iscariote el que se preocupe de que aquella fortuna se pudiera haber gastado en los pobres, pero Jesús será quien del significado de aquel gesto de María de Betania. ‘Lo tenía guardado para mi sepultura’.

Nosotros estamos a punto de celebrar el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. ¿Andaremos también desorientados en lo que tenemos que hacer como aquellos discípulos que cuando perdieron a Jesús lo abandonaron y huyeron? ¿Andaremos también despistado como las buenas mujeres que en la mañana del primer día de la semana iban al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús sin pensar siquiera quien les correría la piedra de la entrada del sepulcro? ¿Andaremos con derroches quizás y afanados en muchas preocupaciones porque tenemos que tener bien preparadas todas las cosas de la semana santa para que todo salga bien y esplendoroso?

¿Acaso no tendríamos como estas dos mujeres que hemos mencionado preparar los perfumes con los que ungir y perfumar los pies de Jesús? No tenemos que buscar caros perfumes pero sí el perfume más preciado de nuestro arrepentimiento y de nuestro amor con el que postrarnos a los pies de Jesús. Será otro gesto el que veremos destacar con un especial resplandor en estos días, sobre todo en la tarde del jueves santo. Postrarnos a los pies, para lavar los pies. ¿Con lágrimas de amor como la mujer pecadora? ¿Con perfume carísimo como María de Betania como la mejor expresión de agradecimiento? ¿O será acaso con la cintura ceñida y el agua en la jofaina de nuestro espíritu de servicio como contemplaremos a Jesús?

Perspectivas para una nueva y mejor semana santa tenemos ante nosotros en el evangelio que estamos meditando. Lo importante es que tengamos la valentía de ceñirnos para postrarnos a los pies… con toda la fuerza de nuestro amor y espíritu de servicio.

lunes, 11 de abril de 2022

Sentémonos hoy en Betania a la mesa con Jesús y que lo que allí sucede y contemplamos nos ayude a prepararnos para sentarnos a la cena pascual

 


Sentémonos hoy en Betania a la mesa con Jesús y que lo que allí sucede y contemplamos nos ayude a prepararnos para sentarnos a la cena pascual

Isaías 42, 1-7; Sal 26; Juan 12, 1-11

Una cena en Betania; no es la cena pascual porque aun faltan seis días para la pascua; pero por lo que allí sucede sin ser cena pascual tiene connotaciones de pascua. Hay un recuerdo y una gratitud. Allí está Lázaro el que había sido resucitado hace pocos días, lo que motivaba que también hubiera mucha gente que había venido a ver a Lázaro.

Pero están Marta y María; Marta como siempre afanada en los preparativos de la cena, parece que ella no podía esta de otra manera; pero de nuevo a los pies de Jesús María. Si un día se había puesto a los pies de Jesús para escucharle, ahora quería mostrar las pruebas de su amor. Había comprado un perfume de nardo muy caro y lo había derramado a los pies de Jesús.

Era parte de la hospitalidad el ofrecer al huésped por parte del dueño de la casa agua y perfume; eran sus purificaciones rituales, pero algo muy normal en un pueblo que tenía su origen en un pueblo de beduinos dedicados al pastoreo en los campos, al regresar era normal el agua y el perfume. Ahora aquel perfume envolvía con su aroma toda la casa.

Contemplando este episodio yo querría ser uno de los participantes en aquel banquete y sentarme también a la mesa con Jesús en aquel hogar tan acogedor de Betania. Seamos uno más de los comensales, no en vano esta comida va a servir como preparación de alguna manera para la inminente cena pascual donde también queremos estar. Vamos a dejarnos llevar por los hechos y los acontecimientos que se van sucediendo. Pensemos cómo vamos a intervenir también.

Está esa mujer desinteresada y generosa con un corazón lleno de amor. Nos recordará siempre otro episodio narrado por otro evangelista, que muchas veces nos lleva a la confusión. Pero en uno y otro caso lo que lo mueve todo es el amor. Un amor hecho arrepentimiento en lo sucedido en la casa de Simón el Fariseo con aquella mujer pecadora, y ahora un amor hecho gratitud porque se habían contemplado los maravillas de Dios. ¿Cuánto perfume estaríamos nosotros dispuestos a derramar en los pies de Jesús? Perfume y lágrimas, porque nos sentimos tan indignos de sentarnos a la mesa con Jesús, que casi más bien tenderíamos a ocultarnos donde pasáramos desapercibidos. Pero ¿no podemos pensar acaso que tendríamos que hacernos notar de alguna manera?

Por allá surgieron los calculistas interesados. Aquel perfume se podía haber vendido por trescientos denarios. Una cantidad considerable que también nos podrá pasar por la mente si era o no era necesario, el gastarlo así. El interés de quien llevaba la bolsa del grupo de los discípulos que acompañaban a Jesús, ya nos dice el evangelista que le gustaban los dineros, de los que era fácil apropiarse. Su aparente interés por los pobres ocultaba otros intereses más nocivos. ¿Pudiéramos sentir nosotros también en nuestro corazón la tentación del raquitismo? Pudiera faltarnos quizá generosidad para dar no unos bienes materiales sino algo más importante, poner a tope nuestra vida en la actitud de servicio.

Pero por los alrededores de la mesa andaban los curiosos a los que solo les movía lo espectacular que había sucedido con la resurrección de Lázaro, pero estaban también aquellos que andaban maquinando contra Jesús; también a Lázaro querían quitar de en medio. Mira lo que queda aun en el corazón que tendríamos que purificar para poder llegar a sentarnos en la mesa de la cena pascual. Con apariencia de algo bueno y bonito, quizá seguimos ocultando miserias en nuestros corazones.

Nos hemos querido sentar a la mesa del banquete pero que no sea solamente desde ese sentirnos llamados por cosas espectaculares, por cosas que brillan como oropeles, pero que no son en verdad el tesoro que ha de llenar nuestro corazón. Cuidado que para muchos la celebración de la pascua se pueda quedar en esos aspectos, mucho brillo, muchas luces, muchas flores, mucha espectacularidad, muchas lágrimas emotivas también, pero que no van realmente buscando el encuentro con el Señor. ¿En qué se nos quedarán muchas de las cosas que hacemos en nuestras celebraciones pascuales?

Como decíamos esta cena de Betania sin ser la cena pascual tenía ciertas connotaciones pascuales, porque como diría Jesús en aquel perfume con que fueron ungidos sus pies había un adelanto de lo que habría de ser su sepultura. Sentémonos hoy en Betania a la mesa con Jesús y que eso nos ayude a prepararnos para la cena pascual.

viernes, 18 de marzo de 2022

Como perfume, como luz o como sal hemos de expandirnos por el mundo con los dones que Dios ha puesto en nuestras manos y de los que somos administradores

 


Como perfume, como luz o como sal hemos de expandirnos por el mundo con los dones que Dios ha puesto en nuestras manos y de los que somos administradores

Génesis 37, 3-4. 12-13a. 17b-28; Sal 104; Mateo 21, 33-43, 45-46

Malo es sentirse dueño de algo de lo que solo soy un administrador. Quien administra algo que se le ha confiado ha de saber actuar con responsabilidad en su función, pero siempre conciente de cual es su papel, del que un día le han de pedir cuentas, pues solo es un servicio que presta – es cierto con su remuneración y sus beneficios – en ese encargo que le han confiado. Mal podríamos pensar de un administrador que se cree dueño para hacer y para deshacer, para buscar solo sus propios beneficios y no ser consciente de la función que allí desempeña. No podemos apoderarnos cual presas de rapiña de aquello que no es nuestro, aunque en nuestras manos esté, pero de lo que solo somos unos administradores que hemos de conseguir los mejores beneficios para quien en verdad es el propietario.

Con este sentido nos propone Jesús algunas parábolas, como la de aquel administrador injusto, aunque fuera muy sagaz en sus manejos. Hoy nos propone Jesús esta parábola de la viña y los viñadores que no rinden cuentas, sino lo que es peor tratarán de apoderarse de aquella viña.

Es cierto que en una primera lectura de la parábola y dada la situación en la que Jesús la propuso está haciendo como un repaso a la historia de Israel. Son el pueblo de Dios, la viña preferida del Señor, como ya aparece incluso en los profetas del Antiguo Testamento. Ahí está toda la historia del amor de Dios por su pueblo, al que había elegido en Abrahán y al que un día liberará de la esclavitud de Egipto conduciéndolo en medio de obras portentosas a través del desierto hasta la tierra que les había prometido.

Aquello que Moisés en el Deuteronomio les había advertido pronto lo olvidaron. Cuando lleguen a aquella tierra que Dios les va a dar y comiencen a comer del fruto de aquella tierra, que no olviden al Señor su Dios que un día los había liberado de Egipto, les había hecho cruzar el mar Roja y los había llevado a la tierra prometida. No te olvides del Señor, tu Dios, les había advertido Moisés. Pero bien sabemos la historia de altos y bajos que fueron recorriendo, olvidándose de la Alianza que habían hecho en el Sinaí y no dando los frutos que Dios esperaba de ellos.

Nos lo refleja la parábola, como el final o el momento culminante de aquella historia cuando Dios les envía a su propio Hijo. ¿Qué estaban haciendo ahora con Jesús? ¿Merecían ellos aquellos dones de Dios dada la respuesta que estaban dando? ¿Habían sido buenos administradores de los dones de Dios?

Pero hoy que nosotros estamos escuchando esta Palabra de Dios no nos quedamos en recordar historias antiguas, o la referencia a la respuesta o no que otros hayan dado, sino que tenemos que ver nuestra propia historia, nuestra propia vida. ¿Cómo respondemos a los dones de Dios?

Pensamos en el don de la vida que Dios nos ha regalado, ¿somos capaces cada día de dar gracias a Dios por ese don tan maravilloso que es nuestra propia vida? Somos administradores de ese don de Dios en nosotros. Hay quien puede pensar que puede hacer de su vida lo que quiere porque es su propia vida, pero un creyente no puede pensar de esa manera. esa riqueza que hay en nosotros, en nuestra vida con sus dones y cualidades, no es solo para nosotros mismos sino que vivimos en un mundo en el que tenemos que ser buena semilla que alegre con las flores de sus valores al mundo que le rodea pero que también dé sus frutos.

Pensamos en la vida, pero pensamos en la riqueza de nuestra fe, semilla que Dios ha plantado en nuestro corazón. Con ella hemos de saber perfumar nuestro mundo porque con ella descubrimos un nuevo sentido, un nuevo valor a cuanto hacemos y cuanto vivimos. No nos la podemos guardar para nosotros mismos; es algo de lo que hemos de saber contagiar a los que nos rodean, con ella hemos de saber ser luz para los demás, con ella tenemos que ser sal para nuestra tierra.

Como el perfume que se expande embriagando a cuantos lo reciben, como la luz que con sus resplandores ilumina cuanto hay en su entorno, como la sal que da buen sabor a aquello que es nuestro alimento despertando el apetito de lo mejor, así tenemos que ser en medio de nuestro mundo. No nos podemos guardar los frutos de esa viña para nosotros solos porque se nos han confiado para que beneficiemos a los demás haciendo un mundo nuevo. ¿Sabremos ser buenos administradores de esos dones que Dios nos ha confiado?

jueves, 7 de octubre de 2021

Queremos ofrecer un ramillete de rosas a María del Rosario como el perfume de nuestro amor pero también en sus espinas el dolor de los que sufren los efectos del volcán

 


Queremos ofrecer un ramillete de rosas a María del Rosario como el perfume de nuestro amor pero también en sus espinas el dolor de los que sufren los efectos del volcán

Zacarías 2, 14-17; Sal.: Lc. 1, 46b-55; Lucas 1, 26-38

Qué imagen más romántica nos decimos cuando contemplamos a alguien que lleva un ramo de rosas o un ramo de flores a la persona amada. Es el gesto más sencillo y podríamos decir que más habitual con la que alguien quiere expresar el aprecio y el amor que siente por otra persona. Es el regalo de los enamorados, pero es también el regalo bonito de los hijos a sus madres. En la belleza, en el perfume, en el color y brillo de unas flores queremos expresar nuestro amor, queremos ofrecer todo el cariño por ejemplo que sentimos por nuestra madre en momentos especiales, o simplemente cuando nos lo dicta el amor que sentimos en nuestro corazón.

Hoy es el día de una fiesta de María que la celebramos tal como si se tratara de ofrecer un ramo de rosas a la Madre. Es el día de Nuestra Señora del Rosario. Una fiesta y una advocación de la Virgen que entró en el calendario litúrgico después de la famosa batalla de Lepanto con la que la cristiandad frenó el avance del Islam hacia Europa. Una batalla sostenida no solo con la fuerza de las armas en esa singular batalla de Lepanto, sino sobre todo con la oración de los cristianos a la Virgen con el rezo del santo rosario.

Siglos atrás a santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores conocidos como los dominicos, se le atribuya la difusión del rezo del rosario entre el mundo cristiano. Quizás había surgido simplemente como la reacción del pueblo cristiano, que en aquellas épocas se había alejado ya de la lengua latina, al rezo litúrgico de los salmos que sin embargo en la Iglesia seguían recitándose en latín. Una forma de mantener ese espíritu de oración fue con el rezo repetido del avemaría a la Virgen mientras poco a poco se fueron introduciendo los llamados misterios del Rosario que no son otra cosa que recordar distintos momentos del misterio cristiano.

Así la meditación de esos misterios de la vida de Cristo, sobre todo en referencia a la presencia de María en el misterio de la salvación, junto a la oración repetida del avemaría fue de alguna manera una forma de mantener vivo el evangelio en el corazón de los cristianos, una forma de evangelización. Es la razón de esta fiesta de la Virgen del Rosario que hoy celebramos. En muchos de nuestros pueblos que tienen una especial devoción a esta advocación de María se suele representar la llamada Librea, que es como un auto sacramental de esa batalla de Lepanto recordando así en las tradiciones de nuestros pueblos la historia en esa especial referencia a María y el rezo del rosario.

Brevemente quiero detenerme en el texto del evangelio que tantas veces hemos escuchado de la Anunciación del ángel a María del Misterio de la Encarnación. ‘El ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel’
. Así sencillamente nos narra el evangelista ese primer momento del encuentro de María con el ángel que venía de parte del Señor. La sorpresa de María, podríamos decir. Sorpresa y asombro. Sorpresa, porque no esperaba la visita del ángel. ¿Quién era ella que se consideraba a sí misma como la humilde esclava del Señor para que viniera a ella un ángel de parte de Dios? Y María se deja sorprender por ese misterio de Dios que se hacia presente en ella.

Algunas veces tenemos el peligro de perder la capacidad del asombro. Quizá son tantas las cosas que suceden continuamente en la vida que ya no nos sorprendemos por nada, todo lo vemos tan natural. Pero hemos de saber descubrir las cosas maravillosas y grandes que suceden a nuestro lado. Es una forma de abrirnos al misterio y ser capaces de aceptar el misterio. Y es en el lado más humano y más ordinario de la vida donde tenemos que aprender a abrir los ojos para ver tantas cosas maravillosas que se suceden en la misma naturaleza.

Nos estamos viendo sorprendidos en estos días por la fuerza de la naturaleza en el volcán que ha explosionado en nuestra tierra, y quizás nos abruma el dolor por tanta destrucción que lleva consigo que está haciendo sufrir a mucha gente, pero al mismo tiempo tenemos que saber abrir los ojos para contemplar tanta fuerza y tanta maravilla que se encierra en nuestra naturaleza.

Aunque estemos en un momento difícil y doloroso para muchos recordar que esa misma tierra que se vio atormentada no hace muchos años por volcanes semejantes, sin embargo supieron sacar una fuente de riqueza para la misma isla en el cultivo de esos terrenos ganados al mar. Detrás de todo esto que nos asombra e incluso nos puede llenar de miedo hay un misterio, hay un don de Dios también que hace surgir en los corazones maravillosos movimientos de solidaridad. ¿No podríamos pensar aquí también en maravillosos caminos de Dios aunque algunas veces nos cueste entender?

Ofrezcamos, si, ese hermoso ramillete de rosas a María en su fiesta con nuestra oración, aunque sabemos que el perfume y la belleza de sus pétalos de múltiples colores esconden unas espinas que vienen a representar nuestros dolores o los sufrimientos de tantos como los que ahora padecen los que sufren los efectos del volcán. Que María se haga presente en esa batalla, hoy no de Lepanto sino de la Cumbre Vieja, para que un día podamos encontrar la luz y el final de tanto sufrimiento.

 

lunes, 29 de marzo de 2021

En las previsiones de preparación para la Pascua que no nos falte la fragancia que cada uno desde su vida aporta para que se llene nuestro mundo del buen olor de Cristo

 


En las previsiones de preparación para la Pascua que no nos falte la fragancia  que cada uno desde su vida aporta para que se llene nuestro mundo del buen olor de Cristo

Isaías 42, 1-7; Sal 26; Juan 12, 1-11

‘Y la casa se llenó de la fragancia del perfume’. ¿Cuál es el olor de nuestra casa? ¿A qué olemos nosotros? ¿Cuál es nuestra fragancia? Y hemos reconocer que la fragancia no depende del perfume que utilicemos; cada uno tiene su fragancia, su olor, que depende de muchas cosas más allá de la higiene o de los aditivos de perfumes que utilicemos para hacer que tengamos un determinado olor. Y lo mismo la vivienda, el hogar, el lugar donde habitamos. Quizá aun reconocemos aquel olor de la casa de nuestros abuelos que tanto nos atraía; se mezclan los aromas de nuestro cuerpo con los aromas que nosotros sepamos darle con nuestra manera de ser o con nuestra manera de actuar.

Aquella fragancia, por ejemplo, que recordamos de la casa de nuestros mayores no es que huela a determinadas cosas sino que es lo que allí encontramos, lo bien que en aquel lugar nos sentimos, ese sabor tan especial que tenían los besos de la abuela, por decir algo, o el cariño y el respeto que se desprendían del abuelo. Y aquí podríamos seguir diciendo muchas cosas.

Bueno ya sabemos por qué aquella casa de Betania comenzó a exhalar aquella especial fragancia que daría pie a tantos comentarios. Fue, es cierto, aquella libra de nardo puro que María de Betania había conseguido para ungir los pies de Jesús. Pero quizá aquel olor ya estaba de antemano impregnando aquel hogar. Cuántas visitas de Jesús a su paso por Betania cuando hacía el camino de Galilea a Jerusalén, pero era también la acogida que allí Jesús recibiría que mientras Marta se afanaba en los preparativos propios de la hospitalidad tan proverbial entre ellos, María se sentaba a los pies de Jesús para no perderse ni una de sus palabras o de sus gestos de amistad. Claro que en aquellos gestos de hospitalidad estaba siempre el ofrecer el agua para lavarse y los perfumes con que eran ungidos todos los que eran bienvenidos a cualquier hogar.

María de Betania se sentía en deuda con Jesús que había acudido tras la muerte de su hermano Lázaro y lo había resucitado. ¿Sería un banquete de agradecimiento el que ahora se estaba ofreciendo al Maestro y los discípulos que lo acompañaban? Parece estar en las intenciones de María de Betania. Y Jesús se deja hacer, aquello va a tener también un significado en su pronta sepultura. Faltaban solo unos días para la celebración de la Pascua y que en esta ocasión iba a tener un sentido especial; Jesús habría de ser ungido pero para su sepultura. María de alguna manera se está adelantando al rito funerario que en las premuras de la tarde del viernes no podrán realizar debidamente y que pasado el sábado intentarán suplir. Pero ahora todo tiene un significado especial y así lo es también el perfume derrochado sobre los pies de Jesús.

Nosotros que sabemos todo cuanto va a suceder y que estamos iniciando esta semana de pasión para celebrar el triduo pascual hemos de realizar los debidos preparativos. ¿En las previsiones está el perfume también? Creo que no nos debe faltar. Un perfume y una fragancia que lo inunde todo con un olor especial y que es el que cada uno de nosotros ha de aportar desde su propia vida. Tendría que notarse que nosotros estamos implicados en la celebración de esta pascua, y nuestro olor tendría que ser uno de los que destacasen.

¿Qué estamos dispuestos a aportar? Ese nardo que tan bien huele tiene que surgir desde el centro de nuestro corazón.  Es la intensidad de vida que nosotros vamos a poner. No podemos acercarnos a la mesa de este banquete de cualquier manera sino que para la ocasión tenemos que prepararnos. No estamos buscando ricos ropajes para nuestras imágenes sagradas, ni nos contentamos con el aroma de las nubes de incienso que vamos a hacer brotar; esas ropas un día se mancharán o se pondrán viejas e inservibles y esas nubes de incienso se difuminarán y pronto dejaremos de sentir la intensidad del perfume de su fragancia.

¿Qué es entonces lo que podemos ofrecer? Cada uno mire lo mejor que hay en sí mismo y vea como está dispuesto a compartirlo, miremos con sinceridad que es lo mejor que podemos aportar para que el mundo se vea envuelto en una nueva fragancia. Tendríamos quizá que comenzar por ver qué es lo que le está faltando al mundo y como con Jesús nosotros podemos ofrecerlo.