Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta espinas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta espinas. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de julio de 2026

El camino puede tener baches que pongan en peligro el equilibrio de la paz pero aun así el perfume del amor de Cristo nos envuelve y fortalece en el camino

 


El camino puede tener baches que pongan en peligro el equilibrio de la paz pero aun así el perfume del amor de Cristo nos envuelve y fortalece en el camino

Isaías 1, 10-17; Salmo 49;  Mateo 10, 34 – 11, 1

Como solemos decir nos gustaría que en la vida todo nos marchara sobre ruedas, un camino de rosas lleno de colorido y buen perfume, pero bien sabemos que los caminos tienen baches y ese vehículo de la vida en muchas ocasiones nos vibrará más de lo que deseamos, y que las rosas, es cierto, tienen su bello colorido y su aroma que todo lo llena de perfume pero también tienen espinas y según como las afrontemos, las tomemos en nuestras manos muchas veces vamos a sentir sus pinchazos en nuestra carne y hasta nos producirán dolor y sangre.

Creo que esto que estoy diciendo nos puede ayudar a encontrar la clave de las palabras de Jesús; lo que hoy hemos escuchado viene a ser conclusión de aquellas recomendaciones que Jesús hacía a los que había escogido para ser apóstoles, para ser sus enviados. Es parte de esa formación y preparación que Jesús va haciendo con ellos ante la misión que van a recibir.

Ser los enviados de Jesús claro que nos produce una gran satisfacción, y sentir que van a hacer la misma obra de Jesús porque eso viene a significar ese poder que les ha dado para curar enfermos, expulsar demonios o resucitar muertos. Podríamos decir que se sienten como niños llenos de gozo porque les han regalado unos zapatos nuevos, así podríamos sentir también lo que es su misión. Pero aparte del desprendimiento y humildad que les ha pedido para que en verdad sean fieles a su misión también les anuncia Jesús, y lo hemos venido escuchando, que el camino no es fácil; lo que antes decíamos de los baches del. camino y de las espinas de las rosas.

Es lo que viene a decirnos hoy. Y nos habla de fuego y nos habla de guerras, nos habla de división cuando el mensaje que tenemos que trasmitir es el del amor y la paz, nos habla de los contratiempos cuando no seamos entendidos incluso por los más cercanos a nosotros, nos habla de la exigencia de un amor radical de manera que ningún otro amor podrá separarnos del amor de Dios, como un día nos reflexionara también san Pablo en sus cartas, nada puede estar por encima de ese amor que será siempre prioritario entre todos los amores humanos que tengamos, pero que será donde encontremos modelo que dé sentido y fuerza para mantenernos en esa fidelidad radical. Nos está pidiendo Jesús una opción radical siendo capaces de entregar la vida, perderla, porque eso es lo que será en verdad ganarla.

Pero nos deja al mismo tiempo el matiz bonito y delicado de saber que quien nos recibe está recibiendo a quien nos ha enviado, descubriendo así esa mediación tan hermosa que nosotros hemos de ser para los demás; pero también nos está enseñando el valor de las cosas pequeñas, porque un simple vaso de agua no quedará sin recompensa.

Gozosos hemos de sentirnos porque nos sentimos amados; gozosos por esa misión que pone en nuestras manos; gozosos porque podamos realizar la misma obra de Jesús; gozosos porque no nos sentimos solos, recordemos que nos ha prometido la asistencia de su Espíritu; gozosos porque también podemos parecernos a El cuando estamos viviendo su misma cruz; gozosos aun en medio de esos contratiempos que podamos encontrar cuando no somos comprendidos o incluso rechazados porque es signo de la autenticidad del mensaje que tratamos de trasmitir; gozosos porque al final tendremos la recompensa de la vida eterna que Jesús nos ha prometido.

jueves, 7 de octubre de 2021

Queremos ofrecer un ramillete de rosas a María del Rosario como el perfume de nuestro amor pero también en sus espinas el dolor de los que sufren los efectos del volcán

 


Queremos ofrecer un ramillete de rosas a María del Rosario como el perfume de nuestro amor pero también en sus espinas el dolor de los que sufren los efectos del volcán

Zacarías 2, 14-17; Sal.: Lc. 1, 46b-55; Lucas 1, 26-38

Qué imagen más romántica nos decimos cuando contemplamos a alguien que lleva un ramo de rosas o un ramo de flores a la persona amada. Es el gesto más sencillo y podríamos decir que más habitual con la que alguien quiere expresar el aprecio y el amor que siente por otra persona. Es el regalo de los enamorados, pero es también el regalo bonito de los hijos a sus madres. En la belleza, en el perfume, en el color y brillo de unas flores queremos expresar nuestro amor, queremos ofrecer todo el cariño por ejemplo que sentimos por nuestra madre en momentos especiales, o simplemente cuando nos lo dicta el amor que sentimos en nuestro corazón.

Hoy es el día de una fiesta de María que la celebramos tal como si se tratara de ofrecer un ramo de rosas a la Madre. Es el día de Nuestra Señora del Rosario. Una fiesta y una advocación de la Virgen que entró en el calendario litúrgico después de la famosa batalla de Lepanto con la que la cristiandad frenó el avance del Islam hacia Europa. Una batalla sostenida no solo con la fuerza de las armas en esa singular batalla de Lepanto, sino sobre todo con la oración de los cristianos a la Virgen con el rezo del santo rosario.

Siglos atrás a santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores conocidos como los dominicos, se le atribuya la difusión del rezo del rosario entre el mundo cristiano. Quizás había surgido simplemente como la reacción del pueblo cristiano, que en aquellas épocas se había alejado ya de la lengua latina, al rezo litúrgico de los salmos que sin embargo en la Iglesia seguían recitándose en latín. Una forma de mantener ese espíritu de oración fue con el rezo repetido del avemaría a la Virgen mientras poco a poco se fueron introduciendo los llamados misterios del Rosario que no son otra cosa que recordar distintos momentos del misterio cristiano.

Así la meditación de esos misterios de la vida de Cristo, sobre todo en referencia a la presencia de María en el misterio de la salvación, junto a la oración repetida del avemaría fue de alguna manera una forma de mantener vivo el evangelio en el corazón de los cristianos, una forma de evangelización. Es la razón de esta fiesta de la Virgen del Rosario que hoy celebramos. En muchos de nuestros pueblos que tienen una especial devoción a esta advocación de María se suele representar la llamada Librea, que es como un auto sacramental de esa batalla de Lepanto recordando así en las tradiciones de nuestros pueblos la historia en esa especial referencia a María y el rezo del rosario.

Brevemente quiero detenerme en el texto del evangelio que tantas veces hemos escuchado de la Anunciación del ángel a María del Misterio de la Encarnación. ‘El ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel’
. Así sencillamente nos narra el evangelista ese primer momento del encuentro de María con el ángel que venía de parte del Señor. La sorpresa de María, podríamos decir. Sorpresa y asombro. Sorpresa, porque no esperaba la visita del ángel. ¿Quién era ella que se consideraba a sí misma como la humilde esclava del Señor para que viniera a ella un ángel de parte de Dios? Y María se deja sorprender por ese misterio de Dios que se hacia presente en ella.

Algunas veces tenemos el peligro de perder la capacidad del asombro. Quizá son tantas las cosas que suceden continuamente en la vida que ya no nos sorprendemos por nada, todo lo vemos tan natural. Pero hemos de saber descubrir las cosas maravillosas y grandes que suceden a nuestro lado. Es una forma de abrirnos al misterio y ser capaces de aceptar el misterio. Y es en el lado más humano y más ordinario de la vida donde tenemos que aprender a abrir los ojos para ver tantas cosas maravillosas que se suceden en la misma naturaleza.

Nos estamos viendo sorprendidos en estos días por la fuerza de la naturaleza en el volcán que ha explosionado en nuestra tierra, y quizás nos abruma el dolor por tanta destrucción que lleva consigo que está haciendo sufrir a mucha gente, pero al mismo tiempo tenemos que saber abrir los ojos para contemplar tanta fuerza y tanta maravilla que se encierra en nuestra naturaleza.

Aunque estemos en un momento difícil y doloroso para muchos recordar que esa misma tierra que se vio atormentada no hace muchos años por volcanes semejantes, sin embargo supieron sacar una fuente de riqueza para la misma isla en el cultivo de esos terrenos ganados al mar. Detrás de todo esto que nos asombra e incluso nos puede llenar de miedo hay un misterio, hay un don de Dios también que hace surgir en los corazones maravillosos movimientos de solidaridad. ¿No podríamos pensar aquí también en maravillosos caminos de Dios aunque algunas veces nos cueste entender?

Ofrezcamos, si, ese hermoso ramillete de rosas a María en su fiesta con nuestra oración, aunque sabemos que el perfume y la belleza de sus pétalos de múltiples colores esconden unas espinas que vienen a representar nuestros dolores o los sufrimientos de tantos como los que ahora padecen los que sufren los efectos del volcán. Que María se haga presente en esa batalla, hoy no de Lepanto sino de la Cumbre Vieja, para que un día podamos encontrar la luz y el final de tanto sufrimiento.

 

miércoles, 27 de noviembre de 2019

El tallo de la rosa tiene espinas pero esperamos alcanzar a contemplar e impregnarnos de la belleza y del aroma de la flor


El tallo de la rosa tiene espinas pero esperamos alcanzar a contemplar e impregnarnos de la belleza y del aroma de la flor

Daniel 5,1-28; Sal. Dn 3,62-67; Lucas 21,12-19
¿Quién te dijo que es un camino de rosas? Habremos escuchado que se nos dice cuando quizá nos quejamos de las dificultades que vamos encontrando en la vida y cómo nos cuesta alcanzar nuestras metas. De la rosa nos gusta el perfume y la belleza de los colores de la flor, pero bien sabemos que hemos de tomarlas con cuidado porque sus tallos están llenos de espinas y no nos queremos herir, pero no es fácil tomar un ramo de rosas en nuestras manos sin que alcancemos alguna pequeña herida.
¿Lo podemos aplicar al camino de nuestra vida cristiana y del seguimiento de Jesús? Nos quisiéramos quedar en la belleza de la flor y en su perfume. Y claro que seguir a Jesús nos conduce a esa belleza para nuestra vida; llegar a encontrarnos con El y vivirle es lo más hermoso que podamos encontrar, lo que mayor felicidad nos daría. Sin embargo vemos que el camino de ese seguimiento de Jesús a veces se nos hace duro, dificultoso. Como si fuéramos subiendo por el tallo de la rosa donde nos vamos a encontrar las espinas, pero queremos llegar al final, queremos alcanzar la meta.
Ya nos lo plantea Jesús a lo largo del todo el evangelio cuando desde el principio nos pide cambiar el corazón para poder creer en la Buena Noticia que nos anuncia. Cambiar el corazón que significará despojarnos de muchas cosas, de muchas ideas preconcebidas, de muchas posturas, de un estilo de vida. Y eso no es fácil. Nos hablará de un hombre nuevo desprendiéndonos de las viejas vestiduras que tan bien se habían amoldado a nuestra vida o nosotros nos habíamos amoldado a ellas; nos hablar de camino estrecho y nos hablará de cruz que hemos de cargar, de negarnos a nosotros mismos y de un nacer de nuevo.
Pero cuando tenemos una meta, cuando queremos alcanzar algo que es precioso y valioso para nosotros no nos importarán sacrificios, lo que sea necesario, porque lo que queremos es llegar a esa meta. Nos hablará de vender nuestros tesoros para poder conseguir la perla más preciosa, nos hablará de un tesoro guardado allí donde no nos lo puedan robar ni la polilla roer; nos hablará de vigilancia y de estar atentos sin dejarnos dormir. Pero todo merece la pena por poder entrar al banquete del Reino al que nos tiene convidados.
Hoy nos habla de otras dificultades que vamos a encontrar en el camino, como son la oposición que podamos encontrar en los demás que conduzca a la persecución, la cárcel e incluso la muerte. Bien conocemos que la historia de los cristianos y de la Iglesia ha estado siempre rodeada de persecución. Pero Jesús nos habla de cómo no podemos perder la paz en nuestro corazón, porque el Espíritu del Señor es nuestra fortaleza.
Oposición y persecución que nos puede llegar por diferentes caminos, nos habla Jesús que nos podrá venir hasta de los más cercanos a nosotros, en quienes no vamos a encontrar la comprensión para nuestro sentido de vida. Y eso lo vivimos muy fuerte en la sociedad en que nos ha tocado vivir, el aislamiento y la soledad, el crear en torno a quienes quieren proclamar valientemente con sus palabras y su vida el evangelio de Jesús, una barrera de silencio que quiere acallarnos, que busca desprestigiarnos aprovechándose de cualquier circunstancia e incluso de nuestra debilidad, o donde querrán quitar ese sentido religioso de la vida y por supuesto todo lo que suene o tenga sabor a cristiano.
No temamos, nos dice el Señor. Su Espíritu es nuestra fuerza, y nuestra perseverancia nos hará llegar en fidelidad a la meta final. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas, termina diciéndonos Jesús. No importa el buen olor de Cristo se desprenderá al final para darle un perfume nuevo a la vida y un sentido nuevo a nuestro mundo.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Sembramos con esperanza aunque la tierra esté llena de las espinas y abrojos de la violencia y la injustita porque ansiamos el día en que florecerán las flores del amor y la paz


Sembramos con esperanza aunque la tierra esté llena de las espinas y abrojos de la violencia y la injusticia porque ansiamos el día en que florecerán las flores del amor y la paz

Lucas, 19, 41-44
Cuando hay sensibilidad en el corazón uno sufre dentro de si cuando ve que aquel a quien quiere y aprecia, a pesar de las buenas cosas que le dijimos, sin embargo toma un camino equivocado en la vida y se deja arrastrar por sus debilidades que le conducen a un pozo profundo del que le es difícil salir. Uno quisiera ayudarle, pero quizá no se deja; cuantas veces nos encontramos con personas así obstinadas en sus errores y con dolor en el alma tenemos que respetarle sus decisiones y sus pasos aunque vemos que van camino de su ruina.
Es el dolor de los padres que ven que sus hijos no hacen caso de sus consejos y recomendaciones y les parece que toda aquella buena semilla que sembraron o trataron de sembrar en sus corazones en lugar de buena cosecha les da una cosecha perdida.
Es el dolor de los educadores o de cuantos tienen la misión de enseñar y ayudar que se ven con las manos cortadas porque su tarea parece que se hace infructuosa.
Sin embargo siempre hay que mantener la esperanza de que un día aquella buena semilla haga resurgir de las cenizas una buena planta que recoja en si todo aquello que nosotros quisimos sembrar. No podemos perder la esperanza, porque puede cambiar el corazón del hombre para volver a lo bueno.
El evangelio hoy nos habla de que Jesús llora ante la contemplación de la ciudad de Jerusalén viendo los derroteros por donde camina y que toda aquella belleza que ahora contemplan sus ojos un día se destruirá y no quedará piedra sobre piedra. En la bajada del monte de los Olivos, en el camino que viene del valle del Jordán, enfrente de la colina de la ciudad de Jerusalén hoy hay una pequeña Iglesia que recuerda precisamente ese llanto de Jesús.
Allí Jesús ha realizado milagros, ha enseñado en las explanadas del templo o por las calles de Jerusalén; el ciego de nacimiento de las calles, el paralítico de la piscina probática y tantos otros milagros realizados por Jesús son la muestra de su amor. Pero son los polluelos que rehúsan el calor de la madre que quiere acogerlos bajos sus alas; no han querido escuchar a Jesús y allí están maestros de la ley, ancianos del sanedrín o sumos sacerdotes que le hacen frente y harán todo lo posible por llevarlo a la muerte.
Pero no es la angustia ante su propia pasión y muerte lo que inunda de tristeza su corazón, sino la terquedad de quienes no quieren escucharle y lo que Jesús en su sabiduría divina sabe que le va a pasar a aquella ciudad porque no han reconocido el momento de su venida. Pero Jesús seguirá en medio de ellos y una vez más se dirige a la ciudad santa como tantas veces ha realizado cuando subía a la Pascua o a las otras fiestas judías. Todo buen judío sentía el gozo grande de está allí en aquella ciudad como cantaban cuando se dirigían a ella, ‘qué alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor…’
Sube Jesús ahora a la pascua que va a ser la pascua definitiva, la pascua de la salvación. Dios está en medio de ellos y con Jesús lleva la vida y la salvación aunque tenga que pasar por la pasión y la muerte. Con esa fe en Jesús nosotros seguimos caminando por la vida y queriendo siempre hacer el bien. Sembraremos la semilla de la paz y del amor, aunque muchas veces la tierra esté llena de espinas y abrojos, pero tenemos la esperanza de que un día esa semilla brotará y florecerá un mundo nuevo. Por eso seguimos sembrando con esperanza.