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miércoles, 15 de julio de 2026

Olfato para percibir el actuar de Dios, mirada creyente y contemplativa para leer que en lo pequeño y en lo sencillo también se nos manifiesta Dios

 


Olfato para percibir el actuar de Dios, mirada creyente y contemplativa para leer que en lo pequeño y en lo sencillo también se nos manifiesta Dios

 Isaías 10, 5-7. 13-16; Salmo 93; Mateo 11, 25-27

Algunas veces parece que solo vemos lo que tenemos, como solemos decir, en la punta de la nariz, lo que más brilla o lo que nos llama la atención por lo portentoso o nos parece más maravilloso, igual que ponemos filtros desde nuestros intereses o nuestras ambiciones, aquellas cosas que más nos complacen o simplemente de lo que nos produce envidia de lo que vemos en los demás.

Tener una mirada objetiva también nos cuesta, limpiar los filtros de nuestros ojos para ver con claridad no es fácil, pero no podemos olvidar que hemos de tener sin embargo ojos de discernimiento para saber descubrir lo mejor que quizás no está en eso aparatoso que nos encandila, para ir más allá de esos intereses o ambiciones, para saber escuchar con el corazón o ver lo maravilloso de las cosas pequeñas.

Estamos haciéndonos una reflexión en principio desde unas categorías o unos valores humanos que nos ayudan a ese crecimiento y maduración como personas en lo que todo tendríamos que estar empeñados. Pero como creyentes hemos de saber dar un paso más. Es a lo que nos está invitando Jesús hoy en este pasaje del evangelio. Jesús está haciendo una lectura orante con lo que está sucediendo con su presencia, con los signos que realiza y con la Palabra que anuncia, con la respuesta incluso que va encontrando y que hace sentir la acción de Dios en medio de su pueblo.

Le escuchamos cómo da gracias al Padre que se está revelando en los sencillos y que son precisamente los pequeños y los sencillos los que están más abiertos al misterio de Dios. ‘Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños…’ Muchos comentarios nos hemos hecho en diversas reflexiones sobre estas palabras de Jesús. No los que aparentan más sabios son los que se abren al misterio de Dios; los pequeños y los sencillos desde su pobreza y su humildad tendrán, podríamos decirlo así, mejor olfato para percibir el misterio de Dios que se revela.

Una hermosa lección para nuestra vida para que aprendamos a tener esa mirada de Jesús y sepamos ver en lo pequeño y lo sencillo, los que nos puede parecer humilde e insignificante un signo de esa llamada de Dios; que sepamos discernir lo que sucede alrededor, los acontecimientos de la historia de cada día, lo que escuchamos desde las noticias que recibimos o de lo que comparten con nosotros, para no dejarnos impresionar fácilmente ni dejarnos confundir, para mantener nuestra propia serenidad, para sacar todo lo bueno que podamos. Llegar a percibir como en lo pequeño de la vida cotidiana se va manifestando el actuar de Dios.

No es pues una mirada cualquiera, una mirada superficial, es una mirada con hondura que nos hace trascender con mirada contemplativa la realidad; por eso decíamos que no nos podemos quedar en lo que está en la punta de la nariz, ni solo lo que brilla o nos pretenden quizás imponer; necesitamos en la vida ser reflexivos y contemplativos, no perder la serenidad y la paz porque nos dejemos arrastrar por las prisas y las carreras de la vida, ir rumiando serenamente lo que vemos o nos va sucediendo. Es también una apertura a una trascendencia espiritual para no quedarnos solo en lo material que por muy bueno que sea nos puede también confundir, una apertura al misterio y a lo sobrenatural para llegar a descubrir la presencia de Dios en nuestra vida.

Que tengamos ese olfato, como decíamos, para percibir esa presencia de Dios, que tengamos esa mirada luminosa para ver el actuar de Dios, que tengamos esa sensibilidad para leer esos signos de los tiempos que en nuestra historia nos ayuden a descubrir lo que Dios quiere.

domingo, 28 de junio de 2026

Decisiones que parecen locuras pero que nacen del amor y nos hacer caminar de una forma radical con un nuevo sentido de vida

 

Decisiones que parecen locuras pero que nacen del amor y nos hacer caminar de una forma radical con un nuevo sentido de vida

2Reyes, 4, 8-16; Salmo 88; Romanos, 6, 3-4.8-11

Hay momentos en la vida en que llega la hora de tomar decisiones; la radicalidad con que hemos de tomar esas decisiones algunas veces parece que no hay nadie que lo entienda; es una nueva manera de concebir las cosas, de entender la vida que parece que va a contracorriente de lo que parece que tiene que ser lo habitual; nos sentimos nosotros mismos abrumados quizás por tener que tomar esa decisión, los que están a nuestro lado no lo entienden, pero quizás nosotros en el fondo tenemos claras cuales son nuestras metas, los objetivos que pretendemos en la vida, en lo que hacemos, en nuestros negocios, en la relación con los demás, porque son cosas que pueden afectar a diferentes situaciones de nuestra vida, en diferentes estadios nos podemos encontrar con momentos radicales así. Mantener el pulso nos puede ser costoso pero lo tenemos claro.

Creo que es lo que nos está planteando hoy Jesús en el evangelio. Nos parecen muy radicales y exigentes sus palabras, porque nos está diciendo que quien no lo hace así como nos está diciendo, no es digno de Él. ¿No nos recordará lo que en otro momento nos ha dicho que tenemos que estar con El o contra Él, porque el que no recoge con El desparrama?

Y nos toca momentos o situaciones de las más normales de nuestra vida como son nuestras relaciones familiares con padres, hermanos, esposos, hijos. Y pareciera que hiciera una comparación entre el amor que hemos de mantener en esos lazos familiares con el amor que a Él le hemos de tener. 

Fijémonos bien en las palabras de Jesus y no es que pretendamos hacer rebajas, sino fijarnos en su hondo sentido y también en consecuencia en la radicalidad que nos pide. ‘El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí’.

¿No tenemos que amar a nuestros padres o a nuestros hijos? No es eso lo que nos está pidiendo Jesús, sino que sepamos encontrar lo que es verdaderamente la prioridad de nuestra vida y lo que va a dar sentido y valor a todo lo que luego tengamos que vivir. Sí, el amor de Dios tiene que estar por encima de todo, ‘amarás a Dios sobre todas las cosas’, decimos en los mandamientos, ‘con todo el corazón, con toda el alma, con todo tu ser’, como nos dice el texto bíblico. Pero es que ahí está la raíz de todo nuestro amor, ahí es donde haremos que todo nuestro amor sea sublime, es desde ese amor que le tenemos a Dios que no es sino respuesta el amor infinito que Él nos tiene y al que queremos imitar desde donde aprenderemos a amar también con todo nuestro ser a aquellos a los que tenemos que amar. ¿No nos pedirá que amemos a los demás como Él nos ha amado?

No es contraponer, es fortalecer y darle hondura, para que esos amores humanos que hemos de vivir no sean un obstáculo al amor de Dios. Es una exigencia que no nos hace pesado el amor sino todo lo contrario. Como decía san Agustin el amor suaviza todos los preceptos. Y podemos recordar aquella anécdota de la Madre de Calcuta cuando alguien llegó y a ver como ella trataba a los pobres y los enfermos y decía que ni por todo el oro del mundo esa persona decía que no sería capaz de hacer aquello; a lo que Santa Teresa de Calcuta le respondía que ella tampoco lo hacía por eso, porque lo hacía por amor.

Nos habla Jesús de tomar la cruz para seguirle, porque de lo contrario no seríamos dignos de Él. Es la carga del amor lo que hará que nada ni nadie nos pueda separar de ese amor de Dios. Porque hemos de tener claro, como decíamos, cuales han de ser nuestras prioridades. ¿Qué será entonces para nosotros ganar la vida? ¿Serán solamente esas ganancias materiales que podamos ir obteniendo por lo que hacemos? Jesus nos habla de perderla, de gastarla, de entregarla como Él lo hizo. Ahí está nuestra verdadera ganancia, solamente así es como le daremos sentido de plenitud a nuestra vida.

Y claro eso son decisiones muy serias y hasta radicales que hemos de ir tomando, porque desde ese amor las cosas se miran con otro sentido y con otro valor. Y claro, el mundo que no camino sino por intereses y ganancias no nos comprenderá. Pero nosotros somos locos de amor por Cristo porque en Él y en su amor encontraremos la verdadera plenitud de nuestras vidas.

martes, 16 de junio de 2026

Nuestro modelo ha de ser siempre el amor de Dios del que nosotros con nuestras nuevas actitudes hemos de ser un reflejo

 


Nuestro modelo ha de ser siempre el amor de Dios del que nosotros con nuestras nuevas actitudes hemos de ser un reflejo

1Reyes 21, 17-29; Salmo 50; Mateo 5, 43-48

Cuando llueve, llueve para todos, solemos decir, claro que con la misma lógica tendríamos que decir, cuando hay pan, hay pan para todos; pero aquí las lógicas se quiebran y es cuando entramos nosotros y comenzamos a acaparar para nosotros mismos, olvidándonos de los demás, o pensando que cada uno se las arregle como pueda.

Pero Jesús nos ha traído a cuento esa sentencia o ese dicho de la lluvia queriendo decirnos que en las actitudes que hemos de tener con los demás no tenemos que estar haciéndonos distingos, buscando preferencias, o actuando simplemente dando respuesta solo desde nuestros instintos más primarios, como si siempre tuviéramos que estar a la defensiva frente a los que nos hayan podido hace daño o a partir de cómo nos hayan tratado.

Jesús está hablándonos del amor que debe envolver nuestra vida y que ha de ser como la razón de ser de lo que hacemos o del trato que tengamos con los demás. Por eso ese pan del amor no ha de tener exclusividades ni tenemos que negarlo a partir de los criterios de cómo nos hayan tratado a nosotros.

Jesús nos está proponiendo algo que rompe muchos esquemas, nos está pidiendo una renovación muy profunda de nuestras actitudes y de la manera que tengamos de tratar a los demás. Porque nos está hablando de un amor que ha de tener una categoría universal, un pan que a nadie podemos negar. Viene a romper aquel esquema de que solo hemos de amar a los amigos, que solo vamos a responder con amor cuando nos hayan ofrecido amor. ¿Se convertirá así el amor en un intercambio, y aquí podríamos decir que interesado, como si le estuviéramos poniendo precio al amor que damos según sea el amor que recibimos? La regla económica de la oferta y la demanda, como en nuestras transacciones materiales.

Es claro Jesús. No podemos seguir actuando según esos parámetros antiguos. ‘Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial…’ y es aquí cuando nos dice que así seremos hijos del Padre Celestial ‘que hace salir el sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos’.

Esos son los parámetros de Dios que tendrán que ser a partir de ahora nuestros parámetros. No caben otras medidas interesadas. No caben esos precios que le ponemos a lo bueno que nosotros podamos hacer. Y es que algo nuevo tiene que distinguirnos a aquellos que queremos vivir el Reino de Dios. Como tantas veces hemos recordado, por eso nos pedía Jesús que teníamos que darle la vuelta totalmente a nuestra vida, conversión en una palabra, para poder aceptar el Reino de Dios, para poder vivir el Reino de Dios. Porque es una vida nueva la que tenemos que vivir. Y claro que será algo que nos cueste, pero es el paso necesario que hemos de dar.

Como nos dirá a continuación, ‘porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles?’ Y es cuando nos está planteando el modelo ideal de altas miras. ‘Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto’. No nos podemos andar con posturas y actitudes raquíticas, no podemos andar con medidas interesadas, no podemos seguir manteniendo el corazón cerrado, podíamos decir, por partes, porque comenzamos a hacer distinciones y rebajas. Nuestro modelo será siempre el amor de Dios., del que nosotros hemos de ser un reflejo.

viernes, 2 de mayo de 2025

Seamos capaces de ver las semillas que Dios van sembrando en nuestros corazones, germen del Reino de Dios y no excusa para nuestros intereses

 


Seamos capaces de ver las semillas que Dios van sembrando en nuestros corazones, germen del Reino de Dios y no excusa para nuestros intereses

Hechos, 5, 34-42; Sal. 26M Jn. 6, 1-15

Se suele decir que cada cual quiere arrimar el ascua a su sardina; la imagen de los codazos de los que están al lado de la parrilla queriendo que el mejor fuego, el mejor calor le llegue a la porción que cada cual está asando viene a expresar muy bien los codazos que nos damos en la vida para hacer que nuestras ideas prevalezcan, queramos decir que lo nuestro es lo mejor y seamos capaces de llegar a tergiversar lo que dicen o hacen los otros para aprovecharlo a favor nuestro; nos hacemos incluso manipuladores haciendo decir a los otros no lo que realmente piensan sino resaltando lo que puedan coincidir para darnos autoridad a nosotros mismos. Los que con verdadera autoridad moral nos hablan siempre están en peligro de ser mal interpretados, o aprovechar cualquier resquicio para arrimarlos a nuestras ideas.

Hoy vemos en el evangelio que tras aquel episodio que llamamos habitualmente de la multiplicación de los panes, al final la gente entusiasmada quieren hacerlo rey. Había unas ansias y sueños en la gente del pueblo y cierto movimiento generalizado en el deseo de la pronta venida del Mesías para verse liberados de la dominación de los romanos. ¿Ansias de la llegada de un auténtico Mesías? Se confundía lo que estaba anunciado por los profetas y estaba en la base de la fe del pueblo de Israel con esos resabios políticos de liberación de los poderes extranjeros. Son las confusiones que veremos a lo largo del evangelio en mucha gente con lo que piensan o esperan de Jesús. Hasta entre los mismos apóstoles había algunos que procedían de esos grupos llamados los celotes, pero también vemos las ansias de los hermanos Zebedeos por alcanzar los primeros puestos al lado del poder del Mesías.

Hoy la gente quiere hacerlo rey. ¿Han comprendido en verdad el significado de lo que Jesús ha hecho? Leamos con atención el evangelio y vemos que todo parte de ese corazón misericordioso y compasivo de Jesús. Allí estaba aquella multitud que seguía a Jesús por todas partes porque veía lo que hacía con los enfermos, comienza diciéndonos el evangelista. Jesús les habla, les enseña, les anuncia el Reino de Dios y no sabemos cuántas cosas les hablaría Jesús en aquel momento para moverles los corazones a que en verdad vivieran en el sentido del Reino de Dios que Él nos anunciaba.

Y Jesús se mueve a compasión al ver aquella multitud, que hasta se han olvidado de llevar suficientes provisiones a la hora de ponerse a seguir a Jesús. Y surge la cuestión de cómo alimentarlos; vemos el diálogo con los discípulos más cercanos, con los apóstoles. ‘¿Con qué compraremos panes para que coman estos?’

Pero Jesús sabía por qué se hacía esta pregunta. Estaba moviendo de alguna manera a los que le seguían más de cerca para no cruzarse de brazos, a no quedarse en la pasividad de que no hay nada que hacer. Hay que abrir caminos, hay que buscar soluciones, hay que aprovechar hasta lo más pequeño o que nos parezca insignificante porque puede ser principio de algo grande, como así sucedió entonces. Pero es Jesús que está despertando los corazones, queriendo despertar esperanzas pero también movernos al compromiso y a la acción. Son las semillas del Reino de Dios que quiere ir sembrando en nosotros. Fue su compasión y fue la disponibilidad lo que abrió nuevos caminos y toda la multitud pudo alimentarse.

Pero muchos no van a saber discernir esas semillas que Dios quiere sembrar en nuestros corazones, algunos quizás en su entusiasmo querrán aprovechar la oportunidad para sacar esos resabios de mesianismo que llevaban en sus corazones. Querían hacerle rey. ¿Una insurrección contra el poder establecido, un movimiento político arrancando de un Reino de Dios que Jesús anunciaba y que era otra cosa?

Cuidado que también nosotros nos queramos aprovechar de las semillas que Dios va sembrando en nuestro corazón para utilizarlo para nuestros intereses muy partidistas en ocasiones o muy egoístas e interesados otras veces. ¿Qué es lo que en verdad Dios va sembrando en nuestros corazones? ¿Qué es lo que tiene que ser el centro de nuestra vida? ¿Con qué sentido miramos algunas veces el actuar de la Iglesia?


lunes, 14 de abril de 2025

Detente en tu camino y mira a quienes están al borde y con quienes nadie habla o a quienes nadie escucha, cuánto perfume podemos derramar

 


Detente en tu camino y mira a quienes están al borde y con quienes nadie habla o a quienes nadie escucha, cuánto perfume podemos derramar

Isaías 42, 1-7; Salmo 26;  Juan 12, 1-11

Cuando a nuestro lado alguien hace algo que no cae dentro de nuestros esquemas tenemos la tentación de minimizar aquello que haya hecho o incluso a la persona que lo ha hecho, porque nos puede parecer que son cosas de gente simple, gente que no consideramos a nuestra altura o pensamos que haciéndolo a nuestra manera o si lo hacemos nosotros sí tendría valor o podría ser significativo; es como si solo nosotros sabemos hacer las cosas bien y que tienen su valor. Descartamos lo que pudieran hacer los que no piensan como nosotros y si estuviera en nuestras manos lo destruiríamos; así vamos por la vida destruyendo en lugar de construir, arrimando a un lado lo que es obra de nuestros oponentes en lugar de aprovechar lo bueno que siempre podemos encontrar; siempre vemos torcidas intenciones en lo que hacen los otros cuando quizás seamos nosotros los que tenemos el corazón retorcido.

El hecho que nos narra hoy el evangelio sucedió después de lo del episodio de la resurrección de Lázaro; la familia le ofrece una comida a Jesús y a sus discípulos; ¿una forma de mostrar su gratitud por las maravillas que Dios obró en ellos a través de la acción de Jesús? La hermana de Lázaro que en otras ocasiones que había quedado postrada a los pies de Jesús para no dejar de escucharle, es ahora la que de nuevo se postra a sus pies pero para ungírselos con un caro perfume.

Podríamos pensar en una forma de realizar el gesto de la hospitalidad de ofrecer agua y perfumes a los huéspedes recibidos en casa, como eran tan propio de las gentes de aquel tiempo. Pero aquel perfume era tan intenso, lo que significaría lo costoso que podría haber resultado, que los envolvió a todos en la sala y de ahí surgirían los comentarios como suele suceder.

Pero el comentario que podría hacer más daño fue el de Judas Iscariote. Aquello parecía un derroche de dinero innecesario; cuántas cosas buenas se podían hacer con el precio de aquel perfume, a cuántos pobres se podría alimentar. Pero ya el evangelista hace un apunte a estas palabras del Iscariote ‘Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando’. Es también lo que en principio habíamos comentado, cuando las cosas de los demás no van en consonancia con nosotros qué prontos estamos para desprestigiar, para quitar valor, para restarle importancia a los gestos que entonces para nosotros nos pueden parecer innecesarios.

Pero importantes son las palabras de Jesús. ‘Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis’. Jesus sí valora el gesto de aquella mujer como un día también había valorado el gesto de la mujer pecadora que también le había no solo lavado los pies con sus lágrimas sino que también se los había ungido. Valoraba el valor de aquella mujer que se sentía pecadora pero que ahora envolvía su vida con el manto del amor. Había amado mucho, como ahora también María de Betania.

Algunas veces se interpretan estas palabras de Jesús para gastarnos dineros y esfuerzos en vanas ostentaciones, en la riqueza de unos ornamentos o en los gastos en flores que hagamos por ostentaciones y vanidad en nuestras iglesias en muchas ocasiones. Lo mejor para el Señor, decimos. Y está bien, pero ¿qué es lo mejor y lo más valioso?

¿No nos estará señalando la Palabra de Dios escuchada a los pobres a los que tendríamos que ungir? Es cierto que recordamos aquello otro del evangelio de que vendamos lo que tengamos para repartirlo entre los pobres para tener un tesoro en el cielo, pero algo más que dinero podemos y tenemos que ofrecer que muchas veces nos pueda resultar más costoso. Quizás damos una limosna pero no miramos a los ojos del aquel con quien compartimos. ¿Será esa la forma de hacerlo? Detente más en el camino de la vida y ponte a hablar con el caminante o con aquel que está al borde de ese camino. Si fuéramos más atentos por la vida nos daríamos cuenta de la cantidad de personas que están al borde del camino con quienes nadie se detiene, con quienes nadie habla, por quienes nadie muestra interés. Cuántas soledades podemos encontrar, cuantos desahogos que escuchar, cuántas palabras buenas que podemos decir, cuántos silencios podemos compartir, cuánto perfume tenemos que derramar.

lunes, 24 de marzo de 2025

No perdamos esa fuerza interior que nos da la propia palabra de Dios, guiados y fortalecidos por el Espíritu que nos pone en camino y anima nuestra vida aunque haya vientos en contra

 


No perdamos esa fuerza interior que nos da la propia palabra de Dios, guiados y fortalecidos por el Espíritu que nos pone en camino y anima nuestra vida aunque haya vientos en contra

2 Reyes 5, 1-15ª; Salmo 41; Lucas 4, 24-30

Cuando tenemos los vientos en contra nos paralizamos. No nos gusta el viento en contra, no nos gustan las tormentas. Ahora cuando nos anuncian una alerta por alguna tormenta que se acerca enseguida nos ponemos a buen recaudo evitando los peligros. Pero siempre ha habido tiempos malos y nos hemos visto obligados a afrontarlos para seguir viviendo.

Pero es una imagen de lo que es la vida. Quisiéramos que todo sea placidez, tranquilidad, que las cosas marchen bien siempre, que no nos encontremos obstáculos en el camino. Pero no es fácil. Nos encontramos fácilmente vientos en contra, porque las cosas no nos salen como nosotros queremos, porque nos encontramos con gente que piensa distinto y algunas veces por eso nos hacen la guerra, porque habrá quienes nos malinterpreten en lo que decimos o en lo que hacemos, porque tenemos nuestras debilidades y tropiezos y nos cuesta superarnos, porque muchas veces nos guiamos demasiado por nuestro amor propio y nuestro orgullo, porque esperamos reconocimientos y honores que no siempre nos dan o nos quitan los méritos. Muchas todo se nos hace pendiente, o nos cuesta subir, o nos resbalamos y deslizamos sin parar en la bajada. ¿Seremos capaces de seguir adelante a pesar de todo?

El evangelio de Jesús siempre es luz en nuestro camino. Y el anuncio del evangelio no fue fácil, ni para Jesús entonces, ni a sus seguidores a lo largo de los siglos. El evangelio que por supuesto siempre es una buena noticia, una buena noticia de algo nuevo que Jesús nos ofrece que nos obliga a confrontar nuestra vida; nuestra vida con nuestras rutinas, con nuestras costumbres envejecidas, con tantos apegos que se nos van acumulando en el corazón de los que tenemos que desprendernos, con nuestras apetencias y con nuestros orgullos que muchas veces crean una cerrazón en nuestra vida. Esa confrontación cuesta, porque si creemos en esa buena noticia que nos trae Jesús muchas cosas tendrán que cambiar en nuestra vida, algo nuevo tenemos que vivir, de muchas cosas, como decíamos, tenemos que desprendernos, y eso produce desgarro y crea una incomodidad en nuestra manera de ser y de vivir.

Hoy en el evangelio vemos que aunque en principio se llenaron de orgullo cuando Jesús en la sinagoga salió a hacer la lectura de la Palabra, porque era uno de ellos, alguien que habían conocido de niño, que allí estaban aun sus parientes, como hasta ellos habían llegado noticias de los signos que Jesús iba realizando por aquellos pueblos de Galilea, ahora están esperando milagros y cosas extraordinarias porque para eso era su pueblo. Pero ese no es el estilo de Jesús, ese no es el sentido del evangelio, no nos podemos apropiar de esa buena noticia para hacer de ella algo que favorezca nuestros intereses o nuestros orgullos. Como nos sucede a nosotros tantas veces que nos volvemos manipuladores siempre en dirección a nuestros intereses u orgullos personales; y somos capaces de manipular hasta la religión y hacer nuestras interpretaciones interesadas.

Jesús les recuerda que los profetas no fueron simplemente satisfaciendo los intereses de la gente, sino que su palabra o los signos que realizaban tenían un sentido y un valor superior. Mucha gente hambrienta había en Israel pero el profeta Elías a quien atendió fue a aquella viuda de Sarepta de Sidón, que no era judía; muchos leprosos había en Israel y a quien curó el profeta Eliseo fue a Naamán el sirio.

Y las gentes de Nazaret entendieron las palabras de Jesús pero por eso se rebelaron contra El y hasta querían arrojarlo por un barranco. No fue aceptado por sus gentes. Las tinieblas no quisieron dar paso a la luz. Pero Jesús se fue a otra parte porque su misión tenía que seguirse realizando.

Todo esto tiene que tener lectura para nuestra vida; con esos vientos en contra, como decíamos al principio; todo esto tiene que ver con nuestra fe y la manera de expresarla y de vivirla; todo tiene que ver con nuestro compromiso cristiano de ser luz en medio de nuestro mundo, aunque las tinieblas rechacen la luz. Tenemos que seguir siendo luz, tenemos que seguir dando nuestro testimonio, haciendo nuestro anuncio, sembrando semillas que transformen nuestro mundo aunque haya pedruscos y haya zarzales, aunque no siempre el terreno esté bien preparado o los pájaros se coman las semillas caídas en el camino.

No perdamos esa fuerza interior que nos da la propia palabra de Dios; sintámonos guiados y fortalecidos por el Espíritu que nos pone en camino y anima nuestra vida.

martes, 4 de marzo de 2025

Lo que buscamos será siempre la gloria de Dios, lo demás se dará por añadidura y no importa que algunas veces aparezcan las persecuciones, por encima de todo el amor de Dios

 

Lo que buscamos será siempre la gloria de Dios, lo demás se dará por añadidura y no importa que algunas veces aparezcan las persecuciones, por encima de todo el amor de Dios

Eclesiástico 35, 1-12; Salmo 49; Marcos 10,28-31

Siembra ahora para que un día puedas cosechar. Es cierto, hemos de reconocer. Es lo que sucede en nuestros campos, si no hacemos buena siempre y buen cultivo al final no podemos esperar una buena cosecha; es lo que motiva nuestros esfuerzos y nuestros trabajos, la obtención de unos beneficios, el desarrollo de una idea o de una tarea, lo que podemos hacer para mejorar la vida; es, sí, la tarea de unos padres responsables que educan y hacen todo lo que pueden por sus hijos para que crezcan y maduren, llegan a desarrollar su personalidad y su vida y, como solemos decir, sean unas personas de provecho; es lo que quiere hacer quien trabaja por la sociedad, que lo considera como un servicio para hacer que esa sociedad funcione, que nuestro mundo sea mejor.

Una buena interpretación de lo que decíamos al principio, ‘siembra para que un día puedas cosechar’. Pero bien sabemos que a esa frase o sentencia le damos también otras interpretaciones que muchas veces encierran unos intereses de alguna manera egoístas, como siempre son los intereses. Son, por ejemplo, los que van haciendo favores, pero que un días pretenden cobrar, que nos sintamos eternamente agradecidos por lo que han hecho por nosotros, pero que luego sepamos corresponder; detrás hay una cierta manipulación que podíamos decir que llega a corrupción con lo que pretendemos tener atados a nuestros intereses a aquellas personas a las que un día hicimos un favor.

Reconozcamos que vemos demasiado de esto en la sociedad donde vivimos; no siempre esas cosas buenas que podamos hacer son fruto de la generosidad sino del interés, creando servilismos, un clientelismo – podíamos decir así – en que queremos poco menos que convertir en servidores nuestros a quienes un día hicimos un favor. No aparece la generosidad y el desinterés, no aparece el verdadero amor, lo convertimos todo en un mercantilismo donde siempre queremos estar cobrando aquello que un día hicimos.

¿Será así cómo estamos haciendo con Dios? Pensemos por ejemplo en esas oraciones muchas veces llenas de amargura cuando los problemas nos aparecen por todas partes y nos decimos, nosotros que siempre hemos sido buenos, ¿cómo es que Dios nos castiga? Dios tiene que ayudarme porque yo he hecho tantas cosas buenas por la Iglesia… y hacemos toda una lista – ¿de la compra? – con la que poco menos que queremos chantajear a Dios para que nos ayude. ¿Qué es lo que realmente nos ha motivado? ¿Un amor generoso y desinteresado o realmente le estamos pidiendo cuentas a Dios? Tendríamos que pensar.

En el episodio de hoy del evangelio yo quiero imaginar algo que no nos dice, pero ¿cómo sería la cara de Jesús ante las exigencias de Pedro para ver cuánto iban a recibir ellos que lo habían dejado todo por seguir a Jesús? ¿Seguían a Jesús realmente por amor al Reino de Dios que Jesús anunciaba o pensaban – como tantas veces discutieron – qué lugar iban ellos a ocupar en ese Reino que Jesús proclamaba?

Pero el corazón de Dios no se deja ganar en generosidad, aunque nuestra generosidad vaya algunas veces de alguna manera maleada. Jesús les dice que cien veces más, pero también les dice ‘con persecuciones’, pero les dice también que en la edad futura, la vida eterna. Les recuerda también que ‘los últimos serán los primeros y los primeros los últimos’, para que no olviden donde está su verdadera grandeza y cual es el espíritu de servicio que tiene que guiar sus vidas.

¿Cuál es la cosecha que pretendemos un día obtener de nuestra siembra y de nuestro cultivo? Creo que en la vida tenemos que pensarnos muy bien cual es la cosecha que merece la pena y en la generosidad con que siempre hemos de actuar buscando simplemente el bien y dejándonos llevar por lo que nos dicte el amor.

Esto tiene que hacernos reflexionar mucho también para los que trabajamos en la Iglesia, para los que nos sentimos comprometidos por el evangelio. No lo hagamos nunca buscando compensaciones, buscando agradecimientos y recompensas. Dejemos de ponernos lápidas y plaquitas de reconocimientos de lo que hacemos, esas plaquitas que aparecen tantas veces ‘para eterna memoria’.

Lo que buscamos será siempre la gloria de Dios. Busquemos el Reino de Dios y su justicia que lo demás se dará por añadidura. No importa que algunas veces aparezcan las persecuciones. Por encima de todo el amor de Dios.

martes, 5 de noviembre de 2024

Bienaventurado el que coma en el Reino de Dios… el banquete está preparado… Jesús nos invita esperando nuestra respuesta

 



Bienaventurado el que coma en el Reino de Dios… el banquete está preparado… Jesús nos invita esperando nuestra respuesta

Filipenses 2, 5-11; Salmo 21; Lucas 14, 15-24;

Había una persona que había tenido noticia que un pariente iba a celebrar la boda de su hija, hasta ahora no lo habían invitado aunque él tenía unos grandes deseos de ir a esa boda, a ese banquete; finalmente le llegó la invitación, se preparó como pudo para no quedar mal ante sus parientes y se dispuso a ir a la boda y correspondiente banquete; una gran fiesta y una comida preparado, como se suele decir, por todo lo alto, pero cuando fueron sirviendo las distintas viandas preparadas para el caso nuestro amigo se llevó un chasco; la comida era muy refinada, pero él no estaba acostumbrado a ese estilo y prácticamente casi no comió nada; al final salió protestando porque según él lo que habían servido no valía para nada y él prácticamente se había quedado con las ganas. Eran otros sus gustos y apetencias, aquello fue como un fracaso para las ilusiones que había tenido.

Es un hecho real lo que cuento, de alguien que yo he conocido que me ha venido a la memoria al escuchar hoy el evangelio. Jesús estaba invitado en casa de unos fariseos, y alguien se expresó públicamente qué bueno sería sentarse a la mesa del Reino de Dios. ¿Una referencia a lo que Jesús anunciaba de la inminencia del Reino de Dios? ¿Hasta donde llevarían en verdad esos deseos que ahora manifestaba?

Jesús les viene a decir que muchas pueden las manifestaciones y deseos que se tengan del Reino de Dios, como un banquete al que estamos invitados, pero que nos puede suceder que cuando llegue ese momento nosotros no estemos por la labor de participar en ese banquete. Y para eso les propone una parábola que todos bien conocemos.

El Rey que prepara el banquete de bodas de su hijo para el que tiene muchos invitados y a la hora del banquete manda llamar a los invitados. ‘El banquete está preparado’. Pero otros eran los intereses de aquellos invitados porque todos comenzaron a dar sus disculpas para no asistir. No quería probar bocado de aquel banquete. Tenían otras apetencias u otros gustos. Serían ahora otros los invitados.

¿Qué nos está queriendo decir Jesús? ¿Cuáles son realmente nuestros intereses concretos en relación a lo que Jesús nos ofrece? Muchas veces hasta nos manifestamos muy religiosos; no faltamos a una fiesta como no faltamos a un entierro, nos hemos preocupado muy mucho de bautizar a nuestros hijos, y que no pase mucho tiempo después del nacimiento y lo hemos celebrado también por todo lo alto, nos preocupamos de que nuestros niños hagan la primera comunión y ya haremos todos los esfuerzos para celebrarlo a lo grande, pero ¿llegaremos a pasar de ahí a algo más en nuestra vida para decir que somos cristianos? Bueno, no hay nadie que lo sea más que yo, nos atrevemos a decir, pero veamos realmente por donde anda nuestra vida.

¿Cuáles son en verdad los valores que nosotros tenemos o los valores con los que tratamos de educar a nuestros hijos? ¿Dónde está o hasta donde llega nuestra participación en la vida de la comunidad cristiana? ¿Solo porque venimos a la fiesta y a la procesión o un día vamos a un santuario de nuestra devoción y por eso nos creemos más cristianos que nadie? ¿Llegaremos a tener entre nosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús, como nos decía el apóstol Pablo?

Como aquellos invitados a la boda que prefirieron otras cosas, que se marcharon a sus cosas, o que no les gustaba lo que allí se les ofrece, como le sucedía al amigo del que hablaba al principio que no le gustaba las viandas del banquete. No terminamos de saborear de verdad lo que es el Reino de Dios del que nos habla Jesús, no terminamos de saborear el evangelio, la Palabra de Dios y nos buscamos otras cosas con las que pretendemos llenar nuestra vida.

Bienaventurado el que coma en el Reino de Dios… el banquete está preparado… Jesús nos está invitando, ¿Cuál es nuestra respuesta?

sábado, 1 de junio de 2024

Que la luz del Espíritu sea quien nos ilumine y con nosotros estará, como en Jesús, la autoridad del Espíritu de Dios

 


Que la luz del Espíritu sea quien nos ilumine y con nosotros estará, como en Jesús, la autoridad del Espíritu de Dios

Judas 17.20b-25; Salmo 62; Marcos 11, 27-33

¿Quién te crees que eres tú? Algunas veces hemos reaccionado algo así con alguien que de repente lo vemos que se va metiendo en todas las cosas, se va involucrando de tal manera en cosas que nos afectan a todos, porque quizás tiene un inquietud interior que le hace que no se pueda quedar quieto ante las cosas que suceden y siempre está buscando soluciones, siempre está quizás incluso queriendo involucrar a los demás o a nosotros mismos y quizás por no sé qué razones de lo que nos sucede en nuestro interior incluso nos sentimos molestos con las cosas que realiza y que no somos capaces de hacer nosotros.

Surgen desconfianzas, surgen incluso enfrentamientos por la distinta manera de ver las cosas, y terminamos teniendo reacciones que no terminamos de entender, porque quizás es que no nos entendemos ni a nosotros mismos. Una solución que nos parece fácil, quitarle autoridad diciéndole que quien le ha dado permiso para meterse en esas cosas que no le corresponden.

¿Se sentían así los judíos ante la actuación de Jesús? Al menos algunos sectores no veían con buenos ojos lo que Jesús hacía. Y terminó habiendo una abierta oposición, aunque no siempre se enfrentaban a las caras, porque sabían que el conjunto de la gente, por así decirlo, estaba con Jesús. Admiraban sus milagros, les gustaba la autoridad con que hablaba y enseñaba, las palabras que escuchaban a Jesús les llegaban al corazón y aunque surgieran muchos interrogantes en el interior sin embargo sentían admiración por Jesús. No así los sectores más influyentes de aquellos momentos en la sociedad judía, porque de alguna manera se sentían denunciados por las palabras que Jesús decía, pero sobre todo por la manera de actuar de Jesús.

Ahora vienen pidiéndole a Jesús cartas de autoridad. Jesús se había atrevido incluso a tratar de purificar el templo arrojando del lugar sagrado a vendedores y cambistas porque habían convertido en un mercado la casa de oración. Como sucede siempre detrás de todo ese movimiento social y económico que se movía en el entorno del templo había también sus intereses, y cuando nos tocan nuestros ‘intereses’ todos reaccionamos. Era la que estaba sucediendo con Jesús. Como sucede tantas veces en muchas actividades del tejido social, como sucede también, por qué no decirlo incluso en el entorno de nuestras iglesias y comunidades. Muchos enemigos se han ganado muchos sacerdotes en muchas comunidades por tratar de poner orden en estas cosas. No es un tema fácil.

Creo que todo esto que estamos viendo en el entorno de Jesús en aquel momento con aquellas reacciones tan diversas entre los que le escuchaban o le seguían tenemos que descubrirlo también en nuestros entornos. Siguen las desconfianzas, siguen incluso las zancadillas en ocasiones cuando encontramos a alguien con quien no terminamos de comulgar en sus planteamientos. Sigue ese señalar con el dedo a aquel que no me agrada queriendo dejar alguna mancha con la que quitarle autoridad en lo que está haciendo. Sigue la cerrazón de tantos corazones que no terminan de dejarse conducir por el Espíritu del Señor, y que se mueven quizás desde otros intereses. Siguen los dobles juegos, las apariencias y las vanidades que todo quieren hacerlo relucir con oropeles figurativos, pero que no llegamos a hacer brillas el corazón como tendríamos que hacerlo.

Es hora de hacer un Aarón; cono Jesús cuando expulso a aquellos vendedores del templo, aunque supiera que a todos no iba a gustar. Pero la autoridad de Jesús estaba por encima de todas esas cosas y no se quería dejar manipular. Que hay muchos que nos quieren manipular, que hay muchos que quieren arrimar el ascua a su sardina porque tienen sus intereses.

Dejemos que la luz del Espíritu sea la que nos ilumine y con nosotros estará, como en Jesús, la autoridad del Espíritu de Dios.

jueves, 18 de enero de 2024

Nosotros también tenemos que preguntarnos por qué vamos tras Jesús, nos llamamos cristianos, realizamos unos actos religiosos, por qué venimos a la Iglesia

 


Nosotros también tenemos que preguntarnos por qué vamos tras Jesús, nos llamamos cristianos, realizamos unos actos religiosos, por qué venimos a la Iglesia

1Samuel 18, 6-9; 19, 1-7; Sal 55; Marcos 3, 7-12

Por algo nos buscamos los unos a los otros, por algo quiero conocer a los demás, por algo quiero ser amigo de alguien, por algo nos gusta encontrarnos y reunirnos con los demás, por algo buscamos siempre una relación y evitamos la soledad. Alguien podría quizás estar pensando mientras voy haciendo esta enumeración que podríamos prolongar mucho más, en intereses que se pudieran volver mezquinos, en búsquedas de ganancias o beneficios en el orden material o incluso económico, pero me atrevo a decir, en un gesto de buena voluntad, vamos a llamarlo así, que no siempre son esos intereses los que nos hacen buscar a los demás.

Es el deseo del encuentro y la comunicación, es sentir que tenemos almas gemelas y podemos entendernos fácilmente, es buscar la convivencia que nos saque de soledades, es lo que, no en el orden material, podemos recibir de los demás, porque de los demás aprendemos, porque en los demás podemos encontrar estímulos para nuestra vida, porque la conversación con los demás me hace la vida agradable, porque encuentro felicidad en lo que comparto con aquellas personas, porque siento una riqueza espiritual dentro de mi cuando estoy con los demás que me hace sentirme grande, me hace sentirme satisfecho de la vida, que ponen alegría e ilusión en mis ojos y en mi caminar.

Sí, sé también que podemos tener unos deseos o unos intereses que nos puedan volver egoístas, porque solo pensamos en lo que podemos recibir de esas personas, y no nos preocupamos tanto de lo que nosotros podamos aportar; sé que podemos ser interesados porque voy a encontrar ayuda en mis necesidades, solución a problemas; pueden haber, es cierto, intereses que no son tan generosos y tan altruistas, porque solo podemos estar pensando en lo que nos vamos a beneficiar de la amistad de esas personas.

Os podéis estar preguntando el por qué me estoy haciendo esta reflexión preguntándome el por qué buscamos a los demás. Creo que es algo importante el analizar las motivaciones que tenemos en la vida para hacer lo que hacemos. Para aclarar ideas, para encontrar un sentido y un valor, para poner deseos de superación en nosotros… muchas cosas podemos pensar.

El evangelio nos habla hoy de que ‘Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón’. Gente que viene de todas partes para estar con Jesús. Y aquí viene la pregunta, ¿por qué acudían tantos, además procedentes de tan distintos y distantes lugares de toda Palestina?

‘Al enterarse de las cosas que hacía’, nos dice el evangelista. Sus milagros, las curaciones de los enfermos… Se le echaban encima y casi lo estrujaban; nos dice que se subió a una barca que estaba en la orilla para que no se apretujaran tanto en torno a El. Venían con sus males, con sus enfermos, con sus dolencias, con sus desesperanzas, con su pobreza, con su necesidad. Pero venían también a escucharle. Sus palabras despertaban esperanzas. Y aunque no siempre supieran ver como un signo de algo más aquellas curaciones que realizaba, algo intuían y por eso querían estar con El. Aunque algunos solo vinieran por el interés de la curación y de la salud corporal, pero Jesús iba sembrando algo más en sus corazones.

Es ahora cuando nosotros también tenemos que preguntarnos por qué vamos tras Jesús, por qué nos llamamos cristianos, qué es lo que buscamos en nuestras actitudes y los actos religiosos que realizamos, por qué venimos a la Iglesia, por qué nos decimos seguidores de Jesús. ¿Habrá algo distinto y profundo en nuestro corazón?

lunes, 20 de noviembre de 2023

Tengamos la valentía de reconocer que andamos en oscuridad y tinieblas para pedir que queremos recobrar la luz

 


Tengamos la valentía de reconocer que andamos en oscuridad y tinieblas para pedir que queremos recobrar la luz

1Macabeos 1,10-15.41-43.54-57.62-64; Sal 118; Lucas 18,35-43

Dice el dicho popular que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Sin embargo nos podríamos preguntar ¿y quién es el que no quiere ver? Porque todos cuando tenemos la más mínima afección en los ojos enseguida acudimos el medico, al óptico, al oftalmólogo porque sería algo muy duro el quedarse ciego y no poder ver.  Qué grande es la alegría, por ejemplo, del que se opera de cataratas, que antes de la cirugía lo veía todo opaco, y después de la operación recobra y con qué fuerza la visión y con qué intensidad se ven de nuevo los colores.

Pero creo que entendemos que esto son solo imágenes de algo más hondo. Porque muchas cegueras nos aparecen en la vida, y muchas veces tenemos que decir que queridas o buscadas. No queremos ver sino lo que nos interesa, decimos en ocasiones; cerramos la mente en nuestras cosas, en nuestros intereses, y no vemos más allá de lo que queremos ver; cuantas diferencias tenemos entre unos y otros porque nos encerramos en nuestra visión, en la perspectiva que nosotros podamos tener y no queremos aceptar la luz o la verdad que puede tener el otro; diferencias que nos llevan a enfrentamientos y hasta violencias, diferencias que crean divisiones, diferencias que nos encierran en nosotros mismos y nos llevan a la descalificación y hasta si pudiéramos la destrucción del adversario.

Cegueras que se nos meten en la vida para quedarnos solo en lo material y en lo presente, en lo que pueda satisfacerme ahora pero sin darle más trascendencia a lo que hacemos o a lo que vivimos, cegueras que nos destierran del ámbito espiritual, o que nosotros voluntariamente hemos descartado, tan importante y necesario en lo que es la visión más completa de la persona y terminan por querer desterrar a Dios de nuestra vida, cegueras que nos aíslan y nos dejan al borde del camino metidos en nuestra rutinas o lo que siempre hemos hecho sin abrirnos a algo mejor y que va más allá de ese momento presente.

El evangelio nos habla hoy de un hombre que está al borde del camino. Las circunstancias de su ceguera allí lo han puesto sin dejarle abrirse a más amplios horizontes. Pedir limosna para poder subsistir es lo que único que sabe hacer. Estratégicamente está colocado en el camino que pasa por Jericó y que conduce a la ciudad santa, por lo que muchos serán los peregrinos que bajando por el Jordán desde Galilea hagan esa travesía en su camino a Jerusalén.

Sin embargo en el borde del camino siempre se pueden escuchar muchas cosas y quien tenga una sensibilidad especial mucho pueda aprender en las cosas que escucha. ¿Habrá oído hablar de aquel profeta de Galilea que hace signos y prodigios y a muchos ha curado también de su ceguera? Cuando escucha el murmullo de la gente que pasa tratará de enterarse bien de lo que sucede y es por lo que pronto clamará ‘Jesús, hijo de David, ten compasión de mí’. Quizás aquellos muy devotos de escuchar al Maestro tratarán de hacerlo callar, para que sus gritos no les impidan escuchar a Jesús, como tantas veces también entre nosotros sucede. ¿Para qué escuchan a Jesús si no son capaces de escuchar, o dejar gritar a aquel pobre ciego que está al borde del camino pidiendo compasión?

Jesús quiere que lo traigan a su presencia y dando tumbos y saltando de alegría se acerca hasta Jesús. El sí lo va a escuchar. ‘¿Qué quieres que haga por ti?’ Había pedido compasión, como la pedía a todos los caminantes esperando alcanzar algo que remediase su pobreza; pero ante Jesús no se contenta con eso. El quiere recobrar la vista. Será como devolverle su dignidad; con visión no tendrá que estar pendiente y a la expectativa de la compasión que alguien pueda sentir por él, podrá valerse por sí mismo como quizás tantas veces había deseado. ‘Señor, que recobre la vista’, fue su petición.

‘Recobra la vista, tu fe te ha curado’, fue la respuesta de Jesús. No fue necesario nada más. Ahora sobraban los signos externos, porque grande era la fe de aquel hombre y sabía bien lo que pedía. Reconocía su impotencia y su ceguera. El mundo se había vuelto oscuro para él y quería la luz. Algunas veces pudiera sucedernos que no queremos la luz, ¿preferimos seguir en las tinieblas para que no se vean nuestras obras oscuras? ¿Preferimos seguir en lo que estábamos porque la luz pondría nuevas exigencias en nuestra vida? Algunas veces no queremos cambiar. Esto siempre ha sido así, se ha hecho así, nos decimos.

¿Tendré la valentía de decir que queremos recobrar la luz? ¿Tendremos suficiente fe que de nuevo nos llenará de luz?

sábado, 23 de septiembre de 2023

Ojalá hoy esta semilla que nos está ofreciendo el evangelio no caiga en tierra estéril sino que sepamos abonarla para que dé buenos frutos

 

 


Ojalá hoy esta semilla que nos está ofreciendo el evangelio no caiga en tierra baldía sino que sepamos abonarla para que dé buenos frutos

1 Timoteo 6,13-16; Sal 99; Lucas 8, 4-15

Se había reunido una gran muchedumbre venida de la ciudad. ¿Estaban en el campo? ¿Estaban en la orilla del lago, como expresa el otro evangelista en este mismo episodio? La gente que le escuchaba, aunque venida de la ciudad, entendían también de las labores del campo; además el episodio se sitúa en Galilea acostumbrados a ver en aquellas llanuras y valles los extensos campos de mieses, tan esencial su cultivo para poder tener la harina con que elaborar el pan.

Y es a ellos a los que Jesús les habla del sembrador que sale a sembrar la semilla. como estaba ahora Jesús en medio de aquel variado campo de personas venidas de diferentes lugares para escucharle. También sembraba la semilla sobre esa variedad de personas, cada una con sus problemas, con sus angustias, con sus pobrezas, con sus sufrimientos, pero también con sueños y ambiciones, con sus esperanzas de algo nuevo, con sus corazones atormentados, también con la indiferencia y la desgana, cansados quizás por tantas frustraciones, o también con su ideas preconcebidas que hacen mantener la distancia. ¿Cómo recibirán la semilla aquellas personas tan diversas?

Jesús habla de esa semilla sembrada a voleo, porque se quiere que llegue a todas partes, pero que va a encontrar la dureza de los caminos trillados con tantas pisadas, de los pedregales que no se han labrado o de los campos llenos de abrojos y malas hierbas; alguna semilla podrá caer en tierra buena y labrada con lo que el fruto sería más factible.

Los que pasan por el camino en nada se fijan donde pisan porque van a lo propio y la semilla será pisoteada y convertida en inservible, solo valdrá para que los pajarillos que revolotean en aquellos campos se la coman; donde la tierra no está labrada sino llena de pedruscos, no podrá enraizarse para encontrar la conveniente humedad que la haga germinar y crecer; las malas hierbas se la comerán y ahogarán las tiernas plantas que puedan surgir impidiendo que puedan llegar a dar buena cosecha; será necesario una tierra buena.

¿Los problemas en los que se ven envueltos todos aquellos que allí están escuchando a Jesus permitirán que el pensamiento se dirija a esa palabra nueva que se les está anunciando? Quienes andan con sus ambiciones y sus sueños sin poner los pies en la realidad del suelo serán incapaces de concentrar su mente en algo que les tendría que hacer despertar; a quienes les guía simplemente la curiosidad o la novedad de algo con lo que entretenerse en sus vidas aburridas poco serán capaces de escuchar lo que están oyendo, o de ver lo que está claro delante de sus ojos, porque serán quizás otros los intereses que los guían.

Estamos pensando en la situación de aquella gente que allí se había reunido en torno a jesús para escucharle sin quizás oirle de verdad, pero nos damos cuenta que es mucho de lo que sucede en nuestro entorno, o acaso en nuestros propios corazones. También andamos afanados con nuestras preocupaciones o nuestras ambiciones que no nos dejan pensar en otra cosa, prestar atención y ser capaces de llevar esa palabra a nuestra vida. Son otros los intereses que guían nuestra vida, son otras las ambiciones que tenemos en el corazón, es mucha también la superficialidad con la que vivimos pensando solo en cómo vamos a pasarlo mejor. Es fuerte el materialismo en que hemos encerrado nuestra vida que nos impide mirar a lo alto, buscar otros valores, elevar nuestro espíritu para saber encontrar lo que puede llenar de verdad nuestro espíritu y dar plenitud a nuestra vida.

¿Cómo tenemos que hacernos hoy tierra buena? Necesitamos detenernos, comenzar a tener otra vida, ser capaces de escuchar otras sintonías, buscar lo que de más profundidad a nuestra vida, hacer silencio de tantos ruidos que nos aturden en la sociedad en la que vivimos, saber encontrar paz en el corazón a pesar de tantas turbulencias que nos ofrece la vida, labrar la tierra de nuestra vida, para arrancar de nosotros tantos apegos y esclavitudes en las que vamos cayendo, abrir de verdad nuestro espíritu para encontrar esa luz que de verdad nos ilumine por dentro.

Ojalá hoy esta semilla que nos está ofreciendo el evangelio no caiga en tierra estéril sino que sepamos abonar para que dé buenos frutos.


jueves, 20 de julio de 2023

Detengámonos y queramos parecernos a Jesús que siempre tendrá tiempo para detenerse junto al borde del camino, El nos llenará de su paz y mansedumbre

 


Detengámonos y queramos parecernos a Jesús que siempre tendrá tiempo para detenerse junto al borde del camino, El nos llenará de su paz y mansedumbre

Éxodo 3, 13- 20; Sal 104; Mateo 11,28-30

Sí, algunas veces estamos cansados, muy cansados y necesitamos descansar. Después de un duro día de trabajo, necesitamos descansar; después de esas tareas que desarrollamos cada día, necesitamos descansar; después de un duro esfuerzo, un largo camino recorrido, del agobio que sentimos envueltos en los problemas de la gente a la que tratamos de ayudar, necesitamos descansar… a veces son otras las cosas que nos producen cansancio, les desesperanzas que nos obnubilan el camino, los desalientos por los fracasos en aquello que estábamos intentando realizar, los sueños que se ven frustrados porque ni creen en nuestros sueños ni se nos ponen fáciles las cosas de la vida para alcanzar esas metas que tanto deseábamos, la soledad cuando no cuentan contigo, cuando te arriman a un rincón, cuando no nos muestran confianza ni aquellos que más cerca tenemos y en quien nosotros habíamos confiado, cuando nos encontramos las dificultades de la vida, cuando todo parece que se nos pone en contra… nos sentimos cansados que es una desilusión, una desesperanza, una soledad.

Algunas veces nos encontramos con gente que siempre nos dicen que están cansados, que parece que se han envejecido, que han perdido ilusiones, que las metas de su vida son ramplonas y siempre se quedan de tejas abajo, que quizás no han encontrado en sentido para sus vidas y simplemente se contentan con vivir, con vegetar, con trabajar para poder producir unos beneficios que le faciliten la vida, pero que andan como zombis sin rumbo y sin sentido. No nos extrañe que nos digan siempre que están cansados porque todo eso da un tremendo cansancio a la vida.

Necesitamos descansar que es reavivar y recuperar las fuerzas perdidas; necesitamos descansar que es reavivar nuestras ilusiones para comenzar de nuevo a creer en nosotros mismos; necesitamos descansar porque necesitamos meternos dentro de nosotros mismos para revisar caminos, para sentirnos fuertes desde lo más hondo para seguir luchando; necesitamos descansar que es abrir de nuevo los ojos a la luz para salir de esas oscuridades que nos aturden, que nos hacen perder ilusión, que nos han quitado metas de nuestra vida, que nos han envejecido.

¿Cuáles son las recetas para curar esa enfermedad del cansancio que tanto nos adormece? Hoy simplemente quiero escuchar en el evangelio las palabras de Jesús que me invitan a ir hasta El. ‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas’.

Sí, vayamos a Jesús cualesquiera que sea nuestro cansancio, El es nuestro alivio, El es nuestro descanso. Es una buena noticia. Jesús es esa buena noticia, porque El es nuestro descanso. Como nos ha pedido desde siempre, desde el primer momento para creer en esa buena noticia, para creer en El, tenemos que vaciarnos de tantas cosas con las que hemos querido llenar nuestras vidas pensando que ellas eran la razón de nuestra felicidad. Aunque llenos de cosas nos sentimos vacíos, aunque llenos de cosas no hemos encontrado el camino que dé ese verdadero sentido a nuestra vida. Nos pide convertirnos para creer en la buena noticia, para creer en El.

¿No estamos encontrando en El esa mansedumbre y esa paz que tanto necesitamos? No son las locas carreras que nos llenan de violencia la vida las que nos van a dar esa paz. Detengámonos y queramos parecernos a El. Nunca lo veremos  corriendo por muy grande que sea la tarea. Sabe siempre tener tiempo para detenerse porque una mujer le tocó el manto y quiere interesarse por ella; sabe tener tiempo para escurrirse del barullo de la gente e ir a dar con aquel paralítico que está al borde de la piscina y nadie ayuda; sabe detenerse para mirar a los ojos a la mujer que llora a sus pies y darle la mano para levantarla aunque todos la desprecien porque es una pecadora; sabe tener tiempo para dejar que los pequeños se acerquen a El y con los niños entretenerse incluso con sus juegos, pero también para escuchar aunque fuera en la noche a los que están agobiados buscando un sentido para sus vidas.

Cuánto tenemos que aprender de Jesús. ‘Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón… porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera’.