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jueves, 20 de noviembre de 2025

Dejémonos conmover por las lágrimas de Jesús que no son solo sobre Jerusalén sino hoy por la tibieza con que vivimos los cristianos nuestra respuesta de fe

 


Dejémonos conmover por las lágrimas de Jesús que no son solo sobre Jerusalén sino hoy por la tibieza con que vivimos los cristianos nuestra respuesta de fe

2Macabeos 2, 15-29; Salmo 49; Lucas 19, 41-44

Nosotros en esa reacción tan humana por nuestra debilidad quizás lo que podemos es sentir cansancio por las veces que hemos intentado algo bueno con alguien, con nuestros consejos o con nuestras palabras de ánimo pero donde no conseguimos hacer reaccionar a esa persona para que cambia, para que actúe de otra manera, para que ponga orden en su vida. Nos habrá pasado ya fuera en los consejos que le damos a un amigo, la tarea educadora como padres con los hijos, o en otras situaciones en que socialmente queremos influir para bien. Hemos empleado todos los medios que estaban a nuestro alcanza, hemos querido decir palabras convincentes, nos hemos puesto a su lado queriendo ser estimulo, pero no encontramos respuesta, nos sentimos cansados y de alguna manera queremos tirar la toalla y que ellos se las arreglen.

Pero esa no es la postura que contemplamos hoy en Jesús mientras se acerca a la ciudad santa de Jerusalén y a la que está quizás contemplando desde el monte de los olivos. Ya hemos mencionado lo hermosa que se ve desde allí la ciudad y espectacular tenía que ser la visión con el magnífico templo en primer término. Pero allí vemos a Jesús llorar. Una pequeña capilla nos recuerda el lugar, llamada ‘dominus flevit’, el Señor lloró. Siempre nos sentimos conmocionados cuando vemos a un hombre llorando; se supone su fortaleza de espíritu para mantenerse firme y sereno frente a las dificultades o a los contratiempos. Por eso se recuerdan, y de qué manera esas lágrimas de Jesús.

No tira la toalla, porque seguirá buscando la manera de acoger a todos sus hijos, como la gallina acoge bajo sus alas a sus polluelos, que se nos dirá en otro momento. Llora por la reacción ante las palabras y el mensaje de Jesús que está teniendo o va a tener en aquella ciudad. No le augura futuro de felicidad, y no es castigo, sino el derrotero que están siguiendo. Allí Jesús ha prodigado sus palabras y sus signos y aunque desde aquel monte de los olivos hasta la entrada en la ciudad muchos aclamarán a Jesús como el que viene en nombre del Señor, pronto se van a olvidar esos gritos de alabanza y se transformarán en gritos para pedir la muerte y la cruz.

Pero allí, aún con lágrimas en sus ojos baja Jesús aquel monte para entrar en la ciudad, porque otra será la montaña a la que habrá de subir en el calvario, a las puertas de la ciudad. Ha venido para ser Pascua y la Pascua se ha de celebrar, porque es el paso de Dios, paso de salvación y de vida que Jesús sigue ofreciendo en su sangre derramada para el perdón de nuestros pecados. Se ha de dar el paso de la entrega hasta la muerte pero que será pórtico de pascua de vida y de salvación. Si allí estará ese momento cruento de la pasión y de la muerte, allí se manifestará también Jesús vivo y glorioso, resucitado para llevarnos a nosotros también por caminos de resurrección y allí derramará su espíritu sobre lo que creemos en Él para sentirnos enviados por el mundo con ese mensaje del evangelio, con esa buena noticia de salvación de para todos.

Si conocieras el don de Dios, le dice Jesús a Jerusalén, como un día le dijera también a aquella mujer samaritana junto al pozo de Jacob, como también nos está diciendo a nosotros ofreciéndonos el agua vida de su evangelio. Pero ¿escucharemos nosotros esa invitación que nos está haciendo Jesús?

Reconozcamos que muchas veces hemos sido tardos en dar respuesta, o quizás incluso nuestra respuesta ha sido negativa; ahí están nuestras debilidades y cansancios, ahí está nuestro hacernos oídos sordos tantas veces dejándonos embelesar por otros cantos de sirena, ahí está la frialdad con que vivimos y celebramos nuestra fe, ahí están esas componendas en que nos vemos envueltos porque quisiéramos contentar a todos y seguimos con nuestros apegos y nuestras rutinas, ahí están esas medidas con que pretendemos suavizar las exigencias del amor porque, decimos, no siempre se puede, no se puede dar todo, tengo que pensar en mi futuro y así no sé cuantas disculpas que nos damos a nosotros mismos pero que a nadie convencen.

¿Nos dejaremos conmover por las lágrimas de Jesús que no solo fueron por aquella ciudad de Jerusalén sino que mucho más serán por nosotros y por la tibieza de nuestras respuestas?


jueves, 25 de septiembre de 2025

No nos basta decir que sabemos muchas cosas del evangelio e intentamos hacer lo que podemos; hace falta algo más que ‘buena voluntad’ para tener un encuentro vivo con Jesús

 


No nos basta decir que sabemos muchas cosas del evangelio e intentamos hacer lo que podemos; hace falta algo más que ‘buena voluntad’ para tener un encuentro vivo con Jesús

Ageo 1, 1-8; Salmo 149; Lucas 9, 7-9

A todos nos ha pasado de una forma o de otra; cosas que nos han pasado, palabras que hemos escuchado, accidentes que contemplamos en la vida, sueños perturbadores que en algún momento hemos tenido, personas con las que nos hemos encontrado o de las que hemos escuchado cosas que nos llaman la atención, se ha sembrado una inquietud en nuestro interior, nos hacemos preguntas a las que se nos hace difícil responder, la conciencia quizás comienza a ronronear en nuestro interior quizás por culpabilidades de cosas pasadas… pero ¿a final que ha significado eso en nuestra vida?

Podemos darle muchas respuestas, o acallarlo y dejarlo en lo más olvidado de nuestra conciencia para no tenerlo en cuenta, puede suceder que durante un tiempo no estemos tranquilos porque son cosas que no podemos quitar de nuestra cabeza, nos damos explicaciones que ni a nosotros nos convencen pero con las que queremos acallar esos gritos de nuestro interior, podemos echarlo todo al olvido y con el paso del tiempo aquello ha quedado como enterrado, pero quizás no hemos sabido dar un paso adelante para el que necesitábamos una valentía de la que nos parecía carecer, nos contentamos con ver las cosas de lejos pero no nos enfrentamos a ellas y la vida sigue rodando y rodando y seguimos igual, cuando quizás esas preguntas podían haber hecho si nos atrevíamos a dar respuesta a hacer algo que mejorara en lo más hondo de nosotros mismos.

Algo así se nos está planteando en el evangelio y quizás tendríamos que plantearnos cual es de verdad la actitud que tenemos ante el mismo evangelio, ante Jesús, y en el fondo todo lo que significaría nuestra religiosidad, nuestra relación con Dios, y en consecuencia nuestra vida que queremos llamarla vida cristiana. ¿Cuáles serían nuestras respuestas o las actitudes mantenemos sobre todo ello?

Partimos de las preguntas que se hacía Herodes ante lo que oía de Jesús. Eran cosas que le inquietaban. Se interrogaba y no sabía tampoco que respuesta dar. Le hablaban de Jesús, de su manera de actuar y de lo que enseñaba a la gente, de la respuesta que el pueblo estaba dando a aquella predicación de Jesús y los milagros que realizaba. En su mente se confundían muchas cosas. Un día había querido también escuchar a Juan a quien se decía que respetaba, pero influenciado por muchas cosas había terminado por degollarle. ¿Veía en peligro su poder? ¿Era incompatible lo que Juan enseñaba con la forma de vida de Herodes? La austeridad de Juan en el desierto hacía que estuviera muy distante con aquella vida de superficialidad, de lujos y de fiestas, de desenfreno e inmoralidades que se vivían en su palacio. Había también en su entorno quien quería quitarlo de en medio porque le molestaba lo que Juan denunciaba y enseñaba. Al final había pasado lo que tenía que pasar.

Ahora oye hablar de Jesús, de quien dicen que es un profeta, como los grandes profetas que ha habido en la historia de Israel; a él en su conciencia que le remuerde por lo que ha dicho le parece que Jesús es Juan que ha vuelto a la vida. Pero se seguían interponiendo los mismos obstáculos y aunque decía que tenía ganas de conocer a Jesús, nunca llegaría a un encuentro con El como para reconocerle como el Mesías y el Hijo de Dios.

Pero no nos quedamos en la consideración de lo sucedido con Herodes y sus inquietudes y sus relaciones frustradas tanto con el Bautista como con Jesús. Es que todo eso tenemos que verlo en nosotros mismos. Ante esos hechos que nos suceden en la vida y nos llenan de inquietud, ante esas palabras que escuchamos que tocan lo más hondo de nuestra conciencia, ante lo que vemos o escuchamos de la Iglesia, del evangelio que predica o del testimonio de tantos, ¿cuales son nuestras actitudes, nuestros deseos de búsqueda, las respuestas que vamos dando en la vida?

Porque muchas veces nos podemos poner a la distancia, para ver las cosas de lejos para no implicarnos, muchas veces nos hacemos oídos sordos o damos nuestras explicaciones que no son sino excusas, muchas queremos hacer nuestros arreglitos y como se suele decir ponemos una vela a Dios y otra al diablo, porque seguimos con nuestras rutinas o nuestras malas costumbres, seguimos dejándonos arrastrar ya sea por las pasiones o lo que salga en cada momento, pero no terminamos de dar el paso, no terminamos de abrir de verdad nuestros oídos para escuchar el evangelio, no terminamos de tener ese encuentro vivo con Jesús desde lo más hondo de nuestra vida.

Busquemos respuestas pero seamos valientes; dejémonos encontrar por la gracia, dejémonos encontrar por Jesús, dejemos que el Evangelio haga mella en nosotros, dejémonos iluminar por la luz.

No nos basta decir que sabemos muchas cosas de Jesús o del evangelio, que conocemos bien la Iglesia y que intentamos hacer lo que podemos; hace falta más que eso que llamamos ‘buena voluntad’, hacen falta decisiones firmes y valientes, hace falta abrir el corazón.

viernes, 21 de marzo de 2025

Es tiempo de gracia, tiempo de volver nuestra mirada y nuestro corazón a lo que es el amor y la misericordia del Señor que siempre nos espera, tiempo de salvación

 


Es tiempo de gracia, tiempo de volver nuestra mirada y nuestro corazón a lo que es el amor y la misericordia del Señor que siempre nos espera, tiempo de salvación

Génesis, 37, 3-4.12-13.17-28; Sal. 104; Mateo 21, 33-46

Aunque cuando hacemos un favor, cuando hacemos el bien a alguien lo queremos hacer desde nuestra buena voluntad y nuestra generosidad, sin embargo, somos humanos, y aunque no busquemos reconocimientos nos sentimos mal cuando vemos, por ejemplo, lo mal que aprovechan lo que nosotros les ofrecimos para su bien, más bien lo malgastan o lo destruyen aparte de no dar ninguna señal del bien que quisimos hacerles. No buscamos gratitudes ni reconocimientos, queremos que les sirva para su bien, pero no saben sacarle provecho, e incluso hasta que con quienes les quisimos ayudar se ponen insolentes y exigentes. Y somos nosotros los primeros los que nos sentimos mal con la tentación incluso de reaccionar contra ellos.

Estamos haciendo el planteamiento desde nuestra perspectiva, desde el punto en que hemos sido nosotros los que hemos ofrecido y no se ha dado por la otra parte la respuesta adecuada. Pero ¿y si pensamos en nosotros mismos, pero desde el otro lado, desde el que no siempre nosotros damos la respuesta adecuada a cuanto recibimos?

Es por donde quiere ir hoy el evangelio con la parábola que Jesús nos ofrece.

Es cierto que en un primer comentario a esta parábola, incluso desde la intención con que Jesús la dirigió en aquel momento en que estaban presentes los dirigentes del pueblo, vemos en ella un reflejo de lo que fue la historia de Israel, la historia de amor de Dios con su pueblo hasta llegar a aquel momento presente en que rechazan a Jesús, el enviado de Dios, como tantas veces habían rechazado a los profetas tal como nos refleja la historia de Israel.

Una historia que tenía que ser una historia de salvación porque era la historia del amor de Dios por su pueblo, pero que se había transformado en una historia de infidelidad en la respuesta que tanto le costaba a aquel pueblo de Dios al amor que se derramaba sobre ellos.

Pero cuando hoy escuchamos nosotros este evangelio como Palabra de Dios para nosotros hemos de saber hacer una lectura de aquella historia en nuestra propia vida. No miramos la historia del pasado, sino miramos nuestra propia historia, nuestra propia vida y en ella tenemos que vernos reflejados.

Nos habla la parábola del propietario que preparó su vida y se nos dan hermosos detalles del esmero con que la preparó y la arrendó a unos agricultores para que la trabajaran, sacaran sus frutos y rindieran cuenta al dueño por aquellos frutos. No eran los propietarios, pero quisieron sentirse los propietarios, de manera que no quisieron rendir cuentas de frutos y ganancias para el dueño. Envía a sus criados que son rechazados de mala manera; rechazan al hijo porque quieren hacerse dueños de la viña y terminan matándolo fuera de la viña.

¿Cómo nos vemos nosotros ante ese regalo de Dios que es la vida misma pero también cuánto con su gracia ha enriquecido nuestra vida? ¿Cuál es la actitud de acogida que nosotros mostramos ante quienes Dios pone a nuestro lado para ayudarnos a hacer sus caminos? ¿Hasta dónde llega nuestra fe para aceptar y recibir esa gracia que Dios continuamente de mil maneras nos regala?  ¿Cuál es la vivencia de esa fe y de ese amor que tendríamos que reflejar en nuestra vida, en nuestras actitudes y en nuestros comportamientos?

Tenemos que ser sinceros con nosotros mismos, pero sinceros ante Dios que conoce bien nuestros corazones. No lo podemos ocultar. Nuestra vida también está llena de infidelidades, de fracasos de esa gracia de Dios en mí. Es ahora cuando no nos hemos de sentir tan mal por lo que otros hagan con nosotros, sino mal con nosotros mismos cuando reconocemos y contemplamos las oscuridades de nuestra vida.

Pero es tiempo de gracia, como escuchábamos desde el primer día de la cuaresma en el miércoles de ceniza. Tiempo de volver nuestra mirada y nuestro corazón a lo que es el amor y la misericordia del Señor que siempre nos espera, que una vez más nos llama y nos regala su gracia, es tiempo de salvación si respondemos a la llamada del Señor.

martes, 24 de diciembre de 2024

Nos quedan unas horas para llegar a la nochebuena, pensemos seriamente el recorrido que hacer para que sea verdadera Navidad, auténtica encrucijada para nuestra vida

 

Nos quedan unas horas para llegar a la nochebuena, pensemos seriamente el recorrido que hacer para que sea verdadera Navidad, auténtica encrucijada para nuestra vida

Isaías 9, 1-6; Salmo 95; Tito 2, 11-14; Lucas 2, 1-14

Hay caminos que se entrecruzan y que en una primera impresión nos parecen de locura; unos que caminan en una dirección y otros en la opuesta, parecería que nos chocáramos y fuera difícil encontrarnos y entendernos. Pero realmente son encrucijadas que se convierten en punto de partida, en punto desde el cual podemos encontrar la dirección y el sentido del camino que queremos realizar, punto en el que finalmente se encauza todo ese tráfico para hacer que luego el recorrido tenga una verdadera fluidez.

¿Será ese punto de la historia que tiene por centro del nacimiento de Jesús como en este día celebramos? Por algo en algún momento de la historia centramos el calendario precisamente a partir del nacimiento de Jesús, más allá de los errores de cálculo que pudiera haber al señalar ese punto cero de la historia para decir antes de Cristo o después de Cristo. Pero me pregunta es algo más y ya es haciendo referencia a lo que en este momento nosotros estamos celebrando y lo que tiene que ser su sentido. ¿Nos encontraremos hoy también en una encrucijada de la historia y de la vida donde tendremos en verdad que encontrar esa dirección que necesitamos? Creo que una verdadera celebración de la navidad tendría que ir por ese planteamiento.

¿Qué nos ofrece realmente el mensaje de la navidad? ¿Qué es lo que realmente busca el hombre al menos en ese día a día de nuestra vida? Queremos paz pero vivimos en un mundo convulso de guerras y violencias. Queremos bienestar y felicidad pero estamos pensando en una carrera por la posesión de cosas o por el poder, y poder será tener influencia, poder será quizás poderme sentir por encima de los otros, y poder es querer disponer de todo lo que me pueda satisfacer de la manera que sea, y poder se convierte en ambición y en vanidad que me envuelve de superficialidad, y poder es decir que somos libres pero no pensando en lo que sea mejor para todos sino solo mejor para mi mismo, y poder es una autosuficiencia que al final me aísla o me endiosa creando barreras y abismos en mi derredor para que nadie me moleste o me inquiete con sus problemas.

Pero cuando con sinceridad, con espíritu abierto nos acercamos a la navidad, no la que imaginamos, sino la que realmente tuvo su origen en esa cueva de Belén que tanto contemplamos en estos días otra cosa será lo que nos encontremos. Un matrimonio pobre que ha tenido que desplazarse por el capricho de un gobernante que quería hacer un censo y que no teniendo donde cobijarse porque nadie le ofrece posada, se refugiará en un establo de animales en las afueras de Belén, unos humildes pastores que pasan al raso la noche en aquellos campos cuidando de sus ovejas o ganados, la pequeñez y humildad de un niño que no tendrá una cuna en su nacimiento sino el humilde pesebre comedero de unos animales.

Y ahí escucharemos un mensaje. Hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador… y se les dará una señal, encontrareis un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Y en torno aparecerá el resplandor de la gloria de Dios que cantan los ángeles anunciando la paz para los hombres a los que Dios ama.

¿Cómo encajamos este cuadro de Belén que para nosotros es Evangelio, es una buena noticia como la que dan los ángeles a los pastores, con aquellos deseos de la humanidad que tenemos en estos mismos momentos? Y nos atreveremos a decir que este momento es encrucijada de la historia, tiene que ser encrucijada para nuestra vida.

Ese es el gran misterio de la Navidad, no solo de la que recordamos y queremos celebrar de lo acaecido hace más de dos mil años en Belén, sino que es, tiene que ser el misterio que hoy celebramos y que tenemos que hacerlo en su cruda realidad. Porque emigrantes como María y José seguimos encontrándonos a cada paso; gente que no tiene posada, que se ha quedado sin nada, o a los que vemos en los lugares más humildes, si abrimos los ojos nos estarán saliendo continuamente al paso; personas que viven en el frío de la soledad, que no son tenidos en cuenta porque no son de nuestra condición, a los que no valoramos o de los que desconfiamos en las calles del Belén de nuestra vida, de lo que sucede a nuestro alrededor nos vamos a encontrar muchos; y podemos seguir hablando de las violencias de la vida que no son solo las guerras sino también las que tenemos con los que están a nuestro lado y con los que no nos hablamos o ante quienes pasamos indiferentes, son el padrenuestro de cada día.

Y ahí en medio tenemos que celebrar Navidad hoy. Ahi viene Dios en el hoy de nuestra vida y nos ofrece un evangelio de salvación. Este momento que vivimos tendría que ser en verdad una encrucijada para nuestra vida, porque de este momento de la navidad no podemos salir de la misma manera, con la misma insensibilidad e indiferencias, con las mismas barreras y abismos que nos hemos creado. Algo nuevo tendría que comenzar en nuestra vida.

¿Qué vamos a hacer de nuestra navidad? ¿Solo unas palabras bonitas que nos decimos para felicitarnos y que se van a quedar en flor de un día que pronto se marchita o luz parpadeante que pronto se apaga?  ¿Llegaremos a sentir esa presencia de Dios que viene con su salvacion a ese mundo en que vivimos?

Nos quedan unas horas para llegar a lo que llamamos la nochebuena, pensemos seriamente el recorrido que aun tenemos que hacer para que sea verdaderamente Navidad, auténtica encrucijada para nuestra vida. Esa buena noticia que hoy escuchamos, ¿transformará realmente lo que son esos deseos de nuestra vida?

sábado, 30 de noviembre de 2024

La fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo… y nadie que crea en El quedará confundido

 


La fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo… y nadie que crea en El quedará confundido

Romanos 10, 9-18; Salmo 18; Mateo 4, 18-22

Supongamos que queremos contarle a alguien algo que pensamos que es una buena noticia para esa persona, que podría beneficiarla mucho, que a nosotros también nos ha llenado de alegría y enseguida pensamos que teníamos que contárselo y en ese intento estamos, pero esa persona no quiere escuchar, porque nos dice que no le interesa, porque está entretenida en otras cosas por las que muestra mayor interés - ¡cuántas veces queremos hablar con alguien pero está entretenido con su móvil y no presta ni la más mínima atención a lo que le estamos diciendo! – seguramente que nos sentiríamos más, que esa persona una desagradecida, que no tiene interés por nada sino por sus entretenimientos. Claro que lo podríamos ver en sentido inverso, nos quieren hablar de algo que consideran importante, y nosotros tampoco le prestamos caso, seguimos entretenidos en nuestras cosas.

Nos parecen situaciones aberrantes, seguramente pensamos. Pero es mucho más frecuente de lo que queremos pensar. Y ya no se trata de esas noticias de cada día, que nos pueden llegar por los periódicos o por otros medios de comunicación. Estamos hablando entre creyentes, ¿cuál es la escucha y la atención que nosotros prestamos habitualmente a la buena noticia del Evangelio? La escuchamos, decimos, pero tendríamos que preguntarnos ¿cuántas veces cuando salimos de la Iglesia y de Misa al rato ya ni nos acordamos de lo que escuchamos en el evangelio que se nos proclamó en la celebración? ¿Dónde estábamos? ¿De qué o en qué estaba prendida nuestra mente y nuestra imaginación?

Hoy nos decía cosas hermosas el apóstol en su carta en la primera lectura de la celebración de este día de san Andrés. ‘Nadie que crea en él quedará confundido… pues todo el que invoque el nombre del Señor será salvo… ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!’ Pero a continuación nos dice: ‘Pero no todos han prestado oídos al Evangelio… la fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo…’

¿Dónde está nuestra fe? ¿Escucharemos de verdad el mensaje que nos llega a través de la Palabra de Cristo? Es algo muy serio. Algo muy serio porque no siempre hemos tenido ese encuentro de fe con el Señor; no siempre nos hemos dejado sorprender por su llamada y por su amor; no siempre hemos querido vivir esa cercanía de la fe que se hace viva en nuestro corazón en ese encuentro con Jesús. Oímos y oímos, pero no escuchamos, no prestamos atención, no nos dejamos encontrar; buscamos quizás solo desde una curiosidad momentánea pero no llegamos al fondo de eso que buscamos y que en Jesús se nos ofrece.

Hoy estamos celebrando al apóstol san Andrés, hermano de Simón Pedro. Fue uno de aquellos que escucharon a Juan allá en la orilla del Jordán cuando señalaba el paso de Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y con Juan, el Zebedeo se fue detrás de Jesús. ‘¿Qué buscáis?’ todos conocemos ese diálogo, querían ver donde vivía Jesús. Era algo más que la búsqueda de un lugar, era la búsqueda de una luz, de una vida, de una persona. Saber donde vivía era querer conocer a Jesús en lo más íntimo y profundo de su persona. ‘Venid y lo veréis’, les dice Jesús y se fueron con El.

Ya sabemos lo que paso porque a la mañana siguiente ya estaba contando a su hermano lo que habían encontrado, a quien habían encontrado, y se lo llevo a Jesús. Pero será más tarde, a la orilla del lago, cuando Jesús pase a su lado y les diga ‘venid conmigo que os hará pescadores de hombres’. Y ahora sí que lo dejaron todo y se fueron con Jesús. Escucharon y se encontraron con Jesús; escucharon y la fe nació en sus corazones; escucharon y se fiaron de Jesús y no se sintieron defraudados porque se encontraron con la salvación.

¿Tendríamos que revisar muchas cosas en nosotros quizás? ¿Serán otras las actitudes que tengamos ante la Palabra que se nos proclama? ¿Tendremos en verdad deseos de escuchar esa buena noticia que se nos quiere transmitir y que tantas veces hemos dejado de lado?

martes, 5 de noviembre de 2024

Bienaventurado el que coma en el Reino de Dios… el banquete está preparado… Jesús nos invita esperando nuestra respuesta

 



Bienaventurado el que coma en el Reino de Dios… el banquete está preparado… Jesús nos invita esperando nuestra respuesta

Filipenses 2, 5-11; Salmo 21; Lucas 14, 15-24;

Había una persona que había tenido noticia que un pariente iba a celebrar la boda de su hija, hasta ahora no lo habían invitado aunque él tenía unos grandes deseos de ir a esa boda, a ese banquete; finalmente le llegó la invitación, se preparó como pudo para no quedar mal ante sus parientes y se dispuso a ir a la boda y correspondiente banquete; una gran fiesta y una comida preparado, como se suele decir, por todo lo alto, pero cuando fueron sirviendo las distintas viandas preparadas para el caso nuestro amigo se llevó un chasco; la comida era muy refinada, pero él no estaba acostumbrado a ese estilo y prácticamente casi no comió nada; al final salió protestando porque según él lo que habían servido no valía para nada y él prácticamente se había quedado con las ganas. Eran otros sus gustos y apetencias, aquello fue como un fracaso para las ilusiones que había tenido.

Es un hecho real lo que cuento, de alguien que yo he conocido que me ha venido a la memoria al escuchar hoy el evangelio. Jesús estaba invitado en casa de unos fariseos, y alguien se expresó públicamente qué bueno sería sentarse a la mesa del Reino de Dios. ¿Una referencia a lo que Jesús anunciaba de la inminencia del Reino de Dios? ¿Hasta donde llevarían en verdad esos deseos que ahora manifestaba?

Jesús les viene a decir que muchas pueden las manifestaciones y deseos que se tengan del Reino de Dios, como un banquete al que estamos invitados, pero que nos puede suceder que cuando llegue ese momento nosotros no estemos por la labor de participar en ese banquete. Y para eso les propone una parábola que todos bien conocemos.

El Rey que prepara el banquete de bodas de su hijo para el que tiene muchos invitados y a la hora del banquete manda llamar a los invitados. ‘El banquete está preparado’. Pero otros eran los intereses de aquellos invitados porque todos comenzaron a dar sus disculpas para no asistir. No quería probar bocado de aquel banquete. Tenían otras apetencias u otros gustos. Serían ahora otros los invitados.

¿Qué nos está queriendo decir Jesús? ¿Cuáles son realmente nuestros intereses concretos en relación a lo que Jesús nos ofrece? Muchas veces hasta nos manifestamos muy religiosos; no faltamos a una fiesta como no faltamos a un entierro, nos hemos preocupado muy mucho de bautizar a nuestros hijos, y que no pase mucho tiempo después del nacimiento y lo hemos celebrado también por todo lo alto, nos preocupamos de que nuestros niños hagan la primera comunión y ya haremos todos los esfuerzos para celebrarlo a lo grande, pero ¿llegaremos a pasar de ahí a algo más en nuestra vida para decir que somos cristianos? Bueno, no hay nadie que lo sea más que yo, nos atrevemos a decir, pero veamos realmente por donde anda nuestra vida.

¿Cuáles son en verdad los valores que nosotros tenemos o los valores con los que tratamos de educar a nuestros hijos? ¿Dónde está o hasta donde llega nuestra participación en la vida de la comunidad cristiana? ¿Solo porque venimos a la fiesta y a la procesión o un día vamos a un santuario de nuestra devoción y por eso nos creemos más cristianos que nadie? ¿Llegaremos a tener entre nosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús, como nos decía el apóstol Pablo?

Como aquellos invitados a la boda que prefirieron otras cosas, que se marcharon a sus cosas, o que no les gustaba lo que allí se les ofrece, como le sucedía al amigo del que hablaba al principio que no le gustaba las viandas del banquete. No terminamos de saborear de verdad lo que es el Reino de Dios del que nos habla Jesús, no terminamos de saborear el evangelio, la Palabra de Dios y nos buscamos otras cosas con las que pretendemos llenar nuestra vida.

Bienaventurado el que coma en el Reino de Dios… el banquete está preparado… Jesús nos está invitando, ¿Cuál es nuestra respuesta?

viernes, 4 de octubre de 2024

Tenemos que seguir poniéndonos en camino porque la tarea es grande, no cejemos en el empeño aunque sea mucha la dificultad, siempre brilla la luz de la esperanza

 


Tenemos que seguir poniéndonos en camino porque la tarea es grande, no cejemos en el empeño aunque sea mucha la dificultad, siempre brilla la luz de la esperanza

Job 38,1.12-21; 40, 3-5; Salmo 138; Lucas 10,13-16

Hay ocasiones en que nos sentimos frustrados y poco menos que derrotados en aquello que estamos haciendo, a lo que dedicamos todo nuestro esfuerzo, con lo que queremos hacer algo que pueda beneficiar a los que están a nuestro lado, pero parece que no nos escuchan o nos escuchan según sean sus intereses, pasan de nosotros o nos ignoran, nos dejan a un lado y no nos tienen en cuenta después de todo lo hicimos; nos sentimos mal, en ocasiones nos dan ganas de tirar la toalla, de abandonar, de dejar a los otros a su suerte y que se busquen la vida, como suele decirse.

Nos pasa en el trabajo profesional que realizamos, nos pasa en cosas que hacemos de forma voluntaria porque queremos que las cosas en nuestro ambiente sean de otra manera pero nadie nos hace casa, nos puede pasar en el terreno familiar, ya sea en lo que hacemos por los hijos y la familia, e incluso en nuestras relaciones conyugales, donde en momentos no nos sentimos valorados.  ¿Qué hacemos? ¿Abandonamos? ¿Andamos lloriqueando queriendo mover a la gente a la compasión al menos? ¿Nos encerramos en nosotros mismos? ¿Seremos conscientes de verdad de la misión que tenemos en la vida y seguimos fieles a nuestro empeño? Muchas cosas nos pueden pasar por la cabeza.

¿Será la situación en la que se encuentra Jesús en este pasaje del evangelio que hoy se nos presenta? Jesús había ido recorriendo todas aquellas aldeas y ciudades de Galilea, había recorrido sus caminos y atravesado numerosas veces el lago para llegar a todos en el anuncio del Reino de Dios. Es cierto que las gentes le salen entusiasmadas al encuentro, le traen sus enfermos, vienen con sus dolencias y sufrimientos, algunos le aclaman porque no han visto cosa igual. Ya es consciente también que no todos lo aceptan y sabe muy bien quienes están al acecho a lo que hace o a lo que dice.

Pero hay algunos lugares que son como piedra atravesada en el camino. Se ha desvivido Jesús de manera especial en algunos, pero la respuesta parece poca o nula. Le está sucediendo en algunas poblaciones de los alrededores del lago y de Cafarnaúm. ¿Se sentirá fracasado Jesús o seguirá haciendo llamamiento para que den una respuesta? Ya premonitoriamente les había anunciado a los discípulos escogidos como apóstoles cuando los envío que habían de llevar el mensaje de paz y se quedaran en aquellos lugares donde los acogían; pero les anuncia también que habrá otros lugares donde se les cerrarán las puertas, y Jesús simplemente les dice que se vayan a otro lado. Siempre itinerantes como lo había manifestado desde el principio. Vamos a otros lugares que allí también tenemos que hacer el anuncio del Reino de Dios.

Creo que este evangelio tendría que hacernos pensar, pero no para hundirnos porque nosotros seamos también conscientes de las dificultades y rechazados, sino para sentir esa palabra de ánimo y de esperanza que Jesús siempre tiene para nosotros. Sigamos haciendo el anuncio, sigamos dejando nuestras huellas de paz y de amor, aunque las bombas sigan resonando o aunque sigamos viendo muy furibundo el odio en muchos corazones.

Una piedra que vayamos quitando del camino será siempre una señal de algo nuevo que vamos dejando a nuestro paso; podemos hacer desaparecer esas piedras de odios y de violencias, podemos ir quitando esos ropajes de la vanidad y del orgullo, podemos ir dejando con la ilusión de un vestido nuevo para la vida a tantos desnudos que tratamos de vestir con nuestro amor, una luz nueva puede ir iluminando con un nuevo color esos caminos de la vida tantas veces oscurecidos y hacer surgir una nueva alegría para la humanidad.

Tenemos, si, que seguir poniéndonos en camino; la tarea es grande, la mies es mucha, los operarios somos pocos, pero un pequeño grano de mostaza puede hacer brotar un arbusto grande donde se aniden los pájaros, un pequeño puñado de levadura puede hacer fermentar la masa de nuestro mundo para darnos un pan nuevo y más sabroso. No cejemos en nuestro empeño. Nunca tenemos que sentirnos derrotados, porque siempre para nosotros brilla la luz de la esperanza.

jueves, 22 de agosto de 2024

¿Cuál será el traje de fiesta - de unas actitudes distintas, de unos valores nuevos, de una apertura del corazón… - con el que hemos de vestirnos para ir a ese banquete de bodas?

 


¿Cuál será el traje de fiesta - de unas actitudes distintas, de unos valores nuevos, de una apertura del corazón… - con el que hemos de vestirnos para ir a ese banquete de bodas?

 Ezequiel 36, 23-28; Salmo 50; Mateo 22, 1-14

¿Por qué esa persona rechazó mi invitación? Nos habrá podido suceder en alguna ocasión. Era nuestro cumpleaños, teníamos en casa algún acontecimiento que celebrar, bueno, lo que sea, y con todos nuestros buenos deseos invitamos a amigos, a personas de nuestro entorno social, compañeros de trabajo… a que vinieran a merendar con nosotros, a cenar, a comer algo, pero hubo alguien que ni siquiera respondió para disculparse, y, claro, nos hacemos preguntas. ¿Qué le pasó a esa persona? ¿Por qué no vino? ¿Qué le hemos hecho que no le agradó venir a estar con nosotros? ¿Se sentirá acaso superior a nosotros y no quiere rebajarse? Ella se lo pierde, decimos quizás para disimular nuestro desánimo, pero aun así seguimos haciéndonos muchas preguntas.

Cosas que suceden en nuestro entorno y en nuestro ámbito social que quizás nos haga plantearnos muchas cosas en nuestras relaciones, pero es lo que hoy Jesús nos está planteando en el evangelio que va más allá de lo social o nuestras relaciones con los demás. Está haciéndonos Jesús una comparación con el Reino de Dios pero al mismo tiempo planteándonos cuál es nuestra actitud ante la invitación que nos está haciendo de nuestra acogida al Reino de Dios que nos anuncia.

Una invitación y una llamada a todos que hace desde su aparición pública por los caminos y aldeas de Galilea. Pero, no lo olvidemos, es también una invitación a cambiar nuestro corazón para creer y aceptar esa buena noticia que nos está transmitiendo. Una buena noticia que se anuncia a los pobres pero para todos los que de alguna manera se sienten esclavizados y oprimidos en la vida por algo para quienes se ofrece un nuevo camino de liberación y de perdón. Podemos recordar aquel anuncio de la sinagoga de Nazaret con las palabras del profeta. Y Jesús les decía eso se cumple hoy y aquí. No todos lo entendieron, sin embargo, muchos incluso lo rechazaron.

Son muchos los que acuden a escucharle, sienten incluso que son agradables y esperanzadoras sus palabras para sus oídos y para su corazón; en ese anuncio de liberación total que Jesús va ofreciendo, serán muchos los que sintiéndose oprimidos por el mal, y para ellos sus enfermedades con como una expresión de ese dominio del mal sobre sus vidas, vienen hasta Jesús para que les cure y libere de sus enfermedades. Pero la vida sigue y muchos pronto olvidarán o harán sus genuinas interpretaciones de las palabras de Jesús, o pronto quedarán atrás aquellos signos que Jesús ha realizado con ellos porque no terminan de entrar en el camino del Reino de Dios que les anuncia.

Todo cuanto iba realizando Jesús era una invitación a vivir en los valores nuevos del Reino de Dios, pero no lo entenderán porque siguen quizás con sus ambiciones, como les pasaba a los mismos apóstoles que aún seguían pensando en los primeros puestos después de todo lo que Jesús les había enseñado, y la respuesta no siempre es plena. Es lo que Jesús nos está diciendo con la parábola.

Pero es lo que nos está diciendo Jesús con la parábola hoy, ahora y aquí a nosotros que hemos escuchado este evangelio y sobre él queremos reflexionar. ¿No nos sucederá que también tenemos otras cosas en qué ocuparnos, como las respuestas de todos aquellos que fueron invitados al banquete de bodas, y también nosotros nos entretenemos con otras cosas y pronto olvidamos lo que Jesús nos dice?

La invitación sigue ahí en pie; de nosotros depende la respuesta, porque el banquete está preparado. No es cuestión de ir de cualquier manera, como aquello de a dónde vas Vicente, a donde va la gente, con que muchas veces nosotros hacemos algunas cosas de nuestra vida cristiana. Es que es la fiesta y hay que ir a la procesión; es que se nos enfermó algún familiar y rezamos y rezamos para que Dios lo ayude; es que tenemos problemas, y hay que acordarse de santa Bárbara cuando truena; es que se nos murió un familiar y tenemos que ir para que les digan algunas misas.

¿Y acaso nos hemos preguntado dónde está el traje de fiesta de unas actitudes distintas, de unos valores nuevos, de una apertura del corazón… con el que hemos de vestirnos para ir a ese banquete de bodas?


martes, 16 de julio de 2024

Pensemos en la huella o no que los cristianos hoy estamos dejando en la sociedad y en la cultura en la que vivimos

 


Pensemos en la huella o no que los cristianos hoy estamos dejando en la sociedad y en la cultura en la que vivimos

Isaías 7, 1-9; Salmo 47; Mateo 11, 20-24

Si somos observadores y reflexionamos sobre la vida y las costumbres de los pueblos, o incluso podemos pensarlo también simplemente en el ámbito de las familias nos daremos cuenta donde hubo alguien que supo dejar huella en aquella comunidad o en aquel grupo humano. Un personaje que fue verdaderamente líder y supo ir sembrando valores en aquel grupo humano, o en aquella sociedad y veremos como en aquel grupo se siguen manteniendo unos valores que de alguna manera marcan el sentir y el vivir de aquellas gentes.

Pensemos en el ámbito de las familias uno se da cuenta, porque ha quedado la huella, de aquel padre de familias, de aquel abuelo que supo imponer no solo un respeto sino unos valores que ahora destacan en aquellas familias. Qué importante que haya esas personas, que no tienen que haber hecho cosas extraordinarias, sino que han sabido arrastrar, o más bien han sabido mover desde lo más hondo para marcar nuestro carácter como personas y como pueblo.

Era, podíamos decir de alguna manera, lo que significaba la presencia de Jesús en medio de aquellos pueblos de Galilea donde principalmente desarrollaba su labor; de ahí cómo van surgiendo los discípulos que le siguen, que quieren estar con él, que son capaces de dejarlo todo por seguirle. Era la huella que Jesús iba dejando en sus corazones, era la transformación que se iba realizando en aquellas gentes, aunque bien sabemos que no todos respondían de la misma manera.

El relato del evangelio nos va describiendo ese camino que iba realizando en medio de aquellos pueblos; la gente estaba con Jesús, se iba tras Jesus; lo vemos cómo incluso son capaces de estar días y día siguiéndole en ese camino itinerante que Jesús iba realizando hasta olvidarse de llevar suficientes provisiones como les veremos en determinados momentos. El evangelio nos habla de diferentes momentos en que Jesús multiplica los pocos panes que tienen para repartir entre todos, también como un signo de cómo El se parte y se reparte para ser esa luz y ese alimento de nuestras vidas.

Sin embargo hoy nos encontramos con un episodio en que se manifiesta ese dolor del Corazón de Jesús porque no todos dan la necesaria y suficiente respuesta. Nos habla el evangelista de aquellas poblaciones de los alrededores del lago de Tiberíades donde Jesus tanto ha enseñado y tantos signos ha realizado, pero donde no encuentra la suficiente respuesta. Es la queja de Jesus. Si en otros lugares se hubieran realizado los signos que allí realizó – y menciona Jesús ciudades paganas – otra habría sido la respuesta. Sus corazones estaban endurecidos de manera que en ellos el paso de Jesús parecía que no podía dejar huella. Son duras las palabras de Jesús. ‘Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras’.

Pero no nos quedamos nosotros en hacer un juicio sobre la respuesta de aquellas ciudades. Son un signo y una señal para nosotros. Es donde tenemos que preguntarnos ¿qué huella ha dejado en nuestra vida todo lo que ha sido lo que llamamos nuestra vida cristiana, todo lo que en la Iglesia de una forma o de otra hemos vivido a lo largo de los años de nuestra vida? Es una pregunta seria, una pregunta que de verdad tiene que interpelarnos por dentro. ¿Nos hemos sentido realmente tocados por la gracia de Dios? ¿Dónde están nuestros frutos?

Si además nos decimos cristianos, seguidores de Jesús, decimos que creemos en El y que somos sus seguidores ¿cuál es la huella que dejamos en nuestro entorno? 

¿De qué manera estamos nosotros contagiando a los que están en derredor nuestro de nuestra fe y de nuestra vida cristiana? 

¿Se nota que cada día florecen más los valores cristianos en nuestro entorno porque es lo que sabemos inculcar en nuestras familias, en nuestros hijos, en nuestros convecinos? 

¿Se nota la levadura del evangelio en nuestra sociedad? 

¿Qué estamos haciendo realmente para influir en nuestra sociedad? 

¿O andaremos vergonzosos jugando al escondite para que no se note que nosotros somos cristianos?


lunes, 1 de julio de 2024

El seguimiento de Jesús no es solo cuestión de un gusto personal sino respuesta a una invitación dada con radicalidad

 


El seguimiento de Jesús no es solo cuestión de un gusto personal sino respuesta a una invitación dada con radicalidad

Amós 2,6-10.13-16; Sal. 49;  Mateo 8, 18-22

Nos gustaría ser como él, hacer las cosas que él hace, parecernos a él. Es, me atrevo a decirlo así, la atracción que podemos sentir cuando nos encontramos una persona buena, una persona entregada, una persona que nos manifiesta con sus palabras pero sobre todo con actitudes y con compromisos de su vida, verdades que nos hacen pensar, que nos hacen plantearnos ideales nobles por los que llegamos a pensar que merece dar la vida.

Es bueno, podemos decir que de alguna manera es normal, que al sentirnos atraídos por algo queramos hacerlo, que si encontramos una persona así nos sintamos estimulados a elevar el listón de nuestra vida queriendo ser mejor, queriendo vivir también una entrega en la que encontramos un sentido para la vida; pero no tenemos que copiar, cada uno tenemos unas características y una personalidad, y lo que tenemos que sentirnos llamados a hacer es a desarrollar lo más posible lo mejor de nosotros mismos, que no significa que tengamos que hacer exactamente lo mismo, o querer como hacer un duplicado en nosotros de esa otra persona. Será algo a lo que nos ayudará la madurez que vayamos alcanzando en la vida, porque lo otro podría quedarse en una reacción un tanto infantil, y somos nosotros los que tenemos que madurar.

La gente también se sentía atraída por Jesús, le seguían a todas partes, se daban de codazos por estar a su lado – ‘ves como te apretuja la gente’, le escuchamos un día decir a Pedro -, se sienten entusiasmados y en tienen en ocasiones momentos incluso de delirio como cuando quieren hacerle rey allá en el descampado después de la multiplicación de los panes, y ya vemos cuantas alabanzas para él, e incluso para la madre que lo amamantó, como aquella mujer anónima.

En torno a El se ha ido formando aquel grupo de discípulos  que están con él siempre porque incluso han dejado sus barcas y redes o sus puestos de trabajo para responder a su llamada; a ellos de una manera especial irá formando porque para ellos tiene una misión especial. Son muchos los que le quieren seguir, bien cuando se han visto liberados de sus enfermedades y males como el ciego Bartimeo que le sigue por el camino después de haber recobrado la vista, o como aquel endemoniado geraseno que después de sentirse curado por Jesús quiere seguirle y Jesús le dirá que vaya a decirle a los suyos cuanto ha hecho Jesús con él.

Hoy vemos que incluso un escriba viene y esta dispuesto a seguir a Jesús a donde quiera que vaya. Pero no quiere Jesús entusiasmos fáciles que se pueden quedar en pasajeros; cuantas veces nos sucede que nos entusiasmamos con una amistad, pero con el paso del tiempo y no hace falta que sea mucho ya nos olvidamos de aquellos fervores del principio. Jesús quiere dejarnos bien claro cuales son las exigencias para seguirle, que no se puede quedar solo en cantos de alabanza; ¿nos quedaremos muchas veces en cánticos bonitos y entusiastas en nuestras celebraciones, pero cuando salimos de allí parece que lo hemos olvidado todo?

Hoy Jesús recuerda que las fieras del campo tienen sus madrigueras y los pájaros sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. ¿Podemos llegar a vivir un desprendimiento y una austeridad así? Y nos dirá también que cuando nos decidamos a seguirle no podemos estar volviendo la vista atrás a cada rato para estar soñando con lo que dejamos, ni podemos quedarnos en seguir haciendo las cosas de muerte de siempre porque el camino que se abre ante nosotros es un camino de vida.

¿Estaremos dispuestos a escuchar la invitación de Jesús a seguirle – porque no es solo cuestión de gustos personales sino de llamada y vocación – para seguir con todo a Jesús en su camino? Es algo serio.

viernes, 8 de marzo de 2024

Escuchemos en la sinceridad del corazón como Dios es nuestro único Señor por el amor que nos tiene y con ese mismo amor amemos también a nuestro prójimo

 


Escuchemos en la sinceridad del corazón como Dios es nuestro único Señor por el amor que nos tiene y con ese mismo amor amemos también a nuestro prójimo

Oseas 14, 2-10; Salmo 80; Marcos 12, 28b-34

Tenemos que comenzar por escuchar. Eso que nos cuesta tanto. Somos muy charlatanes, en todos los sentidos. Y quizás lo que hacemos es escucharnos a nosotros mismos. Si por la vida fuéramos con oído más atento, con nuestros sentidos más abiertos para captar y sentir lo que palpita a nuestro alrededor, otras seguramente serían nuestras actitudes, las posturas que tomamos ante los demás, las razones que encontramos para darle un nuevo sentido a la vida.  Pero nos hemos creado nuestro castillo de sueños y de ilusiones y algunas veces está en el aire. Nos hemos hecho nuestras ideas y según nuestro yo queremos siempre actuar, y hay algo distinto, hay otra cosa, hay otra forma de mirar. ¿Por qué no nos ponemos a escuchar, por qué no nos ponemos a escuchar a Dios?

Fijémonos en el texto del evangelio que hoy se nos propone, e incluso fijémonos también en la lectura profética. Un escriba se acerca a Jesús para preguntarle cuál es el primer mandamiento, cuál es lo primero que tenemos que cumplir. Y Jesús responde con literalmente con un texto de la Escritura, texto por otra parte que todo buen judío conocía y repetía muchas veces al día, porque era siempre su manera de orar a Dios y hacerle presente en su vida, aunque muchas veces se quedar en un repetir formalmente unas palabras sin fijarse en su verdadero contenido.

Y Jesús, en esta ocasión, comienza repitiendo textualmente lo que decía la Escritura Santa. ‘El primero es: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser’. Fijémonos cómo comienza el texto, primero que nada tenemos que escuchar y según lo escuchado actuaremos en consecuencia con ese amor a Dios sobre todas las cosas.

‘Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor’. Escuchar y reconocer es mucho lo que implica. Sí, es un acto de fe, para reconocer que nuestro Dios es nuestro único Señor. ¿Qué significa esto? ¿Por qué es el único Señor? Con una palabra tenemos que responder, por su amor. Es una manera de recordar y reconocer todo lo que ha sido la historia de amor de Dios para con su pueblo a través de toda su historia. Cuando Moisés transmite estas palabras al pueblo tienen aún reciente como se han visto liberados de Egipto, cómo con la acción de Dios pudieron atravesar el mar Rojo abriéndose sus caminos ya para siempre para la libertad; como Dios se ha hecho presente en su travesía por el desierto, costosa es cierto, pero allí ha estado el Señor como una columna luminosa y como un nube que les daba sombra para suavizar el camino. Ahí recuerdan toda la historia de la salvación, que es toda una historia de amor, y Dios es el único Señor, al que adorar y al que amar con el todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente, con todo su ser.

Escuchemos nosotros también. Escuchemos toda esa historia de amor de Dios en nuestra vida. Si nos detenemos y nos ponemos a escuchar será mucho lo que tenemos que reconocer. Cada uno tiene su historia, sus luchas, sus fracasos, sus esfuerzos, sus trabajos, sus tropiezos, sus momentos de sombras pero también sus momentos de luz. Recordemos con sinceridad, escuchemos lo que sentimos en el corazón. Es mucho lo que hay en lo que se ha manifestado ese amor de Dios. ¿Cómo no le vamos a amar también sobre todas las cosas?

Pero escuchemos también que esa voz que resuena fuerte en nuestro interior nos hace mirar algo más; tenemos que mirar en nuestro entorno, tenemos que mirar a los que caminan a nuestro lado, tenemos que mirar a nuestro prójimo. Y no los podemos dejar fuera de ese amor. Es que no sería verdadero el amor que le tuviéramos a Dios si no amamos a los hermanos que son también sus hijos, si no somos capaces de amarnos como nos amamos a nosotros mismos. Es con lo que concluye la respuesta de Jesús.

Ojalá escuchemos también desde esa voz de Dios que por nuestro amor a nosotros nos dice también ‘no estás lejos del Reino de Dios’.


domingo, 1 de octubre de 2023

Llega la hora del compromiso de verdad, llega la hora de ir a trabajar en la viña del padre, llega la hora de que no se quede en palabras sino que eso sea vida de nuestra vida

 


Llega la hora del compromiso de verdad, llega la hora de ir a trabajar en la viña del padre, llega la hora de que no se quede en palabras sino que eso sea vida de nuestra vida

Ezequiel 18, 25-28; Sal 24;  Filipenses 2, 1-11;

Mucho predicar y poco dar trigo. Es una crítica que con frecuencia escuchamos y nosotros también hacemos frente a tanto bla, bla, bla... tantas palabras bonitas que escuchamos - y aquí englobamos todos los ámbitos de nuestra sociedad - pero que luego se quedan en palabras, promesas olvidadas, buenas intenciones - y no queremos entrar a juzgarlas - pero en la práctica de la vida no se ve nada, no se ve ningún resultado, no se aprecia ningún compromiso serio y eficaz. nos sentimos cansados de tanta palabrería desde todos los ámbitos de la sociedad que los medios de comunicación se encargan de proyectar y ampliar su conocimiento.

Esto que constatamos con toda facilidad viendo el mundo que nos rodea, sin embargo hemos de tener mucho cuidado de pensar que nosotros nos vemos libres de esa tentación. Reconozcamos la incongruencia que tantas veces aparece en nuestra vida, en lo que hacemos y en lo que decimos, porque no estamos lejos de esa debilidad, sabemos que nos cuesta ser fieles a lo que consideramos nuestros principios, que con frecuencia olvidamos aquello que planteamos muy solemnemente y pronto caemos en esa falta de compromiso. Nuestra vida personal está llena de luces y sombras, de altibajos y de inconstancias, de momentos de entusiasmo dispuestos a hacerlo todo y de cansancios y decaimientos que nos llevar a irnos arrastrando como todos.

Es a lo que nos quiere alertar hoy Jesús con esta breve parábola de los dos hijos enviados por el padre a trabajar a su viña. Allí estaban escuchándole los sumos sacerdotes y los maestros de la ley y al final Jesús nos sentenció diciéndonos que nos van a preceder en el Reino de los cielos los publicanos y las prostitutas. Es un interrogante muy importante el que Jesús nos plantea. Es una mirada sincera a nuestra vida la que hemos de tener. Es un reconocimiento humilde de nuestra debilidad que tendría que llevarnos a la actitud de aquel hijo que aunque había dicho que no, al final arrepentido fue a trabajar a la viña de su padre. ¿Seremos capaces de un reconocimiento así?

Es muy fácil hablar del amor, de que todos tenemos que querernos, de que tenemos que ayudarnos los unos a los otros, de que siempre tenemos que hacer el bien, de que hemos de ser sinceros en la vida y hablar claramente y sin tapujos sin falsas vanidades. Pero bien sabemos cuánto nos cuesta. Tenemos que aprender a elevar nuestra mirada. Tenemos que sentir la fuerza que nos viene de lo alto y nos impulsa y nos quiere guiar por caminos buenos. Pero hemos de querer tener la voluntad, que tantas veces es débil.

Hoy nos dice algo muy hermoso el apóstol en la carta a los Filipenses. 'Tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús'. Es alta la meta, el ideal que se nos propone. Hemos de levantar nuestra mirada, como decíamos, para contemplar la obra de Dios en Jesús. Por eso san Pablo nos está enseñando a cómo hemos de saber ser humildes pero también respetuosos con los demás, tener esas entrañas compasivas, como nos dice; alejar de nosotros toda ostentación y vanagloria, ser comprensivos con los otros, valorar lo que hacen los demás ante los que nos mostraremos siempre humildes para considerarlos incluso mejores que nosotros. Ya sé que no es fácil, porque el amor propio, el orgullo, la vanagloria nos aparece pronto por dentro.

Por eso, como nos dice el Apóstol, tenemos que fijarnos en Jesús. Ver su trayectoria, ver su camino de humildad y de entrega, 'se anonadó' nos dirá el apóstol, se hizo el último y el servidor de todos. Camino delante de nosotros. Por eso lo pedía con tanta insistencia a sus discípulos cuando los veía discutiendo entre ellos quien iba a ser el primero o el más importante. Siempre nos dirá que tenemos que hacernos los últimos y los servidores de todos. Hoy nos dice el apóstol 'considerad por la humildad superiores a los demás', por eso lejos de nosotros la ostentación y el orgullo.

Todo esto lo sabemos muy bien, porque muchas veces lo hemos escuchado en el evangelio y lo hemos meditado. Pero llega la hora del compromiso de verdad, llega la hora de ir a trabajar en la viña del padre, llega la hora de que no se quede en palabras sino que eso sea vida de nuestra vida. Confiamos en la bondad y en la misericordia del Señor para que perdone nuestras debilidades que son muchas, pero para que sintamos la fuerza de su gracia que nos haga actuar en la verdad del amor.