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domingo, 2 de febrero de 2025

Mensajeros de una Buena Noticia, misioneros y testigos de una nueva luz que nos llena de esperanza queremos ser de manos de María de Candelaria

 


Mensajeros de una Buena Noticia, misioneros y testigos de una nueva luz que nos llena de esperanza queremos ser de manos de María de Candelaria

Malaquías 3, 1-4; Salmo 23; Hebreos 2, 14-18; Lucas 2, 22-40

Necesitamos quien nos traiga buenas noticias. Encendemos cualquier noticiero – permítanme la palabra – sea radio o televisión, sea prensa escrita o sea Internet en sus numerosas redes, ¿y qué es lo que escuchamos, lo que vemos, lo que se nos comunica?, sin querer ser pesimista ni negativo muchas veces dan ganas de cerrarlo todo; violencia, guerra, corrupción, acritud, manipulaciones, muertes, accidentes… son cosas que se repiten. Necesitamos escuchar cosas agradables y que entusiasmen por la vida. Nos daría otro sentido de vivir.

¿Será hoy para nosotros y para nuestro mundo un mensaje de esperanza el que se nos ofrece desde la Palabra de Dios? De entrada, desde nuestra fe, tenemos que decir que eso no lo podemos poner nunca en duda. Sin embargo muchas veces nos cuesta escucharlo. Tenemos el peligro y la tentación de irnos por las ramas. Es necesaria una buena escucha como también un buen anuncio que tenemos que hacer al mundo que nos rodea. El evangelio – buena noticia – tiene que seguir siendo luz en nuestra vida y en nuestro mundo.

El profeta nos ha anunciado un mensajero, un mensajero que nos trae noticias de paz, de restauración, de algo nuevo que va a comenzar. Hablaba el profeta en sus tiempos que no eran fáciles, fueron tiempos de restauración para el pueblo de Israel después del cautiverio de Babilonia y había mucho nuevo que realizar. Era necesaria una restauración de la alianza. De eso nos habla el profeta.

Pero en nuestra lectura creyente tenemos que ir más allá; por una parte esos anuncios proféticos tienen una resonancia siempre mesiánica, y nosotros los aplicamos a Jesús. Pero la resonancia de las palabras del profeta tiene que seguir traspasando los tiempos y a través de Jesús tiene que llegarnos a nosotros, en el hoy que estamos viviendo. Por eso siempre es Palabra de Dios para nosotros hoy. No es Palabra de otro tiempo sino para el hoy de nuestra vida. ¿No decíamos que necesitamos mensajeros que nos trajeran buenas noticias, anuncios de algo bueno para el hoy de nuestra vida?

La celebración de hoy, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús, la situamos en ese momento del misterio de Jesús en que como todo primogénito varón fue presentado al templo para cumplimiento de la ley. Pero en ese marco sucede algo inédito; no es un sacerdote el que recibe a Jesús en el templo sino unos ancianos que vivían con la esperanza de encontrarse un día con el Mesías de su Señor.

Allí está el anciano Simeón con su esperanza y con su fe bien madurada con el paso de los años. Solo unos ojos de fe podían descubrir en aquel niño, que no se diferenciaba de otros tantos niños que eran presentados al Señor en el templo, al que era el esperando y el deseado de las naciones y que venía para ser luz de todos los pueblos. Por eso sus cánticos de alegría y de acción de gracias, sus ojos habían podido contemplar al que venía como Salvador. Un anciano, un hombre sencillo, un hombre que podía pasar desapercibido entre tantos, pero el hombre de fe que veía cumplidas sus esperanzas.

Es consciente el anciano de lo que significaba el ser el Mesías del Señor; signo de contradicción dirá que va a convertirse en medio de las gentes aquel niño, como luego lo veremos cumplido a lo largo del evangelio; hablará de espadas de dolor que atraviesan el alma, como le va a suceder a María, pero no decae la alegría y la esperanza, algo nuevo en verdad estaba comenzando. Y a su alegría y alabanza se une también otra anciana que lleva muchos años sirviendo a Dios en el templo y que no paraba de hablar de aquel niño a todos los que aguardaban la futura liberación de Israel.

Sí, es el anuncio que hoy nosotros escuchamos también. Despertemos y maduremos nuestra fe a ejemplo de aquellos sencillos y humildes ancianos para saber descubrir también las maravillas de Dios, las maravillas que Dios quiere seguir haciendo en el hoy de nuestra vida y nuestro mundo. No podemos perder la esperanza, atentos hemos de estar como aquellos ancianos para ver las señales de Dios. Son señales que se van a realizar en nuestra vida, son señales que nosotros por nuestra forma nueva de actuar tenemos que ser en medio del mundo.

A ese mundo que hoy vivimos y del que tantas veces nos quejamos porque no hace sino traernos malas noticias nos ha enviado Jesús para que seamos mensajeros, para que seamos testigos, para que realicemos esas señales del Reino de Dios. Cuando nos confió la misión, como tantas veces hemos escuchado, no tiene también poder y autoridad para realizar esas señales. No desconfiemos de lo que podemos ser capaces, de lo que tenemos que hacer, porque es la misión que se nos ha confiado.

Hoy necesariamente tenemos que mirar también a María. En sus brazos fue llevado el Niño Jesús al templo y en sus brazos se nos presenta hoy a nosotros recordándonos donde está la luz. Por eso esta celebración está también rodeada de signos con las candelas que encendemos y portamos saliendo incluso de nuestros templos para iluminar los caminos del mundo. Pero no es solo algo ritual que realizamos, sino que tiene que ser signo que demos en nuestra vida de ese Reino de Dios.


¿Qué significará hoy llevar esa luz encendida en nuestras manos en la celebración y ritos de este día? Tenemos que pensarlo y dar respuesta aunque nos cueste, pero no podemos dejar apagar esa luz. Mal signo estaríamos siendo. Como decíamos miramos a María, y nosotros los canarios de manera especial la miramos en nuestra querida advocación de la Candelaria, como la celebramos en nuestra tierra. Ella fue la primera misionera que llegó a nuestra tierra en su imagen aparecida en las playas de la isla.

Que ella pues nos impulse a esa tarea misionera de ser mensajeros, de ser portadores de luz, de ser testigos en medio de nuestro mundo. Seguro que si nos dejamos inspirar por quien estaba llena del Espíritu Santo podremos descubrir esas nuevas formas de ser mensajeros hoy.

sábado, 30 de noviembre de 2024

La fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo… y nadie que crea en El quedará confundido

 


La fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo… y nadie que crea en El quedará confundido

Romanos 10, 9-18; Salmo 18; Mateo 4, 18-22

Supongamos que queremos contarle a alguien algo que pensamos que es una buena noticia para esa persona, que podría beneficiarla mucho, que a nosotros también nos ha llenado de alegría y enseguida pensamos que teníamos que contárselo y en ese intento estamos, pero esa persona no quiere escuchar, porque nos dice que no le interesa, porque está entretenida en otras cosas por las que muestra mayor interés - ¡cuántas veces queremos hablar con alguien pero está entretenido con su móvil y no presta ni la más mínima atención a lo que le estamos diciendo! – seguramente que nos sentiríamos más, que esa persona una desagradecida, que no tiene interés por nada sino por sus entretenimientos. Claro que lo podríamos ver en sentido inverso, nos quieren hablar de algo que consideran importante, y nosotros tampoco le prestamos caso, seguimos entretenidos en nuestras cosas.

Nos parecen situaciones aberrantes, seguramente pensamos. Pero es mucho más frecuente de lo que queremos pensar. Y ya no se trata de esas noticias de cada día, que nos pueden llegar por los periódicos o por otros medios de comunicación. Estamos hablando entre creyentes, ¿cuál es la escucha y la atención que nosotros prestamos habitualmente a la buena noticia del Evangelio? La escuchamos, decimos, pero tendríamos que preguntarnos ¿cuántas veces cuando salimos de la Iglesia y de Misa al rato ya ni nos acordamos de lo que escuchamos en el evangelio que se nos proclamó en la celebración? ¿Dónde estábamos? ¿De qué o en qué estaba prendida nuestra mente y nuestra imaginación?

Hoy nos decía cosas hermosas el apóstol en su carta en la primera lectura de la celebración de este día de san Andrés. ‘Nadie que crea en él quedará confundido… pues todo el que invoque el nombre del Señor será salvo… ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!’ Pero a continuación nos dice: ‘Pero no todos han prestado oídos al Evangelio… la fe nace del mensaje que se escucha, y la escucha viene a través de la palabra de Cristo…’

¿Dónde está nuestra fe? ¿Escucharemos de verdad el mensaje que nos llega a través de la Palabra de Cristo? Es algo muy serio. Algo muy serio porque no siempre hemos tenido ese encuentro de fe con el Señor; no siempre nos hemos dejado sorprender por su llamada y por su amor; no siempre hemos querido vivir esa cercanía de la fe que se hace viva en nuestro corazón en ese encuentro con Jesús. Oímos y oímos, pero no escuchamos, no prestamos atención, no nos dejamos encontrar; buscamos quizás solo desde una curiosidad momentánea pero no llegamos al fondo de eso que buscamos y que en Jesús se nos ofrece.

Hoy estamos celebrando al apóstol san Andrés, hermano de Simón Pedro. Fue uno de aquellos que escucharon a Juan allá en la orilla del Jordán cuando señalaba el paso de Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y con Juan, el Zebedeo se fue detrás de Jesús. ‘¿Qué buscáis?’ todos conocemos ese diálogo, querían ver donde vivía Jesús. Era algo más que la búsqueda de un lugar, era la búsqueda de una luz, de una vida, de una persona. Saber donde vivía era querer conocer a Jesús en lo más íntimo y profundo de su persona. ‘Venid y lo veréis’, les dice Jesús y se fueron con El.

Ya sabemos lo que paso porque a la mañana siguiente ya estaba contando a su hermano lo que habían encontrado, a quien habían encontrado, y se lo llevo a Jesús. Pero será más tarde, a la orilla del lago, cuando Jesús pase a su lado y les diga ‘venid conmigo que os hará pescadores de hombres’. Y ahora sí que lo dejaron todo y se fueron con Jesús. Escucharon y se encontraron con Jesús; escucharon y la fe nació en sus corazones; escucharon y se fiaron de Jesús y no se sintieron defraudados porque se encontraron con la salvación.

¿Tendríamos que revisar muchas cosas en nosotros quizás? ¿Serán otras las actitudes que tengamos ante la Palabra que se nos proclama? ¿Tendremos en verdad deseos de escuchar esa buena noticia que se nos quiere transmitir y que tantas veces hemos dejado de lado?

viernes, 12 de julio de 2024

No es la imposición de unas ideas o conceptos sino el contagio de una vida cuando estamos empapados de evangelio para transformar nuestro mundo

 


No es la imposición de unas ideas o conceptos sino el contagio de una vida cuando estamos empapados de evangelio para transformar nuestro mundo

Oseas 14, 2-10; Salmo 50; Mateo 10, 16-23

Bueno, lo voy a decir así como me sale casi de forma espontánea, pero me gustaría me entendieran bien lo que quiero expresar. Una cosa es recibir una instrucción en la que se nos trasmiten unos conocimientos que bien o pueden ser hechos de la historia que nos vendría bien conocer – ¿a quien no le gusta conocer la historia de su pueblo, o de sus antepasados, por ejemplo? – ya sea el conocimiento de unas ciencias o unas materias  que necesitamos para manejarnos en la vida, y otra cosa es educarnos para la vida, trasmitirnos algo más hondo que nos ayude a encontrar el sentido de la vida misma y afrontar humanamente las diferentes circunstancias con las que nos vamos a ir topando. Es trasmitir algo más hondo porque diríamos nos va a enseñar a vivir, algo que tendrá que convertir en levadura que haga fermentar la masa de nuestro mundo.

Y eso, podríamos decir, es lo que nos quiere trasmitir el evangelio que hoy se nos ofrece. Esa es la misión que Jesús confía a quienes creen en El, a sus discípulos como lo que tienen trasmitir al mundo que les rodea; es el testimonio de lo que se vive, de lo que viven a partir de lo que significado su encuentro con Jesus.

No se contentarán los evangelistas con darnos unos datos biográficos de la vida de Jesús, sino de trasmitir el mensaje que ha sido la vida de Jesús para la humanidad. Son pocos los datos que podríamos llamar históricos que se nos ofrecen en los evangelios de Jesús, pero cuando nos están trasmitiendo lo que hizo y lo que dijo Jesús se nos está trasmitiendo un mensaje de vida desde lo que los propios evangelistas han vivido también en su encuentro con Jesús.

Y es lo que se nos está pidiendo a nosotros hoy, a los que creemos en Jesús, que hemos de convertirnos en testigos en medio del mundo. Un testimonio que no será fácil, porque de alguna manera implica una novedad, algo distinto frente a lo que se vive en el mundo. Por eso decimos es un mensaje de salvación, un mensaje de liberación, un mensaje que presente lograr una transformación para hacer un mundo nuevo, para hacer unos hombres nuevos.

Y eso será costoso porque se convierte en una contradicción frente al mundo. No siempre se querrá escuchar ese mensaje sobre todo cuando implica una renovación interior, una renovación desde lo más hondo de nosotros mismos; y nos cuesta cambiar, nos habituamos a lo que siempre hemos vivido y aunque no sintamos una satisfacción plena, sin embargo no queremos arrancarnos de ello para emprender algo nuevo. Es principalmente desde nuestro propio interior donde vamos a encontrar esa oposición al propio mensaje del evangelio.

Por eso hoy Jesús les dirá a los discípulos que los envía como corderos en medio de lobos, pero al mismo tiempo nos pedirá sagacidad y sencillez. Esa sabiduría de Dios que queremos vivir y transmitir al mismo tiempo nos dará como una visión nueva, nos hace descubrir un sentido nuevo, y nos motivará interior para descubrir los medios y caminos, la manera  de cómo hemos de llevar mejor ese mensaje a los demás. 

Pero no podemos olvidar la humildad y la sencillez, porque solo somos unos servidores de esa Palabra de salvación que hemos de trasmitir, no nos podemos presentar como poseedores absolutos que tratan de imponer dicho mensaje, dicho sentido de vida. Es la oferta que hacemos desde el amor, es la oferta que hacemos con sencillez y humildad. Pero es la oferta que hacemos con valentía sin temor a la oposición que podamos encontrar.

Nos habla Jesus de tribunales y de juicios, nos habla de cárceles y de persecución y es que el discípulo no es mejor que su maestro y ¿qué es lo que hicieron con Jesus? El nos promete la fuerza y sabiduría de su Espíritu que estará con nosotros, pondrá palabras en nuestros labios y fortaleza en el corazón. Porque es una vida lo que queremos transmitir, que primero hemos de vivir en nosotros mismos para luego poder contagiar a los demás. Es como una osmosis lo que tenemos que realizar, porque de aquello que nosotros estamos empapados, empaparemos al mundo que nos rodea.  

sábado, 4 de junio de 2022

Es en lo hondo del corazón donde tenemos que aprender a conocer y a vivir a Jesús dejándonos conducir por su Espíritu

 


Es en lo hondo del corazón donde tenemos que aprender a conocer y a vivir a Jesús dejándonos conducir por su Espíritu

Hechos de los apóstoles 28, 16-20. 30-31; Sal 10; Juan 21, 20-25

Una especie de anécdota o curiosidad, un testimonio y una hipérbole vienen a poner punto final al evangelio de Juan que hemos venido escuchando en estos momentos en que llegamos a la conclusión de la pascua.

Es la curiosidad de Pedro ante todo lo que le estaba anunciando Jesús pero sobre lo que le pudiera suceder, qué anuncios tendría Jesús reservados para aquel discípulo amado que ahora tan cerca de ellos estaba. Algo así como querer corresponder como un favor porque había sido precisamente Juan el que desde la barca lo había reconocido y solamente a Pedro se lo había contado. Pero Jesús, podríamos decirlo así, corta las preguntas y curiosidades de Pedro diciéndole poco menos que se preocupara solo de sus asuntos. Se queda todo en la interpretación que haría el resto de los discípulos de las palabras de Jesús – ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?’ – de que aquel discípulo no iba a morir.

Es, sí, el discípulo que va a dar un hermoso testimonio de Jesús, cuando nos deja reflejado en este texto la Buena Noticia de Jesús. ‘Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero’. Como se nos dirá en otro momento todo esto se ha escrito para creamos y creyendo tengamos vida en el nombre de Jesús.

Como el mismo Juan nos dirá en sus cartas, lo que ha visto y lo que ha oído no lo puede callar; lo que ha visto y lo que ha oído, lo que ha experimentado con su propia vida, tiene que trasmitírnoslo. Ese es su testimonio, esa es su verdad, esa es la vida que nos quiere transmitir.

Y es que quienes conocemos a Jesús, quienes creemos en Jesús como nuestra Salvación tenemos que convertirnos en testigos. Es lo que ha venido a ser la historia de la Iglesia a lo largo de los tiempos, un testigo que trasmite lo que ha vivido. Es así como se ha transmitido la fe, contagiándonos de unos a otros. No son las explicaciones las que nos convencen para que creamos, sino el testimonio de una vida, el testimonio de un creyente. No vamos a enseñar filosofías ni ideologías, no son simplemente doctrinas lo que queremos trasmitir sino que Jesús es en verdad nuestra verdadera y única sabiduría porque al encontrar en El la salvación encontramos la vida, encontramos el sentido más hondo para nuestro vivir.

Y como decíamos termina con una hipérbole. Algo que nos puede parecer una exageración pero que lo que quiere es manifestarnos la grandiosidad del mensaje de Jesús. ‘Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo podría contener los libros que habría que escribir’.

Es cierto que la Biblia es el libro más editado en el mundo y que prácticamente se ha traducido a todas las lenguas conocidas del mundo; tenemos que reconocer también que inmensa biblioteca podríamos formar y nos preguntaríamos donde podríamos ponerla, si juntamos todos los libros que en el mundo y en la historia se han escrito que nos hablen de Jesús. Fue, es cierto, una hipérbole la que quiso expresar el evangelista aún sin saber cuánto a lo largo de la historia se escribiría sobre Jesús.

Pero quiere decirnos algo más, y es que el mensaje de Jesús no son solo las palabras que como historias nos han dejado los cuatro evangelistas, sino que el mensaje de Jesús va mucho más allá de esas palabras porque llegará a lo que llevamos en el corazón con la fe que en El tenemos. Y es ahí en lo hondo del corazón donde tenemos que aprender a conocer y a vivir a Jesús dejándonos conducir por su Espíritu que nos lo revelará todo.

lunes, 18 de octubre de 2021

Ponernos en camino dispuestos a compartir y ser testigos, siempre hay una palabra que decir, un mensaje que transmitir, un testimonio que dar, un amor que contagiar

 


Ponernos en camino dispuestos a compartir y ser testigos, siempre hay una palabra que decir, un mensaje que transmitir, un testimonio que dar, un amor que contagiar

2Timoteo 4, 10-17b; Sal 144; Lucas 10,1-9

Ponerse en camino, es la situación del hombre, de la persona que vive, que quiere vivir. Cuántas veces decimos cuando nos vemos obligados a quedarnos en casa, a quedarnos en el mismo sitio sin movernos que esto no es vida. Algo así nos sentíamos cuando tuvimos estar con un confinamiento obligatorio por cierto tiempo en la pasada pandemia que nos ha afectado. Necesitamos movernos, estar en camino. Es señal del vivir.

Aunque cuando estamos haciendo referencia a esto de ponernos en camino no es solamente el movimiento físico del trasladarnos de un lugar a otro, sino que es toda esa actividad que mantenemos como persona, que nos comunicamos, que entramos en relación, que transmitimos algo de nuestro yo a los demás. Medios tenemos para poder realizarlo, para poder estar en camino, para darle un sentido y una intensidad a nuestro vivir. No nos quedamos encerrados en un círculo, sino que queremos salir, abrirnos a los demás, entrar en comunicación y en comunión con los otros. Es la riqueza de la vida misma, porque al darnos nos enriquecemos por dentro, pero es que también estamos abiertos a cuanto podamos recibir de los demás.

En camino están los padres que no solo han engendrado a unos hijos, sino que por ellos se dan, para ellos buscan lo mejor, a ellos les están transmitiendo lo más hondo de sus vidas, para que a su vez ellos crezcan y también se pongan en camino en ese darse por los demás. Y es la tarea que realizan los profesores y educadores, es la tarea que realizamos en cualquiera que sea nuestra profesión si en verdad queremos darle intensidad a la vida.

Cuando uno se siente enriquecido así no se encierra de forma egoísta en sí mismo – aunque nos podamos encontrar a muchos que entiendan la vida de ese modo – sino que de ese riqueza que recibe, de la que se llena se desborda para darse a los demás, para hacer llegar esa riqueza de la vida a los otros.

Cuánto no podemos decir en este sentido de la vida de fe. Ese don que recibimos del Señor cuando descubrimos su amor y como se refleja en nuestra vida y como nos inundamos con ese amor se tiene que convertir en ese bien que en sí mismo se difunde, se transmite, se lleva a los demás. Es lo que Jesús les quiere hacer comprender a los discípulos que tanto tiempo llevan con El inundándose de los valores y del amor que Jesús les transmite, que ahora tienen que ponerse en camino, tienen que llevar ese don a los demás, tienen que transmitir esa buena nueva que ellos han encontrado en Jesús y que tendrá que ser buena noticia para todos. Es el envío que hoy vemos que Jesús hace de sus discípulos.

Un mensaje y una buena noticia que no siempre será fácil transmitir, porque no todos están dispuestos a escucharla. Ya les previene Jesús aunque les hace ir con humildad y no queriéndose apoyar en medios humanos sino conscientes de que su fuerza está en el Señor. Es nuestra tarea, la tarea que tenemos ante nuestro mundo, una buena noticia que transmitir, algo que llevamos en nosotros y que tenemos que contagiar.

Tenemos que ponernos en camino, tenemos que ir al encuentro con los demás con esa buena nueva del Evangelio, de que Dios nos ama; tenemos que quitar nuestros miedos y dejar a un lado nuestras cobardías para ponernos en camino, con la confianza puesta en el Señor. Cuántas semillas podemos sembrar ahí en medio de los nuestros, nuestra familia, nuestros amigos, los vecinos con los que convivimos, en nuestro lugar de trabajo, donde estamos haciendo nuestra vida.

Tenemos que estar siempre en camino, dispuestos a compartir, dispuestos a dar testimonio, dispuestos a ser testigos. Siempre hay una palabra que decir, un mensaje que transmitir, un testimonio que dar, un amor que contagiar. Es que ahí donde vamos a manifestar toda la vitalidad de nuestra fe.


jueves, 13 de mayo de 2021

No podemos perder la esperanza ni hundir con lo que está sucediendo, para algo ha de servirnos cuanto estamos sufriendo, al final brillará una renovada alegría

 


No podemos perder la esperanza ni hundir con lo que está sucediendo, para algo ha de servirnos cuanto estamos sufriendo, al final brillará una renovada alegría

Hechos de los apóstoles 18, 1-8; Sal 97; Juan 16, 16-20

Tenemos que saber interpretar la vida. Hacer una buena lectura de la vida. Si somos reflexivos, la vida nos enseña; claro que hay que masticar muchas veces lo que la vida nos ofrece, las cosas que nos suceden, no podemos ir siempre a la carrera sin detenernos para saber mirar y para saber escuchar; en aquello que nos acontece siempre podemos encontrar un mensaje, siempre podemos encontrar un estimulo para seguir nuestro camino y siempre con actitud constructiva positiva. A veces no es fácil, pero desde nuestra interioridad podemos entresacar las enseñanzas.

Claro que el creyente le añade una visión distinta. No somos creyentes por unas afirmaciones que hagamos en un momento determinado, que también tenemos que hacerlo, sino porque añadimos a toda esa mirada reflexiva que nos hacemos de la vida el aceite y el perfume de la fe. Así podremos en aquello que ahora nos sucede la transparencia de lo que un día el Señor nos prometió o nos enseñó y todo aquello que ha sido para el creyente la historia de la salvación la va a ver plasmada en su vida y sentirá como en su vida Dios igualmente le habla.

Hoy Jesús pronuncia unas palabras en el evangelio – estamos en la cena de despedida, la última cena – que a los discípulos les cuesta comprender; les parecen poco menos que un trabalenguas aunque después que se desarrollaron todos aquellos acontecimientos de la Pascua llegarían a comprender bien el sentido de sus palabras. ‘Dentro de poco ya no me veréis, pero dentro de otro poco me volveréis a ver’, les dice Jesús y ellos se preguntan qué pueden significar estas palabras. Con lo que Jesús a continuación les dice terminará por afirmarles ‘en verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría’.

Como decíamos después de los acontecimientos de la pascua vinieron a comprenderlo. Desde el prendimiento de Jesús en el huerto todo fue tristeza y sensación de abandono en los discípulos. Con miedo encerrados estaban en el cenáculo aun aquel primer día de semana, y veremos a los discípulos de Emaús tristes y cariacontecidos mientras marchaban con sensación de fracaso a su pueblo. Pero ¿qué sucedió en aquel primer día de la semana? El Señor resucitado se les manifiesta y ellos se llenan de alegría. ‘Vuestra tristeza se convertirá en alegría’, les había dicho. Entendieron y entendemos las palabras de Jesús.

Pero eso lo leemos en nuestra historia y en nuestra vida. Cuántos momentos de oscuridad se han tenido a lo largo de la historia como fueron los momentos de las persecuciones o han sido momentos de verdadera crisis que se han sucedido muchas veces a lo largo de la historia de la Iglesia. Momentos de confusión, momentos de soledad, momentos que parecían de fracaso para los cristianos y para la Iglesia. Pero la Iglesia siempre ha salido fortalecida de esos momentos, con vitalidad siempre nueva, porque además siempre tenemos la certeza de la presencia del Espíritu del Señor con nosotros.

¿Serán distintos los tiempos que vivimos? Oscuridades de todo tipo afectan a la humanidad en estos momentos y también por qué no a la Iglesia y a nosotros los cristianos. La misma situación social en que nos encontramos son momentos de agobio, de tristeza ante tanto sufrimiento, de desconcierto pero hemos de saber encontrar una luz que nos haga mirar todo esto con una mirada nueva, con una mirada distinta.

No podemos perder la esperanza, no nos podemos hundir con lo que está sucediendo, algo tenemos que descubrir, para algo ha de servirnos cuanto estamos sufriendo. Nos puede parecer que poco menos que estamos abandonados de Dios, tan duro es lo que se está pasando. Muchos hablan incluso de castigos divinos. Pero nos cuesta entender, nos cuesta encontrar esa lectura nueva, las repuestas locas que vemos muchas veces alrededor aún nos desconciertan más.

Pero Jesús nos está diciendo que todo esto pasará y que recobraremos la alegría, que habrá una nueva alegría son sabores de plenitud. Hay momentos en que nos parece que no vemos la presencia de Dios, pero sabemos bien que ahí está. Es importante que no perdamos la esperanza. ‘Vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría’.