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viernes, 5 de junio de 2026

En medio de nuestras tribulaciones, nuestras luchas, nuestras búsquedas sepamos acudir a la Sagrada Escritura para encontrar la Sabiduría de Dios para nuestra vida

 


En medio de nuestras tribulaciones, nuestras luchas, nuestras búsquedas sepamos acudir a la Sagrada Escritura para encontrar la Sabiduría de Dios para nuestra vida

2 Timoteo 3, 10-17; Salmo 118; Marcos 12, 35-37

No temamos hacernos preguntas que nos cuestionen por dentro; es un deseo de avanzar, de encontrar razones, de abrirnos a nuevos horizontes, de fundamentar bien lo que ya llevamos por dentro. En la medida en que vamos avanzando por la vida seguramente nos aparecerán nuevas cuestiones que antes no nos habíamos planteado, pero eso significa el crecimiento que vamos experimentando y eso nos conduce a una madurez que nos hará sentirnos más seguros. No somos ciegos que simplemente ven por los ojos de los otros, sino que hemos de tener nuestra propia mirada, que se siente enriquecida por lo nuevo que va encontrando, pero también de lo que va recibiendo de los demás. No es una búsqueda que nos haga mirarnos solo a nosotros mismos, sino que nos hará rumiar y reflexionar sobre lo que ya forma parte de nuestra vida para ir ahondando más y más.

Hoy es Jesús en el evangelio el que le hace preguntas a sus contrincantes; muchos habían ido planteándole cuestiones no siempre en una búsqueda sincera de algo mejor que Jesús pudiera ofrecerles, sino como muchas veces hemos visto querían cogerle en sus palabras para manifestar así su rechazo a lo que Jesús estaba significando. Ayer mismo escuchábamos al escriba que le preguntaba por el mandamiento principal de la ley, una pregunta que no tendría sentido en quien la hacía puesto que era un maestro de la Ley. Pero hoy es Jesús el que los cuestiona y los deja sin palabras. Si el Mesías era hijo de David, de la descendencia de David, ¿cómo es que le llame su Señor? No tienen respuesta; pero Jesús les está haciendo ver cual es su verdadero mesianismo y que El está por encima de la misma Ley, si es el Hijo de Dios como se está manifestando Jesús. El pueblo sencillo sí sabe reconocer la veracidad y autenticidad con que Jesús se manifiesta.

Lo de menos en nuestra reflexión en este caso es ese cuestionamiento. Hemos más bien saber responder a esos interrogantes que en nuestro interior se nos presentan también en el campo de nuestra fe y de la manera de expresar no solo nuestra religiosidad sino todo lo que significa el seguimiento de Jesús, es decir, todo lo que atañe a nuestra vida cristiana. ¿Dónde hemos de ir encontrando esas respuestas?

Hermoso el texto que se nos ofrece de la segunda carta de san Pablo a su discípulo Timoteo. Está recordando el apóstol lo que ha sido el recorrido de su vida que no siempre ha sido fácil. ‘¡Qué persecuciones soporté!’, recuerda el apóstol, ‘pero de todas me libró el Señor… todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos’, nos viene a decir. Por eso nos invita a vivir en la fidelidad. Como le dice a su discípulo ‘tú, en cambio, permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús’.

Ahí tenemos nuestra sabiduría que nos hará saborear todo el sentido y el valor de la vida; es lo que nos hará crecer y madurar, es lo que nos va a dar verdadera profundidad a nuestra vida, es donde vamos a encontrar la fuerza para mantenernos en esa fidelidad, sintiendo que es el Señor nuestra fortaleza. Por eso concluye diciéndonos algo hermoso. ‘Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena’.

¿Qué valor le damos a la Biblia? ¿La saboreamos como lo que es, la Sabiduría de la Palabra de Dios? En medio de nuestras tribulaciones, nuestras luchas, nuestras búsquedas ¿acudimos a la Sagrada Escritura para encontrar esa Sabiduría de Dios para nuestra vida?

jueves, 11 de abril de 2024

Cuando pensamos en la vida eterna es querer en Dios vivir para siempre, pero es en el aquí y ahora cuando también tenemos que vivir esa vida de Dios

 


Cuando pensamos en la vida eterna es querer en Dios vivir para siempre, pero es en el aquí y ahora cuando también tenemos que vivir esa vida de Dios

Hechos de los apóstoles 5, 27-33; Salmo 33; Juan 3, 31-36

Leemos un libro porque alguien nos lo ha recomendado, porque conocemos su autor y lo consideramos bueno, porque nos gusta su literatura que es amena y agradable y trata de decirnos o enseñarnos cosas, buscamos un pensamiento que nos ayude en la vida, o nos sirve de entretenimiento con las cosas que nos cuenta, porque queremos aprender de lo que otro nos trasmite o queremos conocer nuestra historia, muchos y variados pueden ser los motivo por los que cojamos un libro en nuestras manos y dediquemos nuestro tiempo a su lectura. Cada uno tenemos nuestros gustos, tenemos nuestros sueños, buscamos algo para nuestra vida de una forma o de otra.

Cuando nosotros nos acercamos a la Biblia, ¿qué es lo que realmente vamos buscando? Es cierto que podemos encontrar muchas de todas esas cosas que hemos expresado previamente porque encontramos historias bellas, porque encontramos una bonita narración de sucesos y también bella literatura, porque podemos encontrar orientaciones que nos puedan valer para nuestra vida, pero la Biblia no se queda ahí.

Muchos buscan historia y tratan de compaginar o comparar conocimientos sobre hechos históricos con otros datos que pueden llegarnos por otros medios, pero la Biblia no se queda simplemente en un libro histórico; podemos buscar bonitos pensamientos que nos pueden hacer pensar sobre muchos aspectos de la vida, y es cierto que encierra una gran sabiduría en sus páginas, pero la Biblia no es simplemente un libro de consejos; podemos hacer comparación con movimientos filosóficos aparecidos en la historia y habrá cosas que se nos reflejen en sus páginas, pero la Biblia no es un simple libro de filosofía aunque mucho nos enseña sobre el sentido de la vida.

Muchos incluso tratarán de decirnos que en las cosas que se nos narran la Biblia tenía razón (y recuerdo un libro que incluso llevaba ese nombre), pero no nos podemos quedar ahí, porque sería muy parcial nuestro encuentro con la Biblia. Nosotros los cristianos decimos que la Biblia es la Palabra de Dios, porque eso es lo que realmente tenemos que ir a buscar en ella, ¿qué nos dice Dios? ¿Cómo se nos revela Dios? Y cuando decimos que es la palabra de Dios no podemos entrar en radicalismos de tomarnos al pie de la letra cada una de sus paginas, sino descubrir que es lo que hoy quiere seguir diciéndonos Dios a través de aquellos hechos, de aquellos acontecimientos, de aquellas palabras o incluso leyes con las que se relacionaba con un pueblo concreto en unas circunstancias concretas.

La Palabra de Dios tiene que ser algo vivo, algo que en verdad nos llegue a la vida, que nos pueda interrogar, o que nos pueda abrir caminos, que nos haga plantearnos las cosas desde lo más hondo de nosotros mismos y podamos en verdad sentirnos transformados por esa Palabra de vida que llega a nosotros. Es necesario un espíritu de discernimiento y de reflexión interior, pero es necesario dejarnos conducir por el espíritu de Dios que hoy a través de la Biblia sigue hablándonos al corazón.

Fijémonos en lo que hoy nos ha dicho el evangelio. Es toda una reflexión que el evangelista nos va ofreciendo a partir de aquel encuentro de Nicodemo con Jesús. ‘El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él’.

Nos habla palabras de vida para que creyendo en Jesús tengamos vida eterna. Ahí está lo importante. Lo que va a transformar nuestro corazón, porque nos da vida eterna. Ha venido Jesús para que tengamos vida y tengamos vida en abundancia, como se nos dirá en otro lugar. Y eso es lo que tenemos que buscar cuando vamos a Jesús, cuando escuchamos a Jesús, cuando creemos en El para llenarnos de vida eterna.

Como hemos venido reflexionando es la manifestación del amor que Dios nos tiene, y por eso nos entrega a su Hijo, y Jesús viene para que tengamos vida para siempre.  Y pensamos en la vida más allá de la muerte, porque en Dios queremos vivir para siempre, pero esa vida eterna es la que ahora y aquí también tenemos que vivir cuando nos llenamos de Dios. No es simplemente que seamos buenos e intentemos hacer cosas buenas, sino que vivamos a Dios en lo que somos y en lo que hacemos, en todo nuestro ser porque así será como participamos de su amor, pero con el mismo amor con que lo amamos, con todo nuestro ser, con toda nuestra vida. Es lo que buscamos y nos trasmite la Palabra de Dios.

sábado, 4 de junio de 2022

Es en lo hondo del corazón donde tenemos que aprender a conocer y a vivir a Jesús dejándonos conducir por su Espíritu

 


Es en lo hondo del corazón donde tenemos que aprender a conocer y a vivir a Jesús dejándonos conducir por su Espíritu

Hechos de los apóstoles 28, 16-20. 30-31; Sal 10; Juan 21, 20-25

Una especie de anécdota o curiosidad, un testimonio y una hipérbole vienen a poner punto final al evangelio de Juan que hemos venido escuchando en estos momentos en que llegamos a la conclusión de la pascua.

Es la curiosidad de Pedro ante todo lo que le estaba anunciando Jesús pero sobre lo que le pudiera suceder, qué anuncios tendría Jesús reservados para aquel discípulo amado que ahora tan cerca de ellos estaba. Algo así como querer corresponder como un favor porque había sido precisamente Juan el que desde la barca lo había reconocido y solamente a Pedro se lo había contado. Pero Jesús, podríamos decirlo así, corta las preguntas y curiosidades de Pedro diciéndole poco menos que se preocupara solo de sus asuntos. Se queda todo en la interpretación que haría el resto de los discípulos de las palabras de Jesús – ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?’ – de que aquel discípulo no iba a morir.

Es, sí, el discípulo que va a dar un hermoso testimonio de Jesús, cuando nos deja reflejado en este texto la Buena Noticia de Jesús. ‘Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero’. Como se nos dirá en otro momento todo esto se ha escrito para creamos y creyendo tengamos vida en el nombre de Jesús.

Como el mismo Juan nos dirá en sus cartas, lo que ha visto y lo que ha oído no lo puede callar; lo que ha visto y lo que ha oído, lo que ha experimentado con su propia vida, tiene que trasmitírnoslo. Ese es su testimonio, esa es su verdad, esa es la vida que nos quiere transmitir.

Y es que quienes conocemos a Jesús, quienes creemos en Jesús como nuestra Salvación tenemos que convertirnos en testigos. Es lo que ha venido a ser la historia de la Iglesia a lo largo de los tiempos, un testigo que trasmite lo que ha vivido. Es así como se ha transmitido la fe, contagiándonos de unos a otros. No son las explicaciones las que nos convencen para que creamos, sino el testimonio de una vida, el testimonio de un creyente. No vamos a enseñar filosofías ni ideologías, no son simplemente doctrinas lo que queremos trasmitir sino que Jesús es en verdad nuestra verdadera y única sabiduría porque al encontrar en El la salvación encontramos la vida, encontramos el sentido más hondo para nuestro vivir.

Y como decíamos termina con una hipérbole. Algo que nos puede parecer una exageración pero que lo que quiere es manifestarnos la grandiosidad del mensaje de Jesús. ‘Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo podría contener los libros que habría que escribir’.

Es cierto que la Biblia es el libro más editado en el mundo y que prácticamente se ha traducido a todas las lenguas conocidas del mundo; tenemos que reconocer también que inmensa biblioteca podríamos formar y nos preguntaríamos donde podríamos ponerla, si juntamos todos los libros que en el mundo y en la historia se han escrito que nos hablen de Jesús. Fue, es cierto, una hipérbole la que quiso expresar el evangelista aún sin saber cuánto a lo largo de la historia se escribiría sobre Jesús.

Pero quiere decirnos algo más, y es que el mensaje de Jesús no son solo las palabras que como historias nos han dejado los cuatro evangelistas, sino que el mensaje de Jesús va mucho más allá de esas palabras porque llegará a lo que llevamos en el corazón con la fe que en El tenemos. Y es ahí en lo hondo del corazón donde tenemos que aprender a conocer y a vivir a Jesús dejándonos conducir por su Espíritu que nos lo revelará todo.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Si no abrimos el corazón a la Palabra de Dios tenemos que preguntarnos qué es lo que realmente vamos a celebrar en Navidad

 


Si no abrimos el corazón a la Palabra de Dios tenemos que preguntarnos qué es lo que realmente vamos a celebrar en Navidad

Isaías 48, 17-19; Sal 1;  Mateo 11, 16-19

Mientras en la vida no vamos adquiriendo un cierto grado de madurez andamos algo así como inestables en nuestros deseos y en nuestras decisiones; decimos que somos niños que no sabemos lo que queremos, hoy nos sentimos deslumbrados por algo nuevo que vimos, una persona nueva que conocimos y todo son maravillas y no hacemos sino hablar de eso nuevo que hemos encontrado y que nos ha gustado no sabiendo apreciar, por ejemplo, que cosas más hermosas tenemos más cercanas a nosotros ya fuera en la familia en la que vivimos, ya sean las cosas que están en nuestras manos y tenemos oportunidad de realizar. Pero nos encandila lo nuevo, pero si mañana vemos o encontramos otra cosa igualmente nos iremos tras ella porque es la maravilla que estaba oculta y que ahora tuvimos la suerte de encontrar.

No digo que hemos de tener capacidad de sorpresa, porque eso nos ayuda en la vida, nos hace encontrar muchas cosas buenas, crea ilusión en nuestro corazón, pero la persona madura no se encandila ante cualquier novedad sino que sabe apreciar y admirarse por eso sencillo que quizás trae entre manos o que encontramos en esas personas más cercanas a nosotros como es la familia a la que por el contrario muchas veces denostamos.

Tenemos que saber ser más reflexivos en la vida, irle dando poco a poco una estabilidad a nuestras emociones y no dejarnos arrastrar como veletas por el primer viento que resople a nuestro lado. Son los caminos de madurez que hemos de irle dando a la vida, es la madurez de la que hemos de ir revistiendo nuestra fe, con la que tenemos que fortalecer nuestra fe y se conviertan en verdaderos cimientos de nuestra vida cristiana.


Hoy en el evangelio Jesús nos propone el ejemplo de los chiquillos que juegan en la plaza, que no terminan de ponerse de acuerdo ni siquiera en sus juegos para pasarlo bien, sino que en un momento están de cara a lo que se propone como al momento siguiente le dan la espalda. Y nos dice Jesús que no seamos así; se queja de su generación que ni terminaron de aceptar a Juan al que al principio parecía que todos admiraban pero que luego lo consideraban duro y exigente, y no ahora aceptan al Hijo del Hombre, es decir, no lo aceptan a El, a quien ven cercano pero que por eso mismo como dice en el evangelio lo consideran como un comilón y un borracho, porque come con todos.

Pero todo esto es para que nos miremos a nosotros mismos y sepamos encontrar la verdadera sabiduría como nos está sugiriendo Jesús. Hemos de reconocer que habitualmente somos muy superficiales en nuestras convicciones y en nuestros compromisos desde nuestra fe. Nos falta esa sabiduría del Espíritu.

Me viene a la mente el recuerdo – y esto ha sido con más de una persona – de alguien que un día te encuentra y te dice que ahora sí ha encontrado la fe, que ahora se ha encontrado con el evangelio y sí vive su fe en Jesús como su salvador; era una persona que conocíamos por su frecuencia en asistir a la Iglesia, pero que de la noche a la mañana se encontró con alguien que quizá llego a la puerta de su casa y le ofrecía la Biblia como salvación para su vida, y con ellos se fue. Yo le preguntaba ¿y no tenías la Biblia cuando estabas en tu Iglesia, cuando oías la proclamación de la Palabra cada vez que venias a Misa? No, es que ahora es distinto, yo la leo, la interpreto, escucho las explicaciones que me dan, y le insisto, y ¿quién te impedía que leyeras la Biblia cuando estabas en tu Iglesia de siempre? ¿Qué hacías cuando el sacerdote te la explicaba en la homilía? Andaba en otras ondas, no prestaba atención, de antemano iba con la convicción de que aquello era aburrido y más se aburría porque no prestaba atención, no se había molestado en leer nunca en su casa al menos el evangelio.

Comento esto así con este detalle porque mucho de eso nos pasa a la mayoría de los que vamos a la Iglesia. No escuchamos, no prestamos atención, no somos capaces de detenernos a leer de nuevo el evangelio cuando llegamos a casa para rumiarlo de nuevo y meterlo hondo en la vida, somos de los que ya vamos cansados y aburridos a las celebraciones y así nos salen de monótonas y frías por mucho que el sacerdote quiera animarnos y busque mil recursos para hacernos reflexionar, para hacernos llegar la Palabra de Dios a nuestra vida.


Este camino de adviento que estamos haciendo ha de ayudarnos a hacer ese parón que necesitamos en la vida para abrir de verdad nuestro corazón a la Palabra de Dios. Si no lo hacemos así, ¿qué es realmente lo que vamos a celebrar en la navidad? ‘La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros’, vamos a escuchar repetidamente. No nos preocupemos tanto de que por las circunstancias vamos a tener una navidad distinta. Será distinta si en verdad vamos a vivir que la Palabra de Dios habita entre nosotros. Aunque no haya comidas y luces será en verdad navidad.

jueves, 24 de septiembre de 2020

El evangelio de Jesús será vida para mi vida, luz en mi oscuridad, vademécum en mi camino, viático que me alimenta y me conforta en cualquier momento de mi vida

 


El evangelio de Jesús será vida para mi vida, luz en mi oscuridad, vademécum en mi camino, viático que me alimenta y me conforta en cualquier momento de mi vida

Eclesiastés 1, 2-11; Sal 89; Lucas 9, 7-9

‘El tetrarca Herodes se enteró de lo que pasaba sobre Jesús y no sabía a qué atenerse…’ Le llegaban noticias de Jesús. Aunque muy enfrascado estuviera con sus fiestas y banquetes, con su vida regalada y sensual, las noticias de Jesús traspasaban también las fronteras de palacio y le llegaban a Herodes. Lo que escuchaba la inquietaba, al final se nos dirá que tenía curiosidad por conocer a Jesús. Pero la inquietud podía venir también de una conciencia que no está tranquila.

Y es que cuando le hablaban de Jesús algunos se hacían eco de las cosas que en su imaginación se decía de Jesús. Recordamos que cuando Jesús pregunta a sus discípulos lo que la gente pensaba de El, le comparan con un profeta de los antiguos y le comparan también con Juan Bautista que había sido degollado por Herodes. Y ya sabemos que entre comparar una persona y otra y llegar a la confusión de que era como una resurrección – hoy la gente diría reencarnación – de Juan, era un paso muy fácil de traspasar. Y de ahí vendrían también los remordimientos de Herodes, porque reconocía lo que había hecho y sentía, es cierto, que había hecho mal por dejarse embaucar por aquella mujer con la que convivía, la mujer de su hermano.

Estamos viendo las inquietudes e interrogantes que la figura de Jesús provoca en las gentes. Su fama se extendía y llegaba a todas partes. Hoy estamos escuchando como en su inquietud Herodes también tenía deseos de conocer a Jesús. Podríamos preguntarnos, quizá, por qué era esa inquietud y esa curiosidad. ¿También escucharía con gusto a Jesús, como nos dice que en ocasiones escuchaba a Juan el Bautista?

Sí sabemos que cuando tiene ocasión de un cara a cara con Jesús, ya en los momentos de la pasión cuando Pilatos se lo envía para que lo juzgue ya que Jesús provenía de Galilea y eso era territorio de Herodes que en aquella ocasión con motivo de la fiesta de la pascua estaba en Jerusalén, quiere poco menos que convertirlo en una marioneta para que lo divirtiera a él y su corte, seguro que aburridos en Jerusalén. Pero Jesús no le dirigió ni una palabra.

Pero poco importa ahora los motivos que tuviera Herodes para sentir curiosidad por Jesús y querer conocerlo. Nos ayuda lo que podamos ver reflejado en los demás, pero lo importante es que nosotros lo estamos escuchando como Palabra de Dios que llega a nosotros, Palabra que Dios quiere dirigirnos a nosotros de una forma directa en este momento. Es así como un cristiano tiene siempre que escuchar la Palabra de Dios, acercarse a la Biblia para leerla y escucharla en su corazón. Por eso, en estos momentos, lo importante es la interpelación que desde la Palabra de Dios podamos estar recibiendo nosotros.

Cuando escuchamos el evangelio ¿nos sentimos de alguna manera interpelados por la Palabra de Dios? ¿Qué es lo que nos lleva a leer y escuchar el evangelio? Bien sabemos que muchos lo miran como un libro más, que algunos simplemente se acercan porque tienen curiosidad y quieren conocer cosas de Jesús, que algunos piensan en Jesús como un personaje de la historia interesante que merece la pena conocer pero sin dejar que esas palabras o esa vida de Jesús haga mella en sus vidas, que algunos incluso lo rechazan y lo miran como un libro de mitos y leyendas pero que son cosas que a los hombres de hoy ya no les dice nada. ¿Entraremos quizá en algunas de esas categorías?

Aquí es cuando con sinceridad tenemos que plantearnos qué buscamos, si sentimos en verdad que Dios nos habla a través del evangelio, de esos hechos y palabras de Jesús, hasta donde llega nuestra fe. Y es que al evangelio no nos podemos acercar de cualquier manera; no puede ser algo que leamos o escuchemos y ya lo demos por sabido, sino que tenemos que saber descubrir y escuchar lo que ahora en este momento me está diciendo a mi el evangelio.

Siempre tiene que ser una buena noticia, y si es noticia siempre tenemos que mirarlo como nuevo, como noticia que de parte de Dios llega ahora a mi vida. Así el evangelio será vida para mi vida, luz en mi oscuridad, vademécum en mi camino, viático que me alimenta y me conforta en cualquier momento de mi vida.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Seamos capaces de leer nuestra historia personal que también ha sido para nosotros una historia de salvación y nos sintamos así impulsados a dar respuesta al Señor




Seamos capaces de leer nuestra historia personal que también ha sido para nosotros una historia de salvación y nos sintamos así impulsados a dar respuesta al Señor

Jonás 3, 1-10; Sal 50; Lucas 11, 29-32
En la vida no podemos ir con los ojos cerrados para no tener en cuenta la realidad de los acontecimientos que vamos viviendo o que suceden en nuestro entorno. Todo cuanto sucede el hombre de provecho intenta hacer una lectura de ello porque de ello quiere aprender, siempre hay algo nuevo que podemos descubrir, que nos abre horizontes, que nos hace comprender la vida misma que vivimos. No nos encerramos en nuestra autosuficiencia sino que con ojos atentos leemos la vida para sacar lecciones para nuestro vivir, para enriquecer nuestra vida misma. Una forma de crecer y de madurar como personas.
Pero al mismo tiempo miramos la historia, porque aunque sean acontecimientos acaecidos en otra época y en otras circunstancias, sin embargo también hay algo que tenemos que aprender de lo sucedido a otros y en otros tiempos. Leer y estudiar la historia no es simplemente recordar unos hechos, hacer memoria de unas fechas, acontecimientos o personajes, pero quedarnos en una mirada a la lejanía que pareciera que ahora nada tiene que decirnos. Ahí encontramos ejemplos y hasta podemos ver reflejados los hechos que ahora nos suceden porque en fin de cuentas el ser humano es el ser humano aunque sean distintas las circunstancias históricas que cada uno vivamos.
Si el hombre creyente sabe discernir la presencia de Dios en el ahora de nuestra historia, de la misma manera mira esa historia y trata de descubrir también ese actuar de Dios en aquellos acontecimientos que la historia nos relata. Para el creyente verdadero toda historia es de alguna manera una historia de salvación, lo fue para las personas de aquellos tiempos, como lo es ahora para el momento que vivimos, pero en la historia de la salvación siempre veremos ese actuar de Dios que ahora nos enseña también.
Es lo que vemos reflejado en la Biblia, lo que podemos y debemos leer en los antiguos acontecimientos viendo ese actuar de Dios que a través de todos los tiempos nos está manifestando su amor. Y en el actuar de aquellas personas que vivieron aquellos antiguos acontecimientos, con la respuesta que en cada momento daban podemos aprender para la respuesta que nosotros ahora hemos de dar. Qué importante es la lectura de la Biblia, entonces, para nosotros, porque ahí está contenido todo lo que ha sido la voluntad de salvación de Dios para con la humanidad expresada y vivida en cada momento de la historia.
Me hago esta reflexión viendo cómo Jesús hoy en el evangelio quiere enseñar a la gente de su tiempo a hacer esa lectura de la historia de la salvación que nos vale para nosotros también. En aquella obsesión de los judíos de estar pidiendo continuamente pruebas que les llevaran a creer y aceptar a Jesús – obsesión que podemos decir que tenemos nosotros también que de la misma manera estamos siempre el milagro que nos dé las pruebas para creer – Jesús les dice que no se les dará más signo que el de Jonás. Les hace leer de nuevo, podríamos decir, aquel acontecimiento de la historia reflejado en la vida del profeta para que descubran cual ha de ser la respuesta que ellos ahora también han de dar.
Jonás, aunque renuente al principio de ir a Nínive a predicar la conversión, cuando al final se decide a responder a la misión que Dios le ha confiado, se encuentra con un pueblo que escucha la voz del profeta y se convierte de corazón al Señor. Por eso les dice que en los tiempos finales las gentes de Nínive se volverán en contra de los judíos de la época de Jesús, porque ellos escucharon la voz del profeta y ahora tenían a alguien mayor que aquel profeta que era Jesús mismo y sin embargo no lo escuchaban.
Y nosotros, ¿qué respuesta damos hoy a la llamada que nos hace el Señor? Creo que esta Palabra de Dios que se nos está proclamando cuando apenas hemos comenzado este tiempo de Cuaresma es una fuerte advertencia para que también en estos cuarenta días – como en los tiempos de Jonás en Nínive – recapacitemos, seamos capaces de leer nuestra historia, la historia de nuestra vida, que también para nosotros es una historia de salvación y demos respuesta a la llamada del Señor.
Recordemos, sí, nuestra historia, nuestra vida, cuanto nos ha sucedido, cuántas veces en nuestros problemas y angustias invocamos al Señor y si hoy estamos aquí es porque el Señor en su amor misericordioso estuvo a nuestro lado y pudimos seguir el camino de nuestra vida. El recuerdo de esas gracias que a lo largo de la vida hemos recibido del Señor, tendrían que motivarnos ahora a una autentica conversión al Señor. Es el camino de la Cuaresma que hemos de recorrer para llegar a la Pascua.

jueves, 15 de marzo de 2018

Queremos escuchar a Dios y queremos llenaros de su luz y de su vida y acudimos con fe y humildad a la Escritura santa




Queremos escuchar a Dios y queremos llenaros de su luz y de su vida y acudimos con fe y humildad a la Escritura santa

Éxodo 32, 7-14; Sal 105; Juan 5, 31-47

‘La Palabra era la luz verdadera que con su venida al mundo ilumina a todo hombre, vino a los suyos pero los suyos no la recibieron…’ Así ya desde el principio del evangelio de san Juan se nos refleja cual es la acogida que hacemos de Jesús, que hacemos de la luz y de la vida.
Es lo que se nos va presentando a lo largo de todo el evangelio. Al principio de la actividad pública de Jesús en Galilea se recordaban aquellas palabras del profeta que hablaban de que al pueblo que andaba en tinieblas le apareció una luz grande. Así entre resplandores de gloria también el evangelista nos habla del nacimiento de Jesús. Y los humildes y los sencillos lo acogieron. ‘Nadie ha hablado como El’, decían. Se maravillaban de sus palabras, de sus signos y querían seguirle.
Pero  no todos lo seguían. Había quienes estaban al acecho; quienes filtraban sus palabras y andaban con preguntas capciosas a ver como podía cogerle con sus palabras; quienes en su interior lo despreciaba y se oponían y hasta llegaban a decir que sus obras eran las obras del príncipe de las tinieblas. Era la hora de la confusión y del rechazo. Ya proféticamente el anciano Simeón había dicho que sería signo de contradicción, pero que ante su presencia habían de decantarse los malos y los buenos.
Son las diatribas que de manera especial iremos escuchando en estos últimos días de la cuaresma que nos preparan para la pasión y para la pascua. Jesús trata de hacerles comprender a los judíos – y cuando emplea Juan la palabra judíos en este caso se está refiriendo a los principales del pueblo, sus autoridades religiosas y magisteriales – de quien realmente era El.
El texto del evangelio de hoy nos recuerda cómo había venido Juan para preparar los caminos del Señor y lo había señalado como el Ungido de Dios, por todas aquellas manifestaciones de las que el bautista había sido testigo. Pero Jesús les dice que le crean por sus obras, que son las obras de Dios, que son las obras del Padre que se manifiestan en Jesús. Por eso, como nos dice, el Padre es quien con sus obras da testimonio de Jesús.
El es el anunciado por las Escrituras, por los profetas; en El tienen cumplimiento todas las profecías. Pero algunas veces nos cegamos ante la luz y la rechazamos, preferimos las tinieblas. ‘Estudias las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mi, y no venís a mi para encontrar vida’, les dice. Nos cegamos ante la luz y no queremos ver.
Todo esto tiene que hacernos reflexionar sobre la fe que nosotros tenemos y vivimos. Tenemos igualmente el peligro de cegarnos en muchas ocasiones. Y acudimos también a las Escrituras – cada semana y cada día se nos proclama la Palabra de Dios – pero no llegamos a entender, no llegamos a llevar ese mensaje a la vida.
Depende de la actitud con que vayamos a la Biblia. No vamos como unos eruditos que queremos aprender y quienes queremos disfrutar con una buena literatura, no dejando de reconocer que nos contienen paginas maravillosas; no vamos a buscar explicaciones o simples razonamientos aunque también los podamos encontrar; tenemos que ir a buscar vida, sintiendo que ahí el Señor quiere hablarnos. Es el espíritu de fe con que tenemos que acercarnos siempre a la Escritura Santa. Queremos escuchar a Dios y queremos llenaros de su luz y de su vida.
Este tiempo de cuaresma que estamos recorriendo ha sido y es un tiempo propicio para acercarnos a la Palabra de Dios, que es acercarnos a Jesús y a su vida. Con esa profunda humildad y con una grande fe tenemos que escuchar esa Palabra sintiendo que es Dios quien nos habla y si abrimos el corazón seguramente que esa semilla caerá en nosotros y dará frutos de vida. Intensifiquemos en estos días de cuaresma que nos quedan hasta la Pascua ese encuentro con la Palabra de Dios. Que  no se diga que la luz vino a nuestro encuentro y nosotros no la recibimos.

sábado, 1 de abril de 2017

Con humildad desde nuestras limitaciones, desde nuestras dudas y confusiones tenemos que acudir a Jesús queriendo llenarnos de su vida y dejarnos inundar por su Espíritu

Con humildad desde nuestras limitaciones, desde nuestras dudas y confusiones tenemos que acudir a Jesús queriendo llenarnos de su vida y dejarnos inundar por su Espíritu

Jeremías 11, 18-20; Sal 7; Juan 7, 40-53
Jesús no deja indiferente a nadie. Ante Jesús, su figura, su vida, sus obras todos nos decantamos de alguna manera. Ya lo había anunciado el anciano Simeón allá en el templo con la presentación del Niño. Será bandera discutida, será signo de contradicción, ‘este niño va a ser motivo de que muchos caigan o se levanten en Israel’.
Hoy lo escuchamos en el evangelio. Gente que dice que nadie ha hablado como El, otros que decía que si no seria el Mesías o un profeta, mientras los fariseos y los sumos sacerdotes están maquinando contra El; quieren apoyarse incluso en las Escrituras y cada uno hace sus interpretaciones; habrá entre ellos alguien que pide serenidad, reflexión, no tomarse las cosas a la ligera ni dejarse llevar por impulsos, porque las acusaciones hay que probarlas, pero todos de alguna manera se decantan a favor o en contra. Un mundo de confusión en torno a Jesús; los sencillos no entienden de esos conflictos, pero esas cosas afectan a todos. 
Pero ¿no sucederá que sigue pasando igual? ¿No nos puede pasar a nosotros mismos en nuestro interior? También en nuestro entorno hay mucha gente confundida. Nos sentimos confundidos nosotros mismos porque muchas veces casi sin saber por qué nos entran dudas en nuestro interior, nos preguntamos muchas cosas y no siempre sabemos dar respuestas.
Mucha gente sabemos bien que se aleja de la fe, de la religión, de la Iglesia cuando le surgen esas dudas que no saben resolver. No es malo que nos surjan dudas, porque eso tendría que aquilatar nuestra fe, purificarla, hacerla profundizar, pero tenemos que saber bien a donde tenemos que acudir, tenemos que saber también dejarnos conducir que el Señor irá poniendo nuestro lado muchas señales que tenemos que saber discernir.
Confusión también se produce cuando vemos tantas opiniones distintas, cuando vemos tantas divisiones incluso en los que tenemos una misma fe, o creemos tener una misma fe, en Jesús. Gentes que llegan a nuestra puerta y nos ofrecen sus ideas y sus interpretaciones, que unas veces quizá cerramos la puerta, pero otras veces nos producen una cierta inquietud en nuestro interior. Corrientes de opinión en torno a la Iglesia, la religión, la fe que circulan en el entorno en que vivimos, gente que habla en contra siempre tratando de desprestigiar, de anular, de destruir. Somos conscientes de ello y cuanto daño se hace a los sencillos.
Es necesario fortalecer nuestra fe, darle hondura, formarnos debidamente, crecer en espiritualidad. Con humildad desde nuestras limitaciones, desde nuestras dudas y confusiones tenemos que acudir a Jesús queriendo conocerle más y más, llenarnos de su vida, dejarnos inundar por su Espíritu. Es el Espíritu del Señor que nos conduce a la verdad plena, es el Espíritu que nos revelará allá en el interior de nuestro corazón todo el misterio de Cristo, es el Espíritu que nos fortalecerá interiormente frente a tantas cosas que nos puedan confundir o nos puedan arrastrar fuera de los caminos de la Verdad.
Tengamos un corazón humilde y sencillo porque será la mejor manera de escuchar a Dios, de sentir a Dios en nuestra vida, de expresarle toda nuestra fe. Pero esa humildad y sencillez no nos quita que nos esforcemos por conocer mejor nuestra fe para que podamos dar verdadera razón de nuestra fe y de nuestra esperanza. Un compromiso que tendría que surgir en nosotros en este camino cuaresmal que estamos viviendo sería el que leyéramos más la Biblia, la estudiáramos más, nos preocupásemos de acudir a aquellos medios que nos ofrece al Iglesia para crecer en nuestra fe. 

jueves, 26 de enero de 2017

No rehusemos la luz que se nos ofrece en nuestra espiritualidad cristiana para ir a beber de otras fuentes que no nos ofrecerán la vida verdadera

No rehusemos la luz que se nos ofrece en nuestra espiritualidad cristiana para ir a beber de otras fuentes que no nos ofrecerán la vida verdadera

Hebreos, 10, 19-25; Sal. 23; Mc. 4, 21-25
La luz no se enciende para ocultarla; cuando hay oscuridad en la casa buscamos como sea una luz que encender; si vamos por un camino en una noche oscura sin luna trataremos de llevar algún tipo de luz sea un farol, sea una linterna para iluminar el camino y no tropezar con los obstáculos o dificultades que podamos encontrar.
Podéis decirme que en el mundo en el que vivimos no hay esas carencias de luz porque disponemos en todo momento de luz artificial que alumbre nuestras estancias o ilumine nuestros caminos. Pero bien sabemos que hay oscuridades en la vida, que hay luces que nos confunden o nos desorientan, que no siempre tenemos claros los caminos de la vida por donde andamos porque nos falta un norte, nos falta un faro seguro que nos oriente, porque necesitamos un sentido para lo que hacemos o una razón para lo que vivimos. Muchas cosas nos desorientan en nuestra vida.
Por eso buscamos, siempre buscamos, siempre queremos profundizar en el sentido que le hemos dado a nuestra vida, nos sentimos muchas veces insatisfechos, parece que no terminamos de encontrar porque lo que quizá en un determinado momento nos parecía muy bueno y satisfactorio pronto nos cansó y nos sentimos hastiados y vacíos.
Queremos algo espiritual que nos llene y nos eleve pero algunas veces tenemos miedo de encontrarlo o buscarlo con sinceridad porque tememos que eso nos comprometa; andamos como mariposas de flor en flor y corremos allá donde nos dicen que hay algo nuevo, alguna manera de pensar o de vivir que nos viene de lejanos sitios, pero quizá olvidamos la espiritualidad que hemos tenido siempre delante de nuestros ojos y no hemos sabido apreciar. Cuantos se dejan seducir por espiritualidades que llamamos orientales o no sé como decirle venidas quizá de otras culturas, pero no han sabido descubrir el pozo profundo y rico que han tenido siempre junto a si en el evangelio.
Es una lástima que los cristianos muchas veces ocultemos y desechemos la luz que tenemos desde siempre a nuestro lado para buscar otras luces. Cuantos nos dicen que ahora han encontrado la verdad de su vida porque se fueron tras otros modos de vivir la religión y nos vienen hablando de que la Biblia nos dice esto o aquello, cuando como cristianos siempre hemos tenido al alcance de nuestras manos la Biblia y no habíamos sido capaces de abrirla y meditar lo que en ella se nos trasmite; nos dicen que en tal o cual sitio o religión nos enseñan la palabra de la verdad, y cada domingo y cada día en nuestros templos se nos ha proclamado la Palabra del Señor y se nos ha ofrecido su enseñanza y hemos rehusado escucharla.
Busquemos esa espiritualidad de nuestra vida que nos hará grandes de verdad en esa Palabra de Dios que la Iglesia continuamente nos ofrece y se enriquecerá nuestra vida. Tratemos de ahondar en esa espiritualidad que se nos ha trasmitido a lo largo de los siglos y que tantas glorias de sabiduría y de santidad ha generado en el seno de la Iglesia para bien de nuestro mundo. Tenemos la fuente a nuestro alcance, no nos vayamos a buscar otras fuentes que aquí tenemos toda la riqueza de gracia que el Señor nos ofrece.

viernes, 11 de marzo de 2016

No vivamos con superficialidad nuestro ser cristiano empapándonos del conocimiento de Jesús para lograr una profunda espiritualidad cristiana

No vivamos con superficialidad nuestro ser cristiano empapándonos del conocimiento de Jesús para lograr una profunda espiritualidad cristiana

Sabiduría 2,1ª.12-22; Sal 33; Juan 7,1-2.10, 25-30

Un gran enemigo que tenemos demasiado cerca de nosotros es la superficialidad. Sí, no saber tomarnos las cosas con la profundidad debida, quedarnos en una mirada superficial sobre las personas fijándonos sólo en las apariencias, hacer las cosas como por rutina simplemente dejándonos ir pero sin darle verdadera profundidad y sentido a lo que hacemos, buscar el hacer las cosas con el mínimo esfuerzo lo que nos llevará a que no le saquemos verdadero provecho a aquello que hacemos contentándonos siempre con lo mínimo.
En muchos aspectos de la vida y en muchas cosas manifestamos muchas veces esa superficialidad que nos hace ser mediocres, o que nuestras relaciones con los demás se conviertan en una formalidad. Esa superficialidad se manifiesta también en nuestra vida cristiana. Nos contentamos con aquello de que somos cristianos de toda la vida y no siempre nos esforzamos por crecer y avanzar en nuestra vida cristiana.
Nos hacemos un cristianismo fácil muchas veces de hacer lo que siempre hemos hecho pero no estamos lo suficientemente abiertos desde nuestro corazón para acoger esa Palabra del Señor que nos pide más, que nos pide nuevas actitudes, que provoca una verdadera revisión de lo que hacemos para mejorarlo más y más. La palabra que nos invita a la conversión ahora en el camino cuaresmal que estamos recorriendo es como una cantinela que se repite, pero que realmente no escuchamos desde lo más hondo del corazón.
Es necesario abrirnos más y más a la Palabra del Señor que tenemos la oportunidad de escuchar cada día. Escucharla pero allá en lo profundo de nuestro corazón. Una Palabra que nos haga crecer en el conocimiento de Jesús y del misterio de Dios. Nos puede suceder como vemos les pasaba a los judíos en el tiempo de Jesús, como escuchamos hoy en el evangelio.
Eran superficiales en el conocimiento de Jesús. Como ellos decían ‘de éste sabemos de donde viene, pero cuando llegue el Mesías no sabemos de donde vendrá’. Y Jesús vendrá a decirles que en verdad no le conocían, aunque sepan de donde viene o quienes son sus parientes. Es necesario tener un conocimiento mayor de Jesús. Quedarse en que era de Nazaret o quienes eran sus parientes era una mirada superficial, porque lo que en verdad tendrían que descubrir era que El era el enviado del Padre. ‘A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; a ése vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él, y él me ha enviado’. Era precisamente lo que ellos no eran capaces de descubrir, no querían aceptar.
Creo que un propósito muy interesante que podríamos hacernos en este camino cuaresmal que estamos haciendo sería el comprometernos a crecer en ese conocimiento de Jesús. No es simplemente saber cosas de Jesús, que seguramente conocemos muchas, sino saber a Jesús, llenarnos del Espíritu de Jesús, conocerlo en toda su profundidad.
Nos llevará a que leamos y leamos con mayor atención la Biblia, el Evangelio, convirtiéndolo en verdadero vademécum de nuestra vida. Tendría que ser como nuestro verdadero libro de cabecera. Empapándonos del evangelio de Jesús en una lectura diaria iremos conociendo más y más todo ese misterio de Jesús e impregnándonos de los valores del evangelio. Nos ayudará a salir de nuestra superficialidad espiritual, nos hará ir logrando una verdadera espiritualidad cristiana. Confieso que es algo que me preocupa para mí mismo y mi compromiso como cristiano.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Escuchar la Palabra del Señor invocando al Espíritu que nos conducirá a la Verdad plena

Escuchar la Palabra del Señor invocando al Espíritu que nos conducirá a la Verdad plena


 ‘Muchas cosas me quedan por deciros… cuando venga El, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena…’ Sigue hablándonos Jesús del Espíritu Santo que enviará desde el seno del Padre. Son muchas las cosas que tendrán que recordar de Jesús, ¿podrán recordarlas todas? ‘No podéis cargar con ellas por ahora, les dice, El os guiará hasta la Verdad plena’, os lo recordará todo.
Es el Espíritu de Sabiduría, el Espíritu de Ciencia, el Espíritu del conocimiento de Dios. Es el Espíritu divino que nos hace conocer a Dios, por el que podemos reconocerle como Padre y por el que podemos decir ‘Jesús es el Señor’. Es el Espíritu divino que nos habla allá en lo íntimo de nuestro corazón predisponiéndonos para abrirnos a Dios y a su Palabra, para conducirnos con su gracia hasta todo el misterio de Dios.
Como confesamos en el Credo de nuestra fe, creemos en el Espíritu Santo, ‘Señor y dador de vida… que habló por los profetas’. ¿Qué queremos decir?  Primero que nada nos está hablando de la inspiración del Espíritu en los autores sagrados que nos dejaron los textos de la Biblia. Decimos que la Biblia es Palabra de Dios, porque está inspirada por Dios, para que aquello que allí se nos dice sea la Palabra de Dios para nosotros.
Cuando al confesar nuestra fe en el Espíritu Santo decimos que habló por los profetas no solo se está refiriendo a aquellos hombres de Dios del Antiguo Testamento a los que llamamos profetas y que acompañaron al pueblo de Dios señalándoles los caminos de fidelidad a la Alianza y manteniendo viva la esperanza en el Mesías prometido, sino que en cierto modo se nos está hablando de la inspiración de toda la Sagrada Escritura, no solo ya el Antiguo Testamento sino también el Nuevo Testamento, como Palabra de Dios.
En esa acción del Espíritu Santo que inspira el anuncio de la Palabra de Dios podemos ver también la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia y en todos los que tienen la misión de predicar el Evangelio. Ahí tenemos contenido todo el Magisterio de la Iglesia en la Tradición viva que mantiene la Iglesia de ese mensaje divino a través de la enseñanza del Papa a través de todos los tiempos y de todos los pastores del pueblo de Dios. A través de esa predicación estaremos sintiendo esa presencia del Espíritu Santo que ‘nos guiará hasta la Verdad plena’, como nos dice hoy Jesús en el Evangelio.
Pero a eso se ha de corresponder nuestra actitud, la apertura de nuestro corazón y cómo nosotros hemos de dejarnos guiar por el Espíritu Santo para aceptar y acoger esa Palabra de Dios en nuestra vida. Creo que cuando nos disponemos a escuchar la Palabra de Dios en nuestras celebraciones o cuando hacemos también nuestra lectura individual o personal de la Palabra de Dios, tendríamos que saber, por una parte proclamar nuestra fe en que lo que escuchamos es la Palabra que Dios nos quiere decir y hacer llegar a nuestra vida, y por otra parte invocar al Espíritu Santo para que mueva nuestro interior para su escucha, abra nuestro corazón y nuestra inteligencia para saber escucharla y acogerla en nuestra vida.
Es una lástima las actitudes pasivas y negativas que vemos muchas veces en tantas personas que les da igual llegar tarde cuando ya se está proclamando la Palabra de Dios siendo incluso causa de distracción para los demás, y por otra parte no le prestan atención, se distraen con cualquier cosas o se ponen a hablar o saludar al que está a su lado. ¿Tan poca importancia le damos a Dios y a su Palabra?
Creo que sería algo en lo que tendríamos que pensar mucho, porque si un personaje importante nos está dirigiendo la palabra por respeto o por educación le prestamos atención y lo escuchamos, pero cuando se nos proclama la Palabra del Señor igual nos distraemos haciendo al  mismo tiempo otras cosas o hablando con el que está a nuestro lado. Tendríamos que apuntalar bien la fe que tenemos en la Palabra del Señor, al tiempo que invocamos al Espíritu Santo para que nos ayude a escucharla y acogerla en nuestra vida.

sábado, 5 de abril de 2014

Estudia la Escritura y conocerás más a Dios y tu vida será más conforme al Evangelio



Estudia la Escritura y conocerás más a Dios y tu vida será más conforme al Evangelio

Jer. 11, 18-20; Sal. 7; Jn. 7, 40-53
‘Unos decía: Este es de verdad el profeta. Otros decían: Este es el Mesías’. Pero otros lo ponían en duda porque el Mesías no podía ser Galileo como lo era Jesús, o decían que tenía que venir del linaje de David y de Belén. No terminaban de conocer a Jesús. Andaban divididos. ‘Surgió la discordia entre la gente por su causa’. Estaba anunciado ‘sería signo de contradicción’. Recordamos lo que anunciaba el anciano Simeón, cuando la presentación de Jesús en el templo.
Querían prenderlo, pero eran incapaces. Los sumos sacerdotes y los fariseos habían enviado a los guardias del templo y se volvieron más bien dando testimonio de Jesús. ‘Jamás nadie ha hablado así’, decían. Pero como hemos escuchado en textos anteriores, ‘todavía no había llegado su hora’.
Ante Jesús tenemos que decantarnos, no podemos andar nadando entre dos aguas, no podemos estar a medias tintas, como se suele decir. Tenemos que decidirnos; tiene que clarificarse bien nuestra fe. Ni nos podemos quedar con entusiasmos superficiales ni podemos permanecer siempre en la duda. Por eso, tenemos que fortalecer nuestra fe. Y para eso hemos de procurar cada día más crecer en nuestro conocimiento de Jesús y para ello tenemos que acudir más y más al evangelio, la Escritura Santo. Hemos de empaparnos de Evangelio, abrir nuestro corazón al Espíritu divino que nos lo vaya revelando en el corazón.
Lo mismo que hemos escuchado hoy y que quería servirles de argumento contra la defensa que hacía Nicodemo de Jesús, nos puede valer a nosotros para ese crecimiento de nuestra fe. ‘Estudia la Escritura y verás’, le decían a Nicodemo, aquel fariseo que había ido de noche a ver a Jesús y que ahora les decía que no se puede juzgar ni condenar a nadie sin haberlo oído previamente. Ellos querían argumentar  que de Galilea no salía ningún profeta. Nosotros sí tenemos que ir a la Escritura Santo pero para fundamentar más y más nuestra fe.
Es una lástima que a los cristianos se nos caiga de las manos el libro de la Biblia, porque realmente no leemos con atención ni meditamos profundamente el mensaje de la Palabra de Dios que tenemos contenido en la Biblia. Tendría que ser el vademécum de nuestra vida, el libro que nos acompañara en todo momento, para que en toda ocasión y circunstancia lo tomáramos en nuestras manos para empaparnos de su sabiduría.
Son palabras de vida eterna las que tenemos contenidas en la Biblia y nos ayudarían a encontrar y empaparnos de esa sabiduría de Dios. Crecería más y más nuestra fe en la medida en que fuéramos creciendo en ese conocimiento de Jesús y de su Buena Nueva de Salvación.
Ya es una riqueza para los que venimos cada día a la celebración la proclamación que se nos hace de la Palabra de Dios y lo que aquí podamos reflexionar. Pero no tendríamos contentarnos con este momento, sino que luego en nuestra oración personal, en esos momentos que tengamos en el día para nuestra reflexión, la lectura de una página de la Biblia, del Evangelio, o el volver a releer los textos que se nos han proclamado en la celebración nos ayudaría a darle todavía una mayor profundidad y riqueza espiritual.
Ya vamos bien avanzados en este camino cuaresmal que estamos haciendo y tenemos cercanos ya los días en que celebraremos el misterio pascual de Cristo en su pasión, muerte y resurrección. Sería una hermosa oportunidad para intensificar ese crecimiento espiritual, ese ir en verdad caldeando más y más nuestro corazón, para no echar en saco roto esa gracia que el Señor nos ofrece y nos regala en las próximas celebraciones pascuales. No nos hagamos oídos sordos a esta invitación que el Señor nos hace.

domingo, 6 de enero de 2013


Una luz nueva de fe y amor amanece para nosotros con la Epifanía de Jesús

Is. 60, 1-6; Sal. 71; Ef. 3, 2-3.5-6; Mt. 2, 1-12
En todo el tiempo de Navidad, y ahora también en Epifanía, se resalta de manera especial el signo de la luz. Entre resplandores de cielo los ángeles cantan la gloria de Dios y anuncian a los pastores el nacimiento de Jesús. De una forma o de otra ha estado muy presente en toda la simbología de la navidad la imagen de la luz, de manera que se traduce en nuestras costumbres populares y en toda la ornamentación que utilizamos en la celebración de la navidad.
Hoy de nuevo, en el día de la Epifanía en la lectura del profeta aparece la luz como un bello amanecer para toda la humanidad. ‘Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece para ti’. No es sólo a Jerusalén a la que llega la luz de Dios sino que la estrella que aparece en lo alto está señalándonos que esa luz que es Jesús, que esa salvación que viene a traernos es para toda la humanidad.
‘Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo’, anuncian los Magos de Oriente cuando preguntan en Jerusalén por el recién nacido rey de los judíos. Más tarde cuando vean de nuevo aparecer la estrella que les conduzca hasta Belén ‘se llenaron de inmensa alegría’, nos comentará el evangelista.
Podíamos decir también que el camino de los Magos fue todo un proceso de búsqueda de la luz y se convierte en imagen de lo que es nuestro camino; una imagen de lo que es el camino de tantos que buscan una luz y un sentido para sus vidas. Guiados por la estrella los Magos seguían un rumbo por los caminos de la vida en búsqueda del recién nacido rey de los judíos. Aunque nos creemos que nos las sabemos todas sin embargo hemos de reconocer que necesitamos una estrella que nos guíe, una luz que oriente nuestro camino para saber no solo donde estamos y por donde vamos sino también a dónde queremos llegar. No hay cosa peor en la vida que andar sin rumbo, sin sentido, sin tener un por qué o un para qué en lo que hacemos o en lo que vivimos.
Los Magos nos enseñan, nos dan una gran lección. Ya entendemos que la palabra Magos se refiere a unos hombres que estudiaban las estrellas lo que implica unos conocimientos y una sabiduría en esos temas muy importantes. En ese estudio y conocimiento es cómo descubren esa nueva estrella que ellos tratan de indagar que significado puede tener.
Y para eso se ponen en camino, en camino de búsqueda atravesando países y desiertos, que bien puede significar ir atravesando culturas y atravesando también con toda probabilidad una vida dura para saber discernir, para saber descubrir. Aunque sean sabios saben ser humildes para buscar, para preguntar, para dejarse guiar. Es lo que les hace llegar hasta Jerusalén y allí preguntar y dejarse enseñar. Cómo tendríamos que aprender la lección nosotros que nos creemos que sabemos tanto y que quizá pensamos que nada nos pueden enseñar los demás.
Queremos  nosotros hacer el camino de la fe. Es la luz que ilumina nuestra vida, que nos da un sentido y una razón profunda para vivir y poder alcanzar la vida en plenitud. Muchas veces en ese camino de búsqueda de la fe tenemos que atravesar por momentos difíciles, momentos que se pueden volver para nosotros en ocasiones incluso de oscuridad porque la estrella parece ocultarse.
Es cuando surgen los problemas que nos abruman, cuando nos aparece la enfermedad y el sufrimiento o la muerte nos puede parecer cercana, cuando nos parece encontrarnos solos y que nadie nos tiene en cuenta… pero si permanecemos en el camino, si perseveramos sabiendo preguntar, sabiendo contar con quien pueda tendernos una mano, sabiendo buscar la luz, la que es la verdadera, allí donde la podemos encontrar, aparecerá la estrella que nos lleve hasta Belén, que nos lleve hasta Jesús que es la luz verdadera y que es la alegría de verdad de nuestra vida, encontraremos la fe que nos conducirá por caminos de plenitud.
Los Magos cuando les parecía que andaban perdidos y desorientados buscaron en Jerusalén quienes les leyeran e interpretaran las Escrituras para encontrar el camino recto que les llevara hasta Jesús. También tenemos nosotros las Escrituras, tenemos la Palabra de Dios a nuestra mano que cada día podemos leer o escuchar, meditar y orar en nuestro corazón que nos llevará a encontrar y profundizar en esa luz de la fe que va a ser la verdadera guía de nuestra vida. Ojalá los cristianos tuviéramos más en nuestras manos, delante de nuestros ojos y con los oídos del corazón bien abiertos el libro sagrado de la Palabra de Dios que nos ayude a crecer en nuestra fe, que nos ayude a encontrar esa luz que de profundidad y verdadera alegría a nuestra vida.
Los Magos de Oriente llegaron a Belén y ‘se encontraron al Niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra’. Qué final de camino más hermoso. Encontrarse con Jesús. Ha de ser también nuestro camino y nuestra meta. Será lo que se nos hará ver con claridad desde los ojos de la fe.
Que se nos caigan tantas escamas que nos ciegan y nos obnubilan; esas escamas de la duda, de la desconfianza, del error; esas escamas terribles de nuestros orgullos que nos impiden agacharnos y postrarnos para reconocer al Señor, al Dios único de nuestra vida; esas escamas terribles del pecado, del desamor, el egoísmo y la insolidaridad que cierran nuestra corazón a la luz del amor que sería que el que daría auténtico brillo a nuestros ojos para tener una mirada nueva y distinta y saber descubrir a Jesús que llega a nosotros también en los pequeños o en los que nos pueda parecer que nada valen.
El ofrecer regalos de los Magos al Niño recién nacido era una señal de reconocimiento de quien es en verdad aquel Niño, lo que comportaba un grado grande de humildad en el corazón por parte de aquellos hombres, pero también es la señal del amor y del compartir; regalamos a quien amamos o con quien queremos compartir porque sabemos que con ellos también hemos de expresar lo que es nuestro amor.
Nosotros hoy, en este día que se ha convertido tan fuertemente en nuestra cultura en día de regalos, pensemos primero que nada en el regalo grande que nosotros hemos recibido cuando tenemos el don de la fe en nuestra alma; es una dicha el creer y tener fe, es un regalo que recibidos de Dios porque es una gracia que hemos de reconocer y agradecer. Pero pensemos que en ese sentido el regalo grande que nosotros recibimos es Jesús. Cuánto nos viene con El, porque con El nos llega la vida, la gracia, el perdón, la salvación.
Pero cuando recibimos ese regalo de Dios que es Jesús y que es nuestra fe, hemos de estar dispuestos nosotros también a compartir, porque solo llenando de amor nuestra vida podemos encontrar con mayor intensidad a Jesús y desde Jesús podremos hacer también un mundo mejor. Pensemos en lo que podemos compartir con los que están a nuestro lado, con los que pasan necesidad o tienen también carencias aunque sea desde nuestra pobreza.
Es que cuando nos encontramos de verdad con Jesús nuestra vida tiene ya que tomar otro rumbo. El evangelio nos dice que los Magos se marcharon a su tierra por otro camino. Es que al encontrarse con Jesús los caminos de su vida ya eran otros, había otra luz y otro sentido para sus vidas. Encontrarnos con Jesús nos pone siempre en camino de vida nueva, hay otra luz en nuestro corazón, tenemos otras razones más profundas para nuestro vivir. Y en ese nuevo camino no nos puede faltar el amor, ese regalo que hemos de compartir con los demás.
Hagamos el camino que nos lleva hasta Jesús. Dejémonos conducir por la estrella de la fe; que nunca se nos apague. Que sea de un brillo grande en nuestra vida por el amor con que vivamos para que también podamos iluminar a los demás.

miércoles, 24 de octubre de 2012


Busquemos el agua de la fe que se convierte en luz y vida para nuestro existir

Ef. 3, 2-12; Sal.: Is. 12, 2-6; Lc. 12, 39-48
Allí donde está el agua vamos a buscarla para saciar nuestra sed. Sedientos acudimos con fe hasta donde sabemos que está la fuente del agua que calme hasta la saciedad nuestra sed.
Humanamente el sediento busca el agua, porque sin ella no puede vivir, pero no se trata ahora de esa agua material encontrada en fuentes humanas la que queremos buscar, sino que buscamos quien nos dé verdadera plenitud a nuestra vida, nos haga alcanzar la verdadera sabiduría y nos revele el verdadero misterio de Dios y en consecuencia del hombre por El creado. Con un gozo lleno de esperanza vamos buscando esa fuente porque sabemos que nos dará la verdadera felicidad.
‘Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación’, hemos rezado y repetido desde nuestra oración en el salmo. Buscamos el agua de la fe que al mismo tiempo se convierte para nosotros en luz y en vida. Buscamos realmente a Dios. Reconocemos su grandeza, el misterio de su revelación y la maravilla de su amor.
San Pablo nos ha hablado en la carta a los Efesios que seguimos escuchando de ‘la riqueza insondable que es Cristo’. Y nos manifiesta cómo en los tiempos de la plenitud de Cristo se ha revelado en su totalidad ese misterio de Dios que a la larga viene a engrandecernos cuando nos hace partícipes de la vida divina y nos hace a todos ‘miembros del pueblo santo de Dios, coherederos y partícipes de la promesa de Jesucristo por el Evangelio’.
Hoy el apóstol nos dice que aunque se siente insignificante sin embargo ha recibido la misión de ‘anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo e iluminar la realización de su misterio’, misterio que a él se le había revelado, se le había dado a conocer por la pura benevolencia de Dios que quiso llamarlo a esta misión, aunque él se considera indigno.
Creo que a quienes también se nos ha confiado esa misión y ese ministerio de la predicación dentro de la Iglesia esto nos ayuda y nos hace pensar en cuánto hemos recibido del Señor. Nada somos y muchas veces indignos porque somos pecadores, pero Dios ha querido contar con nosotros. Eso nos tiene que hacer humildes y agradecidos; esto nos obliga a crecer más y más en esta fe y en este conocimiento del misterio de Dios para poder trasmitirlo con fidelidad al pueblo de Dios que se nos ha confiado. Por eso también con humildad pedimos al pueblo cristiano que esté a nuestro lado apoyándonos en la oración para que seamos en verdad fieles a esa gracia del Señor.
Pero creo que para todos es una invitación que nos está haciendo el Señor para que crezcamos más y más en nuestra fe; una invitación que tiene que sembrar inquietud en nuestro corazón por querer profundizar en ese conocimiento del misterio de Dios. Es una oportunidad, una gracia del Señor, este Año de la Fe al que nos ha convocado el Papa y que ya hemos iniciado para que aprovechemos todos los medios que estén a nuestro alcanza para esa maduración de nuestra fe, ese querer buscar todo lo que pueda ayudarnos a esa mayor formación cristiana.
Busquemos con sinceridad esas fuentes de nuestra salvación; acudamos con fe a la Palabra del Señor que se nos trasmite en la Biblia y propongámonos el leer con atención, con profundidad los evangelios y toda la Sagrada Escritura para ir creciendo en ese conocimiento de Jesús. Que esa agua viva de la fe, de la gracia ilumine nuestra vida para que se sacie de verdad nuestro corazón, pero que se sacie en el Señor que es quien sacia esa sed profunda que pueda haber en nuestro espíritu y nos conduce a la plenitud. Allí donde está el agua viva vayamos a buscarla para saciar nuestra sed.
‘Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación’.